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      QUE LA VIOLENCIA NO NOS SEA INDIFERENTE 

 


 
 
Servicio de Orientación y Apoyo a :MUJERES EN SITUACION DE VIOLENCIA DOMÉSTICA 




UNA SITUACION DE VIOLENCIA DOMESTICA ES:
Que no reconozcan tus derechos
Que te maltraten psicológicamente, por ejemplo: desvalorizándote, insultándote amenazándote, controlándote, amenazándote o aislándote de tus seres queridos.
Que te hagan sentir culpable de todo lo que pasa.
Que te exijan u obliguen a mantener relaciones sexuales.
Que te maltraten físicamente.
Que se apropien de tu dinero, de tus bienes.
Que tu pareja no asuma ninguna de sus responsabilidades familiares: tanto en lo económico, como con los hijos.

SERVICIO TELEFONICO
Línea gratuita: 0800 4141

Horario de atención: Lunes a viernes: 8 a 24, Sábados y domingos: 8 a 20

 

LA VIOLENCIA DE GÉNERO.

 

 

La violencia de género se sustenta en un sistema de creencias y valores.

Que producen relaciones entre hombres y mujeres basadas en el dominio de unos

sobre otros.

Las conductas violentas, son reflejos de aprendizajes internalizados de modelos

de relación y de resolución de conflictos. Estas mujeres y hombres en situación de violencia de género llevan adelante rígidamente los estereotipos identitarios, no se han dado la libertad de cuestionarlos para modificarlos, cada caso es parte de un abanico  de formas y situaciones de violencia familiar como tal aporta matices propios  que requiere de un abordaje especifico...

Estamos involucrados en una situación difícil, que requieren  respuestas, que no son 

Fáciles ni simples. Situación que exige al máximo nuestras capacidades y que

                      Impacta en  nuestra vidas con el terror del abuso y el dolor ante la presencia de la

infelicidad y el padecimiento .Pero nos enfrentamos a la esperanza, o a la rebeldía y

fortalecimiento de tantas mujeres  que se sienten y se encuentran en condiciones cotidianas de existencia que pone en riesgo su integridad como personas y sus vidas

la violencia hay que destacar que se presenta y casi siempre combinada pocas veces

en forma aislada, física, sicológica ,patrimonial


 

 
 

María nunca se sintió demasiado especial. A pesar de ser bonita, no era la más popular del colegio, por eso, cuando José la sonrió… se sintió la princesa del cuento. José levantaba suspiros a su paso, y María jamás soñó con que él supiera que existía.
José y María comenzaron a ser novios, y ella se sintió feliz.
Poco a poco, José acaparaba su tiempo. Le decía que no era tan importante para nadie como para el… y ella se sentía tan especial, que no quería fallarle ni un minuto, aunque a veces echaba de menos salir con sus amigas.
Un día, José se enfadó con María por ponerse un escote atrevido. María, confundida, le explicó que se lo ponía por él, que sólo quería estar bonita para él. José se calmó un poco, y le dijo que para él siempre estaba bonita…. Pero que esos escotes sólo conseguían que hombres malintencionados la miraran con ojos lascivos… que tan sólo él sabía mirarla con amor. Y María le quiso aún más por cuidarla.
María empezó a vestir de otra manera, por él… a no hablar con nadie, por él. Era tanto su amor, que poco a poco se iba anulando a sí misma. Sólo quería ser como él quería que fuera, porque nadie la quería como la quería él.
Al tiempo, María se encontró con un antiguo amigo… ella se alegró mucho, se dieron dos besos y charlaron entre risas mucho tiempo. Cuando volvió a casa, José estaba serio y enfadado. María intentó explicarle lo que había ocurrido.. y José… José, su amor, su vida, le pegó su primera bofetada. No dolió el golpe. Le dolió más saber que le había fallado, que ella había provocado su enfado por hacer lo que no debía.
Al día siguiente… José le regaló unas rosas, le pidió perdón y la trató como una princesa. Y ella supo que él la amaba más que a nadie en el mundo.
Ha pasado el tiempo. A esa primera bofetada han seguido muchas otras. Y María se sigue sintiendo culpable por cada una de ellas. Sabe que es ella la que provoca la situación, porque ella no es buena. A veces, se le olvida tener la comida a tiempo, o cuando él sale con sus amigos, se le olvida tener su camisa preferida planchada. A veces, el pobre José la tiene que recordar que ella no es nadie sin él, y es tan bueno que luego… luego llora por lo que ha hecho y la pide perdón mil veces.
Una vez, que la paliza la llevó al hospital, esos horribles médicos la trataron duramente, querían que denunciara a su hombre!!! Decían que la estaba maltratando. Pobre José. El no la estaba maltratando… es que nadie podía ver que era ella la culpable??... Y María.. una vez más... volvía con él.. enamorada, rendida, equivocada.


