REPÚBLICA LITERARIA
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EN LA RAYA, CUANDO ERA UN CHIQUILLO
En La Raya, cuando era un chiquillo, la vida se deslizaba monótona, sin prisas ni sobresaltos, de una manera previsible. Unos cuantos acontecimientos alteraban puntualmente ese tranquilo discurrir. Naturalmente, desde la mirada de un chiquillo; para los mayores supongo que sería diferente.
En La Raya, cuando era un chiquillo, lo primero que cronológicamente alteraba nuestras vidas era “la monda” En el mes de marzo – si no recuerdo mal- se cortaba el agua de las acequias. Pasados unos días, la chiquillería pasábamos nuestro tiempo libre metidos en los cauces de las acequias a la búsqueda de cualquier cosa que nos llamara la atención. Recuerdo lo apreciado que era encontrar algún culo de botella pulido por el efecto de la erosión. Cómo no, la pesca en las pozas que se formaban era una de las actividades frecuentes- aunque lo recuerdo mas como cosa de los mayores. Los mozos iban de aquí para allá con los artilugios que se fabricaban para pescar las anguilas. En esos días todo giraba alrededor del corte del agua, incluidas las broncas por llegar a casa llenos de fango.
Casi coincidiendo con el tiempo del “corte del agua” llegaba la Semana Santa. Esta festividad también era muy apreciada por los menores; daban algunos días de vacaciones en la escuela- “daban punto” se decía. En mi casa había una pequeña figura del Jesús Nazareno y llegada esa fecha, la colocaba sobre alguna tabla tratando de imitar los pasos procesionales. No lo adornaba con flores; lo adornaba con floretas cogidas de algún huerto.
Las procesiones de La Raya, cuando era un chiquillo, eran algo que me impresionaba de forma importante. El misterio de los Santos Oficios y la imagen del Nazareno moviendo el brazo en la bendición eran actos que me sobrecogían. Pero el viernes era algo que me ha dejado huella. La pobre iluminación de las calles, la débil llama de las velas, el silencio roto por el redoble del tambor. Ver desfilar el paso del Cristo Yacente en esa situación me producía un no se que. Desde ese tiempo, la Semana Santa tiene para mi un recuerdo de algo tenebroso e irreal.
Otro episodio que en mi recuerdo nos sacaba de la rutina era la recogida de los melocotones. El pueblo se alteraba con la presencia de las pilas de cajas vacías o llenas, del trasiego de camiones y de personas que se dedicaban a esa labor. Yo mismo cogí melocotones algún verano cuando ya no era un chiquillo.
En La Raya, cuando era un chiquillo, el acontecimiento más importante era, sin duda, la fiesta de agosto- con decir “la fiesta” era suficiente. El pueblo se agitaba, todo eran preparativos; limpieza especial de las casas, guirnaldas de papelillos en las calles, colocación del templete, recolecta de la Comisión de festejos, “alborear” de campanas, suelta de globos de aire caliente, la novena en la plaza, las cucañas, las barcas, las casetas de tiro, las carreras de sacos,…y finalmente, el castillo, el pasacalles, el día de “la coronación” y San Roque, que siempre me pareció un festejo como de propina. Las carreras de cintas y las carretillas nos devolvían a nuestra rutina de pueblo.
Después de haber girado una visita a la Feria de Murcia, llegaba la inevitable vuelta a la escuela. Este hecho nos conducía nuevamente por nuestra feliz, confiada y esperanzada existencia chiquilleríl. Si nos portábamos bien, los Reyes nos traerían alguna recompensa.
En La Raya, cuando era un chiquillo, seguro que sucedían más cosas; en el baúl de mis recuerdos, en la distancia que me separa de esa época, esto es lo que encuentro. Los recuerdos de juventud son otros, pero entonces ya no era un chiquillo y esa, esa es otra historia.
Las Veladas
Esta mañana me he encontrado con nuestro paisano Antonio Las Vegas. Cada vez que nos vemos por Murcia, nos paramos y echamos unas parrafadas. No se porqué pero esta vez al verlo me traído el recuerdo de aquellas Veladas Musicales que se celebraban en La Raya. Se lo comento y hablamos un poco sobre ello. Los artistas que intervenían era gracias el y dice que nunca cobraron ni una sola peseta.
