ARTÍCULOS

1) Las dos caras de la serpiente.
2) El coche de caballo.
3) Sobre el sufrimiento.
4) Las Octavas planetarias y el crecimiento interno.

 

LAS DOS CARAS DE LA SERPIENTE

El símbolo de la serpiente adquiere un papel preponderante tanto en la cultura mística oriental como en la occidental; y en cada uno de ellas muestra una faceta diferente, es el doble juego que ejerce sobre la humanidad.

La serpiente está representando nuestra energía vital. Se señala que el fuego serpentino (Kundalini en el lenguaje oriental), yace alojado en la base de la columna, de ahí el nombre de zona sacra –sagrada- con que se denomina a la parte inferior de la columna vertebral. Cuando la energía se activa sube serpenteando a lo largo de la médula espinal  hasta llegar al cerebro. La glándula pineal parece tener un papel muy preponderante en el proceso de la iluminación espiritual cuando es vitalizada por dicha energía.                         

Ahora bien, lo que se pretende señalar con este artículo no es el proceso fisiológico de la iluminación, cuya investigación promete ser interesantísima, sino que la pregunta es la siguiente: ¿existen diferentes calidades de la energía vital, y como consecuencia diferentes resultados en la activación de dicha energía? Ante este planteamiento, parece que todo apunta a que existen dos calidades diferenciadas del fuego vital, lo que se conoce como la antigua y la nueva serpiente. De hecho, es muy significativo que este animal deje su piel para reaparecer con otra nueva.

Encontramos que la tradición nos habla de la metáfora de la serpiente enroscada y dormida, señalando así la persona que aún no ha despertado a la conciencia del espíritu, permaneciendo, por tanto, en estado de ilusión o autoengaño (Maya). La serpiente arrastrándose por el suelo indica al individuo sometido a las pasiones más groseras, sin embargo, la serpiente erguida, es señal de sabiduría. Con esto se nos quiere indicar que la energía de vida que nos anima debe elevarse de su condición más primaria o animal, hasta alcanzar su plenitud espiritual.

Pero volviendo al principio, el planteamiento es; si en el hombre se puede elevar dos calidades diferentes del fuego serpentino. Sabemos que la energía vital de la serpiente es la que se alimenta y mantiene en funcionamiento  los centros motrices, instintivos, emotivos, y pensantes en el hombre, y la conciencia que emerge de todo el conjunto. Siendo así, el individuo puede desarrollar voluntariamente y a través de una serie de técnicas y disciplinas la fuerza de la serpiente. Pero una cosa es la cantidad de energía y otra la calidad de la misma. Y con esto creo que tocamos el punto clave del tema, y que normalmente no se plantea la persona –generalmente por ignorancia- que se adentra en el terreno esotérico, ejecutando técnicas especiales con la intención de aumentar sus energías con fines espirituales en algunos casos, y en otros, por simple aumento de su poder personal.

Pero, no se puede tomar el cielo por asalto. En estos casos de osadía y ambición personal, el individuo se va a encontrar con el resultado requerido. Efectivamente el fuego de la serpiente le hace aumentar su poder, pero no precisamente para su liberación  y autotrascendencia, es decir, para crear nuevas estructuras más universales, sino para potenciar lo que ya hay en el mismo; o sea, el yo inferior con todos sus deseos, instintos y pasiones. Porque la cualidad de la vieja serpiente no puede sino enfatizar y aumentar los aspectos terribles o maravillosos de la misma personalidad, pudiendo resultar ésta muy brillante y pletórica de poder y fuerza, pero como dice el refrán: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. El individuo se convence al aumentar sus facultades personales e incluso paranormales, que está obteniendo resultados espirituales y liberadores, y no se puede imaginar que esté encadenándose aún más al sueño hipnótico de la antigua serpiente.

Si el hombre realmente desea alcanzar la liberación de sus viejas estructuras y condicionamientos, debe hacer previamente un proceso de maduración de su personalidad, lo cual lo va a llevar a darle vida al núcleo del Espíritu, con lo cual se produce la transmutación, y de una forma natural, del fuego de la vida.

La antigua Serpiente, la engañadora del universo, la que mantiene a la humanidad hipnotizada y encadenada a la ilusión de la materia es transmutada en una nueva serpiente llena de sabiduría y poder real. El Caduceo de Mercurio es el símbolo de este estado de sabiduría del Alma.

Esta transformación del viejo fuego de la vida por otro fuego nuevo, conlleva un cambio en su calidad energética, por lo cual la nueva serpiente al alimentar los centros del hombre, le producirá como consecuencia otros resultados cualitativos en cuanto a su sensibilidad y poder del pensamiento; emergiendo una nueva conciencia que se alimenta de la Vida, de la Luz, del Amor y de la Sabiduría.

Dando un gran salto nos remitimos a unos de los textos más representativos de la tradición occidental. En la Biblia, vemos en el Génesis, el papel tan crucial que desempeña la serpiente en dicha historia. Les promete a adán y a Eva que serán como dioses, obteniendo la Sabiduría si comen del árbol prohibido. Sin embargo, lo que hace es engañarlos y no sólo no adquirieron nuevos poderes, sino que las ventajas que tenían adquiridas por naturaleza, parece ser que las perdieron. La tradición esotérica habla de la caída del hombre, y la religión ortodoxa, del pecado original.

Analizando todos los elementos que intervienen en la leyenda y dentro del escenario llamado Paraíso Terrenal, están el árbol, la manzana, la serpiente, Adán y Eva. La palabra paraíso proviene del latín “paradisus” que significa jardín, paraje; lugar en donde se cultiva todo tipo de plantas, árboles y flores. Transfiriéndolo al ser humano, podemos entenderlo como un espacio anímico de desarrollo y evolución, el cual va a ir dando naturalmente una serie de frutos o resultados. De forma general, el reino vegetal está relacionado con el dominio del Alma y su sensibilidad. El que el paraíso sea terrenal nos conecta con el elemento tierra, y esto a su vez, nos sugiere que se está indicando que dicho paraíso se ubicaba en el cuerpo de Adán y Eva los cuales posiblemente disfrutarían de un estado interno básicamente instintivo y sensible, perfectamente integrados en la naturaleza, aunque posiblemente predispuestos a dar un paso en su evolución como más adelante la historia nos cuenta.

