PRESENTACIÓN DEL LIBRO,  "ORIHUELA. SUS CALLES, SUS PLAZAS, SUS GENTES..."


Ayer día 13 de diciembre de 2007, en el Conservatorio "Lonja Municipal" de Orihuela, tuvo lugar con gran afluencia de público, el acto de presentación del libro "Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes...", del autor oriolano Antonio Colomina Riquelme. Dicho evento fue presentado por el Ilmo. Sr. D. Julio Calvet Botella, Magistrado y Caballero Cubierto del año 2007. Por parte de la Editorial ECU, intervino el editor jefe de la misma y presidente de la Asociación Provincial
de Libreros D. José Antonio López Vizcaino. Al final el autor tuvo que permanecer casi una hora firmando ejemplares a los muchos asistentes que guardaban cola ante la mesa para conseguir su libro con la de dicatoria.



De izquierda a derecha D. Julio Calvet Botella, D. Antonio Colomina
Riquelme y D. José A. López Vizcaino (Foto: Colección de A. Colomina)



Intervención de D. Julio Calvet Botella

 

Señoras y Señores: 

 

Con gran satisfacción comparezco ante ustedes,  para tener el honor de presentar un hermoso libro que su autor, Don Antonio Colomina Riquelme,  ha tenido la amabilidad de solicitarme. 

 

           Y así me en encuentro una vez más en “Orihuela. Dulce Pueblo”, como reza el título de un magnífico libro, escrito también  con anterioridad al que hoy presentamos, por Don Antonio Colomina Riquelme. 

 

“Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes...”, se llama el nuevo libro.

 

Orihuela, una vez más. 

 

          No hay paisaje sin figuras, y no hay oriolano en el que el paisaje de Oleza no forme parte de su ser, de su sentir, de su corazón, y acaso, de la eterna nostalgia que a todo hombre envuelve al fin y al cabo la vida.  

 

           Por eso los hijos de Orihuela, allí donde estuvieren, pregonan su estirpe a lo largo de su vida; en el correr de sus “Años y Leguas”, que es en suma el vivir,  con cuyo título el gran escritor alicantino, Gabriel Miró, que también dejara su corazón en esta tierra, titulara un extraordinario y emblemático libro. Años y Leguas y pregonero de su estirpe ha sido también el vivir del escritor que aquí presentamos. 

 

Orihuela es una tierra fértil y de corazón. Y es una tierra de hombres y mujeres fuertes que han resistido a  todos los embates que la historia y la leyenda le han presentado; como también a los elementos, como en aquella riada de San Carlos en noviembre de 1987, en la que las aguas del enfurecido  río  alcanzaron el barandal del puente al llegar a su máxima altura, y cuyo momento imponente inmortalizara en una espectacular fotografía José Sáez Sironi.  

 

Y Orihuela es también palmera y poeta. 

 

Y tiene alma de palmera, por su “olor vegetal, arcaico y litúrgico”, que dijera Gabriel Miró, y que  hiciera gritar al amigo, “aspirando el aromoso aire”, y ante  su  alter ego,  aquello de:  ¡ Sigüenza: que olor a Corpus !”; con cuya alborotada expresión y cita,  Ramón Sijé, y sus amigos abrieran el primer ejemplar de su “Gallo Crisis”, que apareciera en Orihuela,  el Corpus de 1.934.  

 

Y tiene alma de poeta. Porque poetas son casi todos. No a la altura, por supuesto, de nuestro gran Miguel Hernández, que se nos fué en aquella triste y sombría madrugada del 28 de marzo de 1942 . Poeta siempre presente, como nos recuerda el verso de Miguel Barcala Candel, en su reciente  poemario, “Yo pongo el Pensamiento. Tu la Imaginación:  

 

“Ruiseñor y alondra de Orihuela, 

la muerte llegó pronto muy callada, 

mas tu palabra permanece y vuela, 

está presente; tú no sufriste para nada”.

 

Miguel, Sansano, Molina, Fenoll, Conchita Martínez Marín,  Sequeros, Gracia Caselles, Más Nieves,  Barcala Candel, y tantos otros, que antes y ahora nos van guiando al compás de sus versos, al toque de sus rimas, y al rumor de su aliento... Y haciéndonos así,  a todos, y en este barroco y sensual paisaje, poetas de sentimiento y de grandeza. 

 

Pero también los oriolanos se han desbordado en su obra en prosa.  

 

Aquí, la lista sería interminable. Solo permítaseme que recuerde aquí, a mis familiares que me  precedieron en  el caminar de la vida. Tíos-abuelos ambos. A mi tío Don José Martínez Arenas, que entre otros escribiera un libro de memorias y experiencias, “De mi vida: Hombres y Libros”, y también un pedazo del alma de Orihuela,  “La tertulia del bar Lauro”; y a mi tío Don Julio López Maymón, el autor de una espléndida  biografía de Don Fernando de Loaces, y autor de sus  famosos “rebuscos”. 

