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fanfic enviado por ilu (pansy)

Capítulo 1. Tormenta y calma

Era una noche tormentosa, Elyon y sus padres estaban en la sala de estar; ella se había quedado dormida en el hombro de su madre cuando un escalofrío recorrió su espalda y su pequeño colgante en forma de lágrima comenzó a brillar con un color rojizo; su padre, Tim, se asomó a la ventana. Un rayo iluminó el jardín y Tim comenzó a balbucear.

-¡Ani!¡Llévate a la niña, rápido!¡Nos ha encontrado! - gritó Tim asustado.

Ani cogió a Elyon del brazo y corrió hacia las escaleras. Su padre se acercó ala puerta cuando esta se abrió de par en par y una sombra apareció por la puerta, levantó una varita y apuntó a su padre.

-¡Avada Kedavra! -gritó el extraño.

Un rayo verde alcanzó a su padre en el pecho y este cayó inerte al suelo.

-¡Papa! -gritó Elyon.

-¡Tim! -gritó Ani mientras bajaba por las escaleras.

-¡Escalera locomotor! -gritó de nuevo el extraño.

Entonces la escalera comenzó a temblar y a separarse de la pared.

-¡Corre Elyon! -gritó Ani subiendo por la escalera lo más rápido que podía.

Cuando llegaron al final de la escalera, tuvieron que saltar para alcanzar el piso de arriba. Entraron en una habitación e intentaron abrir una ventana, pero esta se atascó.

-¡¿Por qué tu padre no arreglaría la ventana?! -gritó Ani desquiciada debido al pánico.

Entonces cogió una silla y rompió el cristal de la ventana. Elyon salió la primera y saltó al árbol que había en frente de la ventana; bajó apresuradamente y corrió por el césped cuando una luz verde volvió a iluminar el jardín.

Elyon buscaba ayuda bajo la lluvia cuando unas sombras salieron a su paso. Entonces resbaló sobre la hierba mojada y cayó al suelo, se levantó como pudo y corrió en dirección contraria; pero no consiguió llegar muy lejos, porque le interrumpieron el camino otras figuras encapuchadas. Elyon intentó esquivarlas, pero una de ellas consiguió atraparla, la cogió con fuerza e intentó inmovilizarla , ella se retorcía como un gusano para intentar soltarse de las manos fuertes y frías que la retenían.

-Tranquila jovencita, tranquila -ante ella apareció la misma persona que había estado dentro de su casa-. No voy a hacerte daño.

-¡Y una mierda! -le contestó al extraño con furia.

El hombre ni se inmutó, le cogió el brazo izquierdo, sacó su varita y la apretó contra el antebrazo de Elyon; un dolor agudo, punzante y tan frío que quemaba le recorrió el brazo, el hombre retiró la varita y Elyon pudo ver una marca morada en forma de calavera.

-Ya está; bien, vamos -ordenó el hombre al resto.

Elyon intentó escaparse una vez más, y esta vez lo consiguió, le dio un codazo en el costado a la persona que la retenía, este la soltó mientras se desplomaba en el suelo, Elyon miró una vez más a la persona que la había sujetado, al caerse su máscara blanca se le había caído, al igual que la capucha; entonces Elyon pudo verle claramente la cara. Era un hombre joven, de tez blanca y nariz aguileña, con el pelo negro y largo hasta los hombros, mojado por la lluvia que caía.

-¡Cogedla! -ordenó el jefe.

Elyon echó a correr hacia el porche de su casa, cuando llegó a él miró de nuevo a atrás, los hombres ya no la seguían, pues habían desaparecido. Elyon miró al interior de su casa, cayó al suelo de rodillas, se agarró el brazo dolorido y comenzó a llorar; entonces inconscientemente comenzó a llamar a la única persona que le quedaba, un viejo amigo llamado Hagrid.

Ya había parado de llover y las nubes se habían disipado, pero Elyon todavía no se había movido de donde estaba, no quería entrar, pues sabía que lo único que quedaba dentro era muerte y tristeza. Entonces distinguió en la oscuridad de la noche y entre una neblina a un hombre dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho, desaliñado, con el pelo negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara, era Hagrid. El gigante se acercó a ella y la miró.

-¿Qué pasa, por qué me has llama...? -Hagrid no acabó la pregunta, porque miró dentro de la casa y vio el cadáver de Tim.

Elyon se levantó y lo abrazó, Hagrid también la rodeó con sus enormes brazos musculosos, pero su mirada seguía fija en el cuerpo sin vida de su padre.

-¿Qué ha ocurrido Elyon?

-Alguien vino, y papá y mamá... -dijo con dificultad Elyon mientras se aferraba con más fuerza al gigante.

-Tranquila ya estoy aquí, pero, ¿quién vino?

-No lo sé, pero con él vinieron más, con túnicas negras, capuchas y una máscara blanca -intentó recordar ella.

Elyon miró de nuevo a Hagrid y vio que se había puesto pálido.

-Vámonos de aquí Elyon, no es un lugar seguro -tartamudeó Hagrid.

La cogió del brazo y la llevó lejos de la casa, en ese momento una lechuza se posó en la cabeza de Elyon, en su pata traía una carta, que inmediatamente Hagrid cogió y leyó.

-Parece que la tuya no es la única desgracia de esta noche -dijo Hagrid apenado, mientras comenzaba a andar.

-¿A dónde vamos? -preguntó Elyon.

-A casa de los Potter, el que te atacó a ti es el peor mago de todos los tiempos y también los ha atacado, tenemos que recoger a su hijo Harry, parece que es el único que queda con vida -explicó Hagrid mientras se adentraba en la niebla.

-Harry Potter -susurró ella con intriga.

Llegaron a una casa medio derruida, al parecer recientemente.

-¿Quieres ayudarme a buscar al niño? -preguntó Hagrid.

-Claro ¿Cuántos años tiene?

-Uno ¡Ah! Ten cuidado, no te hagas daño con los escombros -le dijo Hagrid.

Elyon subió al piso superior de la casa por la escalera, tenía mucho cuidado, pues no quería que la escalera se viniera abajo. Comenzó a escudriñar las habitaciones, cuando escuchó un sollozo; Elyon entró en otra habitación, en ella había una mujer pelirroja muerta en el suelo, a su lado un niño pequeño con una herida muy grande con forma de rayo en la frente, el crío gimoteaba, así que ella se acercó e intentó calmarlo haciendo muecas y el niño comenzó a reír.

-¡Elyon! ¡Elyon, pequeña, ¿dónde estas?! -gritaba Hagrid.

-¡Lo he encontrado, Harry está aquí arriba! -anunció Elyon mientras el niño se acercaba y le cogía el brazo para jugar.

-¡Baja con él enseguida! -contestó Hagrid nervioso.

Elyon bajó con el niño en brazos todo lo rápido que podía. Hagrid cogió una pequeña manta que había en el suelo y lo envolvió en ella para que no cogiera frío.

Entonces escucharon un estruendo, miraron al cielo y vieron un haz de luz que se acercaba. Pero entonces vieron que era una enorme moto que volaba y que intentaba aterrizar. Cuando esta aterrizó, Elyon vio a su piloto; era alto, con el pelo negro y joven, estaba pálido y tembloroso. En un principio Elyon creyó que era el hombre que la había atrapado en su jardín, pero se dio cuenta de que no tenía la nariz aguileña como la tenía el otro hombre. El chico miraba la casa con espantosa sorpresa.

-¡Sirius! ¿Qué haces aquí’ -preguntó Hagrid con sorpresa.

-He venido... a ver... si era... verdad que Lily y James están... -dijo el joven entrecortadamente.

-¡Oh Sirius, lo siento mucho! -dijo Hagrid dándole palmadas en la espalda, haciendo que este se tambaleara-. Ha sido una pérdida terrible para todos, de eso no hay duda.

Elyon se acercó un poco a Hagrid y a Sirius.

-¿Y tu quién eres? -le preguntó con curiosidad a Elyon.

Esta retrocedió asustada por el tono del joven.

