
Señoras y Señores:
Con gran satisfacción comparezco ante ustedes, para tener el honor de presentar un hermoso libro que su autor, Don Antonio Colomina Riquelme, ha tenido la amabilidad de solicitarme.
Y así me en encuentro una vez más en “Orihuela. Dulce Pueblo”, como reza el título de un magnífico libro, escrito también con anterioridad al que hoy presentamos, por Don Antonio Colomina Riquelme.
“Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes...”, se llama el nuevo libro.
Orihuela, una vez más.
No hay paisaje sin figuras, y no hay oriolano en el que el paisaje de Oleza no forme parte de su ser, de su sentir, de su corazón, y acaso, de la eterna nostalgia que a todo hombre envuelve al fin y al cabo la vida.
Por eso los hijos de Orihuela, allí donde estuvieren, pregonan su estirpe a lo largo de su vida; en el correr de sus “Años y Leguas”, que es en suma el vivir, con cuyo título el gran escritor alicantino, Gabriel Miró, que también dejara su corazón en esta tierra, titulara un extraordinario y emblemático libro. Años y Leguas y pregonero de su estirpe ha sido también el vivir del escritor que aquí presentamos.
Orihuela es una tierra fértil y de corazón. Y es una tierra de hombres y mujeres fuertes que han resistido a todos los embates que la historia y la leyenda le han presentado; como también a los elementos, como en aquella riada de San Carlos en noviembre de 1987, en la que las aguas del enfurecido río alcanzaron el barandal del puente al llegar a su máxima altura, y cuyo momento imponente inmortalizara en una espectacular fotografía José Sáez Sironi.
Y Orihuela es también palmera y poeta.
Y tiene alma de palmera, por su “olor vegetal, arcaico y litúrgico”, que dijera Gabriel Miró, y que hiciera gritar al amigo, “aspirando el aromoso aire”, y ante su alter ego, aquello de: “¡ Sigüenza: que olor a Corpus !”; con cuya alborotada expresión y cita, Ramón Sijé, y sus amigos abrieran el primer ejemplar de su “Gallo Crisis”, que apareciera en Orihuela, el Corpus de 1.934.
Y tiene alma de poeta. Porque poetas son casi todos. No a la altura, por supuesto, de nuestro gran Miguel Hernández, que se nos fué en aquella triste y sombría madrugada del 28 de marzo de 1942 . Poeta siempre presente, como nos recuerda el verso de Miguel Barcala Candel, en su reciente poemario, “Yo pongo el Pensamiento. Tu
“Ruiseñor y alondra de Orihuela,
la muerte llegó pronto muy callada,
mas tu palabra permanece y vuela,
está presente; tú no sufriste para nada”.
Miguel, Sansano, Molina, Fenoll, Conchita Martínez Marín, Sequeros, Gracia Caselles, Más Nieves, Barcala Candel, y tantos otros, que antes y ahora nos van guiando al compás de sus versos, al toque de sus rimas, y al rumor de su aliento... Y haciéndonos así, a todos, y en este barroco y sensual paisaje, poetas de sentimiento y de grandeza.
Pero también los oriolanos se han desbordado en su obra en prosa.
Aquí, la lista sería interminable. Solo permítaseme que recuerde aquí, a mis familiares que me precedieron en el caminar de la vida. Tíos-abuelos ambos. A mi tío Don José Martínez Arenas, que entre otros escribiera un libro de memorias y experiencias, “De mi vida: Hombres y Libros”, y también un pedazo del alma de Orihuela, “La tertulia del bar Lauro”; y a mi tío Don Julio López Maymón, el autor de una espléndida biografía de Don Fernando de Loaces, y autor de sus famosos “rebuscos”.
Hoy estamos ante un hijo de Orihuela, ante un escritor, y su obra.
El autor, Antonio Colomina Riquelme, y su obra, “Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes...”
Antonio Colomina Riquelme, nació hace sesenta y siete años en Orihuela, en la calle de Triana, prácticamente a los pies de Santa Justa.