 

Hoy estamos ante un hijo de Orihuela,  ante un escritor, y su obra.  

 

El autor, Antonio Colomina Riquelme, y su obra, “Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes...”  

 

Antonio Colomina Riquelme, nació hace sesenta y siete años en Orihuela,  en la calle de Triana, prácticamente a los pies de Santa Justa. 

 

Hijo de Enrique Colomina Menarguez, Asentador número dos, de Frutas y Hortalizas de la Lonja, y de Manuela  Riquelme Ortega, oriolanos, al igual que toda su familia. Fue bautizado en la Iglesia de Santa Justa,  siendo sus padrinos el Médico Pediatra Don Manuel Andreu y su hermana Doña Pilar. Luego paso a vivir en la calle del Horno de San Miguel.  

 

Alumno del Colegio Oratorio Festivo, tuvo como maestros a Don Félix, Don Francisco, Don José Pazos, Don Jaime, Don Tomás y Don José María, y como no, a nuestro recordado, y también muy presente, Don Antonio Roda López, aquel gran sacerdote, de quien tomó la Primera Comunión y en la Capilla del Oratorio Festivo en lugar de hacerlo en Santa Justa, que era su Parroquia y por petición propia. 

 

El año de 1.984, tuve el honor de ser el Glosador del Pregón de la Semana Santa de Orihuela, siendo Presidente de la Junta Mayor mi querido amigo Don Emilio Bregante Palazón, y dado el reciente fallecimiento, hacía escasos días, de Don Antonio Roda, le dediqué en ese solemne acto, entonces celebrado en el  Cine Avenida, mi  glosa del Pregón, y también a todos aquellos,  “a los que ayudó en sus vidas y en sus muertes”.  

 

Antonio Colomina me ha referido cómo agradece a Don Antonio Roda el amor que le inculcó por la Virgen María Auxiliadora.  

 

La juventud de Antonio Colomina, en Orihuela, anduvo alrededor de las agrupaciones de canto. En el Círculo Católico formó parte del coro que ensayaba zarzuelas que más tarde ponían en escena en el Teatro Circo y en otros locales de la Comarca. Se integró en el grupo que formó Pepe Rodríguez, a quien Orihuela tanto debe por su incansable actividad en tantas cosas buenas para ella,  y cuyo grupo cantaba “La Misa Tercia”, en Latín, naturalmente, y que hacían cada domingo en una parroquia distinta, de forma totalmente altruista, recorriendo  pueblos y pedanías.  

 

Después, con sus dos inseparables amigos José Céspedes Moñino y Manuel Roberto Leonís Ruiz, formó el trío “Orcelis” con el fin de actuar los sábados por la noche  en las galas cara al publico que se celebraban en la antigua emisora de “Radio Orihuela”, que estaba en la Calle Mayor, muy cerca de la casa que fué de mi abuela Lola. Ensayaban en el desaparecido convento de Capuchinos, bajo la dirección de dos frailes que recuerda como  muy bondadosos, y que eran primos hermanos, llamados Víctor y Olegario de Vinalesa.  

 

En “Radio Orihuela”, también participó en un  reducido grupo que hacían pequeños cuentos y relatos bajo la dirección de Pepe Torres, también añorado oriolano, y que ponían en antena, en directo. 

 

Cuando se formó el grupo de la Pasión “Federico Rogel” en la década de los años cincuenta, Antonio Colomina formó parte del mismo, como uno de sus fundadores, pero sólo pudo  cantar dos o tres años ya que se marchó a El Pardo, (Madrid), donde realizó como voluntario el servicio militar durante tres años,  especializándose en transmisiones. 

 

En uno de sus permisos en Orihuela, conoció a su esposa Mari Carmen, con quien contrajo matrimonio de la mano de Don Antonio Roda, y claro está, también, en la Capilla del Oratorio Festivo.  

 

Antonio y Mari Carmen tienen tres hijos que como él dice son preciosos: María Auxiliadora, Miguel Angel y María del Carmen. Sus hijas le han dado un nieto cada una, Cristian y Alvaro, que como dice son los dos  muy guapos.  

 

Al contraer matrimonio, Antonio y su esposa se fueron a vivir a Madrid, donde se encontraba destinado. Después, pasaron al Campo de Gibraltar, y tras unos años pasaron a  Cáceres,  y por ultimo en Alicante, cubriendo así, a través de dichos destinos su carrera profesional como funcionario.  

 

Pero no se detiene aquí la enorme inquietud de Antonio Colomina. Estudia Teología, Pedagogía y Didáctica de la Enseñanza. Es profesor de Religión y de Moral Católica. Profesor Deportivo. Operador Radiotelegrafista de Primera y Radiotelefonista Naval. Diplomado por la Universidad de Alicante por cursos de Prensa, Radio y Televisión; Periodismo Digital; Periodismo de Investigación y creación narrativa. 

