DE  LA  MANO  DE  “EL  LOCO”

-OTRA  VISIÓN  DEL  TAROT-

 

Marsay Ediciones

 

 

ÍNDICE

PRIMERA PARTE. -  Introducción. Modelo Creativo Unificador. Modelo de los ciclos Evolutivos                                    

SEGUNDA PARTE. -     Los 22 Arcanos Mayores del Tarot

APÉNDICE   La historia de un traje.

 

Introducción

Imaginaos que un buen día os encontráis con un mapa que contiene la información sobre el camino a recorrer para llegar a un lugar, en donde existe un tesoro escondido. Pero, el pergamino, aparte de venir en clave, como suele ocurrir con los mapas de tesoros ocultos, además está troceado, como piezas sueltas de un puzzle. Pues bien, antes de descifrar el contenido tendremos que ordenar y organizar los trozos; de lo contrario, dispondremos de todos los datos sueltos, pero sin ninguna directriz y, por tanto, nada aprovechable. El sentido de todo el conjunto lo da el orden.

Hace ya bastantes años me lancé a la búsqueda de un tesoro oculto, “el Ser interno”. Desde entonces, y hasta ahora, he obtenido datos basados en estudios, observaciones, intuiciones y vivencias internas, como para permitirme la tarea de organizar, hasta un cierto punto, toda una información acerca del proceso del crecimiento personal, aportado una estructura en donde ubicar la información y la experiencia individual.

No cabe duda de que hay muchísimos escritos sobre este tema. Pero, ¿es una información decodificada y ordenada? Más bien no; desde los mitos y textos religiosos, pasando por el hermetismo, la alquimia, la mística y el esoterismo en general, todo este ingente conocimiento muestra un lenguaje simbólico y figurativo, que ayuda y sirve para corroborar el conocimiento del que ya sabe, no al que no sabe, pues ocurre lo mismo que con una fórmula matemática: no la puede comprender un profano en esta materia.

Por cierto, la experiencia interna es la que cuenta y ésta es única en cada individuo; sin embargo, se llega en este caminar a parajes muy parecidos y comunes; son como líneas maestras, guías indicadoras en las cuales cada persona va entretejiendo su propio tejido de vivencias. Estas guías adquieren una base formal y organizada, como las siete notas de la escala musical con las que cada persona puede componer su propia melodía; no obstante, quien compone tiene que atenerse a la estructura de las octavas musicales.

Lo que he pretendido con este trabajo de investigación es exponer y establecer unos puntos de referencias (claves), que nos permitan organizar el mapa del camino interior. Se da el caso de personas que son muy ricas espiritualmente, pero desorientadas en cuanto a su propia ubicación interna. Por ejemplo, pueden estar viviendo en una desestabilización, sentirse caóticas y perdidas, cuando en realidad están viviendo una experiencia totalmente necesaria y positiva para su desenvolvimiento y crecimiento personal.

Establecer un orden estructural interno ha sido una tarea de muchos años de mirar hacia adentro y hacia fuera, percibiendo las analogías entre el mundo anímico y espiritual del hombre y el mundo físico de la materia. Desde la antigüedad, los grandes místicos y sabios han tenido la percepción de la Unidad Universal; actualmente, hombres de ciencias, como son los físicos teóricos David Bhom y Fritjof Capra, entre otros, investigan y llaman la atención sobre las conexiones existentes entre esas dos dimensiones: materia y conciencia. La física cuántica nos tiene que decir mucho al respecto

Diferentes sectores de la sociedad se están planteando, cada vez con más fuerza, una visión integral de la vida. La incipiente medicina holística es un ejemplo de ello: los físicos andan tras la teoría de las fuerzas unificadas; los primeros frutos de la unidad se están percibiendo ya en el ambiente.

En este trabajo parto desde esta visión de unidad y me ha servido de una gran ayuda el conocimiento del cual hoy dispone la física, como es la observación de los procesos en la formación de estructuras materiales, por lo cual he podido ir ordenando, decodificando  y corroborando mis intuiciones y observaciones acerca del “mapa interno”. Aquí hemos llegado al punto central, que es la base de este estudio, por lo que se impone un resumen: Los procesos energéticos que se observan en la formación de estructuras materiales o externas, guardan mucha similitud con los procesos energéticos en la creación de estructuras mentales o internas del ser humano.

Si son los mismos modelos energéticos los que aparecen actuar tanto en los procesos físicos de la materia como en la conciencia del hombre, entonces, tendremos que hablar justamente de la existencia de un Principio Unificador, que se manifiesta en todos los órdenes de la vida, tanto en lo externo como en lo interno, en lo más denso y, también, en lo más sutil. “Como es arriba es abajo”, dice desde hace muchos siglos, un axioma hermético. La tradición espiritual, tanto oriental como occidental, nos habla de ese Principio Unificador como integrado por leyes universales que trascienden toda manifestación material. El símbolo chino del Yin-Yang es un ejemplo de ese principio; otro es El Árbol de la Vida cabalístico de la tradición judía. También los principios herméticos explican esas leyes, mientras que el pensamiento griego se cimentaba en una visión holística de la vida.

Occidente ha ido perdiendo esa perspectiva de unidad y ha provocado que ahora estemos viviendo en el punto álgido de una “enfermedad” del espíritu llamada fracción. Los resultados están a la vista en todos los órdenes de la sociedad. Pero, se presiente un nuevo despertar hacia la unidad; las bases ya fueron puestas desde el principio y todo está ya dicho. Ahora, lo importante es ir descubriéndolas por uno mismo.

El Principio Unificador que subyace tras los procesos energéticos/estructurales  –ya se produzcan éstos en el mundo de la materia como en las estructuras internas del hombre-, lo iremos observando en este trabajo bajo diferentes ópticas. De entrada,  recurriré a ejemplos extraídos de la ciencia.  Después, y en lo tocante al mundo interno nos valdremos de un sistema metafísico de conocimiento; concretamente de los 22 Arcanos Mayores del Tarot. Estos serán utilizados como puntos de referencias y  harán las veces de casilleros en donde ubicar y ordenar todo el entretejido del mapa interno que se expone en este estudio. Por tanto, iremos cotejando la información de uno y otro campo: físico y metafísico, analizando las analogías existentes entre esas dos dimensiones, aparentemente tan opuestas, pero que quedan integradas dentro del diagrama del Modelo Creativo Unificador, diseñado expresamente para esta trabajo.  Me permito enfatizar que este modelo es en sí mismo un modelo universal manifestándose en todos los órdenes de conocimiento que el hombre posee, desde el científico al místico, teniendo su propia existencia en un campo integrador y holístico.

El trabajo que entonces se va a exponer, consta fundamentalmente de dos partes:

Primera –  Presentación  del  Modelo  Creativo  Unificador  en  la  formación de    estructuras. Integración del Modelo Creativo Unificador en un patrón más amplio llamado  Ciclos Evolutivos

Segunda –  Aplicación  del  modelo  de  los  Ciclos Evolutivos  en el crecimiento Personal, tomando como base del trabajo los 22 Arcanos Mayores del Tarot.

¿Por qué he escogido el Tarot como base de este trabajo? Porque, desde que lo conocí me atraparon sus enigmáticas figuras, así como la leyenda que lo rodea de ser una fuente de conocimiento oculto en toda su riqueza simbólica. No fue una elección consciente, sino más bien intuitiva.

Es verdad que hubo tiempos en los que echaba de menos una coherencia y continuidad entre sus 22 Arcanos Mayores, ya que suelen exponerse como piezas sueltas de un puzzle, con significados diferentes y, a veces muy rico en datos, pero sin una visión clara de conjunto. Por ejemplo: se le adjudican números, planetas, letras hebreas, personajes mitológicos y demás elementos, pero nada o muy poco se ha llegado a explicar acerca del porqué de esas adjudicaciones. Los arcanos aparecen como brotes aislados de información dentro de una gran laguna de silencio. Más de una vez, me he preguntado si la causa de esa falta de nitidez es herencia de toda la era oscurantista que hemos vivido, en la cual el conocimiento debía estar oculto y bien resguardado de la mirada de los profanos; aunque, ya por sí misma la palabra “arcano” signifique “secreto recóndito”. Independientemente de todo este vacío, existe la tendencia a encubrir y silenciar, lo mismo que la hay en descubrir y transmitir. Personalmente me identifico más con la segunda opción, sabiendo sobre todo que en este trabajo no me apodero de los secretos de ninguna persona o grupo, sino que es un estudio emprendido libremente, con vocación y llevado adelante con la idea de investigar para esclarecer y dar un aspecto coherente y algo más compacto, a toda la sabiduría que se le atribuye y que yace oculta en el Tarot.

He intentado sacar la sustancia a cada unos de los arcanos, con la intención de verlos no sólo como el representante de una información aislada, sino también con la intención de estudiarlos en su ubicación, relación e interacción con el resto de los demás, por aquello de: “Ver la parte sin perder de vista el todo”.

Por otro lado, quiero “romper una lanza” a favor del Tarot, situarlo en su debido lugar, porque está siendo excesivamente manipulado por un sector de la sociedad, en una función puramente adivinatoria, con la consiguiente superficialidad y deterioro en la utilización de sus símbolos. Como resultado de su frívolo uso, se produce una reacción de rechazo por parte de otro sector, que lo ve como algo oscuro, supersticioso y, en todo caso, poco serio. El Tarot que reivindico es un libro lleno de sabiduría, cuyo contenido –que se esconde tras la aparente ingenuidad de sus imágenes-, nos mostrará un código del funcionamiento universal, si se aprende, por supuesto, a decodificarlo a interpretarlo y a relacionarlo.

Comencé a tener una idea más clara del contenido de los arcanos en la medida en que fui aplicándolos y desarrollándolos en base al Modelo Creativo Unificador; torpemente al principio, pues ni el mismo modelo lo tenía aún suficientemente investigado. Para profundizar en el conocimiento de este principio, me sirvió de una gran ayuda lo expuesto en Fragmentos de una enseñanza desconocida, una de las obras de P.D. Ouspensky, escritor e investigador ruso (1877-1947)*

*  P.D. Ouspensky “Fragmentos de una enseñanza desconocida”; Editorial Hachette, Buenos Aires, 1968

En dicha obra podemos encontrar, de una forma un tanto incompleta y bajo el nombre de Ley de Tres al Modelo Creativo Unificador, junto a la Ley de Siete o de Octavas, que en ese trabajo aparece reflejada en el Modelo de los Ciclos Evolutivos. Ouspensky, a su vez, recibió esta enseñanza de su maestro, G.I.Gurdjieff, el cual tuvo contactos con maestros sufíes en Oriente Medio y Asia Central. Este tipo de enseñanza es dada como leyes básicas del funcionamiento universal, aunque no están reconocidas ortodoxamente dentro del campo filosófico, religioso y científico de nuestra cultura. No obstante,  este  modelo se encuentra simbolizado en mitos y  religiones  y,  también  lo podemos ver funcionando en el campo científico, aunque no reconocido con identidad propia.

Entonces, fue a partir de la información que obtuve de la obra de Ouspensky, lo que me sirvió de impulso, de estímulo para decidirme a estudiar e investigar si, efectivamente, esos principios naturales funcionaban como él afirmaba. En este momento tengo que reconocer que, en la medida que los observo, los voy verificando como modelos básicos del funcionamiento universal. Además, debo añadir que esos fragmentos de una enseñanza desconocida, y como labor personal realizada durante todos estos años, están ahora menos fragmentados y también enriquecidos con nuevos aportes, con lo cual, hacen a esa enseñanza más explícita y, por tanto, menos desconocida.

Por propia experiencia, opino que si se quiere profundizar en un tema, resulta a veces muy interesante y productivo tocar otros campos de información, aparentemente ajenos al terreno que queremos investigar, pero que en el fondo no resultan tan extraños, pudiéndose ampliar y clarificar el campo de investigación hasta unos niveles insospechados. Y es precisamente por esos mismos principios unificadores por lo que queda todo relacionado. En el caso concreto del Tarot, he tenido que salir del contexto puramente metafísico y buscar datos en el mundo de la física, de la psicología, de la mitología y, leer especialmente en el libro de la naturaleza y en la experiencia de la vida cotidiana, para comprender muchos puntos que de otra manera hubiesen permanecidos en la oscuridad.

Por lo cual, siendo el Tarot como es, un sistema de conocimiento en lo tocante al hombre y su mundo, debía, por lógica, dar un buen resultado si se le estructuraba según el Modelo Creativo Unificador. Ese razonamiento me llevó a empezar a investigarlo casi por entretenimiento, como un juego y, como dije antes, torpemente, pero conforme fui adentrándome en ello y aplicándole el Modelo Creativo Unificador, las piezas del puzzle que estaban sueltas fueron encajando y, a veces, con tanta exactitud, que más de una vez llegué a sentir una sensación muy viva de haber dado con las claves correctas, porque aquellas figuras, hasta entonces silenciosas, comenzaron a expresar su contenido. He llegado a construir con los 22 Arcanos Mayores, un cuerpo de conocimiento coherente, lógico y entretejido según las leyes naturales ya apuntadas, añadiéndole, además, la simbología propia que cada arcano aporta, lo cual fue corroborando que la dirección tomada era correcta. Y lo que hasta entonces no tenía sentido, tomó una trayectoria inteligible y definida: la historia de la conciencia personal.

No es, ni mucho menos, un trabajo perfecto; en primer lugar porque no se puede llegar a terminar. Habría que preguntarse: ¿En dónde acaba la conciencia? Desde que lo inicié y en el transcurso de todos estos años, ha habido etapas de gran fertilidad y otras, de reposo, dentro de las cuales se iban gestando las futuras ampliaciones. Indudablemente, soy consciente de que puede estar sujeto a errores, por cuanto estoy viviendo el proceso de desarrollo de la conciencia y de momento, hay mucho camino por delante, ya que es algo parecido a una historia interminable. Entonces, la imagen que he querido plasmar en este trabajo no puede estar completa en su totalidad, pero sí lo suficientemente nítida como para dar una visión coherente de conjunto y también para sentar unas bases y, a partir de ahí, seguir aclarando y puliendo la información conforme se va avanzando en el proceso de ampliación de la conciencia.

En realidad, los 22 Arcanos Mayores son arquetipos en los cuales se encuentra codificada toda una sabiduría universal. Se trata, entonces, de ir decodificando la enseñanza en orden a asimilar todo ese conocimiento, además de darnos cuenta de cuál es nuestra ubicación personal, del lugar que ocupamos en el proceso evolutivo individual y que es, al mismo tiempo, cósmico. Lógicamente nos resultará mucho más familiar y fácil de comprender las fases de los arcanos que hemos vivido, o estamos viviendo; por lo contrario, los pasos que aún nos quedan por experimentar se nos hará lógicamente mucho más confusos e ininteligibles.

El lenguaje utilizado ha sido preferentemente psicológico, apoyándolo cuanto se ha podido con analogías de la naturaleza y de otros campos. Son preferibles los ejemplos que se pueden evidenciar, antes de servirse de un tipo de lenguaje religioso compuesto de dioses, ángeles, y demonios, que se apoyan más en creencias religiosas que en hechos palpables, porque de la mente del hombre y de su autotrascendencia se va a tratar, y el lenguaje religioso crea confusión al proyectar las entidades divinas y demoníacas como ajenas y fuera del mismo individuo. Pienso que todo está en la mente humana, en los arquetipos del inconsciente, y en base a ellos las cosas pueden definirse y explicarse, aunque sí es verdad que en las fases últimas de todo el proceso de conocimiento interno, se va más allá de la psicología establecida; por consiguiente, el lenguaje psicológico puede resultar un tanto pobre para definir niveles de conciencia en donde se va más allá del funcionamiento de la personalidad común. Es, entonces, el momento adecuado para utilizar términos míticos y espirituales para designar el proceso interno que el individuo va realizando, pero comprendiendo de antemano el verdadero sentido de este tipo de lenguaje y no como algo externo a la propia realidad personal.

De todas maneras, pienso que ya ha llegado la hora de intentar actualizar el lenguaje esotérico y espiritual, de hacerlos más evidentes para estos tiempos, porque entre otras cosas, los conocimientos a los cuales ha llegado el hombre en otros campos y la riqueza de lenguaje del cual hoy disponemos, así lo permite.

Por último, espero aportar algo de luz a los estudiosos de estos temas que, a su vez, les motive para continuar descubriendo la sabiduría que existe en todas partes; en el interior de nosotros, pero también en el exterior, en el comportamiento de la naturaleza y de la vida en sí. Porque no sólo lo que está arriba es como lo de abajo, sino que lo externo es una proyección de lo interno. La información de todo pues, está en TODO.

 

 

PRIMERA  PARTE

MODELO CREATIVO UNIFICADOR

Integración

Una mujer reposa sobre una cama deshecha. Todo respira calma y tranquilidad. Pero otra escena se desarrolla en su seno. Es el tumulto, el caos, la lucha sin piedad. Miles de millones de espermatozoides suben al asalto del único óvulo que les asegurará la supervivencia. La competición es inexorable; todos los combatientes, salvo uno (o quizás dos), perecerán dentro de pocos minutos en la terrible hecatombe. Bajo la membrana de cada uno de esos espermatozoides, existe aún otra cosa. Las reacciones químicas de producción de proteínas prosiguen a su ritmo. Los átomos se reúnen o se disocian, inconscientes del tumulto que reina en el piso de encima, así como de la voluptuosidad pacífica que hay más arriba aún. Los nucleones asisten como espectadores pasivos a los jugueteos de los electrones que realizan las combinaciones moleculares, al igual que los quarks, potentemente unidos en el corazón de los núcleos.”

“Todos los niveles del mundo real, en el pasado, el presente y el futuro, intervienen en esta escena de la vida cotidiana. Los quarks se unieron en nucleones en el puré inicial de los primeros microsegundos del universo.  Los nucleones se reunieron en núcleos hace miles de millones de años, en la fertilidad de los corazones de las estrellas. El código genético, inscrito en las células sexuales, se edificó en  la sopa oceánica primitiva. Hoy en día, la acción se perpetúa al nivel de la química, de la actividad celular y en el plano de la vida sentimental de los amantes. Lleva la promesa de su propia prolongación en el futuro. La “vida” está presente en todos estos niveles; el acto más sencillo tiene sus orígenes en el principio del tiempo.” *

*  “Paciencia en el azul del cielo”; Hubert Reeves, Ediciones Juan Granica. Barcelona, 1982

Iniciamos este estudio con el bello y profundo texto de arriba con el cual podemos distinguir la primera cualidad del Modelo Creativo Unificado; ésta es la integración la cual se define de la siguiente manera:

En la evolución, cada nuevo orden estructural que se forma integra al anterior existente y, a su vez, se proyecta en una nueva dimensión más compleja y elaborada que la precedente. Todos los diferentes órdenes actúan cada cual desde su propio nivel, aunque integrados en la totalidad.

Esta función integradora de estructuras o sistemas forma parte de la base del estudio personal que iremos viendo más detalladamente; no obstante, podemos adelantar que en el crecimiento interno, y gracias al desarrollo de la conciencia, el individuo irá creando otros órdenes de comportamiento, cada vez más ricos y universales. Estos diferentes órdenes son integradores, unos con respectos a los otros. Si comparamos a un individuo poco desarrollado evolutivamente, con otro que tiene un crecimiento interno, el primero se regirá por patrones más básicos e instintivos, que serán la motivación principal de su vida, mientras que el segundo habrá creado otros modelos de comportamiento que irán más allá de lo puramente primario. Lo instintivo, en el caso de esta segunda persona, quedará integrado en la totalidad de su vida, pero ubicado solamente en un espacio, en su justo lugar.

Un ejemplo claro de este proceso integrador, podemos apreciarlo en las dos opciones que mantiene hoy día la física: la antigua visión mecanicista y, por otra, contemporáneamente, la “nueva física” relativista y cuántica.  

Una de las características de la física clásica era su concepción absolutista e independiente del espacio, del tiempo, de la materia y de la energía, los cuatro principales protagonistas de la historia del universo. Todo fenómeno físico podía ser mensurable  en  el  espacio  y  predicho  en  el  tiempo.  En  cuanto  a  la materia, era independiente del propio observador.

Pero, gracias al avance instrumental que se ha podido introducir en el mundo de lo muy pequeño (partículas subatómicas) y en el mundo de lo muy grande (espacio sideral), se observa el funcionamiento en esas otras dimensiones,  en donde los cuatro protagonistas de antaño se fusionan convirtiéndose en dos: el espacio/tiempo y la materia/energía. Los conceptos absolutistas desaparecen y, en su lugar, emerge todo un mundo de relaciones o relativismos. Es algo fascinante, cuando se llega a comprender que las cosas no existen ni tienen sentido por sí mismas, si no es en su relación e intercambio unas con otras. Ante la nueva perspectiva de la ciencia, la antigua materia puntual y concreta, es vista como procesos dinámicos espacios/temporales.

Entonces, ante un cambio de paradigma tan total y contradictorio, ¿qué cabe pensar? ¿Se han estado equivocando durante cientos de años los hombres de ciencias? ¿O es que ahora, cuando los científicos observan el mundo de lo muy pequeño son víctimas como de una especie de estado alterado de la conciencia, que les hace ver las cosas de forma distinta a lo que es la realidad?

Ante este planteamiento lo que hay que aprender, y esto es importante, darse cuenta de que existen niveles de realidades, eso que pone de relieve el refranero con una gran sabiduría cuando dice: “Nada es verdad ni es mentira, sino todo depende del color del cristal con que se mira”.

La física clásica tomó de la amplía visión newtoniana el aspecto mecánico del universo y cuando miró al mundo lo hizo con “cristales normales” y, desde aquella perspectiva, observó a la materia y a los objetos de nuestra dimensión ordinaria: la que captamos con nuestros sentidos físicos. Por lo tanto, sus leyes corresponden a este nivel físico de la realidad.

Sin embargo, los científicos actuales han mirado el mundo a través de cristales de aumentos y de instrumentos complejos y, en consecuencia, se han encontrado, naturalmente, con otro nivel de la realidad. La falta de visión de los seguidores newtonianos, -y es comprensible- fue creer que el nivel de la realidad que llegaron a describir era el único, totalizándose lo que era solamente una franja de la realidad. La física newtoniana sigue aplicándose en la actualidad y continúa siendo válida; pero, solamente para los fenómenos de nuestra dimensión espacio/tiempo sensorial, por lo que esa visión antes totalitaria y absoluta, queda reducida y ubicada en una parcela dentro del contexto más amplio e integrador de la nueva física.

Se trata, por lo tanto, de un nivel de realidad que queda integrado dentro de otro nivel de realidad. En todo ese proceso integrador, la conciencia juega un papel muy evidente. A medida que se produce una expansión de la conciencia, más se amplía el panorama de la realidad.

A modo de síntesis, cabe decir que: Nivel de realidad es igual a nivel de conciencia. A mayor conciencia, más integración de niveles de realidades.

             

Para la exposición del M. Creativo Unificador nos serviremos del Diagrama 1. Este modelo pasa por varias fases o estados, que están indicadas con letras. Su estructura se compone de figuras geométricas y de números. Sin embargo, los números, aparte de señalar una ordenación dentro de la misma estructura muestran cualidades. Por ejemplo: el número 2, representa la dualidad.

Definimos el M. Creativo Unificador como la interacción de dos fuerzas que se ven como opuestas pero que en realidad son complementarias. Gracias a que existe esta diferencia entre el par complementario es por lo que pueden interrelacionarse en un juego creativo. O sea, esta diferencia de grados entre la dualidad, ese digamos desequilibrio, genera un movimiento o energía dinámica en una  determinada dirección, lo cual producirá un resultado.

El par de opuestos que componen la dualidad, poseen cada uno sus propias características que los hacen diferenciarse, por lo que son fácilmente reconocibles en su mutua interacción. Genéricamente, denominaremos a esta dualidad como modelo masculino y modelo femenino.

Estos modelos son las dos formas de manifestación de una misma unidad o naturaleza; pero, ¡cuidado! Este par de opuestos podría ignorarse mutuamente y, entonces, no surgiría nada en la vida del universo; es decir, podrían ser modelos estáticos, pero no hay nada inactivo en el universo que conocemos. Si existe la realidad de la Creación, es porque esencialmente, tiene un fundamento dinámico. Lo estático es un concepto que debe ser visto como relativo; algo está parado en relación a otro objeto que tiene más movimiento, pero en esencia, la piedra –que se puede considerar lo más inerte en relación a nuestra percepción sensorial, si utilizamos el instrumento adecuado de observación o, también, a través de la experiencia mística, y nos adentramos en su fundamento-, aún como materia inerte queda trascendida, y lo que aparece es un universo atómico, y más allá subatómico, danzando en una intrincada red vibratoria de intercambios e interconexiones. Es otra dimensión, en donde la materia inerte de nuestro espacio/tiempo sensorial va más allá de la forma: está transformada, y los conceptos que nos sirven para describir nuestra dimensión ordinaria, ya no pueden ser utilizados en el nivel subatómico. Luego, lo que es una realidad en un nivel determinado, ya no lo es en un nivel diferente. Veamos por fases como se forma el Modelo Creativo Unificador.

 

Vacuidad

Como nos estamos refiriendo a un modelo creativo que es universal, en consecuencia nos remontaremos al principio de toda creación: la del universo; por lo que en términos cosmológicos nos tendremos que plantear que antes de la creación del mismo, tuvo que existir la no-creación. Este concepto de vacío como negación de algo que aún no ha sido creado, hay que entenderlo en el sentido relativo de que no había nada manifestado en relación al universo que más tarde se originará y no en términos absolutos, como ausencia total de cualquier sustancia. Es más, puede ser un lleno total de sustancialidad, un potencial en estado de reposo o de perfecto equilibrio. En el lenguaje cabalístico se le denomina: “la cara oculta de Dios”, en el Tao: la “no-existencia- o lo inmanifestado, ante lo cual, todas las definiciones del hombre ya no son adecuadas para describir aquello que no es. El valor numérico de este concepto se simboliza con el 0, por lo que en el Diagrama 1, se haya localizado en la fase A, como un gran círculo cuyo valor es, solamente potencial. En matemáticas, ramas tan antiguas como la geometría euclidiana, o tan recientes como la topología, se utiliza el símbolo del vacío (Æ) sin aparente aplicación práctica en la resolución de problemas, pero siempre presente en las concepciones teóricas.

Unidad

Sin embargo, en la fase B, la posición 1 indica el primer movimiento que, desde el vacío se origina hacia la manifestación, aunque esa semilla o núcleo se debe ver todavía como una unidad indiferenciada, conteniendo la totalidad replegada de la creación. Podemos imaginarnos el 1 con respecto al 0, como un punto en tensión de un espacio ilimitado. Partiendo de dicho punto el vacío muestra sus primeros atisbos hacia la creación, aunque como punto que es, carece de una dimensión determinada, pero en la que, potencialmente, están todas las futuras dimensiones.

Dualidad

En la siguiente fase C, vemos que la unidad replegada e indiferenciada del 1 se despliega manifestándose en dos modalidades opuestas y complementarias. Son los dos ingredientes fundamentales del universo, o sea, la dualidad simbolizada por el 2 y posicionada a ambos lados del Círculo de la Creatividad denominándose genéricamente como modelo masculino y como modelo femenino respectivamente. Estos dos arquetipos básicos de la creación desde el momento mismo en que se activan en el escenario universal, están en continua interacción representada en la posición del 3 –fase D-. Pero antes vamos a distinguir y a saber diferenciar las diferentes características o los diferentes comportamientos que van a expresar dichos modelos en su continua interacción. Esta distinción la hacemos a ambos lados del Circulo de la Creatividad. El aspecto masculino está expresado por un signo vertical  ( | ) y el femenino por otro horizontal (¾) a ambos lado del 2. O sea, para no dejar dudas: el 2 de la derecha del círculo va a mostrar cualidades masculinas y el 2 de la izquierda cualidades femeninas. No hay que cometer el error de valorar la dualidad como si fuesen dos elementos independientes; su raíz es una, pero mostrando dos caras diferentes, al igual que la hoja de un árbol es una unidad que, a su vez, contiene el haz y el envés. Nos encontramos entonces, con una dualidad básica universal, la cual se proyecta a todos los órdenes de la creación; es el juego de los opuestos en su expresión energía/materia, espacio/tiempo, calor/frío, día/noche, onda/partícula, lo interno y lo externo que existe en todas las cosas. Más adelante veremos como todos estos pares de opuestos que se acaban de mencionar tienen sus connotaciones masculinas/femeninas.

