Marcela Mar en GENTE
 
La amante de El Capo Marlón Moreno habló para la revista GENTE en exclusiva desde un casino al norte de Bogotá. Esto fue lo que salió de esa especial y recordada sesión. Una chica de armas tomar. Marcela Mar nunca había hablado con otro medio de comunicación sobre cómo los narcos afectaron su vida (su padre murió asesinado por un mafioso).

Me va a morder, es inevitable. Nos miramos a los ojos por unos instantes, hombre contra bestia, bestia contra hombre, una lucha que se libra desde el comienzo de la humanidad. Gene Jackson 5, un gatito persa europeo de dos meses bautizado así en honor a Gene Simmons (líder de la banda Kiss) y al grupo que formó ‘Jacko’ con sus hermanos, me enseña sus dientes afilados. El pequeño tigre y yo estamos sentados en el sillón de la sala de la actriz Marcela Mar (su domadora) mientras ella se prepara un té chai en la cocina de su apartamento en Bogotá. Son las 8:35 de la noche. Hasta la sala llega el sonido del televisor que Emiliano (el hijo de 9 años de Marcela y su ex pareja, el actor Gregorio Pernía) ha encendido en una de las habitaciones. Los dos acaban de llegar del pueblo de La Vega (Cundinamarca), después de una larga jornada de grabaciones de la nueva serie del Canal RCN producida por Fox: El Capo.

Gene parece más calmado. Decido bajar la guardia. “¿Quieres un té?”, pregunta Marcela desde la cocina. Siento unos pequeños colmillitos tratando de penetrar la piel de mis manos, el tigre atacó. Lo sabía. “¡Geeeeneeee, no más!”, grita la Mar, que acude rápida, lo baja del sillón y lo mira como una leona. Él hace un gesto tierno como de Tiger (el tigre de Winnie the Pooh). Explica que aunque el gatito tiene dos meses lleva con ellos tan sólo 15 días. “¿Hablamos de El Capo?”, pregunta con cara de cansada. Hoy completé dos semanas grabando una secuencia complicada en la que estoy encerrada con la esposa del capo. Ambas estamos esposadas. Hay mucha angustia y tensión en las escenas porque, aunque todo el relato se desarrolla en el mundo del narcotráfico, la historia es, en esencia, la de un triángulo amoroso y en ese triángulo yo soy Marcela Liévano, la amante del protagonista (Marlon Moreno). Ha sido duro e interesante interpretar a una mujer así”.

Y también ha sido doloroso. “Me ofrecieron el papel y tuve que pensármelo más de dos veces porque a mí me ha tocado la mafia de frente. Cuando tenía apenas 8 años el narcotráfico mató a mi papá, Alejandro Gardeazábal. Él era un joven comerciante de clase media que se enamoró de la mujer de un narco y esa fue su condena. Yo repudio todo lo que tiene que ver con ese mundo, con su estética, con los antivalores que ha sembrado en nuestra sociedad, es asqueroso, así que me preguntaba si me interesaba entrar en la historia que me proponían. La muerte de tu padre te marca de por vida”.

Marcela aceptó el papel y empezó a conocer ese universo que tanto detestaba. Tuvo que grabar en escenarios que le produjeron sentimientos encontrados, como en la Hacienda Nápoles, el que fuera el fortín del mafioso Pablo Escobar. “Fue aterrador estar en ese lugar donde él llevaba a Virginia Vallejo, a las modelos, a las reinas y a los políticos colombianos, el mismo sitio donde se cocinaron tantos atentados. Ahí pude ver lo loco que es este país: ¡Nápoles es hoy como un Mundo Aventura al que la gente lleva a sus hijos los fines de semana! Me impactó. Yo no logro entenderlo”. Tampoco puede comprender cuando le preguntan que por qué se lleva a la televisión otra historia de narcotraficantes. “¿Qué tal? ¿Cómo que por qué? Señores, eso lo llevamos por dentro. El tema del narcotráfico es como nuestra guerra de Vietnam, nuestra Segunda Guerra Mundial, nuestro Holocausto. ¿Por qué en España siguen viéndose historias del franquismo? ¿Por qué en Alemania siguen haciendo películas del nazismo? Hombre, eso es lo que somos y por eso nos duele tanto”. Esas historias hay que verlas en la pantalla así resulten molestas, así remuevan tristes recuerdos. “Un país sin memoria es un país que se repite eternamente. No podemos seguir hablando de lo felices que somos como si aquí no pasara nada”.

Le encimo el huevo / Marcela le da un sorbo a su té chai, se para de su silla: “Lo siento, no me puedo quedar quieta, soy así. Me aburro rápido”, se agacha a regañar a Gene quien intenta hacer pipí lejos de su arena vital. Lleva unos jeans gastados que ocultan sus piernas entrenadas y en forma (en las fotos con GENTE queda comprobado que la chica va al gimnasio), una camiseta roja y unas botas reebok blancas. La actriz de Espérame al final (serie dirigida por Pepe Sánchez en la que participó a los 12 años), ‘la más’ de Todos quieren con Marilyn y la mujer violada de la película Satanás, habla con determinación, deja claro qué le gusta y qué no, tiene carácter: ¿Para qué quieres saber mi fecha de nacimiento? ¿Para qué? ¿Me quita o me pone algo que te diga en qué año nací?”, no intenta ser cortés ni quedar bien en cada respuesta. Pero puede ser terriblemente divertida. De eso se dio cuenta el escritor y presentador peruano Jaime Bayly cuando la llevó a su programa de entrevistas y Marcela aprovechó cada respuesta para tomarlo del pelo. “Yo sabía que él era muy montador, así que llegué al plató con patada de antioqueña (ella es bogotana). Se rió mucho conmigo”. Si quieren ver a Marcela explicándole a Bayly qué significa la expresión tan colombiana de “le encimo el huevo”, vayan a YouTube (escrito pierde su gracia).

Aunque no es científica (es actriz de raza, desde los 8 años está interpretando) tiene teorías que vale la pena tener en cuenta. “A mí me mortifica que las películas colombianas tengan un contenido sexual tan alto. Es como si nuestro país no hubiera encontrado su tranquilidad sexual, ¿no? Mi personaje en El Capo es muy sexual porque es su amante, pero ese tema, el de la obsesión por el sexo en el cine nacional me hace cuestionarme mucho. Estamos muy preocupados por los desnudos. Siento que no hay una tranquilidad sexual en Colombia”, mira al vacío, piensa en lo que dijo y suelta una carcajada: “¡No hay tranquilidad sexual!.