La narración dice que en el centro del Paraíso Terrenal estaban el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, en donde se hallaba la serpiente enroscada que tentó a Eva, y también el Árbol de la Vida o de la Inmortalidad.

Esta imagen nos transporta al mismo centro del cuerpo físico, a la columna vertebral, y al fuego de la serpiente reptando por ella cual tronco de árbol, por donde asciende posiblemente por un orificio existente a lo largo de la médula espinal llamado Epéndimo. Esta energía vital que dependiendo no sólo de su cantidad sino de su calidad, o bien nos sumerge en el mundo dual de la mente inferior; lo cual se traduce en interpretar fraccionadamente al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, o bien, nos eleva al mundo de la mente superior, a la conciencia de la Unidad y de la Sabiduría o Árbol de la Vida.

Como arquetipo individual y al mismo tiempo colectivo de lo femenino, Eva es el mundo de la sensibilidad, de los sentimientos, emociones y deseos, pero también de los impulsos del inconsciente. Adán por el contrario, como modelo masculino, es el mundo de la razón, del intelecto y de los actos de la voluntad.

Ahora bien, cualquier persona puede ser invadida por impulsos y deseos del inconsciente –Eva- y de hecho lo estamos siendo casi continuamente por formas de pensamientos y de deseos de toda índole. Pero la capacidad racional y volitiva de la mente consciente –Adán- se puede dejar llevar por ellos o no. Entonces, es únicamente cuando voluntariamente le damos consentimiento a nuestros deseos, cuando los justificamos y nos implicamos, es cuando nos hacemos responsables de ellos, que desde ese mismo momento pasan a ser nuestros, conduciéndonos directamente a la acción.

Por  ello  se  comenta a cuenta de la leyenda, que si solamente hubiese sido Eva  -deseo- la que hubiera comido de la manzana, la situación que disfrutaban nuestros primeros padres no hubiese cambiado, pero el hecho de que la mujer tentase a Adán y éste condescendiera fue cuando se originó la caída, los acontecimientos que a continuación se relatan en el Génesis.

La manzana como fruta del árbol simboliza el fruto como resultado de un proceso, transportando en sí la semilla de un nuevo ciclo. El hecho de ser consumida tanto por Eva como por Adán, nos indica del acto de consumación del deseo y como consecuencia ello se desencadena una serie de consecuencias, que en este caso sería el inicio de un nuevo ciclo de desarrollo en otro nivel.

Sabemos a través del relato que Adán y Eva vivían dichosos en un mundo feliz, en un estado interno que era el Paraíso, protegidos directamente pos sus instructores, el cordón umbilical con la madre naturaleza no había sido roto, pero esto no indica que hubiesen alcanzado algún estado de madurez como individualidades, de autoconciencia, de un desarrollo mental inteligente, objetivo y pleno. El estado de nuestros primeros padres puede ser más parecido al estado de inocencia de la niñez, que a la madurez y sabiduría de un anciano. El niño mira el mundo con ojos limpios, pero sin puntos de referencias, por falta de experiencia, para poder valorar la vida en todo lo que ésta contiene de maravillosa unidad y armonía.

 Si el Génesis nos habla de nuestra genética; nuestros primeros padres figuran entonces, como el tipo de modelo genético que conformó a la humanidad en un momento crucial de su desarrollo. El querer dar un paso desde un estado de pureza inconsciente y colectiva a otro estado de conciencia individual, hubo necesariamente  que pagar un precio. Este relato habría que entenderlo como una mutación genética cuyas consecuencias las venimos arrastrando por generaciones.

Si llevamos nuestra atención al simbolismo del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal cuyo fruto fue consumido, éste carbol nos habla del conocimiento de la Dualidad Universal, del continuo y maravilloso juego de los opuestos del cual surge la vida y la creación. Cuado se adquiere de lleno y por propio derecho dicha ciencia y sabiduría, se entra conscientemente a formar parte activa en el propio juego creativo del universo; la capacidad para crear vida, de llegar a ser como dioses, realizándose así el Árbol de la Vida o de la Inmortalidad, la promesa de la Serpiente.

Pero comer del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal sin estar maduro para asimilarlo, y nuestros primeros padres se cuenta que no lo estaban puesto que era un fruto prohibido para ellos,  es como no asimilar bien un alimento, se indigesta y puede ser un revulsivo, hasta un veneno. Por tanto, cuando la mente humana se fue individualizando empezó a caer en los topes de la mente inferior y egóica, lo que hoy día es el hombre: un ser fraccionado y dividido dentro de sí mismo, proyectando nuestras connotaciones fragmentadas hacia el exterior, siendo el mundo en el que vivimos un espejo de nuestro mundo interno. Como consecuencia  “la expulsión del Paraíso” como estado interno se perdió. Y desde entonces nos alimentamos de ese “error” genético. Es por ello, que existe un mensaje en forma de mito en el inconsciente colectivo de los pueblos de la Tierra, de que vivimos en un mundo caído.

A partir de la caída, al Árbol del conocimiento de la dualidad del Bien y del Mal, se le fue seccionando en dos mitades excluyentes e irreconciliables una con respecto de la otra, por lo que en vez de compartir el espacio paradisíaco con el Árbol de la Vida tiene por compañero al Árbol de la Muerte.