Pero, de momento, vamos a definir unas características que son básicas para identificar a esta dualidad. Lo masculino es una energía centrífuga o energía en expansión, y lo femenino por el contrario es una energía centrípeta o energía en contracción. También es un factor muy determinante en su identificación, el hecho de que el elemento masculino actúa como fuerza de empuje, y es incidente en relación a lo femenino que responde a la acción de lo masculino con esta doble reacción:

Con resistencia……………………..Con receptividad

Ambas reacciones pueden alternarse en un mismo proceso; es más, tanto una como otra a su vez, son las dos caras –masculina/femenina- de una misma fuerza natural, diferenciándose solamente en grados. Por tanto, son inversamente proporcional una con respecto a la otra, del mismo modo que el calor y el frío lo son con respecto a la temperatura, o sea: a más calor menos frío y viceversa.

Trinidad

A continuación, en la fase D, tenemos la posición 3 marcada por una cruz. Aquí es donde las dos fuerzas interaccionan, surgiendo la chispa creativa, la dinámica que inicia un movimiento para la realización o consecución de algo. Lo que en el punto 1 estaba en potencia, en el 3 se actualiza, se vuelve acción, completando así el círculo. Al  3 (igual que la cruz, que representa la unión de lo vertical y lo horizontal), no lo podemos señalar ni como masculino ni como femenino. Genéricamente se le podría definir como neutro, puesto que lleva a la dualidad incorporada y en mutua acción.  Con ello se quiere indicar que la dualidad del 2, nos sirve para intuir qué era lo que estaba replegado en el punto potencial e indiferenciado del 1 y saber diferenciar qué modelos de fuerzas, de energías, que características funcionales están interviniendo en el proceso de la gestación del algún tipo de resultado.           

Un ejemplo muy claro de creatividad lo tenemos en la vida cotidiana en el patrón hombre/mujer. El punto 1 es el potencial de la unidad o sea, del que posee una pareja para poder crear nueva vida. En la posición que marca la dualidad del 2 distinguimos pues, las diferencias existentes entre un hombre y una mujer. La posición del 3 es donde se da el encuentro sexual de ambos: una fuerza incidente y de emisión y otra fuerza receptora, a partir de las cuales se origina un movimiento creativo o de gestación, que culminará en el 4 o nacimiento de un hijo.

Cuaternidad

Por tanto, en la fase E se culmina el círculo en la posición del 4 que señala el fruto obtenido del proceso iniciado en etapas anteriores, obteniéndose un resultado manifiesto. En Numerología (sabiduría oculta de los números), el 4 representa la solidez de la materia, pero, al 4 no sólo hay que verlo como tal, sino también como idea de materialización, cristalización o realización de algún hecho, como fruto de un proceso previo, es lo conseguido; una etapa acabada, pero al mismo tiempo señala el nacimiento de una nueva etapa. Al respecto, resulta bastante curioso el comentario que hace Hubert Reeves en su libro “Paciencia en el azul del cielo”, a propósito del número 4.

 “Henos aquí, con dos sistemas cerrados caracterizados por el número cuatro; el núcleo de helio (dos protones y dos neutrones retenidos por fuerzas electromagnéticas). Las propiedades de las partículas van a menudo de dos en dos. Hay dos tipos de nucleones: protones y neutrones, dos cargas eléctricas (+) y (-), etc. Cuando las dos propiedades posibles se presentan juntas en un sistema hay una gran estabilidad. Cuando están presentes dos veces dos propiedades, la estabilidad es aún mayor. El número cuatro es “mágico” para los físicos”.

Por otra parte, hay que añadir que lo que se cristaliza o se materializa emerge con una nueva medida,  con unos atributos y características propias a partir de los elementos que intervinieron para su creación.

En esta fase E, nos encontramos de nuevo con la cruz y con un cuadrado, elementos representativos ambos del 4, los cuales forman un contacto entre los cuatro puntos cardinales del círculo. Es necesario destacar que a la cruz, hay que comprenderla en un paso más avanzado y complejo, no solamente como la vimos en la fase D, como la interacción de los opuestos, sino que de ese encuentro surgen como resultado cuatro puntos que coinciden con las coordenadas cartesianas. En el eje vertical M se encuentra la polaridad masculina, y en el eje horizontal F la femenina; pero, cuando ambos ejes atraviesan el terreno del contrario, sufren en ese punto una transformación de su polaridad, gracias a la influencia del otro campo, por lo que resulta que al final del eje M nos encontramos con el aspecto femenino de lo masculino y viceversa.

Esta idea, por la cual el proceso de las cosas va cambiando de polaridad en la medida que da un paso de un medio a otro medio, es algo que se puede observar en diferentes campos. He aquí algunos ejemplos de este tipo de funcionamiento: 

En el proceso de revelado de una fotografía, los colores son invertidos en sus opuestos. 

En la óptica, la imagen se va invirtiendo cada vez que atraviesa una lente. 

Los números están ordenados en secuencias impares/pares, es decir, en cada nuevo paso cambia su polaridad.

Las operaciones matemáticas están basadas en dos principios muy simples: añadir y quitar; en las secuencias de las operaciones, lo que en un lado está sumando o bien multiplicando, pasa al otro lado, restando o dividiendo.

Las ondas electromagnéticas viajan en forma senoidal, alternándose la eléctrica con la magnética.

En el cuerpo humano el Hemisferio Derecho rige la zona izquierda del cuerpo, y el Hemisferio Izquierdo, la zona derecha, haciéndose el cruce de las fibras nerviosas en el Bulbo Raquídeo.

Una atención muy especial nos merece los pasos que se producen en la cadena de la vida. El ADN. Las moléculas bases que forman los peldaños de la doble hélice son cuatro, pero forman parejas. La Adenina con la Timina y la Guanina con la Citosina. Ocurre que en la trascripción de información de las secuencias moleculares del ADN al ARN, o moléculas mensajeras, hay un cambio de posición. O sea, si la secuencia que se forma en el ADN es TGC, cuando sale fuera del núcleo y es transportada por la molécula ARN, se convierte en ACG. Pero una vez que la secuencia ha sido transportada y recogida en el cuerpo principal de la célula, para la fabricación de los aminoácidos, vuelve a recuperar su posición inicial, es decir, TGC

En la tradición egipcia encontramos este modelo reflejado en el Caduceo, bastón mágico atribuido al dios Hermes y que se utiliza como símbolo del comercio, entendiéndolo éste como la acción del intercambio.

 

Las dos serpientes –macho y hembra- van cruzándose mientras ascienden, razón por la cual van enriqueciéndose mutuamente con las propiedades opuestas. La vara central indica el camino del medio como punto de interacción de las dos energías, creándose un equilibrio dinámico y creativo. Por cierto, resulta bastante curiosa la similitud entre la estructura de la doble hélice del ADN y la del Caduceo, aunque bien pensado, si el Caduceo es un símbolo de sabiduría, necesariamente debe reflejar ese funcionamiento de la polaridad universal. En todo caso hay que tener en cuenta que no existen las polaridades masculinas y femeninas en estados puros y absolutos. El conocido símbolo del Yin-Yang de la tradición china lo muestra muy claro.

 

Características básicas de la relación Yin-Yang

El Yang –masculino- contiene al Yin –femenino-, y el Yin contiene al Yang; ambos, aspectos de una misma y única realidad, mantienen un continuo movimiento de transformación; un elemento puede mostrar su aspecto incidente o masculino en relación al otro, pero este mismo elemento en situación diferente puede jugar un papel  receptivo femenino. Muchas veces, para poder comprender mejor la dinámica de un proceso, se abstraen los elementos que lo componen para analizarlos por separados, lo cual nos situaría dentro del Diagrama en el punto 2 de la fase C; pero en realidad, todo se produce en una continua interacción de movimiento sin saltos ni interrupciones en el espacio-tiempo de la existencia.

1)       El 1 como unidad.- Contemplamos el círculo completo del Yin-Yang como un potencial único e indivisible  y por tanto completo en sí mismo.

2)         El 2 como dualidad.- Está representado por la línea curva en forma de S que divide en dos lados al círculo: uno negro y otro blanco.

3)         El 3 como movimiento creativo.-  Las formas que adoptan ambas parte dentro del círculo sugiere una dinámica, un movimiento en interacción continua en  donde el Yang se transforma en Yin y viceversa.

4)         Ni el Yin ni el Yang son absolutamente puros.- Cada parte contiene un porcentaje de la otra. (círculo pequeño). Es precisamente por esa falta de absolutismo entre ellos, por lo que cada parte se puede transformar o surgir de su contraparte. Por ejemplo: el día sucede a la noche, y el verano al invierno.

5)         En el Yin-Yang no hay un elemento superior al otro.- Ambos cumplen una función diferente y complementaria –necesarias por igual- para la creación de un objeto o sistema y el mantenimiento del mismo.

6)         El yin y el yang pueden subdividirse a su vez en yin y yang.- Todo aspecto yin o yang puede subdividirse a su vez en yin y yang indefinidamente. Por ejemplo, un objeto puede estar caliente o frío, pero a su vez lo caliente puede estar ardiente o templado y lo frío, fresco o helado.

7)         Si una de las partes aumenta es a costa de su complemento que mengua.- Para que esto no ocurra, debe darse una interacción o equilibrio dinámico que  origine en la dualidad un movimiento creativo y armonioso. Si se produce un desequilibrio entre las partes, porque una prevalezca sobre la otra, el sistema se empobrece y puede  acabar degenerándose. Aunque el desequilibrio no es sino algo circunstancial, ya que cuando uno crece en exceso fuerza al otro a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva reacción y transformación.

 

Tabla comparativa de las características masculinas/femeninas

Masculinas                                                                                                Femeninas

Empuje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Resistencia
Emisión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Recepción
Expansión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Contracción
Tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Espacio
Energía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Materia
Calor  . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Frío
Electricidad. . .  . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Magnetismo
Ciencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mística
Inteligencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Sabiduría
Intelecto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Sensibilidad
Informe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Forma
Razón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Intuición
Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Analógica
Visión analítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Visión global
Reduccionismo . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Unificación
Conquista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Enraizamiento
Descubrimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Conservación
Competición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Cooperación
Lo externo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Lo interno
Fuego, Aire . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Agua, Tierra

 

Funcionamiento del Modelo Creativo Unificador en diversos campos

Una  experiencia  curiosa  y  a la vez instructiva, resultaría si hiciésemos la prueba de observar la vida en términos sexuales, y con esta propuesta me refiero a descubrir cómo los arquetipos masculinos y femeninos cumplen con su función, en muy variados terrenos.

A continuación se exponen algunos ejemplos escogidos de diferentes campos, como simple muestra de este modelo natural que, por estar precisamente, tan a la vista, muchas veces no nos percatamos de ello.

Fisiología

En la fisiología de los organismos, tanto en el reino animal como en el vegetal, tienen lugar todas las funciones sexuales entre “macho” y “hembra”, más el proceso gestador que implica esas funciones y que, como movimiento dinámico, producirá su fruto correspondiente.

La misma fisiología del cuerpo humano es una muestra del propio equilibrio dinámico que se establece entre sus componentes masculinos y femeninos. He aquí algunos ejemplos:

 

Polo masculino                        Polo femenino                            Función

Exhalación                                Inhalación                                     Respiración
Diástole                                    Sístole                                          Circulación sanguínea
Músculos extensores                 Músculos flexores                         Movimiento muscular
Hemisferio Izquierdo                 Hemisferio Derecho                      Sistema nervioso central
Sistema simpático                     Sistema parasimpático                   Sist. nervioso autónomo
Nervios motores                       Nervios sensitivos                          Sist. nervioso periférico
Axones                                     Dendritas                                       Sinapsis neuronal
Neurotransmisores                    Neuroreceptores                                “           “
Andrógenos                              Estrógenos                                    Sistema glandular

 

Leyes de la Mecánica

Una de las ramas de estudio que integra el cuerpo de la física es la mecánica que, como bien sabemos, se rige por una serie de principios que han sido sistematizados mediante un conjunto de leyes. Estas leyes están muy claramente definidas y se las conoce como: Fuerza de empuje, fuerza de resistencia y movimiento. Podemos considerar a estas leyes como el principio masculino o fuerza de empuje, el cual es el elemento activador que incide sobre lo femenino, que le pone resistencia y, como resultado de la interacción de los opuestos, aparece el movimiento para la consecución de algo. Tomemos el ejemplo de una bicicleta: la fuerza que le imprimimos a través de los pedales, encuentra su resistencia en el suelo, con lo cual la bicicleta se puede desplazar sobre el firme en un movimiento continuo. Si colgamos la bicicleta en el aire, por mucho que activemos los pedales, las ruedas girarán, pero no se conseguirá ningún desplazamiento.

Electricidad

La electricidad es otra rama de la física. Sabemos que la corriente eléctrica funciona en base a la unión de sus dos polos: positivo y negativo, llamados ánodo y cátodo, respectivamente. Si no se produjera el contacto de esta polaridad eléctrica, no se produciría la corriente eléctrica.

Asimismo, el paso de un fluido eléctrico a través de un cable, se origina gracias al intercambio que los átomos hacen entre sus electrones: hay átomos a los que les sobre un electrón y lo ceden a otros átomos, que lo reciben. De ese continuo emitir y recibir, se produce un desplazamiento de electrones que origina el fenómeno del fluido eléctrico. En este intercambio vemos actuar al modelo femenino de lo receptivo ante la emisión de lo masculino.

Mística y religión

Y como leyes naturales y universales que son, no podría faltar su representación en los mitos y religiones que, aunque de una forma encubierta y con lenguaje figurado, nos están hablando de esos mismos principios.          

En nuestra cultura encontramos el Modelo Creativo Unificador en el Misterio de la Santísima Trinidad. Se dice que Dios es uno, aunque su manifestación sea triple. Esta postulación la podemos interpretar como la Unidad Potencial que subyace en la triple manifestación de las fuerzas: masculina, femenina y la neutra o dinámica, que originan todos los fenómenos de la creación.

Estos tres aspectos los conocemos bajo la denominación formulada por la doctrina católica, como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero, si analizamos esta división, nos encontramos ante un planteamiento erróneo en cuanto a la nomenclatura de esta trilogía, puesto que su definición es antinatural ya que es eliminado el género femenino. Por lo tanto el planteamiento correcto debería ser: Padre, Madre e hijo. El Espíritu Santo representaría entonces, el factor dinámico, la acción. En tal caso, el Hijo ocuparía el cuarto lugar, pero ya no sería entonces una trinidad sino un cuaternario. O bien, si pasamos por alto al factor energético –Espíritu Santo-, y nos quedamos con los elementos que tienen una representación personal como son el Padre-Madre-Hijo, si podemos encajarlo en una trinidad como modelo arquetípico de la creatividad. Esta visión en donde el factor femenino está ausente en la creación, proviene de la tradición patriarcal judeocristiana en donde lo femenino es ignorado como elemento primordial y divino. El Misterio de la Santísima Trinidad es con justicia llamado un misterio, porque es imposible comprender y aceptar cómo un padre para engendrar a un hijo no tiene necesidad del elemento madre. No obstante, la figura de la Virgen María puede parecer un intento de subsanar esa carencia de lo femenino en la estructura fundamental del cristianismo, pues aparece posteriormente en el catolicismo, y aunque se la considera la madre de Jesús, el hijo de Dios, sigue siendo un elemento de segundo orden ya que no está incluida en la trilogía divina; María no tiene el rango de una diosa que se equipare a un dios, no existe la pareja primordial como modelo y origen cosmogónico.

No ocurre así con otras tradiciones en donde el arquetipo masculino y femenino forma la base de sus cosmogonías: Orus-Isis en la egipcia, Shiva-Shakti en la hindú, Ouranos-Gaia en la mitología griega y, en general, la dualidad dios-diosa, Sol-Luna, padre-madre de las diferentes culturas que pueblan la Tierra.

 

 

 

MODELO DE LOS CICLOS EVOLUTIVOS

Exposición

El Modelo Creativo Unificador (M.C.U.) que hemos analizado a través del Diagrama 1 es, solamente, la tercera parte de un modelo más completo al que se va a denominar: Ciclos Evolutivos.

El concepto de ciclo nos lleva a entenderlo como un movimiento repetitivo que empieza y termina en un punto. La figura geométrica que mejor puede representar a este movimiento cíclico es el círculo. Por otra parte, la idea de evolución nos conduce a verla como un movimiento de avance del espacio y del tiempo que incluye momentos únicos, siempre nuevos e irrepetibles. Geométricamente lo podríamos ver representado por la línea. Estos dos movimientos se conjugan perfectamente en la figura geométrica de la espiral: el cíclico y el evolutivo, y es la idea que está representada en el Modelo de los Ciclos Evolutivos.

Una analogía de esta doble función del movimiento la encontramos en la estructura del tiempo. Por un lado están los días y las noches que se suceden unos tras otros, como también las estaciones anuales. Ambos movimientos muestran la cara cíclica del tiempo y esto nos puede llegar a producir la sensación de que vivimos en una sesión continua de la misma película; pero también el tiempo nos muestra un movimiento lineal y creativo. El universo tiene historia, va avanzando en complejidad, riqueza y novedad, en donde cada secuencia temporal es una creación irrepetible. Es este movimiento del tiempo el que nos hace sentir la sensación de que fluimos y avanzamos en él.

Por otra parte en dichos dos movimientos que forman la estructura del tiempo, podemos distinguir sus cualidades masculinas/femeninas. El tiempo cíclico es femenino, su forma es redonda, en cuanto a que el punto que enlaza el final de una fase es el mismo punto del inicio de otra: cuando el día termina, la noche comienza. Es un movimiento repetitivo y por tanto, conservador en relación al tiempo masculino conquistador, el cual va avanzando linealmente, creando nuevos espacios y un nuevo tiempo inherente al espacio conquistado. Cuando alguna vez hemos sentido la sensación de que el tiempo no pasa por nuestra vida, es porque no ha habido cambios significativos en ella. Lo mismo que cuando le decimos a una persona que parece que el tiempo no pasa por ella, es porque físicamente está bien conservada.

En el Diagrama 2 vemos la estructura de estos ciclos evolutivos que está formada a su vez, por tres círculos entrelazados o subciclos. El Modelo Creativo Unificador pertenece por su numeración (del 1 al 4) al primer subciclo, correspondiente a la etapa del nacimiento. Pero, como en todo proceso de algo vivo y dinámico, a esta etapa le sigue otra: es la de maduración. Lo que nació en el punto 4, comienza una nueva fase (del 4 al 7), en dónde debe desarrollarse, afianzarse y llegar a un punto culminante de una relativa estabilidad, en donde estará maduro para iniciar el último tramo del ciclo: el de la autotrascendencia (del 7 al 10). Se considera a la trascendencia como la capacidad que tiene todo organismo para ir más allá de sus propios límites, creando nuevas formas, con lo cual volvemos otra vez a la primera etapa del nacimiento y, así sucesivamente. No hay que olvidar que tanto para el proceso de la maduración como para el de la autotrascendencia, es necesario el juego de la interacción de los opuestos. Y aunque en cada subciclo, las fuerzas masculinas y femeninas aparezcan revestidas con ropajes diferentes, pero siempre reconoceremos a los factores determinantes que se identifican como fuerza de empuje o de incidencia en contraste con la reacción de resistencia o bien de receptividad a la acción ejercida.

La autotrascendencia o la capacidad para ir más allá de sí mismo, es una visión que complementa y da una nueva perspectiva a la idea darwiniana sobre la evolución. El darwinismo considerado como una necesidad de supervivencia  y de adaptación al medio, más que como una capacidad inherente de todo sistema vivo a ir más allá de sus propios límites. Para equiparar y complementar el instinto de supervivencia darwinista tendríamos que denominar a la autotrascendencia  como  instinto de transformación.

Desde el campo de la ciencia, un grupo de investigadores de diferentes especialidades, bajo la dirección de Ilya Prigogine, físiquico-químico y premio Nobel de Química, está trabajando actualmente esta nueva visión evolutiva autotrascendente.

Esta nueva concepción ha sido plasmada teóricamente y se la conoce como Teoría de las Estructuras Disipativas o Sistemas Autoorganizadores. El físico Fritjof Capra en su libro El Punto Crucial * hace una exposición de ella. De forma muy resumida viene a decir:

Todo organismo vivo posee un sistema propio de organización, por lo que, en un momento determinado y bajo ciertas influencias es capaz de romper con su propio equilibrio estructural, entrando en una fase de desequilibrio, para luego organizarse en un orden más amplio y rico del que poseía anteriormente.

Este funcionamiento de la naturaleza, según el cual: para entrar a un nuevo orden se necesita pasar antes por la puerta del desorden, es un fenómeno que lo encontraremos en los procesos organizativos de la materia, pero también en la trayectoria del crecimiento personal, como podremos comprobar cuando pasemos a estudiar la parte dedicada a este tema.

En cuanto al orden y valor numérico dado a los diferentes puntos de los otros dos círculos, o sea, al subciclo de la maduración y al de la autotrascendencia , van en un orden natural hasta el 10 que marca otra vez a la unidad, pero en un ciclo superior y diferente. Es decir: el 1 es la unidad potencial y, por tanto, inmanifestada del primer círculo, en tanto el 4, es el punto que culmina y que integra  a todo el primer círculo haciéndose manifiesto con el nacimiento o creación del algún tipo de estructura o de sistema. Pero con el  4 se inicia, a su vez, un segundo círculo (desarrollo y maduración de la estructura o sistema) en el que el 4 hace las veces de 1, o sea, como unidad potenciadora del círculo que se inicia. Se remata el segundo círculo con el 7, que hace a su vez el mismo juego que hizo el 4 anteriormente. Es decir, el 7 marca el punto culminante y manifestado del segundo círculo y por otra parte es el potencial iniciador del tercer círculo o de la autotrascendencia. En la autotrascendencia la estructura que se había formado desarrollado y madurado se desmorona  y una nueva estructura  nace.  Este tercer círculo tiene su punto culminante en el 10 que hace el mismo papel que hicieron el 4 y el 7. Este número si se reduce a número dígito es un 1, marcando entonces el inicio de un nuevo ciclo compuesto de tres círculos o subciclos. Se repite el mismo mecanismo en un nivel más complejo y rico que el anterior, o sea, la nueva estructura que va a nacer pertenece a un ciclo superior del que le precedió. Veremos, entonces, que las características funcionales que representan por su posición los números 1,4,7 son de equivalencia en el Modelo Creativo Unificador.

Por esta misma razón, también son equivalentes los números 2,5,8 puesto que cada uno representa a los modelos masculinos y femeninos en cada círculo sucesivo. Y por último los números 3,6,9 también son equivalentes ya que marcan los puntos dinámicos o de acción en dónde en cada círculo interactúa la dualidad.

* El Punto Crucial”,  Fritjof Capra, Ediciones Integral. Barcelona, 1987.

 

 

LEY DE SIETE.  LEYES DEL MOVIMIENTO. TERMODINÁMICA

Ley de Siete

En el diagrama de Los Ciclos Evolutivos, hemos visto cómo éste representa un modelo organizativo de un sistema vivo, tanto como de cualquier tipo de actividad que el hombre acometa: esta idea la veremos a través de un ejemplo, más adelante. Pero, para completar el modelo o, mejor dicho: para que todo el proceso se pueda efectuar en sus diferentes etapas, es necesaria la intervención de fuerzas externas al sistema que, incidiendo sobre él, sean determinantes para el desarrollo del mismo.

Para seguir más fácilmente con el hilo del tema, quisiera exponer en primer lugar, los datos que obtuve de estas “fuerzas adicionales” a través de la metafísica; concretamente de la Ley de Siete, llamada también Ley de Octavas, proveniente de las enseñanzas de G.I.Gurdjieff (ver Introducción). Estos datos vamos a cotejarlo con leyes naturales, viendo la similitud o analogía de la Ley de Siete con los principios más fundamentales de la física, y aplicarlos posteriormente y en su conjunto al proceso del crecimiento personal en la segunda parte de este trabajo.

En la explicación de la Ley de Siete se toman como punto de referencia las siete notas de la escala musical: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si. La nota Do que sigue a la nota Si, entra en una octava superior y es el comienzo de otra escala. Dentro de los conocimientos básicos de solfeo, forma parte de ellos saber que entre una nota y otra hay una tonalidad completa, excepto entre las notas Mi-Fa y Si-Do; entre ellas no existe un tono completo, sino medio tono.

Entonces, cualquier proceso que se inicie, sea de la índole que sea, comienza con una fuerza de empuje, equivalente a la nota Do, luego continúa con Re y Mi, pero no puede llegar hasta Fa, porque al existir medio tono que es llamado “intervalo” es como si resultase un empobrecimiento de la energía que opera en el campo de la octava. Por tanto, ésta no puede continuar su curso hacia Fa, a menos que entre en acción en el intervalo un refuerzo adicional de energía, lo cual hará que la octava continúe su desarrollo. Más adelante ocurrirá lo mismo en el intervalo Si-Do, en donde se produce otra bajada energética, por lo cual llegado a ese punto hay que añadirle otro refuerzo adicional de energía, para que esta vez, el ciclo continúe en una octava superior o escala diferente.

De modo, que a las fuerzas que se pusieron en movimiento, hay que administrarles, en su debido momento, un “choque” energético adicional, porque si no es así, se desvían de su meta inicial e, incluso, pueden ir en sentido contrario a ella. Esta es la explicación del por qué de la mayoría de las cosas que se inician en la vida, sean relaciones humanas, matrimonios, empresas, religiones, etc..., no llegan a la meta prefijada. A medio camino pierden su fuerza inicial y acaban “degenerándose”. El proceso se desvía de su rumbo y lo que se inició con gran ímpetu y pasión, al tiempo, va decayendo en una especie de monotonía y falta de estímulo. Todo entonces, se vuelve mecánico y superficial, perdiendo así su espíritu inicial; incluso, se puede ir en dirección contraria a la proyectada originalmente.

Según la visión de la Ley de Siete, la forma en que la octava es desviada de su dirección original es representada mediante un esquema de la siguiente manera:

 

Hemos seguido hasta aquí y de forma resumida la exposición realizada por O.D. Ouspensky * sobre las enseñanzas de Gurdjieff.

 (1)  Ouspensky,  O.D.; op. cit.

Lo que esta Ley de Octavas nos viene claramente a decir, es que los fenómenos físicos y las acciones de las personas, de una manera natural, tienden a ir por inercia, hacia una línea de mínimo esfuerzo o de menor resistencia, si no se les “inyectan” cada cierto tiempo, fuerzas de choque que las sigan manteniendo en la dirección deseada y proyectada desde el principio. Por tanto, esa trayectoria -llamémosle, “línea recta” –que surge del empuje inicial- no se produce automáticamente, sino que tiene que ser creada y alimentada por el individuo, que debe llevarla a cabo de una forma consciente o intuitivamente, como más adelante veremos al estudiar los arcanos.

