El mal de ojo  "Ain ha ra"


 

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La persona que padece mal de ojo se encuentra cansada, sin energía. Tiene la sensación de que cualquier cosa que emprende le va mal. Está triste, de mal humor.

Aparecen dolores de espalda, de cabeza, molestias físicas en general. Le cuesta dormir. Se despiertan en diversas ocasiones durante la noche. Sufre inapetencia sexual. Pesadillas que se reiteran noche a noche.

Siente angustia, mareos, náuseas, falta de concentración, problemas laborales, disputas familiares, dificultades económicas. La persona se siente profundamente desgraciada. Ella misma intuye que está atravesando una grave crisis personal generalizada.

Si se da en usted algunos o muchos de estos síntomas lo más probable es que sea víctima de un mal de ojo. No se puede hablar de mal de ojo cuando coinciden tan solo dos o tres ítem de los anteriormente descritos. En este último caso la afectada debería buscar la causa de sus molestias en el terreno médico, psicológico o a posible falta de cuidados personales cotidianos: sueño, dieta, descanso, estrés...

 

El mal de ojo se produce, en la mayoría de casos, de forma involuntaria por parte de la persona causante. Esta persona produce el daño sin que ella misma sepa que lo ha provocado. Suelen ser amigos, conocidos, incluso familiares. 

El desencadenante suele ser por causa de envidia, celos y avaricia. Estos sentimientos provocan una mirada, cargada de energía negativa hacia la persona envidiada que le provoca lo que se denomina el mal de ojo. La mayoría de personas que provocan el mal de ojo no son conscientes de ello, ahí radica precisamente su fuerza y su poder.

Si alguien se propusiera lanzar voluntariamente un mal de ojo a otra persona este se volvería contra si mismo, no afectando en absoluto a la persona que iba dirigido.

Es relativamente sencillo erradicar un mal de ojo recibido de manera inadvertida por parte del lanzador, pero se dificulta grandemente cuando mal de ojo se lanzó voluntariamente contra alguien y este cayo sobre uno mismo.  

Un caso práctico:

Una abuela al cargo de dos nietos, uno de año y medio y el otro de tres años, los muestra orgullosa a una amiga de su misma edad, la cual tiene una hija que no ha podido engendrar a causa de su esterilidad, por lo cual no ha podido temer nietos hermosos como los de su amiga.

Esta siente profunda envidia de su amiga y sin saberlo les lanza un mal de ojo a esos niños. Estos empiezan a sentirse mal sin causas aparentes. En las revisiones médicas sale libres de enfermedad, pero en la práctica esos niños duermen mal, no comen como antes, lloran más que hasta la fecha, les falta energía, están tristes, no se comunican como antaño…

Este podría ser un caso de mal de ojo típico y mayoritario en que la persona que lo provoca no es consciente de ello.