Un pedazo de carne / No se siente cómoda exhibiendo su anatomía en las revistas,“respeto a las que se han desnudado, seguro tuvieron razones para hacerlo, pero yo por ahora no las tengo”. ¿Segura? Le recuerdo que, junto a varias colegas actrices, le prometió a una publicación para hombres que posaría sin ropa si en el Congreso es tenido en cuenta su proyecto ley que busca “una remuneración por comunicación pública a los artistas intérpretes o ejecutantes de obras y grabaciones audiovisuales”. Que lo explique Marcela: “Es hora de remediar esta injusticia que se comete hace muchos años. Los lugares públicos en donde hay televisores y se exhiben nuestras producciones audiovisuales, llámense telenovelas o películas, se lucran de ellas porque les sirven para entretener al público que va al lugar. Eso deberían pagárnoslo, como se hace en otros países. En Europa funciona así. No hablamos de regalías por ventas al exterior ni por repeticiones. Eso es otra cosa”. Es decir, se trata de una especie de Sayco-Acinpro para los actores. “Sí, más o menos es eso”. Y por esa causa sí se quitaría la ropa. “Si me toca quitarme la camiseta por el gremio lo voy a hacer. La española Pilar Bardem nos dijo: ‘ustedes no tienen nada, así que no tienen nada que perder’. ¿Y yo qué tengo? ¿Las tetas? Con los años se me habrán caído y no me importa, a mí la cabeza me va a durar mucho más. ¿A quién le importan unas tetas? ¿Eso es lo que quieren? Pues ahí les doy su pedazo de carne para que den lora, pero a mí denme un derecho que es fundamental, porque yo vivo de esto. No soy ni odontóloga, ni siquiera escribo, yo soy solamente actriz. No me voy a resignar sin dar la lucha”.

El tigre Gene Jackson 5 ha vuelto al sillón. Marcela lo vigila con su mirada de leona para que no vuelva a atacar. Ya no le queda té en la taza. Es tarde, hora de marcharse. Antes le pregunto por el triángulo de la discordia: Chávez-Uribe-Correa. “No voy a sentar mi posición política al respecto, me meto en terrenos peligrosos, qué puedo agregar: ¡esto es un circo, hermano!”. De bajada, en el ascensor, reviso las marcas que me dejó Gene. Estornudo. Soy alérgico a los gatos pero no lo dije, es mejor no mostrar debilidad ante la amante de un capo.
                           
 
 
 
 
                                 
Una mujer de doble moral


Luego de haberse casado con un cineasta estadounidense, muchos dudaban que Marcela Mar, quien ahora vive en Los Ángeles, volviera a participar en Colombia. Ahora reapareció con todo en la producción El Capo.

Esta vez, la actriz espera quedarse por un tiempo muy largo en el país, debido a las múltiples ofertas de trabajo que le han llegando. Pero, manifiesta que no es fácil, cuando el corazón está lejos.

La nueva producción tiene copado toda su agenda, ya que la mayoría del tiempo lo dedica a las grabaciones de la nueva telenovela. En esta serie ella encarna a una periodista que tiene una doble moral y que se convierte en la amante del protagonista para develar grandes secretos.

Aunque Marcela reconoce que el narcotráfico es un tema trillado por todos los lados que se le quieran ver, ella le contó a EL PERIÓDICO que es un proyecto muy interesante y que para lograr alcanzar el nivel tuvo que preparase mucho.


“Me pareció muy interesante estudiarlo y sumergirme en el tema desde todos los puntos de vista, tiene historias casi como imposibles y una fotografía que deja de lado al esquema normal de las telenovelas tradicionales”, razones por las cuales decidió convertirse en una amante similar a lo que fue Virginia Vallejo cuando vivió una relación tormentosa con el desaparecido Pablo Escobar.

Toco mi alma

Según Marcela la construcción del papel no fue sólo experimental sino investigativa, pues apenas se quedó con el personaje decidió “buscar textos, conocer sobre las periodistas quienes también se involucraron con personas al margen de la ley y al mismo tiempo, entender como se pone de por medio la ética periodística por razones personales y sentimentales”.

En cuanto a los desnudos del personaje reconoció que fueron algo complicados, aunque se sintió satisfecha con Marlon Moreno, a quien considera un compañero excepcional.

Esta no es la primera vez que compartimos escenario, ya lo hemos hecha en producciones anteriores, donde siempre les hemos sacado el mejor provecho a los personajes que nos toca representar.


“Yo tengo claro que es lo que quiero con mi carrera como actriz y aunque tengo el corazón en Los Ángeles, la oportunidad está en Colombia.

Además expresó que se siente muy feliz de trabajar con un equipo con tanto talento y con un formato nuevo para televisión”
,
explicó la actriz.

Marcela confirmó que cuando termine las grabaciones de ‘El Capo’ empezará con la grabación de una película colombo española, donde comenzará la internacionalización de su carrera profesional.

También está estudiando otras propuestas para televisión junto a una obra de teatro que sólo se podrá ver hasta el próximo año.

La actriz habla que esta serie ha llevado a cuestionarse su papel como mujer dentro de la sociedad. Tanto que se ha convertido en un reto profesional, ya que esta historia tienen mucho de realidad.


Marcela la periodista

Es una Periodista muy cercana a ‘El Capo’, una mujer compleja, y que busca de revelar la propia verdad del mundo del narcotraficante.

Este papel es muy diferente al que hice en la telenovela ‘Pura Sangre’, mi personaje era llenó de ternura y sin maldad.


Con este nuevo personaje no tuve que hacer mayor cambio en mi apariencia física, sólo oscurecerme un poco el cabello, pero creo que lo básico está en los que cada vez el personaje va aportando a la historia.

 

 

 

  Marcela Mar  - Un amor veinte años mayor

 

'Cuando uno es feliz, dan más ganas de compartir las cosas buenas y poco y nada importa lo que piensen los demás'. Quien lo dice es Marcela Mar, la misma de la que han hablado tanto por estos días gracias a su excelente trabajo en Satanás, el filme de Andy Baiz, por el que muchos le han dicho que no parece que fuera su primera vez en cine.

Y entonces, ella sonríe con timidez. No hay duda, la actuación dio frutos dulces en la pantalla grande. Pero su gran momento está al lado del amor. Hace ocho meses llegó a su vida un estadounidense que la invita a conversaciones apasionadas, a ver el amor en niveles que nunca antes conoció. Se trata de un productor ejecutivo de Los Ángeles, que se mueve en la industria del cine y la televisión. Su nombre es Scott Steindorff, un hombre maduro, 20 años mayor que ella, romántico, sabio y 'hecho y derecho', tal cual lo estaba pidiendo. 'Me siento bendecida. Estaba esperando a alguien que fuera para mí' dice Marcela.

Se conocieron durante el rodaje de El amor en los tiempos del cólera, en Cartagena. El primer contacto fue simplemente profesional: productor-actriz. La actriz fue elegida para hacer el papel de América Vicuña, uno de los tantos amores de Florentino Ariza, el mágico personaje de la novela de Gabriel García Márquez. Durante una semana, Marcela estuvo, 'con disciplina de soldado', en cada uno de los ensayos de su representación. Pero las cosas comenzaron a cambiar cuando Scott y ella se encontraron en una fiesta privada que ofreció el actor español Javier Bardem. 'Hablamos mucho y la conexión fue inmediata. Esa noche me invitó a comer y después decidimos ser novios'.