 

Como Orihuela no puede explicarse sin su Semana Santa, y como creo que casi no hay hijo de Orihuela que no este vinculado personalmente o a través de su familia a la Semana Santa, Antonio Colomina,  como no podía ser menos, en ella está y formando parte de la Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. 

 

           Debo destacar aquí, cómo participó en la constitución de la nueva Orden Franciscana Seglar en la Fraternidad Local de Orihuela, cuyo Primer Capítulo electivo, celebrado el día 8 de Junio de 1996, constituyó su Consejo, en la forma que me permito recordar: Ministro Local, Benedicto Martínez Vicente; Viceministro, Vicente Meseguer Gracia; Secretario, Emilio Bregante Illescas; Maestro Responsable de Formación, Antonio Colomina Riquelme; Tesorero, Vicente Torres Sánchez; y encargado de Culto, José Manuel Saura Caselles. Dicho Primer Consejo y los distintos Consejos que le han sucedido, han logrado llevar a la Mayordomía a sumar en el año 2006, a más de 700 nazarenos, y hay lista de espera para ingresar. Hay que destacar  como artífices  de este esplendor,  al Padre Francisco Oliver, Guardián del Convento entonces y luego Provincial de la Orden Franciscana Menor, como también a Benedicto Martínez, primero como Ministro de la Fraternidad Local y luego como Presidente de la Mayordomía.  

 

Aprovechando este momento, y como Caballero Cubierto del presente año, saludo con la mayor admiración a esos hombres, y con toda devoción a Nuestro Patrono:  a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que hoy ya,  y como dijo el poeta, ... 

 

“...entre mil encapuchados... cruza humilde el Nazareno”. 

 

 

Es Consejero del Centro de Atención a Minusválidos Psíquicos “Santa Faz”, donde es también Socio de Honor de la Asociación de Padres. 

 

Creo que Don Antonio Roda, que tanto hizo por los desvalidos, se sentirá muy orgulloso de quien fuera su alumno y su amigo, al verle integrado en estos compromisos tan importantes. 

 

 

Antonio Colomina ha publicado centenares de artículos y relatos en periódicos, como en el periódico  “Información” y en revistas impresas y digitales, como “Orihuela Digital”, o “Perito” (Literario Artístico). Es administrador  de tres  páginas  Web: “Orihuela en mis artículos”, “El gallo del alba en Alicante”, y “Los relatos de Antonio Colomina”. Ha intervenido en diversas presentaciones literarias, como el año pasado que presento el libro antológico de poesía, “Abriendo Puertas... por amor al arte”, publicado por el Liceo Poético de Benidorm, en que pronunció una frase que conviene recordar por su acierto: 

 

“...La poesía nace en el corazón del poeta, la eleva a su cerebro y éste, da orden a su mano para plasmarla en el papel, por eso no pone precio a su trabajo, porque lo que nace desde lo más  profundo del corazón lleva la chispa divina y lo que viene de Dios no se puede  tasar..." 

 

Es miembro número 1.644 de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE), y componente de la Red Mundial de Escritores Españoles (REMES). 

 

En el año 2006, publico el libro “Orihuela, Dulce Pueblo”, Un paseo por la ciudad oriolana de los años 50 y 60 a través de los recuerdos de su autor, editada por la Editorial Club Universitario, con prólogo de Pablo Riquelme Ballesteros. 

 

Hoy presentamos su nuevo libro: “Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes... (Deshojando mis recuerdos) ”. 

 

“Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes...”, esta  dedicado, “A mi “Orihuelica del Señor”, el pueblo que me vio nacer, y a todas sus gentes que me honraron con su amistad y cariño, como tributo de gratitud hacia todos ellos”.  

 

Estamos ante un libro de recuerdos y de añoranzas. En la propia portada del libro aparece sobre una vista actual de la ciudad de Orihuela,  desde el Seminario, tres hojas de calendario. De Septiembre de 1940, de septiembre de  1950, y de  septiembre de  1960.  

 

Es un libro descriptivo, y es un libro coral.  

 

Es un libro descriptivo porque nos va haciendo volver a recorrer lo que constituía en aquellos años el lugar, el pueblo llamado Orihuela. Limitada por el final de los Andenes y la estación, por la plaza de toros y el campo de fútbol Los Arcos,  por la calle Arriba y  el Colegio de Santo Domingo, por San Francisco, y por  el Seminario de San Miguel,  y cruzada por el río Segura, el río Segral de Oleza.  