Antonio cantaba con su hermano:
Compañero se tocar
Compañero que sabes tocar
Yo se tocar el pianeiro
Como se toca el pianeiro
Blin blin el pianeiro
Yin yin el vilolineiro
Rakataplan el tambolileiro
Estas Veladas se celebraban en la plaza y en alguna ocasión en lo que ahora es el lavadero de coches. También tengo el recuerdo de alguna que se hizo en lo que era la cochera de los autobuses.
La influencia de Antonio en el mundillo artístico de Murcia servía para traer lo mejor del momento.
Recuerdo perfectamente un trío que tocaban la armónica –puede que se llamaran “Armonic Trío”.
Antonio cantaba con su hermano:
Que valiente era ay¡ ay¡ ay¡ que valiente era mi gallo
Que valiente ay¡ ay¡ ay¡ que supo morir matando.
En alguna de estas Veladas recuerdo que intervenían aficionados del pueblo. En este momento me viene a la memoria Marisol. Supongo que se cobraría una pequeña entrada para recaudar fondos para las fiestas; esto es algo que no puedo precisar. Lo que recuerdo con claridad es que esos actos significaban algo importante para el pueblo. Para la inmensa mayoría de rayeros, suponía la única oportunidad de presenciar cualquier tipo de espectáculo. Los jóvenes tuvimos nuestro primer acercamiento a la música gracias a aquellas actuaciones.
Además de las veladas musicales, también se celebraban representaciones teatrales. De una de ellas, celebrada en la cochera, sólo recuerdo una escena en la que uno de los actores del pueblo vestía gabardina y en un momento dado, sacaba una pistola del bolsillo y disparaba a alguien; yo debía ser muy pequeño porque sólo recuerdo esto.
Antonio cantaba con su hermano:
La vieja al hombre,
El hombre al perro,
El perro al gato,
El gato al ratón,
El ratón a la araña,
La araña a la mosca,
La mosca a la rana,
Que estaba cantando
Debajo del agua.
Cuando la vieja se puso a cantar…
¡ni el mismo diablo la hizo callar¡
De otra obra de teatro que se celebró en lo que hoy es el lavadero de coches guardo un recuerdo imborrable de alguna escena. Se titulaba ”Proceso a Jesús”. Esta obra tuvo un gran éxito en su día y fue representada por Alfredo Mayo, Mónica Randall, Julia Gutiérrez Caba , etc. En La Raya supongo que la interpretaría alguna compañía de aficionados o quizá del TEU (Teatro Universitario) Un grupo de actores representa una especie de juicio de cara al público. En un momento determinado, uno de los actores que se había situado discretamente entre él, intervenía en la discusión como si de un espectador más se tratase. En esta ocasión, se había situado muy cerca de mí; en el momento de intervenir, todo el publico volvió su mirada al supuesto espectador. El momento era impactante y yo aún no lo he olvidado.
Antonio no ha dejado de cantar su célebre Bolero:
Murcia, cachito de cielo
que Dios una tarde se dejo caer
y de ese cachito salió el más bonito,
el más primoroso y florido vergel
DIEZ ROSAS
Manuel tenía 65 años, estaba jubilado y era viudo. Desde que falleció su esposa le invadía una profunda tristeza; la apatía y el desinterés se habían instalado en su vida. El propósito de los hijos y de los amigos para que saliera de ese estado habían fracasado. Cada vez que intentaban que les acompañara, respondía con negativas, excusas sin sentido, o simplemente callaba.
Los amigos propusieron en varias ocasiones que les acompañara en algunos de los viajes que organizaba la Asociación de Mayores del barrio. Su respuesta era siempre la misma –“Lo único que conseguiría en esos lugares es entristecerme aún más; si es que eso es posible”
En esta ocasión el viaje era a Venecia. Para sorpresa de los amigos, decidió que esta vez los acompañaría; en parte porque siempre había albergado el sueño de visitar esa ciudad, en parte porque se daba cuenta de que se estaba convirtiendo en un tipo huraño y solitario.
Mientras esperaban para subir al avión que los llevaría a Venecia llamó su atención una mujer del grupo. Calculó que tendría unos 60 años, de su misma estatura, pelo blanco muy corto, delgada, ojos claros y una permanente sonrisa en su boca. Desde ese momento, su interés se centró en conocerla. Preguntó a los mas íntimos por ella, con disimulo, no queriendo darle mucha importancia.
