¡Mi perro ladra! Identificar cuál es la razón

En un principio, ahí no hay nada nuevo, es lo que todos esperamos que hagan los perros. De hecho y por lo general, nos da seguridad que el perro ladre y hay muchas personas que lo incentivan, ya sea de forma voluntaria o no. Hay razas que han sido seleccionadas para que hagan precisamente eso, ladrar, ladrar para alertar de la presencia de peligros potenciales (alimañas o intrusos, por ejemplo).

El ladrido es algo que define a nuestros perros. Los niños pequeños los llaman por la onomatopeya ¡guau-guau! (los ingleses prefieren el ¡woof-woof!). El ladrido es algo que los diferencia de sus ancestros. Nuestros perros ladran con mucha más frecuencia y en variedad de situaciones, mientras que los lobos lo hacen en muy raras ocasiones (generalmente en la etapa de lobeznos).

Al parecer es todo fruto del proceso de selección que hemos realizado, en donde hemos ido potenciando los rasgos más infantiles de las descendencias, y ahora nos toca cargar con ello. Tal vez esta capacidad de ladrar en el momento en que detectan un sonido, un movimiento o un olor desconocido, en mitad de la noche, fuese lo que les dio a nuestros queridos perros el salvoconducto para ganarse la aprobación final de los humanos, en los primeros asentamientos. Así que ahora nos toca comprenderlos y buscar el mejor modo de tenerlos bajo control, para que dejen de ser algo molesto en nuestras ajetreadas y aglomeradas viviendas (con paredes de papel) y una excusa para alejarlos de nuestro Podríamos decir que hay razas con ladridos característicos. Las razas de mayor tamaño, con su mayor capacidad torácica, tienen un ladrido más grave, en tanto que los perros de razas más pequeñas, pese al gran empeño que ponen, sus agudos ladridos por lo general lo que nos provocan es una sonrisa.

Entre las razas con fama de ladradoras tenemos a los Beagles y a los Cockers, y en el otro extremo a los que raramente ladran, los más «lobunos » (los nórdicos). Dentro de estas generalidades hay aspectos individuales (genéticos y relacionados con el manejo, el aprendizaje y el entorno) que pueden hacer que nuestro perro esté más cerca de un polo o del otro.

Los amos diferenciamos y podemos llegar a identificar a nuestro perro por su ladrido.

Con frecuencia somos capaces de identificar cuál es la razón por la que ladra excitabilidad, miedo, alerta ante alguien que se acerca a la puerta, el cartero,…)

Somos capaces de percibir los cambios de tono, frecuencia, ritmo e intensidad, lo que nos permite saber si se trata de agresión, sospecha, aburrimiento, ansiedad, invitación al juego, etcétera. Desde luego, siempre resulta mucho más fácil interpretar el sentido de esos ladridos si podemos observar la postura corporal del perro. En esos casos, la postura corporal no deja dudas sobre el significado de los ladridos (erizamiento, posición de juego, agitación, etcétera).

Podríamos decir que los perros utilizan los ladridos para la comunicación a distancia, más genérica y poco precisa (junto con los aullidos, aunque éstos mucho menos frecuentes), frente a la comunicación visual y olfativa, que dejan más para las distancias cortas y el detalle.

 

 

 

 

 

 

UNA POSIBLE CLASIFICACIÓN DE LOS LADRIDOS PODRÍA SER:

Recelo o sospecha
Cuando el perro está inseguro, en un nuevo entorno o bien fruto de una pobre socialización o un manejo inapropiado, casi todo lo que ocurre de forma repentina a su alrededor le sobresalta, y su primera reacción es ladrar a modo de aviso, como para decir «te he visto, sé que estás ahí...», a la espera de que esos inseguros ladridos sean suficientes para que la «amenaza» desista de aproximarse, de superar el área crítica (área imaginaria de seguridad que el perro establece a su alrededor) y cese en su avance. Si al oír los ladridos el «intruso» cesa en su avance, el comportamiento de ladrar de nuestro perro se verá fortalecido y en sucesivas ocasiones ladrará con mayor persistencia e intensidad, más confiado en las posibilidades de éxito. Si este primer aviso (de ladridos) no es suficiente para disuadir al «intruso» en su avance muy probablemente este perro, inseguro, pondrá tierra de por medio (evitando el enfrentamiento) y comenzará a alejarse con el rabo entre las piernas hasta establecer una distancia que considere segura.
 
Demanda de atención
Este tipo de ladrido suele establecerse por aprendizaje. El perro ladra, de forma casual, en una primera ocasión y logra la atención del amo, ya sea una mirada fija, una llamada de atención o bien unas risas (por la gracia que la situación le causa a todos los miembros de la familia, que ven en ese detalle un destello de la «inteligencia» de su perro) y un trocito suculento de comida. Ya se ha liado. El proceso sigue y el perro continúa recibiendo atención en algunas ocasiones. Esta «irregularidad» (unas veces sí me hacen caso y otras no) hace que el aprendizaje de ese comportamiento se arraigue con más fuerza en el perro y sea mucho más difícil erradicarlo (que sea más resistente a la extinción), además la situación se complica porque el perro logra «generalizar» el comportamiento de ladrar y aumenta el número de ocasiones en las que ladra para llamar la atención (por si esa fuera la oportunidad, el momento en que los amos se encuentran receptivos). De este modo lo que comenzó como algo divertido se convierte en un quebradero de cabeza para los amos, un ladrar por todo sin sentido (algo que puede atacar los nervios de cualquiera).
 