Esta es una versión libre de un texto que una psicóloga, experta en temas de maltratos, nos contó en un curso. Mi pequeña denuncia a una situación que aún muchos no conciben, porque no son capaces de ver... que el primer paso del maltrato es anular la autoestima, la personalidad, la vida, de la mujer que lo padece.
Mi solidaridad con todas ellas... Y mi sufrimiento por no poder tomarlas de la mano y quitarles la venda de los ojos. Nunca, nadie, hombre o mujer, merece ser tratado con desprecio

No tenemos tiempo para eso...

”No hay caso, no tenemos tiempo para eso... yo me acuesto tan cansada... además los chiquilines, el trabajo, qué sé yo... y también que ya hace doce años que nos casamos, la rutina te saca interés, yo escucho a la gente y todos dicen lo mismo... Los domingos de mañana lo hacemos porque si no, sabemos que hasta el otro domingo no se puede pero eso te condiciona. El otro día le decía a Néstor que no estaba muy motivada pero terminé haciéndolo por eso mismo... igual, algo se disfruta.”

¿Le suena familiar este comentario sobre su vida sexual por parte de una mujer casada? Hoy en día hay  muchas exigencias para una mujer sobre todo cuando tiene hijos, y no me refiero a lo económico solamente.

Los chicos requieren educación, afecto, valores, compartir momentos, el trabajo de la casa (que lleva tiempo y energía aunque no se pague o no se valore o aunque se tenga ayuda) el trabajo fuera de la casa, trámites, un sin fin de cosas. Pero nuestra pareja también necesita tiempo para seguirse construyendo día a día. Espero que las siguientes reflexiones le sean de utilidad. 

1) No sea esclava de sus exigencias (ni de las de los otros).

Quizá usted se siente culpable si no está cocinando una hora todas las noches. O puede que no quede satisfecha si los pisos no relumbran y se agota tratando de que la casa esté impecable... Pueden ser muchas cosas.

Obsérvese y escriba una lista de lo que usted pretende hacer en un día. Fíjese si realmente es posible y sobre todo establezca prioridades. Aquello a lo que está dando más importancia ¿es realmente lo más importante de su vida? Es posible que sea hora de no exigirse la perfección y disfrutar más de su pareja. También puede que tenga que ser firme y plantear que necesita más colaboración por parte de todos, o que valdría la pena invertir en un freezer para cocinar para varios días o que todos deben cuidar más la limpieza y prolijidad de la casa.

No se exija ser la esposa, la madre, el ama de casa y la trabajadora perfecta. NO ES POSIBLE. No acepte tampoco que otros se lo exijan.

2) Recuerde que siguen siendo una pareja.

Una pareja va al cine. A la salida compran una bolsa inmensa de chocolates para sus hijos, que los esperan en casa al cuidado del abuelo, con la esperanza de “lavar” la culpa por “haberlos dejado solos”. Los chicos contentísimos. Al día siguiente hay que llamar al médico quien “diagnostica”. Totalmente empachados...