Leyes del Movimiento

La primera de las Leyes del Movimiento formulada por el físico Isaac Newton, en 1760, se define de la siguiente manera:

Todo cuerpo continúa en estado de reposo o en movimiento uniforme en línea recta, a menos que sea obligado a cambiar de estado, mediante la aplicación de una fuerza exterior.

Es evidente que un objeto, un vaso, por ejemplo, tiende a no moverse de donde está, como consecuencia de su inercia, a menos que intervenga una fuerza externa que lo haga cambiar de posición. Pero, en lo que respecta a un cuerpo en movimiento -una pelota lanzada en cierta dirección- esta ley lo contempla en un medio ideal, donde no existe ningún tipo de fuerza que aminore o desvíe la trayectoria rectilínea del objeto lanzado. De no ser así, y generalmente no lo es, puesto que estamos expuesto a la fuerza de la gravedad, a la resistencia del aire u otro tipo de rozamiento, ante lo cual, el cuerpo se va parando paulatinamente y cayendo hacia abajo, debido a la fuerza de atracción que ejerce la Tierra, a menos que se le vaya aplicando una fuerza que la mantenga en línea recta.

Termodinámica

La primera Ley de la Termodinámica llamada de la “Conservación de la Energía” expresa: La energía ni se crea ni se destruye: sólo se transforma.

Pero, por su parte, la segunda ley puntualiza: En toda actividad o movimiento de un sistema, parte de su energía tiende a disiparse y perderse en forma de calor.

Dicho de otra manera: la energía que se disipa en forma de calor pasa de formas útiles a otras menos útiles, implicando este paso una tendencia natural hacia el desorden.

Si edificamos una casa, esta actividad requiere además del aporte de la fuerza física o mano de obra para su construcción, de una energía inteligente y organizativa en su proyecto, dirección y ejecución. Pero, si después esta misma casa se abandona por tiempo indefinido, irá deteriorándose y finalmente acabará derrumbándose por el mismo paso del tiempo y de los agentes naturales. De aquí, entonces, extraemos una importante consecuencia. Ésta consiste en que para mantener un movimiento o actividad en una dirección determinada, o bien para el mantenimiento de un sistema u organización, hay que estar incrementándole energía en la medida que ésta tiende a disiparse por múltiples fricciones; produciéndose como consecuencia, la degradación del movimiento o bien, del mismo funcionamiento y estructura del sistema.

Si extrapolamos el conjunto de la Ley de Siete que está reflejado -como acabamos de ver-, en las Leyes del Movimiento y la Termodinámica a los acontecimientos normales de la vida, veremos lo siguiente:

Cuando queremos comenzar cualquier actividad, trabajo, empresa, relaciones, etc..., sea del orden que sea, es porque disponemos de un caudal de energía dirigido hacia dicho fin. En esos momentos iniciamos un ciclo u octava, o sea, un movimiento. Los primeros tanteos de ese, llamémosle proyecto, van cargados de una energía óptima: existe una actitud de ánimo muy positiva, una voluntad de hacer y trabajar, incluso se puede llegar al entusiasmo. Corresponde a la nota Do, como fuerza masculina de empuje.

Acto seguido, viene la nota Re, correspondiente a la fuerza femenina de resistencia. Nos encontramos en este segundo punto con la Tercera Ley del Movimiento: Acción y reacción. O sea: como consecuencia de una fuerza de empuje o masculina, surge otra en sentido contrario o femenina. Estamos en la dualidad de la posición 2 del primer Circulo Creativo dentro del diagrama de Los Ciclos Evolutivos

Aquí tenemos que hacer una diferenciación entre lo que es una fuerza de resistencia pasiva o activa. Si empujamos un saco de arena que se encuentra en el suelo, nos encontramos con un tipo de resistencia pasiva; pero, si ese mismo saco lo amarramos a una soga que cuelga del techo, al empujarlo nos encontraremos con una resistencia activa debido a que la fuerza empleada acaba desplazando el saco en sentido contrario y, puede golpearnos en la misma proporción a la fuerza que lo impulsamos.  Un ejemplo a otro nivel lo tenemos en el caso de las guerras: el hecho de invasión de un país a otro provoca normalmente un tipo de resistencia activa; o sea, el país invadido se defenderá atacando a su vez. El caso de Ghandi, con respecto a la forma en que llevo a cabo la liberación de la India del yugo del Imperio Británico, es un claro ejemplo de resistencia pasiva. Este procedimiento del gran líder hindú llegó a agotar el espíritu de conquista y dominio masculino del gobierno inglés. La resistencia pasiva femenina es un modo bastante eficaz cuando lo que se pretende es aplacar a las fuerzas incidentes, puesto que éstas últimas no son estimuladas por la reacción activa del contrario.

Así en el proyecto o trayectoria que iniciábamos con la nota Do, empiezan las fricciones que vienen a contrarrestar la fuerza de empuje. La resistencia a superar puede ser de todo tipo, tanto externa como interna, activa o pasiva: obstáculos varios como el económico, impedimentos de los demás, demoras, cuestiones legales, falta de tiempo..., en fin, fallos del mismo proyecto que no habíamos previsto antes, o al menos no éramos tan conscientes de ellos.

Dejando el panorama de nuestro proyecto en tan precaria situación, volvemos al diagrama de Los Ciclos Evolutivos, a la posición 3 del Circulo de la Creatividad Aquí se pueden plantear dos posibilidades:

  1. Punto muerto

Esto ocurre cuando el estímulo y empuje que se puso al principio va perdiendo fuerza al sentir los efectos de la resistencia, proveniente de los diferentes obstáculos y problemas que impiden al proyecto seguir adelante. Éste no llegará a realizarse; se quedará en un proyecto abortado, en el plano de las ideas. El punto 3 degenera entonces, y en vez de ser un factor de vida y creatividad, termina convirtiéndose en un punto muerto. Se desgasta la fuerza de empuje y, se acaba por tanto, la resistencia.  

  1. Intervención de fuerza externa

 Se explica de la siguiente manera según el esquema que viene a continuación.

Cuando iniciamos algo, ponemos nuestra energía en una dirección determinada, fuerza de empuje = A, y al encontrarnos a continuación con una fuerza de resistencia = B, que se contrapone, haríamos que en ese punto interviniese un refuerzo energético = C, permitiendo así que la trayectoria A, superase el bloque de resistencia B, y pudiese continuar su recorrido como A.

Más adelante, nos encontraríamos con otra nueva resistencia B y, por tanto, habría que añadirle otro aporte energético C’, que le posibilitaría a recorrer otro tramo de trayectoria hacia la dirección proyectada al principio.

Si lo miramos desde una perspectiva amplia, bajo una visión de conjunto, se crea así un movimiento uniforme, pero que no deja de estar formado desde una microvisión, de pequeñas unidades de movimiento o paquetes de energía. En Física Cuántica, a esas pequeñas unidades de energía actuando dentro del mundo subatómico, recibe el nombre de “quantos”.

Geométricamente, lo podemos visualizar como una sucesión de segmentos, los cuales irán formando una línea recta, ya que no se desvía inercialmente hacia niveles de menor resistencia y mínimo esfuerzo, sino que se mantiene en la idea base y en el nivel de energía proyectados en su origen.

Traducido a nuestro proyecto y tomando conciencia de lo que a él se opone, le daríamos un refuerzo adicional para superarlo. Si el obstáculo éste fuese económico, lucharíamos hasta conseguir la ayuda necesaria; si fuese el impedimento de origen humano, intentaríamos llegar a un acuerdo con las personas que lo obstaculizaran. Reorganizaríamos nuestro tiempo si ese fuese el impedimento, aunque tuviésemos que sacrificar otras cosas o, corregiríamos el error técnico, si este fuese el caso. En resumen: se le daría un refuerzo energético o choque adicional de energía, superando así la resistencia que se transformaría en movimiento hacia el objetivo deseado. Es realmente en la posición 3 del Círculo de la Creatividad  -al cual lo podemos definir como el punto cuántico del movimiento-, en donde el proyecto se está gestando para nacer a la luz o manifestarse en la posición 4.

También, hay veces en que la fuerza femenina no actúa como impedimento; su resistencia no sólo es mínima sino que puede desaparecer y transformarse en su contraria, en una fuerza receptiva, la otra cara de lo femenino. Es una  fuerza de apoyo que va a ayudar enormemente a que el proyecto se lleve a cabo de una forma muy fluida. En su relación, estos contrarios que son de una misma naturaleza femenina, son inversamente proporcionales, y lo más frecuente es que en cualquier actividad que emprendamos se vayan alternando. En Física, el llamado fenómeno de la “superconductividad”, no es, ni más ni menos, que una gran fuerza receptiva entre los electrones de un conductor eléctrico. Estos, en vez de disipar sus energías entrechocando (fuerza de resistencia) y generando calor, -que al no ser éste aprovechable, es considerado en Física la forma más degradada de la energía-, acuerdan los electrones en moverse de una forma coherente y ordenada, por lo que el aprovechamiento energético es óptimo.

Como dato curioso, un requisito primordial para conseguir esa máxima participación pacífica de la colectividad de los electrones, reside en la baja temperatura del material conductor. Asimismo, en el terreno electrónico al igual que en el mundo de los humanos, un ambiente sosegado, tranquilo, y libre de fricciones que acaloran los ánimos, es el medio indispensable para producir efectividad en cualquier proyecto y trabajo que la colectividad humana emprenda. Pues en caso contrario, la energía se despilfarra en ideas entrechocándose y creando un ambiente acalorado y caótico, sin ningún resultado práctico.

En la posición 4, nace por fin este proyecto; lo cual viene a ser una realidad en el mundo físico. Ha dejado de ser un proyecto y ahora tiene identidad propia. Evidentemente, ésta dimensión es diferente a las anteriores: ahora hay un fruto tangible como resultado de todo el proceso anterior.

Esta obra que ya se ha hecho manifiesta, tiene su propio cuerpo u organismo, y aunque todavía es algo inmaduro y sin experiencia, inicia a partir de su nacimiento otra tríada o subciclo en pro de su desarrollo y maduración que están en potencia en la misma fase del 4. De aquí surge una nueva dualidad, marcada por los aspectos masculinos y femeninos de la posición del 5; es decir, una fuerza de empuje hacia el desarrollo de la obra que, a su vez, encontrará una fuerza resistente o receptiva; o bien, mezcladas, dependiendo de las circunstancias. Se tendrán que resolver las fricciones con nuevos aportes energéticos que dinamicen el proceso en la fase 6. Si se lleva a cabo correctamente dicho desarrollo la obra que nació en el 4, consigue una organización estable en la posición 7. Es la maduración de lo que se materializó tres pasos atrás. Por eso, en Numerología, el número 7 simboliza la estructura, el orden y la organización.

Pero, hemos visto que el ciclo completo del Diagrama contiene otra tríada más, la de la autotrascendecia, que se encuentra en estado potencial en la posición 7. La dualidad de esta tríada está marcada por el 8 y el 9, lo cual es el punto convergente y dinámico del proceso. En el caso de la obra de nuestro ejemplo que ya ha conseguido una estabilidad y madurez, podría consistir –si de una empresa se tratase-, en su expansión a otros lugares y países, o bien, en la asociación con otra empresa que le permitiese huevos horizontes en su trabajo. En fin, todo lo que signifique un nuevo desarrollo, un radio mayor de acción, una nueva creatividad. Por lo que llegado ese momento la empresa tiene que sufrir unos reajustes y reestructurarse a la demanda de los nuevos tiempos, para así iniciar un nuevo ciclo. El punto 10 marca el fruto, el resultado obtenido de ésta última tríada y, a su vez, hará de germen o de potencialidad de un nuevo ciclo.

 

Entendiendo la sencilla disposición del modelo de Los Ciclos Evolutivos podemos apreciar el ORDEN que subyace detrás de la formación y transformación de los sistemas vivos: un súper-orden trascendental e integrador de la dualidad equilibrio/desequilibrio. Dicha dualidad que se manifiesta sucesivamente en fases ordenadas y caóticas, estructuradas y desestructuradas, es temporalmente cíclica en relación al orden trascendente que los abarca. Es un orden integrador-, en relación al orden/desorden rotativo de la dualidad. Dicho orden va marcando una directriz, es lo que le da sentido a la línea evolutiva en el tiempo. De ahí el nombre aparentemente contradictorio de ciclos -como algo que se repite y no avanza-, evolutivos, 

Por lo tanto, cualquier sistema que nace, tiene que recabar energía para su propio desarrollo y maduración para, posteriormente, transformarse en algo más elaborado y completo. Este mantenimiento energético se produce gracias a su propia autoorganización y a la interacción que mantiene con el exterior. Existen dos puntos críticos en donde la incidencia externa afecta notablemente a la propia estructura del sistema. ¿Qué dos puntos podrían ser? Si repasamos los números que en el modelo de Los Ciclos Evolutivos cumplen una misma función por la posición que ocupan, veremos que los puntos marcados con el 1,4,7, coinciden con la plasmación o resultado del contenido potencial de cada círculo, culminándolo. Pero asimismo, esos números representan el potencial o contenido replegado del círculo que se inicia.

También hemos visto que los puntos en donde el contenido de cada círculo pasa de un estado potencial a la acción, en donde el sistema se pone en movimiento, corresponde a los puntos 3,6,9. Por consiguiente, son en esos puntos dinámicos en donde inciden los refuerzos o choque adicionales energéticos externos al propio sistema. Los números 2,5,8, muestran simplemente, las características duales que posee el propio sistema, pero ya sabemos que no son puntos dinámicos sino conceptos diferenciados del potencial 1. Entonces, es en el punto 3, en donde incide un refuerzo energético adicional del exterior para la organización y nacimiento de un cuerpo o sistema, y es en el punto 9 en donde interviene otro refuerzo energético para su desestructuración o desequilibrio, paso previo éste, como ya sabemos, para que el sistema pueda acceder a una nueva expansión u orden superior, a una octava más alta.

Sin embargo, en el punto 6, las influencias externas -el sistema siempre está intercambiando con su medio-, a las que el organismo está expuesto, van a servirle para su autoafianzamiento; por lo cual rechazará o contrarrestará todo aquello que atente a su equilibrio y estabilidad, si bien, abriéndose a todo lo que le permita reafirmar su propia identidad. Es la manera en que el sistema se alimenta para sobrevivir y autoafianzarse en su medio. Pero en ningún caso, en esta fase de equilibrio se produce un cambio de estructura. Hasta que el sistema no alcanza un cierto nivel de saturación, no estará apto o maduro para iniciar su transformación -autotrascendencia- a partir del punto 7.

La visión Darwiniana sobre la evolución de las especies tendría que ver con este segundo círculo de desarrollo y estabilidad de un organismo. El instinto de supervivencia y de conservación impera en esta etapa. En la modalidad de defensa   atacando o huyendo de todo lo que pueda hacer peligrar su estructura, pero también de alimentarse a través de lo que el medio le pueda proporciona. En definitiva es una saber convivir adaptándose al medio. En cambio, no es así en el 3º círculo, en donde encaja perfectamente la nueva visión evolutiva o Teoría de las Estructuras Disipativas de Ilya Prigogine y su equipo. Esta última visión complementa a la de Darwin, aportando a la evolución nuevos horizontes que la hacen mucho más creativa y trascendental. Ante este nuevo planteamiento se saca claramente la conclusión de que los sistemas vivos no sólo poseen un instinto de supervivencia y conservación, sino también de autotrascendencia y creatividad, teniendo previamente que pasar por una etapa de desestabilización y caos, para su nuevo reajuste en un orden de mayor complejidad.

Estos tres círculos que conforman el diagrama de Los Ciclos Evolutivos, contemplados, entonces, como diferentes pautas de funcionamiento en la naturaleza esencial de casa ser vivo, muestra, como vemos, tres modalidades instintivas:

                     1º  círculo – Instinto de creación
                     2º  círculo – Instinto de conservación
                     3º círculo  - Instinto de destrucción

Estos mismos arquetipos que existen en la naturaleza intrínseca de cada ser, nos lo encontramos claramente definidos en la Trimurti (tres fases) de la mitología hindú. Está Brahmâ, el creador de universo, Vichnú, es el encargado de conservarlo, y Shiva es el destructor, siendo su misión la de destruir lo que no sirve para su consiguiente regeneración.

No obstante, para llevar a cabo su labor, cada uno de estos dioses debe poseer a su vez, la doble polaridad masculina/femenina, y el factor dinámico inherente a la dualidad. Este tema lo desarrollaremos ampliamente cuando entremos en la segunda parte de este trabajo.

 

Procesos materiales

Veamos que nos dice la física en relación a los procesos de transformación de la materia: Si las Leyes del Movimiento explica que para cambiar el estado inercial de un objeto, o bien, su dirección –en el caso de hallarse el objeto en movimiento-, hace falta un aporte energético, lo mismo ocurre para cualquier cambio en la estructura de la materia: se necesita energía. Este principio natural, como veremos, se hace extensible a todos los niveles de la realidad, tanto si queremos cambiar la naturaleza química de un elemento, como si queremos cocinar un plato de comida, construir una casa, o cambiar las propias estructuras de la mente. Ahora bien; en toda transformación también se produce un deshecho o pérdida energética. O sea, para todo cambio, un sistema necesita coger energía pero también paga un precio, emitiendo energía.

Este hecho contemplado por la Segunda Ley de la Termodinámica, nos dice que cuando un cuerpo se transforma, en el hecho mismo de su transformación se produce un desperdicio energético en forma de calor que se expande y se pierde en el entorno. Ante lo cual, los científicos han calificado a la energía calorífica como la más degradada de las energías, por la incapacidad para ser recuperada de forma eficaz. Sin embargo, esta apreciación parece algo injusta, puesto que es el mismo calor, el motor de múltiples cambios en los procesos de la formación y transformación de la materia, cuando naturalmente, se le tiene confinado y, por tanto, es susceptible de ser manipulado.

Un ejemplo típico en física de transformación material y su consiguiente pérdida energética es el siguiente: Si se pesa un electrón y un protón por separados y luego se unen para formar un átomo de hidrógeno, se verá que éste último pesa, aunque de forma imperceptible, algo menos que cuando sus dos componentes estaban separados. ¿Qué ha ocurrido? Pues que al unirse protón y electrón han trascendido sus propias estructuras individuales, formándose un cuerpo más complejo: el átomo. Es otra dimensión de la materia y consecuentemente con otras propiedades, pero se ha tenido que pagar un precio energético por esa transformación. En este caso, el átomo ha emitido un fotón, es decir, una unidad de luz.

La cuestión a plantear es la siguiente: ¿A dónde va todo ese incontrolado y caótico pago energético? Sobre este tema hay deducciones científicas que vienen a decir, que mientras una parte del universo se va ordenando en estructuras cada vez más complejas y sofisticadas, por otro lado, la cantidad de entropía va aumentando en algún otro sitio del universo. Científicamente se utiliza el término “entropía” para designar la medida de desorden.

¿Realmente es tal la energía irreversiblemente desaprovechada en el universo? Quizá no estemos abarcando el proceso de la transformación en su totalidad   -el ciclo completo-, por lo que esa energía aparentemente perdida, se vuelve a reciclar para continuar con una nueva labor de organización. Bueno, en el caso de nuestro ejemplo, es difícil seguirle la pista al fotón que se emitió al conformarse el átomo de hidrógeno, pero en otro nivel de realidad estructural, como puede ser el de la evolución de las estructuras mentales en su proceso de desestructuración y reestructuración que es la finalidad de este estudio podremos seguir el rastro, o mejor dicho, comprobar los efectos que esa energía “loca” o aparentemente desaprovechada, puede producir en la propia persona y en su entorno más cercano.

Hemos visto que a partir de un orden, se crea desorden, por lo cual, invirtiendo los factores, también del desorden surge un nuevo orden. Son como pasos previos y recíprocos uno del otro.

Partiendo de esta premisa, la idea a seguir es la siguiente: Si nos situamos nuevamente ante el modelo de Los Ciclos Evolutivos, concretamente en los puntos 3,6 y 9, que son los puntos dinámicos en donde inciden fuerzas externas al sistema, éstas deben provenir de otro sistema que emita algún tipo de radiación energética.

Según la exposición de la Ley de Siete o de Octavas (Gurdjieff), el refuerzo adicional que tiene que incidir en un ciclo, para que éste continúe su desarrollo y pueda vencer su déficit energético –intervalo- procede de otro ciclo que se entrecruza o bien es paralelo al primero.

El modelo de Los Ciclos Evolutivos aplicado a las estructuras mentales que se va a exponer en la segunda parte de este trabajo, recoge el Segundo Principio de la Termodinámica junto con la Ley de Siete o de Octavas, y podremos comprender viendo el diagrama nº 3, que se trata de diferentes ciclos u octavas, incidiendo unos en otros y en continua interrelación. Estos ciclos representan diferentes niveles mentales y de conciencia del ser humano. Cuando en un ciclo se conforma una estructura mental, recibe ayuda energética de un ciclo paralelo pero de vibración más sutil. Por lo tanto, cuando esa estructura se forma, emite a su vez,  un pago energético que sirve para desestructurar el antiguo cuerpo o estructura mental nacida en el ciclo anterior, que ya resulta caduca e inoperante para la propia persona. Se produce un autoreciclaje energético, ya que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, nos dice la primera Ley de la Termodinámica.

De esta manera, iremos viendo el proceso de desarrollo y expansión de la conciencia, cómo en una persona se va creando una organización mental, que luego tiene que ser trascendida en otra superior más rica y universal, apoyándonos en todo momento en las citadas leyes naturales.

Síntesis

La evolución personal no se realiza de una forma anárquica ni caprichosa, sino que se ajusta a unos patrones universales. Se trata de conocerlos y tener unos puntos de referencias, como señales puestas en el camino, ya que si hemos de andar por sitios desconocidos es preferible llevar un mapa del lugar que nos oriente.

Modelo Creativo Unificador

-Existe un modelo femenino/masculino como base de la creatividad universal.
-Los complementarios se atraen, necesitan complementarse e interaccionan mutuamente.
-En su mutua interacción se origina un movimiento creativo.
-El movimiento es discreto (unidades de movimiento o cuántico)  lo cual se va plasmando en una forma o estructura.
-Cada nueva estructura que surge integra a la anterior, manifestándose en otro nivel más complejo y con características propias.
-Durante el proceso, lo masculino es causa de lo femenino y lo femenino es causa de lo masculino, pudiéndoseles observar como  un cruce energético de polaridades.

Ciclos Evolutivos

      -  Aplicando  el  Modelo Creativo Unificador,  tenemos que todo sistema que se forma (nacimiento), pasa por una etapa de afianzamiento, desarrollo y estabilidad (maduración), para después transformarse (caos estructural), en una estructura superior.

-  En el ser humano se traduce como instinto de creación, conservación y destrucción.

-  Éste último visto como un requisito para la autotrascendencia

- Tanto para la formación de un sistema como para su transformación, se requiere un aporte adicional de energía.

-  Pero el sistema al formarse y también al transformarse hace un pago energético.

             

 

SEGUNDA  PARTE

 

ARCANOS MAYORES Y MODELO DE LOS CICLOS EVOLUTIVOS

 

Presentación

El Tarot es considerado como un sistema más de conocimiento heredado de la antigüedad. ¿Cuando y cómo se formó este cuerpo de enseñanza? Es una cuestión que permanece a oscura aunque como suele ocurrir en estos casos, existen varias vertientes acerca de su origen, pero no hay ninguna que tenga una consistencia definitiva.

El Tarot está compuesto de 78 cartas divididas en 22 Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores. De éstos últimos han derivado las conocidas barajas de naipes compuestas de 4 palos y sus correspondientes figuras de la corte. Más o menos todos estamos familiarizados con algunos de los múltiples juegos y combinaciones que se pueden llevar a cabo con este tipo de cartas.

Los Arcanos Mayores, según parece, han podido ser preservados de esta lúdica utilización, no obstante, ambos, mayores y menores se usan en otro terreno cada vez más en auge, como es la lectura hacia una orientación personal.

Existe aún otra función reservada a los mayores que conlleva un carácter de conocimiento espiritual. Es el estudio y meditación de sus símbolos en base a decodificar y, por tanto, incorporar a la conciencia la sabiduría contenida en sus figuras. Puedo afirmar que la persona o grupo que lo diseñó originalmente, conocía profundamente las leyes naturales y al ser humano como parte inherente a las mismas. A esto también hay que añadir que la simbología es una de las mejores fórmulas para transmitir información, y al mismo tiempo resguardarla de la degeneración interpretativa a la que toda enseñanza está expuesta con el transcurso del tiempo. Los símbolos, como bien sabemos, tienen la virtud de avivar en el inconsciente los arquetipos que en él se encuentran almacenados, con la posibilidad de sacarlos a la luz y asimilarlos conscientemente.

Son estos 22 Arcanos Mayores los que van a servirnos en este trabajo como indicadores de la trayectoria de la conciencia personal. Van a estar organizados según la estructura del modelo de Los Ciclos Evolutivos. Esto va a hacer que se vuelvan  más explícitos, quizá pierdan con ello algo de ese halo romántico y misterioso que los envuelve, pero seguramente ganarán en claridad y eficacia para la ordenación del mapa del crecimiento interno.

Nota.  El modelo de carta que se ha utilizado como guía para este trabajo, ha sido un ejemplar inglés creado por E. A. Waite. Es un tipo de tarot que sin ser demasiado exuberante en símbolos -lo cual puede llegar a desorientar-, contiene sin embargo suficientes imágenes como para poder haber hecho efectivo este trabajo. No obstante, hay una modificación importante que se ha tenido que realizar, no sin antes haberlo sopesado detenidamente. Me refiero al cambio de lugar entre los arcanos: La Fuerza y La Justicia. En el Tarot de Maite se le atribuye a La Fuerza el octavo lugar, y a La Justicia, el decimoprimero. Si lo comparamos con otros modelos de tarots, entre ellos el famoso Tarot de Marsella –uno de los más antiguos que se conocen-, sitúan esos dos arcanos justamente al contrario, es decir: La Justicia como arcano VIII y La Fuerza como arcano XXI. Viendo las dos posibilidades, ésta última la he considerado como la más correcta; por tanto, para la realización de este trabajo, ha sido necesario diseñar un nuevo ejemplar de tarot, que, inspirado en la simbología del modelo de Waite, contenga a dichos arcanos ubicados en los lugares anteriormente mencionados.

 

 

Concepto de realidad y su estructuración

En la vida cotidiana nos valemos de unos parámetros culturales y de un sentir común para distinguir lo real de lo que no lo es, y a su vez interpretarlo. Por ejemplo, ante el hecho de la lluvia, conocemos los fenómenos naturales que la produce y no se nos ocurriría pensar que es el resultado del llanto de los dioses.

En nuestra sociedad existen dos grandes grupos que han asumido la tarea de conectar con una realidad que han supuesto existe fuera e independientemente del propio individuo. Estos dos grupos están formados por hombres religiosos, uno; y otro, por hombres de ciencias. Los primeros, hace ya tiempo dicen poseer la verdad por medio de revelaciones, textos sagrados e inspiraciones divinas. Son verdades de tipo espiritual o metafísico, y la actitud predominante que se necesita para aceptar un determinado cuerpo de creencias religiosas, es la fe. Una base objetiva y racional no es necesaria.

El segundo grupo se considera a sí mismo justamente lo contrario a la visión religiosa, por lo que manifiesta un lógico escepticismo hacia las creencias de dicha índole. La ciencia estudia fenómenos y leyes naturales, los cuales necesitan ser racionalizados, cuantificado, medidos y varias veces verificados, antes de obtener el consenso de la comunidad científica. En su vida privada, un científico podrá practicar cualquier tipo de creencia religiosa, pero si se considera un hombre de ciencias, no podrá respaldar seriamente sus convicciones espirituales por métodos científicos.

