BREVE HISTORIA  DEL BURRO 

       INDICE DE PUNTOS

1)-PRESENTANDO A MIGUEL Y A EULALIO

2)- VISITANDO A MIGUEL

3)- MUERE DON RAMON

4)- DE BURRO DE CARGA, A BURRO CARTONERO

5)- LOS ANIMALES SABRAN MAS DE LO QUE NOSOTROS PENSAMOS
6)- DE BURRO CARTONERO A BURRO FILOSOFO

 

   

1)- PRESENTANDO A MIGUEL Y A EULALIO
"HAY RAZONES QUE NO SON RAZONES, PERO..."

       Me toca escribir sobre el diálogo de esto dos amigos, Miguel y Eulalio que viven a la orilla de esta gran ciudad en una de las tantas “villa miseria” que tiene.
       Miguel es un cartonero (persona que junta papeles y cartones para vivir o mejor dicho para subsistir), y que desde hace mucho tiempo es amigo mío, y Eulalio, un burro  que es el mejor amigo de Miguel.
       ¿Qué dicen algunos?; que el perro es el mejor amigo del hombre, para otros que el gato, y bueno para Miguel su mejor amigo es el burro.
       ¿Qué,  parece extraño?, puede ser, pero más extraño me pareció cuando me dijo que el burro hablaba, aunque no se..., puede parecer mas extraño todavía lo que algunas personas hablan.
       Así que fui a comprobar si el burro hablaba, y para sorpresa mía, era así.
       Y bueno, les pregunté que quería que hiciera.
       Entonces, Miguel me pidió que le pasara en limpio unos diálogos que había tenido con Eulalio. Así que quedamos en eso.
       Yo se los pasaría en limpio, bueno tal vez haría algunas  correcciones, pero nada más.
       O sea, que si hay alguno errores la culpa es mía, le digo, pero si hay aciertos por supuesto son de ustedes.
       Empecé a leer y a ordenar los diálogos.
      Si usted, tal vez se extrañó porque hablara un burro, mas se va ha extrañar, y tal vez como yo, quede atrapado por la sencillez de las cosas nuevas en temas viejos que trata.
       Desde el principio de esta conversación no se pierda nada, porque todo se relaciona.
       Desde don Ramón, carrero y amo anterior de Eulalio, terminado por el alcohol. Según el comentario de la gente, era hombre adinerado, heredero de un campo, junto a sus hermanos, que en el reparto, según ellos, apenas les quedaba unos pocos pesos a repartir, y justo a don Ramón les tocó los pocos y el burro, por eso se vino a la ciudad para trabajar, donde  cada vez le fue peor, y lo último que le quedaba era la piecita, el burro y el carro.
       Pasando por Miguel,  cartonero, que nació cartonero y siempre fue cartonero.
       Hasta llegar a Eulalio, un burro de carga, que luego pasa a ser burro cartonero para terminar siendo un burro “filósofo”
       Eulalio, que puede ser cualquier burrito cordobés, solo que con un lema, como dice él…
       “HAY RAZONES QUE NO SON RAZONES. PERO EL HOMBRE LAS HACE RAZONES”
  