-Tranquila pequeña, no te va a hacer daño, es un buen amigo mío -le dijo Hagrid acercándola a Sirius-. Es Elyon McWarry, otra huérfana que ha dejado Quien-Tu-Sabes esta noche.

-Encantado -dijo Sirius alargando la mano-, yo soy Sirius Black.

-Lo mismo digo -contestó Elyon con timidez.

Entonces Sirius pareció reparar en Harry, que se hallaba en uno de los brazos de Hagrid.

-¿Es...es Harry? -preguntó Sirius.

-Sí, Elyon lo encontró en el piso de arriba -le contestó Hagrid.

-Dame a Harry, Hagrid. Soy su padrino. Yo cuidaré de él... -dijo Sirius.

-No Sirius, lo siento, pero tengo órdenes del profesor Dumbledore -contestó Hagrid cortante.

-¡Me da igual lo que diga Dumbledore! -gritó Sirius- ¡Es mi ahijado, y creo saber que es lo mejor para él!

-Te lo he dicho, no pienso desobedecer al profesor Dumbledore.

-¡Pero...! -dijo Sirius aunque sabía que no conseguiría nada.

Elyon miró a su alrededor y vio como unas personas se acercaban.

-Hagrid -dijo Elyon tirándole del abrigo- viene alguien, creo que son muggles.

Hagrid miró a los extraños y palideció un poco mientras abría los ojos como platos.

-Hagrid coge mi moto para llegar a donde tengas que ir, yo no la necesito ya.

-Gracias Sirius -contestó Hagrid dándole la mano a Sirius como despedida.

Hagrid se acercó a la moto, se montó y la puso en marcha.

-¡Vamos Elyon! -la llamó Hagrid.

-Adiós -se despidió Elyon.

-¿Qué? Adiós pequeña, adiós -contestó distraído mientras se giraba y le sonreía.

Elyon corrió hasta la moto, Hagrid la ayudó a subir y le pasó a Harry para tener los brazos libres y poder manejar el manillar con más libertad. Y entonces se elevaron en el cielo, justo antes de que llegaran los primeros muggles a la casa.

-¿Qué vamos a hacer con el niño?

-Como ya he dicho, se lo llevaremos al profesor Dumbledore. Nos está esperando, fue él quien envió la carta -explicó Hagrid.

 

 

Iban sobrevolando ciudades muggles, cuando Hagrid comenzó a reducir la altura, estaban sobrevolando un barrio que tenía una de sus calles a oscuras. Hagrid siguió bajando, hasta aterrizar en el asfalto. Elyon se escondió enseguida detrás de Hagrid, puesto que había dos magos más en la puerta de una casa con el número 4, y no le apetecía dejarse ver todavía.

Uno de los magos comenzó a hablar con Hagrid, era un hombre alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podía sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y unas botas con tacón alto y habillas. Sus ojos eran de color azul claro, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. A su lado había una bruja de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía muy nerviosa por la llegada de Hagrid. Elyon no escuchaba lo que decían, estaba más interesada por el barrio muggle, sus padres nunca la habían dejado ir a ninguno, decían que eran muy peligrosos para ella, aunque ella lo veía como el suyo, tranquilo y pacífico. Poco a poco fue vagamente consciente de lo que decían los magos.

-Bueno, déjalo aquí Hagrid -decía el mago-, es mejor que terminemos con esto.

-Profesor Dumbledore -dijo Hagrid en voz baja y un poco nervioso-, hay otro inconveniente, no solo han matado a los padres de Harry. Verá -Hagrid se apartó de improvisto y Elyon quedó a la vista, ella palideció y tragó saliva-. Es Elyon McWarry.

-¿Elyon McWarry? -volvió a preguntar el anciano extrañado, Hagrid asintió con la cabeza- Pero los McWarry están a salvo, Voldemort no los ha podido encontrar, ¿verdad Hagrid?

Hubo una larga pausa con un silencio incómodo. "Voldemort", ahora Elyon sabía quien los había atacado; ese nombre ya lo había escuchado antes, cuando sus padres discutían por culpa de que su madre la dejaba estar mucho tiempo fuera de casa jugando con los niños de su barrio. Y ahora también sabía quien era aquel anciano, era Albus Dumbledore, solía enviar a menudo cartas a sus padres.

-Verá, profesor Dumbledore -prosiguió Hagrid-, Quien-Usted-Sabe, atacó primero a los McWarry y después a los Potter. No se cómo, pero por lo que me ha contado, cuando iban a atraparla cambiaron de opinión y la dejaron tranquila.

-Hagrid -dijo Dumbledore mirándolo de nuevo- ¿Cómo te enteraste?

-Por telepatía -contestó Hagrid-. Había hablado con sus padres hace unos meses y me dijeron que ya la controlaba perfectamente.

-Elyon -le dijo Dumbledore en tono cariñoso y tranquilizador- ¿Sabes quién soy?

-Sí, mis padres me hablaron mucho de usted -respondió Elyon mientras unas lágrimas recorrían su rostro-, usted es Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de magia y hechicería.

-Veo que me conoces muy bien -dijo Dumbledore sonriendo- ¿Podrías decirme lo que ha pasado esta noche en tu casa?

-No lo sé exactamente -respondió ella mientras le caían más lágrimas-. Solo sé que Voldemort mató a mis padres y que quería llevarme con él. Conseguí escapar de sus seguidores y cuando podían haberme atrapado de nuevo me dejaron en paz y desaparecieron.

-¿Y después? -preguntó Dumbledore.

Pero Elyon no contestó, pues se había tirado sobre él y había roto a llorar.

-No te preocupes, conmigo estás a salvo -dijo Dumbledore para tranquilizarla.

-¡Albus! -dijo de pronto la otra bruja, que hasta ahora había estado escuchando en silencio-. Mira sus orejas, no es posible que sea... una...una...

-Sí -contestó Dumbledore-, es una semielfa, es por eso que Voldemort quería atraparla, es más fácil persuadir a un elfo joven que a un adulto; sin duda quería atraparla para que se uniera a él. Y viniendo de su estirpe, es un gran partido, de eso no hay duda.

-Pero, ¿cómo es posible que sea una semielfa? Sus padres...

-Verás Minerva, poca gente sabe que Anya, su madre, era una bruja, como ya sabrás; pero Timothy, o mejor dicho, Lizalos, era un elfo, el hijo de Azrael, que como sabes es el rey del reino élfico de Gran Bretaña e Irlanda. Aunque eso ahora no importa -explicó Dumbledore.

Elyon estaba boquiabierta, no entendía nada, nunca había sabido nada sobre sus abuelos paternos; comenzaba a dolerle la cabeza con tantas sorpresas.

-Elyon -la llamó Dumbledore- ¿Te gustaría venir a vivir a Hogwarts conmigo y el resto del profesorado?

-Me encantaría -dijo ella sonriendo.

-Muy bien -dijo Dumbledore, se giró hacia Hagrid nuevamente- Hagrid dame a Harry.

Dumbledore se volvió hacia la casa que tenía al lado.

-¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? -preguntó Hagrid.

Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba. Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

-¡Shhh! -dijo la bruja- ¡Vas a despertar a los muggles!

-Lo... siento -lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo- Pero no puedo evitarlo... Lily y James muertos... y el pobrecillo tendrá que vivir con muggles...

-Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos -susurró la bruja, dando una palmada en un brazo de Hagrid.

-¿Puedo despedirme yo también? -preguntó Elyon.

-Claro -contestó Dumbledore acercándole a Harry.

-Cuídate Harry, crece todo lo feliz que puedas -dijo Elyon.

Le dio un beso y Harry se despertó, sonrió vagamente y se volvió a dormir. Dumbledore pasó sobre la verja del jardín de la casa muggle y fue hasta la puerta que había enfrente . Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó una carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los tres. Durante un largo minuto los cuatro contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La bruja parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado. Elyon suspiró con melancolía.

-Bueno -dijo finalmente Dumbledore-, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

-Ajá -respondió Hagrid con voz ronca-. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore, Elyon.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con gran estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.

-Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall -dijo Dumbledore, saludándola con una inclinación de la cabeza.

-Adiós -se despidió tímidamente Elyon.