 

Y en su interior las calles de entonces, y también de ahora: desde la Calle Mayor de Ramón y Cajal y Plaza del Teniente Linares hasta la Calle de San Juan, pasando por las calles del Hospital, de San Pascual, Pintor Agrasot, antes Corredera, la desaparecida calle del Molino, calle Obispo Rocamora, de José Antonio, del Río, Alfonso XIII, Colón, Arzobispo Loaces, Calderón de la Barca, Luis Rojas, o de la  Mancebería, Doctor Sarget, Francisco Díe, de la Meca, San Agustín, López Pozas, Santa Justa, de las Flores, Ballesteros Villanueva, Paseo Calvo Sotelo, Ruiz Capdepón, Adolfo Clavarana o del Colegio,  Capuchinos, San Juan, de Arriba, y otras más.  

 

Y Antonio Colomina no se limita a relatarnos como se componían dichas calles, sino que con una sorprendente memoria, nos va haciendo desfilar por ellas contándonos o recordándonos los comercios, los establecimientos, los despachos de profesionales con sus nombres, las tiendas artesanales, los bares y tabernas, las pastelerías, los cines, los bancos, los organismos oficiales, los colegios... y hasta las casas de lenocinio,  es decir un retrato o unos retratos como si fueran postales del entorno de aquellos lugares  y tiempos. Y como no,  de sus Plazas: la Plaza Nueva, la del Carmen, la del Poeta Sansano, la Plaza de las Salesas, la  de la Trinidad, la de Caturla, de Santa Lucía, la del Marqués de Rafal, del teniente Linares,  de Santiago,  de San Sebastián, y la Plaza de Monserrate. Y la esquina del Pavo. 

 

Al  entrar en el libro te ves inmerso en un recorrido de un entorno, que cuanto menos los que como yo, frisamos los sesenta años, hemos visto y conocido. Pero es que Colomina no se conforma con la mera descripción. Antonio Colomina,  pone en movimiento, una Ciudad de un tiempo que estaba como quieto, y apenas recordada en este trepidante mundo actual, noria de las norias,  del que uno no pude bajarse.  

 

Y nos saca de nuevo a la calle a todas aquellas personas que habitaban Orihuela, algunos felizmente aún con nosotros como el gran campeón, Bernardo Ruiz, “El Pipa”, uno de los mejores ciclistas españoles de todos los tiempos y desde luego el primer español que subió al podio de triunfadores de la carrera ciclista más importante de Europa, o la magnífica María Antonia Abad, la sin par Sara Montiel a quien recuerda cantando, desde lo alto del balcón de “Jeromo el del Puente” aquella Saeta, que sirvió para descubrirla y convertirla en la mundialmente famosa que es. Pero también saca de nuevo al recuerdo a los que eran y ya no están, quizás por eso, y porque nos lleva a la añoranza,  es por lo que tal vez  diga  en sus primeras páginas que, “Mirar hacia atrás para recordar nuestros orígenes es bueno. Hacerlo con añoranza de tiempos pretéritos que no volverán, es insano”. No sé si estoy del todo de acuerdo con esto último, pero si coincido con que la añoranza conlleva a la tristeza, y desde luego la tristeza es ciertamente insana. 

 

Y permítaseme, que haga aquí un alto en el camino y detenerme en  el recuerdo de dos grandes personas, de dos grandes hombres, de dos señores que me distinguieron con su amistad, que al tiempo de la publicación de este libro aún estaban con nosotros, y que  hoy desde hace muy poco ya no están: Don Luis Cartagena Soriano, y Don Antonio García- Molina Martínez,  por los que elevo mi afecto y mi oración.  

 

Y estamos  ante un libro coral. 

 

           A mí me ha parecido ver al paso de sus calles, y a través de su narración,  como si se asomaran a sus balcones, o a sus puertas o a las entradas de sus establecimientos, a tantas personas como cita, desde los recordados “Macando” y “Caralampio”, a cada cual más sabio...  

 

“Digo yo: A mí me parece poco todo lo que sea bueno, pero me parece que vamos demasiado deprisa”...  

 

Hasta llegar a  los guardias municipales de entonces, “El Gallina”, Felipe, “El Choso”, y Justo. 

 

Y nuestro autor lo hace, quizás porque es su natural, o porque además es cierto, con cariño y con respeto. No hay el mínimo reproche o juicio adverso, si acaso meras y amables anécdotas.  

 

           O, ¿quien no recuerda a Don Benito Álvarez de la Riva, aquel famoso y querido médico, del que nos dice como se destacaba en su indumentaria, por utilizar, en invierno y en verano, trajes de lana oscuros y camisa blanca de “cuello duro”, -yo parece que lo estoy viendo-, para luego decirnos, lo que es cierto, que era un gran señor y que los que le conocimos personalmente le recordamos con cariño y admiración. Hay que ver, con que elegancia, cómo Don Benito llevaba el chaqué, y la vara dorada en la Procesión de “Las Mantillas”, en aquellos Domingos de Ramos de Orihuela, en los que, como también hoy, brillaba la luz, el color de las flores y la belleza de la mujer oriolana. 