Antes de la cena ya habían sido presentados. Se llamaba Lucía, y ella también pareció sentir interés por el. Desde ese momento, como por algún extraño sortilegio, el mundo comenzó a desvanecerse a su alrededor. Dejaron de existir los palacios, los canales, los paseos en góndola, las obras de arte, el resto del grupo. Lucía y Manuel, los dos, sólo ellos dos. Para los comentarios y las bromas de los amigos su respuesta era siempre la misma – “En mi corazón no cabe mas dicha; parece que me vaya a estallar de felicidad”
Acabaron el viaje, pero no la relación. Hacía dos meses desde que se conocieron y ese día Manuel le compró diez rosas blancas. Las vende una gitana en la calle así, en ramos de diez.
Se dirigía a casa de Lucía con su ramo de rosas blancas, ilusionado como un adolescente, como si estuviera comenzando a vivir, con su corazón que parecía le iba a estallar de felicidad. Primero fue una pequeña molestia en el pecho, después una fuerte opresión que le dificultaba la respiración, una debilidad que le recorría los brazos, una extraña sensación en la mandíbula. Sintió que se mareaba y se sujetó a una farola. Al perder el conocimiento se fue deslizando por ella hasta quedar tendido en la acera.
Los servicios de urgencia le administraron oxigeno, nitroglicerina sublingual, atropina. El electrocardiograma presentaba graves alteraciones.
- “Lo siento, hemos hecho todo lo posible” dijo el doctor a su familia. “Su corazón no ha podido resistirlo”
Junto a la farola donde se le paró el corazón, el que le iba a estallar de felicidad, quedaron desparramadas diez rosas blancas; las vendía una gitana así, en ramos de diez.

EL BILLAR
Hoy volví a pasar por aquel lugar, aquel vetusto y céntrico local, siempre aturdido por sonido de golpes, de carambolas...
Nunca me gustó jugar al billar...recuerdo en mi juventud, aun preadolescente, un viejo billar, donde a veces, empujado por la incansable y agobiante insistencia de mis amigos de entonces, me recluía en aquella sala...
Sabía a alcohol, a pitillos apagados, a humo encendido, a almas perdidas, anónima gente que huía de la rutina, buscando amistad, buenos ratos, malas compañías...
Nunca me gustó, solo seguía a los amigos, que aprovechando mi temprana edad, dirigían mi vida, y me dejaba...
Una sola vez pude celebrar la asistencia a ese lúgubre salón, solo una, encontré un significado, una tarde de invierno...
Solo en aquella ocasión la vi, un solo instante fue, un cruce de miradas, ella en un extremo, yo en otro, todos la agasajaban con frases bonitas, cual preciado trofeo... todos la miraban de reojo, mas todas esas miradas las hice mías...
Ella, era ya una mujer, yo apenas pugnaba por salir del cascaron, su cuerpo ya desafiaba oscuros deseos, el mío, comenzaba a florecer, ansiaba ser un hombre, cuando aun no sabia siquiera su significado...
No quería apartar mi vista, consciente de que me descubría, entre caprichosas volutas de azulado humo, cada instante que precedía a comprobar si me observaba, el corazón latía con inusitada fuerza... parecía pararse, si nuestros ojos coincidían, agitada la respiración...
Creí amarla, aun lo creo en verdad, solo que ese billar ya no existe...
En su lugar hay una gran torre de oficinas, alta, totalmente vestida de espejos, que me habla, suplicando que escuche a mi sensible alma....reconozco que aun hoy, su reflejo me recuerda a ella cuando paso por delante de ese edificio, el más alto de la ciudad, mirando al cielo... suplicando por un amor que simplemente no fue...y un sentimiento casi olvidado de mi juventud, emerge con renovado ímpetu...
Hay ocasiones en que pienso que una mirada furtiva, fortuita, correspondida, buscada, una mirada de esas donde el tiempo se para, donde todo se torna en blanco y negro, dos colores alterados solo por la magia de un misterio, esas ocasiones que la vida nos regala... siento el amor... el que tengo, el que doy, el que ignoran, sin pasado ni futuro... en un precioso instante se dan, promesas incumplidas, reproches, celos, pasión, placeres confiados...todo cabe en fracciones de segundo, todo es adecuado por un instante...
Hoy volví a pasar por delante de lo que en su día fue un billar, recordé que nunca me gusto... hoy, me acorde de ella...
