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La oración de cada día

EL ANGELUS




V. El Ángel del Señor lo anunció a María.

R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.


Dios te salve, María… Santa María…


V. He aquí la esclava del Señor.

R. Hágase en mí según tu palabra.


Dios te salve, María… Santa María…


V. El Verbo se hizo carne.

R. Y vivió entre nosotros.


Dios te salve, María… Santa María…


V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Para que seamos dignos de alcanzar

las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


Oración:

Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que, pues hemos creído la Encarnación de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo anunciada por el Ángel, por los merecimientos de su Pasión y Muerte, alcancemos la gloria de la Resurrección. Amén.



Oración de los Esposos


Señor, Padre santo, Dios omnipotente y eterno, te damos gracias y bendecimos tu santo Nombre: tú has creado al hombre y a la mujer para que el uno sea para el otro ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros. Protégenos y concédenos que nuestro amor sea entrega y don, a imagen de Cristo y de la Iglesia. Ilumínanos y fortalécenos en la tarea de la formación de nuestros hijos, para que sean auténticos cristianos y constructores esforzados de la ciudad terrena. Haz que vivamos juntos largo tiempo, en alegría y paz, para que nuestros corazones puedan elevar siempre hacia ti, por medio de tu Hijo en el Espíritu Santo, la alabanza y la acción de gracias. Amén.


Oración en el aniversario del Matrimonio


Oh Dios, Señor del universo, que al principio creaste al hombre y a la mujer e instituiste el vínculo conyugal; bendice y confirma nuestro amor, para que expresemos siempre en nuestra vida el sacramento que celebramos en la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



Oración de la mujer embarazada

(por Michel Schooyans)


Padre que estás en los cielos,

Tengo en mi seno ahora

un pequeñito, débil y vulnerable,

que ya está transformando todo mi cuerpo

y todo mi corazón.

¡Gracias por habérmelo confiado!

¡Gracias por permitirme acogerlo

como María acogió a Jesús el día de la Anunciación!

¡Gracias por poder acogerlo como mi madre me acogió

cuando sintió mi presencia en lo más íntimo de su ser.


Padre que nos amas, estoy maravillada ante esta vida

tan secreta y palpitante, tan frágil y llena de promesas.

¡Gracias por haberme dado los ojos del corazón,

que me permiten ya ver a este niño

en un momento en que todavía no es visible.


Padre lleno de ternura,

ayúdame a hacer cada día lo que puedo hacer

para que este niño sea feliz.

Te pido, Padre de toda gracia, poder transmitir a este niño,

toda la fe, la esperanza y el amor que llevo en mi corazón.


Por fin, te ruego, Padre, que nos guardes

bajo tu amparo, a mi hijo

que primero es tuyo, y a mí,

ahora y siempre. Amén.



Bendición de la mesa

(Para todos los días)


Bendice, Señor,

los alimentos que vamos a tomar

y que hemos recibido

de tu generosa mano.

Por Cristo nuestro Señor. Amén.


(Para los días festivos/especiales)


Te bendecimos, Padre bueno,

por tu Providencia amorosa sobre nosotros.

Te bendecimos por estos alimentos que vamos a tomar,

que sean para nosotros signo de nuestra fe y fraternidad.

Por Cristo nuestro Señor. Amén.



La señal de la Cruz


Por la señal de la santa Cruz
, †

de nuestros enemigos

líbranos, Señor Dios nuestro. †


En nombre del † Padre y del Hijo

y del Espíritu Santo. Amén.



Padre nuestro
, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.



Dios te salve María,

llena eres de gracia el Señor es contigo

bendita eres entre todas la mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, madre de Dios

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.



Gloria
al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como en un principio ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.



Acto de Contrición


Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu pasión y muerte, apiádate de mí, y dame tu gracia para nunca más volverte a ofender. Amén.



Por la mañana

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre... Como era en un principio... (Aleluya).



Himno (Para los domingos)


Es domingo; una luz nueva

resucita la mañana

con su mirada inocente,

llena de gozo y de gracia.

Es domingo; la alegría

del mensaje de la Pascua

es la noticia que llega

siempre y que nunca se gasta.


Es domingo; la pureza

no sólo la tierra baña,

que ha penetrado en la vida

por las ventanas del alma.


Es domingo; la presencia

de Cristo llena la casa:

la Iglesia, misterio y fiesta,

por él y en él convocada.


Es domingo; «éste es el día

que hizo el Señor», es la Pascua

día de la creación

nueva y siempre renovada.


Es domingo; de su hoguera

brilla toda la semana

y vence oscuras tinieblas

en jornadas de esperanza.


Es domingo; un canto nuevo

toda la tierra le canta

al Padre, al Hijo al Espíritu,

único Dios que nos salva. Amén.



Himno (para los días de entre semana)


Padre nuestro,

Padre de todos,

líbrame del orgullo

de estar solo.


No vengo a la soledad cuando vengo a la oración,

pues sé que, estando contigo, con mis hermanos estoy;

y sé que, estando con ellos, tú estás en medi, Señor.


No he venido a refugiarme dentro de tu torreón,

como quien huye a un exilio de aristocracia interior.

Pues vine huyendo del ruido, pero de los hombres no.


Allí donde va un cristiano no hay soledad, sino amor,

pues lleva toda la Iglesia dentro de su corazón.

Y dice siempre «nosotros», incluso si dice «yo».



Un salmo
(S 91) (Puede hacerse "a coros")


Antífona
: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.


Es bueno dar gracias a Yahvé,

cantar en tu honor, Altísimo,

publicar tu amor por la mañana

y tu fidelidad por las noches,

con el arpa de diez cuerdas y la lira,

acompañadas del rasgueo de la cítara.