Pero si profundizamos un poco más en estas dos corrientes de enfocar la existencia para extraer de ella soluciones a los misterios e incógnitas que la vida misma nos plantea; nos encontramos con que el hombre, hasta ahora no puede hacer otra cosa para despejar esas interrogaciones, que interpretarlas sirviéndose de la única herramienta de la que dispone. El cerebro y las facultades mentales que éste posee, Ahora bien –y esto es lo interesante-, existen dos formas básicas de interpretar la realidad, o mejor dicho: el ser humano posee en su naturaleza dos medios  cognitivos fundamentales para adquirir información sobre la existencia, y ello radica en las dos especializaciones del cerebro: hemisferio derecho y hemisferio izquierdo: el primero, de característica masculina, y el segundo, femenina. Por lo que esas dos especializaciones son diferentes, pero necesariamente complementarias para llegar a una visión de unidad o totalidad de la realidad.

El hemisferio izquierdo, por ejemplo, está capacitado para el conocimiento racional, analítico, toma de datos, investigación y estudio, todo ello enteramente relacionado con la metodología científica. Diríamos que es un tipo de conocimiento explícito y puntual si lo comparamos con el saber implícito y global que podemos adquirir con el desarrollo del hemisferio derecho.

A través de éste último comprendemos y sabemos por intuición; es la mente reveladora que se ilumina con esas chispas de luz o flashes de información, que de repente afloran y nos hace ver lo que antes no veíamos y permanecía oscuro para la conciencia. Este tipo de conocimiento ha estado tradicionalmente más en relación con la mística; las religiones se han apoyado en ello llamándola Revelación, y adornándola con una aureola de misterio y divinidad.

Estas dos modalidades de conocimiento han estado desgraciadamente separadas: la ciencia y la mística nunca se han llevado bien, esto es índice de lo que realmente está escindido es el propio ser humano en su unidad mental, lo cual es proyectado lógicamente en el comportamiento social. Pero los tiempos están siendo ya adecuados para una reconciliación, y de hecho, ya están surgiendo pioneros que con una visión integradora están haciendo de puente entre esos dos mundos.

Indudablemente están los casos de los grandes cerebros científicos, que han tenido la capacidad para aunar las cualidades de sus dos hemisferios: tal es el caso de Einstein, que introdujo su visión intuitiva y creadora en la ciencia, ante lo cual pudo romper con los limitados y viejos moldes de la física, dando luz a nuevas y geniales teorías.

De esta reconciliación puede emerger el gran avance tanto para la ciencia, como para la religión y la filosofía, puesto que cada una aporta lo que le falta a la otra. Realmente el resultado sería algo nuevo, diferente, un nivel de realidad de otra magnitud. De hecho, con el desarrollo del hemisferio derecho, se puede llegar rápidamente a desentrañar las grandes verdades y principios que mueven al universo, pero globalmente, como han dejado constancia de ello los grandes sabios y místicos de la antigüedad: Pero el problema de este tipo de saber interno, es que debería ir acompañado de un conocimiento externo que lo haga más explícito. Si no, suele ocurrir que se transmite en un lenguaje típicamente simbólico, como pueden ser las expresiones poéticas, místicas, o míticas, muy rica en imágenes y alegorías, pero un tanto confusas y oscuras como para poder entenderlo realmente, sobre todo, para el profano. Para su correcta interpretación, habría que estar a la altura de comprensión y de conciencia de la persona que lo ha transmitido, de no ser así, ocurre lo de siempre: se hace una interpretación textual por lo que la información queda desvirtuada y degradada, sin ser asimilada correctamente.

Es lo que suele acontecer por regla general con las religiones cuando enseñan los mensajes de los textos sagrados. La información que resulta es ridícula e ingenua, cuando no entra en el terreno de lo fantástico y misterioso. Hay que tener claro que tan estúpido es querer comprender e interpretar una fórmula matemática para alguien que no entiende de matemáticas, como querer asimilar un texto sagrado si no se posee el nivel de lucidez o amplitud mental y de desarrollo interno adecuados. Tanto una fórmula científica, como un símbolo sagrado, sirven para corroborar y enseñar al que ya sabe, nunca al que no sabe. Eso es algo que resulta evidentemente obvio en el terreno científico, pero no quedando nada claro en el ámbito espiritual en donde se siguen aún hoy día interpretando los textos simbólicos de una manera literal. De lo cual, naturalmente, resulta una lectura inverosímil.

Por otro lado, con el desarrollo del hemisferio izquierdo se consigue que la información que está de una manera intuitiva e implícita en el hemisferio derecho, se pueda volver racional y explícita, corroborándola y verificándola con ejemplos y datos del mundo externo. Entonces es cuando de hecho, una enseñanza queda realmente asimilada.

El inconveniente del aprendizaje científico es que resulta históricamente muy lento en relación al aprendizaje intuitivo y místico. La mayor parte de las veces las comprobaciones de nuevas teorías depende de una buena y adecuada instrumentalización y las civilizaciones conocidas que nos han precedido, han carecido de ese avance tecnológico: Por ello creo que estamos en momentos históricos muy interesantes para poder enriquecernos y comprobar por medios científicos, la intuición de los sabios de la antigüedad en cuanto a la visión que poseían del mundo y de la realidad de la existencia.

Volviendo a la noción de realidad, es fácil observar cómo se establece una lucha dialéctica entre opiniones: unas, defendiendo la realidad única y absoluta, mientras otros abogan por una realidad múltiple y variada.

A medida que se nos vaya haciendo familiar la estructura del Modelo Creativo Unificador, nos resultará muy sencillo integrar esas dos visiones acerca de la realidad, puesto que nos daremos cuenta de que son diferentes niveles de un mismo concepto. Según el modelo, las premisas sobre la realidad, serían las siguientes

a) En el nivel 1, la realidad es efectivamente Una,  en  el  sentido  de  Totalidad; Una Realidad integradora de todas  las  diferentes  facetas  de  realidades que puedan existir.

b) En el nivel 2, la Realidad Una se fracciona y la captamos de formas  múltiples y variadas. Indudablemente en nuestra interpretación de ésta, estaremos dependiendo básicamente de qué zona del cerebro -hemisferio derecho o izquierdo- predomina en nuestra percepción y enjuiciamiento de dicha realidad.

¿Cómo un científico, por ejemplo, que se considere seriamente objetivo, puede hablar de la realidad de la naturaleza y del universo, solamente en términos de datos fríos, considerando a la materia/energía como fuerzas ciegas? ¿Cómo puede sustraerse a que la verdad última y total de la naturaleza, no es solamente materia inerte, sino que ésta conlleva aspectos sensibles e inteligentes, que hasta ahora han pretendido ignorar, y curiosamente en defensa de una objetividad que ellos mismos no cumplen?  Para hablar con realismo –y ser realista implica saber integrar los máximos niveles de realidades a favor de la Realidad Total- tendríamos que pronunciarnos por una materia que siente y piensa, si no, ¿cómo podríamos captar e interpretar el mundo externo, si no es gracias a las facultades sensibles y pensantes emergentes de la conformación material de nuestros cerebros? c)  Como hemos dicho, existen numerosos órdenes de realidad. Cuando un determinado nivel unifica sus funciones, y esto requiere la interacción de los elementos o fuerzas masculinas/femeninas que lo componen (fase 3), entonces emerge una nueva magnitud (fase 4), ante la cual se impone un nuevo lenguaje que pueda describir las cualidades y funciones de esta nueva medida de la realidad.

           c) Como hemos dicho, existen numerosos órdenes de realidad. Cuando un determinado nivel unifica sus funciones, y esto requiere la interaccion de los modelos o fuerzas masculinas/femeninas que lo componen (fase 3), entonces emerge una nueva magnitud (fase 4), ante la cual se impone un nuevo lenguaje que pueda describir las cualidades y funciones de esta nueva medida de la realidad.

Si escogemos el cerebro humano como ejemplo, podemos ver que en él están integrados el nivel físico, químico, biológico, neurobiológico y psiconeurobiológico, adentrándonos de lleno con esto, en el terreno del comportamiento humano, de donde emerge un tipo de conciencia como colofón de las facultades sensibles e inteligentes. Según los entendidos, la conciencia no se halla localizada en ninguna zona determinada del cerebro, sino que es el resultado de la interconexión de sistemas paralelos especializados. Se produce como un barrido o arrastre del conjunto de las diferentes informaciones locales hacia la zona frontal del cerebro. Este movimiento es cuántico, es decir, se producen pequeñas unidades de conciencia, aunque en su rapidez y desde nuestra propia perspectiva normal, nos pueda parecer que la conciencia es continua. Esto lo comprenderemos mejor si lo miramos bajo la visión del Modelo Creativo Unificador. En el punto 3 no se puede hablar de conciencia formada, sino de pulsiones espacio/temporales de las diferentes zonas del cerebro, o conciencia cuántica. En el punto 4 la conciencia se cristaliza como resultado de esa dinámica; se va creando una estructura de conciencia, pero dicha estructura  que se crea ya no podemos decir que sea física. Es información en un soporte físico. Por tanto, son otras medidas, otro lenguaje, es definitiva, otra realidad que aunque más tangible que los órdenes anteriores, tiene también su propia organización, pudiéndosele trazar un mapa de ordenación en base a los principios naturales de funcionamiento, los cuales son comunes a todos los niveles de la realidad, o sea, aplicándole el Modelo Creativo Unificador.

Quisiera dejar bien claro, aunque pueda parecer reiterativo, que las leyes fundamentales que conocemos a través de la Física –como pueden ser la Termodinámica o Las Leyes del Movimiento, así como el Principio de la Creatividad que hemos analizado-, son leyes naturales. Con esto se pretende decir que aunque nos sean conocidas por medio de la Física, no son leyes exclusivas a los procesos de la materia, sino a los demás ámbitos de la realidad. Por tanto, podrían definirse como Principios Universales presentes en el funcionamiento de todos los órdenes de la realidad, siendo estos principios comunes a todos estos órdenes pero sin pertenecer a ninguno en exclusividad, manteniendo por tanto, su propia identidad unificadora y trascendente.

Estructuración psicosomática del ser humano

Hablando en términos generales, podríamos decir que en la naturaleza todo responde en principio a tres niveles de realidad del Ser siendo las demás manifestaciones naturales, derivaciones o combinaciones de estas tres medidas fundamentales. Estas son:

  1. Dimensión física o material, ésta sirve de soporte y sustento para que los otros dos órdenes se puedan manifestar; Corresponde al Cuerpo Físico
  2. Dimensión sensible y emocional, corresponde al Alma
  3. Dimensión inteligente y mental, corresponde al Espíritu

Cada magnitud (a,b,c) en sí misma, puede tener a su vez diferentes niveles o grados en lo que respecta a su calidad, y ésta depende de la riqueza y diversidad de su funcionamiento, por lo que el resultado puede ser increíblemente diferente en uno y en otro sentido. Lo vemos claro en el orden material, en donde la simpleza estructural de un mineral no tiene ni punto de comparación con la compleja sofisticación del cuerpo humano.

Lo que queda muy evidente en el aspecto físico, parece que no lo tenemos tan claro en el nivel sensible e inteligente. Sin embargo, y fundamentalmente, el funcionamiento es igual. Por ejemplo, un trozo de madera muestra su sensibilidad a los agentes externos, se encoge, se dilata, se humedece y se deteriora con el paso del tiempo. Es una forma rudimentaria de sensibilidad si la comparamos con la inmensa capacidad y especialidad de los cinco sentidos humanos para captar su entorno y relacionarse con el medio. De esta interrelación –los sentidos y el medio- emerge una nueva dimensión: las emociones y el sentimiento. Un fenómeno que compartimos con el reino animal, y en una menor medida con el reino vegetal. Las plantas reaccionan positivamente a las vibraciones amorosas y a la música, por ejemplo. Y de la inteligencia ¿podemos decir lo mismo? Pues si, existe una inteligencia instintiva fácilmente reconocible en los animales, pero también en una planta cuando va buscando el Sol y espacio para expandir sus raíces y una pared por donde trepar.Hay un cuarto aspecto de la realidad, común a todos los demás; el energético o vital: todo funciona en base a la energía, más aún, todo es energía. La energía es la que subyace detrás de toda manifestación, siendo como los hilos que mueven los procesos creativos, de transformación  y de desplazamiento de la materia, y con ello, las cualidades sensibles e inteligentes que va emergiendo de la misma materia en la medida que ésta se va elaborando y enriqueciendo. Bajo esta visión organizaremos una estructura integral de la realidad humana. En el esquema vemos una ordenación de los centros y la relación que se da entre ellos.    

 

El recuadro que está arriba del todo indica que los tres aspectos: material, sensible e inteligente, componen cada uno de los tres cuerpos de abajo aunque en diferentes medidas. Por esta misma razón, cada uno de ellos posee su propia especialidad que es transmitida a los otros dos, por lo que quedan íntimamente interrelacionados formando un todo inseparable, aunque en diferentes niveles o campos de frecuencias. Siendo así, cada estructura o cuerpo posee su propio nivel de realización y de realidad, estableciéndose una cadena jerárquica entre ellos Cada cuerpo integra al anterior proyectándose en una realidad superior, es decir, el 3º cuerpo integra al 2º, y éste al 1º.

Esto conlleva que la cualidad energética y la sutilidad material de cada estructura, sea muy superior a la precedente. Por lo tanto, permite una gran mejoría en cuanto a la ampliación de la conciencia y calidad del comportamiento humano.

El hombre común nace, y normalmente desarrolla las facultades del 1º nivel u orden, que para desenvolverse en la vida normal, son suficientes. Pero en la medida que su crecimiento interno se va dando, va emergiendo el 2º, y más adelante, el 3º orden, conteniendo las mismas propiedades básicas (material, sensible e inteligente), que la primera estructura pero llevadas a otra realidad, puesto que en cada nueva conformación se aumenta la capacidad y la calidad sensible e inteligente, mientras que el aspecto material se sutiliza. Esto permite un mayor radio de acción, puesto que hay una visión más amplia e inteligente de la vida, una capacidad de hacer y un aumento de la libertad individual.

Dentro de cada uno de los tres cuerpos, las tres facultades: física, sensible e inteligente, trabajan unidas, no siendo más importante una que la otra, y todas igualmente necesarias en su especialidad, con lo que se conforma un todo.

El nivel del 1º cuerpo, aporta su cualidad material para que las otras dos facultades –sensible e inteligente- puedan manifestarse, pero, por otro lado, este aspecto sustancial se sutiliza en la medida en que se va aproximando al 2º y posteriormente al 3º cuerpo, considerándose la sustancia de éste último inmaterial en relación a la densidad física del primer cuerpo.

El tercer cuerpo o Espíritu, proporciona su facultad inteligente a los otros dos, y en este caso la inteligencia irá limitándose en la medida que se acerca al primero, ya que en este nivel la estructura material es más rudimentaria para la plena expresión de las facultades mentales y espirituales.

El 2º cuerpo o Alma, como parte central que es, entrega su sensibilidad a ambos lados, expresándose en su camino hacia el cuerpo físico mediante los cinco sentidos corporales, y en la sensibilidad general del cuerpo, siendo su manifestación psicológica las emociones, deseos y sentimientos procedentes de los instintos. En su versión espiritual  (3º nivel) se proyectaría como el amor sin límites, una sensibilidad con capacidad para comprender e integrar dentro de sí, los diferentes niveles de realidades que existen en la vida.

Por tanto, la propiedad de cada cuerpo, ya sea material, anímica o espiritual, está siempre presente en todos los otros dos cuerpos. Lo que ocurre, por ejemplo, es que la persona con una conciencia desarrollada solamente del primer nivel  captará la realidad del 3º cuerpo de una forma burda y limitada. Es decir, en vez de una visión universal y una Razón pura y objetiva de la realidad, su capacidad inteligente y racional para interpretar la vida y los acontecimientos, como también, la lectura que pueda hacer de sí mismo y de los demás, será muy pobre, poco objetiva y condicionada por múltiples influencias educacionales y vivenciales recibidas a partir de la infancia y de su entorno.

La actividad mental y emocional es vista bajo la perspectiva de la neurofisiología como reacciones químicas y eléctricas del cerebro que proyecta su red de influencia al resto del organismo. Pero mientras que es evidente que podemos tocar un músculo o un órgano, e incluso mirar una célula con el microscopio, está claro que no podemos tocar un pensamiento o ver un sentimiento. Es obvio que es algo intangible con respecto a la materialidad del cuerpo físico, y  evidencia que el cerebro es tan sólo un instrumento para la expresión de esas cualidades por medio de procesos químicos y eléctricos altamente complejos, pero las raíces pertenecen a otro espacio, se encuentran en otra realidad dimensional.

Situándonos en el 1º cuerpo, la comunicación entre sí de sus tres facultades es compleja y variada, pero, se puede afirmar, que mediante los cinco sentidos físicos se perciben los estímulos procedentes del exterior. Estos estímulos llegan al cerebro y allí son confrontados con la información ya existente, y en base a esos datos la contestación se dará de una forma u otra, utilizándose los medios normales de expresión como es el corporal, emocional y mental en sus diferentes combinaciones.

Sin embargo, ya se trate de una respuesta u otra, todas están condicionadas a la memoria registrada por experiencias anteriores. Tenemos archivado una gran lista de valores de lo que es bueno o es malo, agradable o desagradable, verdadero o falso, que harán que nuestra mente se vea influenciada constantemente por esas demarcaciones, con lo cual el plano emocional reacciona con el sentimiento de rechazo o bien de aceptación o identificación ante una situación determinada

La inmensa mayoría de las veces, por no decir todas, -ya que estamos hablando de la persona correspondiente al 1º nivel que aún no ha despertado a una nueva conciencia, por lo que los procesos psicológicos se producen de manera automática-, este tipo de persona generalmente no necesita reflexionar sobre determinada situación que en cualquier momento pueda llegar a vivir, con la intención de ubicarla en una determinada escala de valores, puesto que esto se produce automáticamente, al margen de la conciencia activa. El hecho de contemplar algo que nos afecta, de ver a alguien que no nos es indiferente, de oír cierta conversación, por ejemplo, hace saltar nuestras emociones y afloran nuestros sentimientos sin ningún tipo de movimiento mental consciente, puesto que el hecho de sentirnos bien o mal ante una determinada situación, viene ya condicionado por la información de la mente inconsciente.

Y aunque es cierto que sobre nuestras emociones y sentimientos no mandamos, ya que estos surgen espontáneamente, al margen de nuestra voluntad, también es verdad que no por ello están libres de todo un entresijo de valores educacionales y culturales, algunos tan antiguos como la misma raza humana, por lo cual, ante una situación determinada respondemos abriéndonos o cerrándonos. No podemos desligar entonces, las emociones y sentimientos de las influencias registradas en el inconsciente. E igualmente ocurre con nuestra capacidad para razonar. Cuando rechazamos o nos identificamos con algo, utilizamos cuantos argumentos sean necesarios para justificar dicha actitud, y con ello lo que hacemos es alimentar y reforzar aún más la demarcación existente, ya que la capacidad racional generalmente tampoco se ve libre de la información de la mente inconsciente. Ser totalmente objetivo es una cualidad francamente difícil.

Entonces, podemos constatar que es una situación parecida al del pez que se muerde la cola: un círculo vicioso, el cual es muy difícil romper, si lo que se pretende es salir de él y crear algo nuevo a partir de dónde uno se encuentra: una nueva conciencia, una nueva forma de sentir y de pensar que de origen a un comportamiento más amplio y libre, el cual no estará sujeto a los límites anteriores. Esto es precisamente la cualidad del 3º cuerpo espiritual que muestra una fase intermedia en el 2º cuerpo anímico.

Hemos dicho que, fisiológicamente, las tres medidas del hombre como son: su capacidad mental, sus sentimientos y su expresión corporal, están en continua interrelación, manifestándose a través de un comportamiento, pero ¿están todos esos centros funcionando psicológicamente de una manera coherente, o existen conflictos entre ellos? No hay conflicto cuando una persona cree que algo es correcto; lo siente así, y su comportamiento está en consonancia con ello. En este caso se puede hablar de un individuo integro. Pero si una persona razona de una forma, y siente de otra, el resultado es una división interna, no pudiendo entonces, haber integridad ni coherencia en sus actos.

Gurdjieff expone un modelo muy cómico por lo gráfico que resulta. Es el siguiente ejemplo: hay dos sillas juntas, pero compartidas por tres personas. Las dos de las esquinas están cómodamente sentadas cada una en la suya, pero el que está sentado en medio, comparte las dos, así que, al no estar ni en un lado ni en el otro, su situación como se verá, es bastante incómoda. Analizaremos esta situación que nos habla de tres fases evolutivas del individuo.

La primera persona que está cómodamente sentada en la primera silla, posee lo que se llama la felicidad del tonto. Es un tipo de ser humano que no sufre conflictos ni crisis que lo saquen de un cierto equilibrio interno, puesto que no se plantea ni se cuestiona nada por lo que puede perder la estabilidad en la que se encuentra. En el caso de ser un hombre religioso, creerá y sentirá firmemente lo que le ha inculcado su religión e intentará actuar en consonancia con ello. Si existe alguna contradicción entre sus creencias y su conducta, cosa que ocurre con bastante frecuencia, no se lo planteará seriamente, o lo justificará de mil formas según su agudeza mental, para salvaguardar su tranquilidad interna. En la mayoría de los casos, esas contradicciones pasan desapercibidas, puesto que existe en el subconsciente del hombre unos mecanismos de defensa psicológica que impiden que éste pueda ver objetivamente su realidad formada de incontables incongruencias y contradicciones. Entonces, la persona sentada en la primera silla, es relativamente feliz en su miopía mental, no indicando con esto, que no sufra por las causas externas y físicas por las que sufren el resto de los mortales, como puede ser una enfermedad o la pérdida de un ser querido, pero básicamente no existe conflicto por la división de su personalidad sintiéndose este tipo de persona sólida y segura en su fortaleza interna.

Tenemos ahora a una segunda persona sentada en la otra silla. Después de un largo y laborioso proceso de trabajo interno en el cual ha tenido que quemar y sanear toda una serie de condicionamientos que le impedían vivir con coherencia y libertad, se ha integrado en sí mismo, vive sin conflictos, y su felicidad a diferencia del otro sujeto, es consciente, ganada a pulso.

Llegamos por último, a la tercera persona: ésta no posee silla propia, sino que la tiene que compartir con las otras dos. Al tener que estar sentado entre medio de las dos sillas, sufre por ello, de una situación físicamente incómoda. En otro nivel de interpretación, éste tipo de individuo ha despertado su conciencia lo suficiente para darse cuenta de su nada agradable realidad. Los mecanismos de defensa se le van desmoronando sintiéndose vulnerable, pues van dejando al descubierto un montón de contradicciones, incoherencias, miedos, inseguridad, limitaciones y condicionamientos. Es una etapa de grandes crisis existenciales. “¿Quién soy yo?” y “¿Cuál es el sentido de la vida?” pueden ser las preguntas sin respuestas en esta primera etapa del proceso. Los valores que antes le motivaban y siguen motivando a las personas de la primera silla, ya no ejercen sobre este individuo la suficiente fuerza como para tenerle hipnotizado el resto de su vida, pues en cierta manera ha perdido la inocencia de los que viven “ilusionados”. Se da cuenta de que aunque quiera, ya no pueda volver atrás, ser como antes, se ha puesto en camino hacia el “país de irás y no volverás”, y aún queda mucha andadura para alcanzar plenamente la segunda silla. Todo un trabajo por hacer, lo sabe, y es lo que le mantiene con ánimo para poder afrontar todas las situaciones que va a vivir internamente.

Pero es por medio de la fricción entre esa división de planos internos que conduce a la crisis, por lo que el hombre va encontrando salida a la situación en la que antes estaba. Ya hemos visto que es por medio del desequilibrio y del caos de las estructuras, como se puede entrar a un nuevo y mejor orden. Cuando el individuo empieza a conocer su realidad interna, entra en un proceso profundo y doloroso de desestructuración, pero a la vez compensado por el estímulo del surgimiento de una nueva conciencia. Ésta se irá conformando con una sustancia mucho más sutil que la habida anteriormente. Irá estructurándose el segundo cuerpo, y como consecuencia, un cierto orden y coherencia entre la dualidad mente/corazón, integrándose, como hemos dicho en un cuerpo de diferente magnitud y con características propias que van más allá de los límites anteriores.

En cuanto al radio de acción de cada cuerpo que nace, se amplía en relación al anterior. Por ejemplo, la personalidad del primer nivel vive motivada por estímulos de muy corto alcance, aunque ejerza algún tipo de poder en la sociedad; es decir, vive para sus propios intereses. Se mueve por emociones y deseos procedentes de los instintos, ante lo cual, su actividad en la vida irá encaminada solamente a satisfacerlos. Si posee valores morales, son los marcados por la sociedad en la que vive, actuando en este caso por el estímulo premio/castigo. Intelectualmente puede estar lleno de todo tipo de información cultural, pero teniendo como tiene, una mente y una conciencia limitada, sus facultades racionales se moverán únicamente bajo el contexto condicionado verdadero/falso, bueno/malo, de su propia cultura, distando mucho de poseer una mente amplia y un razonamiento objetivo, tampoco se tiene la capacidad para crear modelos de pensamientos que se salgan de esa dualidad fraccionada de conceptos adquiridos en su propio medio.

El segundo cuerpo abarca al primero, trascendiéndolo en otra dimensión más rica, siendo su radio de acción menos limitado ya que la personalidad de este nivel aparte de cubrir sus necesidades instintivas se encamina hacia valores más universales de cooperación y fraternidad. Su sensibilidad ante la vida está más en consonancia con una ética interna que con valores de poder y competitividad, no hallándose tan sujeto a los condicionamientos sociales, aunque los respeta. La mente va adquiriendo un desarrollo intuitivo y creativo propio, que se aparta cada vez más de la dualidad fraccionada y conceptual a la que se halla sometida la personalidad que sólo posee un primer cuerpo.

El tercer cuerpo trasciende al segundo, complementando y perfeccionando el trabajo que se inició en el nivel anterior. En este nuevo orden no hay una coloración moral de lo bueno y de lo malo, las cosas son vistas “tal como son”, puesto que se produce una visión amplia y directa de la realidad. La mente adquiere cualidades integradoras y holísticas. La personalidad que compone este tercer cuerpo, actúa desde un nivel más impersonal; se diría que su sensibilidad abarca un radio de acción tan enorme que nada en la vida le es ajeno.

La ordenación de las diferentes facultades del ser humano está reflejada en el pensamiento griego (Anaxágoras y Aristóteles), bajo el nombre de Soma, Psiché y Nous. A su vez, la tradición cristiana recoge esta misma estructura llamándola Cuerpo, Alma y Espíritu.

Estas denominaciones son las claves estructurales que vamos a manejar durante todo el proceso del crecimiento interno visto a través de loa Arcanos Mayores, por lo que aconsejo tenerlas bien claras. Esta es una ordenación que encaja perfectamente con el modelo creativo que ya hemos estudiado, por lo que procedemos a su aplicación.

Distinguimos entonces, la dualidad fundamental que contiene todo modelo creativo. En la realidad humana el arquetipo universal de lo femenino en cuanto al mundo sensible, los sentimientos y deseos le corresponden al Alma o Psiché  (Psiquis), siendo el Espíritu o Nous el modelo universal masculino de la mente en cuanto a inteligencia, lógica y discernimiento. Esta dualidad, como ya sabemos, se interrelaciona constantemente en un punto (nº3), generando consciencia, vida y un asentamiento u orden estructural de la misma conciencia en el punto 4, en la manifestación de un cuerpo o Soma. Todo esto engranaje existencial con sus atributos masculinos y femeninos, lo iremos viendo detenidamente ya que es la base de este trabajo.

