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Subculturas juveniles urbanas del Uruguay

 

 

Hace tiempo que las ciencias sociales empezaron a estudiar al "otro", revelando la multiculturalidad de nuestras comunidades. 

El ejercicio no deja de ser una provocación en una sociedad como la uruguaya, que suele retratarse como hiperintegrada y homogénea.

 

Carolina Porley

En el país del asado y el cuero hay jóvenes que no comen carne ni usan productos de origen animal.

 

Otros deciden vivir en la informalidad como artesanos "tirando el paño" y reivindicando un estilo de vida "alternativo" demostrando que en Uruguay no todos sueñan con el empleo público.

 

En el país de la clase media hay jóvenes de sectores medios que adoptan una estética "pordiosera" y otros que maquillan su condición de excluidos vistiendo costosas prendas Nike.

 

Veganos, rollingas, electrónicos, caballeros pachucos, son algunos de los grupos analizados en el libro Subculturas juveniles. *

 

Es que en esta época de "modernidad líquida" de la que habla Bauman, los modelos que se pretendían sólidos y universales dejaron paso a lo múltiple y fluido.

 

La mayoría de estas subculturas son "importadas", aunque con originales adaptaciones ("glocalizaciones"), como los "riders pachucos" que hunden sus raíces en el gaucho oriental.

 

Sólo uno de los estudios se refiere a un grupo "autóctono": la subcultura plancha. 

"REBELDES PASIVOS."

 

Cerquillo recto arriba de las cejas, corte de pelo casquito para ellos y rebajado para ellas, championes Topper o All Stars sucios o rayados, vaquero flojo o pantalón deportivo emparchado con la clásica lengua de los Rolling Stones, mochilas con pins y pañuelo.

 

Complexión delgada y casi lánguida.

 

Ésa es la estética de los rollingas, jóvenes que pese a tener entre 12 y 20 años se identifican con una banda que escuchaban sus abuelos.

 

La frase de Gilles Lipovetsky incluida en este capítulo es por demás ilustrativa:

 

"La moda de ayer aburre, la de anteayer y del pasado lejano continúan fascinando".

 

Para los rollingas la imagen de Mick Jagger es un referente, tanto en sus gestos como en la forma de bailar, aunque no toman todo al pie de la letra.

 

"Mismo los Rolling no se visten así.

¿Vistes los Rolling alguna vez vestidos?

¡Se ponen calzas!", aclara un entrevistado.

 

Se trata de una apariencia que busca trasmitir abandono y despreocupación.

 

Según los autores:

 

"El estilo rollinga se contrapone a los valores estéticos de la clase media, en cuanto a la presentación de un individuo prolijo y con una postura vital activa, de búsqueda de superación.

El estilo pordiosero comprende ser desganado, abandonado y pasivo en la manera de llevar la cotidianidad".

 

El rollinga rechaza la asimilación del grupo a ideas político-ideológicas (como pasa en otras subculturas como los punks y los rastafaris) y condena a sus pares que bailan cumbia en los boliches.

 

Los más teenagers se inclinan por una definición basada en la estética y el gusto por bandas argentinas como Viejas Locas y Jóvenes Pordioseros, mientras los más grandes desmerecen la preocupación por la apariencia y cuestionan que los Rolling Stones pierdan su condición de eje del grupo y señalan como elemento de autenticidad el tiempo que hace que escuchan esa música.

 

Uno de los elementos teóricos transversales a estos trabajos es la mención a las dualidades que comparten las subculturas juveniles.

 

Por ejemplo, por un lado la necesidad de diferenciarse del "común" y por otro de cumplir a rajatabla los patrones del grupo al que pertenecen, o el estar "apocalípticamente integrados".

 

En el caso de los rollingas,

 

"No pudimos encontrar elementos concretos que denoten una propuesta holista o puntual de activismo en pos de rebelarse, más bien se vieron elementos concretos como la estética desprolija, o la actitud de vagancia, no hay un conjunto de ideas que proponga un proyecto específico de mundo.

Creemos que definir a los rollingas con el oxímoron rebeldía pasiva engloba varios de los puntos que se han ido desprendiendo".

 

Otra subcultura que gira en torno a la música es la de los electrónicos, una de las más estudiadas por la sociología desde mediados de los noventa.

También aquí se señala la existencia de una dualidad, en este caso "entre el escapismo y el no oponerse a la época actual".

 

El elemento unificador es la música electrónica (hause, trance, progressive, tribal, minimal, break beat).

 

Se trata de música sin letras, porque es importante que "no te estén bajando un mensaje".

 

En este sentido, los autores les atribuyen una filosofía de la no estructura, de lo "descontracturado", que se plantea también en la improvisación de sonidos por parte del DJ.