Ansiedad
Es un comportamiento que encontramos con frecuencia en los perros de las perreras. Ladran y ladran sin que parezca que exista nada que les consuele. Es posible que inicialmente les ayude a sentirse mejor, a relajarse ante esa tensa situación, pero con el tiempo ese ladrido persistente, de pura frustración, termina por crear malestar en el perro, que entra en una dinámica que se retroalimenta: sufre ansiedad-ladra-sufre ansiedad-ladra...

Un caso específico es el del perro que sufre ansiedad por separación. El perro está muy apegado a su ama/o y sobrelleva muy mal eso de estar alejado. Entre las múltiples actividades que despliega (hacer sus necesidades en casa, destruir objetos, automutilaciones, etc.) para lograr que su amo vuelva y permanezca a su lado se encuentra el ladrido. Ese ladrido persistente que vuelve locos a los vecinos, que lo sufren mientras el amo permanece ajeno al problema hasta que recibe las quejas. No debemos olvidar que el perro es un animal social, y en aquellos individuos más sensibles el aislamiento supone una dura carga, difícil de sobrellevar si no han sido habituados, de forma gradual, desde cachorros.

Agresivo
Es el caso del perro seguro y confiado, que se planta y ladra para protegerse él o sus posesiones ante cualquier cosa o situación que percibe como una amenaza. Siempre decimos que «perro ladrador poco mordedor», pero estos son los típicos individuos que con su comportamiento hacen que nos surjan las dudas y mantengamos una prudencial distancia «por si las moscas». Nuestra actitud hace que el comportamiento del perro se refuerce y se crezca. Este perro está dispuesto a dar un paso más y enfrentarse a la amenaza llegado el caso. Con frecuencia el perro acompaña e intercala sus cortas ráfagas de ladridos con gruñidos y postura corporal amenazante e intimidatoria (mostrando los dientes).

 

 

 

Aburrimiento
Suele presentarse por falta de estimulación mental, generalmente en perros que están en entornos empobrecidos, animales que se encuentran solos durante demasiadas horas al día. El ladrido es un martilleo para «llenar el tiempo mientras no encuentra nada mejor que hacer y duren las pilas» a la espera de que alguien llegue y rompa la monotonía.

Si en algún momento, mientras el perro estaba ladrando, ha coincidido una llegada del amo o atención por parte de éste, el comportamiento se fortalecerá, el ladrar formará parte de la actividad del perro cuando esté solo y presentará un peor pronóstico, ya que será más resistente a la extinción (en su mente parece establecer una clara asociación entre sus ladridos y la repentina aparición del amo después de tanto persistir).

Por simpatía
Típica situación de perreras o de hogares en los que hay más de un perro. Uno de ellos oye un ruido que no es capaz de localizar o identificar claramente y ladra («no vaya a ser que...»); los demás perros le siguen sin necesidad de haberse percatado del ruido que lo desencadenó, por si entre todos se consigue amedrentar al invasor. Pueden dispararse incluso ante el ruido de una persona conocida pero que en ese momento los perros no son capaces de identificar y se pararán (con cierto embarazo por parte de los perros, al comprobar la causa de tal desproporcionada reacción) en cuanto identifican la causa desencadenante.
 
Excitabilidad
El perro es incapaz de controlarse ante las expectativas de algo especialmente placentero. Sabe que es la hora de salir a dar uno de sus paseos del día y todas las rutinas que realiza el amo (colocarse el abrigo, coger las llaves, ir hacia donde está la correa... o cualquier otro ritual que hagamos y que le anticipe a nuestro perro la salida) hace que comience a ladrar sin control.
 
Otras situaciones en las que nos podemos encontrar este ladrido por excitabilidad son:
La invitación e incitación al juego: típico de los cachorros «exigiendo otra partida más» a la madre o a los hermanos de camada; la llegada de algún miembro de la familia o de las visitas; cuando realizan alguna actividad especialmente placentera para ellos (seguir un rastro, por ejemplo).

En cualquiera de estas situaciones el ladrido del perro pasa a ser un problema para el amo cuando no lo puede controlar (quejas de los vecinos, ruidos nocturnos,…) causándole gran malestar, irritación y frustración, dado que por lo general las «correcciones físicas» (el primer impulso que aplicamos para resolverlo) sólo agravan el problema.

Como siempre, la solución del problema no tiene atajos. Deberemos descartar el uso de la fuerza o el castigo, ya que estos enfoques sólo conducirán a incrementar la inseguridad de nuestro perro que, sin duda, ladrará con mucha más frecuencia e intensidad en nuestra ausencia (cuando no haya nadie para corregirle), ya que a la causa inicial de sus ladridos añadirá los ladridos por ansiedad. Tenemos que trabajar siguiendo un programa, contando con la colaboración de toda la familia y siendo muy sistemáticos para evitar confundir al perro.

Texto; Benigno Paz.

Artículo obtenido de; El Mundo del Perro.net.

 

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