EL REINO DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
INTRODUCCIÓN
I.- CONNOTACIONES DEL TÉRMINO REINO DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
II.- EL REINO VISTO DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS COMO CREADOR.
2.1.- El reino de Dios en relación a la actitud del hombre en la creación
III. EL REINO DE DIOS EN ISRAEL
3.1.- El titulo de mélek en los textos antiguos
3.2.- Apreciación profética del reinado de Dios en Israel
3.3.- Enfoque de la literatura salomónica en cuanto al reinado de Dios en Israel
IV.- EL REINO DE DIOS EN TODA LA CREACIÓN
Introducción
El Reino de Dios en el Antiguo Testamento es uno de los temas no muy considerados por las comunidades evangélicas. Cuando se habla del tema muchos inician haciendo innumerables referencias a un reino a partir de la persona y obra de Cristo.
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. ¿Tendrá esto que ver con el reino de Dios en el Antiguo Testamento? De inicio tenemos que decir que el reino de Dios no está marcado por época o edades, el reino de Dios es único, con un solo fin, es incomparable y no está mediado por dispensaciones.
Considerando estas opiniones y más, nosotros iniciaremos el desarrollo del tema; el reino de Dios en el Antiguo Testamento, haciendo uso de algunas connotaciones bíblicas sobre el tema. Además, abordaremos el tema desde la perspectiva de Dios como creador, analizando así la actitud del hombre ante la actitud de Dios como creador y Rey.
I.- CONNOTACIONES DEL TÉRMINO REINO DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Concentrarnos en las connotaciones sobre el reino de Dios nos ayudará a entender aspectos básicos del tema, para ello tomaremos en cuenta, la declaración oficial sobre el reino de Dios adoptada el 4 de Agosto de 1989 por el presbiterio general del concilio general de las asambleas de Dios
“El reino del Señor” aparece una vez en el Antiguo Testamento: malkuth Yahvé (1 Crónicas 28:5). Obviamente el “reino” aparece muchas veces para significar un territorio o dominio aquí en la tierra. “Dominio” o “reinado” es a veces la traducción de la idea de la autoridad y el poder de Dios (1 Crónicas 17:14; 29:11; Salmos 22:28; 45:6; 66:7; 103:19; 145:11–13;)”. 1
Este es el concepto de Israel, un concepto que limita a Dios sólo a un territorio esto por cuanto el pueblo hebreo quiere ser igual a los otros pueblos, sien embargo no tardará mucho en que Dios les haga ver cual tiene que ser el concepto verdadero del Dios que les a guiado a través del desierto, y que les a prometido dar un nuevo territorio donde se estabilizarán como pueblo.
Por otra parte la declaración de las asambleas de Dios menciona;
“A través del Antiguo Testamento (pero especialmente en los Salmos y profetas) la idea de Dios como el Rey que gobierna sobre su Creación y sobre Israel se expresa claramente. Aunque el reino inmediato de Dios es evidente en el Antiguo Testamento, también hay un fuerte énfasis en el futuro cumplimiento del reino universal de Dios. Esta anticipación frecuentemente coincide con las expectaciones mesiánicas de la primera y la segunda venida (Isaías 9:6,7; 11:1–12; 24:21–23; 45:22–23; Zacarías 14:9). Daniel 4:34 describe el reino de Dios como “dominio...sempiterno” y un “reino por todas las edades”. 2
Notemos que esta declaración basada en diversos textos hace referencia a un reinado de Dios en toda la creación, pero más que eso nos acerca a la idea de un reinado universal en términos de una promesa (el Mesías) mesiánica.
En cuanto a las connotaciones del término reino de Dios también Maximiliano García Cordero dice lo siguiente:
“Uno de los nombres para designar al Dios del Antiguo Testamento es el de mélek o <<Rey>>. La raíz mlk designa primordialmente <<deliberar>>, y en sentido deliberados <<decir>>. En Canaán se deba a las divinidades el nombre de mélek, en el sentido de ser la fuente de todo gobierno, y entonces equivale al de árbitro”. 3
Partiendo de esta idea podemos decir que Israel caminaba bajo la influencia religiosa y política. Es decir, el término mélek, no tan solo se observa en relación al culto, sino también en relación a un monarca o caudillo que va delante de un pueblo.
