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El ordenanza del Ordenanza

 

Sátira política desde una crispada indignación

 

Nuestro genial escritor Wenceslao Fernández Flores, que no por sus veleidades con el régimen franquista dejó de serlo (lo de genial, claro), narraba en su obra El secreto de Barba Azul un suculento episodio novelesco acerca del supuesto robo de una gallina en las inmediaciones de un desfile, con el consiguiente apresamiento y juicio al ladrón y los miles de testigos, en pro y en contra, que fueron llamados a declarar ante un tribunal por semejante hurto. Para el erario público fue tan costoso sustanciar el robo de aquella gallina que con el importe del mismo se podrían haber adquirido un millón de avestruces. Evidentemente la historieta es una simple y humorística sátira hacia los sistemas procesales de la época, puestos en cuestión por este novelista, al que siempre he considerado brillante pese a sus  filias o fobias políticas, como dije antes.

 

Hoy, en España, ocurre exactamente igual o en parecidos términos. En este caso no se trata del ámbito judicial, que precisa un laborioso reajuste en su aparato o una especie de severa ITV para mejorar su funcionamiento: me refiero al llamado Estado de las Autonomías, un invento netamente español que podríamos situar entre una cierta y burda descentralización y un Estado federal  republicano; o lo que sería igual: un entre “ni Pinto ni Valdemoro”. Pero como “Spain ist diferent” teníamos que dar la nota y, en este caso como hemos visto, la mala nota. Diecisiete autonomías, nos guste reconocerlo o no, son 17 “Taifas”, 17 mini Estados, 17 voraces pirañas que han multiplicado hasta límites insostenibles una descomunal máquina burocrática que se está tragando literalmente al país entero, sus recursos y sus posibilidades. Tenemos dos Cámaras legislativas (la Alta y la Baja) con tantos o más diputados y senadores que los Estados Unidos de América, con la única diferencia que este país casi nos sextuplica en población. A todo este aparato estatal debemos añadir también, a escala autonómica y municipal, una verdadera legión de directores generales, secretarios, subsecretarios, vicesecretarios, consejeros, viceconsejeros, secretarios de consejeros, ayudantes, asesores, secretarios de asesores, chóferes, guardaespaldas (o guardabolsillos), consultores, alcaldes de todas las categorías, credos y confesiones, concejales, asistentes de concejales, secretarios municipales, y un largísimo etcétera, más su correspondiente funcionariado de base, de lo más variopinto ¿Y qué decir del número de Ayuntamientos? Aquí los tenemos, incluso, en poblaciones con menos de 1000 habitantes y a escasamente un kilómetro de distancia entre ellas. Todo este descomunal aparato B (B de burocracia y B de burrada) no hay nación que lo resista. Es una situación viciada que en tiempos de crisis se vuelve no solo asfixiante, sino letal como se ha demostrado ya suficientemente.

 

Antonio Machado, en unas fechas trágicas de nuestra historia, dijo aquello de “españolito que vienes al mundo, te libre Dios…” Hoy, sin llegar al dramatismo que inspiró aquella terrible advertencia, podríamos decir lo mismo aunque por una causa bien distinta. Los nuevos españolitos que vengan al mundo, según sean hijos de... o nietos de...  posiblemente traigan un pan bajo el brazo, sin embargo lo realmente incuestionable y de lo que no se librarán es de una deuda ya contraída que fácilmente puede dilatarse por varias generaciones más, aunque siempre la soportarán los de siempre. España, el país entero, necesita una auténtica catarsis, un “corte” con un cuchillo tan afilado que su sola mirada dañe a los ojos. Pero ¿quién ha de poner el cascabel al gato? ¿quién ha de reducir las poltronas a simples astillas? ¿quién ha de rasurar sin piedad las prebendas? ¿quién ha de cercenar severamente las manos que entran escuálidas al cajón y salen preñadas de billetes? ¿Quién acabará con las subvenciones a las hijísimas, sobrinísimos, nietísimos o amiguísimas? ¿quién acotará las opíparas cenas y banquetes con sus orondos comensales adheridos? ¿y los gastos extras en “farlopa” o putiferios de toda clase y categoría? ¿Y el corralito financiero? ¿las pensiones millonarias de por vida?... ¡Ah, esa es otra cuestión muy diferente! A ese toro no hay nadie con dos cojones bien puestos que sea capaz de lidiarlo. Ni la Derecha, ni el Centro, ni la Izquierda…A ninguno le interesa acabar con esta situación, porque nadie de la casta político-gobernante-advenediza suele tirar piedras a su propio tejado. Y el tejado, les recuerdo, es igual de sustancioso para ellos. Los discursos y los modos estarán enfrentados, pero la gloriosa UNIDAD DE DESTINO es la misma para todos, pues no en vano las ideologías tienen un tope: el estómago o el bolsillo. Y de ahí no pasa ninguna porque nadie es capaz de renunciar a un buen maletín lleno de los de a 500 o una buena mariscada, generosamente regada con Ribeiro y pagada, además, con dinero público. Tampoco mamar de las ubres del papá Estado, aun que estén ya macilentas de tanto mamoneo ¡Todo esto debe saber a gloria pura! ¿O no?