Llegado a este punto cabría preguntarse; ¿fue llevada la humanidad intencionadamente a esa situación, o mas bien ella misma se autoengaño? Bien, si no queremos que la respuesta sea fraccionada, no se trata entonces de escoger entre una opción u otra, actitud que generalmente solemos adoptar entre dos alternativas aparentemente excluyentes, formándose alrededor de ambas dos bandos enfrentados de opinión, los cuales nunca llegarán a estar de acuerdo. De manera que hay que buscar la salida en un plano que esté más allá de la dialéctica de los opuestos, en una visión en donde esos mismos opuestos encajen armoniosamente y se origine un movimiento. Veremos:

Adán y Eva no eran dioses, pero querían llegar a serlo. En el deseo de ir más allá de sí mismo descubrimos a la fuerza masculina de la evolución de la naturaleza, la tendencia natural de conquistar nuevos espacios, no solamente espacios externos, sino internos, la aventura que supone conocer estados superiores de expansión de la conciencia. Reconocemos pues, detrás de esa inquietud de llegar a ser algo más, a la Chispa de Espíritu impulsando a nuestros primeros padres a caminar hacia delante, a no quedarse estancados en ese estado de felicidad límbica y regalada en la cual se encontraban.

Hay un paralelismo entre esta leyenda y la parábola de Hijo Pródigo del Nuevo Testamento. El hijo pródigo vivía feliz en el palacio de su padre, pero quiso marcharse de su patria y perderse en un país lejano, se metió en el barullo de otra vida y, gastó su herencia, es decir; perdió el sentido de la Unidad. Ante lo cual, pasó hambre y necesidad (interna). Esto le hizo recapacitar, acordarse y añorar la posición que había perdido (miró hacia adentro). Deseó con toda su fuerza retornar a su punto de origen para disfrutar plenamente y poder valorar con plena conciencia lo que allí había dejado. Y un buen día, ya habiéndolo madurado se puso en camino. El padre a su vez, se alegró más de la vuelta del hijo perdido que de la fidelidad del otro hijo que siempre había permanecido a su lado.

Existe un factor común entre ésta parábola y el mito de Adán y Eva; y es precisamente la curiosidad por saber, de conocer, esa inquietud del Espíritu por experimentar algo nuevo y de buscar más allá de dónde cada uno se encontraba.

La jugarreta de la Serpiente fue contarles la verdad únicamente a medias. No les mintió cuando les prometió elevarlos a la divinidad y a la sabiduría, pero en cambio, no les dijo que para lograrlo tendrían antes que descender a un mundo diferente, no les advirtió que perderían los privilegios de vivir en un estado de niños protegidos, y que tendrían que empezar un nuevo camino esta vez labrados por ellos mismos. No les avisó de que pasarían hambre y necesidad (interna), ni de que correrían el peligro incluso de olvidarse del sentido real de la vida. Les ocultó que llegar a la divinidad les iba a costar sudores y sufrimientos, que la divinidad no es un regalo, sino que hay que conseguirla a pulso.

Más tarde se le dijo a Adán que ganaría el pan con el sudor de su frente y a Eva que pariría a sus hijos con dolor. Y efectivamente, eso es algo que venimos haciendo desde entonces, puesto que conseguir el alimento para nuestra expansión mental y conocimiento espiritual es todo un trabajo que requiere esfuerzos y un continuo estado de atención. Y para que el Alma, el sentimiento, llegue a dar los frutos requeridos, tiene que pasar por un proceso previo de purificación que entraña dolor y sufrimiento. Pero es el precio exigido para llegar a la madurez necesaria y retornar, pero esta vez con conciencia, por pleno derecho, al mundo de la Unidad y del Amor, al Paraíso perdido.

Existe en este mito genético una sentencia que puede resultar bastante oscura en su significado, pero si nos detenemos a investigarla la podemos encontrar reveladora. Es la maldición que Jahvé lanzó sobre la Serpiente:

“Por haber hecho esto, serás maldita como ninguna otra bestia doméstica o salvaje. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje, éste te aplastará la cabeza, y tu le acecharás el calcañar” (Génesis 3, 14-15)

¿Cómo interpretar la maldición de la serpiente arrastrándose por el suelo? En primer lugar tenemos que destacar que el hecho de arrastrarse por el suelo nos revela un aspecto degenerado del fuego serpentino, de la energía vital del ser humano. Por consiguiente, las energías vitales de la humanidad fueron adquiriendo otra calidad más grosera en la medida que el hombre en su caída del estado paradisíaco a la dimensión material del espacio/tiempo que conocemos se ve sometido a la fuerza bruta de las pasiones ciegas. Se despierta la bestia en el nivel más bajo de nuestro ser egoico y empiezan los conflictos, Pero llegará un día en que el proceso aparentemente “involutivo” se torne evolutivo. Y de la indigna serpiente que se arrastra por el suelo y come polvo, surgirá una bella y pura doncella. En nuestra cultura religiosa este acontecer transformativo está representada por la figura de la Virgen María aplastándole la cabeza a la serpiente. Es todo un simbolismo de la transmutación del antiguo fuego serpentino animal y cómo a partir de dicha bestia se eleva lo que es el Alma depurada e integrada con el Espíritu. .

Como dato curioso: El calcañar que es con lo que María pisa a la serpiente es un hueso que corresponde al talón del pie. Esto nos conecta con la leyenda del Talón de Aquiles. Este héroe murió en la guerra de Troya cuando una flecha enemiga le alcanzó el talón. Este hecho no tendría mayor importancia y Aquiles no habría alcanzado  tanta repercusión si no fuera porque su madre al nacer lo sumergió en las aguas del Sitx para hacerlo invulnerable, pero precisamente el talón que era el sitio por donde lo sujetó al sumergirlo, quedó sin mojarse.

Ahora bien, en el cuerpo físico tenemos que a partir del hueso calcañar nace un tendón llamado Aquileo (en honor a Aquiles), y éste va a parar a la zona sacra. Recordemos que la zona sagrada es en donde yace la serpiente enroscada, dormida. O sea, nuestro potencial, nuestra energía vital aletargada, o dicho de otra manera: almacenada.

Existe además una conexión refleja entre esas dos zonas del cuerpo: el Sacro y el Calcañar, y a través de todo el recorrido del tendón Aquileo. Resulta curioso que el punto de contacto entre el nuevo fuego de la vida en la figura de María o Alma atemporal (inmortal) y el antiguo fuego de la serpiente sea, el talón. Es decir, la parte inferior en donde comienza la nueva dimensión del Alma –el talón-, es la que está justamente aplastando la cabeza a la serpiente como conteniendo a la antigua fuerza bruta de la naturaleza, que a su vez, sigue acechando a través del calcañar, como dispuesta a salir cuando no se ejerce cierto control sobre ella.