Con respecto a lo antes mencionado Rudolf Schnackenburg dice:
El pensamiento del reino de Dios extiende sus raíces hasta lo más profundo del Antiguo Testamento. Rudolf Schnackenburg también dice de M. Buber: “La realización del reino universal de Dios es el próton y el escháton de Israel”; continuando Rudolf Schnackenburg con su propio pensamiento dice: aunque este modo de pensar es impugnado, claro está, por otros investigadores. La idea del reino de Yavé no es una expresión primitiva de la religión israelítica; ésta tiene otros medios de expresar su vinculación a Yavé y a la subordinación de toda la vida a El sometida, especialmente el pensamiento del pacto y de la elección. El titulo de realeza divina y su veneración cúltica como melek (rey) no puede demostrarse con seguridad haya existido antes de la época monárquica del estado: Yavé ha sido llamado rey más por una hipérbole hímnica de palabras sublimes que por una actitud basada en la fe. 4
Con ésta ultima apreciación, podemos comprender la diversidad de propuestas en cuanto a las connotaciones del término reino de Dios. Y creo que es permitido afirmar que para el pueblo Hebreo Dios como rey no es más que el guarda sus territorios, por supuesto ésta es totalmente un concepto equivocado.
II.- EL REINO VISTO DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS COMO CREADOR.
En esta parte del tema, pretendemos sólo hacer una referencia partiendo del mensaje que nos presenta el génesis en su narración de la creación. Sabemos que el génesis llegó a Israel en un momento crítico de su vida, pues estaban bajo un régimen extranjero.
En la primera parte del Génesis no se nos dice solamente que Dios creo todas las cosas. Lo que se nos revela ante todo es el reino de Dios. En este punto no podemos hablar todavía del reino como del reino de la gracia de Dios, porque como gracia generalmente nos referimos al favor al que hemos perdido todo derecho, es decir, al favor que consiste en el perdón de nuestros pecados. Por eso, para evitar una confusión, vamos hablar del reinado a favor de Dios.
El tema central de este capitulo es la institución del reino de Dios. En el ordenamiento de la tierra a lo largo de seis días, repetidas veces Dios crea lo superior a partir de lo inferior y somete estos a aquellos. Finalmente crea al hombre y lo hace rey. (Gén. 1:26-28).
2.1.- El reino de Dios en relación a la actitud del hombre en la creación
Con la creación de aquel que habría de ser rey sobre la tierra, Dios alcanza la culminación de su obra. Podemos percibir algo de su regocijo cuando dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y “señoree”…” Estas palabras nos dan la impresión de que Dios está diciendo: “Ahora hagamos al hombre. Ahora estamos llegando al clímax de nuestra obra”.
Al contar la historia de esta manera no debemos glorificar al hombre por lo que es en sí. Fue Dios quien hizo al hombre. Además, Dios hizo al hombre a su propia imagen para que tuviera la capacidad de ejercer dominio. El hombre sigue dependiendo de Dios en todo, y en todo debe servirle, por eso, el reino de Dios puede ser descrito como el reino en el cual todas las cosas han sido sujetas al hombre, en tanto que el hombre sigue sujeto, en obediencia voluntaria a Dios.
Por tanto, no es suficiente decir a los niños que el mundo fue creado por Dios. Ellos deben aprender más que eso. Si el corazón de un niño ha sido tocado por el Espíritu del Señor, también anhelará aprender más; anhelará oír de Dios viviendo en constante comunión con la totalidad de la creación. Esa comunión existía en el reino de Dios. El hombre servía a Dios ejerciendo su dominio.
Como señal de dicha comunión en su reino, Dios dio al hombre el día de descanso. En el primer capitulo de Génesis leemos repetidas veces que Dios vio todo cuanto había hecho, considerándolo bueno, además este capitulo nos dice que el agrado de Dios abarcaba la totalidad de su creación. En Génesis 2, que continúa la narración, leemos acerca del sábado. Dios bendijo y santificó ese día de descanso, y a través de él Dios bendijo y santificó todo cuanto había hecho. Dios se dio así mismo al mundo para que sirviese a su gloria. La serenidad que Dios concedió a su reino alcanzó especial expresión en el día de descanso.
Por eso, el tema central de esta sección es la institución del reino de Dios. El contexto que rodea y sustenta este tema central es la revelación de que todas las cosas son de Dios, por Dios y para Dios. Esto es exactamente por qué Dios pudo instituir su reino perfecto. El hombre como rey, había de dirigir todas las cosas hacia Dios, esto es, a su gloria. El hombre podía hacerlo solamente porque todas las cosas, incluyéndolo a él mismo, son de Dios y por Dios.