Con increíble frecuencia veo matrimonios que son mamá y papá pero se olvidaron de que siguen siendo una pareja. Cada tanto hágase un espacio para salir aunque sea a caminar por el barrio, pero “a solas”. Si, ya sé, el tiempo que pasa con los chicos no es mucho, pero igualmente el poco tiempo libre tiene que ser repartido. Al cabo de los años se siente el haber pasado a ser exclusivamente padres-madres.

¿Que no sabe qué decir cuando los chicos insisten en salir con ustedes? Sencillamente, pero firmemente ( y por supuesto NO culposamente) puede decirles: “papá y mamá los quieren mucho y les encanta salir con ustedes pero también necesitan salir solos de vez en cuando como cuando eran novios.”

También tiene que poner límites firmes dentro de su casa. se puede enseñar perfectamente a que los chicos respeten los horarios de acostarse, el tiempo y la intimidad del dormitorio  de los padres.

 

 
Pregúntate ¿si sabes qué es un hombre?

  
TRIBUNA :ROSA MONTERO 29/06/2007

He recibido un e-mail impresionante de un lector. Una de esas cartas
que te hacen sentir que las cosas se mueven, que la realidad evoluciona
hacia algo mejor. JMS vive en Barcelona y no me dice ni la edad que
tiene ni a qué se dedica. Pero me cuenta algo mucho más íntimo y
esencial: "Soy un interesado en el tema de la violencia de género",
dice, "pues me separé hace dos años en un episodio final en el que
agredí a mi ex compañera y madre de mis dos hijos. Fui condenado a 38
días de trabajos en beneficio de la comunidad y a un año de alejamiento
-que ya cumplí, ambos"-. Después de aquella "durísima experiencia" , JMS
decidió intentar entenderse y comenzó a buscar respuestas no sólo al
origen de su "lamentable acto", sino también "al desconcierto en que me
muevo con respecto a mi papel como hombre y como padre". No se puede
expresar mejor ese sentimiento de pérdida de coordenadas vitales que
parecen sufrir tantos varones actualmente.
También las mujeres hemos perdido nuestro lugar en el mundo. Es decir,
a lo largo del siglo XX las mujeres empezamos a poner en cuestión
nuestro papel tradicional, y al hacerlo también nos quedamos
desnortadas y sin sitio, como ellos. La diferencia es que las mujeres
éramos y somos más conscientes de que los estereotipos sexuales son una
trampa. Una sociedad machista es una calamidad tanto para nosotras como
para ellos, porque, al definir rígidamente qué debe ser un hombre y qué
una mujer, nos obliga a todos a comportarnos como meras caricaturas.
Pero los varones, al llevar la mejor parte, no fueron capaces de darse
cuenta de todo lo que perdían con su posición de privilegio. Por eso,
mientras las mujeres llevamos décadas intentando repensar nuestro papel
en el mundo, escribiendo libros, organizando debates, reflexionando
sobre nuestra condición y buscando nuestro nuevo espacio, los hombres
en general se han limitado a quedarse paralizados como pollitos.
Aterrados y confusos ante los cambios.

Siempre eché de menos la aportación masculina en este tema, su esfuerzo
intelectual para intentar entenderse y entendernos, el otro lado de la
reflexión en esta búsqueda colectiva de otra manera de estar en el
mundo. Porque, si buscamos juntos, encontraremos antes. Por fortuna,
poco a poco parece que va habiendo más y más hombres dispuestos a
pensar sobre sí mismos. JMS me dice en su carta que él pertenece a un
grupo que se llama Sopa de Hombres y que ya tiene tres años de
antigüedad. Se reúnen un día a la semana, cada vez en casa de uno, para
exponer sus experiencias personales, intercambiar opiniones y apoyarse
emocionalmente. La misma mecánica que los colectivos feministas. Y no
es la única iniciativa masculina de este tipo: el 17 de junio pasado,
por ejemplo, se celebró en el Casal Lambda, de Barcelona, el segundo
encuentro de grupos de hombres de Cataluña, organizado por AHIGE
(Asociación de Hombres por la Igualdad de Género). El
tema central fue la "asertividad masculina", esto es, cómo conseguir
que los varones sean capaces de expresar sus deseos, sus necesidades y
sus sentimientos sin ser agresivos, huyendo tanto de la castración (de
la represión emocional) como de la violencia.