 

Así, pues, visto que a este país no hay dios que lo arregle; visto y comprobado que los ricos y poderosos lo serán cada día más, que los adictos al poder y al cargo se asirán a él como a un clavo ardiendo, que siempre los desgraciados serán los mismos, que ninguna Indignación –desgraciadamente- se va a convertir en Revolución, que nos seguiremos desfogando y salvando al mundo solo desde la barra de cualquier taberna… Visto el panorama y personalmente desalentado ya de la redención, he decidido intentar optar al cargo de ser ordenanza del señor Ordenanza.

 

(A ver si así, con alguna migaja del pastel, puedo medrar y subsistir, aunque sea con la paupérrima levedad de un simple y común proletario)

 

(Don Sátiro)


CRUCEROS DE LUJO POR EL MEDITERRÁNEO Y ALGUNAS CONSIDERACIONES ÉTICAS 

 

Recientemente el buque italiano “Costa Concordia” ha sufrido un accidente marítimo al encallar cerca de la isla Giglio, en la zona de Toscana, Italia. El resultado del suceso arroja una cifra de 3 muertos, 30 heridos y 40 personas desaparecidas, muchas de las cuales lamentablemente también pueden haber perecido. Las agencias de noticias indican que una roca de considerables dimensiones rasgó el casco del buque (un caso similar al del famoso Titanic, sin embargo en aquella ocasión fue un témpano de hielo a la deriva) haciéndole escorar a babor. Otras fuentes aseguran que esa roca no estaba señalada en las cartas marítimas de navegación, lo que supone una gravísima negligencia por parte de los cartógrafos del servicio marítimo correspondiente. Así como también es una negligencia, en este caso criminal, la actitud del capitán Francesco Schettino quien al parecer se puso a salvo antes de que el último de los pasajeros o tripulantes abandonaran el barco. Es evidente que aquello de “el capitán es el último que abandona” ha quedado seriamente en entredicho. Independientemente de este desgraciado episodio y del lamentable resultado de muertos, heridos o desaparecidos, el hecho en sí –un crucero de placer por el Mediterráneo- plantea otras cuestiones marginales que no pueden pasar desapercibidas.

 