CARTA A UN AMIGO
Pregunté por el...en un pequeño bar, muy pequeño...dadas las circunstancias donde se encuentra ese garito...sus dimensiones eran adecuadas...apenas esa población del sur,
supera los 90 habitantes...sus ocupantes...se ocupan, casi exclusivamente del campo...almendra...olivos...viñas...nada hacia presagiar lo que encontraría mas tarde...
Si algún antecedente hay en todo esto...es mi curiosidad por encontrar la satisfacción en todo lo que hago...en todo lo que escucho...
Llegó a mis manos un ejemplar de una revista que se dedica a la alta fidelidad...decir que no fue por casualidad...la sigo mes a mes...no es mi credo, es mas bien por estar al día en cuanto a aparatos dedicados a la reproducción musical...
Creo que el sonido...es tan subjetivo que no admite decretos, cada cual, busca su particular nirvana audiophilo...
En dicha publicación...por causal idoneidad...encontré una pista, que me incitó a buscarlo...
Bien, solo deseo haceros saber que, en mi periplo por tal afición, di con un personaje de fama mundial....y un amigo famoso para mí...
Una persona cabal, con un talento desbordado, su historia se me antoja apasionante...aun si saber casi nada de ella...
De esos personajes que dejan huella, humilde pero sabio...alecciona sin querer...en cada frase que de su boca sale...dejando en mí una sensación, que me sabe a poco...
Es de esas personas que siempre se añoran...
No se esconde de nada ni de nadie...solo se refugia en esa localidad, de un mundo que no sabe entender...tal vez, esté en lo cierto...será el mundo incapaz de comprenderlo a el?
Su propósito...creo que busca la perfección en lo que hace...en la medida de su capacidad, para encontrar la esencia de la humanidad, antepone el deseo de crear...al de obtener beneficio...a través del respeto por la música y la cultura...intentando mejorar la vida de todos....
Por la naturaleza de este escrito...casi obviaré los extraordinarios tocadiscos que de sus manos salen...ingeniería y diseño...consiguen la real presencia del arte...
Aunque si me permitís la licencia...sueño con poseer algún día uno de sus modelos...
Lamento no hacerme coincidir con el más veces....pero espero poner solución pronto...
¡Ah...mi amigo se llama Simon Yorke...!
Julián
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Como él...
Hay un árbol frente a mi casa...en el campo, es un olmo solitario, que irrumpe orgulloso, en un escenario que se sabe lúgubre...plomizo...tierra seca...amarillenta... resignada...casi muerta...
Hasta hoy...No fui consciente de él... que este olmo...anciano, vivido...hastiado de proyectar sombras....renueva sus hojas...
Mudo testigo de la vida...que vuelve cada verano a su regazo...en forma de caras nuevas... viejas ilusiones...proyectos...sentimientos...
Cada año que pasa...uno más y uno menos...siempre es así...depende de la dirección de cada mirada...
Ahí eligió echar raíces?...no sé bien...tal vez alguien decidió en su lugar... donde nacer...donde vivir...donde proteger...donde morir...
Hoy me hago consciente de ese olmo...hoy pisé sus despojos otoñales...desearía ser así... renovarme también...como él...
Sin dejar de proteger......sin mirar a quien cobijo...sin juicio...sin resentimientos...ajeno a quien me ignora...ajeno a la malicia...ajeno a la mentira...la envidia...
Orgulloso de no saber a quién doy frutos y a quién sombra...
Hoy he interpretado a un árbol...a un olmo sabio...
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Mi pueblo
Esta mañana me he levantado con una amarga sensación de llanto; la verdad creo que fue debido a un mal sueño que creo recordar. No imagino vivir lejos de mi pueblo y, por lo visto, algo así acontecía en este sueño. ¿cómo explicar de qué forma amo la tierra que me vio nacer?.
Ciertamente poco queda de aquel pueblecito y no es por lo grande que se ha hecho, sino porque aún sigue siendo pequeñito. Sinceramente por eso lo amo tanto, porque sus gentes, los vecinos, somos como una gran familia. Sí, sí, desde luego hay sus más y sus menos pero…¿y en qué familia no? Yo hablo desde mi punto de vista que quizá no es el mejor, pero es el mío y quisiera compartirlo con mis gentes, con mis rayeros del alma. No soy ni medianamente una gran escritora para poder llegar al corazón de aquellos que me lean, pero sí quiero decir que, a pesar de los pesares y de lo que opinen otros, yo me siento orgullosa de ser rayera.