Hijo de Enrique Colomina Menarguez, Asentador número dos, de Frutas y Hortalizas de
Alumno del Colegio Oratorio Festivo, tuvo como maestros a Don Félix, Don Francisco, Don José Pazos, Don Jaime, Don Tomás y Don José María, y como no, a nuestro recordado, y también muy presente, Don Antonio Roda López, aquel gran sacerdote, de quien tomó
El año de 1.984, tuve el honor de ser el Glosador del Pregón de
Antonio Colomina me ha referido cómo agradece a Don Antonio Roda el amor que le inculcó por
La juventud de Antonio Colomina, en Orihuela, anduvo alrededor de las agrupaciones de canto. En el Círculo Católico formó parte del coro que ensayaba zarzuelas que más tarde ponían en escena en el Teatro Circo y en otros locales de
Después, con sus dos inseparables amigos José Céspedes Moñino y Manuel Roberto Leonís Ruiz, formó el trío “Orcelis” con el fin de actuar los sábados por la noche en las galas cara al publico que se celebraban en la antigua emisora de “Radio Orihuela”, que estaba en
En “Radio Orihuela”, también participó en un reducido grupo que hacían pequeños cuentos y relatos bajo la dirección de Pepe Torres, también añorado oriolano, y que ponían en antena, en directo.
Cuando se formó el grupo de
En uno de sus permisos en Orihuela, conoció a su esposa Mari Carmen, con quien contrajo matrimonio de la mano de Don Antonio Roda, y claro está, también, en
Antonio y Mari Carmen tienen tres hijos que como él dice son preciosos: María Auxiliadora, Miguel Angel y María del Carmen. Sus hijas le han dado un nieto cada una, Cristian y Alvaro, que como dice son los dos muy guapos.
Al contraer matrimonio, Antonio y su esposa se fueron a vivir a Madrid, donde se encontraba destinado. Después, pasaron al Campo de Gibraltar, y tras unos años pasaron a Cáceres, y por ultimo en Alicante, cubriendo así, a través de dichos destinos su carrera profesional como funcionario.
Pero no se detiene aquí la enorme inquietud de Antonio Colomina. Estudia Teología, Pedagogía y Didáctica de
Como Orihuela no puede explicarse sin su Semana Santa, y como creo que casi no hay hijo de Orihuela que no este vinculado personalmente o a través de su familia a
Debo destacar aquí, cómo participó en la constitución de la nueva Orden Franciscana Seglar en
Aprovechando este momento, y como Caballero Cubierto del presente año, saludo con la mayor admiración a esos hombres, y con toda devoción a Nuestro Patrono: a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que hoy ya, y como dijo el poeta, ...
“...entre mil encapuchados... cruza humilde el Nazareno”.
Es Consejero del Centro de Atención a Minusválidos Psíquicos “Santa Faz”, donde es también Socio de Honor de
Creo que Don Antonio Roda, que tanto hizo por los desvalidos, se sentirá muy orgulloso de quien fuera su alumno y su amigo, al verle integrado en estos compromisos tan importantes.
Antonio Colomina ha publicado centenares de artículos y relatos en periódicos, como en el periódico “Información” y en revistas impresas y digitales, como “Orihuela Digital”, o “Perito” (Literario Artístico). Es administrador de tres páginas Web: “Orihuela en mis artículos”, “El gallo del alba en Alicante”, y “Los relatos de Antonio Colomina”. Ha intervenido en diversas presentaciones literarias, como el año pasado que presento el libro antológico de poesía, “Abriendo Puertas... por amor al arte”, publicado por el Liceo Poético de Benidorm, en que pronunció una frase que conviene recordar por su acierto:
“...La poesía nace en el corazón del poeta, la eleva a su cerebro y éste, da orden a su mano para plasmarla en el papel, por eso no pone precio a su trabajo, porque lo que nace desde lo más profundo del corazón lleva la chispa divina y lo que viene de Dios no se puede tasar..."
Es miembro número 1.644 de
En el año 2006, publico el libro “Orihuela, Dulce Pueblo”, Un paseo por la ciudad oriolana de los años 50 y
Hoy presentamos su nuevo libro: “Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes... (Deshojando mis recuerdos) ”.
“Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes...”, esta dedicado, “A mi “Orihuelica del Señor”, el pueblo que me vio nacer, y a todas sus gentes que me honraron con su amistad y cariño, como tributo de gratitud hacia todos ellos”.
