HAY HUMOR CORDOOOBÉS....   

  SE VA LA SEGUNDA...  PARTE

Anécdotas vivenciando los cuentos y

chistes conocidos y no tan conocidos

con el "Curdita" a la cabeza,

de nuestra querida provincia de

Cóóórdoba.  

 

 

   

  INDICE POR DIA DE LAS HUMORADAS...

Día30.-CONOCIENDO A “LOPE”   EL CARRERO DE LOS MIL OFICIOS. 

Día31. OTRA CON EL CARRERO “LOPE”
Día32. EL “CURDITA” Y DOS ANÉCDOTAS

Día33. EL “CURDITA”... Y OTRAS SALIDAS CON EL “CORCHO”

 

          

 

Día30.-CONOCIENDO A “LOPE”   EL CARRERO DE LOS MIL OFICIOS. 

       -Si hay otro personaje que usted debe conocer, -me dice el “Curdita”- es  “Lope” el  carrero si le digo que tiene mil oficios,  seguro que me quedo corto, y si le digo que tiene mil anécdotas para contarle segurísimo que me quedo más corto todavía. 

       -La verdad que me está entusiasmando la idea de conocerlo, -le digo. 

       -Pero vaya nomás mi amigo, -dice el “Curdita”- dígale que va de parte mía, incluso yo ya le he hablado algo de usted.  

       -Bueno, y muchas gracias, -le vuelvo a decir.
       -Se va a dar cuenta fácil de la casa, -me dice el “Curdita”- de aquí no hay como herrarle, cruza en diagonal y se encuentra con el letrero de “FLETE”.  

       Ah eso sí no le vaya a decir López por que se enoja ya que él dice que se llama “Lope”, sin zeta.  

       -Si más o menos la ubico, -le digo y me despido del “Curdita”. 

       Cruzo la calle y me llego hasta la casa del “Lope”, un letrero pintado artesanalmente casi con una brocha que decía bien grande: FLETE, un poco más allá otro que decía: servicio puerta a puerta, al fondo se veía la casita rodeada de tarros con botellas y otras cosas más. 

       -Buenas, -le digo. 

       -Buenas, me dice y agrega- que le hace falta amigo, o es que tiene algo para vender. 

       -No, -le digo- ni una cosa ni la otra, solo pasaba a saludarlo ya que me había hablado tan bien de usted nuestro amigo en común el “Curdita” 

       -Común, -me dice- comunnna damajuana, ya que siempre está en curda ese cristiano. Pero usted debe venir por algunas cosas que me han pasau en la vida. Y bué, como no! al que pide, aquí Lope no le niega nada. 

       -Ajá, -le digo- muy bien, recuerda alguna anécdota. 

       -Ayer nomás, -dice Lope- como usted ve una de las cosas que hago yo es comprar baterías, botellas, cobre, lo que se cruza, así que salgo a la calle con el carro y empiezo a gritar: 

       -Compro botellas vacííías, trapos vieeejos, diaaarios, baterííías…y me paro en una esquina un ratito a esperar, cuando se me acerca una señora y me pregunta: 

       -Señor, seré curiosa... 

       -Diga usted seora nomás. –le digo. 

       -¿Qué hace con todo lo que compra? –me pregunta… que hago con todo  lo que compro me pregunta… 

       -Tengo una boutique, -le digo- tengo una Boutique… 

       -Ja, ja, ja, nosotros. 

       -Y otra vez, hablando de estas preguntas sonsas, -dice Lope- resulta que compro una carrada de melones, me pongo en una esquina y desparramo todos los melones alrededor del carro para que elija la gente sin ningún problema cuando pasa uno de esto medio descolgados y me dice: 

       -¿Oiga don, vende melones?
       Y que me sale decirle: 

       -No si vua se´ la  gallina Turuleca, -le digo- la gallina Turuleca
       -Ja, ja, ja, las carcajadas. 