“Hay otra cosa que no podemos pasar por alto: Dios se agrada directamente de las obras de sus manos, porque su gloria se refleja en ellas. Hay tantas cosas que el ojo humano no ha visto, cosas por las que el hombre no ha glorificado a Dios. No obstante, dichas cosas también existen para glorificar a Dios. Las cosas que Dios ha creado son sencillamente demasiado maravillosas y profundas para ser totalmente comprendidas por la mente del hombre. También hemos de acordarnos de hablar del placer directo que Dios tienen la gloria de aquellas obras de creación”.5
Dios quería mostrar a Israel lo especial que ellos eran, pero también lo importante que resulta la actitud del hombre ante Dios como crador
III. EL REINO DE DIOS EN ISRAEL
La idea de Dios en Israel primero está vinculada a la de caudillo <<salvador>>, que libertó a las tribus de Egipto después de haber elegido a los patriarcas, para hacerlas nacer en un sentido de solidaridad colectiva con el destino concreto de hacerlas entrar en posesión de la tierra de Canaán. Yahvéh tiene desde entonces una especie de supremacía sobre Israel, a base de un derecho de conquista: <<Yo soy Yahvé, tu Dios, que te saque de la tierra de Egipto>> y en calidad de tal toma la iniciativa para sellar una alianza con unas cláusulas concretas obligatorias, que vienen a resumirse en el decálogo y en otras leyes completamente de tipo religioso, social y ritual. Así, la sociedad israelita empieza a organizarse con conciencia de vinculación a un ser superior que le ha manifestado con gestas salvadoras, y que por otra parte, se muestra <<celoso>> de su culto al no admitir la competencia de dioses extraños. Dada esta concepción cerrada teocrática, todas la leyes que impone Moisés emanan directamente de Yahvé, quien se manifiesta en la <<tienda de reunión>> para tratar la problemática de la organización de la vida completamente en el desierto. Por otra parte, no abandona su papel de guía en los desplazamientos del pueblo por la estepa.
3.1.- El titulo de mélek en los textos antiguos
Aunque el titulo de mélek o <<rey>> en sentido de soberano omnímodo y absolutista no aparece aplicado a Yahvé hasta los tiempos de la monarquía israelita, sin embargo, ya en los textos antiguos aparece como caudillo guerrero que ha salvado a su pueblo. En los tiempos de los jueces, Gedeón rehúsa el término de mélek porque cree que el único que merece tal nombre es el Dios de las tribus de Israel. La institución monárquica surgió en Israel como efecto de una presión de circunstancias, pues ante el empuje de los filisteos se vio la necesidad de centralizar el poder y buscar a un representante único de las tribus que saliera al frente de ellas para defender su territorio, como lo hacían los <<reyes>> de los otros pueblos. Las funciones regias en Mesopotamia eran múltiples: honrar a los dioses, defender al pueblo contra los invasores y enemigos, imponer una situación de justicia en la vida social y ensanchar las fronteras territorialmente. El <<rey>> o patesi era en realidad un lugarteniente o <<doble>> de la divinidad en medio de sus adoradores.