El nuevo factor de la consciencia en el punto 3 reviste al panorama universal de un carácter mucho más vivo, real, lógico y explicativo. La función universal está ahora completa, puesto que si la conciencia es un fenómeno palpablemente manifiesto en el ser humano, tiene que tener forzosamente sus raíces en un plano potencial. Lo vemos claramente según el Modelo Creativo.

El siguiente esquema recoge la idea básica de la creación universal desde una perspectiva de valores metafísicos que, de momento la ciencia no los contempla, pero que al introducirlos, no cabe duda que estos valores le dan un sentido mucho más inteligible y coherente a la creación, totalizando y englobando los diferentes niveles de la realidad que existen en la manifestación del universo que conocemos.

Punto nº1. En este estado implícito tiene su existencia la Conciencia Una  que es atemporal y adimensional. Universo replegado.

Punto nº2:  La conciencia se manifiesta desplegándose en dos elementos básicos que son opuestos y complementarios: Un principio masculino inteligente que hace de función activadora y directora del otro principio femenino sensible y sustancial.

Punto nº3: Gracias a la interacción de la dualidad (información y sustancialidad), la conciencia pasa de su estado potencial o replegado a una creciente actualización, emergiendo en pulsiones de vida. Esto hace que en el universo se vayan generando formas cada vez más elaboradas y éstas a su vez, van creando diferentes estructuras o espacios, todo bajo las pautas inteligentes que subyacen detrás de todo proceso material. La conciencia se manifiesta más plenamente en la medida en que las estructuras materiales se van enriqueciendo hasta llegar al plano humano en donde la autoconciencia es un hecho evidente.

Punto nº4: Es este el plano de la manifestación estratificada, la dinámica creativa del punto anterior se va sedimentando bajo cristalizaciones quedando una memoria de todo un proceso inteligente registrada en la información que presenta las mismas estructuras. Quizá la mejor manera  de comprender estos patrones universales es a través del juego de estas tres palabras: informe, formativo y forma.

La palabra informe que correspondería al aspecto masculino, encierra en sí dos significados, uno: mensaje, comunicación, y el otro: lo que no tiene una forma específica. Pero si nos fijamos bien, el informe en sí, o sea, como información, es imposible plasmarlo como no sea a través de una determinada forma. Se requiere, pues, de un modelo femenino, sustancial y formativo por el cual el informe pueda llegar a realizarse. Diríamos que la forma es la expresión del informe. Son aspectos inseparables.

Por ejemplo, para comunicar nuestras ideas tenemos que recurrir, o bien al lenguaje verbal, escrito, artístico, o a los gestos corporales. Son todas ellas formas de expresión de los contenidos de la mente, aunque tanto los caracteres de la escritura como los sonidos de la palabra, por sí mismo no nos dan información como no vayan ordenados de una forma determinada. Esto es lo que le da un sentido inteligible. Ocurre lo mismo con la información genética. La base sustancial en la que se asienta es muy simple, contiene cuatro moléculas base: A,T,C,G, la letra inicial del nombre de cada molécula. La ordenación en secuencias triples de estos caracteres, dan un abanico de inmensas posibilidades en la estructura de la información del ADN, y, es lo que distingue que un ser vivo sea diferente a otro, es lo que nos hace singulares en la casi infinita variedad de sistemas vivos en el universo.

Así, que es el informe lo que subyace tras la forma ya aparezca ésta como estructuras de ADN o como estructuras químicas. En la analogía entre el lenguaje de la escrituras y el lenguaje de la creación universal, veríamos éste último representado por todas estas múltiples y variadas formas en que la materia se organiza. Y gracias a que ésta se va ordenando y organizando a partir de un principio inteligente, es por lo que podemos ir decodificando en los diferentes estratos o reinos de la naturaleza un sentido inteligible. Es la sabiduría de la inteligencia universal que se expresa a través de ella.         

Ahora bien, tenemos que el arquetipo de lo femenino implica también sensibilidad. Tendríamos que contar pues con un modelo sustancial y sensibles, la sustancia madre y primordial cantada y alabada en las tradiciones espirituales. Un campo sustancial y sensible que dependiendo de las formas que adopten las creaciones que surgen de su seno, éstas mostrarán un lenguaje de un sinfín de significados y de sensaciones. Siguiendo con la analogía de las escrituras, las letras del alfabeto por sí mismas no comunican nada, pero tienen el potencial para comunicarlo todo, según se ordenen. Si escogemos cuatro letras y las ordenamos de esta forma: AMOR, su significado es muy diferente a cuando ordenamos otras cuatro de esta manera: ODIO. Asimismo, con las diferentes ordenaciones de secuencias de las notas musicales podemos componer una melodía que nos transporte a un estado sublime, o bien, hacer un sonido chirriante y ensordecedor, que nos altere el sistema nervioso.

Es, entonces, el aspecto sustancial, un campo potencial, atemporal, sensible y total en sus infinitas posibilidades de combinaciones de formas, movimientos, olores, sonidos, sabores y texturas que adoptan las creaciones universales, por lo que ante su lenguaje, nos podemos sobrecoger con el trueno desgarrador de una tormenta, o nos embelesamos con el colorido y perfume de las flores.

Vemos, por consiguiente, cómo la Conciencia mantiene un movimiento de continua expansión en el universo. Cuando se manifiesta a través de la dimensión humana, el individuo recorre un camino que va desde el yo inferior y limitado del primer cuerpo a un yo superior y universal del tercero. El símil perfecto que podemos escoger para interpretar la graduación de la conciencia lo tenemos en la banda del espectro electromagnético. Aunque ésta es continua o cuántica –depende de cómo se mire-, los científicos han llegado a un acuerdo para un mejor entendimiento, demarcándola en zonas según la longitud de onda sea mayor o menor y denominándolas conforme a las características que de ellas se derivan como son: la luz visible, rayos infrarrojos, ondas de radio etc.

La versión tradicional del proceso evolutivo de la Conciencia en su aspecto femenino o Alma abunda en los mitos y religiones, utilizándose una gran riqueza de símbolos y alegorías para describir esos estados internos. Por ejemplo, Psiché o Psiquis en la mitología griega era representada como una hermosa princesa, siendo tan bella  que  hasta  el  mismo Amor –Cupido- se enamoró de ella. Pero Psiquis tuvo que afrontar duras pruebas cargadas de sufrimientos antes de poder unirse con su Amor en el Olimpo, allí bebió el néctar de los dioses y se volvió inmortal.

El Alma, en su versión cristiana la vemos representada en la figura de María, que es el arquetipo por excelencia de lo femenino. Nace como ser mortal, pero también alcanzará la inmortalidad ascendiendo en cuerpo y alma al cielo.

Estas dos demostraciones del modelo femenino, guardan una enseñanza: se dice que mediante su purificación, el Alma se salva yendo al cielo, evitando así la condenación en el infierno ¿Qué se pretende indicar realmente con estas expresiones religiosas?

Bueno, en principio tenemos que repasar las características de lo femenino y compararlas con lo masculino –viene en la primera parte del trabajo-, donde nos encontramos que la cualidad masculina es la de descubrir  y conquista; es decir, posee el impulso de conocer otros espacios; contiene el empuje conquistador de descubrir nuevos horizontes. De hecho, en el lenguaje popular para designar a una persona echada para adelante, se le dice que tiene un “espíritu inquieto y luchador”, o al inconformista, que tiene un “espíritu rebelde”, pero nunca adjudicaríamos esas cualidades al Alma, suena incluso chocante decir “Alma conquistadora”. La cualidad femenina muestra, entonces, todo lo contrario: su tendencia natural es echar raíces, a mantenerse en su sitio y conservar lo que ya posee. Es una fuerza centralizadora. Si por otra parte, en el lado de lo femenino, también nos encontramos con el gran abanico de la sensibilidad, las emociones y los sentimientos, está claro que nuestra parte anímica es la que se aferra a las situaciones, a las cosas, a las personas, creando lazos y enganches difíciles de disolver. Todo rompimiento indica sufrimiento, sólo por el dolor que conlleva arrancar algo que está arraigado internamente, aparte de la inseguridad y miedo que produce lo desconocido, cualquier cambio a una nueva situación.

Siendo, entonces, el Alma como es, el cuerpo central y puente entre los otros dos cuerpos, no produce el mismo resultado cuando se proyecta en el primer nivel, a cuando lo hace en el tercero. Los apegos y limitaciones del primero son notorios. La conciencia y la estructura de la personalidad que surge en ese plano, más que sentir amor, lo que vive son pasiones ciegas, egóicas y posesivas, pudiendo degenerar en un psiquismo enfermizo y autodestructivo por la misma fuerza de la pasión cuando se encuentra restringida y confinada en moldes estrechos. Por ello, el alma en términos religiosos, debe llevar a cabo un proceso de purificación de sus pasiones, aunque dicho de otra forma, lo que debe es ampliar su campo de proyección, para poder liberarse. Es un proceso de transformación, un recorrido hacia su  liberación en el tercer nivel. Al integrarse en la dimensión del espíritu, éste la libera ya que  le aporta una visión inteligente y universal sacándola de los estrechos límites que como una cárcel la tenía encadenada –condenada-. Por tanto, la nueva conciencia que surge de esta unión, y la personalidad estructural que la encarna, vive con un amor lúcido, libre, y sin las barreras restringidas del espacio y del tiempo. Sobre este tema se volverá a insistir y se investigará más detenidamente.

Vamos a ver cómo el movimiento de la conciencia va creando nuevos espacios o magnitudes a través de una analogía geométrica.

 

Tomemos el punto como la no dimensión (A). El punto, si se desplaza en una única trayectoria, crea un movimiento lineal, que no es otra cosa sino la sucesión de puntos en una misma dirección (B). Tenemos ya la línea como primera medida. Si ésta se vuelve a desplazar en otra dirección, crea un nuevo espacio: el plano o dos dimensiones (C). Por último, el plano en su trayectoria forma el cubo o tres dimensiones. (D).

El hombre físicamente está terminado, posee tres dimensiones, pero a nivel mental se podría decir que en la mayoría de los casos, trabaja con dos dimensiones: es una mente plana. Le falta perspectiva y profundidad. El movimiento de la conciencia y la creación de nuevos espacios, generalmente es producto de un trabajo interno constante y duradero, pero a veces, ocurre cambios repentinos, como puede ser una experiencia traumática. Entonces, cabe la posibilidad de que la persona empiece a ver la vida desde otra perspectiva; esto es señal de una transformación de la conciencia que está creciendo en una nueva magnitud.

Se ha hecho referencia a las  tres  dimensiones  espaciales  que  conocemos -altura, anchura y profundidad-. En Física se dice que el tiempo es la cuarta dimensión, evidentemente ésta no es una medida de volumen, ni determina la situación estática de un objeto en el espacio, medidas que son tomadas por las tres primeras dimensiones por medio de unas coordenadas, sino que el tiempo marca el momento determinado de cualquier objeto moviéndose en el espacio. Por consiguiente, esta medida es común y aplicable a las otras tres dimensiones. Las formas geométricas antes expuestas se van conformando desplazándose en el espacio, o mejor dicho, creando nuevos espacios en su movimiento, y, naturalmente ese proceso es mensurable en tiempo. Se puede afirmar, entonces, que el tiempo implica movimiento, aunque hay que distinguir dentro del mismo movimiento/tiempo, el sentido que éste toma; o bien para construir formas espaciales, o bien para destruirlas.

Estamos hablando del tiempo en términos muy amplios, no solamente del tiempo concreto que conocemos y que medimos por el reloj, sino de la realidad esencial del tiempo que lo tenemos que contemplar como puntos de referencias móviles en el espacio, y que al igual que las otras tres medidas, fueron surgiendo desde los primeros indicios de la manifestación universal.

Según palabras de Aristóteles, el movimiento es el cambio de la potencia, al acto. Y según el modelo creativo, es el paso del nº1 al nº3. Este paso o movimiento es medido en tiempo, lo cual esto no indica que lo que se encuentra en estado potencial, no exista por sí mismo en otro espacio y en otro tiempo anterior a su manifestación. Por ejemplo, la semilla con respecto a la planta. La semilla es el estado potencial de la planta. Se siembra, germina, y nace una planta creando con ello un nuevo espacio, siendo todo ese proceso mensurable en tiempo. Pero ello no indica que la semilla en su estado potencial no exista por sí misma en otro espacio y en otro tiempo anteriormente a su siembra. Puede estar guardada en una bolsa en el interior de un mueble, y el tiempo que cuenta no es el de su germinación. Se puede afirmar que la semilla es atemporal, vive en un tiempo cero en relación al proceso germinativo, sin embargo, vive en la temporalidad de su caducidad

Entonces, es fácilmente deducible y comprensible la relatividad del espacio/tiempo, ya que en este gran proceso universal y en sus respectivas dimensiones como pueden ser la atómica, galáctica o humana, se producen numerosos puntos de referencias, de manifestaciones espaciales con sus consiguientes medidas particulares en tiempo, ya que no es lo mismo la vida de una estrella que la de un insecto.

Finalmente vamos a hacer un trasvase de estas cuatro dimensiones con los cuatro elementos de las enseñanzas tradicionales. Pero antes quisiera dejar claro una interpretación errónea que se da frecuentemente en los textos de química, cuando se hace referencia a los cuatro elementos de la antigüedad, confundiéndolos con elementos químicos.

Los antiguos sabios observaron que la naturaleza estaba compuesta de cuatro elementos: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Con esto quisieron decir que, en la naturaleza, la materia se presenta bajo cuatro formas o estados. El estado sólido o Tierra, el estado líquido o Agua, el estado gaseoso o Aire, y la cualidad energética, calorífica y transformadora del elemento Fuego. Esto se ha interpretado erróneamente como que los antiguos creían que solamente existían cuatro elementos químicos en la composición de la materia, cuando en realidad, y según la Tabla Periódica de los Elementos, hay, hasta ahora, 106. Es evidente la confusión  habida en cuanto a la interpretación de la palabra “elemento”. Los antiguos la emplearon para designar las formas elementales en las que se manifestaba la naturaleza y los químicos para cuantificar los componentes de la materia, como son el Hidrógeno, Oxígeno, Carbono, etc.

Una vez clarificada esta cuestión, vemos que los tres primeros elementos: Tierra, Agua y Aire, guardan una cierta relación con las tres dimensiones espaciales, y asimismo, el cuarto elemento, Fuego, es el transformador de los otros tres estados; lo sólido pasa a líquido, y éste a su vez, a gaseoso cuando se le aplica energía calorífica.

Si nos detenemos a observar, veremos una equivalencia entre la cuarta dimensión del Tiempo y el cuarto elemento del Fuego ya que existen puntos muy similares y curiosos entre ellos. El tiempo es aplicable a las tres medidas espaciales, pues como acabamos de ver en el dibujo de la geometría del cubo, éste se va construyendo por el movimiento de una serie de puntos en el espacio, y ya sabemos que  todo movimiento implica tiempo. Asimismo, por medio de la energía calorífica aplicada a los tres estados de la materia, dichos estados se dinamizan y se van transformando adquiriendo, con ello, otras propiedades.

El punto común entre el elemento Fuego y el Tiempo es el movimiento transformador que ambos conllevan con respecto a los otros tres estados y dimensiones de la materia.

En el terreno esotérico, los cuatro elementos son aplicados a la estructura humana para definir sus facultades. Tenemos entonces, el elemento Tierra y su asociación con el plano más denso o cuerpo físico. El Agua, con la cualidad sensible y emocional; el Aire, con el mundo de las ideas, el intelecto y su comunicación, siendo el Fuego, la expresión de la fuerza y la capacidad vital que el individuo posee en cada una de esas dimensiones, más su propia capacidad de transformación. Se le atribuye también al Fuego la facultad volitiva del individuo como factor determinante para la acción. Observamos entonces, que el Fuego interno del hombre, no representa una estructura física  o psíquica, sino su potencial energético en función de las otras estructuras. Es la “fuerza vital” que todo lo dinamiza. Es el punto nº3 del Círculo de la Creatividad dentro del diagrama de Los Ciclos Evolutivos. En cuanto al terreno espiritual, el Fuego es el elemento transformador; en su versión destructiva actúa purificando, o sea, disipando las estructuras que se han vuelto rígidas y caducas, pero generando, en su aspecto constructivo, nuevas formas más sutiles en una dinámica creciente y enriquecedora, como veremos que apuntan los arquetipos de los Arcanos Mayores.

                     TIERRA  =  Aspecto material, cuerpo físico.

                     AGUA     =  Plano sensible, emociones, sentimientos, deseos.

                     AIRE       =  Intelecto, ideas, comunicación, inteligencia.

                     FUEGO   =  Acción, fuerza, dinamismo, transformación

 

 

 

 

 

 

 

Las reglas del juego

En el diagrama nº3, nos encontramos, finalmente, con el modelo de Los Ciclos Evolutivos y los Arcanos Mayores incorporados a dicha estructura. Pero antes que nada, es necesario hacer una aclaración.

Podemos comprobar que el orden en la numeración de los diferentes puntos del círculo, sufre una pequeña variación en relación al orden que ya hemos visto en los anteriores diagramas. El problema radica en que los Arcanos Mayores viene ya provistos de su propia numeración, con lo que al tenerlos que adaptar al Modelo de Los Ciclos Evolutivos y no existir dos arcanos igualmente con un nº2, que marquen la dualidad a los dos lados del círculo, se ha solucionado la cuestión de la siguiente manera:

Es el nº1 el que va a protagonizar una doble representación. La explicación de esto la tenemos en que en algunos textos de Numerología definen al nº1 con un concepto de unidad en donde está todo integrado, pero por otro lado, le adjudican cualidades masculinas energéticas y activadoras, en oposición a referencias femeninas con lo cual, ya no está en la situación de unidad indiferenciada sino representando una cualidad masculina, y por tanto, es un elemento fraccionado de la unidad. Esto es lo que vamos a hacer con el nº1: darle dos interpretaciones pero sabiéndolo distinguir en sus dos diferentes posiciones, y señalado de diferente forma.

a)  nº1 - como principio de unidad, totalidad y potencialidad, al inicio del círculo.
b)  nº1’ - (uno prima) como representación fraccionada de la unidad en su versión masculina. Por consiguiente, se sitúa el 1’ a la derecha del círculo y oponiéndose al Arcano II que hace de modelo puramente femenino.         

Esta modificación se repite naturalmente, con los números 4 y 7, que son los equivalentes al nº1 en los dos círculos siguientes. El resto de los números permanecen en su misma posición.

Contamos pues, con dos ciclos completos y un tercio de ciclo correspondiente a las estructuras del 1º, 2º y 3º cuerpo, o dicho de otra forma, a tres niveles de manifestación de la conciencia personal. Con esto no se quiere indicar que el desarrollo de la conciencia finaliza en el arcano 22 con el nacimiento del 3º cuerpo, sino, que simplemente, no existen más arcanos para acoplarlos al modelo de Los Ciclos Evolutivos. No obstante, los 22 Arcanos Mayores que vamos a analizar, son como un segmento de una línea a la cual no le vemos final, pero por otro lado, es suficiente para obtener una visión de las leyes naturales que rigen los procesos internos de la evolución.

El análisis de los arcanos se va a llevar a cabo de manera correlativa, siguiendo su orden numérico, por lo que iremos haciendo un seguimiento vivencial del ser humano, un proceso de Causa/Efecto progresivo en cuanto al desarrollo de la conciencia. Pero simultáneamente a este orden, el estudio de los arcanos también se efectuará de forma paralela, puesto que los arcanos que se encuentran en diferentes ciclos, pero en la misma posición y numeración (Por ejemplo: El Hierofante, arcano 5, con la Templanza, arcano 14 = 5), mantienen una relación de correspondencia entre ellos. Se conoce como una relación de resonancia o fenómeno de sincronicidad.

Hay que distinguir en este estudio que emprenderemos de los Arcanos Mayores, dos formas de aprendizaje que son diferentes y complementarios, correspondiendo a cada una de las especializaciones de nuestros hemisferios cerebrales.

1ª  Un análisis paso a paso siguiendo el orden numérico de los Arcanos Mayores que es una forma de pensamiento secuencial, según la especialización masculina de nuestro Hemisferio Izquierdo

2ª    Una visión de perspectiva, por lo que establece una conexión paralela entre arcanos situados en diferentes ciclos. Desde sus respectivos niveles los arcanos se influyen mutuamente como por efecto de resonancia, y es así como podemos estudiar el juego entre dos o tres dimensiones del ser dentro del mismo individuo. Es una visión que requiere el ejercicio del Hemisferio Derecho, de características femeninas.

En los procesos internos que estamos analizando, este fenómeno de resonancia entre arcanos situados en distintos ciclos, tiene una explicación muy sencilla. Veamos: las diferentes facultades que posee el ser humano forman cada una de ellas una unidad o centro que se manifiesta en diferentes niveles de evolución. Por ejemplo, si una persona ha desarrollado la sensibilidad del 2º nivel, esto no indica que la sensibilidad del 1º nivel desaparezca, sino que queda integrada en el 2º sufriendo una cierta transformación. Así pues, las vivencias de un determinado ciclo afecta simultáneamente al otro ciclo, porque el centro sensible, lo que es el Alma del ser humano es una unidad, la cual se proyecta en diferentes campos frecuenciales.

                         Arcanos en donde se forma una estructura   - El Cuerpo Físico, en El Emperador, nº4
                                                                                           -  El Alma, en La Muerte, nº13 = 4
                                                                                           -  El Espíritu, en El Loco, nº22 = 4               

                        Arcanos que culminan un periodo estable     -  El Carro, nº7
                        e inician una etapa desestructuradora            -  La Torre, nº16 = 7

                        Arcanos que finalizan un ciclo y hacen de    -   El Mago, nº1
                       comienzo de otro nuevo ciclo.                      -   La Rueda de la Fortuna, nº10 = 1
                                                                                          -   El Sol, nº19 = 1        

Arcanos dinámicos, son puntos en              -   La Emperatriz, nº3
donde interaccionan los modelos                 -   Los Amantes, nº6
masculinos/femeninos de los arcanos           -  El Ermitaño, nº9
                                                                   -  El Colgado, nº12 = 3
                                                                   -  El Diablo, nº15 = 6  
                                                                   -  La Luna, nº18 = 9
                                                                   -  El Mundo, nº21 = 3

Arcanos representantes del modelo               -  La Sacerdotisa, nº2
Femenino.                                                    -  El Hierofante, nº5
                                                                    -  La Justicia nº8 
                                                                    -  La Fuerza, nº11 = 2 
                                                                    -  La Templanza nº14 = 5
                                                                     -  La Estrella nº17 = 8 
                                                                     -  El Juicio, nº20 = 2                                   

Arcanos representantes del modelo                 -  El Mago nº`1’
Masculino.                                                     -  El Emperador, nº4’
                                                                     -  El Carro, nº7’
                                                                     -  La Rueda de la Fortuna, nº10
                                                                     -  La Muerte, nº13 = 4’
                                                                     -  La Torre, nº16 = 7’
                                                                     -  El Sol, nº19 = 1’                                                                                                                                                             

¿Cómo se relacionan los arcanos situados en diferentes ciclos? En el diagrama nº3, hay flechas que se dirigen de un ciclo a otro ciclo. Ahora puntualizaremos el funcionamiento puramente energético y organizativo  de estas relaciones.  Las consecuencias psíquicas y la amplitud de conciencia que este proceso conlleva, se irá exponiendo en cada arcano.

Nos remitiremos a las Leyes del Movimiento y de La Termodinámica que tocamos anteriormente, siendo el resumen el siguiente: Para cambiar el estado de un sistema, se requiere de un aporte adicional de energía, y una vez que el sistema se ha organizado, ha pagado un precio energético emitiéndolo hacia el exterior del mismo.

Conforme a las enseñanzas metafísicas de Gurdjieff, en el desarrollo de una octava, ésta sufre en dos ocasiones de déficit energético que la impiden continuar con su desenvolvimiento normal. Estos dos puntos de la octava faltos de energía, acoplada a la escala natural de Do Mayor coinciden con los dos medios tonos –en vez de un tono completo- que existen entre las notas Mi-Fa y Si-Do. Ante lo cual, estas bajadas energéticas que son llamadas intervalos, deben ser activadas desde el exterior mediante un aporte energético procedente de otra octava paralela, pero influyente en ella. La nueva octava que salva el déficit energético de su compañera, lo hace emitiendo un aporte energético adicional desde su propio punto de partida que corresponde a la nota Do o Fuerza de Empuje. Lo vemos ordenado junto con los Arcanos Mayores en el esquema nº 4.  El intervalo viene marcado por un guión.

En nuestro modelo de Los Ciclos Evolutivos, el lugar de dónde proviene la fuerza que permite que el 1º ciclo siga su desarrollo es del punto potencial del Alma o La Rueda de la Fortuna, que se correspondería con la nota Do del comienzo de toda octava, y de la que según Gurdjieff, parte el refuerzo adicional. (Ver diagrama nº3)

Según el diagrama, vemos que parte una flecha del arcano X al arcano de La Emperatriz o arcano III. Según lo que ya hemos estudiado anteriormente, el punto de destino de la emisión energética de refuerzo, debe de ir al  punto dinámico del nº3 aportando al encuentro de la dualidad masculino/femenina de El Mago’/La Sacerdotisa, la fuerza adicional que se requiere para la formación de la estructura del arcano de El Emperador, o arcano IV.

Entonces, y en el punto 4, asistimos al nacimiento en este primer círculo, del primer cuerpo u hombre físico en nuestra dimensión espacio/tiempo, y volvemos a repetir, este nacimiento o conformación física de una estructura, se produce siempre por el resultado de la interacción de dos fuerzas: en este caso, sería, una vía masculina de información (genética paterna), en la figura de El Mago’, y otra femenina (genética materna) representada por La Sacerdotisa. Ambas informaciones proceden del mismo círculo o dimensión física, que interaccionan en el arcano III de La Emperatriz. Pero a ese mismo punto dinámico 3, le llega una información o energía adicional proveniente del núcleo del Alma. Se recibe del punto potencial 1, situado en el 2º ciclo del Alma o La Rueda de la Fortuna, que corresponde a otro nivel de realidad.

Una vez que el hombre nace, tiene que desarrollarse y autoafirmarse como ser humano, esto ya corresponde al siguiente círculo o subciclo. Una vez alcanzado un nivel de estabilidad y de madurez en el punto culminante de El Carro, o arcano VII, inicia el siguiente y 3º círculo hacia su autotrascendencia.

Hay que aclarar, que los arcanos que se encuentran en los laterales de cada círculo, cumplen su función masculino/femenina. Es decir, los arcanos de la parte izquierda de cada círculo, van a representar las cualidades sensibles y los valores femeninos internos del individuo, mientras que los arcanos situados a la derecha de los diferentes círculos, representan los aspectos mentales y también comportamientos con el medio, o lo que es igual, el comportamiento externo del individuo. Naturalmente que en la medida que la persona va avanzando a través de los diferentes círculos, tanto las cualidades sensibles y los aspectos mentales se van ampliando y adquiriendo una cualidad superior. Pero este movimiento interno se lleva a cabo al interaccionar la dualidad en cada punto dinámico (nº3,6,9) de su propio círculo, entonces, el acrecentamiento y expansión de la conciencia se va volviendo una realidad organizada, que toma cuerpo en el punto central (nº1,4,7)de cada círculo. Al mismo tiempo, veremos, como todo este proceso viene corroborado y enriquecido por los símbolos que cada arcano aporta.

Teniendo en cuenta lo que se acaba de decir, tenemos, que en el arcano IX, El Ermitaño, y gracias a la interacción de la dualidad El Carro/La Justicia se va produciendo en el individuo una determinada calidad de energía consciente o de autotrascendencia, por lo que ésta fuerza va activando el punto potencial o núcleo del Alma. En el diagrama nº3 se puede apreciar una flecha que partiendo de El Ermitaño llega hasta el arcano nº10=1 o La Rueda de la Fortuna.