La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta.

Dumbledore le cogió la mano a Elyon y se marcharon calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó un Apagador de plata. Lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive, la calle en donde se encontraban, se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudieron ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudieron ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

-Buena suerte, Harry -murmuró Dumbledore. Dio media vuelta y con un movimiento de su capa , desapareció, llevándose consigo a Elyon.
 




Capítulo 2. El callejón Diagón

 

Aparecieron delante de un bar diminuto y de aspecto mugriento con el nombre de "El Caldero Chorreante". Los pocos muggles que pasaban por la calle parecían no poder verlo, seguramente tendría una defensa antimuggle, como la de su pueblo.

-Es un bar bastante famoso por estos alrededores –le explicó Dumbledore- Vamos, dentro estaremos calientas.

Al entrar, Elyon descubrió que era un bar muy animado; la gente cantaba y brindaba, todo estaba iluminado y en el aire flotaba el olor del tabaco y del alcohol.

-¿Por qué no vas al baño y te lavas las manos y la cara para quitarte el barro? –le dijo Dumbledore- Yo te espero aquí.

Elyon obedeció y entró en el baño, tardó un buen rato en conseguir quitarse el barro de las manos y la cara. Al salir, Dumbledore la condujo hasta la barra y se sentaron en los taburetes.

-¡Profesor Dumbledore, ¿qué hace usted por aquí?! –preguntó el cantinero con una enorme sonrisa.

-¡Pues lo que todo el mundo, celebrar este día! –contestó él alegremente.

-Entonces, ¿qué le pongo? –preguntó el cantinero.

-Una taza de alhelí y para mi amiga una cerveza de mantequilla caliente.

-¡Oh! No me había dado cuenta, ¿pero no debería de estar con sus padres una noche tan especial? –dijo el cantinero repartiendo las bebidas.

Elyon bajó la vista a su cerveza de mantequilla caliente.

-Es que están de viaje y me han pedido si podía cuidarla, y claro, no he podido negarme –mintió Dumbledore.

-Increíble, como si no le bastara tener que aguantar tantos críos en su momento, para que en vacaciones tenga que aguantar más –comentó el cantinero.

-No digas eso Tom, a mi me encantan los niños, además, esta es una joven muy alegre –dijo Dumbledore riendo.

-Pues no lo parece –observó Tom.

-Es que ha tenido un día muy movido y esta cansada, ¿verdad?

Elyon asintió con la cabeza, ansiosa porque dejaran el tema.

-Entonces bebe un poco jovencita, a ver si te espabilas y disfrutas de la noche –le aconsejó Tom.

Elyon sonrió y la dio un trago a su cerveza de mantequilla.

La noche pasó lentamente, aunque la gente no parecía cansada de reír y cantar, y lo que más se escuchaba era. "Por Harry Potter, el niño que vivió" Pasadas las tres de la mañana, Elyon ya se había acabado cinco cervezas de mantequilla, pero aún así sintió que los párpados le pesaban y que su conciencia se dormía... Estaba corriendo por una calle hacia su casa mientras una tormenta descargaba sobre ella con rayos verdes, llegaba a su portal y abría la puerta, todo estaba oscuro, no había nadie, gritaba, pero no había contestación, intentó subir por la escalera para llegar al piso de arriba, pero le costaba mucho; cuando por fin llegó, se dirigió a una de las habitaciones y abrió la puerta, Elyon apareció de nuevo en su jardín, intentó salir por la puerta, pero al girarse vio que había desaparecido y que en su lugar estaban todos esos hombres vestidos con túnicas y una capas con capucha negras y una máscara blanca; Elyon echó a correr, pero tropezó y calló de bruces resbalando por la hierba mojada, al levantar la vista encontró dos tumbas, en las lápidas había dos nombres: Anya y Timothy McWarry; entonces la oscuridad lo envolvió todo y pudo ver dos enormes ojos rojos con las pupilas rasgadas como las de un gato.

Elyon despertó en el suelo de una habitación, al parecer se había caído de la cama, ella no se molestó en levantarse, se quedó tirada en el suelo al lado de la cama, mientras en su cabeza se repetían una y otra vez las imágenes del sueño; intentó poner su mente en blanco, pero en el piso de abajo las celebraciones continuaban y causaban mucho ruido.

Golpearon la puerta, Elyon suspiró, no tenía ganas de hablar con nadie. La puerta volvió a sonar.

-¿Elyon? –dijo Dumbledore desde detrás de la puerta- Vamos, sé que estas despierta.

No hubo respuesta, pero Dumbledore insistió.

-¿Puedo entrar? –preguntó.

Ella gruñó como respuesta. Al entrar Dumbledore, Elyon estiró las sábanas de la cama y se tapó hasta la cabeza mientras Dumbledore se acercaba a ella.

-El desayuno está listo, venga, no te hagas de rogar –dijo Dumbledore levantando un poco las sábanas.

-No tengo hambre –contestó débilmente Elyon.

-No pienso dejar que te mueras de hambre –razonó él-, y si no te mueves te moveré yo.

Elyon siguió impasible.

-Bueno, tu lo has querido –la retó Dumbledore.

Entonces notó como unas manos le cogían las piernas y la levantaban, Elyon se encontró de pronto colgada bocabajo, mientras las sábanas se le caían y le cubrían la cara.

-¡Vale, vale! –contestó Elyon- ¡Ya bajo!

Dumbledore la dejó en el suelo mientras ella recuperaba el aliento por el susto.

-No tardes mucho, porque se te enfriará el desayuno –le dijo Dumbledore saliendo de la habitación.

Elyon se acercó a la ventana, el día se despertaba gris y triste, y los pájaros apenas cantaban, parecían cansados y melancólicos.

Bajó a desayunar, en el bar seguía la fiesta, Elyon reconoció a mucha gente de la noche pasada; no podía creer que aun estuvieran de juerga. Tardó bastante en desayunar, porque se distraía con la gente que entraba y salía del bar. Cuando acabó no tenía ganas de nada, salvo de encerrarse en la habitación y aislarse del mundo.

-¡Alegra esa cara mujer! –le dijo Tom- Además, creo que el profesor Dumbledore va a llevarte a dar una vuelta por el Callejón Diagón.

-¡¿De verdad?! –preguntó Elyon sorprendida.

Dumbledore asintió.

-¡Bien! –exclamó ella sonriendo.

Los dos se levantaron de la mesa y se dirigieron a la parte trasera del bar, donde había un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos.

-¿Y ahora qué? –preguntó Elyon impaciente.

Dumbledore sacó su varita y dio tres golpes a la pared con la punta.

El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un paisaje abovedado lo bastante grande hasta para que pasara una persona tan grande como Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.

-Bienvenida –dijo Dumbledore- al Callejón Diagón.

-¡Qué guai! –dijo Elyon sorprendida- ¡Nunca había estado en un lugar como este!

Dumbledore rió ante la sorpresa de Elyon. Entraron en el paisaje. Ella miró hacia atrás y vio que la pared volvía a cerrarse.

Elyon deseó tener los ojos de un camaleón. Movía la cabeza en todas direcciones, para intentar verlo todo al mismo tiempo, pero la pena era que casi todos los establecimientos estaban cerrados por las celebraciones.

-Bueno, ya hemos llegado –anunció Dumbledore.

Elyon se paró y miró el cartel de la tienda. "Ropa Muggle", en el escaparate solo había ropa de ese tipo, no entendía qué hacía una tienda de ese tipo en aquel lugar.

-¿Por qué nos paramos aquí? –preguntó ella.

-Porque para llegar a Hogwarts tenemos que ir a la estación de King Cross, y por lo tanto, tenemos que vestirnos como muggles.

-Pero si yo ya tengo ropa muggle, solo que en mi... casa –la última palabra la pronunció débilmente acordándose del sueño.

-Por eso mismo tienes que comprarte algo –razonó Dumbledore.

-¿Y cómo voy a pagarla? –preguntó Elyon.

-Ahora estas bajo mi custodia, y por eso tengo que encargarme de tu bienestar –contestó Dumbledore.