Cuando en cierta forma nos dormimos espiritualmente hablando, es porque hemos dejado de ejercer dominio sobre su cabeza, siendo entonces, cuando nos encontramos bajo el influjo hipnótico de ella y en esos momentos somos vulnerables al igual que Aquiles lo fue, a las consecuencias de su energía. Las pasiones en ese nivel de la serpiente son destructivas (mortales) para las nuevas energías vitales del Alma.

Pero así como nuestros antecesores comieron del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal e interpretamos erróneamente el mundo de la Dualidad, gracias a Dios no comimos del Árbol de la Vida (inmortalidad), porque si no, el error temporal en el que estamos viviendo podría haberse vuelto atemporal, o sea, irreversible.

Por eso Jahvé, posiblemente lanzando un suspiro dijo:

“He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal: ahora, pues, no vaya a extender su mano para que tome todavía del Árbol de la Vida, y comiendo, viva para siempre.”  En el error naturalmente.

 

 

 

EL COCHE DE CABALLO

 

Según las enseñanzas del Cuarto Camino, el hombre es comparado a un coche de caballo, en que cada parte de éste representa un plano o cuerpo del individuo. Estos cuerpos deben estar en primer lugar en buen estado para su correcto funcionamiento: “Mente sana en cuerpo sano”. Pero a esto hay que añadirle las 3 conexiones que unen a estos cuerpos entre sí. Es decir, el amo tiene que darle la orden al cochero, entonces tenemos que la voz del amo que llega al cochero es la conexión que existe entre los dos.-1ª conexión-. El cochero, a su vez, para dirigir al caballo necesita ponerse en contacto con él a través de las riendas -2ª conexión-, y el caballo para tirar del carruaje es necesario que esté conectado a él por los arneses -3ª conexión.

La función correcta de los diferentes niveles de la persona es en este orden jerárquico: voluntad-mental-emocional-físico. Tendríamos el caso de la persona libre, que actúa por propia voluntad y no por condicionamientos externos. Sería poseedora de una voluntad real y consistente proveniente de un Yo interno unificado. Esta persona sería dueña de sí misma y no de las circunstancias externas. En un ejemplo práctico ocurriría así:

La voluntad –amo- emitiría un deseo/orden: Quiero dejar de fumar: Voz del Amo

El plano mental –cochero- pensaría el mejor sistema para dejar de fumar y conducir al emocional –caballo- de tal forma que dejara de sentir el deseo del tabaco: Riendas

El emocional –caballo- dejaría de sentir el deseo de fumar y el cuerpo físico cuando le viniera el estímulo del cigarro se quedaría indiferente o lo rechazaría: Arneses

Lo que normalmente ocurre es todo lo contrario y el orden jerárquico se invierte: físico-emocional o de deseo-mental. No existe la voluntad real de un Yo interno unificado, sino que existen diferentes voluntades correspondientes a los diferentes “yoes” contradictorios que posee el individuo. Es decir, aparece en escena un yo racional que dice que quiere dejar de fumar, pero al cabo del tiempo entra en escena otro yo emocional que siente el deseo de fumar, pero al poco tiempo entra en escena otro “yo” emocional que siente el deseo de fumar. Por tanto, la pequeña porción de voluntad de dejar el tabaco dura el rato que permanece el primer “yo” en el escenario.

Supongamos que el “yo” no fumador se impone sobre el otro “yo” enganchado al tabaco. Entonces la persona se propone muy seriamente dejar de fumar porque está convencido de que no le favorece hacerlo. A nivel mental lo ve muy claro, pero como no tiene o no sabe manejar las riendas del plano emocional de los caballos, piensa que diciéndoselo repetidas veces va a surtir efecto. Pero cuando le llega el estímulo del cigarro cuando alguien le ofrece, o sea, a través del físico –carruaje-, no puede dejar de sentir el deseo de fumárselo. A continuación buscará alguna excusa a nivel intelectual  -cochero-, y se autojustificará de cualquier forma para no quedar tan mal delante de sí mismo. En resumen: El mental -cochero-, queda supeditado al emocional –caballo-, en el sentido de buscar las razones más o menos ingeniosas para justificar la acción del deseo. El caballo a su vez, está condicionado por los estímulos procedentes del cuerpo físico -carruaje- que los recibe del medio externo. Nos encontramos con la cara opuesta del hombre libre y con auténtica voluntad en su “capacidad de  hacer”. Es el hombre mecánico y sujeto a los estímulos provenientes del mundo exterior y al cual “todo le sucede”, según la terminología utilizada por Gurdjieff.

Mirando el esquema del coche de caballo hay dos puntos fundamentales a tener en cuenta. En primer lugar es la toma de consciencia que debe existir en el cuerpo mental del cochero para dirigir a los caballos y cómo hacerlo. Ahí está la clave del problema de nuestras incoherencias, la gran tragedia del ser humano, la escisión entre lo que pensamos y lo que deseamos, lo cual lógicamente repercute en el funcionamiento fisiológico por la frustración y consiguiente sufrimiento que ello conlleva. Las zonas cerebrales más ancestrales en donde están localizadas las reacciones instintivas y la memoria emocional -Hipotálamo y Sistema Límbico- actúan con más rapidez que la zona cortical -de conformación posterior-, que es la sede de la razón, de la reflexión, de la planificación y es en donde interviene la conciencia. Por tanto al plano emocional      -caballo-, hay que saberlo conducir con las riendas para que se mueve en la dirección que la inteligencia propone. Y no es que el caballo quiera desobedecer a priori al cochero, sino que la inteligencia tiene que hablarle en el lenguaje que él entiende y no es precisamente dándole órdenes.