       Y con esto le digo hasta mañana, seguramente con otras anécdotas de Lope. 

 

Día   31. 

OTRA CON EL CARRERO “LOPE” 

EL DE LOS MIL OFICIOS 

       Y seguíamos conversando con Lope 

       -Y usted no sabe, -me dice- lo que me pasó un día que como siempre salgo para ver si puedo comprar algo y  hacer la diferencia. Entro en un barrio por primera vez, por las casa se notaba que eran de ricachones.  

       Yo a los gritos: 

       -Compro camas viejas, botellas, huesos, cobre. Bronce..., y me paro como siempre en una esquina por las dudas aparezca algo. 

       Y sí, aparecen  dos ricachonas al frente de sus casas que me miran y comentan: 

       -¿Cómo no van ha ser pobres si se lo pasan comprando porquerías? 

       Así que me lo tuve que tragar nomás, le dí rienda a Jilguero, el matungo y salimos calladitos los dos, pero me quedé con la sangre en el ojo. 

       Al otro día le digo a Jilguero vamos a ir por el mismo lugar a ver si encontramos a estas dos ricachonas. 

       Fuimos, de lejos se veían que las dos estaban en la puerta y cuando estábamos llegando al frente de sus casas yo a los gritos: 

      -Compro autos, compro camiones, y estas viejas me miraban como extrañadas, y ya me agrandé más todavía y seguía a los gritos:  

       -Compro camiones, compro aviones, ¡quééé!!! las viejas los ojos grandotes como si le estuvieran poniendo supositorios de hielo, no lo podían creer, y lo miro de reojo a Jilguero, parecía que estaba a las rizadas por dentro, y ya pasando bien al frente un último grito: 

       -Compro trasatlántico, -las viejas me miraban nomás pasar sin decir ni una sola palabra, mudas las dos. Les tapé la boca. 

       -Ja, ja, ja, nosotros. 

       -Y otra vez recordando a  eso que saben hacer preguntas sonsas. 

       Usted sabe que andaba medio mal así que conseguí unas flores y me fui a venderlas a la puerta del cementerio como siempre me rodeo de ellas para que la gente elija, cuando pasa un guaso y me grita: 

       -¿Vendí flores varón? 

       -No si vuá sé "mis" primavera, -le digo, yo "mis primavera"

       -Ja, ja, ja, nosotros.  

       Y después de ésto la seguimos mañana.  

 

Día   32.   

EL “CURDITA” Y DOS ANÉCDOTAS 

       Llego como todos los medio días hasta el lugarcito del “Curdita”, aunque hoy la postal está un poco diferente debido a la llovizna que amenaza. 

       -Como anda “Curdita”, -le digo. 

       -Y bien, -me dice- aunque medio húmedo y esperando que llovizne nomás. 

       -Pero usted se ha pertrechado lindo debajo de esta enramada, -le digo. 

       -Y uno hace lo que puede, -dice el “Curdita” que agrega- y ya que ha venido le voy a contar de algunas salidas húmedas… por el agua por supuesto. 

       -Como no, -le digo. 

       -Resulta que una vez, -dice el “Curdita”- veníamos con Corcho é Boteya,  remamadazo los dos, abrazados como hermanos en desgracia, nos veníamos sosteniendo como podíamos uno contra el otro para no caernos, de repente una neblina terrible y así de golpe. 

       -Eh, -dice el Corcho desconcertado- ¿qué pasa? 

       -No se compadre, -le digo yo ya medio asustado- con esta neblina no se ve ni la calle. 

       -Qué calle hip, “Curdita”, -me dice el Corcho- si hemos entrado en un baño turco, ja, ja, ja.   

       -Ja, ja, ja, -nosotros.también. 