En su espléndida carta, JMS se asombra de que el cambio social vaya tan
lento. De que los jueces se muestren tan reacios a otorgar custodias
compartidas para los hijos, de que se pidan tan pocos permisos de
paternidad, de que parezca inconcebible que un hombre se niegue a
quedarse hasta las tantas en la oficina porque tiene familia, de que
haya tan poca participación masculina en el cuidado de niños, de
discapacitados o de ancianos. Y lamenta que todos estos temas tengan
tan poco reflejo público y no sean un debate abierto en la sociedad.
"¿Dónde está el espacio de los hombres, también en el núcleo familiar,
en la cosa doméstica? ¿Sabemos los hombres cuidarnos, cuidar a otros?
¿Cómo cambia el hombre para su próximo papel en esta nueva sociedad de
iguales? ¿Es la paternidad equivalente a la maternidad? ¿Existen
diferencias y, si es así, qué hacemos con las potencialidades
diferentes de los sexos: la capacidad de engendrar, la fuerza, la
agresividad, la capacidad de cuidar de?", dice. Son cuestiones
esenciales, desde luego. Pregúntate si sabes las respuestas



.
 

Ser más hombres

Hay hombres que creen que su masculinidad se ejerce a los golpes. Entre ellos, hay quienes tratan de redescubrir su masculinidad modificando su comportamiento violento. Son hombres que –ayuda mediante- quieren dejar de ser golpeadores. Un aspecto alentador de la violencia doméstica, que sigue bajo un manto de silencio, ayudado por una sociedad que aún no se quitó los vestigios del machismo y que tampoco da las soluciones necesarias.





"La violencia doméstica es una forma de violencia, que se puede expresar como una dominación o como la negación del otro".
J.J.Vique (magister en trabajo social, especializado en género y violencia doméstica)

"Uno mismo lo puede ver eso, tomando conciencia que lo que está haciendo, lo está haciendo mal, nos ayudamos nosotros mismos. Pero si no ponemos fuerza de voluntad es imposible salir".
Paulo
(ejerció violencia doméstica)

"En este mismo momento puede haber mucha gente practicando distintos niveles de violencia y tal vez puede no estar enterada de que lo está haciendo".
Nicolás (ejerció violencia doméstica)


Vique define a la violencia doméstica como "una forma de dominación que se relacionada con la socialización de los varones y las mujeres", en una sociedad que aún define como "machista y patriarcal". Esta sería la causa principal de la violencia doméstica, aunque influyen muchos otros factores, como por ejemplo la educación.

Un varón que ejerce violencia doméstica no es necesariamente golpeador y lo veremos más adelante.

Desde el 1º de abril, Vique trabaja solo a nivel particular, pero desde 1996 se desempeñaba en la Secretaría de la Mujer de la Intendencia de Montevideo. Desde entonces trabajó con unos 40 varones al año. Uno de ellos es Paulo, de 24 años, que contó: "La primer pareja que tuve fue con la que empecé a aplicar la violencia doméstica, a los 20 años. Empecé siendo celoso de ella, de la ropa que usaba o para donde iba. Ella era muy atractiva y me daba celos, me daba manija solo. Además, ella trabajaba en una fábrica donde había muchos hombres, todo me daba celos. Pero después de la violencia siempre había una 'luna de miel' y yo le pedía perdón. El problema era que ella siempre me perdonaba".

Paulo ejerció violencia doméstica contra su mujer durante tres años y medio; las agresiones físicas recién llegaron en el último año y medio. Consultado sobre la posible razón de esta actitud, dijo que nunca vio episodios de violencia doméstica en su casa materna y que él no era agresivo fuera del que era su ámbito privado en aquel momento.