Los ammonitas daban a sus dioses el titulo de Milkom (de la raíz mélek), y los fenicios hablaban de Melk-art, o <<rey de la ciudad>>. Esta moda pasó también Israel cuando David encarnó la monarquía triunfante. Al centralizarse los israelitas, poco a poco fueron asimilando los nuevos sistemas de régimen centralista con todos los inconvenientes que lleva para el alma nómada que ama la libertad y la autonomía. Sólo la necesidad de fusionar los esfuerzos de todos ante el peligro de la expansión filistea condujo a la práctica de abandonar el régimen cantonal de la <<judicatura>> para imponer el de la <<realeza>>. Por eso, el primer rey, Saúl, tiene el carácter de caudillo guerrero <<salvador>> de su pueblo, como lo habían sido los antiguos shofitim, pero con más poderes sobre las otras tribus. Como primera reacción ante el nombramiento inesperado del rudo y desconocido hijo de Cis, las gentes exclamaban: << ¿Es éste el que nos va a salvar?>>
Al organizarse la realeza al estilo de las cortes orientales en tiempos de David, y sobre todo el megalómano Salomón-construcción del palacio real y del templo, que sustituye a la antigua y sencilla tienda-, se traslada al campo religioso de la nación de Yahvé como Rey esplendoroso y temible. Isaías destaca esta impresión de Yahvé sentado en su trono en el templo, <<alto y sublime y sus haldas henchían el templo>>. . A su lado hay un coro de serafines que, en estilo áulico, cantan las excelencias del Dios de Israel: <<santo, santo, santo, Yahvé tsebá’ót. Llena está la tierra de su gloria>>. No cabe una concepción más triunfalista de la religión. Aquel Dios que prefería evitar en una tienda ambulante de nómadas, ahora esta vinculado a un lugar, dentro de un templo esplendoroso, con su corte celestial. El texto isaiano no tiene todavía alusiones escatológicas, ni habla del dominio imperialista sobre otros pueblos, sino únicamente del señorío de Yahvé, que, con su gloria-manifestación radiante de su santidad-, llena toda la tierra. Con todo, generalmente los profetas evitan dar el titulo de mélek a Yahvé, porque recordaban al Molok o Molek de origen cananeo al que se sacrifican niños.
Ahora bien, ante las infidelidades de los reyes de Israel a las cláusulas de la alianza que significaba la sumisión oficial a Yahvé, los profetas empiezan a soñar en una realeza superior que sólo es propia del Dios de Israel, e incluso al hablar del pasado traducen el señorío de Yahvé en términos de realeza. Así, en el plan de victoria puesto en boca de Moisés después del paso del mar rojo, se narran las proezas de Yahvé en beneficio de Israel hasta instalarlo en la tierra prometida, y se termina con esta exclamación solemne y triunfalista: <<le introdujiste y le plantaste en el monte de tu heredad; en el lugar que has hecho para tu residencia; en el santuario que fundaron tus manos. ¡Yahvé reinará por siempre jamás!>>aquí encontramos el eco litúrgico de las funciones solemnes en el templo cuando se conmemoraban las antiguas gestas de Yahvé a la luz de la nueva concepción de la realeza del Dios de Israel.
Incluso este tono triunfalista regio se aplica a la <<heredad>> de Yahvé, al que enfáticamente se le describe como <<reino sacerdotal y nación santa>>. Las dos grandes prerrogativas-la regia y la sacerdotal-se trasladan a la comunidad teocrática de la alianza en un afán de ensalzarla, considerándola como superior a todos los pueblos. Incluso el trono de los reyes de Israel es, en realidad, de Yahvé, del que aquellos son sus meros representantes. Así David, antes de morir, declara: <<Yahvé ha elegido a mi hijo Salomón para sentarse sobre el trono real de Yahvé sobre Israel>>. Yahvé es el rey en el presente, pero también lo fue en el pasado y lo será en el futuro. Las etapas históricas del pueblo elegido se trasponen a la luz del concepto de realeza de Yahvé. Sus raíces se afincan ya en el pasado. Así, se pone en boca del adivino Balaam estas palabras: <<Yahvé, su Dios, está con él (Israel), Rey aclamado es en medio de él>>. Y en el cantico de Moisés se dice: <<Yahvé hízose el Rey de Yeshurún>> o de Israel.
3.2.- Apreciación profética del reinado de Dios en Israel
Miqueas anuncia la vuelta de la cautividad, y después de declarar que Yahvé recogerá a la oveja perniquebrada y descarriada, añade: <<de la coja yo haré un resto, y de la descarriada haré un pueblo poderoso, y Yahvé reinará sobre ellos en el monte de Sión, desde ahora y para siempre>>. Es lo que proclama Ezequiel después de ver desaparecer la institución real con la destrucción de la nación: <<con mano fuerte y brazo extendido yo reinaré sobre vosotros>>.