-Pero yo no quiero que tenga que gastarse dinero por mi culpa.

-No te preocupes por eso ahora, vamos.

Entraron en la tienda y vieron que no era muy grande, aunque si que había mucha ropa. Elyon cogió unos pantalones, una camisa, unos calcetines y unas deportivas; porque desde la noche anterior había ido descalza. Dumbledore se compró una chaqueta larga, unos pantalones y una camisa. Cuando lo hubo pagado todo, salieron de la tienda y se dirigieron de nuevo al Caldero Chorreante.

-Ahora que caigo, ¿por qué no vamos a Hogwarts con los polvos flu? –preguntó Elyon.

-¡Veo que los conoces! Aunque no creo que tus padres te dejaran utilizarlos, ¿verdad? –Elyon negó con la cabeza, no quería tener que acordarse de las cosas que hacía con sus padres, porque la invadía la tristeza-. Verás, como has notado, la fiesta por la caída de Voldemort todavía continua, y todo el mundo los está utilizando para ir a visitar a sus familiares y amigos. Por lo tanto quiere decir que las chimeneas están colapsadas y podría ser peligroso utilizarlas, quién sabe, alo mejor apareces en la chimenea de un muggle escocés, ¿me entiendes? –Elyon asintió.

Dumbledore caminaba ahora más despacio, para que Elyon pudiera ver los escaparates con más detenimiento, pero entonces Dumbledore se detuvo.

-¿Qué sucede? –preguntó Elyon.

Creo que me he dejado los pantalones en la tienda, volvamos –contestó él.

-No, están aquí –respondió Elyon mirando dentro de las bolsas, entonces notó que Dumbledore mentía- ¿Qué ocurre, por qué me miente?

-Veo que eres incapaz de controlar tu telepatía después de lo sucedido anoche –dijo Dumbledore sonriendo con tristeza-. Te miento porque no quiero cruzarme con ese matrimonio de ahí. Así que daremos un rodeo.

Elyon miró hacia donde le había señalado Dumbledore, vio a una mujer delgada, rubia y con cara de pocos amigos; en sus brazos llevaba un niño de la misma edad que Harry, pero este era rubio y tenía la cara más delgada; y a su lado había un hombre con el pelo largo y rubio muy claro. Entonces el hombre se percató de la mirada de Elyon, ella apartó la vista y caminó en dirección contraria junto a Dumbledore.

-¡Hola profesor Dumbledore! –dijo una voz que arrastraba las palabras a sus espaldas-. Me alegro de volver a verlo.

Elyon miró a Dumbledore, este cerró los ojos e inspiró hondo.

-Hola Lucius, ¿qué te trae por aquí? –preguntó Dumbledore con naturalidad.

-Dando un paseo con mi mujer y mi hijo, ¿y usted? –preguntó Lucius con curiosidad.

-Buscando unas cosas antes de que empiece el curso y no tenga tiempo para venir, y ahora si me disculpas, tengo prisa –inquirió Dumbledore tajante.

-Sí, ya veo. Habrá que equipar a la pequeña Elyon para el nuevo curso, ¿cierto? –comentó Lucius con un deje de crueldad en la voz.

Elyon se sorprendió, ¿cómo sabía su nombre? Había algo en sus ojos grises que no le gustaba ni pizca.

-Eso a ti no te incumbe –contestó Dumbledore con calma.

-¿Eso es un sí? –preguntó de nuevo el hombre.

-Eso es un adiós, Lucius –se despidió Dumbledore.

Dumbledore echó a andar y Elyon lo siguió, aunque escuchó a Lucius decir finalmente: "Eso es un sí" Ella se atrevió a mirarlo de nuevo, se había vuelto a reunir con su mujer y su hijo en la entrada de un callejón con el nombre de "Callejón Knockturn", y ahora estaba hablando con otro hombre joven, moreno y de su misma estatura.

-¿Quién era ese hombre? –preguntó Elyon.

-Más tarde –contestó Dumbledore.

Elyon no se atrevió a insistir en el tema. Siguieron en dirección la Caldero Chorreante, cuando pasaron por una tienda de lechuzas.

-¿Puedo entrar a verlas? –preguntó Elyon.

-Claro, yo estaré en la tienda de enfrente mirando unos libros que necesito –respondió Dumbledore sonriendo.

Elyon entró con rapidez en la tienda de lechuzas, había una gran algarabía dentro, pero en cuanto pasó por la puerta, todas las lechuzas y búhos se callaron y la miraron con atención. Había un sinfín de aves, de un montón de tamaños distintos y de colores que pasaban del negro, por el marrón y hasta el blanco. Elyon se acercó a la jaula donde se hallaba un enorme búho pardo, este se pegó a los barrotes de su jaula e inclinó el cuello; ella alargó la mano y tocó sus suave plumaje, el ave ululó alegremente y se erizó. Elyon miró el reloj de la tienda y supuso que había estado unos veinte minutos dentro de la tienda embobada por la belleza de los animales, así que se dispuso a salir; pero cuando estaba cruzando la calle su colgante se volvió rojo sangre, ella recordó que la noche anterior también lo había hecho y acto seguido Voldemort los atacó, Elyon supuso que su colgante cambiaba de color a voluntad, porque Voldemort había muerto y también recordó que más de una vez había cambiado a otros colores sin razón aparente. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no miraba por dónde iba y tropezó con alguien, la levantar la vista se encontró con unos perversos ojos grises.

-Volvemos a encontrarnos pequeña –dijo Lucius en un susurro.

-¿Qué quiere de mí? –preguntó Elyon sintiendo sus pensamientos.

-¡Oh! Lo olvidaba –contestó Lucius metiendo la mano en su túnica.

Saco unos polvos y se los hecho a Elyon en la cara con un soplido.

-Esto anulará tu telepatía por un tiempo –dijo Lucius.

-¡¿Qué?! –preguntó Elyon alarmada.

Pero antes de que pudiera reaccionar Lucius le había cogido el brazo y se lo había doblado en la espalda haciéndole daño.

-Si te quejas o pides ayuda, te romperé el brazo; así que disimula –la amenazó Lucius susurrándole en el oído.

Elyon comenzó a pensar la forma en la que poder escapar de la situación, mientras tanto Lucius la condujo disimuladamente al callejón sin salida que había al lado de la tienda de lechuzas. Era amplio, profundo y estaba poco iluminado, tenía en el fondo y la paredes montones de cajas de madera y restos de paja y alpiste. Al profundizarse en el callejón Lucius soltó el brazo de Elyon y la empujó con tanta fuerza que la hizo caer al suelo.

-¿Sabes? Aún no sé por qué el Señor Tenebroso se toma tantas molestias contigo, pero una orden es una orden –dijo Lucius.

-No entiendo –contestó Elyon.

-Lo que yo no entiendo es por qué te dejó huir aquella noche, pudiéndote haber atrapado con facilidad.

-¿Cómo lo sabes, quién eres? –preguntó Elyon un poco asustada.

-¡¿Aún no lo sabes?! –rió Lucius- Soy uno de sus mortífagos, por eso estaba presente esa noche. Que lástima que no nos dejaran divertirnos con tus padres, sobretodo con tu padre, no sabes las ganas que le teníamos.

-¡Serás...! –gritó Elyon con furia mientras se le empañaban los ojos e intentaba arremeter contra él.

Entonces Lucius sacó su varita.

-¡Expelliarmus! –gritó Lucius.

Un rayo rojo salió de su varita y le dio a Elyon en el pecho haciendo que saliera disparada hacia atrás y cayera de espaldas en el suelo produciendo un golpe sordo.

-¡Vaya, creía que sabrías utilizar algún encantamiento! Pero creo que me equivocaba, ¿no es cierto mestiza? –dijo Lucius acercándose a ella- Y además te cuesta superar la muerte de tus padres, eso te hace apetitosamente vulnerable.

Elyon intentaba ponerse en pie, pero le dolía mucho la espalda y le costaba moverse, Lucius la cogió del cuello y la levantó.

-De verdad, no hago más que preguntarme para qué quiere una semielfa y no un elfo de tu misma edad –comentó Lucius y la arrojó contra las cajas de madera.