Llegado a este punto, sería conveniente hacer un inciso para volver a aclarar: que el 2º ciclo corresponde al nivel del Alma, y que desde ese mismo punto potencial correspondiente a La Rueda de la Fortuna, se emitió en su momento la energía necesaria hacia el nivel físico para la conformación de una estructura humana. Por tanto,  el individuo nace con la información, madurez y condicionamientos de su propia Alma, unida a la genética familiar. Es así como podemos ver la presencia y la influencia del 2º ciclo dentro del 1º ciclo. Asimismo, podemos ver que el producto de las vivencias destiladas del individuo que llega en su proceso de crecimiento interno hasta El Ermitaño, sirven de estímulo o refuerzo adicional de energía para la apertura en un nuevo nivel de desarrollo del núcleo del Alma.

Comentamos basándonos en el esquema nº 4 que todo cuerpo, ya sea material, sensible o inteligente, está presente en los tres niveles o ciclos, pero en diferentes frecuencias de manifestación. Por tanto, la información del Alma que se manifiesta en el 1º ciclo no es de la misma frecuencia que cuando el propio individuo, por un trabajo consciente y de ampliación de la conciencia, genera la frecuencia necesaria que resuena y actualiza la información del Alma en el 2º ciclo. Podemos decir, que la cualidad del Alma del 2º ciclo, estaba replegada o inconsciente en el 1º ciclo, y que este potencial se despliega o se va volviendo consciente en la medida que la persona va avanzando en el trabajo de su desarrollo interno.

Por consiguiente, el núcleo anímico del segundo nivel se activa y de ese potencial surge a su vez, otra dualidad: La Rueda de la Fortuna’ que sería la cualidad masculina del Alma y La Fuerza en su aspecto femenino. Las propiedades de estos dos arcanos interaccionan en el arcano XII, El Colgado, que como veremos, es otro punto de gestación de un cuerpo. Se produce el mismo juego de La Emperatriz pero elevado pero en la frecuencia del nivel del Alma.

Muchos se podrán preguntar por qué La Rueda de la Fortuna como otros arcanos van a ocupar doble posición. Ya hemos explicado al principio de las Reglas del Juego, que tenemos que atenernos a la numeración que trae ya de antemano los arcanos, y acoplarlo al modelo de Los Ciclos Evolutivos. Entonces los arcanos con numeración 1,4,7, ocupa una doble posición; es decir, como unidad indiferenciada en el centro de cada círculo y como aspecto masculino y fraccionado de esa unidad a la derecha del círculo.

Esta manera de utilizar el mismo nombre para dos niveles de la realidad, lo hacemos con mucha frecuencia en la vida cotidiana. Por ejemplo, la palabra día la utilizamos indistintamente para designar un día de veinticuatro horas, como para señalar u diferenciar dentro de ese espacio de tiempo, cualidades diferentes: o sea, las horas en las que hay luz, y en las que no las hay. Por tanto, la dualidad del día/noche es la fracción masculina/femenina, de la que se compone un día como unidad o totalidad indiferenciada. Este mismo ejemplo lo podemos ver en la utilización del término hombre, para designar como unidad al género humano y en su versión fraccionada y dual como el hombre diferenciado de la mujer.

Nos encontramos de nuevo, que para hacer posible la organización o consolidación de un 2º cuerpo del Alma en el arcano XIII, se tiene que repetir la misma operación que aconteció en el ciclo anterior. Le corresponde pues, al núcleo del arcano de El Sol, (3º ciclo), la tarea de aportar la ayuda energética con la información propia de su nivel, incidiendo en el punto dinámico nº12=3 del 2º círculo, correspondiente al arcano de El Colgado.    

Ahora bien, hemos llegado y por primera vez, a un punto muy interesante, ya que en la estructuración de este 2º cuerpo del Alma, inciden fuerzas por ambos lados, o sea, del 1º y 3º  ciclo paralelos a él.

En el arcano de La Muerte sabemos que se organiza un sistema; El cuerpo del Alma, pero esto implica que hay que hacer un pago energético por ello. La fuerza que se libera durante el proceso incide sobre la estructura del 1º cuerpo, desestabilizándolo. Ni el ser humano, ni al parecer, ningún ser vivo, puede avanzar en su evolución, si no es por un proceso de autotransformación, ir más allá de sus propias formas. Entonces, es algo muy obvio, que si en un sistema, y sobre todo en un sistema tan complejo como es el ser humano, si nuevas formas nacen, es porque otras están muriendo o mejor dicho, transformándose. Este es el mensaje que nos transmite el arcano de La Muerte.

De modo, que las estructuras mentales de la personalidad que conforman el arcano de El Emperador, se desestabilizan gracias a la fuerza incidente del 2º ciclo, y más concretamente, del punto dinámico 12=3, situado en el arcano del Colgado. No se pretende decir que con La Muerte de El Emperador, las estructuras de la personalidad primaria se desmoronen sin dejar huellas, sino que éstas deben sufrir un reajuste, una transformación para ser integradas y adecuadas dentro de las nuevas y más amplias estructuras del 2º cuerpo.

Esta operación transformadora de la estructura del El Emperador, se lleva a cabo, naturalmente, en el tercer círculo del primer ciclo correspondiente a la autotrascendencia y más concretamente en el punto dinámico del arcano 9 de El Ermitaño. En el diagrama nº 3 este paso del proceso viene reflejado por la flecha que va desde El Colgado hasta El Ermitaño.

Volvemos a repasar: en el arcano de El Ermitaño, tiene lugar el trabajo de laboratorio en donde la vieja estructura de la personalidad que una vez se llegó a crear en El Emperador, se estabilizó y alcanzó su punto de madurez en la fase de El Carro, son ahora desestructuradas. De dicho caos depurativo y generador de nuevas formas, va emergiendo una fuerza; es la semilla de una nueva conciencia que estimula la apertura del núcleo del Alma o La Rueda de la Fortuna en un segundo ciclo o nivel de frecuencia, lo cual formará un cuerpo organizado en el arcano de La Muerte

Podemos explicar el paso del arcano de El Ermitaño a La Rueda de la Fortuna de la siguiente manera. Dado que los procesos que se dan en los puntos dinámicos, actúan cuánticamente, es decir, como pequeñas unidades de movimientos, es por lo que podemos traducir todo este desarrollo interno del individuo-, como momentos de consciencia, “un darse cuenta” flashes de lucidez, que va experimentando a lo largo de la vida. Se está produciendo la conexión con el núcleo del Alma que se mantenía aún replegado o a nivel inconsciente. Este núcleo anímico o Rueda de la Fortuna, se va despertando, abriéndose, gracias a las pulsiones de la conciencia/energía transmitida desde El Ermitaño.

Entonces, la semilla del Alma que permanecía en el arcano X como una unidad indiferenciada, se despliega en una nueva dualidad compuesta por la misma Rueda de la Fortuna’ en su aspecto masculino o inteligente, y el arcano de La Fuerza que representa la cualidad femenina o sensible. Estas dos nuevas modalidades del Alma que son más amplias y ricas que las del ciclo anterior, van interactuando en el arcano de El Colgado, y la nueva conciencia que va surgiendo de esa interacción, se organiza y va adquiriendo cuerpo, identidad propia. El arcano de La Muerte, señala la fase en la que la estructura queda ya creada, y por eso mismo se dice que ha nacido un 2º cuerpo. En alguna escuela espiritual, a éste segundo nacimiento interno de la persona se le reconoce como: el nacimiento del Alma nueva.

Este 2º cuerpo que se cristaliza, va a tomar energía e información de los dos ciclos a él paralelo. Del primero y a través de El Ermitaño, absorbe  la información depurada de la personalidad primaria. Dicho de otra manera: la experiencia de la personalidad del 1º nivel, queda trascendida y a la vez integrada en el segundo nivel. Es un ciclo vivido, pero no obstante, sigue actualizado en la segunda estructura del Alma, aunque ocupando una sola parcela de la nueva estructura anímica, y no la totalidad como lo hacía en el primer nivel. Como consecuencia, la influencia de la personalidad primaria es sólo parcial en esta segunda estructura personal que nace. Al ser más compleja y rica que la precedente, posibilitando nuevas y mejores opciones en el comportamiento de la persona.

Sin embargo, del 3º nivel que es un ciclo aún por actualizar, sólo se recibe un impulso energético del primer arcano de El Sol, o núcleo del Espíritu, que conlleva una cualidad diferente del ciclo del Alma. Resumiendo: El 2º cuerpo que queda organizado en el arcano 13 =4 de La Muerte, posee una información de su propio núcleo por medio de La Rueda de la Fortuna, enriquecida por la memoria del primer ciclo procedente de El Ermitaño, más una impronta o energía adicional de un nivel superior a través de El Sol

Las incidencias de un nivel superior a otro nivel que lo contiene es lo que posibilita a éste último su evolución, lo que le permite acceder a planos de mayor expansión. Al principio, esas influencias de un orden superior a un orden inferior son inconscientes en el individuo que no posee la capacidad del discernimiento lo suficientemente desarrollada como para distinguir los diferentes niveles que convergen en su ser. Pero, poco a poco, y dependiendo del trabajo interno que se vaya elaborando, se empiezan a distinguir, lo que le permite al individuo autotrascenderse y acceder de lleno y plenamente al ciclo superior.

Continuando con el proceso del desarrollo de la conciencia, estábamos en que se organiza un segundo cuerpo en el arcano de La Muerte. Es un renacimiento del Alma del individuo que en el siguiente círculo debe llevar a cabo su etapa de maduración, simbolizado por una nueva dualidad de los arcanos: La Muerte’ y La Templanza, que interactúan en el arcano de El Demonio. En el siguiente arcano, La Torre, el Alma alcanza el estado de madurez necesario que le permite iniciar el 3º círculo o de la autotrascendencia. Los arcanos: La Torre’ y La Estrella representan ese cometido interactuando en el último arcano de La Luna.

Nuevamente se repite el mismo proceso que en el primer ciclo pero dentro de una octava más elevada, puesto que ya no es el nivel de la personalidad primaria el que se tiene que desestructurar, sino la complejidad del cuerpo del Alma para integrarse en el 3º ciclo.

En esta fase, hay que distinguir dos funciones: la primera se produce a partir de la conciencia que se va creando en el arcano de La Luna, esta conciencia-energía entra en contacto con el núcleo del 3º círculo o arcano de El Sol, el cual es estimulado reaccionando y desplegándose en la dualidad Sol’/Juicio, que al interactuar en el arcano de El Mundo, van creando una nueva estructura o tercer cuerpo espiritual en El Loco, o arcano XXII = IV

La segunda función toma lugar a partir de cuando se va formando el tercer cuerpo espiritual. Se produce una emisión de energía desde El Loco hacia la Luna y, por consiguiente, el cuerpo del Alma que vio la luz en el arcano de La Muerte, empieza a desmoronarse. En este punto, ya no estamos hablando de la transformación de los contenidos psíquicos de El Emperador, que ya se efectuaron en el 2º ciclo, sino de la transformación de la propia Alma, integrada en el nuevo ciclo del Espíritu. Pero, para  este enlace entre el Alma  –aspecto femenino-, y el Espíritu –aspecto masculino-, unión cantada por los grandes místicos, la primera ha tenido que sufrir una purificación desde su manifestación en el nivel más ínfimo del 1º ciclo, hasta su maduración y posterior integración en el plano espiritual.

De esta unión entre el elemento sensible y ya puro del Alma, y la luz de la inteligencia objetiva y cargada de valores universales del Espíritu, el individuo nace a una dimensión espiritual que tiene cuerpo e identidad propia. Un nuevo ser ha surgido dentro de él. El Loco, como arcano 0 y como punto de partida de los Arcanos Mayores, representa el potencial espiritual que cada ser humano trae al nacer. Pero al final del todo y como arcano XXII, ese potencial, la chispa divina que permanecía en su mayor parte replegada, toma entonces realidad, encarnándose en el individuo después de un largo y laborioso viaje por los espacios internos.

En resumen: unos ciclos influyen en otros, creándose como una red entretejida de intercambios energéticos llenos de información. Quizá sea un tanto complejo de abarcar en toda su extensión por la cantidad de factores que hay que tener en cuenta, así como la necesidad de ir integrándolos de manera coherente. Para estudiar con provecho el modelo de Los Ciclos Evolutivos del diagrama nº3, la mente debe disciplinarse en crear una visión amplia de conjunto, ya que en la estructura de los Arcanos Mayores, intervienen diferentes niveles de calidades, pero hay que saberlos también concretizar en cada punto o arcano. Así debe hacerse para comprender al ser humano, que, en un momento dado de su evolución, será “tridimensional”. Hay que pensar en base a tres magnitudes con sus correspondencias y analogías.

Si contemplamos los ciclos como diferentes campos con sus respectivas líneas de fuerzas, podemos imaginarnos una red de influencias ocasionando formas que más tarde serán, a su vez, absorbidas por otras, siendo muy similar a la danza de partículas subatómicas entrechocándose y creando materia que luego será disuelta, en un incesante baile microcósmico. Es la danza de Shiva. Ésta fue la comparación que hizo Fritjof Capra ante una experiencia mística que vivió en un acantilado junto al mar, y que tan bellamente describe al comienzo de su libro; “El Tao de la Física”.

            

 

 

LOS  ARCANOS  MAYORES  DEL  TAROT 

 

Arcano  0            El Loco                                              Arcano  I                El Mago
Arcano  II           La sacerdotisa                                     Arcano  III             La Emperatriz
Arcano  IV          El emperador                                      Arcano  V              El Hierofante
Arcano  VI         Los Amantes                                       Arcano  VII            El Carro
Arcano  VIII      La Justicia                                            Arcano  IX             El Ermitaño
Arcano  X          La Rueda de la Fortuna                        Arcano  XI             La Fuerza
Arcano  XII       El  Colgado                                          Arcano  XIII          La Muerte
Arcano  XIV     La Templanza                                       Arcano  XV            El Demonio
Arcano  XVI     La Torre                                               Arcano  XVII         La Estrella
Arcano XVIII    La Luna                                               Arcano  XIX           El Sol
Arcano  XX       El Juicio                                              Arcano XXI            El Mundo

 

       

 

EL  LOCO.-   “Para entrar a un nuevo orden, hay que pasar antes por la puerta del desorden.Como su mismo nombre indica, el arcano de El Loco nos habla del lado caótico y confuso del universo, de la vida y de ciertos estados internos en el hombre cuando vive crisis de desestructuración mental previo al surgimiento de una nueva estructura. El número que marca este arcano es el nº0, que representa el potencial del vacío preexistente a toda estructura pero conteniendo todas las posibilidades de futuras creaciones.

En el terreno de lo universal, tenemos suficientes referencias de los cosmólogos que apuntan hacia unos primeros instantes de total confusión a partir de la explosión primigenia.

El universo es comparado con un gran "puré" compuesto de particulas elementales errando al azar, sin ninguna directriz, pues según parece, la energía térmica era tan impresionante, que las partículas se entrechocaban y volvían a salir rebotadas impidiendo una posible asociación para formar las estructuras más simples. En la medida en que la temperatura fue remitiendo, empezaron a consolidarse las primeras combinaciones, hasta aparecer lo que hoy denominamos y conocemos como materia, en sus diferentes fases de desarrollo y complejidad.

 Los antiguos pensadores intuyeron un estado desordenado como origen del universo, cuando le hace proclamar a Hesíodo en su Mitología Griega: “Al principio era el Caos”. También queda muy patente esta visión desordenada de nuestros comienzos en los textos de la Biblia; podemos leer en el Génesis estas primeras frases.

1/ “Al principio creó Dios el cielo y la tierra. 2/ La tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, más el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”. 3/ Y dijo dios: “Haya luz”; y hubo luz

En este trozo de narración genética universal están contenidos todos los elementos simbólicos que componen el Modelo Creativo. Veamos: Hay una unidad potencial –Dios- de donde deviene toda la creacizón. De la unidad Dios surge la dualidad primaria; tenemos por un lado al cielo como factor inteligente –Aire-, y transformador   -Fuego-, y por otro, a la tierra en su aspecto sensible –Agua-, y sustancial –  Tierra-.

Pero en el Génesis se nos dice que en la tierra todo era confusión y caos, y que las tinieblas cubrían la faz del abismo. Fijaos que no se hace referencia al cielo de este desorden, sino a la tierra, que como partículas primordiales, se encontraban aún inorganizadas, sin ninguna directriz. A partir de la frase “haya luz”, es cuando la materia universal empieza a organizarse en sus diferentes distinciones y estructuras. La luz es sinónimo de claridad, siendo la metáfora de lo que tiene sentido, de lo que se ve y se comprende. Por el contrario las tinieblas expresan una situación ciega, las cosas carecen de sentido y de significado, mentalmente no se ve, debido a la ausencia de lo inteligible o elemento inteligente.

Por lo tanto, la frase bíblica haciendo referencia a las tinieblas y confusión reinante en la faz del abismo se puede traducir como la cara oscura que mostraba las profundidades sin límites del pre-espacio, el océano infinito de sustancia primordial compuesto de partículas elementales, un potencial disponible a ser dirigido por la incidencia de una impronta inteligente que le marcase una pauta direccional.

“Más el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”.

 Nos encontramos ante el factor dinámico o punto 3 del Modelo Creativo, puesto que el texto no hace referencia a la primera fase potencial o Dios -punto 1-, sino que lo que actúa sobre las aguas es algo que se deriva de El: su Espíritu. Por consiguiente, a dicho Espíritu lo debemos entender como el punto dinámico o actualización de lo que estaba en estado potencial –Dios-, pero que inicia un proceso interactuando a través de su propia dualidad. Las Aguas atemporales son activadas por el principio inteligente, sirviendo de materia prima y al mismo tiempo de receptáculo de un código genético de comportamiento. La inteligencia se expresa por medio de los lazos estructurales que forman las partículas elementales de la sustancia, creando un ADN universal. Dichas directrices codificadas en microestructuras irán desencadenando paso a paso, en pulsiones de vida, su desenvolvimiento creativo; pues la materia, además de sus cualidades sensibles y plásticas, contiene codificada la inteligencia o directrices de su propio desarrollo.

El paso, pues, de las tinieblas u oscuridad atemporal -nombrado como la “nada” o vacío en el Génesis-, hacia un principio de luz, es lo que marca el paso de la no dirección hacia un sentido creativo universal. La impronta de una acción inteligente, es lo que origina el principio de un movimiento organizado y direccional. Pues el caos que se desembocó en los primeros momentos de la aparición de la luz, se va convirtiendo paulatinamente en un orden fructífero. Esto lo tenemos reflejado precisamente en el 3º párrafo del Génesis; en la Acción  original o Verbo creador, justamente es ahí en donde comienza el tiempo a contar, en la expresión “Haya luz”; y hubo luz.

Podemos ubicar estos párrafos del Génesis bíblico según el Modelo Creativo Unificador. La creación no consiste en crear algo a partir de “nada”. Nadie puede crear algo de donde nada hay, por lo cual hay que entender dicho concepto –cuando se dice que “Dios creó al mundo de la nada”- en términos relativos y no absolutos. Ciertamente, no había un universo manifestado como hoy en día lo está, pero sí existía una sustancia prima con la que trabajar

Narra la Biblia, que el Universo se creó en 7 días, y que en el último el Creador descansó. Habría que investigar para comprender esos siete días como siete etapas evolutivas del génesis universal con sus “crisis de crecimiento” –fases de intervalos, o medios tonos; las bajadas energéticas, según la ley de Siete-, pues así es como lo expone Hubert Reeves en su cosmología y autor del texto que encabeza este trabajo. El universo parece, en un momento dado, que va a paralizarse en su creatividad, pero siempre surge un elemento nuevo que salva la situación, y el proceso se reanuda cada vez bajo una nueva perspectiva mucho más amplia, y a impulsos –refuerzo adicional de energía- del nuevo factor que ha hecho su aparición en el escenario universal.

Después de crear al hombre, el Creador descansó el séptimo día, y en el modelo de Los Ciclos Evolutivos, el punto 7 corresponde al final de una etapa y comienzo de otra. Efectivamente, con la creación del hombre, parece que el universo ha llegado a una fase de maduración, puesto que el ser humano es un sistema de organización altamente desarrollado con respecto al resto de la creación. Entonces, le corresponde ahora al hombre que ha alcanzado su propia madurez individual, recoger la antorcha que le ha sido delegada del pasado y ser el nuevo portador del fuego de la vida, comenzando así una nueva etapa: la de su autotrascendencia, continuando con el grandioso proceso creativo, pues a medida que la materia se ha ido organizando en los diferentes reinos de la naturaleza, ganando en complejidad, riqueza, inteligencia y sensibilidad, aparece en el ser humano una autoconciencia, la cual se plantea sus propios orígenes y el sentido de la vida. Entonces, cuando lo creado toma conciencia de sí mismo, y reconociéndose como parte integrante de la dinámica universal, inicia el camino de su autotrascendencia, es porque ya puede voluntaria e inteligentemente proseguir y cooperar en la evolución del Universo, sirviendo entonces, de impulso, de ayuda energética para que el proceso continúe.

Existe una palabra que definiría muy bien al arcano de El Loco, y es aquella que el matemático y filósofo alemán Leibniz –siglo XVII- denominó con el nombre de “Mónada”. En términos esotéricos, Chispa Divina. La mónada la intuyó y la describió Leibniz, como un elemento primario o unidad de fuerza que todo ser posee, siendo el principio que lo anima. Cada unidad es completa en sí misma, diferente e independiente de las demás, reflejando no obstante, cada una de ellas al resto del universo, estando el contenido perceptivo de cada mónada, de acuerdo con el de todas las demás, y obrando de acuerdo a una memoria preestablecida que explica la unidad del universo. Curiosamente estas cualidades que Leibniz presuponía debía poseer una mónada, guardan mucha semejanza con las imágenes del Sistema Holográfico, descubierto recientemente, al cual ya hicimos anteriormente una breve referencia. Tanto el concepto de mónada, como el funcionamiento holográfico, nos conduce a una forma de pensamiento paradójico, pues hasta ahora estábamos acostumbrados al razonamiento por el cual, la fracción estaba incluida en la totalidad, pero no, a que la totalidad estuviese incluida en la fracción.

Pues bien, El Loco viene a representar la chispa de vida inmortal que trae implantada el hombre desde su nacimiento y que desde su estado potencial deberá ir abriéndose camino y desarrollándose en el medio humano a medida que el individuo avanza en la expansión de su conciencia.

El Loco, por tanto, no pertenece al mundo de la materia física ni al espacio/tiempo que conocemos; su origen es de mucho más allá, proviene de las altas montañas nevadas que simbolizan los espacios más puros e inaccesibles para el hombre común. Es iluminado por un sol; el sol, en simbología esotérica, representa la fuerza del espíritu; en este caso sería la del Espíritu Universal del cual el Loco es como una chispa  que se desprende para emprender un viaje a través de la materia y del espacio/tiempo. Es un salto a otra dimensión, de ahí que vaya derecho al abismo: desciende a la materia. En su peregrinación a través de ella, le espera todo tipo de experiencias. Lleva como equipaje, una vara; la vara es símbolo de poder; dependiendo de las características de la vara, se deduce de qué poder específico se trata. En este caso, de la vara cuelga una bolsa, como el hatillo que se echa a la espalda quien emprende una aventura. Son sus reservas. Esa bolsa contiene toda la memoria, toda la sabiduría que trae de su mundo de origen y que utilizará en su largo recorrido. Al Loco lo podemos interpretar como una fuerza motriz que impulsa a la materia a continuar elaborándose y transformándose. Así que en la medida que nos abrimos a su influencia, el Loco es lo que nos impulsa a ir hacia delante dirigiendo nuestro destino e impidiendo que nos quedemos estancados demasiado tiempo. Popularmente sabemos de la fuerza impulsora del Espíritu, lo traemos en nuestra sabiduría cuando comentamos ante una persona arrojada y echada para adelante que tiene un espíritu aventurero y emprendedor; por el contrario, decimos que tiene poco espíritu la persona apocada, con carencia de empuje e iniciativa. Con El Loco emprendemos, pues, una larga e increíble odisea, y en donde gracias a él, iremos rompiendo con todas las estructuras que en un tiempo tuvieron que ser creadas, pero que llegado otro tiempo, tienen que ser desestructuradas para continuar el camino emprendido hacia formas cada vez más liberadoras, aunque tengamos que pagar por ello el precio de una etapa transitoria llena de desequilibrio, confusión y caos.

El Loco, lleva además, dos accesorios: un gorro con una pluma, y una rosa, más el perro que le acompaña, esto nos habla de las diferentes facultades humanas que deberán ir desarrollándose. El sombrero con la pluma –elemento Aire- corresponde al plano de la mente; la pluma se puede ver como la radiación de la glándula pineal, ya que con su desarrollo se va manifestando una conciencia superior.

Las flores son el lenguaje de los sentimientos del Alma y se relacionan con el corazón. La rosa es utilizada por ciertas escuelas de tradición espiritual para representar al Alma como semilla inmortal que todo hombre posee, la cual tiene que fructificar, abrir sus pétalos e irradiar, en definitiva, una transformación y expansión del plano anímico. El hecho de que la rosa de El Loco sea blanca nos sugiere la pureza de sentimientos que hay que llegar a poseer.

Los animales expresan el lenguaje de los instintos y de la vitalidad. El que en este caso sea un perro, que es por excelencia el animal domesticado y el mejor compañero del hombre, deducimos que la persona con el espíritu desarrollado no está a merced de sus instintos, sino todo lo contrario; utiliza su vitalidad instintiva de una forma controlada y con el mejor beneficio posible en su evolución.

Como se apuntó en la introducción, es propio enriquecer a los arcanos adjudicándoles variedades simbólicas, como personajes mitológicos, letras hebreas, etc, que ayudan a comprender su contenido. En este estudio se va a utilizar únicamente la simbología astrológica tratando de explicarla lo más clara y brevemente posible.    

El planeta Urano es el que se le suele asociar a este arcano. Urano tiene fama merecida de ser un planeta un tanto “loco”. Astronómicamente tiene una órbita inusual en comparación a los demás planetas del sistema solar, y Astrológicamente se le atribuyen cualidades excéntricas e imprevisibles, entre ellas, la de romper con las estructuras y normas establecidas. Cada mes del año está en concordancia con un signo zodiacal y a su vez cada signo zodiacal está regido por un planeta que le es afín. Por ejemplo: el mes de Febrero lo rige Acuario, y éste a su vez, por el planeta Urano. Pues bien, es curioso cómo la sabiduría popular ha llamado al mes de Febrero “Febrerillo el loco”, por ser un mes muy caótico en cuanto a la inestabilidad del tiempo atmosférico.

El arcano de El Loco cuenta con dos versiones en el estudio que se está haciendo. La primera, como arcano 0, representando el potencial que está fuera de todo orden humano, pero dispuesto a manifestarse en el medio humano a medida que el hombre va adquiriendo conciencia de ese principio energético y universal. Si lo va actualizando, culminará de nuevo en el arcano de El Loco, aunque en su segunda posición y como arcano XXII, marcando como colofón el punto en donde el 3º cuerpo (Espíritu) se manifiesta plenamente en el hombre.

Normalmente se suele calificar de loco y de locura a las persona y a los actos de éstas, que resultan incomprensibles y no encajan con el orden o esquema establecido por la comunidad. La personalidad que se manifestaría en el arcano de El Loco pudiera parecer como tal a la vista de los demás, quizá por su comportamiento más bien atípico, pero en realidad es un ser cargado de sabiduría, un espíritu libre y puro de todo lastre de malformaciones anímicas y mentales, de las cuales se ha podido ir deshaciendo a lo largo de su camino.

