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ORACION DEL APOSTOL ANTE LA RESURRECCIÓN

Creimos en tu vida y nos abandonaste.
Acogimos tu mensaje y te callaste.
Aprendimos de tu amor y desapareció.
Nos alegramos con tus milagros y no los usastes para ti.
Creimos que te conociamos y aún quedaba lo grande por conocer.

Tu eres Jesús el Resucitado,
el que se acerca alas mujeres para decir: ¿por qué buscais entre los muertos al que vive?
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que deja todo bien colocado, así parece que el sepulcro vacío está lleno.
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que nos hace arder nuestro corazón cuando andamos por el camino.
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que te presentas deseándonos la paz.
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que haces descubrir que la fe no esta en ver, sino en abandonarte.
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que nos invitas a comer juntos junto al mar de Galilea donde todo empezó.
Tu eres Jesús el Resucitado,
el que nos invias a amar a estos mis pequeños.

Tu eres el Resuctiado que sigues presente en tu Iglesia,
por medio del Espíritu Santo.
Tu eres el Resucitado que sigues dando nueva vida a los creyentes
a pesar de nuestro pecado.
Tu eres el Resucitado que quieres llenar de alegría,
la alegría del que camina a tu lado.

TU ERES EL RESUCITADO, ANUNCIEMOS JUNTOS,
QUE CON NOSOTROS TE HAS QUEDADO.
 

¿Qué ves en la noche, dinos centinela?

      ¿Qué ves en la noche,
      dinos centinela?

      Dios como un almendro
      con la flor despierta;
      Dios que nunca duerme
      busca quien no duerma,
      y entre las diez vírgenes

      sólo hay cinco en vela.

      Gallos vigilantes
      que la noche alertan.
      Quien negó tres veces
      otras tres confiesa,
      y pregona el llanto
      lo que el miedo niega.

      Muerto le bajaban 
      a la tumba nueva.
      Nunca tan adentro
      tuvo al sol la tierra.
      Daba el monte gritos,
      piedra contra piedra.

      Vi los cielos nuevos
      y la tierra nueva.
      Cristo entre los vivos,
      y la muerte muerta.
      Dios en las criaturas,
      ¡y eran todas buenas!

CRISTO SIGUE RESUCITANDO 

 

Ahora, Tomás, ven conmigo a tocar otras llagas, todavía dolorosas. 

Mira de pies a cabeza, llagas por todos lados: 

La del niño que trabaja. ¡Señor mío! 

La del joven en paro. ¡Dios mío! 

La del pobre pordiosero. ¡Señor mío! 

La del viejo solitario. ¡Dios mío! 

La del SIDA o canceroso. ¡Señor mío! 

La del accidentado. ¡Dios mío! 

La del excluido. ¡Señor mío! 

La del encarcelado. ¡Dios mío! 

La del hambriento, ¡Señor mío! 

La del refugiado. ¡Dios mío! 

La de todo deprimido. ¡Señor mío! 

La de todo emigrado. ¡Dios mío! 

 

¿Quieres más pruebas, Tomás? 

Son todas llagas de Cristo Crucificado, en espera de la Pascua. 

Y no basta rezar: Señor mío y Dios mío, 

hay que gritarlo y preguntarlo por qué, 

y no que llevar muchas vendas, y muchas medicinas, 

y todo el amor necesario. 

 

 

(Libro de Caritas CUARESMA Y PASCUA 2001, “Pasó lo viejo: 2…Empezamos de nuevo: 001”, pag. 174s)          

 

ORACIONES PARA PASCUA



 

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