
La Escuela Militar de Brienne
....................................................................
La educación de una persona comienza dieciocho años antes de su nacimiento
Napoleón Bonaparte
En 1777, Carlos Bonaparte, gracias a la protección del Conde de Marbeuf, gobernador de Córcega, fue elegido diputado por la nobleza corsa en los Estados Generales de Francia, circunstancia que le ayudó a conseguir becas reales para tres de sus ocho hijos, José, Elisa y Napoleón- al primero en el colegio eclesiástico de Autún; a Elisa en el monasterio de Saint-Cyr y a Napoleón en
El 15 de Diciembre de 1799 Carlos Bonaparte se embarcó con sus hijos en Ajaccio rumbo a Marsella, al cabo de unos cuantos días Napoleón, que tenía entonces diez años, puso pie por vez primera en tierra de Francia. El primero de enero entraba, acompañado de su hermano José, en el colegio de Autún, donde pasó más de tres meses aprendiendo el francés, del que aún no conocía ni una sola palabra. Su padre había ido a
Allí su carácter obstinado e indomable se manifestó desde el primer momento. Permanecía solo, alejado de sus demás compañeros, tímido y taciturno, sin mostrar respeto ni amistad por nadie ni por nada. Desdeñaba y aborrecía a los franceses -a los verdugos, a los opresores de Córcega-. Quizá no comprendiese todavía lo que ese odio significaba, pero lo sentía ya confusamente. “He cobrado vida en Córcega, y con la vida un violento amor a mi desventurada patria y a su independencia.”[1].
Sus condiscípulos trataron de impacientarlo y hasta de ofenderlo, burlándose de su acento corso y su carencia de dinero. “En una ocasión, sus compañeros se burlaron de él y sus pretensiones de nobleza, y le dijeron:
-¡Los corsos son unos cobardes! ¡Nos han abandonado Córcega!
Y el muchacho, lleno de ira, contestó:
-Si los franceses hubieran sido cuatro contra uno, jamás se hubieran apoderado de Córcega; pero es que eran diez contra uno ¡Pero esperen a que sea mayor, y entonces pagaran los franceses!
-Pero al fin de cuentas, ¡tu padre no es más que miserable sargento!
El muchacho sufre una crisis de rabia y provoca a sus camaradas. Por eso es castigado y enviado al calabozo, desde donde escribe a su padre:
“Estoy aburrido de mostrar mi pobreza y de ver sonreír a unos insolentes muchachos que no tienes mas que yo sino la riqueza, pues no hay ninguno que no éste muy por debajo de los nobles sentimientos que me animan. Y bien, ¿Continuara vuestro hijo siendo el blanco de las burlas de unos mequetrefes orgullosos de ostentar los placeres que pueden darse, mientras insultan, sonriendo mis privaciones?
Pero la respuesta paterna llegó:
“No tenemos dinero-decía-, es preciso que resistas y continúes ahí.” [2]
Un día Napoleón exclamó en tono profético:
“-¡Paoli a de volver, y si él sólo no puede romper nuestras cadenas, acudiré yo en su ayuda, y acaso acertemos entre los dos a libertar a Córcega del odioso yugo que padece!”[3].
En verdad era admirable el patriotismo de este joven corso, para quien los franceses son todavía unos extranjeros, los invasores de su isla natal. En los cinco años de permanencia en la Escuela Militar de Birienne su patriotismo no hace sino crecer, así como también la confianza en sí mismo y el desprecio a quienes lo rodean. Leyendo, en un rincón del jardín, un niño taciturno, solitario. Alrededor del pedazo de terreno que le han distribuido en el colegio militar de Brienne, en el que él ha levantado un cerco.
No era muy buen estudiante, pero le seguían apasionando las matemáticas,
“Un día le riñe uno de sus profesores; le replica con mesura, cortésmente, pero con tal aplomo, que el otro, mirándole de hito en hito, sorprendido, le preguntó:
-Pero sepamos, caballero, ¿quién es usted para responderme así?
-Un Hombre-replico Bonaparte” [4]
“Juan Jacobo hubiera quedado satisfecho de su discípulo. Esta respuesta de Napoleón a los trece años es ya el comienzo de
En el fondo guarda algún rencor a su padre, por el hecho de haber éste entrado en relaciones con los franceses. En lo que a él concierne, está dispuesto a aceptar todo lo del rey, de quien es huésped, y servirse de ello más tarde contra el soberano.
Vago, profundo y oscuro, va tomando cuerpo en él, el presentimiento de que un día el será el libertador de su isla. Por ahora, muchacho de 14 años, se limita a hacerse enviar libros que traten de su patria. Es preciso conocer la historia si se quiere continuar.
Cuando se hermano José quiere abandonar la carrera eclesiástica por la de las armas, el cadete escribe así a su tío (el Archidiácono[6] de Ajaccio):
<<Mi hermano comete un gran error al desear entrar al servicio del rey, por varias razones.
La primera, como lo señala mi padre, no es lo bastante fuerte para enfrentarse al os peligros de la guerra. Su salud frágil no le permite soportar la tensión del servicio extranjero. Ciertamente mi hermano seria un excelente oficial de fuerte:
es alegre y de apariencia agradable, el tipo de muchacho al que le agradarían una gran cantidad de halagos superficiales: de hecho, tiene talento para actuar en sociedad. ¿Pero que pasaría en la batalla?, ¿Qué guerrero necesita dones tan vanos como estos? ¿Cómo le ayudaran si no es valiente?
Y en segunda, se le ha educado para la carrera clerical. Es muy tarde para que cambie de opinión...>> [7]
Estas son objeciones de un psicólogo de 15 años, que reconoce en sí mismo, las cualidades que le niega a su hermano mayor, enormemente parecido al padre.
De ese mismo padre, Napoleón tenia la soltura de mareas y la imaginación poderosas; de su madre, había heredado el valor, el orgullo y la precisión; y de ambos, el sentimiento de unión a la familia.
A los 15 años, el 30 de octubre de 1784, terminados sus estudios en Brienne, Napoleón pasó a
[1] Dimitri Merejkovsky, Vida de Napoleón, p. 18
[2] Emil Ludwig, Napoleón, P.9
3 Chuquet, Napoleón, p. 117
[5] Ídem.
[6] Vid. Glosario