Otro de los hombres a los que atendió Vique es Nicolás, de 30 años, quien contó algo de su pasado y su presente: "Llegué a agarrarla fuerte de las muñecas y a darle una patada a un cuadro que yo mismo estuve toda una noche trabajando para regalarle en su cumpleaños. El varón violento puede ser cariñoso, puede ser una pareja muy linda, pero tiene ese problema y deja de serlo. Ahí había un objeto de amor, como ese cuadrito, pero el lado complicado mío lo rompió. Yo puedo ahora, en una futura relación, tener en cuenta a esa persona. De hecho, tuve otra pareja después y en una noche, conversando, me dijo que se sentía muy respetada. Y cuando me dijo eso me emocioné mucho, todavía me emociona un poco".

El asistente social Vique recalcó que la violencia doméstica va aumentando su dominación; no comienza con el maltrato físico e incluso a veces no llega a esa etapa. Como el caso de Nicolás, que aferró a su ex mujer de las muñecas y le rompió un cuadrito. Eso no fue un golpe, pero también es violencia doméstica. Como es un proceso gradual, ni la víctima o el victimario se suelen dar cuenta.

Educación, socialización... son muchos los factores que llevan a un hombre a tener una conducta violenta en su ámbito privado, siempre que no hablemos de una patología. Vique señaló que esto puede dejar de existir "en la medida que la sociedad deje de ser machista y patriarcal", pero como esto es muy difícil, hace falta que estos hombres tengan un proceso de "desaprendizaje" de su socialización. Y para esto es necesario un enfoque multidisciplinario, en el que son los implicados tienen que poner mucho de sí mismos.

El varón debe recuperar el lugar de masculinidad sin necesidad de imponerse por la violencia física y mental. Los testimonios de Paulo y Nicolás son jóvenes, y es que a diferencia de otros tiempos, los hombres de hoy suelen pedir ayuda. Y cuando eso pasa, son derivados a trabajar con Vique o en otros institutos -como Renacer- a veces por sus parejas, por la Policía, por la Justicia o por psicólogos. Casi siempre por mujeres.

"Mi esposa, de la que me estoy divorciando, fue la que me contactó con Juan José Vique, porque a una amiga de ella le pasaba lo mismo. De a poco fui saliendo y hoy soy el Paulo que quiero, el de antes, sin agresión, cariñoso... La persona que es violenta puede salir adelante, con la ayuda de alguien especializado pero más que nada con su propia voluntad", contó Paulo.

Hay que despejar algunos mitos: un hombre no disfruta siendo violento. El proceso de la violencia doméstica es cíclico y siempre se repite. Primero hay una acumulación de tensión, luego se da el episodio violento, y finalmente hay una "luna de miel". Esto cada vez se da con mayor frecuencia. Pero no hay que confundirse, la verdadera víctima de la violencia doméstica es la mujer -en el 90% de los casos- y nada que realice una persona justifica la violencia doméstica.

Paulo vivía pidiéndole perdón a su ex pareja. En el caso de Nicolás, luego que "desaprendió", no le pidió disculpas a la mujer a la que hizo sufrir, sino que le dijo que lo lamentaba.

"No le pedí perdón, le dije que lamentaba mucho lo que había pasado. No es lo mismo: yo me hacía cargo de lo que hice mal. Si le pedía perdón, le trasladaba el trabajo de tener que perdonarme. Una cosa 'buena' que me pasó es que ella me dejó, de alguna manera puso límites, estaba corriéndose del lugar en que estaba. Más allá de que los varones pidan ayuda, está bueno que las mujeres puedan poner un límite", afirmó Nicolás.


"Era conciente e inconciente a la vez, era como un flash que salía de mí y me descontrolaba".
Paulo

"Nada que realice una persona, aún equivocadamente, justifica la violencia doméstica".
J.J. Vique

"Podés tener cierto nivel de conciencia, pero hay un 'aprendizaje' que sostiene eso (la violencia). Aparentemente se justifica como algo que está más o menos dentro de lo normal".
Nicolás


Límites, causas y cifras. Que una mujer no pueda poner límites tiene muchas causas: miedo a las represalias, no tener otro lugar a donde ir, terminar justificando la violencia, en casos por baja autoestima, no dejar a sus hijos sin padre o porque creen que todo cambiará.