 2)- VISITANDO A MIGUEL
       Decido ir a visitar a mi amigo Miguel, llego hasta la casa, humilde, tal vez muy humilde, pero limpia.
       Me recibe, me hace pasar, le muestro como han quedado sus “diálogos” pasados en limpio, y la verdad, queda muy  contento.
       -Miguel déjeme hacerle dos preguntas – le digo.
       Para empezar, ¿porqué  por ahí le llama a Eulalio "El descodificador"?
       -Vio que hoy todo es código, leyes y costumbres que el hombre ha creado,-me dice, y continúa…
Código aquí, código allí, hasta el Código Da Vinci.
       Y tanto es así, -suspira hondo y sigue- que algunos están pensando que hasta se haya codificado el Libro de los Libros, como lo llama el burro, el libro más sencillo en historia, en ciencia, etc.
       -¿Pero quién puede pensar que está codificado? - le pregunto.
       -Pueden ser, -me dice Miguel- personas que se creen iluminadas, personas que no conocen tanto a Dios, la Persona más imparcial del universo.
      -No dejamos de reconocer que es buen libro de historia, ¿pero de ciencia?
       -A lo que me responde Miguel- dice el burro que de ciencia,  tiene mil ejemplos.  
       -Puede ser. Y  La segunda pregunta tiene que ver con eso de que “dice el burro”.Usted sabe que he leído varios diálogos más, por ejemplo cuando habla acerca de Dios, su inmenso tamaño; cuando habla de Satanás, que asegura con ejemplos que al Diablo nadie lo ha visto, más aún que no es inmortal; también lo de la Atlántida, desde las operaciones de cabeza y hasta porqué se destruyeron esas   ciudades joyas;  y cuando habla de la muerte, ¿si la muerte es la muerte o no es la muerte?, etc., etc., etc.
       - Entonces ¿Porqué en lugar de decir que habla con un burro, mas bien decimos:
         Que tiene visiones iluminadoras…, y que en esas visiones recibe mensajes, que le mandan a escribir esos mensajes, para que se entere todo el mundo; es más impactante que hablar con un burro.
       -Si, -me dice Miguel- puede ser más convincente, que la gente piense que soy un iluminado, que la gente piense que descifro cosas, que descubro cosas, que yo descodifico, pero no, no...
            O mejor... Alguien que viene de otro planeta mas adelantado que el nuestro, que nos dice todo acerca de nosotros, claro porque es más adelantado; es mas creíble que si lo dice un burro.
       Como siempre,-dice Miguel,  moviendo la cabeza y los hombros- son más creíbles las cosas, si nos lo dicen alguien de afuera, que alguien de nuestro propia casa.
       Y, -continúa Miguel- menos interesante aún, si el que nos dice las cosas es un burro, ¿no?
       Nos vienen a decir las cosas porque somos ignorantes  nos vienen a decir las cosas porque nosotros somos unos burros, -hace un alto… y sigue- con perdón del burro.
       Y si nos habla un burro, -con una sonrisa media irónica continúa don Miguel- no le creemos porque somos  más inteligentes.
       Al final quién nos entiende…
       ¡No…!, -se vuelve a  poner serio y termina- deje que  hable el burro, prefiero pecar por sonso, que pecar por vivo; prefiero errar por sonso, y no errar por avivado.
       Acaso, yo…, puedo agregar algo más a esto que ha dicho Miguel, no. 


3)-MUERE DON RAMON

    Y ahí estaba don Ramón en la piecita, más muerto que vivo, tirado sobre la cama, daba pena verlo, dolorido, angustiado, y él sabía, aunque ya había pasado varias veces por esta situación, que ésta era la última, y tal vez por eso repetía:
       -Sí vecino, de ésta ya no vuelvo, por eso le dejo tal vez lo único que me queda, el carro y Eulalio.
       Si era cierto, era lo único que le quedaba, el carro y el burro..., el burro y el carro.
       Ese carro que estaba en el patio, carro que de tan maltratado, ya no servía para nada, carro que tantas veces le había dado de comer, pero sobre todo que tantas veces le había dado de beber, para emborracharse, si, cuantas veces se lo veía tirado, borracho a la par del carro.
       Si, el burro y el carro, el carro y el burro.
       Ese viejo burro al que mas de una vez aporreaba, si, borracho porque no arrancaba, con el carro hasta “arriba” de escombros, o repleto de arena, carro pesadísimo, y aun peor con las ruedas chuecas, verdaderamente era un triste burro de carga, al que él le llamaba Eulalio y este pobre animal de carga, era muy fiel, no importaba donde estuviera su amo..., ya sea bien cerca de la casa, o bien lejos, se orientaba y siempre traía el amo hasta el frente de su casa, ese amo que siempre se bajaba en cuatro patas, muy borracho, y que hoy tal vez estaba pagando las consecuencias.
       Sí, ahí estaba Eulalio, en el patio, mirándolo, triste y en silencio, ¿pero que digo en
silencio?, ¿ y de que otra manera puede mirarlo el burro?
       Y, mientras estoy pensando todas estas cosas, lo escucho repetir a don Ramón, ya casi entrecortado:
      -Lo que más le encargo es a Eulalio…
       -Pero no se haga problemas don Ramón –le digo- ya viene la ambulancia que llamé, así usted se va, se cura y vuelve.
      Si, tal vez era una mentirita piadosa, de las que tantas decimos, pero esta vez ni yo me lo creía. 
     -No, -decía don Ramón-, yo se que de ésta no vuelvo, y vos y Eulalio son los únicos que me han acompañado hasta lo último, -y volvía a repetir- por eso le pido que… que cuide a Eulalio, y cada tanto llévelo a dar una vueltita por el campo, él le va ha indicar. Y si alguna vez usted necesita algún consejo o ayuda, pídasela a Eulalio, y si se lo da, no haga como yo, que por no hacerle caso me estoy muriendo.
       ¿Cómo? –pienso- ¿ me está diciendo que el burro me va ha indicar, que el burro me va ha aconsejar, que me va ha ayudar?
       -Y ya perplejo le pregunto- ¿Qué, no me va ha decir que este burro habla?
       -Si…-me contesta, ya casi sin aliento.
       Hummm, -pensé- a este don Ramón todavía le dura la curda.
       Todavía estaba enfrascado en este pensamiento cuando escucho llegar la ambulancia, baja el médico y antes   de que pise el umbral de la puerta se lo escucha decir:
       -¡Otra vez viejo!
       Apenas pasa la puerta y lo ve, grita:
       -¡Urgente, hay que cargarlo!
       Todo se hace tan rápido, bajan una camilla, lo cargan y se lo llevan.
       Si otra vez se lo llevan a don Ramón, esta vez solo, muy solo, afuera no hay, ni vecinos curiosos.
       Los únicos que vemos como se lo llevan somos yo y Eulalio, o si prefieren mejor el burro adelante...,
Eulalio y yo.
       Esta vez no iba Eulalio, que estuviera como estuviera, y donde estuviera, siempre lo traía de vuelta, solo que esta vez iba para no regresar nunca más.
       Cierro la puerta como puedo, dejo el carro en el patio, sujeto el burro con una rienda y entramos a caminar, caminamos lentamente hasta mi casa, y de la pena que me  da hasta le voy hablando por el camino, como queriéndolo consolar, tal vez como si me entendiera…
       -Y bueno –le digo- así es la vida mi viejo burro, unos luchan por vivirla, otros luchan por matarla…