Son necesarios tres requisitos para que el cuerpo emocional entienda el mensaje que la parte inteligente le quiere enviar:

  1. El mensaje no es con palabras sino con imágenes. Hay que visualizar las imágenes adecuadas para que el emocional entienda lo que se le quiere transmitir.
  2. La imagen debe ir acompañada del sentimiento correspondiente. Si no queremos fumar, deberemos sentir rechazo ante la imagen de un cigarro.
  3. Se debe transmitir el mensaje en un estado relajado –frecuencia alpha- porque de esa forma se puede grabar el mensaje más profundamente.

En resumen: se trata de que en la memoria emocional se cambie la información que tenemos con respecto al tabaco. Debe pasar de atracción y deseo a no atracción y rechazo. O al menos a un estado indiferente en donde la reacción al estímulo del cigarro no sea tan automática, y de tiempo a que la zona cortical transmita su influencia consciente.

Hay un segundo punto fundamental a tener en cuenta para que la nueva programación resulte eficaz. Se trata de un refuerzo adicional de energía –conciencia-, que tenemos que dar en el momento de la prueba. Y hay que darlo en el punto 3 dónde están situados los Arneses. O sea, cuando estamos ante la presencia o impacto del tabaco, antes de que surja el deseo automático y el cuerpo se movilice a coger el cigarro –carruaje-, la mente del cochero debe estar atenta y presente de lo que está ocurriendo y reforzar en ese mismo momento la programación que ya tenemos hecha. Es el acto consciente del punto 3 del Circulo de la Creatividad.

De esta manera y poco a poco se va creando la Voluntad de un Yo real con capacidad de Hacer en las numerosas experiencias de aprendizaje que la vida nos proporciona día a día.

Datos de la Neurobiología

HIPOTÁLAMO: Cerebro reptiliano, el más antiguo de todos. Impulsos instintivos de placer/displacer,  atracción/rechazo.

SISTEMA LÍMBICO: Contiene la memoria emocional y evalúa el comportamiento adecuado a dicha memoria.

LÓBULO O ZONA FRONTAL: Planifica nuevos comportamientos. Inteligencia

SISTEMA RETICULAR: Es el responsable del estado de alerta, de atención. Tiene que ver con los diferentes niveles de la conciencia.

 

 

 

SOBRE  EL  SUFRIMIENTO

 

¿Es el sufrimiento innato a la propia naturaleza humana, o es producto de una degeneración como humanidad caída que somos, según cuentan las leyendas y mitos de algunas tradiciones espirituales?

Independientemente de este planteamiento, resulta muy evidente que somos  víctimas de las propias estructuras mentales de sufrimientos que nos hemos creado. Por ejemplo, aunque naciéramos inmaculadamente sanos, sin taras genéticas hereditarias, sean éstas físicas o anímicas, ya se encarga nuestro entorno familiar y religioso de grabar en nuestro tierno y limpio cerebro toda clase de aberraciones psicológicas y morales, de chantajes emocionales que más tarde o más temprano nos induce a comportamientos enfermizos con sus consiguientes sufrimientos. Somos grabados mentalmente de esta insana manera, en parte para tenernos bajo control, y también, por pura inconsciencia, una ignorante y nefasta inercia heredada de nuestros  mayores que se  perpetua en el tiempo. El pecado -error- de los padres lo heredan los hijos.

¿Y cómo no vamos a tener en nuestro inconsciente colectivo ciertos miedos y temores alimentados  por generaciones,  cuando  nos han enseñado a adorar a un dios que te premia, pero, que también te puede castigar duramente en caso de no obedecer sus leyes?  Esta forma de ver la  última realidad nos ha dejado anímicamente un tanto indefensos y temerosos de ese dios justiciero. Desde otra perspectiva resulta increíblemente perverso y morboso cómo somos inducidos a venerar y adorar al emblema más representativo de nuestra religión: Un señor crucificado que está muriendo tras  haber sufrido terribles sufrimientos  Y para colmo de desdicha te hacen sentirte responsable de su muerte. El sentimiento de culpa lo puedes paliar si sufres igual que él, si cargas con su cruz. Se establece una proporción directa: a más sufrimiento más mérito acumulado para ganar el prometido cielo.  ¿Cómo podemos ser espiritualmente libres, personas sanas, no adictas al sufrimiento, con esa carga psíquica tan enfermiza que hemos estado sobrellevando por generaciones?

Es verdad que uno puede trascender todas esas creencias y liberarse de la opresión religiosa. Es relativamente fácil derribar conscientemente las estructuras ideológicas y religiosas que nos han condicionado como seres humanos y suplantarlas por otras más acordes a nuestro nivel personal o madurez interna, o también suprimir toda estructura espiritual. Pero, la cuestión es si  hemos limpiado realmente nuestra alma, -la parte sensible de nuestro ser- de todos los sentimientos, sensaciones y sutilidades que nos evoca y nos induce al sufrimiento. Esos fantasmas anímicos siguen viviendo y campeando a sus anchas en nuestro subconsciente. Son hábitos adquiridos en nuestros tiempos oscuros y tempranos, cuando apenas teníamos desarrollados la capacidad del discernimiento. Son sustancias químicas que el organismo se ha acostumbrado a segregar, adquiriendo éste cierta tendencia a seguir segregándolas cuando hacemos ciertas asociaciones. Posiblemente hayamos madurado espiritualmente y la idea de una jerarquía externa que te exige y te juzga la hayamos superado intelectualmente, pero, ¿hemos erradicado ese tribunal inquisidor también de nuestro corazón?

Es muy fácil saberlo. Sólo hay que observarse, o mejor dicho sentirse en los momentos en que nos vienen sensaciones no agradables como miedos, angustias, y sentimientos de culpa. Indagar y observar cuál es su origen puede servirnos de una gran ayuda para desenmascarar los fantasmas que aún viven alimentándose de esos “sabores” y que incitan a nuestro organismo a segregar la química adecuada para seguir parasitariamente mantenidos en nuestra alma.

La naturaleza es sumamente sabia y tiene sus recursos para inducir al ser humano a que viva en la forma correcta. Y lo correcto, según la naturaleza, no tiene apenas que ver con los deberes y con la moral artificial que nos hemos creado, sino con el bienestar y la felicidad que tenemos derecho por el simple hecho de existir. Entonces, la naturaleza nos llama la atención cuando generalmente, por inconsciencia, nos empeñamos en vivir en un estado erróneo o antinatural. Utiliza el recurso del dolor a nivel físico y el sufrimiento a nivel anímico.