Estamos ante un libro de recuerdos y de añoranzas. En la propia portada del libro aparece sobre una vista actual de la ciudad de Orihuela, desde el Seminario, tres hojas de calendario. De Septiembre de 1940, de septiembre de 1950, y de septiembre de 1960.
Es un libro descriptivo, y es un libro coral.
Es un libro descriptivo porque nos va haciendo volver a recorrer lo que constituía en aquellos años el lugar, el pueblo llamado Orihuela. Limitada por el final de los Andenes y la estación, por la plaza de toros y el campo de fútbol Los Arcos, por la calle Arriba y el Colegio de Santo Domingo, por San Francisco, y por el Seminario de San Miguel, y cruzada por el río Segura, el río Segral de Oleza.
Y en su interior las calles de entonces, y también de ahora: desde
Y Antonio Colomina no se limita a relatarnos como se componían dichas calles, sino que con una sorprendente memoria, nos va haciendo desfilar por ellas contándonos o recordándonos los comercios, los establecimientos, los despachos de profesionales con sus nombres, las tiendas artesanales, los bares y tabernas, las pastelerías, los cines, los bancos, los organismos oficiales, los colegios... y hasta las casas de lenocinio, es decir un retrato o unos retratos como si fueran postales del entorno de aquellos lugares y tiempos. Y como no, de sus Plazas:
Al entrar en el libro te ves inmerso en un recorrido de un entorno, que cuanto menos los que como yo, frisamos los sesenta años, hemos visto y conocido. Pero es que Colomina no se conforma con la mera descripción. Antonio Colomina, pone en movimiento, una Ciudad de un tiempo que estaba como quieto, y apenas recordada en este trepidante mundo actual, noria de las norias, del que uno no pude bajarse.
Y nos saca de nuevo a la calle a todas aquellas personas que habitaban Orihuela, algunos felizmente aún con nosotros como el gran campeón, Bernardo Ruiz, “El Pipa”, uno de los mejores ciclistas españoles de todos los tiempos y desde luego el primer español que subió al podio de triunfadores de la carrera ciclista más importante de Europa, o la magnífica María Antonia Abad, la sin par Sara Montiel a quien recuerda cantando, desde lo alto del balcón de “Jeromo el del Puente” aquella Saeta, que sirvió para descubrirla y convertirla en la mundialmente famosa que es. Pero también saca de nuevo al recuerdo a los que eran y ya no están, quizás por eso, y porque nos lleva a la añoranza, es por lo que tal vez diga en sus primeras páginas que, “Mirar hacia atrás para recordar nuestros orígenes es bueno. Hacerlo con añoranza de tiempos pretéritos que no volverán, es insano”. No sé si estoy del todo de acuerdo con esto último, pero si coincido con que la añoranza conlleva a la tristeza, y desde luego la tristeza es ciertamente insana.
Y permítaseme, que haga aquí un alto en el camino y detenerme en el recuerdo de dos grandes personas, de dos grandes hombres, de dos señores que me distinguieron con su amistad, que al tiempo de la publicación de este libro aún estaban con nosotros, y que hoy desde hace muy poco ya no están: Don Luis Cartagena Soriano, y Don Antonio García- Molina Martínez, por los que elevo mi afecto y mi oración.
Y estamos ante un libro coral.
A mí me ha parecido ver al paso de sus calles, y a través de su narración, como si se asomaran a sus balcones, o a sus puertas o a las entradas de sus establecimientos, a tantas personas como cita, desde los recordados “Macando” y “Caralampio”, a cada cual más sabio...
“Digo yo: A mí me parece poco todo lo que sea bueno, pero me parece que vamos demasiado deprisa”...
Hasta llegar a los guardias municipales de entonces, “El Gallina”, Felipe, “El Choso”, y Justo.
Y nuestro autor lo hace, quizás porque es su natural, o porque además es cierto, con cariño y con respeto. No hay el mínimo reproche o juicio adverso, si acaso meras y amables anécdotas.
O, ¿quien no recuerda a Don Benito Álvarez de
Por eso, antes decía que es también un libro coral. No están todos los que son, pues resultaría imposible, pero sí son todos los que están. Pero además Antonio Colomina nos adereza ese conjunto arquitectónico y coral, como si se tratara de una novela al modo de “
Es un libro cuya lectura, sin duda, nos traerá buenos y queridos recuerdos y un reencuentro del paisaje y sus figuras. Y también de las nuestras.