El Deutero-Isaías se mueve en la misma perspectiva, y habla del <<Rey de Jacob>> que mantiene sus derechos de soberanía, fundados en su poder de <<creador de Israel>>. Como salvador, en el futuro <<reinará>> en la nueva teocracia de los repatriados. Su <<reinado>> va unido a su obra de <<salvación>>, como antes había liberado a las tribus de la opresión faraónica. En Is. 33,22 se declara enfáticamente: <<Porque Yahvé es nuestro Juez. Yahvé es nuestro Jefe. Yahvé es nuestro Rey. El nos salva>>. En el fragmento apocalíptico de Is. 24, 23, después de describir la desolación general por efecto de la intervención de la justicia primitiva, con implicaciones cósmicas, se declara: <<Yahvé tsebá’ot reinará en el monte de Sión>>. La perspectiva es netamente escatológica, ya que el reinado de Dios sucede a la desaparición del mundo actual, como se hará en los fragmentos apocalípticos de los tiempos postexílicos. A este propósito dice Lagrange: <<Este texto marca el apogeo del reino de Dios tal como es comprendido en el Antiguo Testamento.
Los últimos capítulos de Zacarías son netamente escatológicos, y en ellos se habla de un combate de Yahvé contra todos los enemigos de su pueblo; al fin <<Yahvé será Rey sobre todo el país>>. Finalmente en Abdías 21 se menciona el término reino aplicado al poder regio de Dios, y es el único caso en toda la literatura profética: <<El reino permanecerá a Yahvé>>. La influencia terminológica de la dominación persa deja huella en los textos bíblicos. Así, proclama Yahvé por Malaquías: <<Yo soy un gran Rey (el <<rey de reyes>> de los persas)…, mi nombre es temido por todos los pueblos>>. La perspectiva se abre hacia la diáspora, y el dominio de llave se extiende a todas las gentes.
3.3.- Enfoque de la literatura salomónica en cuanto al reinado de Dios en Israel
En la literatura salomónica se perfila todo un género literario en torno a Yahvé como Rey de Israel y de las naciones. Aparte de los salmos 2 y 110, donde se habla de un gobierno de Yahvé delegado en un lugarteniente, al que se le saluda como Mesías con carácter de <<rey constituido sobre Sión>>, que rige a los pueblos <<con cetro de hierro>> (2, 6.9), hay otra serie de salmos en los que se canta en <<reinado>> de Yahvé sobre las gentes y sobre su pueblo.
“El salmista resume sus ansias de entronización real de Yahvé sobre todos en el grito de victoria de <<Yahvé reina>> (66. 10). <<Yahvé viene a juzgar la tierra, y regirá el orbe con justicia y a los pueblos con equidad>> (v. 13). Ante la trágica perspectiva de la dominación persa prolongada, los yahvistas sueñan en un <<reinado>> de Yahvé para implantar la equidad y la justicia en la vida social no sólo de Israel, sino de todos los pueblos. Incluso en poder regio de Yahvé se manifiesta sobre la creación toda: <<Yahvé reina>> (97, 1) <<Los cielos anuncian su justicia y todos los pueblos ven su gloria>>. Porque Yahvé es <<el Rey poderoso que ama la justicia>> 99, 4), que debe brillar sobre todo Israel.” 6
IV.- EL REINO DE DIOS EN TODA LA CREACIÓN
El monoteísmo hebraico, en su formación neta, se fue perfilando justamente en relación con las pretensiones de un imperialismo religioso impuesto por los invasores asirios. Los dioses de los vencedores se ponían de moda en los lugares de culto conquistado, incluso en el templo de Jerusalén, en los tiempos de Acaz y de los otros reyes de Judá, que imitaban las modas religiosas del pueblo conquistador.
Los profetas son los protagonistas de este movimiento de reacción, proclamando el universalismo de Yahvé, que domina no sólo en Israel, sino en todos los pueblos, ya que castiga a los edomitas, ammonitas, moabitas, sirios y filisteos por sus crímenes, y utiliza a los invasores como <<vara de furor>> para castigar las infidelidades de Israel. Pero al fin dará de beber el cáliz de su ira a los invasores, que se han sobre pasado en el papel de instrumento de justicia punitiva.