Aunque es casi imposible que esa situación cambie, sí es casi un hecho que empeore. Que una mujer muere cada nueve días en Uruguay debido a la violencia doméstica, es un dato conocido, pero esta cifra no incluye las mujeres que se suicidan o se automedican por esta causa. En muchos de los casos de muerte, ya se había realizado la denuncia.

Robert Parrado, director del Centro de Rehabilitación y Asistencia al Varón en Crisis (Renacer), dijo que la casuística señala que cuando hay una denuncia ya pasaron entre 10 y 12 años de maltrato psíquico, físico, sexual o patrimonial, o todos ellos juntos.

En el informe de Asuntos Pendientes realizado por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, decíamos que el Servicio Nacional de Mujeres en Situación de Violencia recibe unas 6.000 llamadas al año, cifra que no contabilizaba las denuncias recibidas en el Ministerio del Interior. De allí surge que en todo el año pasado se recibieron 7.145 y en 2005 fueron 6.853 en todo el país. Fue un aumento del 4,3%.

Según la psicóloga social Mabel Simois, directora de la Casa de la Mujer de la Unión, se estima que las denuncias representan el 10% de lo que ocurre en la realidad, por lo que descree mucho de los datos estadísticos. A ese centro llegan cuatro mujeres por día, derivadas de la Policía o los juzgados, y casi un 80% llega por recomendación de otra mujer que sufre el mismo problema.

La violencia doméstica también incluye burlas, insultos, gritos, culpas por todos los problemas familiares, acusaciones, aislamiento y la instalación de un ambiente de miedo en el hogar. Estos son algunos elementos compilados por la ONG argentina Instituto Social y Político de la Mujer.

Según Vique, al menos en un 60% de las familias se expresa alguna forma de violencia doméstica, algo de lo cual aún no hay cifras oficiales, ya que no hay un registro a nivel nacional. Sin embargo, algo está cambiando. "Una de las características que está cambiando en la socialización de la masculinidad, es que los varones están pudiendo pedir ayuda. El perfil de varones que estoy atendiendo es cada vez más joven y eso es un buen pronóstico. Porque en una pareja que lleva 30 años de violencia doméstica, el 'desaprendizaje' es más difícil de hacer que en una pareja que se constituyó hace menos tiempo", explicó.

Por el centro Renacer han pasado desde 1994 unos 1.500 varones pidiendo ayuda para cambiar su manera de socializarse desde su perspectiva de género, muchos de ellos derivados o por sus propios medios.

"El hecho de ser varón nos da una impronta de pasar del pensamiento al acto. Han salido muchos adelante en la medida que se armonizan, hay quienes siguen con su pareja y otros que tienen una nueva, y están aquellos que hacen procesos de crecimiento personal para establecer un vínculo diferente a futuro", explicó Robert Parrado, director del centro.

Si bien un hombre puede salir de la violencia, salvar la pareja es otra historia. En los casos de Paulo y Nicolás, si bien ya tienen una nueva perspectiva, no siguen con las parejas en las que "explotó" su problema.

¿A dónde acudir? Todas las personas consultadas señalaron que Uruguay tiene enormes carencias para tratar este tipo de situaciones. Una prueba es que una gran cantidad de las mujeres que mueren por la violencia doméstica ya habían hecho la denuncia. O sea, el problema era conocido, pero no se pudo evitar.

"Somos un país chico y patriarcal, donde todos nos conocemos. A nadie le ponen un policía en la puerta y cuando un hombre está determinado a matar a una mujer es muy difícil. Nosotros trabajamos con la red social más cercana a la mujer (familia, vecinos, amigos) y formar un escenario de protección allí, porque ella sola no puede defenderse. ¿Por qué? Porque le cree al hombre, le abre la puerta, supone que viene a hablar... y la mató. Es muy difícil que una pareja con episodios de violencia doméstica se recupere. Los canadienses, que hace 40 años que vienen trabajando en este tema, hablan de un 6% de recuperación", explicó Mabel Simois, directora de la Casa de la Mujer en la Unión.