En lo tocante al dolor físico, es como muy patente que cuando sentimos una molestia buscamos su causa e intentamos remediarla si en algún caso nos hemos sobrepasado en nuestro propio comportamiento corporal. O acudimos al médico para solucionarlo si el problema nos sobrepasa.

Pues, exactamente lo mismo ocurre con el sufrimiento. Es el grito de nuestra propia alma para llamarnos la atención de que algo no funciona bien. El alma sana nunca grita ni protesta, solamente nos produce bienestar, es su estado natural. Pero cuando el alma enferma por excesiva preocupación de problemas y, exceso de sobrecarga emocional, enfoques no sanos de la vida que nos impregnan de miedos, culpas, represiones y demás, es cuando emergen esas sensaciones tan poco agradables, esa química venenosa que altera nuestro organismo, baja nuestro sistema inmunológico y puede, además, producir todo tipo de somatizaciones, con lo cual, la cuestión se complica.

Por lo tanto, ¿es necesario el sufrimiento? Bajo esta perspectiva el sufrimiento adquiere el rol de un mal necesario mientras no sepamos vivir la vida con sabiduría.   “Mente sana en cuerpo sano” sigue estando totalmente vigente. Pero, por sí mismo, tanto el dolor como el sufrimiento no tienen razón de ser, no son cosas intrínsecas a la propia naturaleza humana, pero si cumplen su misión como lo hace el médico mientras existan personas enfermas. Por cierto, Jesús dijo en sus enseñanzas que había  venido a curar a los enfermos, no a los sanos.

  Con esto, no se quiere dar a entender que la vida deba ser un mar en calma. Indudablemente la vida es un continuo reto, superación y aprendizaje, y esto implica naturalmente esfuerzo, pero no necesariamente sufrimiento. Un niño en una escuela puede aprender a leer de dos formas: con amenazas y castigos, o bien, como un juego estimulante. La humanidad está recibiendo clases de la vida en una vieja escuela que utiliza métodos de aprendizajes siniestros y rigurosos, y lo más triste es que en su propia miopía enfermiza está convencida de que son los métodos adecuados y necesarios.

   Aprender a no sufrir, y a vivir en un estado de enamoramiento de la vida es un maravilloso reto. Cuando uno ama no sufre, sino que se goza. Si se sufre es porque en ese mismo momento se ha dejado de estar en el estado amoroso. El sufrimiento y el amor son estados anímicos incompatibles, dos químicas diferentes. Es sumamente importante y eficaz darse cuenta en el momento justo del cambio en la segregación de las sustancias fluidas y livianas del  bien-estar  por otras nocivas que fisiológicamente nos produce alteración respiratoria, pulso acelerado, presión y angustia en el pecho, sensación de amargura en la garganta, inquietud en la boca del estómago y bullicio neuronal en el cerebro. Algo ha ocurrido en nuestra mente. ¿qué pensamiento negativo lo cruzó y lo agarramos?  En cuestión de fracciones de un segundo podamos pasar de vivir en el cielo a vivir en el infierno.

Si estamos atentos cuando empecemos a sentir alguno de esos síntomas, debemos inmediatamente empezar a respirar profunda y relajadamente, parar el flujo de pensamientos, y sobre todo poner mucho cuidado en no hacer asociaciones mentales. Por ejemplo: siento miedo cada vez que pienso que voy a montarme en un avión. Porque a la idea de viaje en avión siempre irá unida inefablemente la sensación de miedo.

Según Eric Rolf (especialista en la salud del alma), hablando sobre el miedo dice; cada vez que vamos a emprender algo nuevo, algo desconocido para nosotros, algún tipo de aventura, vamos a utilizar un caudal de energía procedente del vientre. Lo podemos sentir como algo que asciende y nos produce una cierta inquietud, un cierto cosquilleo pero es nada más que la energía procedente del almacén (Hara) dispuesta a ser utilizada para nuestro fin. Si hacemos en esos momentos unas cuantas respiraciones profundas la sensación se esfuma sintiéndose como burbujitas que estallan. Estamos, entonces, prestos y atentos para la acción, pero si por el contrario hacemos una asociación negativa, es decir, pensamos en los inconvenientes o peligros de la acción que vamos a emprender, entonces entramos en el miedo, el cual nos puede paralizar e influir negativamente en los resultados de lo que vamos a emprender.

Según las enseñanzas de Gurdjieff sobre el estudio de los diferentes centros del ser humano, éste negaba la existencia real de un centro emocional negativo. Decía que de forma natural no existen las emociones negativas, sino que es una alteración o degeneración adquirida por el ser humano.

Sin embargo, hay sufrimientos que nos vienen por causas naturales como puede ser la muerte de un ser querido. Incluso en esas circunstancias existe un abismo entre cómo este hecho puede afrontarlo un ser maduro y sano, y otro enfermizo e inmaduro. La capacidad de aceptación es diferente, la necesidad de la presencia física del ser amado no es tan fundamental, no se produce la dramatización del hecho, y si además posee una profunda sabiduría comprenderá que en la realidad última y auténtica del ser, nada muere ni nace, sino que siempre somos.

 

 

 

 

LAS  OCTAVAS  PLANETARIAS Y EL CRECIMIENTO INTERNO

¿Forman los planetas entre ellos octavas superiores que nos proporcionen datos acerca del desarrollo interno? En este pequeño estudio que se presenta vamos a hacer un análisis comparativo entre tres dimensiones del ser humano en su proceso de crecimiento interno, y relacionarlo  con 3 niveles u octavas planetarias. Distinguimos pues, en el individuo, estos diferentes niveles como cualidades o calidades internas que se proyectan en su comportamiento. Estos niveles u octavas las vamos a definir como:  natural, cultivadatranspersonal,   Su ordenamiento planetario sería de la siguiente manera:

SOL =Principio  vital.-   No se incluye al Sol  dentro del juego de las octavas. Se contempla mejor como un foco energético y principio de vida, que sostiene no sólo a nuestro planeta sino a todos los del sistema solar. El Sol físico es la energía vital que alimenta a la naturaleza. En su aspecto sutil es el símbolo universal del Espíritu.