Conectamos con El Loco cada vez que en nuestra mente o en nuestra vida aparezca el desorden del tipo y del grado que sea. Pero muy especialmente conectamos con él, cada vez que vayamos a dar un salto importante en nuestro desarrollo interno. No podremos atravesar el umbral hacia un nuevo orden, sin vivir su presencia; él nos estará esperando e iremos de su mano durante todo el tiempo que dure la transición. Aunque en cada caso concreto –y dependiendo de la naturaleza y circunstancias de la persona- cada cambio de fase se producirá de una forma parcial o total, intensa o suave, duradera o rápida.

Quizá todo esto nos haga reflexionar sobre la ligereza de juicio que emitimos sobre el equilibrio de las personas. El que unas muestren una estabilidad y seguridad interna a lo largo de sus vidas, y otras no tanto, no es un baremo fiable para establecer su mayor o menor desarrollo interno.

Un claro ejemplo de este orden/desorden lo podemos extraer de la vida cotidiana. Supongamos que nos hemos comprado una casa más amplia, porque la que teníamos se nos ha quedado pequeña. Durante el traslado de una vivienda a otra, se produce el desorden. En la vieja casa que se encuentra medio desmantelada nos encontramos incómodos, pero en la nueva, todo anda aún revuelto, hasta que poco a poco, la nueva se va organizando y nos vamos haciendo a ella, reuniendo ésta última, mejores condiciones que la anterior.

Extraemos algunos párrafos del libro de Fritjof Capra, “El punto crucial” sobre la nueva teoría de Las Estructuras Disipativas o Sistemas Autoorganizadores, mencionada de pasada en la primera parte del trabajo, pero merece la pena ampliar la información, por lo que aporta de luz científica al tema de la evolución a través del desequilibrio.

“Los organismos vivientes tienen el potencial intrínseco de superarse a sí mismos para crear nuevas estructuras y nuevos modelos de comportamiento. Esta trascendencia creativa en búsqueda de la novedad, que con el tiempo lleva a un ordenado despliegue de complejidad, parece ser una propiedad fundamental de la vida, una característica básica del universo, que –al menos por el momento- no puede explicarse”.

“La dinámica fundamental de la evolución, según la nueva teoría de sistemas, comienza con una homeostasis – un estado de equilibrio dinámico que se caracteriza por fluctuaciones múltiples e interdependientes. Enfrentado a una perturbación, el sistema tiende a mantener su flexibilidad mediante mecanismos negativos de retroacción, que a su vez tiende a reducir la desviación del estado de equilibrio. Ahora bien, esta no es la única posibilidad. Las desviaciones pueden también reforzarse interiormente a través de la retroacción positiva en respuesta a los cambios ambientales, o espontáneamente sin ninguna influencia externa. Las fluctuaciones ponen a prueba constantemente la estabilidad de un sistema viviente, y en cierto momento una o varias de estas fluctuaciones  pueden hacerse tan fuertes que empujen al sistema a través de situaciones de inestabilidad hacia una estructura totalmente nueva, que a su vez será fluctuante y relativamente estable. La estabilidad de los sistemas vivos nunca es absoluta. Persistirán mientras las fluctuaciones no superen un nivel crítico dimensional, pero cada sistema está siempre dispuesto a transformarse, a evolucionar. Este modelo básico de evolución, ideado por Ilya Prigogine y sus colaboradores para describir las estructuras químicas disipativas, se ha aplicado con éxito desde entonces, para describir la evolución de varios sistemas biológicos, sociales y ecológicos.”

Vamos a ver qué ocurre con las estructuras mentales y anímicas que el hombre adquiere a lo largo de su vida, ordenándolo según el modelo de Los Ciclos Evolutivos.

 En el primer círculo, la persona va formando, a partir de su  niñez y juventud, un cuerpo educacional compuesto de normas familiares y sociales, creencias religiosas, y enseñanza intelectual. Entre toda la variopinta información que le es inculcada a una persona desde su niñez –factor masculino o fuerza incidente- ésta responderá mejor o peor, es decir, estando totalmente abierto y receptivo, o mostrando una mayor o menor resistencia a lo que desde el exterior se le quiere inculcar –factor dual femenino-. Pero en definitiva, llegado un momento, se puede decir que la persona ha creado su propia estructura mental y moral de valores y creencias correspondiente al punto nº4.

Pasamos al siguiente círculo de estabilidad y conservación en donde las estructuras que se han ido creando, deben ser mantenidas, alimentadas, hasta hacerse lo necesariamente fuertes como para que le permitan al individuo vivir con una cierta seguridad psicológica. Es una etapa de autoafirmación en donde la persona solamente se va a abrir a las influencias externas que le sirvan para alimentar sus estructuras, cerrándose a todo que atente a su sistema de creencias y sentimientos. En un paso más agudizado de esta etapa, la persona no solamente puede mostrar una resistencia pasiva a todo lo nuevo que ponga en peligro su estabilidad, sino que puede actuar defendiéndose de una forma activa, luchando y atacando de forma abierta e incluso virulenta, como suelen ser los casos del ciego fanatismo religioso, patriótico y racial, que tan peligrosos son ejercidos en grupos.

En el tercer círculo hay una salida hacia la trascendencia que, como ya sabemos, se inicia en el punto nº7. Este movimiento se lleva a cabo cuando la persona llega a un nivel de maduración en su vida, lo suficientemente aceptable como para que al ser confrontada con conceptos y vivencias nuevas, éstas incidan con la fuerza necesaria que le hagan perder su estabilidad. Así como en el anterior círculo, la fuerza de resistencia del individuo era superior a la fuerza de empuje, y no se lograba ningún desplazamiento de la conciencia, en este 3º círculo ocurre todo lo contrario; las defensas psicológicas no son tan fuertes y la fuerza incidente puede lograr abrir una brecha en las estructuras mentales del individuo.

Aún así y todo, es normal que haya una primera reacción instintiva de resistencia, puesto que lo que entra, viene a desmoronar, si no todo, parte de nuestra fortaleza de creencias. Hay que reajustarlo todo en base a lo nuevo, son otras perspectivas y de momento lo que se produce es un estado de confusión. Los viejos moldes se desmoronan, pero lo nuevo aún no tiene forma, no hay entonces donde agarrarse. La experiencia del vacío que  produce El Loco,  a quien se ha desprendido de lo que tenía y todavía no ha aprehendido o no ha cuajado lo nuevo, no resulta un acontecimiento agradable ni deseable para la inmensa mayoría de las personas. Pero mirándolo bajo la óptica del desarrollo de la conciencia, hay que comprender que es una liberación de las limitaciones de los viejos moldes. Pero aún así y todo, solemos aferrarnos a las estructuras que nos dieron de pequeños, sin mayor objetividad, pero que emocionalmente nos proporcionan seguridad; son un suelo sólido, y nos permiten pisar un terreno firme y conocido. Por lo que la mayoría de las veces, ante situaciones nuevas, es nuestro miedo lo que despierta nuestro instinto de defensa y de conservación, y estos instintos son los que actúan y le pueden a las cualidades liberadoras del espíritu, o lo que es lo mismo; son los que prevalecen sobre el instinto de autotrascendencia.

Pasadas entonces, las primeras y naturales reacciones instintivas de defensas, la semilla de lo nuevo puede ser implantada en el espacio mental y anímico de la persona situada en el punto 7. Esta operación se produce en el punto 9, y en el 10,       -que equivale al punto 1 o comienzo de un nuevo ciclo-, la semilla germinará siempre que las condiciones son idóneas, creándose entonces, un movimiento de gestación que conlleva un trabajo inteligente. Este trabajo corresponde al punto 3 del  nuevo ciclo,       son movimientos conscientes de la mente en donde entran todo tipo de cuestionamientos, comparaciones y demás, lo que es una labor de discernimiento para reajustarlo e integrarlo todo en un nuevo orden más amplio y complejo, y a la vez con más coherencia y objetividad que tenía el orden anterior, que resultará ya pobre y limitado, pues todo trabajo que crea conciencia, conlleva una sensación de renovación y expansión. Entonces, cuando la nueva organización anímica y mental adquiere una forma determinada, significa que se ha llegado al punto nº4, esta estructura recién nacida tiene que proseguir su desarrollo y afianzamiento en el siguiente círculo etc...

Indudablemente, todo el proceso del ciclo se va haciendo en una continua interacción con el medio, con las experiencias y vivencias de la vida, con lo que uno aporta y con lo que se recibe. Decía Gurdjieff que el “nivel de ser atrae los eventos”, indicando con ello, que dependiendo del nivel de conciencia de la persona, atraerá de la vida, nuevos retos  y las experiencias necesarias para su desarrollo. Por tanto, y ante cada nueva etapa evolutiva, aparecerán las circunstancias adecuadas como fuerza adicional de energía, para que el proceso se vaya llevando a cabo.

Es evidente que en la interacción entre las viejas estructuras y las que tienen que llegar a conformarse, se requiere un tipo de energía consciente. Es todo un “trabajo” En Física, el trabajo se produce cuando se ha recorrido una distancia, o dicho de otra forma: cuando se ha llevado a cabo, por ejemplo,  el desplazamiento de un objeto. Por mucha fuerza que pongamos en mover un objeto, si no conseguimos moverlo de su sitio, no se considera en términos de la Física, que se haya producido un trabajo, sino únicamente esfuerzo sin ningún resultado. El desplazamiento de un objeto como resultado de un trabajo, está más en concordancia con el cálculo y con la forma de mover dicho objeto. Ya lo dice el refrán: “Más vale maña que fuerza”. Incluso se puede estudiar la manera de desplazarlo con el mínimo esfuerzo. Contamos entonces, con un elemento inteligente, y no sólo con la fuerza bruta; la inteligencia cuando se aplica es la chispa de luz que salta, es el darse cuenta, acontece un acto consciente en el punto 3.

Esto explica por su evidencia, el por qué la mayoría de las personas, aparte de los miedos que le bloquean, muestran tan poca predisposición a realizar un “trabajo” interno. Se puede emplear mucha fuerza en defender un ideal político o religioso, e incluso morir por él, y no avanzar lo más mínimo en la ampliación de la conciencia. En dicho caso se está dando vueltas sobre un mismo punto; la fuerza que se derrocha es ciega, fanática, porque carece del elemento inteligente que pueda producir un desplazamiento de la conciencia, y como tal de la situación.

El personaje del arcano 0, camina entonces hacia delante, hacia el abismo en donde inevitablemente caerá. Allí le espera el vacío y el caos, y las tinieblas cubrirán la faz de su espacio interno, sin nada a dónde asirse; las ideas bullirán entrechocándose, cual una danza incesante de partículas elementales errando al azar, un génesis microcósmico. Es algo terrible y grandioso a la vez; doloroso y al mismo tiempo liberador. No le resistamos, dejémonos mecer y planear en el torbellino de nuestro abismo interno, porque llegará el momento en que... “Y Dios dijo: Hágase la luz, y la luz fue hecha”.   

   

 

 

I  EL  MAGO.-  Dependiendo de  su  ubicación, el arcano de El Mago muestra, como ya apuntamos dos aspectos o niveles del mismo. El primero de ellos y como principio unificador, contiene todo  el potencial universal y humano. Es en sí mismo, esencia y sustancia, energía y materia, inteligencia y sensibilidad, pensamiento y sentimiento, integrado todo ello en lo que vamos a llamar Mente Universal y Conciencia implícita.

En este mismo nivel, El Mago representa asimismo, el principio de Voluntad como fuerza de poder: vamos a hacer un pequeño experimento; os propongo, durante unos segundos, a que os interioricéis e intentéis sentir en vosotros, lo que os produce la sensación de voluntad.

Probablemente nos daremos cuenta de que es algo difícil de definir, puesto que es más que una idea, es más que un sentimiento y que un deseo. Es algo, que si nos fijamos bien, lo contiene todo. Una sensación de fuerza, de poder de acción, de capacidad de hacer, en definitiva, nuestro potencial.

Tenemos, entonces, que integrar en la Mente Universal del Mago, el factor de Voluntad, siendo éste el poder ejecutivo que permite que las facultades inherentes a la Mente, como son su aspecto sustancial, sensible e inteligente, puedan manifestarse en el universo, y por ende, en el ser humano. Fijaos que estamos hablando de las características de los cuatro elementos.

Probablemente nos daremos cuenta de que es algo difícil de definir, puesto que es más que una idea, es más que un sentimiento y que un deseo. Es algo, que si nos fijamos bien, lo contiene todo. Una sensación de fuerza, de poder de acción, de capacidad de hacer, en definitiva, nuestro potencial.

Tenemos, entonces, que integrar en la Mente Universal del Mago, el factor de Voluntad, siendo éste el poder ejecutivo que permite que las facultades inherentes a la Mente, como son su aspecto sustancial, sensible e inteligente, puedan manifestarse en el universo, y por ende, en el ser humano. Fijaos que estamos hablando de las características de los cuatro elementos.

Ahora bien, y hablando de relación de niveles, no es lo mismo la Mente Universal, que la mente humana, o la de un animal. La primera es omniabarcante, y las otras dos son limitadas, aunque entre estas dos últimas exista una considerable diferencia en cuanto a grados de complejidad mental.

Encima de la cabeza de El Mago está el símbolo del infinito, formado por un ocho horizontal, más bien son dos elipses entrelazadas, correspondiendo una de ellas al lado inmanifestado o vacío de El Loco, y la otra, a la manifestación que se inicia en el punto 1con el Mago. Este punto crucial permite enlazar las elipses de dos realidades diferentes Esas dos caras a las cuales podríamos llamar existencia y no-existencia, son los componentes de una realidad potencial que los integra y los trasciende, pero cuyo planteamiento, la mente se queda suspensa al no poderla abarcar. Porque ¿cómo podemos concebir e identificar algo con identidad propia y que abarque al mismo tiempo a la manifestación y a la no manifestación? Sin embargo, sí podemos definir en términos paradójicos a la Gran Dualidad, diciendo que: más allá del punto crucial está la Nada que es el origen del Todo. En la tradición oriental, a estos dos grandiosos y supremos ciclos se les denomina “Los días y las noches de Brahma”. El día es la emanación de un nuevo orden universal, y la noche es cuando toda esa creación se repliega sobre sí misma después de un gran “día” de actividad. En esta tradición hindú, al potencial supremo y omniabarcante se le ha llamado “Brahma”.

Encima de la mesa tenemos, pues, simbolizados a los cuatro elementos, como representativos de todas las cualidades que impregnarán la emanación universal en todas sus múltiples fases de la existencia.

Veamos de nuevo los elementos, esta vez relacionados con los cuatro palos que conforman los Arcanos Menores, y que popularmente conocemos a través de otras barajas de cartas.

El Oro, elemento Tierra.  La Copa, elemento Aire. La Espada, elemento Aire. El Basto, elemento Fuego.

El sentido de la palabra mago en este arcano es la de magister; la figura del mago representa la maestría o dominio de las fuerzas universales. Lo vemos con un brazo en alto ostentando un cetro de poder; la otra mano señala hacia abajo. Se puede ver como una alegoría de la voluntad y el poder de la Mente Universal actuando y manifestándose desde los planos superiores a los inferiores, disponiendo, para ello, de los cuatro elementos con los que operar, facultades inherentes todas ellas, a la misma Mente Universal.

Ahora vamos a centrarnos en los aspectos fraccionados de la Mente Una, o sea, pasamos al nivel de la dualidad, y analizamos ahora al Mago como arcano I’.En este orden, El Mago’ representa los valores masculinos de la mente activa, como es la capacidad de raciocinio, de cálculo, de análisis, de discernimiento y en general, todos los aspectos que requiere la inteligencia de una mente que observa, comprende, y que está atenta. Generalmente y ante cualquier trabajo que requiere atención y aprendizaje, estamos estimulando la cualidad masculina de la mente.

En el arcano de La Sacerdotisa se incluyen las características de la mente pasiva o femenina, en el sentido de que no se requiere ningún tipo de trabajo consciente o de atención específica para elaborar este tipo de pensamiento porque es algo que surge espontáneamente del archivo de nuestro subconsciente. Estas formas de pensamientos involuntarias, las podemos, a su vez, calificar de: ordinarias y de extraordinarias. Las primeras incluyen todo el flujo de pensamientos a los cuales estamos sometidos la mayor parte del tiempo referente a los propios recuerdos de nuestra vida diaria, pensamientos que generalmente no nos llevan a ninguna parte: vienen y se van en nuestra pantalla mental, como en una película sin fin y sin el más mínimo esfuerzo de nuestra parte. Es más; el esfuerzo consistiría en este caso, en poder parar el fluido mental, ya que estos pensamientos no vienen solos, sino que están acompañados de sensaciones, sentimientos, deseos, y juicio de valores provenientes todos, del inmenso almacén de la mente subconsciente de La Sacerdotisa.

Cuando la mente superficial se queda callada, pueden aparecer brotes de información, como flashes iluminadores de otra realidad emergiendo de una zona más profunda de nuestra mente inconsciente. Es la llamada intuición o revelación, que se abre paso desde esos espacios internos que todo ser humano posee, cargados de sabiduría, y se manifiesta en nuestra conciencia enriqueciéndonos con su luz. Estos aspectos de la mente femenina los retomaremos cuando lleguemos al arcano II. Ahora solamente hemos hecho una alusión a las características de la mente pasiva de La Sacerdotisa para contrastarla con la mente activa de El Mago y comprender mejor la cualidad dual de la Mente que se pretende exponer.

El arcano de El Mago está regido por Mercurio, que en simbología astrológica representa al intelecto en sí. Mercurio es el enviado de los dioses, y se le puede encontrar, o bien, con alas en los pies o en la cabeza, aludiendo al elemento Aire que simboliza. Este mensajero celestial sirve de puente entre el mundo humano y el divino. Mercurio está aquí representado como un dios menor: su labor es la de comunicar, servir de intermediario; hace una función catalizadora, siendo precisamente la comunicación una de las facultades de la mente activa, lo que se le atribuye al planeta Mercurio.

Como se sabe, un símbolo puede tener más de una interpretación, pero en este caso queda como algo muy patente la relación que se establece entre lo que hemos llamado mente universal y mente individual, si el hombre como elemento receptor, está lo suficientemente abierto y alerta para captar los mensajes que nos trae Mercurio.

No hay que entender como separadas a la mente universal de la personal, aunque haya un abismo en grados entre ellas dos. Es como si la alta frecuencia vibratoria de la mente universal, redujera sus cualidades para conformar la mente inferior, infinitamente más pobre y limitada; la visión de la primera es omniabarcante y la de la segunda, es una visión focalizada pero al mismo tiempo necesaria para la experiencia en el plano físico.

Es nuestra percepción, entonces, la que se va expandiendo desde la conciencia-fracción de la mente inferior, a la conciencia-totalidad de la mente superior. Hay un dicho popular que puede reflejar bastante bien esta cuestión, y que dice: “El árbol te impide ver el bosque”, o lo que es lo mismo que decir que la parte impide ver el todo. Desde una mente fraccionada se percibe todo como separado; los acontecimientos de la vida no guardan conexión unos con otros, al no tenerse desarrollada una visión de relaciones y de perspectiva global.

Se da un hecho muy curioso y que podemos observar en nuestra vida cotidiana, y es que en la medida en que la persona vive con una mente fraccionada, y por tanto, reducida, mantiene sus criterios muy firmemente y el lenguaje que utiliza para sus expresiones están coloreados con términos absolutos y totalitarios. Es muy frecuente oír en nuestro alrededor palabras como: siempre, nunca, jamás. Se le afirma a la persona querida que la vamos a amar eternamente, sin tener conciencia de que no podemos apostar de una forma tan absoluta por nuestros sentimientos, que suelen aparecer y desaparecer independientemente de nuestra buena voluntad del momento. Se suele tachar a las personas de buenas o malas, de verdaderas o falsas, cuando todos somos una mezcla de todo, y naturalmente de nuestras circunstancias. Llegamos, entonces, a utilizar términos absolutos para designar lo que solamente es relativo, o dicho de otra forma: caemos en el error de totalizar la fracción, y con ello excluimos todo lo demás.

Hay que preguntarse entonces, si un lenguaje tan contundente y absolutista ante una realidad que, por el contrario, cada vez se nos muestra más relativa, no sólo nos habla de una mente limitada que se autoafirma en su también limitado mundo, y en relación a otro mundo ajeno y extraño a él, sino que también nos puede revelar –y esto es muy significativo- si el lenguaje autoritario, producto de un nivel de ser fraccionado ¿no es un intento inconsciente de compensar la falta de totalidad? puesto que la semilla de la unidad está ahí dentro de cada uno de nosotros reclamando su reconocimiento. En lo más profundo de nuestra esencia somos seres totales, pero al no haber aún llegado a realizar ese plano de integración, caemos inexorablemente en el autoengaño de totalizar lo que es solamente una ridícula parcela de la vida. Ello conlleva como consecuencia continuos conflictos y enfrentamientos con los que no poseen nuestra misma visión de las cosas, sino que a su vez totalizan otra parcela de opinión o de creencias diferentes, pero igual de limitadas que las nuestras.

Por el contrario, en la medida en que la trayectoria de la conciencia-fracción hacia la conciencia global se va dando, nuestros criterios se amplían, van surgiendo nuevos matices en nuestras expresiones, las cosas ya no son blancas o negras sino que vamos teniendo una visión mucho más amplia; todo un mundo de relaciones, conexiones y entramados se nos va mostrando. Así que se van dejando los absolutismos para suplirlos por términos relativos en donde las posibilidades y probabilidades van a tomar un papel más preponderante que las afirmaciones y negaciones drásticas. En resumen, una nueva perspectiva global, y por ende, más objetiva, va penetrando poco a poco en nuestra visión general de la vida, de los hechos y de nosotros mismos.

Conforma le mente se amplía, las dualidades que antes se veían como separadas y excluyentes una de la otra, se van unificando, y toda la vida en general, con sus aconteceres que antes no guardaban relación, van comprendiéndose e integrándose dentro de uno mismo. Quizá uno no necesite ya protegerse tanto del exterior, puesto que el exterior no se percibe como algo extraño, sino como una prolongación de uno mismo. Se podría llegar a una expansión tal de la mente en la totalidad, que el individuo se sienta parte integrante, no sólo de la humanidad, sino del planeta y del universo, puesto que el yo que vive en la fracción, desaparece y uno se puede sentir integrado dentro de un Yo Universal.

Las capacidades de la mente activa están simbolizadas en este arcano, por el planeta Mercurio, como son: la inteligencia con sus facultades racionales, analíticas, investigadoras, comparativas y sus medios de expresión y comunicación a través de la palabra, de la escritura o de la expresión corporal.

El hombre, entonces, posee en principio el instrumento de su mente activa para crear, proyectar, comunicarse, investigar, discernir, y dirigir inteligentemente su vida, en el caso de que sepa utilizar adecuada y libremente dicho instrumento. Sin embargo, no podemos afirmar que esto sea así realmente, y esto es un hecho evidente para la inmensa mayoría de la humanidad. Tendríamos, entonces, que preguntarnos por qué ocurre esto.

Una pista nos la podría dar la serpiente enroscada en la cintura del Mago a modo de cinturón. De la serpiente podemos decir que, tanto en Oriente como en Occidente, es uno de los símbolos más representativos del mundo interno del hombre. En Oriente se manifiesta como la fuerza de poder y de conocimiento oculto, al cual el hombre puede llegar a acceder gracias a su desarrollo interno. Sin embargo, en occidente, la figura de la serpiente adquiere un papel engañoso; hace creer y promete cosas que no son ciertas, siendo su promesa, precisamente las virtudes que posee la misma serpiente en su versión oriental. Es como si de la gran maestría del Mago, de su auténtica magia, pasáramos al ilusionista, el que nos engaña y nos hace ver como realidad, lo que es solamente ilusión. Este lado falso del arcano de El Mago, nos viene confirmado por el mismo planeta que lo representa, ya que Mercurio es también el dios de los farsantes, estafadores y charlatanes.

Bien, esta doble cara del Mago pretende indicarnos la situación en que se encuentra nuestro desarrollo mental como humanidad; el hecho es que poseemos una mente lo suficientemente desarrollada como para habernos podido plantear un sinfín de cuestiones existenciales, pero con el inconveniente de que las contestaciones a estos planteamientos dimanan de unas capacidades mentales que aún están fraccionadas. Por consiguiente, los resultados son incompletos y bastante limitados a la hora de emitir razonamientos y criterios suficientemente panorámicos sobre verdades existenciales. En realidad, nuestras facultades racionales son todavía muy jóvenes en relación a otras funciones cerebrales más primarias, y como tal, tienen todavía mucho que madurar.

Esto se complica por la necesidad que tenemos de autoafirmación continua de nuestras ideas y creencias ante los demás y entonces surge el conflicto ideológico, puesto que los otros también necesitan autoafirmar sus creencias a costa nuestra. (Esto nos sitúa en el 2º círculo de la Estabilidad de Los Ciclos Evolutivos).

En nuestra visión fraccionada, conceptuamos a las cosas como buena o malas, como verdaderas o falsas, y totalizamos esa pequeñita parcela de nuestra verdad excluyendo todo lo demás. A continuación imponemos nuestra visión, que naturalmente será la óptima, puesto que si nosotros somos los poseedores de la verdad, necesariamente los otros tienes que estar equivocados.

Todo en la vida es un puro ejemplo de esta disociación mental, de esta dualidad que se excluye una a la otra. Nada más que hay que echar una mirada a las religiones, sectas, grupos políticos etc. Es un fenómeno que machaconamente padece la humanidad desde tiempos atrás, siendo los conflictos y las guerras las consecuencias externas e inevitable de esta forma fraccionada de ver y sentir del hombre.

Si dos personas entablan una discusión, es casi imposible que lleguen a un entendimiento, a un punto común y creativo, puesto que cada cual verá nada más que su verdad, pero no la del otro, y ninguno de los dos aceptará su parte de error, pero sí reconocerá la de su contrario, que por cierto, se la hará resaltar por todos los medios posibles. La inmensa mayoría de la humanidad funciona con los mismos mecanismos, con esas viejas estructuras mentales que resultan simplistas e infantiles para la persona que ha conseguido salir de la hipnosis colectiva, y habiendo reunido la suficiente conciencia/energía, ha abierto una brecha en el círculo vicioso, engañoso, que nos imposibilita para captar la objetividad de las cosas y la riqueza de matices que contiene la vida.

El hombre es poseedor de la capacidad racional que lo diferencia de sus hermanos, los animales, al poderse comunicar emitiendo todo tipo de ideas; puede dialogar sobre filosofía, espiritualidad, y política; sin embargo, su comportamiento cotidiano está basado generalmente en estructuras bastante ancestrales, modelos egóicos e instintivos que prevalecen sobre la razón, seguramente porque lo más primitivo es lo que tenemos más fuertemente enraizado por antigüedad. Lo engañoso de la situación, -también resulta algo tragicómico-, es que no somos conscientes de ello, y si  vislumbramos algo de nuestras contradicciones e incoherencias, nos defendemos rápidamente intentándolo justificar agarrándonos a las consabidas frases hechas; coletillas mecánicas grabadas en nuestro subconsciente, procedentes de las cosecha de la mente colectiva de nuestra cultura.

Y es por lo que hay que comprender que no es lo mismo la razón del colectivo humano, que la Razón pura, que está libre de todas esas trabas. Para la pura Razón, los razonamientos colectivos y culturales son simplemente irracionales; esto nos plantea el tener que cuestionarnos la razón en diferentes grados de pureza, encontrándonos, como humanidad, a unos niveles aún incipientes, en el uso de esta facultad de la mente.