4)-  DE BURRO DE CARGA, A BURRO CARTONERO
       Hoy, 23 de diciembre, ya han pasado 10 días de la muerte de don Ramón, que tan fervientemente me había pedido que le cuidara el burro y el carro.
       Al otro día que lo internaron, no se de donde unos parientes se enteraron que el viejo había muerto, vinieron y se llevaron todo lo que pudieron incluso hasta el carro.
       Y del burro que me había traído… nada, ni siquiera preguntaron, así que ahí lo tengo junto a Rocinante, mi caballo.
       Ah,… ¿qué quién soy yo?, bueno, aunque a mi caballo le he puesto Rocinante, no quiere decir que yo me crea don Quijote, aunque… de bueno y de loco todos tenemos  un poco, sino por el color del caballo.
       Yo soy  Miguel , conocido por todos como  don Miguel, “el cartonero”, si, mi vida como la de don Ramón dependen del carro y del caballo, o como se dice “de ambos dos”.

       Pero hoy el destino me iba a jugar una mala pasada, imagínense, 23 de diciembre, un calor, una humedad y los mosquitos, no se podía dormir; y pensando en los negocios que hoy con las fiestas estarían llenos de papeles y cartones, y cuanto más mañana 24, así que me dije: a levantarse que al que madruga Dios lo ayuda.
        Me levanté, preparé el carro, até a Rocinante y bien tempranito salimos a buscar cartones.
       La verdad tuve suerte ya que antes de media mañana ya había completado el carro, así que me dije: a las casas papá…
       Pero… a mitad de camino, sas…, no se que pasó, fue todo tan rápido, el cuerpo se me fue hacia delante, los cartones que volaron y Rocinante de rodillas en el suelo; me bajo rápido del carro, lo ayudo a pararse pero ya su  mano no era la misma, apenas si la podía apoyar, había quedado manco.
       Como pudimos llegamos hasta la casa, lo desato del carro, despacito, lo acomodo bajo la sombra con agua y pasto, cerca estaba Eulalio que nos miraba.
       -Bueno –le digo a Rocinante- acomodo los cartones y vengo a verte.
       Hice así, tal cual, acomodo los cartones y el carro y lo vengo a ver, la mano totalmente hinchada, lo menos tenía para dos días, y justo ahora con tanto cartón para buscar…!qué hago!...,!qué hago!..., y hasta casi un grito me sale… !Dios qué hago!...
       -Yo lo puedo ayudar –escucho una voz a mi espalda.
       Me quedo helado, si a pesar del calor que hacia, me quedo helado, es que no había más nadie que el burro, pero me repuse un poco, me di vuelta y pregunté…
       -¿Cómo, es cierto que habla?
       Ahí estaba, tranquilo me miraba y dijo:
       -Sí, todos los animales hablamos, sino, dígame ¿cómo nos entenderíamos?
       -Claro, por supuesto, el perro con el perro, el gato con el gato, y el caballo con el caballo.
       -Si,-contesta Eulalio- también el hombre con el perro  el hombre con el gato y el hombre con el caballo, y ellos también entienden, ¿acaso cuando lo llaman por su nombre no vienen?.
       -Y, si –balbuceo.
       -Y cuantas veces –continúa el burro- el hombre se da cuenta de algo porque los animales le avisan.
       -Y, si –vuelvo a repetir.
       Acaso no ha escuchado –sigue diciendo Eulalio- por ejemplo, decir a este perro solo le falta hablar… y en realidad a su manera pero habla.
         Más aún, toda la naturaleza habla con su idioma, si, hablan los humanos, hablan los animales, también hablan las plantas, y hasta las piedras hablan.
       -Ehhhh, tampoco sea tan exagerado.
       -Sin embargo, la persona mas importante de la historia del hombre dijo que si las personas no hablaban…, las piedras lo harían.
       -Bueno, bueno –le digo- ahora volviendo a lo nuestro, ¿cómo me va ha ayudar con Rocinante?, ¿lo va a curar de palabra?
       -¿Acaso Ud. no recuerda lo que le dijo don Ramón?  Cuando precise ayuda o consejo, pídaselo a Eulalio, no cuando precise ayuda su caballo, o su perro sino usted, por eso hablé, sino hubiera seguido mudo.