 

           Por eso, antes decía que es también un libro coral. No están todos los que son,  pues resultaría imposible, pero sí son todos los que están. Pero además Antonio Colomina nos adereza ese conjunto arquitectónico y coral, como si se tratara de una novela al modo de La Colmena de nuestro Premio Nobel, Camilo José Cela, con anécdotas amables y que no pretenden sino el recuerdo y la amenidad.  Como cuando nos  habla de Comestibles “El Chi”,  y nos cuenta como su dueño “Ricardico” vendía a granel el aceite con un surtidor manual, y nos dice tiernamente, cómo poca gente de entonces podía comprar por litros, y como a veces despachaba hasta un “octavico”; pues eran unos tiempos... bueno, como dice Eugenio de Pinumbrío,  “tan sencillos... pero sin embargo...”;  o cuando nos cuenta, la costumbre de los oriolanos de comer sémola los días de lluvia, y a tal propósito  la anécdota del señor Jaele, dueño de la ferretería de la Plaza Nueva que no cuenta.  

 

Es un libro cuya lectura, sin duda, nos traerá buenos y queridos recuerdos y un reencuentro del paisaje y sus figuras. Y también de las  nuestras.  

 

Y así se van a encontrar mis  queridos amigos Alfonso, Emilio y Patrito Ortuño Salar, al pasar por la calle Mayor con la tienda de su abuelo,  Tejidos Emilio Salar, y acaso recordar como tenia por costumbre sacar a la calle nueve maniquíes que ponía en hilera junto a la pared, vestidos con trajes, gabanes o gabardinas, que los chiquillos jugando, tiraban  veces al suelo, lo que hacía que, Tano, el dependiente saliera a regañarles  ante lo que huían en estampida.  

 

O mi prima Conchita Botella Ballesteros, cuando al pasar la calle Alfonso XIII, lea como se recuerda allí  a la Farmacia Botella; la Farmacia de su padre, mi tío Julián Botella Martínez, hermano de mi madre Mari Botella.  

 

O al pasar por la calle Francisco Díe, mi querido amigo José María Germán Pescador, o alguno de sus  hermanos, se encuentre con la placa del bufete de abogado de Don Paco Germán, su padre. 

 

 

Y tantos otros, con otros encuentros... 

 

Después de recorrer las calles y plazas, el libro se detiene en dar un paseo por San Miguel: la escalera del “Gato”, la “Rejullaera”, el Seminario... Para luego pasar a un capítulo dedicado a “Las fuerzas de Seguridad en Orihuela”; y un último capitulo bajo el título de,  “Misceláneas y Curiosidades”.  

 

Aquí los recuerdos se enlazan como una cesta de cerezas. Semana Santa, y sus costumbres; el Año Mariano celebrado  en la Década de los 50 con las Misiones;  las inundaciones y las rogativas, las costumbres de los comercios para anunciar su mercancía; las fiestas de los  barrios y sus concursos; los vendedores ambulantes, como aquella señora llamada Amparito que vendía por las calles “camarrojas” hervidas; los oficios de bolilleras, o lavanderas de ropa en el río; los puntos en que se reunían los tratantes de la Vega Baja: alrededores del Hotel Palas, el Bar Zara,  el Bar Español y el Café Colon, donde se cerraba el trato con un apretón de  manos;  las “Hoguericas de San José, un mistico y a correr”; los juegos callejeros: Plau, Marro, Píndola, Rompes, al Ajo, a la Trompa, y la cría de gusanos de seda de la chiquillería; el fútbol de la época, con los legendarios futbolistas de la Orihuela Deportiva, Villagrasa, “El Rondoyo”, “El Sangre”, Riquelme, “El Oliva”...  

 

Yo me recuerdo, no se qué año, vestido con un traje de heraldo del Perdón, aquellos trajes verdes, que sacamos polvorientos del camerín de nuestro Padre Jesús de la Caída que presidía el altar de la Iglesia de San Gregorio, para anunciar con otros amigos y cofrades de mi edad, que no debía ser mucha,  algún festejo  o  acontecimiento para recaudar fondos para el equipo. No se  bien, no quisiera equivocarme, si fue para anunciar aquel partido amistoso con el Real Madrid, nada menos que con Enrique Mateos y Héctor Rial, en aquellos tiempos gloriosos del equipo merengue, y que por mucho que se empeñen y mucho dinero gasten, aquellos tiempos, remedando al poeta romántico, esos, “no volverán” Quizás alguno de los que me acompañaban se acuerden mejor que yo de aquel acontecimiento. Y por fin muchos recuerdos  sobre el Oratorio Festivo, con sus canciones para el sacerdote Don Juan Torres: Viva Don Juan, “...que nos compra alpargates y nos da de merendar”; y el Himno a  María Auxiliadora: “Rendidos a tus plantas reina y señora. Los cristianos te aclaman su Auxiliadora”. 