-Aunque lo supiera no te lo diría –contestó ella retándolo.

Lucius no le prestó atención, pero agarró firmemente la varita; Elyon buscó algo para cubrirse y poder protegerse contra el próximo maleficio, entonces vio una tabla de metal.

-Bueno, ya me he cansado –dijo Lucius- ¡Desmaius!

Pero esta vez Elyon fue más rápida y pudo protegerse utilizando como escudo la tabla de metal. Al chocar el rayo contra la tabla, este rebotó y derribó las cajas del otro lado del callejón. Aprovechando el desconcierto de Lucius, Elyon cogió lo que parecía un palo de escoba y golpeó con fuerza la cabeza del hombre, que cayó de rodillas agarrándose la oreja derecha que había comenzado a sangrar por el fuerte golpe.

Elyon se puso en pie como pudo y salió rápidamente del callejón.

-¡Maldita cría! –gritó Lucius desde el callejón.

Elyon entró en la tienda donde tenía que estar Dumbledore, pero no estaba ahí, entonces sintió una mano en el hombro y se dio la vuelta bruscamente.

-¿Qué te ocurre? –preguntó Dumbledore preocupado.

-Quiero irme de aquí –ordenó Elyon.

-¿Por qué? –dijo Dumbledore confuso.

-¡Eso no importa! –contestó nerviosa estirando de él.

-¿Dónde te has hecho este corte? –preguntó Dumbledore cogiéndole la mano derecha aún más preocupado.

-Me ha picado un búho, vámonos –mintió ella exasperándose.

Dumbledore le hizo caso y salió de la tienda, entonces vieron a Lucius hablando con su mujer y con el mismo chico de antes mientras se cogía la oreja sangrante.

-Vamos –dijo esta vez Dumbledore forzando la marcha y sin decir nada al respecto.

Cuando entraron de nuevo en el Caldero Chorreante, Elyon vio que Dumbledore tenía razón respecto a la primera conversación que habían tenido: las celebraciones se habían avivado la transcurrir la mañana.

-¿Por qué no vas a darte una ducha y te cambias? Te espero aquí a las doce, y luego me lo explicas todo –le dijo Dumbledore.

-De acuerdo –contestó Elyon.

Subió a la habitación donde había despertado y se dio una ducha, luego se puso la ropa muggle y se sentó en el alfeizar de la ventana. El cielo se había despejado, aunque seguía habiendo nubes. Cuando se acercaban las doce, Elyon bajó al bar, pero cuando llegó vio que Dumbledore estaba hablando con un joven con el pelo grasiento, que llevaba una capa negra; Elyon no pudo verle la cara, porque estaba de espaldas a ella, pero supo que era el mismo que había estado hablando con Lucius. Cuando terminó de hablar con Dumbledore, el joven se puso la capucha y se dirigió a la chimenea, sacó un puñado de polvos flu que había dentro de una caja encima del esta, los echó dentro y desapareció entre una llamas verdes.

Elyon se quedó mirando la chimenea unos minutos y luego fue en busca de Dumbledore.

-¿Estás lista? –le preguntó este.

-Sí –contestó Elyon con decisión-, tenía que...

-Tranquila, ya me he enterado de lo ocurrido –ella se imaginó que se lo había contado aquel chico- ¿Cómo tienes la mano?

-Mucho mejor, pero no he encontrado nada par vendármela –contestó Elyon.

-No te preocupes, ya te la curarán en Hogwarts –contestó Dumbledore.

 

No tardaron mucho en llegar a King Cross. Al entrar en la estación, Dumbledore la condujo hasta los andenes nueve y diez.

-Ya hemos llegado –concluyó él.

-¿Y cuál de los dos andenes es el que tenemos que utilizar? –preguntó Elyon.

Dumbledore se acercó hasta la barrera que separaba el andén nueve de diez, le hizo un gesto a Elyon para que lo siguiera, y entonces desapareció atravesando la barrera. Ella se sorprendió, se fijó en si algún muggle lo había visto, pero nadie pareció darse cuenta. Así que se apresuró por hacer lo mismo, miró a ambos lados para ver si la observaban y atravesó la barrera.

Elyon apareció en un andén en el que había unas cuantas locomotoras a vapor. Buscó a Dumbledore, que estaba en una de las taquillas, tenían las palabras: "Andén Nueve y Tres Cuartos"

-Vamos –le dijo Dumbledore-, el tren está a punto de salir.

Se dirigieron a una locomotora con el nombre: "Expreso Hogsmeade", subieron a uno de los vagones y entraron en uno de los compartimentos justo cuando sonaba la campana de salida del tren.

Eran las dos del medio día y todavía seguían en el tren cuando las tripas de Elyon comenzaron a rugir, aunque no le apetecía comer nada. Estaba pensando en el joven que había visto en el Caldero Chorreante junto a Dumbledore, sentía mucha curiosidad por saber de qué lo conocía, al igual que de qué conocía aquel chico a Lucius, se moría de curiosidad pero no se atrevía a preguntar.

-¿En qué estas pensando? –le preguntó Dumbledore con curiosidad.

-En nada –mintió ella.

-Vamos, si vas a vivir en Hogwarts necesitas tener confianza conmigo.

-Estaba pensando, ¿quién era ese chico que estaba hablando con usted en el Caldero Chorreante? –se atrevió a preguntar.

-¡Oh!, con que era eso –se sorprendió Dumbledore-, es un profesor nuevo de Hogwarts. Cuando lleguemos te lo presentaré.

-¡No, no hace falta, era solo curiosidad! –se apresuró a decir ella.

Dumbledore rió y fijó su vista en el paisaje que pasaba por la ventana.

Finalmente llegaron a Hogsmeade, salieron del tren y se dirigieron hacia un enorme castillo que se hallaba encima de un peñasco. Caminaron hacia unas suntuosas verjas de hierro flanqueadas por columnas de piedra coronadas por estatuillas de cerdos halados y siguieron por un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo. Subieron por unos escalones de piedra y se pararon ante una gran puerta de roble, Dumbledore abrió la puerta con un movimiento de su varita y entraron en un vestíbulo, era tan grande que podía haber cabido toda la casa en la que dejaron a Harry la pasada noche. En él las paredes de piedra tenían antorchas, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores. Dumbledore comenzó a subir por ella y Elyon lo siguió, subieron unos pisos y se dirigieron a una puerta también flanqueada, pero por dos gárgolas de piedra.

-¡Profesor Dumbledore!¿A dónde había ido? –preguntó una de ellas con voz ronca.

-Asuntos privados –respondió él amablemente.

-¿Y quién es esa jovencita’ –preguntó la otra gárgola con voz chillona.

-Es una nueva inquilina de Hogwarts –explicó Dumbledore.

-¿Pero no es muy joven para ser profesora? –repuso la otra.

-Luego os lo explico –contestó Dumbledore abriendo la puerta.

Entraron en una sala, era una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispares alrededor de una mesa alargada; al final de la sala había unos sillones bajos alrededor de una chimenea, y en la otra punta de la estancia había un armario no muy grande. Había dos personas sentadas en los sillones, una de ellas era la bruja de la otra noche, y el otro era el joven que había visto en el Caldero Chorreante.

-¿Ya has vuelto? Has tardado menos de lo que creía –le dijo la bruja.

-Sí, lo sé. Bueno, quiero presentaros formalmente a la nueva alumna de esta curso: Elyon McWarry –la presentó Dumbledore.

-Yo soy la profesora Minerva McGonagall, te daré Transformación –se presentó la bruja.

-Encantada –contestó Elyon sonriendo.

-¿No te vas a presentar Severus? –le preguntó Dumbledore al chico.

-¿Es obligatorio? –contestó el con tono sarcástico.

-Sí, si que lo es –le ordenó Dumbledore.

El chico se levantó y miró a Elyon. Entonces ella se dio cuenta, era el hombre que la había atrapado la pasada noche. Ella retrocedió hasta chocar con Dumbledore.

-¿Qué ocurre? –le preguntó la profesora McGonagall.