"Fue un momento muy romántico. La ciudad, la energía, todo estaba a nuestro favor"
; narra ella. Desde entonces mantienen una relación estable y sólida, en la que uno de los dos viaja para visi tar al otro, por to menos una vez al mes. Scott la acompañó en la premier de la película Satanás, en Bogotá, de la que salió asombrado. "Es un buen crítico. Pese a que no habla español, entendió la película perfectamente. Salió admirado de mi trabajo y me comentó que Andy (Baiz) tiene un futuro brillante".

También estuvo con ella durante un día de trabajo de la telenovela Pura sangre, en la que Marcela Mar interpreta a Florencia Lagos, la protagonista de la historia.

'Esta es una relación en la que he aprendido mucho. No ha sido tan física, pero sí muy apasionada, espiritual, en la que prima la conversación, el deseo de conocernos en niveles más trascendentes. Estamos felices'.

 

 

 

Marcela Mar - 'Aprendo con la vida'

 

La actriz colombiana Marcela Mar se encuentra en un muy buen momento. Grabó la telenovela Pura Sangre, una de las más vistas en los últimos tiempos, hizo dos películas de cine, se enamoró otra vez y ahora reorganiza su vida en Los Ángeles.

Dulce como en Pura Sangre, seductora como en Sin límites, ambiciosa como en Marilyn, decidida como en Satanás, buena hermana como en Pedro, el Escamoso y hasta amante como en El amor en los tiempos del cólera. Marcela Mar tiene mil facetas, no sólo en la actuación, también en su vida cotidiana.

 

 

 

En 16 años de carrera artística y 28 de vida, ha aprendido a darles alma a distintos personajes y a degustar con todas las ganas cada experiencia que se cruza en su camino: su primera obra de teatro, su primera aparición en televisión, la separación de sus padres, sus aventuras amorosas con Gregorio Pernía, la llegada de su hijo Emiliano, su debut en cine y hasta su nueva vida enamorada.

 

Todo ha sido sin afanes. "Siento que he llevado mi carrera y mi vida paso a paso y que no me he saltado ninguno. Que nadie me ha regalado nada y que he conseguido las cosas poco a poco". Así habla la actriz, que en menos de un año se consolidó como una de las más próximas a hacer nombre en el exterior.

 

Filmó Satanás, película dirigida por el caleño Andy Baiz y que obtuvo dos premios en el Festival de Cine de Montecarlo en el 2007; filmó en inglés El amor en los tiempos del cólera, protagonizó Pura Sangre, una de las telenovelas más vistas en horario prime, con un promedio de 40,5 puntos de audiencia y está nominada a mejor actriz protagónica en los premios India Catalina.

 

"Creo que ahora sí demostré que puedo ser versátil", dice a través de la línea telefónica desde su nueva casa en Los Ángeles, donde vive con su hijo Emiliano y el productor cinematográfico Scott Steindorff.

 

No en vano, Pepe Sánchez, su primer director en televisión durante la telenovela Espérame al final y quien la eligió entre 40 niñas cuando Marcela tenía 12 años, aplaude actualmente su trabajo. "Tiene la particularidad de ser diferente cada vez. En Todos quieren con Marilyn logró un nivel de humor muy sutil y la creación de un excelente personaje. Ahora, en Pura sangre, sigue siendo la actriz diversa, que comunica una verdad a los personajes, y eso se debe a su gran sensibilidad", dice.

 

Entre arte y música

 

Marcela es sensible por naturaleza. De pequeña, mantenía un amplificador en su oreja, con sonidos de bajo y guitarras eléctricas. Su padrastro, el rockero Augusto Martelo, y Claudia, la mamá de Marcela, hacían una pareja roquera de alto voltaje.

 

Y fue Martelo quien le inculcó el gusto por la lectura, por la naturaleza y por el teatro.

 

Con la muerte de su padre biológico, cuando Marcela apenas tenía 8 años, se convirtió en una niña indisciplinada, pero nunca hubo gritos ni regaños. Por el contrario, todos le tuvieron paciencia, se la llevaron para Disneylandia y Martelo le regaló un curso de actuación en el Teatro Nacional. "Fue la mejor forma para que expulsara toda esa adrenalina", cuenta Claudia.

 

Hasta que llegó la primera obra de teatro. Fue en el colegio. Las risas fueron multitudinarias y entendió que necesitaba del aplauso y de la aprobación permanente del público. "De cierta forma, los actores somos personas carentes de amor. En ese momento me di cuenta de que estaba haciendo las cosas bien, entonces, ¿cómo no hacerlo repetidamente?", dice la actriz.

 

Llegó después su primer personaje en televisión. Hizo de María, la hija de Alejandra Borrero y Luis Mesa en Espérame al final. Tenía 12 años. Pero su mamá fue la más feliz. La llevó a almorzar y a comer helado, aunque también le dejó las reglas claras: "Si quieres seguir trabajando debes terminar el colegio", le dijo. Marcela se graduó del Nuevo Reino de Granada, en Bogotá, y ya para ese entonces estudiaba con Alfonso Ortiz.

 

A los 17 años, la vida le dio otro golpe. Su mamá y Martelo se separaron. Así que comenzó a vivir sola. En ese transcurso conoció al actor Gregorio Pernía, el padre de Emiliano, con quien compartió cinco años de su vida y tuvo un hijo.

 

Estuvieron un tiempo en Miami y cuando regresaron, ella volvió a surgir. Actuó en Pedro, el Escamoso como Mayerly, la hija buena de doña Nidia (Alina Lozano). Después le llegó un antagónico en Todos quieren con Marylin donde fue 'La Más', una prostituta antipática con la que logró convencer que tenía todo para ser grande.

 

Y mientras su vida laboral estaba bien, su vida personal se desbarataba. Llegó la separación de Pernía.

 

En todas esas etapas, su amiga Cristina Umaña ha estado presente. "Claro que la he visto desquebrajada por el amor un par de veces. Marcela es una madre impresionante. Es una mujer joven, pero desde muy chiquita es grande, ha sido responsable con su maternidad. Es perfeccionista y consigue lo que quiere. Nunca he tenido que bajarla de la nube. Trabaja mucho consigo misma", afirma Umaña.

 

Al terminar Marilyn, Marcela viajó de nuevo a Miami, quería reflexionar sobre su carrera y decidir qué era lo que quería hacer. Estando en esas, la contactó Andy Baiz, el director de Satanás, y ella aceptó. Su primer reto en cine ¿por qué decirle que no? Con ese personaje se transformó. Pasó de ser una actriz dulce a una actriz con carácter. "Tengo que decir que lo hizo excelente. Como actriz, siempre ha tratado de superarse a sí misma. Su presencia en la pantalla fue enigmática, hipnótica e intensa", dijo Baiz sobre su actuación.

 

Ahí ella se dio cuenta de que el cine era su estilo perfecto de vida. Y que el teatro, su pasión. Hizo entonces Dos hermanas, de Fabio Rubiano y después, Carta de una desconocida, donde trabajó con Umaña.

 

Fue en Satanás donde se le conoció como Marcela Mar. Después de mucho analizarlo, reconoció que Gardeazábal no era un apellido muy publicitario y que para propósitos internacionales no era para nada llamativo.