 

El electrónico tampoco se siente identificado con varias de las tradiciones uruguayas más fuertes como el Carnaval, el mate y el fútbol.

 

El "viaje", que incluye música y drogas, genera un vínculo especial con prácticas como ofrecerse dulces o hacerse masajes, mientras que la estética tiende a romper con la uniformidad: pantalones anchos, calzado cómodo, ropa sexy y exuberante, materiales sintéticos, peinados raros y accesorios (gorros, muñequeras, cintos).

 

Y como elemento distintivo: lentes de sol.

 

"Para viajar me pongo los lentes y es mi coraza, nadie me ve y puedo hacer lo que quiero", dice un entrevistado.

 

Los autores señalan que las nuevas generaciones de electrónicos han cambiado algunas características de esta subcultura.

 

Antes se trataba de:

 

"Personas vinculadas al arte vanguardista y allí su relación con el concepto underground que tenía la electrónica en nuestro país. Hoy las nuevas generaciones (…) lo hacen desde un aspecto de diversión, viéndose influidos por determinadas etiquetas comerciales".

 

TIENE TU NARIZ.

 

Un principio de las subculturas es la necesidad de escapar al "estándar".

 

El caso de la subcultura tuning (del inglés, to tune: templar, poner de acuerdo, afinar) es emblemático al respecto.

 

Se trata de transformar un objeto industrial de modo que adquiera características que lo hagan único.

 

El objetivo es romper con el origen fabril, de producción en serie.

 

El libro estudia los grupos que en Uruguay se dedican a "tunear" sus automóviles lo que supone ensancharlo, cambiarle los guardabarros, bajar la carrocería, colocarle "babero" y "polleras" (piezas que se ubican en la parte delantera y a los lados del vehículo), quitarle las manijas, agregarle luces y adhesivos.

 

Incluso hay quienes le llegan a poner equipos de DVD y Play Station.

 

Los valores de la subcultura tuning pasan por no repetir, no copiar los diseños ajenos.

 

Un auto tuneado es un objeto exclusivo.

 

Las posibilidades del tuning dependen del desarrollo del mercado interno ya que ciertas piezas y repuestos pueden no encontrarse en plaza o ser muy costosos.

El tuning se desarrolla en autos estándar como los Chevette, Volkswagen y Fiat.

 

Para los entrevistados, se trata de una forma de realización personal y admiten que no tendría sentido tunear un Porche.

 

Es una forma de satisfacer niveles de consumo y un ideal inalcanzable:

 

"Yo hago esto porque no tengo 500 mil dólares para una Ferrari".

 

En general son hombres solteros, pero también están los casados.

 

En quienes tienen familia, dado el valor simbólico y afectivo de su auto, éste puede llegar a "competir" con los hijos.

 

Consideran que son percibidos por la sociedad como locos que gastan dinero en vano.

 

Pero también se sienten envidiados.

 

La clave es que el auto esté en permanente exhibición.

 

Se transforma en un objeto de veneración, e incluso deja de ser un medio de transporte.

 

"A laburar voy en ómnibus", admite un entrevistado.

 

Existen encuentros, exposiciones, así como foros en Internet.

 

Uruguay Tuning se reúne en Kibón, Power Zone en el Museo Oceanográfico, El Club del Fitito en las canteras del parque Rodó.

 

En algunas instancias se realizan hasta picadas y actividades supervisadas por las autoridades (policías o inspectores de tránsito).

Según los investigadores:

 

"El tuning permite resignificar el automóvil que se ha vuelto más un objeto utilitario, sin carga afectivo emotiva".

 

Se trata de:

 

"Una estrategia reformista neoconservadora donde se intenta revalorizar el automóvil cuando éste entra en crisis profunda como icono de consumo y de realización".

 

Y ahí viene la duda sobre si los tuners:

 

"Se oponen al consumo de masas en cuanto intentan poseer autos diferentes y personalizados, rompiendo con lo estándar, o son un producto emblemático a la vez que fieles reproductores de la sociedad capitalista con sus características de consumo y ocio conspicuos". 

 

LOGIA PACHUCA.

 

Todas las subculturas juveniles marcan un deber ser, una línea de conducta.

 

Quizás la más exigente sea "la hermandad de los caballeros pachucos", una banda de riders uruguayos que ya tiene 15 años.

 

También es la más estructurada y formal (desde 1996 son una asociación civil sin fines de lucro), con presencia en Montevideo, el Interior y el exterior (Chile y España).

 

El pachuco es un soñador que quiere conocer el mundo haciendo carretera, "un tipo de una oficina no podría ser pachuco", explica un integrante de la banda.