Pues con tus hechos, Yahvé, me alegras,

ante las obras de tus manos grito:

«¡Qué grandes son tus obras, Yahvé,

y qué hondos tus pensamientos!»

El hombre estúpido no entiende,

el insensato no lo comprende.

Aunque broten como hierba los malvados

o florezcan todos los malhechores,

acabarán destruidos para siempre;

¡pero tú eres eternamente excelso!


Mira cómo perecen tus enemigos,

se dispersan todos los malhechores.

Pero me dotas de la fuerza del búfalo,

aceite nuevo derramas sobre mí;

veré la derrota del que me acecha,

escucharé la caída de los malvados.

El justo florece como la palma,

crece como un cedro del Líbano.

Plantados en la Casa de Yahvé,

florecen en los atrios de nuestro Dios.


Todavía en la vejez producen fruto,

siguen llenos de frescura y lozanía,

para anunciar lo recto que es Yahvé:

«Roca mía, en quien no hay falsedad».


Gloria al Padre... Como era en el principio...


Antífona: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.





Otro salmo
(S 32) (Puede hacerse "a coros")


Antífona
: El Señor merece la alabanza de los buenos.


¡Aclamad con júbilo, justos, a Yahvé,

que la alabanza es propia de hombres rectos!


¡Dad gracias a Yahvé con la cítara,

tocad con el arpa de diez cuerdas;

cantadle un cántico nuevo,

acompañad la música con aclamaciones!


Pues recta es la palabra de Yahvé,

su obra toda fundada en la verdad;

él ama la justicia y el derecho,

del amor de Yahvé está llena la tierra.


Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos,

por el aliento de su boca todos sus ejércitos.

Él recoge, como un dique, las aguas del mar,

mete en depósitos los océanos.


¡Tema a Yahvé la tierra entera,

tiemblen ante él los habitantes del orbe!


Pues él habló y así fue,

él lo mandó y se hizo.

Yahvé frustra el plan de las naciones,

hace vanos los proyectos de los pueblos;

pero el plan de Yahvé subsiste para siempre,

sus decisiones de generación en generación.


¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé,

el pueblo que escogió para sí como heredad!


Yahvé observa de lo alto del cielo,

ve a todos los seres humanos;

desde el lugar de su trono mira

a todos los habitantes de la tierra;

él, que modela el corazón de cada uno,

y repara en todas sus acciones.


No se salva el rey por su gran ejército,

ni el guerrero escapa por su enorme fuerza.

Vana cosa el caballo para la victoria,

ni con todo su vigor puede salvar.

Los ojos de Yahvé sobre sus adeptos,

sobre los que esperan en su amor,

para librar su vida de la muerte

y mantenerlos en tiempo de penuria.


Esperamos anhelantes a Yahvé,

él es nuestra ayuda y nuestro escudo;

en él nos alegramos de corazón

y en su santo nombre confiamos.


Que tu amor, Yahvé, nos acompañe,

tal como lo esperamos de ti.


Gloria al Padre... Como era en el principio...


Antífona
: El Señor merece la alabanza de los buenos.



Una lectura...
(a escoger)

(Col 3, 12-17)


Hermanos: revestíos, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y, por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo cuerpo. Y sed agradecidos.


La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos a Dios en vuestros corazones con salmos, himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre."


(2Tim 4, 1-8)


Delante de Dios y de Cristo Jesús, que vendrá como rey a juzgar a los vivos y a los muertos, te encargo mucho que prediques el mensaje, y que insistas, tanto si el momento es oportuno como si no lo es. Convence, reprende y anima, enseñando con toda paciencia. Va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oir. Darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos. Pero tú conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a anunciar el evangelio, cumple bien con tu trabajo.


Yo ya estoy para ser ofrecido en sacrificio: ya se acerca la hora de mi muerte. He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día. Y no me la dará solamente a mí, sino también a todos los que con amor esperan su regreso.


Pasajes evangélicos

Mt 7, 21-27



“No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. Aquel día muchos me dirán: ‘Señor, Señor, nosotros hablamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros.’ Pero yo les contestaré: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, malhechores!’


“Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!”


Mt 5, 13-16


“Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.


“Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo.


(Al atardecer)


Magnificat


Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espí­ritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humilla­ción de su esclava.


Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.


El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.


Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como en un principio ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.



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Al acostarse...


Recordando las palabras del anciano Simeón...


“Ahora, Señor, tu promesa está cumplida:

ya puedes dejar que tu siervo muera en paz .


Porque he visto la salvación

que has comenzado a realizar

ante los ojos de todas las naciones,

la luz que alumbrará a los paganos

y que será la honra de tu pueblo Israel.”


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NO DIGAS PADRE


No digas «PADRE»,

si cada día no te portas como su hijo.


No digas «Nuestro»,

si vives aislado en tu egoísmo.


No digas «Que estás en el cielo»,

si solo piensas en las cosas mundanas.


No digas «Santificado sea tu Nombre»,

si no lo honras con tus palabras y tus obras.


No digas «Venga a nosotros tu Reino»,

si no vives y llevas la Buena Nueva.


No digas «Hágase tu voluntad»,

si no la aceptas cuando es dolorosa.


No digas «Danos hoy nuestro pan»,

si no te preocupas por la gente con hambre,

sin cultura y sin vivienda.


No digas «Perdona nuestras ofensas»,

si guardas rencor a tu hermano.


No digas «No nos dejes caer en la tentación»,

si coqueteas con ellas.


No digas «Líbranos del mal»,

si no tomas partido contra el maligno.


No digas "Amén"

Si no has entendido ni tomas en serio

las palabras del "Padre Nuestro"


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