 

Mientras hacía teatro, le salió la propuesta para El amor en los tiempos del cólera. "Marcela es una niña muy talentosa, presentó un casting difícil porque había muchas actrices buenas compitiendo, incluidas posibilidades internacionales, pero ella perfeccionó su inglés y se quedó con el papel. La llamé porque tenía ganas de trabajar con ella. Me parece una actriz pila, seria, muy entregada", dice Felipe Aljure, que fue quien la contactó para la audición de esa película.

 

Pero su personaje no fue lo único bueno que vivió en la película. Por segunda vez su corazón latió fuerte. El productor Scott Steindorff la flechó, la enamoró y hasta le propuso irse a vivir con él a Los Ángeles. Pero ella no aceptó. Tenía en la baraja la propuesta para protagonizar Pura Sangre y quería consolidar su carrera en Colombia.

 

"Es una mujer absolutamente divina. Huele a actriz, con todo lo bueno y lo malo que eso significa y es una mujer entregada a lo que hace, audaz, encantadora. Me gustó trabajar con ella", dice el libretista y creador de Pura Sangre, Mauricio Navas.

 

Ahora, con una carrera sólida en Colombia y con la tranquilidad de poder entregarse a su hijo, aceptó la propuesta de su novio y está radicada en Los Ángeles. "Soy una mujer feliz", asegura.

 

 

 

Marcela Mar actriz por convicción

 

En dos años, la carrera de esta actriz alcanza tres logros: dos películas y su primer protagónico en telenovela. Mientras interpreta a Florencia Lagos en Pura sangre, espera la nominación de Satanás al Oscar como mejor película extranjera.

 

 

Pasarán muchos años para que Marcela Gardeazábal, el equipo de producción de la exitosa película colombiana Satanás y los espectadores mismos olviden la escena en la que Paola, una joven involucrada con una banda de maleantes en Bogotá, fue violada en un cuarto trasero de un taller de mecánica. Por la carga emocional de la interpretación y el significado del atropello, la actriz hoy reconoce la certeza del comentario del director Andrés Baiz, cuando al concluir la escena le dijo que ese momento de actuación iba a marcar su vida.

“Como mujer, tenía el miedo que nos atormenta de llegar a ser agredidas de esa manera, pero como actriz sabía lo que tenía que hacer. Sin embargo, cuando terminé la escena tuve que ir a vomitar, pues me sentí muy mal. Realmente fue una situación muy bizarra en mi vida profesional”, resalta hoy, siete meses después de haber visto la escena en pantalla, convencida de que no fue ella la víctima de ese abuso sino la encarnación de todas las mujeres que lo afrontan. Y agrega: “Ha sido lo más impactante que me ha tocado representar, pero no lo más difícil”.

Satanás fue su primera película y la primera actuación en la que públicamente asumió su nombre artístico: Marcela Mar. Para los neófitos del mundo de la farándula era una desconocida protagonista. Pero para los expertos fue el paso determinante de Marcela Gardeazábal hacia su consagración, luego de dos importantes papeles en la pantalla chica interpretando a Mayerly en la telenovela Pedro el escamoso, de Caracol Televisión, y a Brigitte en la telenovela Todos quieren con Marilyn, del canal RCN.

Aunque en la etapa de posproducción de Satanás, a la hora de los créditos del reparto, Marcela Gardeazábal alcanzó a promover el nombre con el que ahora se identifica, fue durante el rodaje de El amor en los tiempos del cólera cuando decidió cambiar su nombre de pila. Y así lo explica:
“Estaba aburrida de que la gente de producción me dijera Marcela Grazábal, Marcela Gazbal, Marcela wherever. Yo quiero que mi carrera como actriz tenga una proyección internacional, por eso modifiqué mi nombre. Y me ha venido muy bien”.

No obstante, al tiempo que refiere la anécdota de su nombre artístico, resalta como en su vida privada es esencial su familia. Por eso, mientras habla, mira a su hijo Emiliano, de siete años, quien la interrumpe, salta a su lado, corre por el apartamento, le pide dinero para alquilar una película. Ella lo escucha, lo complace y lo exalta: “Emiliano es mi adoración, es un gran compañero y todo el tiempo que le dedico a la actuación es tiempo que le robo a él”. Son excelentes compañeros y casi cómplices. Van a cine, juegan ajedrez o leen juntos.

Desde cuando nació, Emiliano está acostumbrado a los compromisos profesionales de su madre y también al universo de la actuación. De hecho, su padre es el reconocido actor Gregorio Pernía, a quien también acompaña en la grabación de la telenovela La hija del mariachi, donde interpreta a El Coloso, uno de los cantantes de rancheras. Sus padres están separados, pero Emiliano siempre tendrá dos maestros: Gregorio Pernía y Marcela Gardeazábal, a quienes habitualmente ve interpretando a otros. Ejemplo suficiente para que a su corta edad ya quiera un destino: “voy a ser actor”.

De cierta manera, el mismo derrotero que vivió en su infancia Marcela Gardeazábal, quien siempre estuvo determinada a crecer entre cámaras. Su mamá, Claudia Baquero, acostumbraba a llevarla a diferentes castings para comerciales de televisión y, entre ensayos y comerciales, empezó su carrera.
“La actuación hace parte de mí, ha estado conmigo desde que tengo memoria, es lo que soy. Actriz por necesidad, por convicción, porque esta carrera definitivamente me eligió”, enfatiza mientras se relaja en una silla recubierta de lana.

Se define rebelde, dice que hace las cosas que le gustan, reconoce que tiene su temperamento y que a veces se equivoca. Un carácter que contrasta con la timidez para hablar de sí misma, pues defiende su intimidad como una guerrera. Sin embargo, en el momento de interpretar un personaje no tiene miedo en abrirse. Reconoce que si le ofrecieran un stand up comedy le quedaría difícil caricaturizar su vida, pero tiene su método cuando encarna a terceros:
“A cada personaje me gusta imprimirle su ética y también su inmoralidad. Un papel es más atractivo cuando tiene contrastes”.

“Quiéralo o no, uno termina pareciéndose al personaje mientras lo hace. No se trata de perder identidad, pero es fácil confundirse y asumir gestos, tiempos, ritmos y respiraciones que uno mismo inventó y termina creyéndose. Creo que, en definitiva, los actores no tenemos una personalidad definida, somos como una masa lista a amoldarse”
, agrega Marcela Gardeazábal, quien a sus 28 años ya ostenta una trayectoria de dos décadas, pues su primer comercial lo hizo cuando tenía siete años.

Ya como actriz, debutó en la serie Espérame al final, interpretando a una niña de 13 años, su edad a ese momento. A los 17 se convirtió en la presentadora más joven del magazín Panorama. Desde entonces, su hermoso rostro de ojos claros es reconocido por los televidentes y prueba de ello han sido reconocimientos como el Premio TV y Novelas a mejor actriz protagónica en 1998, por su actuación en la serie Sin límites. Además, con obras como Carta de una desconocida y Dos hermanas, tampoco le ha faltado el teatro.
“Siempre lo extraño, es un affaire muy fuerte, es un arte noble que mantiene vivo el espíritu creativo”, observa.