 

El libro viene acompañado en sus páginas por un buen número de fotografías de lugares y personas de Orihuela, y claro está, la última fotografía es de la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, Patrona de Orihuela,  y en fin, el libro  se cierra con un “Vocabulario oriolano de tiempos pretéritos”, con un buen número de palabras desde “abercoque” y “abonico”, a “viso” y “zagal”, con su correspondiente, digamos,  traducción.  

 

No puede detenerme más en el libro, pues de ser así, ya saldrían todos de aquí como si lo hubieran leído, con grave quebranto editorial, pero sea como fuere, es un libro que se debe tener no solo por su grata lectura sino por que conservarlo  será  como guardar algo mas de nuestra vida. 

 

“Es un canto a Orihuela en un libro entrañable”, califica este libro Tirso Marin Sessé, en un magnífico artículo, como todos los suyos publicado en su Periódico La Verdad, del día 14 de octubre, periódico del que  ha sido y es columnista, cronista y articulista. Tirso Marin, quien prolonga el libro que presentamos es uno de los grandes periodistas alicantinos. Presentador de programas televisivos, conferenciante, gran aficionado a los toros, y escritor de muchos y brillantes libros, desde aquel dedicado a los juristas alicantinos, en el que no me quiso poner, a los dedicados a los toros y toreros Alicantinos como aquellos “El Tino” y “Pacorro” de tan celebrada competencia. Además es  un gran conversador y es un anecdotario viviente. Lo sabe todo,  todo. Y si no que les cuente la historia de aquel que quiso ser torero con tan poco éxito y que se llamaba como nombre de guerra, “El Niño de la Cartelera”. Me honro de ser su amigo, sobre todo también desde que supe de sus frecuentes visitas a Orihuela para que su querida esposa viniera a rezarle a Nuestro Padre Jesús Nazareno, de quien era tan devota, y  con quien hoy,  seguro,  estará en el Cielo.

 

Tirso Marin Sessé  prologa el libro de Antonio Colomina, y tras referirse al mismo, concluye su proemio diciendo:  

 

“Todo esto se ofrece al curioso lector, que ya devoró “Orihuela, dulce pueblo”, la otra obra de Colomina y tendrá oportunidad de completar su acervo anecdótico de la monumental ciudad, quizá la que más historia y tradición  tiene de la Provincia de Alicante”. 

 

El libro se presenta en una elegante y cuidada edición de la  Editorial Club Universitario,  impresa en Imprenta Gamma, con domicilio en  San Vicente, cuyo editor jefe Don José Antonio López Vizcaíno, Presidente también de la Asociación Provincial de Libreros, nos acompaña.  

 

Muchas gracias por su atención, y les animo a leer este hermoso y grato libro.

 

 

 

 

                                               Intervención del autor Antonio Colomina Riquelme


BUENAS NOCHES SRAS. Y SRES.

EN PRIMER LUGAR DESEO AGRADECER LA PRESENCIA DE TODOS USTEDES EN ESTE MAGNÍFICO AUDITORIO, A LOS QUE HAN VENIDO DE FUERA CON EL CONSIGUIENTE PROBLEMA DE LA DISTANCIA Y A LOS QUE RESIDEN EN ORIHUELA Y HAN DEJADO EL CALOR DE SUS HOGARES PARA ACOMPAÑARNOS EN ESTOS MOMENTOS. GRACIAS A TODOS. 

      EN TODA PRESENTACIÓN LITERARIA EL PROTAGONISMO DEBE RECAER EN LOS PRESENTADORES. ASÍ TIENE QUE SER. EL AUTOR, EN ESTE CASO EL QUE LES HABLA, TAN SÓLO DEBE RECONOCER LOS MÚLTIPLES APOYOS RECIBIDOS DESDE QUE EMPIEZA SU OBRA HASTA QUE ÉSTA VE LA LUZ. POR ELLO, ME VAN A PERMITIR QUE ME DIRIJA EN PRIMER LUGAR A LAS DOS PERSONALIDADES QUE HAN TENIDO LA AMABILIDAD DE PRESENTAR ANTE USTEDES MI LIBRO.  

    D. JULIO CALVET BOTELLA, ILUSTRE HIJO DE ORIHUELA, SOBRADAMENTE CONOCIDO POR SUS COTERRÁNEOS. LO HA SIDO TODO EN SU PUEBLO Y LO ES CASI TODO FUERA DE ÉL. DESEO AGRADECERLE SUS ELOGIOS HACIA MI PERSONA, ELOGIOS QUE YO NO MEREZCO, PERO QUE ACEPTO PORQUE SÉ QUE VIENEN DE SU CORAZÓN Y NO DE SU BOCA. NUNCA, POR MUCHOS AÑOS QUE YO VIVA, AGRADECERÉ BASTANTE EL ALTO HONOR E INMENSO FAVOR QUE ME HA HECHO ACEPTANDO MI RUEGO PARA PRESENTAR ESTE MODESTO TRABAJO.  

