Os dejo el pequeño prólogo
que tuve el honor de hacer
para este precioso poemario.

          
Tengo el honor de escribir este pequeño prólogo sobre un poemario que
 espero, sea pronto un referente de poesía contemporánea en todas las librerías y bibliotecas.
Pequeño “sí”, pues no soy yo quien debe lucirse en estas páginas, sino acompañar, con un saludo y un beso
el nacimiento de estos escritos que, con tan buen criterio, publica la editorial pinteña “Alfasur”
Decir poeta, es decir Juana Corsina
buscar otra acepción es mera retórica, pues ella vive la poesía desde que amanece hasta que se acuesta.

 Y la luce con esa maestría que sólo los enamorados del verso saben hacerlo.
“Amanecer de plomo es sentir
en las entrañas, el invierno,
cuando otra estación se acerca (por la orilla)
con el viento de cara
y espanta los aromas de septiembre.”
Tiempo, otoños, lunes, días que pasan páginas y sílabas escritas, que arañan los cristales, de esquinas escondidas
prendidas en la boca de un poema; pero eso sí, silentes y humanas.

Era tiempo de contar arenas,
de sandalias sin dedos secretos,
de estrellas de mar
a las que les crecían puntas de colores
aunque estuviesen rotas de dolencia y olas.”

Suavidad, sencillez, dulzura y buen hacer surgen a cada paso de sus páginas;
 su sensibilidad “así en la vida como en el verso” brotan a borbotones en cada una de sus sílabas
 como si de un corazón de palabras y tinta se tratase.
“Ángulo muerto” es una muestra clara de ello, un correr de sensaciones que la lírica y el buen hacer de Juana Corsina
 os dejará como un regalo que inunde vuestras retinas y perdure en la memoria.


 
Las abuelas vestían de negro
Las abuelas siempre vestían de negro,
las recuerdo
comentando a la tenue luz de una bombilla,
cómo la risa se olvidó de sus labios.
Ellas levantaban sus laboradas manos,
sus dolientes cicatrices,
y sus canas cubiertas de abriles
para, rotundamente afirmar,
que habían vivido una guerra tras otra,
cuando vestían de azul, la existencia,
¡ay! sé que entre guerra y guerra,
vivieron sus contiendas;
vestían el luto del rosario
que todas las tardes de invierno entonaban
al abrigo de los braseros del picón de encina;
limpiaban de las calles el tosco oxígeno,
pulían con sus manos de acero, las losas frías de la patria,
pues llevaban entre sus dedos, la ruda escritura del trabajo.
Las recuerdo con sus delantales cenicientos
exponiendo sus penas bajo velos de seda.
Ellas, abuelas de antaño,
recogían sus moños del color de la lluvia,
en largas trenzas de soles y crepúsculos
y los cubrían con arrogantes pañuelos negros,
que tapaban los suspiros musicales de la tierra.
Recuerdo a aquellas abuelas,
¡Dios, como las recuerdo! 


                                
     A Paco Garcia

pues su padre salio de emigrante de la misma provincia
donde mi padre llego años mas tarde

La Gudiña ( Ourense)

Aun recuerdo el trillo
cuando,melancolico,entonaba
su chirriante plegaria por la era...
Roto,hoy,aguarda,bajo el viejo porton
 que el tiempo le infiera su penultima herida
Tambien recuerdo el ceñudo panadero
 amasando el pan de cada dia...
Pero ya senil  y enjuto
 refresca su vejez en la taberna
Recuerdo la maleta que, triste,
esperaba en cualquier anden perdido
 a que alguna vieja locomotora
 remontase la colina...
 Ahora ya no bailan decrepitos vagones
al son de tantos pueblos y vientos
Cuantos recuerdos,prendidos en mi cansada retina
salen en busca de otros tiempos
en los que ,la labor y los jazmines,
evocaban el sabor y el olor de otras tierras


DEL LIBRO" POEMAS A LA TIERRA DORMIDA"
en fase de publicacion
  
José Cercas Domínguez nació el 11 de marzo de 1959
en un pueblecito de la provincia de Cáceres llamado Santa Ana.
Sus primeros pasos poéticos se remontan a principios de los años 80
 cuando, con otros compañeros, publicó un libro de poemas..
 Obtuvo varios premios poéticos, pero por circunstancias de la vida
 desde el año 89 no volvió a escribir ni un solo verso, hasta que la muerte de su padre, el ...