Lleva dos experiencias en cine: Satanás y El amor en los tiempos del cólera. En la versión cinematográfica de la obra de Gabo, próxima a estrenar, interpretó a América Vicuña, la última amante de Florentino Ariza. Y para ella, participar en esa adaptación de la novela de García Márquez fue un sueño hecho realidad, pues además actuó junto al afamado actor español Javier Bardem. Pero lo exalta con el mismo entusiasmo con el que habla de su primer papel protagónico en una telenovela colombiana, a través de Florencia Lagos, el personaje que hoy acapara la sintonía de los televidentes colombianos en el seriado Pura sangre.


“Es el protagónico que esperaba, con el personaje que tenía que ser, en el momento perfecto y en un proyecto divino”, expresa Marcela Gardeazábal, o Marcela Mar, como ella prefiere, una talentosa actriz bogotana que vive un momento estelar en la televisión colombiana, pero que no oculta su expectativa por saber qué suerte le puede esperar a Satanás, preseleccionada a la nominación del premio Oscar a la mejor película extranjera, y cómo van a reaccionar los espectadores a ese clásico del Nobel de Literatura que ya trascendió fronteras y que, con su concurso en un papel trascendente, aguarda repercutir en el exigente estrado del séptimo arte.
 
 
 
 
 
 
 
 
La actriz Marcela Gardeazábal prepara su regreso a la televisión

 

Hace un año no aparece en la pantalla chica, pero no ha dejado de trabajar. Viene de hacer teatro y filmar la película 'Satanás'. "Lo rico de mi trabajo es cambiar de piel", dice.

Luego de cautivar como Brigitte, en "Todos quieren con Marilyn", la actriz descansó cuatro meses en Miami (Estados Unidos), donde pensaba radicarse. Pero sus planes cambiaron cuando fue elegida para actuar en la película "Adiós a Ana Elisa", que rechazó cuando la invitaron a Palma de Río en Córdoba (España) a presentar la obra "Carta a una desconocida". Luego, con el montaje "Dos hermanas", estuvo de gira por Centro América. Rodó Santanás (basada en el libro de Mario Mendoza), acaba de regresar de Cartagena de filmar sus primeras escenas junto al español Javier Bardem en "El amor en los tiempos del Chólera" y en noviembre comenzará las grabaciones de "Pura sangre", telenovela que protagonizará con Rafael Novoa.

Lo bueno, además de que no ha estado quieta, es que cada personaje ha sido diferente. "He tenido la fortuna de poder escoger y, por eso hasta ahora, no me han encasillado, pero creo que uno mismo es el que se encasilla", dice la artista, que de sus 27 años de vida, 20 los ha dedicado a actuar. 

A esto se suma la fortuna de haber podido moverse en teatro, cine y TV: "No importa cuál sea el medio, no tengo prejuicios, porque mi tarea es interpretar. A mí lo que me seducen son las historias".  

                                             

                          

 

Entre los grandes

Sin desconocer que trabajar en "El amor..." es una gran oportunidad, Marcela se lo toma con calma. "Hice una primera audición con Felipe Aljure y luego otra con la jefe de casting del director. Antes de empezar él me dijo: "Usted está aquí por su talento, No tiene nada qué demostrar".

Con esas palabras y la experiencia de tantos años de carrera, Marcela supo que no sería "un extra con parlamento" y, aunque admira a Bardem trabajó con él 'de tú a tú'.

"Uno no puede tener ídolos ni fanatismos o si no, no se puede hacer el trabajo. Hay que entender que el otro también es un ser humano para hacer y entregar lo mejor para la escena".

Además del reto de estar en la película basada en el libro de García Márquez, Marcela tuvo que hacer un cambio mental para trabajar, porque la película se filma en inglés. El esfuerzo no fue sólo de ella, pues cuenta que los ensayos de sus escenas con Bardem los hacían en español. "Los dos decíamos que se sentía una gran distancia cuando se hablaba en inglés. Pero fue una gran experiencia".


Marcela será América Vicuña, uno de los amores de Florentino Ariza (Bardem), muchísimos años menor que él. Aunque se trata de una fuerte relación amorosa, serán pocas las escenas de cama que se verán. Habrá un semidesnudo -que aún no se ha rodado- y Marcela dice que no está nerviosa por hacerlo, aunque jamás se ha quitado la ropa en pantalla. "Será muy sutil, pero si un desnudo mio contribuye a la historia no veo problema en hacerlo".

De vuelta a la TV

Después de encarnar a una muchacha que se alía con malechores para robar 'niños ricos', en "Satanás", y de vestirse de lo años 30 en "El amor...", Marcela se alista para volver a la "hiperrealidad" de la TV, como califica los melodramas. "Las telenovelas son un reto porque tienden a repetirse. La gracia está en tratar de contarlas distinto. Es como preparar una receta de cocina pero agregándole un toque secreto para que el que la coma sepa que la hice con amor".

A esto se suma que en "Pura sangre" hará su primer protagónico y eso es una carga adicional:
"Nunca había sentido una responsabilidad así, porque había hecho antagónicos o de reparto.
Y hay presión de los compañeros que te dicen como 'cuidado con lo que va a hacer'". Pero está feliz con el regreso: "Lo rico de mi trabajo es que es como una culebra que cada cierto tiempo cambia de piel. Es maravilloso".

Por los 'casting'

"Soy 'procasting', porque así todos se pueden asegurar de que se quedaron con lo mejor para lo que buscaban".

Lo mejor de trabajar en...

Teatro: "Que se está en tiempo real y ante el público".
Televisión: "Que es para la gente. Es rico si se da con un buen equipo de trabajo. La exposición en pantalla también es buena".
Cine: "La mística y la profundidad con la que se trabaja".

 

 

 

 

Marcela Gardeazabal "Me considero la voyeurista numero uno"

 

LA ACTRIZ QUERÍA DESPRENDERSE DE SUS PERSONAJES DE TELENOVELA Y CUANDO LE PROPUSIMOS UNA CITA A CIEGAS EN UN HOTEL DEL CENTRO DE BOGOTÁ, NO SÓLO ACEPTÓ SINO QUE INVENTÓ SUS PROPIAS REGLAS. SE VISTIÓ DE HOMBRE Y, EN OCHO ACTOS, SE TRANSFORMÓ EN LA AMANTE IDEAL. NO MOLESTAR.    

                               

 

Para jugar con ella a una cita a ciegas se requiere inteligencia y para entrar con ella a la habitación de su vida privada hay que conmoverla de verdad. Tras mucho insistir y con una pregunta bien elaborada rompe su silencio: "Una persona puede ser más valiosa cuando calla porque el silencio tiene sabiduría. Creo en el poder del silencio. Enseguida calla y, en el claroscuro de un cuarto de hotel del centro de Bogotá, es su histrionismo el que domina la energía del lugar". En la actualidad -sobre todo en este medio donde se transita entre lo artístico, lo comercial, la farándula y la murmuración- el hecho de hablar está desprestigiado, se habla todo el tiempo, las charlas son de libre asociación y se pasa con facilidad de un tema a otro, con la velocidad de los videoclips; por eso se agradece la presencia de aquellos que no sólo saben hablar sino que tienen claro cuándo callar. Y el silencio de Marcela es cautivante.