La Casa de la Mujer trabaja con la otra parte, las que suelen ser las víctimas en un porcentaje superior al 90%. Por ejemplo, Vique recordó que en sus más de 10 años trabajando en problemas de género en la IMM, solo cinco fueron receptores de la violencia (recibía 40 por año). En ese sentido influye otro factor, que es la vergüenza que sienten los hombres por pedir ayuda. Otra muestra de la impronta machista y patriarcal que existe en la sociedad.

Simois hablaba también de una cobertura insuficiente a nivel estatal. De hecho, si es poca la cobertura para las mujeres, es mucho menor para los hombres que quieren rehabilitarse. Lugares como Renacer -uno de los pocos o tal vez el único de la sociedad civil- o la Secretaría de la Mujer de la Intendencia de Montevideo, son las escasas alternativas si uno precisa la imprescindible ayuda.

La Ley de Violencia Doméstica en Uruguay existe desde 2002. Juan José Vique preparó su tesis de maestría, titulada "Manto de Silencio en la Comunidad de Varones", leyendo, entre otras cosas, las actas durante la discusión de esta ley. Y fue bien llamativo lo que encontró. "Hubo un momento en que por la Comisión de Equidad y Género de Diputados concurrieron diputadas mujeres de todos los partidos a la Comisión de Legislación del Senado a explicar la ley. Y el destrato verbal que sufrieron de sus colegas varones, la expresión de patriarcado que emitieron fue total. Esa también es una forma de violencia doméstica indirecta y es la expresión de una sociedad que calla", afirmó.


"Después que se instala en la familia una forma violenta, a veces el hombre se va y uno de los hijos empieza a ocupar ese lugar, porque hay un aprendizaje de cómo nos vinculamos y tratamos. Es algo muy difícil, por eso hay que trabajar con toda la familia".
M. Simois


Bipolaridad. En el tratamiento de la problemática de la violencia doméstica se presenta muchas veces se presenta a los hombres golpeadores como "malos" y como buenos a los que no lo son. Esto se denomina "bipolaridad", según Vique.

El asistente social dijo que en esto se debe trabajar en forma separada con hombres y mujeres, porque en un espacio terapéutico se tendrían que reunir iguales, y en una pareja que sufre la violencia doméstica, eso no se da. El varón, entonces, debe recuperar su lugar de masculinidad sin necesidad de imponerse y la mujer debe recuperar su autoestima.

DESPEJANDO MITOS

MITO

REALIDAD

"Los hombres golpeadores pertenecen a los niveles socioeconómicos más bajos".

Esto sucede en todas las clases sociales. De hecho, en el Centro de Asistencia al Varón en Crisis, el 20% tienen estudios terciados y universitarios terminados.

"El matrimonio es un ámbito privado y lo que suceda dentro de una relación empieza y termina allí".

La violencia es un crimen, siempre. La libertad de vivir sin violencia es un derecho humano básico.

"A la mujer le gusta que le peguen, sino dejaría a su marido".

Hay varios factores que lo impiden: dependen económicamente de su marido, sienten miedo a represalias, tienen baja autoestima, no tienen apoyo del resto de la familia, creen que si se van destruyen la familia, aún aman a su pareja y no desean finalizar la relación, no tienen a donde ir.

"Los hombres golpeadores no pueden controlar su conducta".

La gran mayoría de ellos, solo demuestran violencia en el ámbito privado.

"Hay mujeres que se lo merecen, por su conducta. Algo habrá hecho".

No hay excusa para la violencia, nadie merece ser golpeado.

"El alcohol o las drogas causan la violencia doméstica".

El alcohol y las drogas pueden ser disparadores, pero no la causa. Según datos de Renacer, el 30% de quienes asisten tienen problemas con el alcohol y el 15% con drogas.

(Datos recopilados por la ONG argentina Instituto

 


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