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VESTIGIOS DE NUESTRA HISTORIA

El nacimiento de la acequia Puxmarina (antigua Alfox) que toma sus aguas de la acequia mayor llamada "de Barreras" o Alquibla, en el paraje conocido como camino del Palomar, (antiguo carril de la Escudera) junto a la ermita de San Antón, está a punto de desaparecer por ignorancia de los que son nuestras esencias y  legado histórico.

 

Muchos son los vestigios históricos que poco a poco van desapareciendo del paisaje de nuestra querida Murcia y que son un testimonio vivo de lo que fue nuestro pasado; desgraciadamente muchos de ellos ni siquiera están llamados a figurar en los libros de historia. Quedarán presentes en el recuerdo de muchos mientras éstos vivan y puedan transmitir oralmente su existencia que, si no se documenta por escrito, acabarán perdiéndose en las brumas del pasado, como ha ocurrido con tantas cosas, de las que apenas quedan ya algunas leves reminiscencias. Otras por el contrario –y afortunadamente- quedarán reflejadas en los anales para conocimiento de las futuras generaciones. No obstante es muy desalentador pensar que todos estos vestigios, que en otros lugares de España tan celosamente se conservan, aquí en Murcia corran la peor suerte, por una desidia histórico-cultural que nada tiene que ver con colores ideológicos y sí con una dejadez maliciosa que conduce a su destrucción y olvido.

De los orígenes de nuestra acequia, llamada Alfox por los árabes y posteriormente Raya en época cristiana (Puxmarina en la actualidad), tan solo queda, además de algunos fragmentos de su cauce aún al descubierto, su toma o nacimiento de la acequia mayor Alquibla, hoy llamada “de Barreras”, en el paraje que llamamos La Boquera, en el Camino del Palomar. Esta toma o “boquera” conserva algunos vestigios de ladrillo macizo y piedras de su primera época, casi cubiertas por plancheles y revocos de cemento hechos ya en nuestra época. Esta toma fue celosamente custodiada en los primeros años de existencia de La Raya de Santiago, por hombres armados que a las órdenes de Puxmarín mantenían vigilada y abierta su boquera para surtir de agua suficiente a nuestra huerta, tan próspera y frondosa en aquellos tiempos. Don Rodrigo, el fundador, mantuvo muchos pleitos por este motivo y se le acusaba de absorber más agua de la que le correspondía para regar las tierras del Señorío rayero; sabemos que por esta causa pleiteó incluso contra el propio Concejo al que pertenecía en calidad de Regidor. 

Mientras los rayeros tomemos conciencia de nuestros fundamentos históricos y en la medida en que sepamos defenderlos, esta muestra de nuestro legado será conservado incólume para las futuras generaciones que, ojalá, sean mucho más conservacionistas que nosotros.