Estamos sufriendo una de las peores crisis económicas que se recuerdan en la Historia moderna, hasta el extremo de que el llamado crack del 29 parece una simple anécdota junto a la situación que viven millones de personas, especialmente en la Europa del sur, en estos momentos. Imaginar este crucero de placer, en una época del año alejada de grandes eventos festivos o períodos vacacionales, no deja de causar cierta perplejidad. Y esto nos viene a demostrar que se están instalando en el seno de las sociedades modernas dos estratos que poco a poco van siendo cada vez más antagonistas: quienes lo tienen todo y quienes no tienen nada. La brecha que se está abriendo entre estas capas es cada vez más amplia. Y lo peor de todo es que el espacio vacío que ocupa esa brecha, debería ser rellenado por una clase media que hoy está siendo, a medida que avanza la crisis, cada vez más inexistente y fragmentaria. La clase media, tradicionalmente, ha sido el amortiguador que ha evitado fricciones entre un proletariado, desheredado del más mínimo bienestar, y una clase cada vez más rica y dominante, que nada en la abundancia. El peligro de que retrocedamos a ciertos y peligrosos antagonismos cada vez es mayor. Lo estamos viendo y viviendo día a día. Hay muchas personas de clase media que por efectos de la crisis se han visto abocadas a la más cruda penuria, mientras que otras aumentan su fortuna y elevan su status social hasta límites escandalosos. Este es el mejor caldo de cultivo para que comience a incubarse una auténtica REVOLUCIÓN y quienes no lo crean, que repasen la Historia. Los grandes traumas revolucionarios nunca surgieron por los grandes quebrantos de orden político, nacional o religioso, sino por las pequeñas incomodidades de la vida diaria: el paro, la miseria, la indigencia, la desesperanza… De aquellos polvos, vinieron después los grandes lodazales que sacudieron las raíces de la sociedad y del Estado mismo. Y sería muy conveniente escarbar en la memoria. Porque cuando se ignora el pasado, lamentablemente, hay que volver a revivirlo de nuevo. En este sentido gobernantes, políticos, partidos, sindicatos y otras organizaciones afines tienen el ineludible deber de poner coto al nuevo desenfreno y reconducir la situación. El ejemplo del “Costa Concordia”, pese a la gravedad del triste evento, puede y debe ser un aldabonazo simbólico a la responsabilidad de todos, porque una sociedad entera, en un momento determinado, puede escorarse de manera irreversible hacia un punto de no retorno. No lo olvidemos nunca.

 

ÍCARO

 


LOS NAVAJEROS DE LA POLÍTICA

EN MEDIO DE UN INSOPORTABLE TUFO A TRIFULCA BARRIOBAJERA Y RAMPLONA, NUESTROS ÍNCLITOS POLÍTICOS (Y POLITICASTROS) ECHARÁN MANO A LA “CACHARRA” CADA TRES POR DOS

Cuando se acercan elecciones  ya sean generales, autonómicas o municipales, o varias juntas a la vez, un espectáculo barriobajero y deprimente se suele producir en el conjunto de España o en cada uno de esos 17 “Taifas” en que hemos fragmentado lo que antiguamente fue una Nación. La llamada a elecciones y su cercanía produce automáticamente en la casta política un efecto de transfiguración vampiresca. Ya no valen los modos “normales” de enfrentamiento ideológico, sino el navajeo inmisericorde de los politicastros de siempre y sus adláteres o cipayos, sobradamente curtidos en esta lid cainista, practicada desde tiempos inmemoriales.

Nadie lo dice alto y claro, nadie lo proclama o airea con la contundencia semántica de nuestro lenguaje, pero TODOS siguen acariciando íntimamente y creyendo viable aquella terrible frase atribuida por muchos a  Ángel Ganivet, quien presumiblemente decía que los problemas de este país tendrían solución “…echando medio millón de españoles a los lobos”, aunque quizá muchos piensen que por cuestiones meramente demográficas, esa cifra debería aumentarse y rondar el millón o quizá superarlo.  Antes se mataba por pura ideología y en el sentido literal de la palabra puesto que el cuartelazo, las barricadas o el guerracivilismo eran prácticas habituales y expeditivas para alcanzar el poder absoluto. Hoy no, hoy hemos refinado los métodos, pero el resultado que se pretende es el mismo: borrar del mapa al adversario por lo que con suficiente razón aún podríamos preguntarnos en voz alta ¿Y a qué hueles tú, España, cuando no hueles a muerto? 