     LOS QUE TENEMOS LA SUERTE DE TRATAR UN POCO MÁS DE CERCA A D. JULIO CALVET BOTELLA, CONOCEMOS LAS VIRTUDES QUE ADORNAN A SU PERSONA: ENTRE OTRAS MUCHAS, SU MODESTIA, SU HUMILDAD, Y SU GRAN AMOR A ORIHUELA. GRACIAS D. JULIO POR SER ASÍ, GRACIAS POR ESTAR AQUÍ, Y GRACIAS, SOBRE TODO, POR SU AMISTAD QUE ESPERO MERECER AHORA Y SIEMPRE. 

    DE D. JOSÉ ANTONIO LÓPEZ VIZCAÍNO, DEBO DECIR QUE, ADEMÁS DE SER UN BUEN AMIGO, ES EDITOR JEFE DE ECU Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN PROVINCIAL DE LIBREROS; PERO ESO QUIZÁS SEA SU VOCACIÓN MÁS QUE SU TRABAJO, EL AMOR QUE SIENTE POR LOS LIBROS LE HA LLEVADO A SER ARTÍFICE, DESDE SUS RESPONSABILIDADES, DE UNA GALA ANUAL QUE YO DENOMINARÍA “DE LA LITERATURA ALICANTINA”. EL PASADO DÍA 30 DE NOVIEMBRE SE CELEBRÓ EN LA SEDE DEL DIARIO “INFORMACIÓN”, POR TERCER AÑO CONSECUTIVO, LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE “RELATOS URBANOS”. ESTA OBRA ES UNA OPORTUNIDAD QUE DA LA EDITORIAL ECU Y LA ASOCIACIÓN DE LIBREROS A LOS AUTORES NOVELES, EN LA QUE TAMBIÉN COLABORAN ESCRITORES YA EXPERIMENTADOS. GRACIAS A D. JOSÉ ANTONIO IGUALMENTE POR SUS PALABRAS Y POR SUS DESVELOS POR LA LITERATURA ALICANTINA. 

     IGUALMENTE, DESEO AGRADECER A D. TIRSO MARÍN SESSÉ, EL PRÓLOGO QUE HA PUESTO A MI LIBRO. YA, EN SU BRILLANTE INTERVENCIÓN A DESCRITO DON JULIO LA PERSONALIDAD DE TIRSO MARÍN. A MÍ TAN SOLO ME QUEDA AÑADIR QUE ES, SOBRE TODAS LAS COSAS, UNA EXCELENTE PERSONA QUE ME HONRA CON SU AMISTAD DESDE HACE MÁS DE 30 AÑOS. QUE CON SU LENGUAJE CAMPECHANO QUE ÉL DOMINA A LA PERFECCIÓN, HA SABIDO IMPRIMIR EN MI LIBRO UNA NOTA DE MAESTRÍA PERIODÍSTICA QUE ESTOY SEGURO LOS LECTORES SABRÁN APRECIAR. GRACIAS TIRSO. 

     AHORA ME GUSTARÍA NOMBRAR A TODOS LOS QUE,  DE ALGUNA MANERA, LES DEBO GRATITUD CON RESPECTO A LA PUBLICACIÓN DE ESTE LIBRO: 

      A MI ESPOSA MARI CARMEN, QUE DESDE UN LEJANO DÍA DE AGOSTO DE 1959 QUE TUVE LA DICHA DE CONOCERLA PASEANDO POR EL RECINTO DE LA FERIA EN LOS ANDENES, HASTA LA FECHA, HA SIDO, ADEMÁS DE UNA COMPAÑERA EJEMPLAR, UNA EXCELENTE SECRETARIA EN TODOS MIS ASUNTOS. MUCHAS GRACIAS. 

     A MI HERMANO MANOLO, QUE AUNQUE DECIDIÓ HACE MUCHOS AÑOS AFINCARSE CERCA DEL MAR, ME CONSTA QUE RECUERDA  A SU “ORIHUELICA” Y DE VEZ EN CUANDO VIENE A VISITARLA PARA QUITARSE ESA NOSTALGIA QUE NOS INVADE ALGUNAS VECES A TODOS LOS QUE VIVIMOS FUERA DE ELLA. 

     A MIS AMIGOS DE SIEMPRE LUIS GUERRERO, CONCHITA RAMOS, AMPARO MARTÍNEZ, CARLOS VICENTE MARTÍNEZ Y A RAMÓN TOMÁS MORENO (SECRETARIO DEL COLEGIO ORATORIO FESTIVO). 