TRILOGÍA DEL HOMBRE  NATURAL
Estos tres primeros planetas representan los tres aspectos del ser humano natural o instintivo. Las herramientas con las que trabaja el yo de la personalidad primaria.

Luna, Alma animal, o alma instintiva. Con la denominación  Alma se intenta aunar todo el abanico o espectro de la sensibilidad humana que comprende desde los sentidos físicos, las emociones instintivas, las pasiones y deseos hasta los sentimientos más puros y nobles. A la Luna, que domina  nuestra parte inconsciente le vamos a adjudicar  la sensibilidad del cuerpo, los sentidos físicos y las emociones y deseos provenientes del mundo de los instintos, como es el de reproducción, el maternal, el de protección y el de conservación. También el instinto social como necesidad de buscar apoyo y protección  del grupo y a su vez  de proteger.

Mercurio o Mente básica. – Mercurio, como ya sabemos, representa  las facultades mentales básicas del ser humano como es la capacidad racional y analítica. La facultad para transmitir ideas. Es la comunicación en cualquiera de sus manifestaciones. Memoria y planificación. Mente concreta.

Marte, la Fuerza impulsora o de acción.  Marte actúa por impulso. Su actividad funciona a petición de los instintos, consecuentemente es una energía impositiva, directa y competitiva. Su radio de acción es consecuentemente bastante limitado, ya que la persona que solamente tiene desarrollada este primer nivel, se motiva por las necesidades más cercanas y vitales de primer orden.

Ejemplo de comportamiento de esta primera trilogía: Imaginémosnos  que un buen día paseando por el campo nos topamos con un árbol cargado de manzanas, ante lo cual sentimos el deseo natural de comernos una. Es nuestra parte Luna con sus necesidades instintivas de saciar el hambre,  pero también el puro capricho de los sentidos lo que nos hace desear comernos una fruta. Nuestro Mercurio sopesa y selecciona rápidamente cual de ellas  vamos a coger, naturalmente la que tenga mejor aspecto.  Además Mercurio nos hará ver la forma más cómoda y rápida de conseguir la fruta deseada. Una vez nos hayamos decidido por una de las manzanas, nuestro Marte alarga el brazo, o bien se sube al árbol o da un salto hasta conseguir agarrar la que hemos escogido.

En este simple hecho que  puede durar unos segundos han intervenido e interactuado estas tres  facultades básicas de nuestra personalidad: Deseo, planificación y acción. Podemos decir, entonces, que Marte es el brazo ejecutor de los deseos de la Luna y Mercurio es el que planifica la acción eligiendo cómo llevarla a cabo de la mejor manera posible y obtener los mejores resultados.

 

TRILOGÍA DEL SER HUMANO  CULTIVADO
El hombre cultivado sería la persona que teniendo integradas las facultades del hombre natural, va más allá, elaborando algo más complejo y rico en su personalidad. Es estimulado en su vida por otro tipo de intereses más amplios además de los básicos de la trilogía anterior, lo cual le permite moverse en un radio de acción mayor y de más riqueza de opciones.

Venus o Alma humana.-  Con Venus octava superior de la Luna, nos encontramos con un desarrollo superior de la sensibilidad hacia los demás. Representa el sentido social de  la amistad y del compartir. Se evoluciona hacia sentimientos más sutiles, libres, estéticos  y expansivos que los puramente instintivos de la Luna. Produce sensibilidad artística.

Saturno o Mente madura.- Saturno produce un tipo de mente desarrollada por medio del estudio, la concentración, la disciplina y la experiencia. Esto da como resultado una capacidad de pensamientos más profundos y complejos que los inquietos pensamientos mercurianos. Mente científica.

Júpiter o la Fuerza expansiva.- La fuerza y actividad de Júpiter está más en función de una ideología y no en base a satisfacer los impulsos del instinto. Júpiter actúa de una manera altruista siendo su radio de acción mucho mayor que el radio marciano, puesto que se proyecta hacia lo social bien sea por medio de la política, la justicia, la filosofía o de la religión.

Esta tríada planetaria reflejan los tres pilares culturales de la civilización. Venus: el arte. Saturno: la ciencia y Júpiter: religión y filosofía. Pero estos tres pilares de la cultura, también marcan los límites de la evolución del individuo. Es decir, aquí se toca techo, puesto que la persona puede llegar a vivir cualquiera de estos tres aspectos, e incluso los tres, y no cambiar substancialmente nada de sí mismo en lo tocante a la conciencia interna del ser. Pues aún en el caso de una persona cumplidora de su religión puede quedarse en la parte ritual y externa de la misma, sin más trascendencia interna. Los planetas que reflejan estos cambios trascedentales son los llamados planetas transpersonales.

Haciendo un intervalo y como curiosidad podemos seguir ampliando el ejemplo anterior (el paseo por el campo) y ver como se adapta esta nueva tríada a la personalidad. Con Venus y la manzana en la mano podremos disfrutar de su belleza, color, forma, y deleitarnos con su sabor y, sobre todo, la compartiremos si vamos acompañado. Si no es así, cogeremos una para llevársela a nuestro ser más querido. En vista de lo acontecido a nuestro Júpiter se le queda pequeño un sólo árbol, y por tanto, se le despierta la necesidad de aventurarse más allá, pues presume que va a encontrar mejores cosas.  No le importa andar campo adentro en busca de un gran huerto y cargar el coche a tope de todo tipo de frutas. Pagándoselas al dueño naturalmente, porque Júpiter es legal. Sin embargo ahí está Saturno que mira el reloj y calcula que no le va a dar tiempo para tanto. Su sentido del deber y la responsabilidad le obligarán a dejar  la aventura para otro día, y marcharse a su casa porque lo están esperando para comer y llegará tarde. No se lleva ni una manzana más. Naturalmente si uno tiene un Júpiter muy fuerte en la carta natal optará por la aventura.