¿Qué el río no lleva agua como antaño? ¡ya llevará! ¿Qué la huerta rayera se muere? ¡pues yo aquí, a su lado ¿Qué las fiestas patronales son más flojitas? ¡qué le vamos a hacer si son tiempos difíciles! Pero sigo gritando: ¡Viva La Raya de Santiago, sus gentes, el río Segura y la tierra que me vio nacer…!
Una fervorosa rayera
Cárminis
MIS POEMAS
Esperando el Alba
En la noche serena, mi voz te llama:
¡ven mi lucero de la mañana!
Ven, duende mío, duende de amor
que quiero contigo esperar el sol.
Sus rayos ardientes nos calentarán,
su beso suave nos despertará.
En la noche serena mi voz oirás,
Te llama, te llama, y tu sin llegar:
Quizá llegues tarde, o nunca lo harás,
Más esperándote al alba, ahí me hallarás.
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Brindis por la Amistad
¡Brindad, amigos, por ella,
por ella que sola está
tan lejos como la luna,
tan cerca como el azar;
tan cálida como un beso,
tan dulce como el panal.
Quien la encuentra la guarda,
bajo siete llaves está.
¡Dejadla ahí, guardada,
alimentando bondad
para consuelo de muchos
y para todos ansiedad!
Cárminis
Aquellos viejos recuerdos; tan lejos, tan cerca...
No hace tanto que sobrepasé esa edad en la que ya solo cabe esperar la enfermedad, la vejez y la muerte. Los hijos, que apenas hace nada eran como pajarillos núbiles probando sus alas, dejaron el nido y volaron alto, tanto que ni siquiera alcanzas a verlos; sabes que están ahí en algún lugar de ese inmenso océano, etéreo y azul, en el que tantas veces perdemos la vista buscando la eterna interrogante sobre la vida… pero ya no regresan, ya no buscan tu consuelo, tu voz y tu cariño. Otros sentimientos llenan ahora su vida y de esa vida tú apenas si eres ya parte, acaso seas como el viejo y desvencijado mueble que se conserva en aquél rincón perdido, el lejano eco de tantas palabras llenas de amor que se marchitan como un ramillete de flores sobre la olvidada tumba.
Afloran los recuerdos que subyacen en la mente. Y, a veces, acuden en los peores momentos, cuando su presencia causa más tristeza que alegría. Rememoras el tiempo ido y te ves en los mejores años de tu vida, cuando creías que el mundo y el destino eran tuyos, cuando la juventud dibujaba en tu rostro una sonrisa cada mañana. Hoy no quieres ni asomarte al espejo, odias todos los relojes y su marcha inexorable, odias el tiempo que se te escapó de las manos como se diluye la bruma de la amanecida ante la pujanza del sol naciente. Y solo te queda espacio para el silencio o la amargura.
Llega un instante en que desearías que todo regresara, que todo el camino se desandara, que las hojas arrancadas de los calendarios volvieran a agruparse, que los años marcaran uno menos cada año. ¡Oh, la felicidad tantas veces deseada: retroceder, retroceder de nuevo en el tiempo…! Volver a los momentos de la adolescencia y a sentir tantas ilusiones que hoy están perdidas como un desterrado sueño, tener junto a ti a todos aquellos que se marcharon para siempre, retornar aún más atrás, a los viejos juegos en la Plaza, con tu caballo de cartón y tu espada de madera, librando incruentas batallas en aquellos livianos atardeceres, volver a escuchar la voz del viejo maestro, el aroma de la escuela, el garabato en la olvidada libreta, el inocente juego al caer la tarde, mientras una pobre cena aguardaba en la humilde casa… ¡Cuánto daríamos por regresar de nuevo, daríamos todo lo que hemos atesorado a lo largo de la vida, que ya nos sirve de muy poco, porque hoy podemos comprarlo todo, disfrutarlo todo, poseerlo todo… menos aquellos lejanos tiempos de una juventud que nunca más ha de volver.
Nostalgia, desesperanza y ansiedad por aquellos hermosos años perdidos. ¿A dónde irán? ¿A dónde irán, compañero, sin nosotros…?