-¡Es él, el chico que estaba ayer noche en mi casa, el que me acorraló! –dijo Elyon asustada.

-No nos habías dicho que te reconoció, Severus –dijo Dumbledore.

-No lo vi necesario; además estaba oscuro y llovía a mares, no pensé que pudiera reconocerme –se excusó él.

-Por sus venas corre sangre élfica, sabes perfectamente que puede ver muy bien en cualquier circunstancia –le dijo Dumbledore como reprimenda y se giró hacia Elyon-. Bueno, este es Severus Snape, será tu profesor de Pociones. No te preocupes, no va a hacerte daño, es nuestro espía en la Orden; ya te lo explicaré.

Elyon no entendía nada, ¿cómo podían confiar en él?, no quería tener que convivir con Snape.

-Creo que lo mejor será dejaros a solas para que podáis hablar –dijo Dumbledore.

Elyon se giró y movió los labios diciendo que no, no quería quedarse a solas con aquel chico. Pero ni Dumbledore, ni McGonagall le hicieron caso y salieron de la sala.

-¿Y bien? –dijo Snape con voz fría y alzando las cejas.

-Snape, ¿verdad? –preguntó ella.

-Profesor Snape para ti –contestó él irritado.

-No esperes que te tenga respeto después de lo que pasó. Además, puedo volver a hacer que muerdas el polvo –le dijo Elyon amenazadora.

Entonces Snape se rió de una horma que hizo que a Elyon se le pusieran los pelos de punta.

-¿Enserio crees que me hiciste daño? –dijo él sin parar de reír- Solamente me diste una excusa para soltarte, porque tenía órdenes explícitas de Dumbledore de intentar proteger a tu familia si el Señor Tenebroso daba con ella.

-Pues no las cumpliste muy bien –le reprochó ella.

Se produjo un silencio incómodo entre los dos, entonces a Elyon empezó a picar donde había visto la marca de la carabela y se rascó con fuerza.

-No se lo has dicho a Dumbledore, ¿verdad? –rió por lo bajo Snape.

Elyon miró al suelo y negó con la cabeza. Snape por su parte, comenzó a rebuscar en su túnica, y sacó un frasquito con un líquido lila en su interior.

-Toma –le dijo bruscamente-, ponte esto cada vez que te pique, te aliviará.

-Gracias –le sonrió ella.

Snape caminaba hacia la puerta cuando sacudió bruscamente el brazo izquierdo.

-Se lo vas a decir, ¿no? –preguntó ella.

-¿El qué? –le respondió Snape sin entender.

Lo que me hizo Voldemort en el brazo –se explicó ella.

-No, no voy a decírselo; eso has e hacerlo tu. Una cosa más, buen trabajo, casi dejas sordo a Lucius de la oreja derecha, eres única para crearte enemigos –dijo sarcásticamente y con una leve sonrisa, mientras habría la puerta- ¡Ah! Y no pronuncies el nombre de el Señor Tenebroso en mi presencia.

Snape salió dando un portazo. Elyon se arremangó el brazo y vio la marca de una calavera morada, abrió el frasco y se echó un poco; le alivió enseguida el picor y el escozor.

Estuvo un buen rato recorriendo los pasillos del castillo, viendo los cuadros de distintos personajes que se movían y susurraban al pasar ella por delante, al igual que las armaduras; pero lo que más le extrañó fue que tenía la sensación de que alguien la seguía, pero al final pensó que seguramente sería uno de tantos fantasmas que se paseaban por los pasillos de Hogwarts. Finalmente decidió tumbarse en la hierba a la orilla del lago y mirar las nubes de color naranja y malva mientras atardecía.





Capítulo 3. Una selección muy larga

Ya había oscurecido cuando una sombra sobrevoló a Elyon a gran velocidad, ella se medio incorporó para averiguar que era aquello; la sombra volvió a pasar por encima suya, pero esta vez se precipitó contra el lago, levantando una gran cantidad de agua que empapó a Elyon de pies a cabeza.

-¡Profesora Hooch! -gritó una voz grave.

Elyon miró a su alrededor y consiguió distinguir tres siluetas que se acercaban a ella; la primera era enorme, la segunda tenía una estatura normal y la tercera era un poco más baja que las otras dos.

-¿Hagrid? -preguntó Elyon levantándose.

-¡Elyon, ya has llegado! -contestó la silueta más grande con alegría, indudablemente era Hagrid.

Elyon se acercó hasta él y las demás personas, parecían cansados pero alegres.

-Elyon, te presento a la profesora Sinistra -dijo señalando a una mujer alta con el pelo largo, liso y negro.

-Encantada -saludó ella.

-La profesora Sprout -continuó señalando a una mujer que sujetaba la profesora Sinistra, era una mujer de baja estatura y muy regordeta que apestaba a alcohol-, y la profesor Flitwick -terminó, mostrándole a Elyon a un hombre pequeño con el pelo y la barba blanca, que e hallaba dormido en los brazos del gigante, aparentemente tan borracho como la profesora Sprout.

-¿No te olvidas de alguien? -dijo la profesora Sinistra dudosa.

-¡Es cierto! Aquella es la profesora Hooch -señaló Hagrid a una mujer que salía del lago arrastrando una escoba.

-Perdona por haberte empapado, eh... -dijo la mujer un poco mareada.

-Elyon -se presentó ella.

-Elyon, eso. Ahora se porque dicen eso de: "cuando bebas, no vueles" -le dijo a Hagrid con ironía.

La mujer se tambaleó y Elyon la ayudó a mantener el equilibrio.

-Gracias -contestó la profesora.

-Creo que sería mejor llevarlos a la enfermería -comentó Hagrid mirando al grupo.

Elyon los acompañó hasta la enfermería para ayudar a la profesora Hooch y de paso secarse para no coger un resfriado. La enfermería era una sala enorme llena de camas separadas unas de otras por unas cortinas para intentar darle algo más de intimidad.

-¿Quedan más profesores en aquel bar? -preguntó la enfermera a Hagrid.

-Sí, aún quedan unos cuantos, los demás no se dónde están -contestó el gigante encogiéndose de hombros.

-Menudos irresponsables, no se cómo pueden beber tanto, por muy buena que sea la razón, menos mal que aquí no queda ya ningún alumno, ¡menudo ejemplo darían! -dijo la enfermera más para si misma que para los demás muy mal humorada.

-Bueno, alumnos no sé si habrá, pero desde luego sí que hay una jovencita -dijo el profesor Flitwick, que ya había despertado y padecía una horrible resaca.

-¿Pero qué hace aquí? -preguntó la enfermera con desaprobación, parecía que no se había percatado de su presencia hasta ahora.

-Pues, pues... el profesor Dumbledore me mandó aquí para que me vendara la mano -contestó ella enseñando el profundo corte que tenía en la mano derecha.

-¡Santo Dios!¿Cómo se ha hecho esto? -preguntó alarmada la enfermera.

-Me picó una lechuza -mintió ella.

-En fin, ven conmigo, esto podría infectarse -le dijo la mujer sentándola en una cama.

-No me creo que esto lo haya hecho una lechuza -comentó Hagrid acercándose a Elyon.

-Bueno, en realidad me corté con una tabla de metal -contestó Elyon mirando al suelo.

-¿Y el profesor Dumbledore lo sabe? -preguntó él preocupado.

Elyon asintió con la cabeza, entonces apareció la enfermera con un bote en cuyo interior había líquido azul y unas venda.

-Seguramente esto le escocerá -le dijo la enfermera que asía la mano de Elyon firmemente.

Cogió el bote y le echó el contenido directamente en la herida, ella apretó los dientes para no protestar por el escozor, después la enfermera cogió las vendas y le vendó la mano.

-Bien, ya está -suspiró la enfermera-. Vuelve pasado mañana para que te la revise.

-¿Qué hace aquí, señorita? -le preguntó Flitwick mientras sostenía una bolsa de hielo sobre la cabeza para apaciguar la jaqueca.

-Luego os lo explicaré -contestó Dumbledore mientras entraba en la enfermería-, porque si os lo explico ahora creo que os entrará más dolor de cabeza. Elyon, ¿quieres cenar?