Eligió llegar vestida de hombre y empezó a transformarse en la bella que es, paso a paso, como si quisiera liberarse de cualquiera de sus papeles de telenovela. Para quienes la han visto en televisión, entre la inocencia de Mayerly -en Pedro el escamoso- y la malicia de Brigitte -en Todos quieren con Marilyn- ella se ubica "en la línea delgadita que las separa a las dos". Dice que el papel de prostituta "me liberó de muchas cosas… de pudores y prejuicios. Brigitte me dejó la desinhibición del cuerpo -cuenta como moraleja-. Me enseñó a amar la humanidad independientemente del oficio, me enseñó a no condenar ni a criticar sin fundamento".

Ella se apodera del ambiente del cuarto y no le importa quién la esté mirando ni cómo. La madurez mental que tiene como actriz le permite concentrarse con facilidad. A la vez, parece cercana y distante. Y de repente regresa con una confesión contundente: "Me considero la voyeurista número uno. Me encanta mirar a la gente que me rodea. No sé si está bien o mal, pero me gusta".

El lenguaje es uno de sus elementos más atractivos, la manera en que organiza las ideas y se expresa, la mayor parte del tiempo con humor e ironía. Otra cosa que sabe es escoger las palabras. No quiero decir que haya una sobreelaboración en sus ideas o que se haga la erudita. No. Por momentos dice palabras fuertes y maneja frases de barriada, los insultos de la cuadra y los gestos marginales. Como los que la actriz bogotana aprendió mientras crecía en barrios como Bonanza o Niza, "compartiendo más con hombres que con mujeres". Algunos de ellos los utiliza para personajes como Brigitte. El humor, la ironía y las frases de doble sentido le encantan. Creo que cuando alguien habla bien y habla como piensa, se puede confiar en él.

También tiene un lado muy intelectual. Para interpretar a Brigitte leyó Hollywood y Se busca una mujer, de Charles Bukowski. Lee a Coetzee, Durrell, Iriarte, Zweig, Dickens, Rafael Chaparro, Auster, Franco, etc. O sea, lee de verdad. El que más la ha impactado es El maestro y Margarita, de Mijail Bulgakov, donde un demonio llega a la tierra y le cambia la vida a todo el mundo. Acaba de leer Impostura, de Enrique Vila-Matas.

A lo mejor algún libro de autoayuda habrá pasado por sus manos pero no como el recurso último literario, sino como un adyacente. No son sus favoritos, pero tampoco los sataniza. Tiene claro que hasta los amantes del cine romántico han visto pornografía, aunque ella rechaza lo pornográfico.
Una verdadera actriz encuentra su identidad en las tablas y Marcela ama el teatro de la mejor manera, es decir, no sólo diciendo que lo ama sino haciéndolo y comprobándolo con la disciplina de los ensayos y el rigor de los horarios. Lo hace desde que tomó las primeras clases, a los 8 años, en el Teatro Nacional.

A los 12 actuó por primera vez en televisión. Hoy actúa en Nueva York con la obra Dos hermanas, que terminó temporada en el Teatro Nacional de la 71, en Bogotá, el mes pasado. "En el teatro siento la magia de vivir el momento irrepetible frente a un público". Lo que más le emociona es que "es un momento que no se puede interrumpir". Tiene talento, pero aclara pronto que "ese regalo de Dios, si no se cultiva, se extingue

 

                     "Me considero positiva, valiente y apasionada. Para vivir me concentro en lo que está sucediendo".

                          

                       "He dado un giro de 18 grados y estoy en una constante trans formación para adaptarme a la vida”.

"Se define "positiva, valiente y apasionada". Por eso consigue casi todo lo que se propone. Casi... Los que lo consiguen todo son muy aburridos.

Su belleza hoy es una mezcla de vitalidad con un dejo de nostalgia. Así es la vida y lo admite: "Tengo todo para ser feliz, excepto una pareja". Estuvo casada con el actor Gregorio Pernía y de esa unión nació su hijo Emiliano, que la hace sentir una mujer realizada. "Vivo en una constante transformación, me adapto con facilidad a la vida y ahora mi vida es mi trabajo y mi hijo". Su madre es otro pilar y su abuela representa su "fuerza" y es la dueña del archivo de su vida profesional. Tiene fotos y artículos desde que Marcela era la niña modelo de Fresco Royal (ha hecho más de 40 comerciales de televisión).

Tan descomplicada como ve la vida, se desenvuelve frente a una cámara desafiante. Se concentra de nuevo en su cita y en la sensación de clandestinidad que quiere transmitir. Confiesa que ha estado en plan de motel, pero los secretos con los que cautiva a un hombre se los guarda porque "es demasiado personal y si los cuento se acaba el encanto". Le preguntan si puede improvisar unas lágrimas, pide unos minutos y, de pronto, llora con naturalidad.

No es gratuito que sobre personajes talentosos que a la vez son bellos, sea su apariencia física la que más se explote y por medio de la cual se haga patente su talento. En su caso, la belleza en nada influye sobre sus destrezas y aptitudes.

Más allá de que Marcela sea bonita y esté "buena" (para qué negarlo) como repiten aquellos que la rodean, lo importante es que su talento no se estaciona en el hecho simple de su belleza. Pasa por ella y es un referente obligado, pero no es lo único. Tampoco la esconde, ¿para qué? "Me gustan mis piernas", comenta.

No se da aquí el caso de algunas bellas para quienes su belleza se convierte en su enemiga y pelean contra ella, como si las bondades estéticas fueran el inverso proporcional de su inteligencia. Un "si cubro mis atractivos menos distracciones genero en relación con mi pensamiento". No, este no es el caso. En su personaje de Brigitte la aprovecha y la explota, asume que su cuerpo forma parte de su personaje, que posee elementos dados por el ejercicio y la genética que se pueden aprovechar y así lo hace. Como Mayerly apenas nos enterábamos de sus curvas y veíamos a una muchachita dulce y enamorada. En Dos hermanas va de hermana buena a amante de un hombre casado, pasando por la angustia de la mujer que se siente desleal y sucia. Para todos los personajes utiliza su cuerpo y su cara, sin ocultar las bondades, pero sin complacer del todo a los voyeuristas.

Bella, inteligente, madre, actriz, realizada y famosa. Aun así no se eleva. Insiste en que más que famosa "me considero popular porque lo que me ha dado a conocer son las telenovelas que van dirigidas al pueblo... y los actores somos espejos de la sociedad". Se viste y se va a cumplir la próxima cita, su sueño hecho realidad: ella frente al público y un telón neoyorquino que se abre frente a sus ojos.

 

 

 

 

Marcela Gardeazábal o la estética del dolor

 

La actriz Marcela Gardeazábal acaba de protagonizar la película sobre la premiada pelicula Satanás, del escritor Mario Mendoza. El autor y la estrella se tomaron un café, y hablaron de varios temas, entre ellos el dolor...