La política puede tener sus grandezas, es indudable, pero va demasiado estofada de miserias y, por supuesto, huérfana del espíritu noble que un día pretendieron darle Cánovas y Sagasta, aquellos políticos que pese a sus muchas flaquezas intentaron poner en marcha una praxis política que fuera capaz de impedir el navajazo a la vuelta de la esquina o el pistolerismo más descarnado. La campaña electoral que se avecina (a decir verdad, ya está en marcha desde hace mucho tiempo) volverá a sacar de sus lúgubres armarios toda la clásica retahíla de improperios, macerados por el odio. Si todo se dirimiera entre propuestas inteligentes y feroces agravios, éstos últimos tendrían de antemano ganada la batalla. Pero no esperemos milagros; la campaña electoral que se avecina no va a ser un abanico de propuestas sensatas para devolver  la esperanza a un pueblo cada vez más oprimido y servil.  La incruenta guerra que se avecina será más un escandaloso concurso donde será valorado el insulto más descarnado y sutil, el hachazo más contundente, la verborrea más agresiva y, en definitiva, el navajazo más lacerante. Y como es lógico cambiará todo, para que todo siga igual. Serán distintos decretos, con el mismo espíritu; serán idénticos perros, con collares diferentes; habrá distintas manos que entrarán en los cajones, pero seguirán entrando y habrá el mismo saqueo y los mismos enriquecimientos. Girará el bastón, pero el pueblo quedará en el mismo sitio: los de abajo volverán arriba y los altos caerán abajo. Este será indudablemente el resultado final de todo. La noche en que unos celebren su victoria y otros se vayan a rumiar su fracaso, el pueblo inerme, engañado, vilipendiado, instrumentalizado e hipnotizado por las apariencias retornará a su miseria de siempre, a su indigencia de siempre, a sus problemas de siempre. Cambiará indudablemente la letra de la canción, pero no le quepa a nadie la más mínima duda que la música será la misma.

M.J.Schneider


POLÍTICOS Y CAJAS DE AHORRO: UN MARIDAJE DEMASIADO PROCLIVE A LA CORRUPCIÓN, FRENTE A UN REDIL DE SUMISAS OVEJAS

El reciente caso de la exdirectora de la CAM, Maria Dolores Amorós, investigada por la Fiscalía ante la evidencia de presuntas prácticas delictivas, ha venido a confirmar algo que el ciudadano medio venía intuyendo desde hace tiempo: demasiados trapos sucios y corruptelas en una institución que debería ser modélica por su cercanía al pueblo. Las Cajas de Ahorros (llámense como se llamen, sean de donde sean) nacieron ya viciadas, cuando sus derroteros iban a ser determinados por la casta más infame que hoy existe en nuestro país: los políticos de profesión, esos quienes se lucran y especulan con la tristeza, la necesidad o el dolor del pueblo.

Estos “minibancos” donde el ciudadano de a pie deposita sus nóminas y los pensionistas guardan sus ahorros de toda una vida, que presumiblemente iban a alentar al pequeño comerciante y revitalizar la actividad pequeño-empresarial, que harían posible el acceso al crédito para la propia vivienda en caso de verdadera necesidad y promover un sector importante de la economía minorista, cambiaron radicalmente con el paso de los años hasta convertirse en pirañas devoradoras de recursos y un inagotable manantial de capitales para favorecer, cuando no estimular todas las corruptelas posibles. Y siempre bajo la aquiescencia del político de turno, llámese rojo o llámese azul, que en esto todos son iguales. Las Cajas de Ahorro comenzaron a jugar con cerillas, hasta terminar blandiendo feroces luminarias que finalmente las han incendiado a todas, o a casi todas.