Por otra parte, la experiencia de cautividad ha servido para que el Dios de Israel se diera a conocer en otros pueblos; y así surge una literatura de pro-hebreo toma pie del fenómeno sobrecogedor de una tormenta con sus rayos y truenos para cantar el poder y la gloria del Rey de las fuerzas cósmicas, que al mismo tiempo derrota a los enemigos del pueblo elegido. Para el, las manifestaciones de la historia y las de la naturaleza van unidas, porque Yahvé lleva las riendas, como supremo rey, de las manifestaciones del curso de los acontecimientos y de la naturaleza, que se asocia a su glorificación como cortejo de honor, porque <<de Yahvé es la tierra y cuanto la llena, el orbe de la tierra y cuantos la habita>>, y está en los cielos, en su alcázar santo, donde tiene su trono: <<cabalga sobre los cielos de los cielos eternos>>; <<suyo es el mar, pues él lo hizo; suya la tierra, formada por sus manos>>. Todas las cosas le pertenecen, como supremo hacedor de los seres: <<mías son las fieras de los bosques y los miles de animales del campo>>. Hasta el mismo océano –símbolo de las fuerzas turbulentas y caóticas que resisten al orden-le está sometido: <<tu dominas la soberbia del mar; cuando se embravecen sus olas, tú las contienes. Tuyos son los cielos y la tierra. Por eso toda la creación es como una gran sinfonía que canta la gloria de Dios.
En Job 26, 5 se describe poéticamente el origen del cosmos: <<Dios tendió el septentrión sobre la nada; el colgó la tierra sobre el vacío…trazó en derredor los mares un círculo hasta el confín entre la luz y las tinieblas. Las columnas del cielo tiemblan y se estremecen a una amenaza suya... A su soplo centellean los cielos, y su mano dirige la serpiente tortuosa. Y esto no es sino el orden la orla de sus obras>>.
“En todas estas composiciones poéticas se juzga constantemente con dos ideas al localizar a Yahvé: tan pronto se le presenta como residiendo de modo permanente en la cima de los cielos como morando en el templo de Jerusalén para simbolizar su presencia y ayuda al pueblo elegido. Es siempre la tensión teológica entre Dios trascendente lejano y el Dios presente, familiar y cercano, que encontramos en los textos bíblicos. Se trata de salvar la trascendencia divina (por eso se prohíbe representarlo bajo formas sensibles), y al mismo tiempo no se le quiere desconectar de la historia de Israel, puesto que es el <<santo de Israel>>, como enfáticamente declara el profeta Isaías.” 7
Creo que ya para terminar, es necesario destacar que el reinado de Dios jamás podrá ser reducido a un solo pueblo, a una sólo nación o religión alguna. Creo que tenemos que madurar nuestro concepto de Dios como rey esto ayudará a debilitar algunos de los inútiles choques políticos y religiosos.
El reino de Dios siempre ha estado entre los hombres, primero porque Dios es el Rey de reyes y Señor de señores. Lo que quiero decir con esto es que Dios interviene en todas y deferentes épocas de la historia humana. Esto es una realidad muy marcada, lo que no es una realidad marcada es el hecho de que los seres humanos reconozcan a Dios como Rey.
Por otra parte podemos hacernos la interrogante, ¿Cuál es la primera idea que salta a nuestra mente cuando escuchamos la palabra rey? posiblemente; imperio, tiranía, opresión, entre otras cosas. Pero casi nunca pasa por nuestra mente la idea de; cuidado, providencia, dirección, preservación. etc. Esto porque se pretende describir el reino de Dios como el reino de los hombres.
El reino de Dios es incomparable, porque es un reino para nosotros y en nosotros. Además Dios nos ha dado la oportunidad de ser virrey en su reinado haciéndonos al mismo tiempo responsable por nuestro don. Dios quiere que la oportunidad y capacidad que tenemos para servirle en el cosmos la aclaremos en Cristo para poder así elevar gloria a su nombre que resulte de esa actitud nuestra en reconocimiento a su reinado.
Si el reino de Dios siempre ha estado entre nosotros es porque Dios nunca ha dejado de dirigir bendiciones que hacen especial a un pueblo, y por otra parte el carácter de Dios como un Rey sempiterno es porque nada ha estado fuera del dominio de Dios.
Al reinado de Dios en el Antiguo Testamento puede vérsele un carácter más externo que interno. Por lo mismo las bendiciones de ese reinado en los pueblos son más externas que internas. De allí que nos encontramos anunciando al evangelista un reino que se ha acercado el cual demanda arrepentimiento para perdón de pecados, pero con tonos más internos, en el sentido de que ya no es un cambio de actitud sino un cambio de vida. Y todo esto puede lograse sólo por obra de Dios mediante el sacrificio perfecto de Cristo.
BIBLIOGRAFIA
1. El reino de Dios como está descrito en las Santas Escrituras
Declaración oficial sobre el reino de Dios fue adoptada el 4 de agosto del 1989 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios. Pág. 1