       -Y otra vez, -continúa el “Curdita”- otra vez que lloviznaba fuerte veníamos también bastante entonado con el “Cordero”, que le decímos así por que tiene cuatro pata é lana (pata é lana: persona que usurpa los “nidos” ajenos) pero no nos importaba nada la llovizna por que veníamos contento, ni se por qué, pero veníamos contento. Llegamos hasta su casa y le digo: 

       Entre nomás compadre que aquí se está mojando todo. 

       -No importa, -dice, y empieza a gritar frente a su casa- deje nomás que llueva y pueda ser que se ahoguen tooodos los cuernudos…, si compadre hip…, que se ahoguen tooodos los cuernudos. 

       Ya sale la mujer enojada y le grita 

       -Pasá viejo pavo, como si vos supiera nadar. 

       -Ja, ja, ja, nosotros, -mientras el “Curdita” parece buscar a alguien con la mirada y pasa uno. 

       -Saben como le dice a aquel que va allá. 

       -No -le digo y agrego- como le dicen. 

       -“Terapia intensiva”, -me dice. 

       -¿Por qué, -le pregunto. 

       -Por que no lo pueden ver ni los familiares. 

       Y con esto me despido hasta mañana.   

 

Día   33.
EL “CURDITA”... Y OTRAS SALIDAS CON EL “CORCHO”
       Llego como todos los días a visitar al “Curdita” y ahí lo veo, como siempre a la sombrita y bien acompañado por un “tetra” medio arropadito con un trapo húmedo para que no se caliente.
       -Buenas, -le digo,
       -Buenas, -me dice.
       -Hoy casi no vengo por que anoche he estado en un velorio, -le digo- pero hice el esfuerzo y acá estoy.
       -Muy bien, -me dice- y ya que lo menciona me acuerdo una vez que cruzábamos por un barrio con el “Corcho”, eso sí no me pregunte que barrio, por que ya ni me acuerdo, pero ahí estábamos los dos, justo parados al frente de una empresa de pompas fúnebres, cuando llega una ambulancia de la que bajan un muerto en un ataúd para velarlo en el susodicho local.
       -Vio compadre, no somos nada, -le digo.
       -Claro compadre, -me dice- pero me parece que este es menos que nosotros…, y todo por una pelea.
       -¿Cómo por una pelea?, -le digo y pregunto- ¿quién le ha dicho a usted que ese se a muerto por una pelea?, si vaya a saber que le habrá pasado.
       -¿Cómo que le habrá pasado, no ve que lo mataron en una pelea? –me vuelve a decir.
       -¿Y vos como lo asegurá, -le digo- como lo sabé?
       -No sea inorante, no sabé lee que dice allí: SE  PELIO.
       -Ja, ja, ja, SEPELIO, -le digo- dice SEPELIO,  no SE…PELIO.
       -Ja, ja, ja, nosotros
       -Pero le cuento lo que pasó otro día con el “Corcho” con esto de las palabras cruzadas.
       Hace un tiempo cuando todavía el “Corcho” tenía el carro, andábamos dando vuelta por la orilla de la ciudad cuando vimos un boliche.
       Paremos aquí compadre, - y mirando el letrero le digo- en esta pulpería.
       -Bueno, -me dice.
       Y ya entramos también por que se nos habían acabado los “víveres”, ya sobre el mostrados el “Corcho” saluda:
       -Buenas, -dice y agrega- ¿esto es una pulpería?
       -Así es, -responde el dueño muy amable.
       -Entonces, -dice el “Corcho”- véndame un pulpo.
       -Ja, ja, ja, -el “Curdita y agrega- vieeera la cara del dueño.
       -Ja, ja, ja, -nosotros, cuando vemos uno que viene apoyándose en lo que puede, pared, poste, o planta que encuentra a mano, rechupadazo.
       -Sabe como le dicen a ese, -me pregunta el “Curdita”
       -¿Cómo? –le pregunto.
       -Sachet de leche, -me dice.
       -¿Por qué le pregunto?
       -Por que no hay forma que se pueda tener parado solo, -me dice. 

       Y con esto les decimos hasta mañana.