 

                                        

Nos encontramos en la Cafetería Andante, de las Torres del Parque, a las diez y media de la mañana. Una llovizna tibia acariciaba el centro de la ciudad y mojaba con delicadeza los ventanales del establecimiento. Emiliano, el hijo de seis años de Marcela Gardeazábal, grande, fortachón, con una mirada sagaz y una sonrisa traviesa, jugaba en la mesa de al lado con sus juguetes y de vez en cuando inspeccionaba el lugar con curiosidad. Nos saludamos cordialmente y enseguida, sin preámbulos ni diálogos preliminares, empezamos a conversar.
Lo primero que sorprende de Marcela es su manera de hablar directa, sin perífrasis, como si cualquier tipo de filtro hubiera sido suprimido de antemano. Da la impresión de una persona que, hastiada de la falsedad hipócrita de una sociedad temerosa y dubitativa, estuviera atenta a cada minuto para enfrentar sus ideas y sus afectos con una franqueza que quizás a muchos les pueda parecer brutal. Esa lúcida sinceridad establece en la conversación un tono de exposición transparente que aborda cada tema sin miedos ni tapujos.
A los pocos minutos queda claro que el eje sobre el cual se mueve ella como actriz es el dolor. Y aquí vale la pena precisar ese concepto a partir del cual encarna cada uno de sus personajes. El sufrimiento es una de las materias primas que un artista tiene que elaborar a lo largo de su vida, creo que eso no tiene discusión. Todo el dolor que ha tenido que padecer de niño, de adolescente y más tarde de adulto, es el material que debe ser transformado en fuerza positiva, en creación, en belleza, en arte.

                                       

De esta manera, el artista sirve como conducto para metamorfosear lo negativo en positivo y equilibrar así las fuerzas del mundo. Lo curioso en artistas como Marcela es que se dan cuenta muy rápidamente de que su sufrimiento no debe personalizarse, sino todo lo contrario, debe servir como puente, como conector, como bisagra para ingresar en el dolor y la pena de los otros; como si toda la tristeza y la soledad y la amargura que nos han infligido los demás no nos hundieran ni nos destruyeran sino que más bien nos sirvieran para comprender nuestra vulnerabilidad, nuestra infinita fragilidad, y a su vez la debilidad y la flaqueza del resto de la humanidad.
Desde esta perspectiva, entonces, el dolor de un artista se vuelve una fuerza superior que lo convierte en un receptor a través del cual las fuerzas oscuras se depuran y se iluminan a base de una voluntad férrea que impone la belleza y el arte allí donde sólo han existido el horror, la destrucción y la muerte. No personaliza los acontecimientos dolorosos por los que ha tenido que pasar sino que entiende que el sufrimiento forma parte de la vida, que está ahí y que cada quien padece una dosis de él. Por lo tanto, al mismo tiempo que conecta con los otros y que comprende desde adentro por lo que han tenido que pasar, el artista se libera de una carga muy pesada: su yo, su ego, su sí mismo. Y en Marcela esa liberación es evidente: sus gestos, su sonrisa, el tono de su voz, todo demuestra un ego acuoso, líquido, que en cualquier momento es capaz de encarnar en otros de manera natural.

                                      

Mientras ella habla, recuerdo los personajes que le he visto en televisión y en teatro y reconozco que tanto en la prostituta de carácter fuerte en Todos quieren con Marilyn, como en la mujer solitaria de Carta de una desconocida de Stefan Zweig, como en la hermana infiel de Dos hermanas de Fabio Rubiano, los personajes de Marcela están definidos tanto por su capacidad para asumir la tristeza y el dolor que causan en otros, como por la pena que padecen como consecuencia de las acciones malsanas o perversas que les inflingen los que están a su alrededor. Un método admirable, sin duda.
Finalmente, ya mientras la entrevista se termina, evoco la vez que la vi en escena en el rodaje de la película Satanás, de Andy Baiz. En ella hace el papel de Paola, una burundanguera que busca afanosamente su redención. Llegué y me senté en un rincón donde no fuera a molestar. Paola acababa de pasar por una prueba muy dura y estaba sangrando y con la ropa revuelta en un colchón en el piso. A su lado un amigo intentaba consolarla y le prometía venganza. La fuerza del personaje me impactó: el tono de su voz, la forma como doblaba su cuerpo en una posición fetal, sus ropas ajadas y en desorden, pero sobre todo su mirada, esos ojos alucinados y vidriosos que parecían en trance, idos, extraviados en el fondo de un alma atormentada. Cuando la escena se terminó de rodar, Marcela se hizo a un lado y no pudo hablar con nadie durante unos largos segundos. Entendí que estaba recuperando poco a poco su identidad, que lentamente estaba regresando al cuerpo y la mente de Marcela Gardeazábal.
La entrevista se termina y mientras nos despedimos y caminamos hacia la Carrera Quinta, la observo de reojo y pienso en cuántas mujeres estarán esperando dentro de ella para salir al mundo y existir, cuántas mujeres modificarán a su antojo ese rostro, ese cuerpo y esa psicología maleable y audaz. Y en silencio me digo entonces que Marcela nunca podrá decir yo, sino nosotras. “Yo soy legión”.

 

 

 

 

Marcela Gardeazábal, una diva con talento

 

 

Brigitte es mala, perversa y coqueta y que bien sabe hacer su papel. Hablamos de Marcela Gardeazábal en la telenovela ‘Todos quieren con Marilyn‘, quien ha conseguido con su interpretación ganarse el reconocimiento del público colombiano.
A ella algunos la recuerdan como Mayerlicita en ‘Pedro el escamoso‘ y es que ha sido tal el cambio de personaje que la joven buena, noble y enamorada de Pedro Coral es ahora toda una ‘diva‘ del amor, que se gana la vida vendiendo su cuerpo y esperando encontrar dentro de sus clientes al hombre de sus sueños.
Marcela dice que este personaje le ha dado un gran protagonismo a su carrera.
"La gente está muy contenta con Brigitte, me dicen que es uno de mis mejores papeles y para mí eso es lo más gratificante. Hasta mi hijo me pregunta: ¿Mamá por qué estás hablando así? ¡ah! ya sé, ahora eres mala y eso me hace sonreir".
Y todo este trabajo no ha sido fácil. La mayor parte de su tiempo lo tiene ocupado entre las grabaciones de la novela, las funciones de la obra de teatro ‘Dos hermanas‘ en la que interpreta a una mujer que traiciona a su hermana con su marido y las labores de mamá con su hijo Emiliano de 4 años. Hace tan solo unos días tuvo que adelantar algunas escenas para poder irse de gira con la obra que dirige Fabio Rubiano y en la que lleva más de dos temporadas.
Su vida ha sido muy cambiante desde el inicio de su carrera. Su primer papel lo interpretó a los 12 años en una serie llamada ‘Espérame al Final‘ dirigida por Pepe Sánchez, a quien le agradece gran parte de vida actoral y en la que ganó los premios ‘Tv y Novelas‘ y ‘Shock‘ como mejor actriz protagónica de seriado.
En su ascenso vertiginoso vino el seriado ‘Sin límites‘, la telenovela ‘Marido y mujer‘, ‘Pedro el escamoso‘, en la que recibió el premio ‘Colombian Young Professionals Association of the USA‘, como mejor actriz de reparto y actualmente en ‘Todos quieren con Marilyn‘, en donde ha saltado a la fama nacional.
Durante una época de su vida decidió irse a los Estados Unidos con su esposo el también actor Gregorio Pernía. Allí la pareja tuvo a su hijo Emiliano y de vuelta a Colombia se separaron, de eso hace ya mas de año y medio.
"Fue una etapa difícil de mi vida ya superada, ahora a mis 25 años estoy bien y felizmente ennoviada -aunque no quiso revelar con quién-". No tiene su vida planeada, cuenta que ha tenido propuestas de México pero que no ha querido irse porque prefiere las producciones nacionales. Por ahora los besos de Brigitte seguirán acompañando las noches porque tendremos en Colombia a Marcela Gardeazábal para rato.