       -Bueno, -dije- vamos al grano, ¿entonces quiere decir que en esta torcedura de mano, en el problema del caballo, no me va ha poder ayudar?
       -Si, ¡cómo que no!  Yo le puedo decir, lo puedo orientar como hacer para que se mejore, si,  pero el que lo tiene  que hacer es usted.
       ¿Qué puede saber este burro de curar caballos? -pensé, y decido seguirle la corriente. 
       -¿A ver cómo es eso? –le pregunto.
       - La verdad, –dice,  meneando la cabeza- se ve que la torcedura es brava, renguea fiero. Pero vamos a empezar desde el principio… ¿está desparasitado?
       -Eh, -le increpo- por supuesto, ya que todos los años lo desparasito.
       Pero la verdad –pensé- es una pregunta muy acertada   ya que sabemos del terrible trabajo de los parásitos en las extremidades.
       -Entonces entremos a buscar  las cosas para curar a esta pobre bestia.
       -¿Qué precisamos? –le pregunto para ver que me respondía.
       -Una lata de 20 litros –me dijo- un buen poco de jarilla, sal gruesa, una bolsa arpillera, unas tiras de tela, y un buen fuego para poder poner la lata de 20.
        Y al ratito...
      -Bueno Eulalio, aquí estoy con todo lo que me pidió, –le digo, mientras pensaba que la verdad lo estaba empezando a respetar por que eran las cosas que yo usaba para estos casos, pero tenía curiosidad para ver como seguía la cosa, así que le pregunté.
       -¿Qué hago con esto?
       -Ponga en el fuego –me dijo- la lata de 20 litros con un poco más de la mitad de agua. Le pone unos tres puñados de jarilla, casi dos puñados de sal y a esto lo deja hervir  bastante, hasta que el agua se ponga verde.  Lo saca del fuego.  Lo deja entibiar un poco y aún calentito le puede meter la mano del caballo un ratito, en la primera vuelta medio que se va a cimbrar.  Luego agarra la arpillera, la empapa bien con esa agua, le envuelve la mano atándola flojita nomás con las tiras y lo deja.
       Dos o tres veces hoy, lo repite mañana, y pasado está listo.
       Me está dejando con la boca abierta, -pensaba- si era lo más apropiado que conocía que se podía hacer para este problema. Lo único que faltaba era que me dijera que le cortara unas crines de la cola y le anudara para que lo ayudara.
     -Para terminar, -me dice el burro- algunos por folclore le cortan unas crines de la cola y le atan la mano porque dicen que le ayuda.
       Así que hice tal cual, y luego me vine a terminar la conversación con el burro.
       -La verdad Eulalio, he hecho tal cual como me ha dicho,  por que es un método que suelo usar y siempre me ha dado buen resultado, y tengo que reconocer que este punto lo ha razonado muy bien.
       -Si -me contesta el burro- aunque algunos usan otras cosas,  pero suelen jorobar un poco al animal, y sino va a la veterinaria y compra fluido Spineda, que aunque a un costo mayor, es efectivo.
       Y con respeto –continúa el burro- a que usted dijo que lo he razonado bien, permítame decirle que los animales no razonamos, que los animales solo pensamos, y en otro momento le puedo comentar la diferencia.
       -Bien, muy bien, puede ser en otro momento, pero ya que estamos en consejero, ¿le puedo pedir algo?
       -Como no, don Miguel .
       -Hace unos días mi cuñado se ha comprado un caballo que tiene un gran problema.  En el carro no sabe hacer marcha atrás, y para colmo de males, ¿vio las líneas blancas que cruzan la calle?  es como si les tuviera miedo, no pasa, así que mi cuñado en ambos casos se tiene que bajar del carro y con la mano en las riendas, hacerlo retroceder o cruzar las líneas, ¿qué le podría aconsejar?
       No tenía muy claro que decirle a mi  cuñado,  pero en mi interior,  me intrigaba saber, que me respondería el burro.
       -Un consejo, no –dice el burro.