 

  POR ÚLTIMO, HE DEJADO A MI ENTRAÑABLE AMIGO HILARIÓN LILLO ROCHE, EXCELENTE ESCRITOR ORIOLANO, QUE COMO TODOS USTEDES SABEN, HA PUBLICADO UNA TRILOGÍA DE MARAVILLOSAS NOVELAS DEDICADAS A SU QUERIDA ORIHUELA, LIBROS QUE RECOMIENDO A TODOS USTEDES NO DEJEN DE LEER. HILARIÓN LILLO, QUE VIVE A CABALLO ENTRE BUENOS AIRES, GANDÍA Y ORIHUELA, TIENE SU CORAZÓN REPARTIDO ENTRE AMBAS CIUDADES, PERO ME CONSTA QUE SU “ORIHUELICA” LA LLEVA EN UN LUGAR PREFERENTE DENTRO DE SU CORAZÓN. MI AGRADECIMIENTO TAMBIÉN PARA ÉSTE EXTRAORDINARIO AMIGO, QUE LO FUE IGUALMENTE, Y MUCHO, DE MI HERMANO ENRIQUE. HOY, A ESTA HORA, ESTARÁ PENSANDO EN NOSOTROS (ASÍ ME LO DIJO) DESDE ESA ARGENTINA QUE ELIGIÓ COMO SU SEGUNDA PATRIA.  UN ABRAZO DESDE AQUÍ QUERIDO HILARIÓN.  

     Y AHORA DESEO FELICITAR DESDE AQUÍ AL ANTERIOR ALCALDE DE ORIHUELA D. JOSÉ MANUEL MEDINA CAÑIZARES, POR HABERSE LLEVADO BAJO SU MANDATO, LA REHABILITACIÓN DE ESTE EMBLEMÁTICO Y MAGNÍFICO EDIFICIO, ANTIGUA LONJA MUNICIPAL DE FRUTAS Y HORTALIZAS, CONVIRTIÉNDOLO, (GUARDANDO SU ANTIGUA ESTRUCTURA Y FISONOMÍA) EN UN CENTRO CULTURAL DE PRIMER ORDEN PARA ORIHUELA. Y ME CONGRATULO DE SU REHABILITACIÓN COMO ORIOLANO Y COMO PERSONA QUE HUBIESE LAMENTADO PROFUNDAMENTE SU DESAPARICIÓN, YA QUE,  PARA MI, ESTE QUERIDO EDIFICIO HA SIDO EL LUGAR DE TRABAJO DE MI ABUELO, DE MI PADRE, DE MIS HERMANOS Y CASI EL MÍO, YA QUE A ÉL ACUDÍA, PRIMERO DE NIÑO A JUGAR ENTRE LOS CARRUAJES Y LOS MONTONES DE FRUTA, Y YA DE ADOLESCENTE, A AYUDAR LOS DÍAS DE MERCADO A PESAR LAS BANASTAS Y LAS ESTIVAS CON EL PALO Y LA ROMANA. OTRA COSA QUE SOLÍAMOS HACER AQUÍ ERA LIMPIAR Y FLOREAR LOS PASOS DE EL PRENDIMIENTO Y LA ORACIÓN EN EL HUERTO EN LOS PROLEGÓMENOS DE LA SEMANA SANTA, TRABAJO QUE TOMÁBAMOS COMO UN JUEGO Y NOS ENCANTABA HACER A LOS HIJOS DE LOS ASENTADORES QUE SIEMPRE ANDÁBAMOS POR ESTE LUGAR. 

    REITERO A TODOS MI MÁS PROFUNDO AGRADECIMIENTO POR SU ATENCIÓN Y LES DESEO, EN NOMBRE DE LOS QUE COMPONEMOS ESTA MESA, UNA FELIZ NAVIDAD. 

                                   MUCHAS GRACIAS. 

       

 

 

                                                    

                                             Vista parcial del numeroso público que asistió a la presentación del libro

                                                              "Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes..."

                                                                     (Foto: Colección de A. Colomina)
 

 

 

                                                      

 

                             Todos los asistentes quisieron llevarse su ejemplar firmado por el autor teniendo que formar una cola
                                                                       (Foto: Colección de A. Colomina)

 

                                                       


                                          Asistentes al acto de la presentación esperando turno para obtener la firma del autor
                                                                           (Foto: Colección de A. Colomina)


                                                          

                                                  Durante mucho tiempo tuvo que estar el autor Antonio Colomina firmando
                                                                            (Foto: Colección de A. Colomina)


                                                          
 
                                  Durante la firma el autor estuvo totalmente arropado por muchos amigos. Al fondo a la izquierda
                                                     se observa a los Sres. Calvet Botella, Barcala Candel y López Vizcaíno

                                                                         (Foto: Colección de A. Colomina)


 

                                                           


                                              Antonio Colomina Riquelme, atendía las peticiones de su público que, en algunos
                                               casos, llevaban varios ejemplares de su obra para regalar a familiares o amigos
                                                                              (Foto: Colección de A. Colomina)


 

                                                             

 
                                                     El autor firma dos ejemplares de su libro a su madrina Dña. Pilar Andreu
                                                                             (Foto: Colección de A. Colomina)