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ROSARIO BERSABÉ MONTES


  
HAIKUS 



Un gran alud,
entre la nieve asoman
manos heladas.



Caño gastado

por el agua abundante,

ya… solo gotas.



Lava candente

ladera abajo avanza,

arrasa vida.



Rocé su rostro,

Y el frío de la muerte

hirió mis dedos.



Perdí el timón,

y en aquella balandra

se hundió mi vida.


Y entre las flores,

unos ojitos negros

que me enamoran.



A buen cobijo

el fruto del amor

nada en mi vientre.


 


Baila, ¡mi niña!

sonidos celestiales

son tus tacones.

 



Cae una lágrima

del color de tus ojos,

azul de cielo.

 

 
Cae la lluvia
la tierra agradecida
devuelve flores.


 

Cálido invierno,
hermosa y sin espinas
brotó una rosa.

 

 

Con tanto frío,
quise marchar al sur
y perdí el norte.

 

Monte nevado,
el resplandor del sol
ciega los ojos.

 

Arrecia el frío,
se entumecen los huesos
y el llanto hiela.

 

 

Curé tu herida,

y ante la libertad

volaste raudo.


 

 El viejo roble,

esperando la lluvia

de sed perece.


 


Inmensidad,

Mar Mediterráneo

pasión y vida.



Luz en la noche
la luciérnaga muere
la luz se apaga.

 


En carretera,

el espectro te acecha.

alerta siempre.



En carretera,

amenazante curva

alerta siempre.



En la balanza,

pesan hambre y dinero

y gana el hambre.



Cielo plomizo,
la lluvia es inminente,
rayos y truenos



Cesa la lluvia,
las nubes se retiran,
tierra mojada.



 
Invierno largo,
manto blanco de nieve
el sol se asoma.

 

 

Paciente liebre,

acomoda su paso

con la tortuga.


 
Los verdes pinos

desde la lejanía

besan el cielo.



 
Las lagartijas,

asustadas se esconden

entre las hierbas.


Pequeña hormiga

sustento recolecta

para el invierno.

 


El blanco cisne

entre los gansos pardos

no es bienvenido.


 

¡Canta cigarra,

alégrale la vida

al caminante!

 

 En su aleteo,

se pierde entre las flores

la mariposa.

 


La margarita,

la reina del jardín

y tan humilde.

 

 

Olivo cano,

simiente de mil años

reverdecida.

 

 

 Rapa pujante,

olivo milenario

fruto seguro.

 

 

 Olivo cano

de tronco retorcido

rapa pujante.

 

 

 Pulmón deshecho,

y el pitillo infernal

entre los labios.

 

 

 De sol y de agua

colorea horizontes

el arcoíris.

 

 

 Un manto blanco
dejó la tierra helada,
¿murió la vida?

 

 

 Un resbalón,

carcajada segura

del transeúnte.


 

 Suena el reloj,

tres de la madrugada

niño bromista.


 

Los niños ríen,

menudo batacazo

el de aquel hombre.

 

 

Gran resbalón,
escarcha matutina
el sol asoma.

 

 

El vendaval
arrancó los rosales,
¡pobre jardín!

 

 

Cae la lluvia,
la tierra agradecida
devuelve flores.

 

 

Rayos y truenos
preceden la tormenta.
Agua bendita.

 

 

 

En el otoño,
el fuerte viento arrastra
las Hojas secas.

 

Felicidad,
en este dos mil siete
que ahora comienza.

 

 

Con tanto frío,
quise marchar al sur
y perdí el norte.

 

 

Monte nevado,
el resplandor del sol
ciega los ojos.

 

 

Arrecia el frío,
se entumecen los huesos
y el llanto hiela.

 

 

Otoños grises,
tras helados inviernos
nacen las flores.

 

 

De árbol caído,
hasta los gusarapos
arrancan leña.

 

 

Aquella niña,

a la que tanto quiero

ahora es madre.

 


Plato vacío,
injusticia latente;
hambre en los ojos.



 

 Tanta riqueza,
tras el cristal espía
el ojo hambriento.

 

 

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