       Sonamos –pensé- como buen burro seguro se va ha echar para atrás.
       -Lo que yo le puedo decir,-continúa el burro- es una orientación que le puede dar resultado: 
      Con respeto a lo primero. Para que aprenda ha hacer marcha atrás, si, ata el caballo al carro, lo lleva hasta un  tronco, o aun, mas sencillo, arrima el carro al cordón de la vereda y pone una rueda de manera que la frene bien el ir para adelante, que se trabe la rueda para que el  carro no pueda ir para adelante, entonces, él, desde arriba tira de las riendas para atrás. Y así saldrá primero para atrás y después para adelante y se va a acostumbrar.
       -La verdad Eulalio es una buena idea pero, ¿qué de la segunda?
       -¿La que no pasa solo las líneas blancas, sino que lo tiene que llevar a tiro?
       -Si.
       -Bien-dice el burro- aquí, unos cuantos metros antes, tiene que aminorar la marcha del caballo, todo lo que más pueda.  Y.  mientras va despacito desde arriba del carro, tiene que ir hablándole. Y, así, despacito y con la voz del amo en las orejas, va ha ir pasando las líneas blancas, hasta que se vaya acostumbrando y con el tiempo no va tener mas problemas.
       Bueno, pensé, total no me cuesta nada decirle a mi cuñado. Las ideas no parecen tan descabelladas y si dan resultado me anoto un poroto.
       -Pero volviendo a lo nuestro –le digo- ¿sabe porqué yo me preguntaba... qué hago, que hago, cuando usted me habló?
       -¿Ah, no era con respeto a la mano del caballo?- me pregunta como extrañado.
       -No, -le respondo- ya que respeto a Rocinante sabía que hacer.  Sino,  que como mañana es 24 de diciembre, y se compran todos los regalos para navidad. Los comercios tiran una cantidad impresionante de papeles y cartones y no voy a poder contar con Rocinante… Por eso… ¿qué hago, qué hago?
       -Amigo don Miguel, ¿no se acuerda lo que le dijo don Ramón?
       -Como no me voy a acordar, que cuando me hiciera falta un consejo o una ayuda se la pidiera, y bueno el consejo ya me lo dio.
       -¿Y la ayuda? –me dice Eulalio.
       -¿En que me puede ayudar?- ­le pregunto, por preguntar..
       -¿Cómo en que lo puedo ayudar? -me dice Eulalio- déjeme que tome por un día el lugar de Rocinante, pruébeme y le aseguro  que no voy a fallar. Además, no tiene otra cosa.
       Era cierto, -pensé- no tengo otra cosa, así que resignado le digo:
       -Esta bien, mañana probamos.
       -Bien-dijo Eulalio, casi festejando y se fue a comer a una orilla.. 
     Si, tal vez por ser el primer día que hablamos le había exigido mucho, pero a pesar de la desgracia, me dejo bien haber conversado con él. 
     Al otro día me levanto bien temprano, ya me estaba esperando Eulalio, lo saludo, no dice nada, y solito se acomoda a la par del carro, le acomodo como mejor puedo los arneses de Rocinante, |páaa...! que era grande el cambio,   pero no me quedaba otra, así que ni lo pienso y arranco.
       Ya a las pocas cuadras me encuentro con otros colegas cartoneros, y las primeras cargadas:
       -Eh loco…-grita uno- a ese burro, aunque lo mandes a la universidad jamás se va ha recibir de caballo.
       -Y otro- Mira, anda con un burro para decir que hay alguien mas burro que él, ja, ja, ja…
       -Y uno de atrás me grita- Esta noche encargale un caballo a papá noel…
       Y así, entre cargadas y carcajadas, trajimos dos carradas completas de papel y cartón.
       Yo estaba cansado, pero también estaba contento, porque había podido trabajar, y muy bien, gracias a este burro que me ayudó, y al cual tenía tantas preguntas que hacer, no hoy, porque estábamos muy cansados.
       Y ha pesar del cansancio también se lo veía contento a Eulalio, a lo mejor, porque se sentía útil, tal vez por eso, porque había pasado de ser burro de carga a transformarse en burro cartonero.