 

TRILOGÍA DEL HOMBRE TRANSPERSONAL
La siguiente tríada planetaria representa cualidades que trascienden a la personalidad natural y a la cultivada. Es un desarrollo de la conciencia si se le compara con los dos estados anteriores. La persona llega a establecer un estado interno desde el cual no responde mecánicamente a las influencias de la vida. Podríamos decir que el primer nivel del comportamiento natural o instintivo es mecánico, responde plenamente a los estímulos procedentes del exterior y obedece a los valores educacionales de su entorno. El segundo nivel es un estado intermedio en donde el individuo empieza  a plantearse y cuestionarse  cosas que van más allá de sus necesidades básicas. Comienza a despertar y a salir de su estado de sopor interno. El tercer nivel es el de un vivir con consciencia. El individuo del tercer nivel lleva integrados los otros dos niveles anteriores.

Urano o Alma transpersonal.-  Urano es el símbolo del Alma nueva o renacida según algunas enseñanzas iniciáticas. En este nivel el individuo no es arrastrado tanto por los impulsos y pasiones de los instintos, como tampoco impera en su comportamiento las fluctuaciones de los sentimientos que lo traen y lo llevan para acá o para allá. Con Urano se tiene incorporado una base estable de la sensibilidad que responde a una comprensión y aceptación de la realidad. Urano simboliza el amor inteligente como contrapartida al amor ciego, motivándose por valores universales. Responde a uniones de grandes colectividades, a intereses del bien común.

Neptuno o Mente intuitiva.-  Neptuno posee visión directa de la realidad ya sea por intuición o por capacidad de visión profunda. La mente es vuelve receptiva y puede captar sin el proceso secuencial del raciocinio “flashes” de información de verdades o realidades que están más allá de los límites del conocimiento adquirido.  Es una cualidad del Hemisferio Derecho.

Plutón o la Fuerza transmutadora.-  La misión de Plutón es la de destruir las viejas estructuras para construir otras mejores. Actúa como depurador  de los planos anteriores, por tanto nos libera de lo que ya no es útil para nuestra evolución y desarrollo y ayuda a reestructurar lo nuevo.

El esquema de las octavas quedaría de esta forma.

 

COMENTARIOS
Vemos en este último esquema que Neptuno y Urano están cambiados de lugar con respecto al primer esquema. ¿Por qué se ha hecho así? Esto es debido a que en la Naturaleza se observa un cambio o cruce de polaridades energéticas  cada vez que se produce  un  paso a otro medio dentro de la dinámica del sistema. Un ejemplo lo tenemos en el paso del Sistema nervioso central al sistema nervioso periférico. El cruce  de polaridad se produce a la altura del Bulbo Raquídeo cuando la  mayor parte de los haces nerviosos de los Hemisferio cerebrales cambian de lugar al entrar en la zona del cuerpo.  Como consecuencia, cada Hemisferio controla  el lado opuesto del cuerpo.

Este cambio de polaridad  energética  en el proceso de los sistemas requiere un estudio aparte, por lo que no parece conveniente dedicarle más atención en este artículo.

El cambio de polaridad parece no producirse entre Luna y Venus o entre Mercurio y Saturno, puesto que ni Marte ni Júpiter –los planetas dinámicos de las dos primeras tríadas-  no sugieren ese cambio de medio.  Los planetas que conforman la tríada de la “persona cultivada” tenemos que contemplarlos más como un desarrollo de los planetas primarios pero estando aún dentro del marco de lo personal. El salto a lo transpersonal con su cruce de polaridad se produce en Plutón, el planeta por excelencia de la transformaciones estructurales.

Otra cuestión a tener en cuenta es la siguiente:   La integración energética de las tríadas planetarias en el ser humano cada vez que se produce un cambio de este tipo. Es decir, si Urano representa la fraternidad o amor universal es porque la sensibilidad característica de los planetas femeninos Luna/Venus ha sido integrada con los elementos inteligentes de la polaridad complementaria Mercurio/Saturno. Esta simbiosis genera algo muy superior y complejo en Urano por cuanto éste lleva incorporado la unidad  sensibilidad/inteligencia de las tríadas precedentes produciéndose como resultado un tipo de amor  consciente y comprensivo que  trasciende al amor ciego y personal de los estados anteriores. Nos encontramos ante un tipo de amor que rompe barreras liberándose de las ataduras de intereses personales y pudiendo, por tanto, abarcar  un radio de relación y de comunicación inmenso.

Lo mismo ocurre con Neptuno, el modelo planetario emergente como producto de la integración de las anteriores tríadas. Con Neptuno se produce un salto cualitativo puesto que él representa, al igual que Urano, un rompimiento de las estructuras y fronteras limitadoras de la mente personal, permitiendo la inmersión en las profundas aguas de la sabiduría universal. Esta apertura es posible porque la mente no se ha quedado restringida al frío raciocinio y al análisis calculador y científico de las octavas inferiores Mercurio/Saturno.  Neptuno se ha enriquecido gracias a los aportes sensibles de Lunas/Venus con lo cual la mente se vuelve receptiva, y permeable a la información universal que yace en el inconsciente para la inmensa mayoría de los humanos.

En cuanto al comportamiento del planeta Plutón podemos comprenderlo con una nueva perspectiva si le sumamos e integramos la fuerza de empuje de Marte junto con el potencial de expansión de Júpiter. Esto le permite  poseer un potencial energético muy superior  a los otros dos planetas que le preceden en  el esquema que estamos estudiando y, le capacita para hacer la función de medio rompedor y transformador de estructuras tanto para Urano como para  Neptuno. Por tanto, consideramos lícito adjudicarle la capacidad de ser el punto de cruce e intercambio energético en el esquema mencionado.

En un tema natal podemos estudiar qué relaciones mantienen, por ejemplo, los tres planetas de la sensibilidad o del Alma: -Luna, Venus, Urano-, las tres facultades de la mente: -Mercurio, Saturno, Neptuno-,  y las motivaciones de nuestra acciones: Marte, Júpiter, Plutón.