En general son trabajadores independientes (tatuadores, artistas, carpinteros, tarotistas).

 

Los pachucos cuestionan el consumismo, la vida alienada y el individualismo, por lo que enaltecen la solidaridad, la libertad y el respeto a la naturaleza.

 

Valoran el haber construido su propia moto, "la cultura del fierro", y su antagonista es el "paseador" (los que compraron la moto nuevita).

 

Entre éstos, desprecian a los HOG (Harley Owner's Group), bandas creadas por concesionarias de Harley Davison.

 

Si bien los riders se asocian a la "cultura de carretera" de Estados Unidos, los pachucos tienen un ancla local importante ya que se sienten parte de la Banda Oriental y se identifican con el gaucho (la moto simboliza el caballo que le daba a aquel personaje la libertad hoy perdida).

 

El estatus del pachuco dentro de la hermandad se mide según la cantidad de elementos que incorporó al "parche" (chaleco de cuero que cubre la espalda del motociclista).

 

Afirman que muchos "tuvieron que entregar su parche" por no poder cumplir con las expectativas.

 

Hay pachucos de parche completo, de medio parche y aspirantes.

 

Los primeros son sólo 13 y son quienes tienen el máximo poder de decisión dentro de la hermandad.

 

Este sistema jerárquico y de ascenso intragrupal incluye una serie de rituales con túnicas, antorchas y hasta ofrendas.

 

El ritual por excelencia es "el viaje".

 

Ir por la carretera como un escuadrón, en fila, a la misma velocidad, formando un cuerpo compacto.

 

Para el pachuco la ruta "abre la cabeza" y permite un contacto distinto con la naturaleza. 

 

SÍ, ES UNA PIPA.

 

De todas las subculturas relevadas sólo la plancha se compone de elementos autóctonos o regionales.

 

Con los villeros de Argentina comparten la jerga carcelaria, la tendencia a teñirse el pelo y el uso de remeras de fútbol.

 

También se señalan puentes con las maras centroamericanas y también algunos aspectos de la estética hip hop (pantalones holgados, gorras estilo béisbol, camperas Alpha polar, cadenas y collares de plata).

 

Al explicar el origen de los planchas, los autores marcan como clave la crisis económica de 2002, con el incremento de la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

 

La palabra "plancha" proviene de la plancha policial (fotos que se le toman a una persona cuando es detenida).

 

Ahora la crisis no alcanza para explicarlos:

 

"Creemos que los jóvenes planchas han construido su identidad debido a la pauperización de una importante cantidad de uruguayos, pero sobre todo debido a factores culturales y simbólicos.

La creciente sobreexposición a los distintos elementos de consumo como el calzado (los championes Nike son el icono de la cultura plancha), celulares, camperas, etcétera, entra por los ojos pero no puede salir de los bolsillos".

 

La estética es un elemento constitutivo, así como un determinado léxico y modo de andar.

 

Los planchas son jóvenes de no más de 20 años, generalmente teñidos de rubio, que van por la calle con un andar seguro y desafiante, vistiendo pantalones deportivos holgados, buzo canguro y una gorra visera.

 

Sus pantalones remangados dejan ver la "pipa" (logo de Nike) de sus costosos championes.

 

Esa marca es de culto entre los planchas, al punto que la pipa se usa como tatuaje.

 

Es un símbolo de prestigio, especialmente si se trata de una prenda original, por la que pueden llegar a pagar grandes sumas u obtenerla mediante rapiñas:

 

"Como Nike es una marca consumida por sectores de alto poder adquisitivo ("chetos", en el imaginario plancha) la distinción se da por la manera en que el logo se hace visible.

Para un plancha la pipa debe ser visible en todo momento", afirman los autores.

 

Algunos elementos de la estética plancha los vinculan con su condición marginal, como los cortes (sobre todo en quienes estuvieron privados de libertad) y tatuajes caseros, como el de los cinco puntos que significa "muerte a la yuta" y que representa a un policía rodeado de cuatro ladrones.

 

Al plancha no le gusta pasar inadvertido.

 

El lenguaje corporal es importante y consiste en caminar desafiante, mirar "de pesado" y balancear el cuerpo a paso seguro, en lo que ellos llaman "ir quebrando".

 

La calle es su escenario por excelencia, junto a plazas y esquinas donde "para la banda".

 

El léxico también es un elemento constitutivo, y se nutre de códigos futbolísticos, jerga carcelaria, símbolos de consumo y frases comunes alteradas.

 

En la noche, los planchas tienen bien marcados los territorios.

 

Hay boliches "vetados" (en los que se les aplica el derecho de admisión) y otros que les son propios, entre ellos el "Papi", que es como llaman al Interbailable.