5)-  LOS ANIMALES SABRAN MAS DE LO QUE NOSOTROS PENSAMOS
       Ya estamos en el otro año, ya han pasado varios días de aquellas primeras conversaciones  que tuve con el burro Eulalio.
          Y ¿qué me lleva hoy que siga hablando de él, tal vez una sonsera, tal vez una causalidad, o tal vez nomás creer que los animales saben mucho mas de lo que nosotros los humanos pensamos.
       Pero el hecho es que esta mañana me cruzo con mi cuñado, el del caballo con mañas, ¿se acuerdan?, y me parece que ya se que se están imaginando lo que me dijo, si eso:
       -Eh Miguel, -me grita- hice todo lo que me dijiste y anduvo fantástico.   
        -No seas exagerado –le digo.
        -Sí, -me dice, entusiasmado- atraqué el carro frenando la rueda con el cordón de la vereda.  Y  lo sacaba marcha atrás y arrancaba, verdaderamente dio resultado.
       Como me dijo… antes de llegar a las líneas blancas, bajaba del trote a paso de hombre y mientras le hablaba las pasaba. Gracias cuñado - gritó.
       Sí, con cosas bien sencillas, se acuerdan me sacó a mi del paso, y también, con cosas bien sencillas sacó del paso a mi cuñado.
       Con esa sencillez seguimos hablando y hoy quedamos en tocar un tema más sencillo aún, ¿se acuerdan que me dijo que toda la naturaleza habla y que tendríamos que escucharla?
       Por eso la primera pregunta que le hago, es directa, a quemarropa:
       -¿Porqué dice Eulalio que tenemos que escuchar a los animales?
       -Si ustedes observan con más atención la naturaleza y aprenden a escuchar a los animales, -responde el burro- aprenderían y se orientarían con más facilidad para hacer cosas nuevas sin contaminar ni destruir el ambiente, como muchos lo hacen.
       No es fácil –continúa el burro- aprender el lenguaje de cada una de las especies, pero ustedes que son superiores en muchas cosas pueden lograrlo.
       -Bueno,  por ejemplo.
        -Por ejemplo -dice el burro- primero: donde hay naturaleza y animales, hay equilibrio ecológico.
        Y segundo –continúa el burro- por la experiencia de vida.
      -A lo mejor usted tiene razón, -le digo e insisto- pero déme argumentos más sólidos para lograrlo...Por ejemplo en la naturaleza.
       -Como no –dice el burro-  cuando ustedes encuentran reservas en la naturaleza que tardan miles de años en reponerse, en lugar de programar su uso, no, lo explotan egoístamente hasta terminarlo.
       Un ejemplo, -continúa el burro-el petróleo, elemento que han hecho egoístamente imprescindible.  No es que  no lo usen, sino que por lo contrario, usándolo adecuadamente, esforzándose para no contaminar el ambiente, pensando en las próximas generaciones.
       Otro ejemplo, los árboles, imprescindibles, pulmones de la naturaleza, pulmones y alimento y protección  de los hombres, de los animales y de la tierra. Que se talan indiscriminadamente.
       -Estamos de acuerdo en lo que Ud. dice. Pero ¿que argumentos me daría para escuchar a los animales?
       -Un viejo ha dejado asentada una frase muy cierta: “El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”
       -Ah, si -le digo-El Viejo Vizcacha. Pero ¿Porqué tiene que nombrar a ese cornudo, que siempre mete la cola?
       -Ni tiene cuernos,-me dice- ni tiene cola, pero será tema de otro día, solo lo he mencionado, por que más sabe por viejo, por la experiencia de vida.
       -¿Cómo es eso?
       -Mire, -responde el burro- si usted cree en un Dios creador, sabrá que miles de años antes que se creara al  hombre, se crearon a los animales.
       Pero, si usted cree en la evolución, se dice que después de miles, o de cientos de miles de años el hombre ha evolucionado de los animales.
       Por eso -sigue el burro- mire por donde se lo mire, los animales tenemos una experiencia de vida mucho mayor que los humanos.
       -¿Y entonces?
       -Lo que pasa, que los hombres de nuestras virtudes han hechos defectos.
       -¿Cómo es eso? -vuelvo a preguntar-
       -Por ejemplo-dice Eulalio- acaso cuando quieren tratar alguien de ignorante no lo llaman “burro” y hasta le dibujan unas orejas grandotas emulando las nuestras.
       Orejas grandes, cierto, pero para escuchar a nuestros pares, que siempre suelen estar lejos, orejas que también nos  alertan del peligro, orejas que cuantas veces se las  hemos prestados al escuchar sus cuitas, tristezas y alegrías cuando solos caminan a la par nuestra por esos caminos sinuosos y escarpados.
       -Puede ser-le digo-pero a ver ¿hábleme de otra virtud sobresaliente?
       -Otra-dice el burro- es nuestra memoria, tal es así que aún pasando solo una vez por un caminito, jamás lo olvidamos en nuestros más de 50 o 60 años de vida.
       Por eso gran parte de la historia del hombre, desde su creación hasta ahora la conocemos y la vamos pasando de generación en generación.
       -¿Recuerda algún acontecimiento que la historia haya grabado,  en donde se hayan encontrado el hombre y el burro?
       -Si es cierto,-responde Eulalio- que nuestros primos los caballos han llevado sobre sus lomos a reyes, príncipes y grandes personalidades y nosotros también, pero nosotros y solo nosotros hemos llevado al hombre más grande que pisó la tierra, en varias oportunidades.
       Si, pienso, debe ser al Flaco Jesús, así que le respondo:
       -Sí, eso también es cierto, pero ahora dígame ¿cómo demostraría que los hombres razonamos y que los animales solo piensan?
       -Linda pregunta, pero por favor ¿no la podemos dejar para mañana?
       -Si, como no.
       Mientras Eulalio se retira tranquilito a comer a una orilla. Veo,  como un remolinito de viento hace volar un sinnúmero de papelitos por el aire. ¿Y saben de qué me acuerdo?
       Que hace unos días me encontré un tomo de esas Enciclopedias con las que suelen contribuir los diarios.
       Y en una de sus páginas hablaba justo del papel . ( La Mañana de Córdoba- T. 10-Pág.927 - 2005 ), y me acuerdo que decía que consumíamos 4.000 millones de toneladas de madera por año.
       Y un porcentaje se lo llevaba el papel.
       ¿Cuántos árboles se tendrán que talar indiscriminadamente para sumar esos 4.000 millones de toneladas de madera por año?
       ¿Y los que yo no sumo, destruyendo queriendo o sin querer?
       ¿Qué es un granito de arena? Puede ser.
       ¿Pero acaso las grandes playas no están hechas de… “granitos de arena”?