             Amigo ,Jose Cercas   por la dedicatoria

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Cuando la sonrisa cae, 
llueven las noches; 
los astros van en busca del vacío 
y las caricias incompletas esperan 
al céfiro amante que, Eros, delata. 
Cuando la sonrisa cae, 
bajo los párpados, las miradas, cumplen su condena, 
se amontonan las páginas que  mima la poesía 
y torna, el verso, a definir la lágrima 
que no encontró su eterno amparo. 
Cuando la sonrisa cae, 
se acarician, en la noche, los cuerpos desnudos, 
la vida se hace trémula, 
la tierra y el temporal danzan en silencio 
y caen los frutos que dormitan 
en los profundos ojos de los adjetivos. 
Cuando la sonrisa cae, 
palpita la vida bajo las sábanas del aire 
y es,  entonces, cuando los enamorados 
buscan los besos  dormidos; 
aquellos que nunca se dieron… 
¡cuando la sonrisa cae!



A los niños del mundo que olvidaron la infancia a manos de la lágrima.
A ellos, a los que aún no han nacido.

¡Miradlos! Contemplad sus heridas,
sus cuerpos dorados por el alba y el trabajo,
escuchad sus desnutridas voces...

¿Quién forjará, en sus brazos, la algarabía,
la caricia o el beso de la madre?
¿Quién será cobijo para acallar sus miedos?

Deteneos un momento delante de los ventanales,
en vuestros mudos rincones, ,
en los escaparates y jugueterías.
Contemplad la tierra del martillo,
la de las lluvias aceradas, la del fuego…

Se llevan a los niños antes de haber nacido…
los despegan de la infancia y la alegría;
se llevan sus besos callados,
y sólo nos dejan sus olvidos.


Pensando en occidente
Pienso en la tierra,
en el aire puro que invade mi coraje;
y no en el hombre
que desciende a la curvatura de su espalda,
ni en los párvulos harapientos
que pueblan las calles del orgullo.

Pienso en la tierra, sin términos,
donde todas las flores crecen
con el aroma de la madreselva;
donde hombres y mujeres
tocan las palmas del alba y el júbilo;
y no en los parados
que llenan las calles y lloran noches.

Pienso en la tierra,
en el viejo olivo
que, a pesar de todo, sigue madurando
su sabio tronco en la historia,
en el ganado que pasta atardeceres,
y en la cosecha que eleva la espiga
a la tarea del pan;
y no en esa tierra
donde se muerde el polvo del combate,
donde la minas siegan
las manos y el aura de los efebos..

Yo pienso en la tierra donde el rocío
tiene el calor de la risa, al abrigo de los Lares;
y no en la otra del árbol sin fruto
¿Para que pensar en lo que no florece? 



  http://poetajosecercas.blogspot.com/         

O meu pobo,
 son os ferros
 que de oxido lamen as fiestras
un acio de geranios que colgan
 dos balcos rotos e`postos ao aire
 a lagartija errante que rube polas encaladas tapias
e a auga que mana nos gelidos arroyuelos
buscando o seu ocaso fronte aos adarves

          O meu pobo e a calor da sesta                     
                                                                            ou o frio de tempos pasados                                                                                                      
                                                                                    as cartas que non se escriben                                                                                      
 pero se cantan en tardes de baralla   
                                 
O meu pobo son as suas xentes 
homes e mulleres que labraron o asuco
 aqueles que partiron en pos dun soño
e os que deixaron os ventos e as flores
        para abrazar a terra e as suas orixes       

Autor: Jose Cercas
Los versos de la ausencia y la derrota
Editorial - Vitruvio