Y así se van a encontrar mis queridos amigos Alfonso, Emilio y Patrito Ortuño Salar, al pasar por la calle Mayor con la tienda de su abuelo, Tejidos Emilio Salar, y acaso recordar como tenia por costumbre sacar a la calle nueve maniquíes que ponía en hilera junto a la pared, vestidos con trajes, gabanes o gabardinas, que los chiquillos jugando, tiraban veces al suelo, lo que hacía que, Tano, el dependiente saliera a regañarles ante lo que huían en estampida.
O mi prima Conchita Botella Ballesteros, cuando al pasar la calle Alfonso XIII, lea como se recuerda allí a
O al pasar por la calle Francisco Díe, mi querido amigo José María Germán Pescador, o alguno de sus hermanos, se encuentre con la placa del bufete de abogado de Don Paco Germán, su padre.
Y tantos otros, con otros encuentros...
Después de recorrer las calles y plazas, el libro se detiene en dar un paseo por San Miguel: la escalera del “Gato”, la “Rejullaera”, el Seminario... Para luego pasar a un capítulo dedicado a “Las fuerzas de Seguridad en Orihuela”; y un último capitulo bajo el título de, “Misceláneas y Curiosidades”.
Aquí los recuerdos se enlazan como una cesta de cerezas. Semana Santa, y sus costumbres; el Año Mariano celebrado en
Yo me recuerdo, no se qué año, vestido con un traje de heraldo del Perdón, aquellos trajes verdes, que sacamos polvorientos del camerín de nuestro Padre Jesús de
El libro viene acompañado en sus páginas por un buen número de fotografías de lugares y personas de Orihuela, y claro está, la última fotografía es de la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, Patrona de Orihuela, y en fin, el libro se cierra con un “Vocabulario oriolano de tiempos pretéritos”, con un buen número de palabras desde “abercoque” y “abonico”, a “viso” y “zagal”, con su correspondiente, digamos, traducción.
No puede detenerme más en el libro, pues de ser así, ya saldrían todos de aquí como si lo hubieran leído, con grave quebranto editorial, pero sea como fuere, es un libro que se debe tener no solo por su grata lectura sino por que conservarlo será como guardar algo mas de nuestra vida.
“Es un canto a Orihuela en un libro entrañable”, califica este libro Tirso Marin Sessé, en un magnífico artículo, como todos los suyos publicado en su Periódico
Tirso Marin Sessé prologa el libro de Antonio Colomina, y tras referirse al mismo, concluye su proemio diciendo:
“Todo esto se ofrece al curioso lector, que ya devoró “Orihuela, dulce pueblo”, la otra obra de Colomina y tendrá oportunidad de completar su acervo anecdótico de la monumental ciudad, quizá la que más historia y tradición tiene de
El libro se presenta en una elegante y cuidada edición de
Muchas gracias por su atención, y les animo a leer este hermoso y grato libro.
BUENAS NOCHES SRAS. Y SRES.
EN PRIMER LUGAR DESEO AGRADECER
EN TODA PRESENTACIÓN LITERARIA EL PROTAGONISMO DEBE RECAER EN LOS PRESENTADORES. ASÍ TIENE QUE SER. EL AUTOR, EN ESTE CASO EL QUE LES HABLA, TAN SÓLO DEBE RECONOCER LOS MÚLTIPLES APOYOS RECIBIDOS DESDE QUE EMPIEZA SU OBRA HASTA QUE ÉSTA VE
D. JULIO CALVET BOTELLA, ILUSTRE HIJO DE ORIHUELA, SOBRADAMENTE CONOCIDO POR SUS COTERRÁNEOS. LO HA SIDO TODO EN SU PUEBLO Y LO ES CASI TODO FUERA DE ÉL. DESEO AGRADECERLE SUS ELOGIOS HACIA MI PERSONA, ELOGIOS QUE YO NO MEREZCO, PERO QUE ACEPTO PORQUE SÉ QUE VIENEN DE SU CORAZÓN Y NO DE SU BOCA. NUNCA, POR MUCHOS AÑOS QUE YO VIVA, AGRADECERÉ BASTANTE EL ALTO HONOR E INMENSO FAVOR QUE ME HA HECHO ACEPTANDO MI RUEGO PARA PRESENTAR ESTE MODESTO TRABAJO.
