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No sé cómo se sentirá al ser vecinos de San Pedro, si, el que te abre las puertas del cielo, el que te indica que lo mas anhelado está muy cerca. Algo así, exagerando un poquito, os podéis sentir para los rocieros de Ronda.
Me explico, cuando llegamos a Coria del Rio comenzamos de verdad nuestro camino, dejamos los vehículos para andar tras nuestra carreta del Simpecado que instantes antes de cruzar el rio ya es tirada por bueyes. Como podéis imaginar, para los rondeños, es el inicio de lo más esperado durante un año, ya caminamos hacia ella, dejamos atrás las preocupaciones cotidianas y ya para nosotros, EL ROCIO. Para aumentar las sensaciones del camino los serranos cruzamos el gran rio en la barcaza, y desde ella vemos como dejamos atrás la frontera que separa lo humano y lo divino, lo artificial y lo verdadero, lo monótono y las emociones.
Coria es por tanto la reja de entrada al jardín de nuestra Señora, ese páramo lleno de caminos maravillosos y olores de plantas y árboles del paraíso rociero. Ya les digo que estoy exagerando, como buen andaluz, o no?, ¿no podemos sentir todo eso?, si cuando cada año se termina el ROCIO ya estamos tristes por que nos alejamos de la imagen de nuestra madre. Cada año que divisamos el rio y Coria sentimos que de nuevo estamos más cerca de Ella. Yo la tengo muy cerca cada día, intento que esté en mis actos y oraciones, como vosotros, pero es cuando hacemos el viaje para el encuentro cuando el alma se llena de sentimientos que nos alimentan para el resto del año. Esos sentimientos se inician en Coria, allí, tras cruzar en barcaza nos adentramos en sus calles, saludamos a sus vecinos, y como buenos hijos, nos llegamos a casa de la Madre, ella, brillando en lo más alto nos espera al final de calles estrechas, con sus hijos acompañándonos en la visita, y como en un día de fiesta su hermandad a la puerta de la Iglesia nos da la bienvenida.
El nerviosismo de esas emociones de inicio de camino que les conté ,se serena, entramos en el frescor de un templo que con colores ocres frena la luz del sol para que solo brille una Estrella.
Ante Ella nos postramos, le traemos saludos de nuestra Patrona, La Paz, y Paz y Estrella son ahora una, sus rostros se mezclan en nuestra mente y dan como resultado otra luz, la del Rocío. Es un momento de oración, de retratar con fe cada milímetro de su rostro, para no olvidarlo, para que sea el avituallamiento que necesitan los rocieros para aguantar el duro camino. Y le rezamos y cantamos, le pedimos que nos ayude y lo hacemos en otro sentimiento difícil de explicar, varios rostros, distintos nombres, son sólo una razón de vida. Paz, Estrella… Rocío, tres nombres, tres imágenes, tres razones para que la madre de Cristo nos llame con sólo una voz, esa que con los ecos de Paz, comienzan en Coria a sonar más fuerte. Y tras la visita de la Virgen de la Estrella, un camino corto nos separa de una plaza con nombre de Cielo, y en ella, el fulgor de una luz de estrellas, ese que refleja la carreta plateada que con las puertas abiertas de par en par nos espera un nuestro paseo por su ciudad, las medallas de Ronda se mezclan con las de los peregrinos de Coria, que en pocas horas, como nosotros, inician su camino.
Les confieso que me sobrecogen las diferencias, de lo pequeño y blanco de una carreta de madera, a lo enorme y plateado de la carreta plateada de Coria. Bendita diferencia, es lo que nos distingue a los rocieros, muchas formas, muchos colores y materiales, con un único fin, el amor a la Virgen.
Descansamos para tener fuerzas en el primer día de camino a pie, de una noche junto al río, con los rumores de parque y paseo de distinguido Samurái, despertamos con olor a pan recién hecho, por las ahora amplias calles, nos despedimos de Coria, un hasta luego sereno porque sabemos que cada vez que visitemos a nuestra Madre del Rocío, cruzamos en barcaza antes que en S30, porque así, aunque sea caminando por sus calles, esa Luz de Estrella nos iluminara hasta el próximo faro divino que encontramos en el camino rociero.
Lo dicho, felicidades, vecinos de la puerta de entrada al paraíso rociero, celebráis años de cruce de sentimientos hacia el Rocío, que cumpláis muchos más y ojala que podamos los de Ronda, estar en esos próximos cumpleaños.
Paco Mena.
¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCÍO! ¡VIVA LA BLANCA PALOMA! ¡VIVA LA REINA DE LAS MARISMAS! ¡VIVA LA HERMANDAD DE RONDA! ¡VIVA LA HERMANDAD DE CORIA! ¡Y QUE VIVA LA MADRE DE DIOS!
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