Pero este es un país en el que nadie aprende de sus propios errores y por lo tanto un mínimo problema, de fácil solución en sus inicios, acaba por convertirse en un gigantesco  Frankestein  que nadie es capaz de controlar. Y esto es, exactamente, lo que ha pasado. Cuando se produjo la fiebre del ladrillo, esa aberración que todos sabíamos reventaría pronto como una bomba, las Cajas se apuntaron al aquelarre especulativo, se colocaron todas en primera línea y dieron créditos a mansalva. Y no solo los dieron, sino que los estimularon.  No importa que el futuro acreedor fuera un insolvente o que careciese de bienes o que tuviera un trabajo precario. ¡Se llegaron a dar créditos, incluso, a inmigrantes con el solo aval de presentar un resguardo de haber enviado a su país 200 €uros…! Y mientras tanto directivos como la señora Amorós, con la aquiescencia del compadre político de turno, se marcaron sus propios emolumentos: cientos de millones de las antiguas pesetas al año, y asegurándose también pensiones de lujo y por supuesto revisables siempre al alza. Y pasó justo lo que era previsible esperar: el crack, la debacle, la ruina y la más espantosa crisis que hemos vivido en España desde hace muchas décadas. Ahora el Banco de España, que también tiene su cuota de responsabilidad por dejación de su cometido, debe sanearlas ¿Y con qué recursos…? Con el dinero de toda la nación, es decir, con el sudor de generaciones enteras de españoles que siempre suelen ser las capas inferiores de la sociedad, los más inocentes y desprotegidos. Un hecho que solo podría tener parangón con la enajenación de las reservas de oro enviadas a Moscú, durante la guerra civil. Esta despreciable casta política hará como la fábula de lazorra, despiojándose en el río a base de hojas de parra secas: nosotros, el pueblo, somos las hojas resecas donde irán a parar todos los piojos mientras ellos quedarán limpios. Y al final todo seguirá igual: los culpables serán declarados inocentes, verán de nuevo rellenas sus arcas, restaurado su prestigio, recompensados sus delitos que no castigados y vuelta a empezar. ¿El pueblo? También, como siempre, pagará un alto precio y disfrutará como propia la ruina ajena que otros le brindaron; cientos de miles de familias en el paro, abocadas a todas las pobrezas y a todas las miserias; ancianos que vivirán con amargura los últimos años de su vida, repartiendo la exigua pensión para tapar el hambre de hijos y nietos; jóvenes sin presente ni futuro con el drama de la emigración como última salida. Aunque pensándolo bien, meditándolo bien, es el justo y merecido precio que hemos de pagar por nuestra cobardía y dejadez, por nuestra indolencia y  sumisión, por no saber arrancarnos la piel de cordero y alzándonos como  bravíos leones limpiar a zarpazos toda la podredumbre de la casta dominante….aunque para eso haya que ir, resueltamente,  a una AUTÉNTICA REVOLUCIÓN.

P.M.



Reflexión ante la visita del Papa

 

 

Leído en la Biblia:

 

Lucas 11:41 ‘Dale al pobre lo que esta en el platillo...’

 

Lucas 14:31 ‘Cuando des un banquete, invita al pobre, al cojo y al discapacitado, al ciego, y serás bendecido’.

 

Proverbios 22:9 ‘El hombre generoso será bendecido, porque comparte su alimento con el pobre”

 

Deuteronomio 15:”Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el Señor tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades.”

 

Leído en la prensa:

 

“Cálculos de la organización cifran en unos 50 millones de euros el coste de la cita de los jóvenes con el papa Benedicto XVI…”

 

CIUDAD DEL VATICANO (31/JUL/2011).- El Papa Benedicto XVI aseguró hoy que Dios prohíbe a los cristianos permanecer indiferentes ante el hambre de los pueblos del mundo, como la que padecen en estos días los países del Cuerno del Afrecha.

 

En algunas partes más golpeadas de las recién declaradas áreas de hambruna, “el 10 por ciento de los niños menores de cinco años, muere cada 11 semanas”

 

Según el Programa Mundial de Alimentos de la FAO, en el mundo hay cerca de 925 millones de personas con hambre, una cifra superior a la suma de las poblaciones de EEUU, Canadá y la Unión Europea.

 

Las Naciones Unidas identifican a África como el continente en el que se concentran los países con mayor porcentaje de hambre en el mundo. En un informe de publicado este año el Congo, Etiopía, Angola, Zambia, Chad y Mozambique gran parte de la población no puede acceder a un plato de comida.

 

 

Joaquín Molina



¿Qué es el socialismo hoy?

Leo con gran atención el trabajo publicado en La Tribuna titulado ”¿Es que no quedan socialistas en La Raya…?” y me suscita alguna reflexión.

1) Dice el tío Pepe que “que los murcianos hace tiempo nos pusimos una venda en los ojos”. Esta opinión me parece  irrespetuosa con quienes votan otras opciones por convicción, porque viene a decir que la mayoría de los ciudadanos que no votan socialismo es que no saben lo que hacen o lo hacen “a ciegas”. También lleva implícita la idea de que quienes votan socialismo si que lo hacen conscientes e informados de la realidad.