6)-  DE BURRO CARTONERO A BURRO FILOSOFO
       A la tarde del día siguiente después de acomodar todo, busco una silla y me siento cerca de Rocinante y Eulalio.
       -Buenas,-saludo.
       Rocinante me mira, y Eulalio saluda.
       -Buenas –dice.
       La verdad estaba ansioso por saber que me respondería, así que voy derecho al grano y le digo:
       -¿Se acuerda Eulalio la pregunta que le hice ayer?
       -Claro, la pregunta era ¿cómo demostrar que el hombre razona y que los animales solo pensamos?
       -Exacto,-le digo, mientras acomodo mejor la silla.
       -Bien, podemos tomar dos ejemplos, -dice el burro- uno muy sencillo.
       -¿Y el otro? –le pregunto.
       -También,-responde y continúa- vamos con el primer ejemplo: ¿ve ese letrero que tiene escrito en el carro? ¿Qué dice?
       -“Dios es amor”- le respondo- lo que pasa, aunque hay muchas cosas que no entiendo, trato de ser creyente, tal vez a mi manera,-me justifico.
       -Bien, pero volviendo al primer ejemplo, si ud.,  no hubiera leído lo que allí está escrito, yo jamás lo podría saber, ya que para poder leer, escribir o armar una escritura se necesita razonar, por eso un animal no podría leer o escribir, solo escuchar lo escrito, tampoco sumar o restar, solo podemos asociar. ¿Se entiende?
       -Si.
       -Pasemos al segundo ejemplo,-continúa el burro.
       Una mañana salimos para el campo con don Ramón, cuando a lo lejos divisamos un bulto.
       -¿Qué es aquello Eulalio? –me pregunta.
        -Un Bulto,-le respondo.
       -¡Nooo!-me dijo- es una casa.
       Y nos íbamos acercando.
       -¡Ah, no! -volvió a decirme- me parece que son unas plantas…
       ¿Y para usted?
       -Sigo pensando que es un bulto,- le digo.
       Y seguíamos acercándonos.
       -Ah…no…no…, por la forma que se mueven parecen ser unos animales, ¿y para usted? --volvió a preguntarme.
       -A mi me sigue pareciendo que es un bulto-respondo.
        -Hasta que estuvimos bien cerca.  ¿Y que era?  Unos chicos jugando con un carro.
       Conclusión: yo, que pensaba, no importa la distancia, siempre veía un bulto, mientras que para el hombre que argumentaba, que razonaba de acuerdo a la distancia fue viendo diferentes cosas.
       Esto a la vez nos da ha entender que los hombres razonan de acuerdo a la distancia, al tiempo, al corazón, a sus intereses, a sus tradiciones, a su cultura, etc., etc., etc.
       -Por eso,-sigue el burro- pueden existir hasta miles de teorías sobre un mismo tema.
       -Un momento -le digo- me parece un poco exagerado decir que existen miles de teorías para un mismo tema, ¿a ver déme un ejemplo?                                                                   
        -Veamos, sobre la vida misma, mire  si hay teorías, y ¿sobre la muerte?
       -Puede ser,-le vuelvo a decir- pero llegar a decir miles de teorías.
       -A ver,-me dice- ¿cuantas religiones hay?
       -Si tiene razón. -Tengo que reconocer, existen miles de religiones.
       -Donde cada una de ellas-dice el burro- tiene su propia teoría sobre Dios, sobre el diablo, etc.
       -Cierto, -le digo- mire hay un tema que está de moda y que tiene varias teorías, usted, se animaría ha hablar de la homosexualidad.
       -Como no.- me dice el burro- pero que tal si a este tema lo incluimos en un tema un poco mas amplio como es “el sexo”
       -Sí,-le digo- como no, puede ser.
       -Solo que si lo podemos empezar mañana al tema mejor,-dice el burro- y además le quiero pedir un favor.
       -Si, ¿que será?-le pregunto y me pregunto ¿qué será?
       -Si sobre un cartón duro o madera me puede escribir una  frase.
       -Bueno,-le digo- dígame la frase, por favor
       -Como no,-dice el burro- la frase es:
              Hay razones que no son razones,
              pero el hombre las hace razones.
                                                        El burro.
       Que tal Eulalio…,
        De burro de carga a burro cartonero,
        De burro cartonero a burro “filósofo”          
        Y despacito se fue a su lugar de descanso.
       Y después de unos días traigo el letrero que me había encargado, ¿se acuerdan?


                   "HAY RAZONES QUE NO SON
  RAZONES,
  PERO EL HOMBRE LAS HACE
  RAZONES"
                                                        EL BURRO.      
       Si, firma el burro, no quería que le pusiera Eulalio, sino, El Burro. Y lo colgué bajo el techo, encima de donde come.
       Y bueno no pude más con mi curiosidad así que le pregunté que significaba esa escritura.
       A lo cual me dijo:
      “Por ejemplo, hay razones que no son razones, hay leyes que no son leyes, hay justicia que no es justicia, pero el hombre las hace razones, las hace leyes, la hace justicia, muchas veces depende de sus afectos, de su corazón, de sus intereses, de sus costumbres. etc., etc., etc.”