-No, gracias. No tengo hambre -mintió ella que estaba deseando meterse cualquier cosa en el estómago.

-Como quieras, si te entran ganas de comer avísame -dijo Dumbledore sonriendo.

-De acuerdo -contestó ella con una sonrisa forzada-, creo que iré a la sala de profesores.

Dumbledore asintió y fue a hablar con Hagrid, ella aprovechó para salir de la enfermería. Subió las escaleras y llegó a la sala de profesores, al entrar vio a la profesora McGonagall leyendo un libro; Elyon se acercó sin hacer ruido para no molestarla.

-Veo que has vuelto -dijo la profesora McGonagall con una sonrisa- ¿Te ha gustado Hogwarts?

-Sí, pero no lo he recorrido entero -contestó ella sentándose en un sillón cerca del fuego.

-Necesitarás más de un día para verlo todo, créeme -rió McGonagall.

-¿Qué esta leyendo? -preguntó Elyon con curiosidad.

-Es una colección de libros muggles, son los únicos que considero interesantes -contestó la bruja alargándole el libro.

Al mirar la portada la sonrisa de Elyon desapareció.

-Eran los mismos que leía mi madre -dijo ella en un susurro.

-Lamento lo de tus padres -le dijo McGonagall con tristeza-, yo no los conocí personalmente, pero viéndote a ti, ya me imagino como eran.

A Elyon eso no le ayudó nada, se recostó en el sillón y miró el fuego. Al cabo de un rato Dumbledore entró en la sala y se sentó al lado de McGonagall.

-Si quieres ir a dormir solo has de avisarnos -le dijo Dumbledore.

Elyon no contestó, seguía mirando el fuego; Dumbledore suspiró frustrado. Ella cerró los ojos para hacerse la dormida y que no la molestaran más.

-Ya no sé que hacer para ayudarla, apenas escucha lo que le decimos -le susurró Dumbledore a la profesora McGonagall.

-Es normal, a perdido a casi toda su familia, y lo peor es que estaba presente -le respondió ella también en un susurro.

Elyon apretó los ojos intentando no ser consciente de lo que ocurría a su alrededor, ya casi se había dormido cuando notó que unas lágrimas recorrían su rostro.

 

A la mañana siguiente, Elyon despertó sin saber muy bien dónde estaba, pero recordó que se había dormido frente a la chimenea de la sala de profesores. Miró de nuevo la sala, por la ventana entraban unos rayos de luz que caían sobre la alargada mesa dándole calidez a la estancia; pero había algo que le llamaba la atención, alguien se había sentado en uno de los sillones que estaban en sombras, era un chico de pelo negro y grasiento.

-¡Tu! -dijo Elyon saltando de su sillón por la sorpresa encaramándose a uno de sus brazos- ¡¿Qué haces aquí?!

-No se si te habrás dado cuenta, pero esta también es mi casa -contestó él con frialdad sin levantar la vista del libro que estaba leyendo-. Tengo un mensaje para ti de parte de Dumbledore: quiere que vayas a desayunar al Gran Comedor con los demás profesores; ¿podrás ir sola o te busco un guía?

Elyon se levantó y se dirigió a la puerta (haciendo oídos sordos a su comentario) para desayunar, porque tenía mucha hambre.

-¿Tu no vienes? -preguntó ella con curiosidad, pero con la misma frialdad que Snape.

-Hagamos un pacto -respondió él con tono hosco-, yo no me meto en tu vida y tu no te metes en la mía.

-Tampoco tenías que ser desagradable -dijo Elyon saliendo de la sala dando un portazo.

Cuando abrió las puertas del Gran Comedor vio que habían llegado más profesores, todos la miraban. Elyon se sonrojó y por un momento prefirió morirse de hambre antes de seguir en aquella enorme sala mientras todo el mundo la miraba.

-¡Vamos Elyon, no seas tímida! -la llamó Dumbledore haciendo un ademán para que se acercara.

Ella obedeció y se acercó a la mesa para tomar asiento a la izquierda de Dumbledore.

-Me alegro de que hayas venido, por un momento creí que no vendrías al haberle dado el mensaje al profesor Snape.

-Como si no tuviera razones -refunfuñó ella sirviéndose un poco de beicon.

-Has de darle un voto de confianza, con el tiempo te darás cuenta de por qué te lo digo -razonó Dumbledore.

Elyon no dijo nada al respecto y se limitó a tomar su desayuno mientras notaba como los profesores la miraban con curiosidad. Al terminar el desayuno los profesores fueron abandonado la mesa.

-Elyon -dijo Dumbledore cuando hubo acabado de desayunar-, como te dije, ahora vivirá aquí, y para eso tendrás que estudiar como un alumno normal.

-No me importa, aunque... -dijo Elyon tocándose las orejas inconscientemente.

-No te preocupes por eso -sonrió él-. Como te decía, tendrás la oportunidad de estudiar aquí, pero antes hemos de seleccionarte para una casa.

-¿Seleccionarme? -preguntó Elyon.

-Sí, seleccionamos a los alumnos para repartirlos en cuatro casas según sus cualidades -explicó Dumbledore-. La selección será a las once, para esperar a los profesores que aún no han llegado.

-Entonces, ¿puedo ir a ver a Hagrid para hacer tiempo? -preguntó ella sonriendo.

Dumbledore asintió, ella se levantó de la mesa y corrió hacia los jardines. Al llegar a los terrenos de Hogwarts, una mancha negra se abalanzó sobre ella y la tiró al suelo mientras notaba como le lamían la cara.

-¡Fang, Fang, déjala, vas a ahogarla! -gritó Hagrid corriendo hacia ellos.

Elyon sintió un gran alivio cuando Hagrid le quitó a aquel animal de encima.

-Lo siento, parece que le caes muy bien -la saludó Hagrid mientras sujetaba a un enorme perro negro por el collar.

-No pasa nada, lo único que no me gusta es su aliento -rió ella secándose las babas del perro con la manga de la camisa.

-Sí, es un engorro, ¿te apetece dar una vuelta? -preguntó Hagrid.

-Claro, ahora mismo iba a ir a verte -contestó Elyon.

Las horas pasaron volando mientras Hagrid le contaba curiosidades sobre Hogwarts y sus proximidades.

-Creo que voy a alegrarme de haber venido, aunque claro, no tenía alternativa -suspiró Elyon mirando el lago mientras el calamar gigante flotaba en la superficie del agua , calentándose al sol.

Hagrid no contestó, parecía incómodo con la conversación, así que Elyon cambió de tema.

-¡Son difíciles las selecciones? -preguntó ella.

-¡En absoluto! -respondió Hagrid con una sonrisa- ¿Por qué lo preguntas?

-Porque van a seleccionarme a las once; por cierto, ¿qué hora es?

-Las once y cinco, será mejor que corramos -respondió Hagrid guardando su reloj en el bolsillo.

Los dos corrieron por los pasillos hasta llegar a la sala de profesores.

-Perdón por el retraso -dijo Elyon entrando en la sala.

-Tranquila , siéntate -le dijo Dumbledore ofreciéndole una silla.

Elyon se sentó y entonces fue consciente de la cantidad de profesores que había a su alrededor, tragó saliva e intentó no ponerse nerviosa ante tantas miradas de curiosidad.

-Bien, como ya os he explicado a la mayoría -comenzó a hablar Dumbledore-, esta chica, Elyon McWarry, será la nueva alumna del colegio; sin contar a los de primer curso, claro está. Esto es debido a las circunstancias que muchos de vosotros ya sabéis, pero como es mucho mayor que los de primer curso, le haremos la selección en privado y luego la haremos pasar por una alumna de intercambio irlandesa, ¿alguna pregunta?

Los profesores no dijeron nada, algunos asintieron como que lo habían entendido mientras que otros comenzaron a cuchichear. La puerta crujió y la profesora McGonagall entró por la puerta trayendo un sombreo viejo y ajado, Dumbledore lo cogió y se lo puso a Elyon en la cabeza, el sombreo era enorme y se le escurrió hasta la nariz.