Si la mayoría de vecinos de La Raya hubiera votado socialista ¿Seguiría afirmando lo de la venda?

¿No será esta forma sectaria de pensar alguna de las actitudes que hay que cambiar?

2) Nunca he compartido la actitud de fidelidad ciega a una causa. Creo más razonable analizar en cada momento las distintas opciones y, a tenor de nuestros conocimientos y de nuestras experiencias, tomar decisiones. De esta manera, no habría que descartar que algunos socialistas pudieran haber votado otras opciones partiendo de lo que se ofrece en este momento.

En esos tiempos de la lucha clandestina contra la dictadura conocí a respetables miembros del socialismo, personas tolerantes, dispuestas al dialogo y al razonamiento, pero también conocí a verdaderos intransigentes. Uno de ellos –que más adelante sería alcalde de su pueblo y diputado en el Congreso- llegó a decirme en una discusión pública, que “a  mí, mi madre me parió de izquierdas”. Yo creo que las personas no llevamos grabada nuestra ideología en granito como si fuera el epitafio de una lápida. Las personas, incluidos los socialistas, pueden moldear sus opiniones con la experiencia, la formación, la información y la observación de los acontecimientos.

3) En otro momento hace mención a “las esencias del socialismo” y aquí habría que decir que los interrogantes que se abren son innumerables.

¿Se refiere al viejo socialismo leninista de Largo Caballero, al moderado de Julián Besteiro, a la socialdemocracia tipo Suecia, al de Cuba?

Precisamente ese es el problema del socialismo, que hace tiempo deambula en un limbo ideológico en el que se mezcla la añoranza de otros tiempos pasados con la conveniencia de adaptarse a un mundo cambiante.

Hay dirigentes socialistas que lo único que plantean es que hay que elegir un nuevo candidato (parece evidente que estos no han entendido que está pasando) mientras que otros plantean que primero hay que celebrar un congreso para definir estrategias y después elegir a las personas.

Para finalizar y que el tío Pepe no piense que todo son discrepancias, diré que yo tampoco he ido a votar y por el mismo motivo.

Joaquín Molina Muliterno


¿ES QUE YA NO QUEDAN IZQUIERDAS EN LA RAYA Y EN LA REGIÓN MURCIANA?

Recién terminadas las elecciones y cuando ya se sabía que el PSOE había sido barrido en casi toda la Región de Murcia, hablé con un viejo socialista, al que llamaremos tío Pepe, que es de los pocos y viejos militantes que quedan de aquel antiguo Partido Socialista y al que le tocó vivir la guerra, sus consecuencias, la represión y todo lo que vino después, hasta el nuevo régimen democrático instaurado por la Constitución de 1978. El tío Pepe, según sus palabras, no ha votado en esta ocasión –y no solo por sus limitaciones físicas- sino porque está asqueado de todo, según sus palabras, a las que añadía una interrogante: ¿Socialistas? ¿pero es que queda algún auténtico socialista?

Se lamentaba de que muchos que hoy se denominan como tales no les “llegan ni al forro” de los viejos compañeros que él conoció en sus tiempos de penuria. Citó sus nombres, que yo ni siquiera respetuosamente citaré porque casi todos han fallecido y a los muertos hay que dejarlos en paz. Según sus razonamientos (no exentos de sabiduría) el problema de los socialistas de ahora es que asumen tácticas equivocadas y llega un momento en que se mimetizan tanto con los de derechas que, al final, parecen todos iguales, con la única diferencia de un carné de partido que muchos esconden como si les diera vergüenza mostrar. Y en esa falta de identidad y en el oportunismo y en el desconocimiento de las auténticas esencias del socialismo, radica –según él- el tremendo error que el PSOE viene arrastrando desde que en los 90 perdió buena parte de su influencia en Murcia. Decía también que un cierto “cainismo” entre sus propios correligionarios y la falta de figuras de prestigio han sido algunos de los muchos factores que han rubricado la sentencia de muerte del socialismo en Murcia. Y esto ya viene de viejo, añadía.