 

 

 

  Marcela, "La mas de todas"


Ojos grises qué adquieren una tonalidad  verde aceituna con los destellos de los largos aretes que cuelgan de sus orejas, una nariz fina y una boca delicada que no atropella las palabras. Marcela Gardeazábal se toma su tiempo para masticar cada palabra, a díferencia.de Brigitte, el personaje que la tiene de nuevo en el hall de la fama nacional.

 

"Ahí viene `La más`, así la saludan cuando llega a grabar Todos quieren con Marilyn, parodiando la frase que la antagonista repite para provocar a las compañeras de oficio, las empleadas de la whiskería Las Divas.

Y es tal el éxito de su nueva personificación, que el nieto de su empleada empezó a llorar al verla en pantalla. "¿Por qué se volvió mala?", preguntaba. El niño se refería a las sensaciones que aún le que daban de la bondadosa Mayerli, la antagonista buena de Pedro el escamoso, una mujer que se echó al bolsillo a los colombianos por ser el polo a tierra, la recta, la dulce.

....  Marcela es introvertida, generahnente callada, muy metida en su mundo y eso le permite entrar en otros mundos

Así, cuando le contaron que estaban buscando actrices para una novela sobre prostitutas, se fue a recorrer la noche, a conocer whískerías, a ponerles conversación a las trabajadoras sexuales y a dejarles propinas a las muchachas después de charlar con ellas.

Para alternar su actuación en TV, ahora también está en teatro, en una pieza de Fabio Rubiano y con Marcela Valencia, Dos hermanas. Una tragicomedia de humor negro (que, por los tiempos de trabajo en TV de los tres, duró lo meses en montaje) sobre dos hermanas, una de las cuales se convierte en amante del marido de la otra, que agota localidades. "No es fácil hacer reír y la obra se volvió más cómica cuando el público empezó a mostrarnos cuáles eran las partes más divertidas, que ni imaginábamos".

Emiliano, de 4 años, el hijo que tuvo con Gregorio Pernía, su ex esposo, entiende el juego. Cuando el sueño no lo vence, ve la telenovela. "¿Por qué estás hablando así, mamá? le pregunta y se responde de inmediato- Ah, es que ahora eres la mala, ¿cierto?"

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de mayo de 2004

 

 

 

 

 

 

                                                          Sabe ser feliz

 

Cuando Marcela Gardeazábal actuó por primera vez en un seriado de televisión, hace siete años, no tardaron los buenos comentarios sobre su trabajo. Entonces representaba a María, la hija de Alejandro Borrero en Espérame al final y había llegado allí más por influencia de Claudia Baquero, su madre, que por voluntad propia. Desde niña la había presentado a todas las pruebas para comerciales de las que se enteraba. Por ello, Marcela está familiarizada con las cámaras, pues ha hecho comerciales de jabones, galletas y gaseosas. 

 

                            

 

PRIMERO EL ESTUDIO

Cuando terminó Espérame al final a los 12 años, prefirió culminar sus estudios en el colegio Nueva Granada de Bogotá, donde se vinculó
al grupo de teatro estudiantil y participó en los montajes que se hicieron. Y no contenta con eso, se matriculó para estudiar actuación en la academia de Fanny Mikey, pues ya intuía que su futuro estaba en las tablas y en escenarios de grabación. Y aunque sabía que le gustaba el medio, no permitió que la absorbiera tanto como para sacrificar su niñez. En esa época tuvo dos novios serios, porque para ella no existen las relaciones fugaces. En todo este proceso ha estado su madre, cómplice bondadosa que siempre ha comprendido la inclinación de Marcela por el mundo artístico, y aunque perdió a su padre cuando tan solo tenía 7 años, él también fue partidario de su afición por la televisión. 

Ese amor y comprensión que le dieron sus progenitores fueron definitivos para que se convirtiera en una joven tranquila y segura. Nunca tuvo conflictos en el colegio, como los que afronta Mechas, su personaje en Sin límites, ni es loca o lanzada como ella. Tampoco ha enfrentado problemas graves en su casa, ni ha tenido que refugiarse en sus amigos; al contrario, su madre siempre ha sido su mejor aliada y Augusto Martelo, el segundo esposo de su mamá, fue su amigo y consejero y le enseñó a divertirse con la literatura. De ahí que leer sea una de sus principales aficiones. 

ESTRELLA DEL 2000 

Hace dos años, Marcela se convirtió en la presentadora más joven de Panorama al ingresar a este espacio con tan solo 17 años. Tenía la belleza y la desenvoltura a su favor, pero debió sortear tres pruebas, pues julio Sánchez Cristo quiso estar seguro antes de contratar a una menor de edad. Duró un año, al cabo del cual ella comenzó a sentir lo necesidad de actuar. Por eso, cuando se le presentó lo oportunidad de hacer una prueba con Caracol, se preparó o conciencia pura conseguir el personaje de Sin límites, el rnismo que la esta consagrando como la actriz revelación del 98. 

No cabe duda de que esta pisciana de 19 años se perfila como la estrella del año 2000 y comienza a saborear los deleites de la fama y del
reconocimiento, aunque ella no se deja deslumbrar y prefiere ir despacio para concentrarse en su trabajo. De ahí que el dia que le propusieron protagonizar Corazón prohibido y Carolina Barrantes o ingresar al reparto de la madre, se negó a sabiendas de que despreciaba tres excelentes oportunidades. Pero ella no quiere vivir sin tiempo para vivir, ni muy famosa y ocupada, pero con una vida personal deshecha. Y aunque en este momento protagoniza la serie Sin límites, está contenta porque tiene tiempo para asistir a las clases de actuación con su maestro, el actor Alfonso Ortiz, y para estar con su madre y disfrutar momentos románticos con su novio Sandy o ir a patinar con sus amigas. Ella tiene claras sus prioridades: vivir a plenitud y con inteligencia. 

Tomado de la Revista TV y Novelas No.222, 13 de octubre de 1998