-¡Vaya, que muchacha más interesante! -exclamó el sombrero en voz alta, haciendo que Elyon se sobresaltara por la sorpresa- ¡Creo que voy a tardar un rato en poder decir a que casa pertenece!

-Tómate tu tiempo -contestó Dumbledore.

Elyon no podía ver nada con aquel sombreo, así que se calmó y dejó pasar el tiempo mientras oía las inteligibles cavilaciones del sombreo en su oreja. Al cabo de un rato notó que las piernas se le dormían y decidió levantarse un poco el sombreo para ver que pasaba a su alrededor; al hacerlo vio que los profesores se habían sentado en las sillas y que tenían cara de aburrimiento.

-Profesor Dumbledore, ¿cuánto...cuánto tiempo ha pasado? -preguntó ella.

-Una hora y media -suspiró él.

-¿Y falta mucho?

-Espero que no -respondió Dumbledore cansado- ¿Has conseguido colocarla?

-No, aún no, es muy difícil, es completamente apta para las cuatro casas, bien que en Gryffindor o Slytherin encajaría mejor... -respondió el sombrero.

-Entonces dejemos que elija ella, como has dicho que Gryffindor y Slytherin le irían mejor, que elija entre las dos casas -dijo Dumbledore esperanzado porque todo aquello acabara.

-¿Qué diferencia hay entre las dos? -preguntó Elyon.

-No diré nada respecto al comportamiento de los alumnos, pero tienen jefes distintos, Slytherin este año tiene uno nuevo: el profesor Snape...

-¡Gryffindor! -eligió ella sin pensarlo dos veces.

Casi todos los profesores de la sal rieron, incluido Dumbledore; ella miró entonces a Snape, y vio que tenía la mandíbula y los puños apretados, y la miraba con odio contenido mientras se sonrojaba ligeramente.

-Entonces tu jefa es la profesora McGonagall -la informó Elyon.

-Bienvenida a Gryffindor -le dijo la profesora McGonagall con una gran sonrisa y estrechándole la mano-, es un orgullo tenerte en mi casa.

-¿Enserio, por qué? -preguntó Elyon deseosa de que le hablaran sobre su "otra familia" de la que la profesora McGonagall y Dumbledore habían hablado fugazmente delante de la casa en la que dejaron a Harry y la noche anterior.

-Más... -comenzó a decir Dumbledore.

-Tarde -finalizó ella mientras se quitaba el sombrero y se lo devolvía a Dumbledore-, lo sé, he de tener paciencia.

Entonces la silla crujió y las patas de atrás se rompieron, haciendo que Elyon cayera de espaldas y diera una voltereta hacia atrás.

-¿Pero qué...? -dijo Elyon.

Una risa inundó la habitación, he hizo que todos los profesores levantaran la vista al techo. Allí se encontraba un hombrecillo que se agarraba el estómago por la risa mientras flotaba cerca del techo.

-¡Peeves, ¿por qué has hecho eso?! -dijo Dumbledore enfadado.

-¡Es una alumna nueva, y además no me gustan los elfos! -respondió Peeves riendo- ¡Y como la he observado y es muy aburrida solo quería divertirla a mi manera!

-¿Eras tu el que me seguía por los pasillos? -preguntó Elyon poniéndose en pie.

Peeves asintió divertido, mientras daba vueltas por la sala.

-Mira Peeves, se que te diviertes mucho con esto, pero no quiero que le gastes más bromas o me veré obligado a tomar medidas, ¿entendido? -dijo Dumbledore muy seriamente.

-De acuerdo, no la molestaré más -contestó Peeves de mala gana.

Entonces se acercó a Elyon, se quedó flotando ante ella y antes de que pudiera reaccionar, Peeves alargó la mano y le pellizcó la punta de la oreja izquierda.

-¡Ay! -se quejó Elyon mientras se agarraba la oreja dolorida.

-¡Peeves! -lo llamó Dumbledore enfadado.

Pero él ya había salido de la sala dejando la puerta abierta.

-No tiene remedio -comentó Dumbledore en voz baja-. Bien, ya ha acabado todo, ya podéis iros. Los que no habéis sido informados, ahora aclararé vuestras dudas.

Los profesores comenzaron a abandonar la sala mientras hablaban entre ellos y seguían riendo por lo ocurrido.

-Tu no te vayas Severus, tengo que hablar contigo -lo llamó Dumbledore.

Snape se acercó a ellos y miró a Elyon.

-¿Tiene que estar aquí? -le preguntó a Dumbledore.

-Sí -contestó él secamente-, de hecho, he de hablar con los dos.

Snape y Elyon se miraron de reojo con desagrado.

-Debido al incidente que tuviste en el Callejón Diagón con Lucius Malfoy, he llegado a la conclusión de que los mortífagos no descansarán hasta darte caza, y por eso he decidido ponerte un "guardaespaldas" -explicó Dumbledore a Elyon.

-¡Yo no quiero una niñera! -se quejó Elyon.

-Llámalo como quieras, pero necesitas uno, todavía no has aprendido a utilizar ningún tipo de magia y por eso eres muy vulnerable, tu lo sabes. Y aunque no quieras admitirlo, escapaste de Lucius por pura suerte -razonó Dumbledore mirando a Elyon a los ojos.

-¿Y quién sería? -preguntó ella de mala gana sabiendo que Dumbledore tenía razón.

Entonces Dumbledore miró a Snape.

-¡¿Qué?! -dijeron Elyon y Snape al unísono.

-Sé que no os caéis bien, pero no veo ninguna otra persona que disponga de tiempo para vigilarte, que esté cualificado y a la que tenga confianza para encargarle esta tarea.

-¡Me niego a que me proteja! -se quejó Elyon dándole la espalda a Snape y cruzándose de brazos.

-¡Y yo a protegerla! -gruñó Snape haciendo lo mismo que Elyon.

-¡Basta, os estáis comportando como críos! La decisión ya está tomada -finalizó Dumbledore- Y Severus por favor, tómate esto en serio; recuerda que si eres su guardián y le ocurre algo, no tendrás que responder ante mí.

-¡¿Pero por qué tiene que protegerme?¿Qué quieren de mí?! -preguntó Elyon.

-Ahora no es momento de explicaciones, tengo que enviar una lechuza urgente.

-¡Pero necesito respuestas! -exigió ella.

-Y las tendrás, pero no ahora -finalizó Dumbledore.

Salió de la sala y volvió a dejarlos a solas, ni Elyon ni Snape se miraron a la cara.

-Menuda mierda -murmuró Elyon dando tal portazo al salir, que las bisagras crujieron.

Cuando levantó la vista vio que la profesora McGonagall la esperaba en el pasillo, parecía algo impresionada por la reacción de Elyon.

-He venido a buscarte para enseñarte la sala común de Gryffindor -le dijo.

La profesora McGonagall la llevó por los pasillos hasta llegar a un cuadro en el que había una señora gorda sentada con un vestido rosa.

-La contraseña de este año es: "ocus pocus" -en cuanto dijo las palabras, el cuadro se apartó y dejó a la vista un pasillo redondo que llevaba a una sala con luz dorada.

-¿Es esa la nueva alumna? -preguntó el cuadro mientras volvía a su sitio cuando las dos pasaban por el pasillo.

-Sí -respondió la profesora McGonagall enérgicamente.

-Veo que todo el castillo ya sabe quién soy -dijo Elyon al llegara una sala redonda, espaciosa y acogedora, llena de cómodos sillones y con estandartes rojos y dorados.

La profesora la condujo hasta los dormitorios de las chicas a través de una puerta, finalmente llegaron a una puerta en la que había una placa dorada que decía: "4º curso". En su interior había seis camas con cuatro portes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. A los pies de una delas camas se encontraba un baúl.

-Dumbledore mandó que recogieran tus cosas y las que ellos creyeron importantes -dijo la profesora McGonagall.

-Gracias, creo que me quedaré aquí un buen rato -contestó Elyon acercándose al baúl.

La bruja salió del dormitorio y la dejó a solas, entonces Elyon abrió el baúl y comenzó a rebuscar, estaba su ropa, sus libros... y los álbumes de fotos.

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