LOS QUE TENEMOS
DE D. JOSÉ ANTONIO LÓPEZ VIZCAÍNO, DEBO DECIR QUE, ADEMÁS DE SER UN BUEN AMIGO, ES EDITOR JEFE DE ECU Y PRESIDENTE DE
IGUALMENTE, DESEO AGRADECER A D. TIRSO MARÍN SESSÉ, EL PRÓLOGO QUE HA PUESTO A MI LIBRO. YA, EN SU BRILLANTE INTERVENCIÓN A DESCRITO DON JULIO
AHORA ME GUSTARÍA NOMBRAR A TODOS LOS QUE, DE ALGUNA MANERA, LES DEBO GRATITUD CON RESPECTO A
A MI ESPOSA MARI CARMEN, QUE DESDE UN LEJANO DÍA DE AGOSTO DE 1959 QUE TUVE
A MI HERMANO MANOLO, QUE AUNQUE DECIDIÓ HACE MUCHOS AÑOS AFINCARSE CERCA DEL MAR, ME CONSTA QUE RECUERDA A SU “ORIHUELICA” Y DE VEZ EN CUANDO VIENE A VISITARLA PARA QUITARSE ESA NOSTALGIA QUE NOS INVADE ALGUNAS VECES A TODOS LOS QUE VIVIMOS FUERA DE ELLA.
A MIS AMIGOS DE SIEMPRE LUIS GUERRERO, CONCHITA RAMOS, AMPARO MARTÍNEZ, CARLOS VICENTE MARTÍNEZ Y A RAMÓN TOMÁS MORENO (SECRETARIO DEL COLEGIO ORATORIO FESTIVO).
POR ÚLTIMO, HE DEJADO A MI ENTRAÑABLE AMIGO HILARIÓN LILLO ROCHE, EXCELENTE ESCRITOR ORIOLANO, QUE COMO TODOS USTEDES SABEN, HA PUBLICADO UNA TRILOGÍA DE MARAVILLOSAS NOVELAS DEDICADAS A SU QUERIDA ORIHUELA, LIBROS QUE RECOMIENDO A TODOS USTEDES NO DEJEN DE LEER. HILARIÓN LILLO, QUE VIVE A CABALLO ENTRE BUENOS AIRES, GANDÍA Y ORIHUELA, TIENE SU CORAZÓN REPARTIDO ENTRE AMBAS CIUDADES, PERO ME CONSTA QUE SU “ORIHUELICA”
Y AHORA DESEO FELICITAR DESDE AQUÍ AL ANTERIOR ALCALDE DE ORIHUELA D. JOSÉ MANUEL MEDINA CAÑIZARES, POR HABERSE LLEVADO BAJO SU MANDATO,
REITERO A TODOS MI MÁS PROFUNDO AGRADECIMIENTO POR SU ATENCIÓN Y LES DESEO, EN NOMBRE DE LOS QUE COMPONEMOS ESTA MESA, UNA FELIZ NAVIDAD.
MUCHAS GRACIAS.

Vista parcial del numeroso público que asistió a la presentación del libro
"Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes..."

(Foto: Colección de A. Colomina)

Asistentes al acto de la presentación esperando turno para obtener la firma del autor
(Foto: Colección de A. Colomina)

Durante mucho tiempo tuvo que estar el autor Antonio Colomina firmando
(Foto: Colección de A. Colomina)

Durante la firma el autor estuvo totalmente arropado por muchos amigos. Al fondo a la izquierda
se observa a los Sres. Calvet Botella, Barcala Candel y López Vizcaíno
(Foto: Colección de A. Colomina)
Antonio Colomina Riquelme, atendía las peticiones de su público que, en algunos
casos, llevaban varios ejemplares de su obra para regalar a familiares o amigos
(Foto: Colección de A. Colomina)

El autor firma dos ejemplares de su libro a su madrina Dña. Pilar Andreu
(Foto: Colección de A. Colomina)