 

"Los planchas son un grupo prácticamente endogámico a la hora de buscar pareja o hasta de bailar, y si en un baile no son mayoría se sienten incómodos”.

 

La relación con otras subculturas juveniles es conflictiva, existe una importante discriminación y desprecio al plancha, su santuario y refugio es el Papi (…).

 

“La estigmatización del Inter refuerza el sentimiento de identidad entre los planchas", afirman los autores.

 

El robo es una práctica habitual entre los planchas, pero está fuertemente regulada (no robar en el barrio, no robar a los más pobres).

 

También lo son las drogas, pero no así la pasta base.

El "latero" se torna disfuncional:

 

"Se han perdido muchos códigos, está el `rastrillo', el que le roba a la familia, el que le roba a los amigos, el que no respeta nada, y están pasados, ésos son rastrillo y no existen, los que fuman la pila", afirma un entrevistado.

 

Así, el rastrillo, el "latero" y el "canalla" (quien se acuesta con la mujer de un preso) son objeto de desprecio para los planchas.

 

La noción de futuro prácticamente no existe en esta subcultura.

 

Según los autores,

 

"Se trata de un consumo inmediato y compulsivo donde se busca satisfacer las necesidades hedonistas tales como ir a bailar, tomar bebidas alcohólicas, consumir drogas o comprarse ropa de marca sin ningún tipo de preocupación por el ahorro".

 

Y así lo trasmiten:

 

"Y bueno, viste cómo es.

Yo hoy estoy acá y mañana… y futuro no tengo, ehhh, yo ando hoy, estoy contigo acá y mañana desaparezco, estoy adentro, viste cómo es". 

 

* Subculturas juveniles, Verónica Filardo (coordinadora), Facultad de Ciencias Sociales-Udelar, diciembre de 2007.

 

El texto continúa una línea abierta en 2001 con Tribus urbanas en Montevideo: nuevas formas de sociabilidad juvenil; en el que se abordan cinco tribus: electrónicos, skaters, hardcore punk, malabares, grupos de tamboriles y hip-hopers, que luego continuó con Religiones alternativas en el Uruguay (2005).

La idea es mostrar "la diversidad en la que vivimos", "escuchar a los `otros' a partir de sus propias voces, reconocerlos y reconocernos", se explica en el prólogo.

 

"Come yuyos"

 

Los diferentes trabajos abordan la relación de cada subcultura juvenil con la política.

 

Los veganos aparecen como los de mayor identidad política ya que su práctica responde a una visión del mundo e incluso se organizan para influir en la realidad.

 

Esta subcultura se diferencia del resto en que los elementos definitorios no pasan por la estética o la apariencia sino por cierta concepción filosófica.

 

Se trata de un estilo de vida respetuoso de los animales y la naturaleza.

 

Los veganos se abstienen de consumir productos derivados de los animales, a los que ponen en pie de igualdad con el hombre.

 

El veganismo se diferencia del vegetarianismo en que no se trata sólo de un régimen alimentario, sino de una concepción moral y filosófica.

 

Es una subcultura importada, que surgió a mediados del siglo pasado.

 

En Uruguay los veganos no son un grupo homogéneo ni comparten una determinada estética

 

Quienes estudiaron a este grupo se interesaron en la "glocalización", es decir, cómo se dio el aterrizaje vegano en un país que hizo de la carne un sello de identidad.

 

El trabajo incluye testimonios de veganos que contaron cómo fue el choque con sus familias cuando decidieron cambiar sus prácticas alimentarias y de consumo.

 

Al principio el mote que les caía era el de "come yuyos", lo que llevó a reforzar su identidad buscando información que les permitiera explicarse.

 

Ante preguntas como si comen huevos, el vegano se diferencia del vegetariano, del ovolacto vegetariano, del frutívoro, etcétera, y avanza en aspectos ético filosóficos.

 

Para el vegano lo suyo es una cuestión de conciencia, no de dieta.

 

Su visión incluye un proyecto de sociedad anticonsumista y en armonía con la naturaleza.

 

Por eso se hermanan con grupos anticapitalistas globales.

 

Si bien en Uruguay no llegan a formar una agrupación política, actúan como grupo de presión para la aprobación de leyes (relacionadas a los derechos del consumidor) y hacen manifestaciones, como en setiembre de 2005, cuando un grupo vinculado a Anima Naturalis se exhibió desnudo en la plaza Cagancha, bajo la consigna "desnudos antes que usando pieles".

 

Brecha digital

Fuente: www.casauruguayenmadrid.com/Subculturas%20juveniles%20urbanas%20del%20Uruguay.doc

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