La gente no se percata de ciertas actitudes prepotentes, oportunistas y delictivas, de los muchos errores de bulto que cometen “los otros”, adoptando una especie de Ley del embudo para medirles, según el color de la ideología, de suerte que lo que a unos parece perdonable, a otros les condena para siempre. Piensa nuestro afable tío Pepe que los murcianos hace tiempo nos pusimos una venda en los ojos y esa venda permanece fuertemente atada, quizá por muchos años todavía. Hasta que alguien nos la quite, o hasta que nosotros mismos, hastiados de perseverar en el error que supone otorgar un poder casi dictatorial a un solo partido, nos haga comprender que la democracia no es uniformidad, sino diversidad, dentro del juego político y la participación de todas las ideas que no atenten contra los principios básicos de la convivencia y sean capaces de aportar otras ideas y otros puntos de vista. Hasta que eso ocurra todo seguirá igual, tediosamente igual; su único lamento, ya en las postrimerías de su larga vida, es que sus ojos no volverán a ver aquellas luchas políticas que él vivió, no en sus primeros años, sino cuando la libertad regresó de nuevo en el último cuarto del pasado siglo, tras un período de espantosa oscuridad.

M.C.P.



JULIO HERNÁNDEZ AVILÉS,

UN POETA DESDE EL SILENCIO

NUESTRO GRAN AMIGO Y VECINO, RECIENTEMENTE FALLECIDO, GUSTABA ESCRIBIR SUS REFLEXIONES EN FORMA DE POESÍA QUE, SEGURAMENTE, AHORA SUS HIJOS CONSERVARÁN SIEMPRE VIVA JUNTO A SUS MEJORES RECUERDOS

No siempre las herencias suelen ser bienes materiales. Hay también legados que están llamados a conservarse como un auténtico tesoro y cuyo valor crece día a día, siempre abrigado en lo más hondo del pensamiento. Son esa parte esencial y trascendente que queda del ser humano cuando franquea la inevitable barrera del tiempo y el espacio, que es la muerte.

Pero la muerte, en sí, no existe. Es solo el tránsito hacia un plano de consciencia diferente, alentado por el recuerdo. Solo quien es olvidado muere definitivamente, porque entonces la proyección de su memoria se desvanece en las brumas del tiempo. El verdadero final es la intrascendencia, la oscuridad metafísica, que nunca puede alcanzar a quien deja retazos de sí mismo en forma de luz creativa, permaneciendo inalterable al correr de los años. La poesía es, en este caso, la puerta que abre de par en par las fronteras del olvido hacia un estadio superior donde siempre brillan los recuerdos imperecederos. Julio Hernández, desde la sencillez contemplativa de su larga vida, ha sido un testigo paciente y silencioso del acontecer humano que fue plasmando, gota a gota, en sus poemas. Son como retazos de aquellas lejanas vivencias que hoy quedan como un testimonio esencial.

También como testimonio póstumo son estos versos que hoy ofrecemos a nuestros lectores: los últimos que salieron de sus manos poco antes de ese tránsito inexorable que a todos nos aguarda.

AQUELLOS RAYEROS 

Se fueron aquellos rústicos y legendarios

hombres de la Huerta.

Hombres de manos rudas, encallecidas,

agrietadas, endurecidas.

Manos que al salir el sol

ya estaban laborando la tierra

palmo a palmo, a golpe de azada.

Que supieron hacer de esta tierra

un bello jardín con perfume de azahar.

Hombres de alma noble, sencillos, humildes,

dispuestos a echar una mano a sus vecinos

cuando éste la necesitaba,

Ahora causa tristeza ver la huerta,

lo que antes fue una hermosa tierra;

hoy son huertos abandonados,

llenos de maleza salvaje:

sisca, cañota, grama…

Herbazales silvestres abundan por doquier,

bancales convertidos en páramos, en eriales.

Pero esta es una tierra noble,

noble su gente, rico su folklore,

espirituales sus costumbres

y algún día verán otras manos,

manos que la vuelvan a convertir

en un hermoso valle en plena producción,

¡un paraíso lleno de alegría, luz y color…!

Julio Hernández Avilés

Mayo de 2010

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