Por último, en el arquetipo de Mercurio encontramos las características del Hemisferio Izquierdo del cerebro, como son: la capacidad verbal y analítica, mente concreta y cálculo. El pensamiento es lógico, lineal y consecuencial; es decir, la trayectoria del pensamiento se verifica siguiendo una línea dentro de una misma pauta; un pensamiento produce otro, pasando por la mente de uno en uno. Este hemisferio se relaciona con el tiempo.

Una bella y sabia versión oriental nos va a servir como colofón para impregnarnos de la esencia del mensaje del arcano I, El Mago.

 

La Manifestación es mente,
y el vacío lo es también.
La Iluminación es mente
y la ceguera lo es también
También la aparición y la extinción
de las cosas están en la mente de uno.
Séanos dado comprender que todo
es tan sólo inherencias de la mente.

                                                                                      

                                                                                                                                                            El voto de Mahamudra. Tilopa

 

 

 

LA  SACERDOTISA.-  La  Sacerdotisa   es   la   contraparte   femenina   del  Mago’ y compañera inseparable  en  todos  los procesos  creativo de la existencia. El principio de ideación e inteligencia atribuidos al Mago’ es lo que hace de función activadora en la Creación Universal; hay que contemplarlo como la idea/semilla que es sembrada en la Sustancia Primordial o Sacerdotisa, y que progresivamente irá operando en todo el proceso de la materia, como factor inteligente y subyacente a ella. Entonces, es el principio femenino de La Sacerdotisa, fecundado por El Mago, lo que se encarga de desarrollar el programa de la Creación Universal. Ahora bien, todo el desenvolvimiento creativo de la materia, entra ya en el terreno de la Emperatriz, la gestación cósmica del arcano III. En La Sacerdotisa nos dedicaremos a conocer la esencia de las características femeninas y en su relación con El Mago’.

Si El Mago’ es nuestra parte consciente, La Sacerdotisa representa todo nuestro inconsciente. ¿Qué se da entender por inconsciente? La cuestión es bastante compleja por su amplitud. Por ejemplo, se producen situaciones en las cuales no nos estamos dando cuenta de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y sin embargo, a otras personas presentes no se les escapa la situación. Se puede decir que éramos inconscientes de lo que allí ocurría en esos momentos. Todo nuestro metabolismo y funcionamiento orgánico actúa al margen de nuestra conciencia; transportamos del pasado una herencia genética que nos condiciona y marca nuestro presente, y apenas si nos damos cuenta de ello. Nuestras células contienen información de miles de millones de años, y no somos conscientes de nada; existe en nosotros una fuerza motriz (El Loco), que conlleva las posibilidades de liberarnos de los condicionamientos del pasado, y por otro lado, la capacidad de creación de lo nuevo, y estamos dormidos, aunque a veces intuyamos algo. Realmente, lo que aflora a la conciencia es muy poco como vemos.

Según todo ello, más otros aspectos que se nos pueden escapar, vamos a definir al inconsciente de una forma global, o sea, como un terreno que permanece oculto para el individuo y cae en la sombra de su ignorancia; siendo similar a un iceberg, que lo que asoma fuera de él, es un mínimo de su volumen, quedando la totalidad sumergida en el agua llamémosla del inconsciente. Entonces, es la conciencia del hombre la que va a marcar su propio límite y frontera entre consciente-inconsciente . Se establece pues, una relación inversamente proporcional: a mayor conciencia del individuo, su inconsciente será menor.

Si El Mago es el aspecto inteligente, la sabiduría se le es asignada a La Sacerdotisa. Vamos a distinguir entre inteligencia y sabiduría, puesto que la primera es activa con respecto a la segunda que es pasiva, y además ésta última está relacionada con el inconsciente.

La Sabiduría es la totalidad de la información universal, de la existencia en sí, con sus principios, mediante los cuales la vida se organiza y evoluciona de lo simple a lo complejo. Esto nos lleva a plantearnos que mientras más elaborada está la materia, más información hay en ella, y por tanto, la materia orgánica es más sabia que la inorgánica, ya que incluye la información de lo inorgánico, más la de su propio nivel. Entonces, la sabiduría es una memoria de todo lo que ha ido operando en cualquier nivel de la vida, desde sus comienzos. También se podría decir que La Sacerdotisa es la acción de la inteligencia que ha ido depositando su huella desde el primer acto de la creación. Es por ello conciencia e inteligencia pasiva almacenada en los diferentes niveles de la naturaleza. La sabiduría no es física, pero se manifiesta a través de ese mismo desenvolvimiento material de funciones y formas. También podemos decir que a la sabiduría hay que verla como estática o pasiva ya que todas las leyes están codificadas en la misma materia; en su estructura, y comportamiento e interrelación con el todo. Es el lenguaje de la misma vida que hay que saber descifrar con la mente consciente o inteligencia de El Mago.

Al igual que en un vídeo o un disco de música  se necesita de la corriente eléctrica para ponerla en funcionamiento y poder oír lo que en él se haya grabado, asimismo, para poder asimilar la sabiduría inscrita en cualquier lugar, se necesita de un activador para que la información que está implícita, se vuelva explícita. Este activador es el principio inteligente de El Mago, que con su capacidad de discernimiento irá decodificando lo registrado, hasta extraer una información inteligible y utilizable. Porque, por otro lado, la inteligencia, sin una materia prima con la que elaborar, no puede obtener ningún resultado práctico y tangible.

Por ejemplo, si leemos un libro que nos ha impactado porque nos ha hecho comprender ciertas cosas, diremos que es un libro lleno de sabiduría; nunca se nos ocurrirá decir que está lleno de inteligencia. Nuestra inteligencia es la que se pone de manifiesto al comprender la sabiduría contenida en el libro. La relación entre inteligencia y sabiduría, podría definirse de la siguiente manera: La inteligencia es activa y actúa, por tanto, dentro del tiempo. En el caso de la lectura del libro, es el tiempo que transcurre mientras vamos leyendo y comprendiendo el contenido del mismo. Sin embargo, la sabiduría es pasiva y atemporal; está registrada, por consiguiente, relacionada con el espacio, ocupa un sitio –el libro-, aunque la sabiduría en el caso del libro no sea material, pero necesita de la forma como expresión de sí misma.

Y como todo está en relación, los dos hemisferios cerebrales guardan también sus respectivas correspondencias, por cuanto el izquierdo representado por El Mago, tiene que ver con movimientos secuenciales, es decir, con el tiempo, mientras que el derecho en consonancia con La Sacerdotisa, es el responsable de las formas espaciales.

El mismo Tarot con sus 22 Arcanos Mayores, es un ejemplo de la idea que se acaba de exponer. En él hay contenido una gran sabiduría que es atemporal, pero por sí mismo, el Tarot no es muy explícito, a menos que se introduzca el factor dinámico de la inteligencia que irá decodificando la información.

Pero aún hay un tercer factor que entra en juego, y es de suma importancia para completar el cuadro. Se trata de la intuición atribuida también al arcano de La Sacerdotisa. Con la mente intuitiva del Hemisferio Derecho, al contrario que con la mente racional-, no se entra en elaboraciones de ideas, sino que se comprende una verdad sin el proceso previo del raciocinio. La intuición simplemente llega; se puede decir  que de pronto se hace luz en la mente y se comprende algo; son como brotes de información de la misma sabiduría que de momento ha aflorado a la conciencia. Luego, para completar la información hay que darle una forma concreta, elaborarla racionalmente, para poder ser asimilada, en primer lugar, por uno mismo, y además, para que sea factible de ser explicada a los demás, labor que corresponde al Hemisferio Izquierdo.

Tenemos el caso del científico ocupado en su investigación, observando y estudiando en determinado campo, sin resultados notorios, y de pronto, de la forma más inesperada ocurre algo que le va a llegar a descubrir algún fenómeno importante; es el conocido caso de la caída de la manzana ante la cual Newton intuyó la Ley de la Gravedad. Lo que se intenta exponer es lo siguiente: Existe un continuo juego oscilatorio o rítmico entre consciente e inconsciente. ¡Cuántas veces hemos necesitado tener una información determinada, y de la forma más curiosa, al abrir un libro o revista, -da igual el medio-, justamente se nos va la mirada hacia unas líneas determinadas que nos van a dar la contestación adecuada! O cualquier comentario de alguien que nos dice exactamente lo que necesitábamos escuchar. Puede ser también un sueño revelador, o la observación de una imagen nos puede hacer comprender alguna verdad. Como vemos, la forma en que nos puede venir una información que buscamos puede ser curiosa y variopinta.

Habría que preguntarse si pertenecen a la misma categoría esas formas un tanto mágicas de las que se sirve la vida para hacernos llegar determinada información; a ese flash revelador de una verdad que aflora a la conciencia cuando se medita y se investiga en determinado terreno. Esta última modalidad parece una vía más directa de comunicación. Aunque no obstante, habría asimismo que preguntarse desde qué nivel del inconsciente se establece la comunicación, pues según parece, éste está estratificado por zonas que van desde lo más individual, hacia lo colectivo trascendiendo al terreno de lo universal. De la misma manera existen bancos de información más allá del cerebro, que también parecen ser que están organizados en bandas de frecuencia. Dicho esto, podríamos fácilmente deducir que el inconsciente de la persona no está alojado en el propio cerebro sino que éste es un instrumento para conectar con los campos de información que lo trasciende. Por lo que si activamos mentalmente un tipo de frecuencia en nuestro cerebro, conectaremos con el campo correspondiente a dicha frecuencia y en nosotros resonara la información contenida en dicho campo. Actualmente, la ciencia, de la mano del físico teórico David Bhom, defiende esta nueva hipótesis por la cual estamos en comunicación con campos de información más allá de nuestra dimensión humana. Rupert Sheldrake es otro científico que se está haciendo muy popular con una visión similar: lo que él denomina los Campos Morfogenéticos. Como es de esperar, la versión metafísica ha considerado desde siempre, la existencia de estos campos informáticos, llamándolos Registros Akhasicos.

Entonces, ante el planteamiento que hemos hecho antes sobre desde cuál  zona del inconsciente provienen esos flashes de información, la contestación lógica sería que, dependiendo de la calidad de la pregunta, atraeremos un nivel de respuesta. O mejor dicho, en base a la frecuencia en la que emitimos nuestra calidad de saber conectaremos con uno y otro nivel de las bandas de información.

Sin embargo, podremos verificar que, tanto la luz que se enciende en nuestra mente, como la contestación que nos llega del exterior de una forma un tanto mágica, son las respuestas a nuestra voluntad por saber y comprender, -atributos de El Mago-. Este es el botón, las llaves que activa y abre los mecanismos adecuados en los espacios del inconsciente, por lo cual recibiremos la contestación idónea. Si uno busca la sabiduría que está detrás de todo lo manifestado, ciertamente que la irá obteniendo, y los flashes reveladores, pulsiones de conciencia, serán muy esporádicos al principio, pero irán ganando en frecuencia, y uno podrá ir entretejiendo su propia visión de la realidad más allá del conocimiento establecido.

Hay otras circunstancias a tener en cuenta para recabar información del inconsciente; y es que una vez que la mente inquisitiva –mente activa de El Mago’- ha hecho la llamada, hay que permanecer receptivo -atributo de La Sacerdotisa-, para que la comunicación pueda pasar a la conciencia. Mientras emitimos estamos incidiendo en el gran océano del inconsciente, siendo una actitud energéticamente eléctrica; sin embargo, para recibir hay que volverse magnético, o lo que es igual, receptivo, para poder atraer desde los niveles internos de nuestro ser aquello que buscamos. Por tanto, mientras mantengamos una actitud continua de emisión, no facilitamos la recepción. La  sabiduría del refranero refleja esta cuestión al decir: “Cuando menos se espera, salta la liebre”; lo que viene a significar que cuando uno deja de estar en tensión –eléctrico-, aparece lo buscado, o atracción magnética.

Metiéndonos ya de lleno en la simbología del arcano II, nos podemos dar cuenta que a la espalda de la Sacerdotisa hay un velo que impide ver lo que está detrás de él. El velo hace las veces de frontera entre lo que se manifiesta y lo que permanece oculto; por otro lado, el velo cumple su función sirviendo como tope a la mente humana, para que ésta no se pierda en abstracciones inútiles. Es como poner un límite, un punto de referencia, una meta provisional, pero a medida que nos acercamos el velo se hace más translúcido, permitiéndonos ver lo que ocultaba, hasta que termina por desaparecer, pero otro velo aparece en la lejanía. Ocurre exactamente como cuando andamos por lugares abiertos cuyo paisaje se pierde en el horizonte, siempre hay un límite para la visión del ojo; más allá de él no se ve, pero el horizonte se irá desplazando conforme avanzamos.

Tenemos en primera posición a la Luna en fase de cuarto creciente a los pies de la Sacerdotisa, siendo además éste cuerpo celeste el que rige el arcano II. En simbología astrológica la Luna representa tanto a nuestra parte inconsciente como a nuestros instintos. Todos sabemos que la conducta instintiva viene dada por los impulsos de nuestra parte inconsciente: el instinto, lo más primario del ser humano del que podemos decir que es sabio, ya que actúa de una forma correcta y espontánea, sin más: surge de la sabiduría registrada en el inconsciente acumulada durante todo el proceso de desarrollo y evolución de la vida en el planeta. Sin embargo, no podemos decir del instinto que es inteligentemente creador, en cuanto no elabora una línea nueva de comportamiento. Se rige por modelos establecidos que están fuertemente grabados en la genética de todas las razas y de todos los tiempos, lo cual nos iguala al reino animal. El instinto, lo más ancestral en el comportamiento del ser humano con su dualidad atracción-rechazo, placer-displacer, es el mecanismo por el cual el hombre se va a motivar en la vida, pudiéndose hacer una proporción directa: mientras más primario es un individuo, más instintiva es su conducta, y por tanto, más dirigido por los impulsos de su inconsciente.

La civilización no hace otra cosa sino disfrazar y sofisticar los instintos, haciéndonos creer que estamos muy alejados del hombre primitivo y de los animales. Aunque, por otra lado, parece ser que el instinto se va perdiendo, pero no en un sentido trascendente –que sería la línea correcta de su evolución-, sino que se está degenerando sobre todo en el hombre llamado civilizado, al no huir de un ambiente cargado de polución, ruido y estrés que a la larga lo enferma, comiendo e ingiriendo sustancias nocivas para la salud, y demás. Indudablemente nuestro psiquismo no es tan sano, aunque si más sofisticado que la del hombre primitivo, el cual tenía más desarrollado el instinto para distinguir lo que le era dañino y perjudicial.

Entre los principales modelos de comportamiento instintivo están:

Instinto de supervivencia: Capacidad para sobrevivir  en medios hostiles y autodefensa ante el peligro.

Instinto de conservación: Principalmente el de manutención a través de la alimentación, etc.

Instinto sexual y de reproducción: También creativo. Es una derivación del instinto de supervivencia llevado más allá de sí mismo, y proyectado en un hijo.

Instinto maternal: También de protección. Es la unión de los dos primeros instintos aplicados a lo creado; el hijo.

Existen otros modelos conductuales mecánicos en el sentido de que no se necesita un aprendizaje para crearlos, como puede ser el instinto social. El hombre por naturaleza es un ser social, siendo su tendencia a agruparse.

La costumbre hace ley”, por lo cual todos los mecanismos de supervivencia conservación, etc, que fueron en su día creados utilizados y perfeccionados de forma regular y constante por nuestros antepasados, han quedado grabado en los genes, y respondemos automáticamente a ellos. Encontramos, entonces, en el hombre, diferentes modelos de comportamiento instintivos, los cuales tenemos que saberlos distinguir de la inteligencia creativa que plantea y crea nuevas pautas de conductas.

El sentido de la Creación Universal no es la repetición constante de los mismos modelos, sino la aparición de formas diversas cada vez más ricas y complejas. El comportamiento instintivo nos ata al pasado y, por tanto, nos pone una barrera en cuanto a una posible evolución. Justamente, en las enseñanzas metafísicas se hacen referencias al hombre puramente automático ante sus respuestas en la vida, como un hombre que está dormido. A este tipo de persona todo le sucede, no vive la vida, sino que es vivido por ella, aunque el se considere a sí mismo totalmente despierto dentro de sus viejos modelos conductuales y los viva intensamente; pero desde la perspectiva de la evolución, esto no es suficiente. El despertar del estado automático a otro más consciente y creativos significaría la toma de conciencia de las propias limitaciones y ataduras para posteriormente trascenderlas hacia modelos más amplios de comportamiento, uniéndonos y cooperando así, con el principio creativo universal.

El ir más allá de los modelos instintivos no indica que éstos deban desaparecer como principio del funcionamiento humano. Trascender el instinto significa que el hombre no es meramente un ser con necesidades fisiológicas que lo llevan a pasarse la mayor parte de su existencia satisfaciéndolos, sino que además de ello ha desarrollado otros espacios internos que también necesitan alimento y atención para su mantenimiento. Como contraparte, la persona adquiere una riqueza y sutilidad de vivencias anímicas y espirituales muy diferentes al hombre netamente físico e instintivo, no obstante, quedándose todo integrado en el propio ser.

En base a esto, ya no se puede enjuiciar como mera conducta instintiva a la del individuo que, además de las naturales preferencias por su clan familiar o patria, amplía su interés a todo el ámbito de la humanidad y a cada individuo en particular. Con el instinto de conservación se romperían las fronteras entre “lo mío y lo que no es mío”, siendo suplida por una conciencia ecológica de conservación a nivel planetario. La capacidad creativa de este tipo de persona se enriquecería con obras en donde intervinieran cualidades anímicas y espirituales. En cuanto al instinto de supervivencia, no estaría fundamentada exclusivamente en una seguridad física, sino que se transformaría en una sensación de ser inmortal, de sobrevivir más allá del cuerpo físico, en una conciencia atemporal.

En la simbología de la Luna tenemos representados los principales instintos como los de reproducción, maternales y protectores. La Luna expresa el alma primaria o animal del hombre pudiéndosela ver en este arcano emergiendo de las aguas profundas del inconsciente; los pliegues del manto de la Sacerdotisa producen una cascada en la cual la Luna se baña. El hecho de que aparezca en cuarto creciente indica que las capacidades del alma están en sus principios, y efectivamente, el hombre a partir de lo instintivo ha ido evolucionando y adquiriendo con ello la capacidad racional producto del desarrollo de la corteza cerebral, adquisición más reciente del cerebro humano. Hace tiempo que como humanidad nos encontramos en diferentes grados de esta etapa racional. Pero, ocurre, que al haber aumentado nuestras facultades mentales, la brecha de la división interna ha crecido también con ella, y hemos caído en la trampa de las ciegas ideologías. Ya no será solamente lo que por instinto nos atrae o nos produce rechazo, sino que a ello hay que añadirle todo un abanico de creencias y teorías que de alguna forma tratan de explicar lo que ocurre en nuestro mundo, y que como hemos visto, no puede haber objetividad por la visión aún tan limitada y fraccionada de la mente. Es la razón y la lógica de las energías mercurianas de El Mago en su aspecto burdo o inferior, el cual trabaja con los valores verdadero-falsos,  y la intelectualización moral de lo bueno y de lo malo. 

Entonces, aparece un fenómeno muy especial; el hombre de una forma innata busca la unidad y la totalidad de sí mismo, intenta encontrar esa verdad de su ser. Sin embargo, como el problema radica en que sólo cuenta con una visión fraccionada de las cosas, aparentemente encuentra la unidad identificándose con unos determinados aspectos de la vida –los que según sus circunstancias personales le hagan sentir como buenos y auténticos-, ignorando, pues, y rechazando todo el resto, que queda automáticamente calificado de malo y de falso. Esta es la cuna de la moral humana y de todas las ideologías posibles que mantienen al hombre dividido en sí, y entre ellos mismos. Resulta sorprendente observar cómo a lo largo de la historia se repite siempre el mismo modelo de comportamiento; los hombres se aglutinan en base a una determinada ideología común, despreciando y luchando contra los que no comulgan con la de ellos.

Es interesante al respecto, poder darse cuenta del “valor emotivo de una idea”. Merece la pena pararse a analizar cómo una idea cualquiera, si no llegamos a sentirla, difícilmente nos motivará a actuar, y cómo una vez arraigada en nuestros sentimientos, nos domina, incluso por encima de toda otra realidad más inteligente y objetiva. Para ver este planteamiento de una forma ordenada utilizaremos nuestro modelo “comodín”: el primer círculo de la creatividad perteneciente a Los Ciclos Evolutivos. Utilizaremos también los cuatro elementos.

Contamos con las cualidades masculinas del Fuego y del Aire, ambos de naturaleza expansiva; el Aire como representante del plano de las ideas y de la comunicación , y el Fuego como la energía necesaria para la elaboración de una idea. La tendencia natural de ambos es la conquista y expansión hacia nuevos espacios, incidiendo sobre lo femenino, que es el espacio en sí.

En el otro lado están el Agua y la Tierra, ambos de naturaleza femenina, siendo el Agua el factor sensible y receptivo del sentir cuando una persona se abre paso a una determinada idea que resuena en ella. Luego, la Tierra se encarga de darle una estructura, afianzarla y arraigarla. Por lo que la doble función de lo femenino es la de dar cabida y también estabilidad a lo que penetra en la psiquis de la persona. Es el instinto de conservación.

Si miramos el diagrama de Los Ciclos Evolutivos, en el nº1 que es la Unidad, están sin diferenciar la potencialidad de los cuatro elementos.

En el nº2 y en su versión masculina, tenemos al elemento Aire. Representa la idea en sí, el cuerpo de creencias que se quiere transmitir, el cual, y en su conjunto debería ser lo más inteligente, coherente, justo, y ético posible, aunque no siempre ocurre así.

La parte femenina del nº2 pertenece al elemento Agua, el cual es el representante de la sensibilidad del sujeto o grupo al cual va dirigida el cuerpo de la idea. Para que ésta pueda penetrar no sólo debe ser comprendida racionalmente sino además sentida anímicamente. De modo, que ha de haber una cierta empatía entre la disponibilidad o apertura de la persona o sujeto pasivo y los valores ideológicos que se exponen, pues ya sabemos que de no haber una cierta identificación, la receptividad se manifiesta en su contraria; o sea, con una resistencia. De ser éste el caso, la idea incidente, es contrarrestada con una idea opuesta, y no se puede producir la siembra, sino que el producto es una discusión inútil que a ningún punto conduce. Estaríamos hablando del aspecto degenerativo del nº3, en donde los opuestos se desgastan en una lucha vana y la energía se degrada y se pierde en forma de calor originada por la fricción entre sus componentes. Es también el aspecto destructivo del elemento Fuego.

En el aspecto constructivo del Fuego o del nº3, tenemos el acto en sí de la transmisión y recepción de la idea. Se produce, entonces, un movimiento, el cual conlleva la carga de valores del cuerpo ideológico o de creencias que se quiere implantar en el sujeto pasivo. Esta carga ideológica es vivificada en el momento de la transmisión, por lo que cobra capital importancia el propio carisma de la persona exponente, debiendo ir todo esto acompañado con un ambiente adecuado. En su conjunto, se crea un campo de fuerza cargado de un cierto sabor, sensaciones que inciden sobre el sujeto o sujetos receptores y en su posible respuesta. Esta fase es la siembra de la semilla.

Finalmente, en la fase nº4 representada por el elemento Tierra, si la idea o enseñanza ha encontrado un medio receptor, debe a continuación seguir siendo alimentada regularmente; entonces es cuando verdaderamente tomará tierra; o sea, arraigará y enraizará en el sujeto, cristalizándose en una estructura ideológica que al individuo le aportará una base referencial, no solamente teórica sino anímica. Esto, naturalmente, y dependiendo de la naturaleza del conjunto doctrinal, le marcará una determinada actitud y comportamiento ante la vida.

Hemos analizado cómo es el proceso de aceptación de una idea, enseñanza, doctrina, o cualquier tipo de creencia y hacerla propia. Ahora bien, a la generalidad de las personas se nos ha inculcado desde la infancia, enseñanzas socioculturales y religiosas sobre lo que está y lo que no está bien, en unas palabras: la moral humana. Por su poca edad, el niño aún no tiene despiertas las facultades de la mente activa del discernimiento, de la criba, de la crítica, o del raciocinio, ante lo cual, el conjunto doctrinal entra y se implanta directamente en el plano anímico. La sensibilidad del niño es pura receptividad porque confía y está abierto a sus mayores. Este adoctrinamiento arraigará con gran fuerza en su mente inconsciente, seguramente marcándole para toda la vida.   

Por consiguiente, si contamos con los instintos, herencia común que son de toda la humanidad, la predisposición de temperamento que se trae heredado individualmente, más la enseñanza inculcada desde la infancia, todo ello va a suponer la casi o totalidad del comportamiento de la persona. Es por ello bastante congruente y lógico afirmar que en la generalidad de su vida, el hombre es motivado en sus actos por su lado involuntario, es decir, por impulsos automáticos del subconsciente, más que por una postura racional, objetiva, y de inteligencia creadora, que como ya sabemos, requiere de un trabajo elaborado y consciente. Por consiguiente, cuando en un momento dado de la vida se produce una apertura de la conciencia y nos damos cuenta de nuestros condicionamientos, esto naturalmente pone en peligro lo ya establecido. No exactamente nuestro instinto o nuestra herencia genética porque son modelos conductuales que nos sobrepasan, pero sí nos cuestionaremos el legado educacional y vendrá inevitablemente la crisis, el resquebrajamiento de las estructuras mentales, se experimentará el arcano de EL Loco.

Se suele decir que “el saber no ocupa lugar”. Esto habría que analizarlo más detenidamente, puesto que es una verdad a medias. Es cierto en cuanto al saber técnico y práctico que tenemos sobre las cosas; por ejemplo, tener conocimiento de matemáticas no es óbice para aprender historia o música.

Pero hay un saber que sí ocupa un lugar en nuestra mente y que impide la entrada de otro saber. Nos referimos a todo ese bagaje educacional que acabamos de comentar, porque es un tipo de enseñanza que lleva una carga de valoraciones morales, y sensibles. Es algo que afecta directamente a nuestra alma, ha enraizado allí, tiene una estructura psíquica y, por tanto, ocupa un espacio interno en donde están nuestros puntos de referencias sobre “lo que debe ser y lo que no debe ser”, un paraje que conocemos y en el cual nos movemos con seguridad, produciéndonos la estabilidad y el equilibrio interno que necesitamos. Por este motivo nos defendemos con tanta vehemencia cuando sentimos que nuestras estructuras mentales se sienten amenazadas.

El por qué unas personas van a identificarse con una determinada doctrina religiosa o política, y otras, con otros tipos de ideologías, va a depender del nivel de conciencia o madurez interna de cada persona en particular, así como de la experiencia en concreto que tenga que vivir para superar o desarrollar cierta actitud. Hay en el mundo creencias e ideologías para todos los grados y matices de la sensibilidad humana.

Para sintonizar con determinada idea, ésta no debe ser demasiado extraña o muy superior a la propia capacidad del individuo. Sería rechazada, puesto que no puede ser comprendida y apreciada. El “no le echéis perlas a los cerdos”, fue una advertencia muy adecuada de Jesús a sus apóstoles a la hora de predicar las enseñanzas. En el mejor de los casos, puede ser entendida con el intelecto, pero ello no es suficiente si no deja huellas en el alma. Lo mismo ocurre si la idea es inferior a nuestro nivel de ser, en este caso, la encontraremos desfasada, con cierto sabor a rancio, de cualquier forma, se nos queda pobre y corta, e incluso ridícula. Entonces, sólo sintonizamos ideológicamente con lo que dentro de un orden evolutivo nos toca vivenciar. En la tradición esotérica se dice al respecto que: “Cuando el oído está preparado para escuchar, aparecen los labios de la sabiduría dispuesto a enseñar”. Si la persona está madura para un determinado conocimiento, conectará con las circunstancias o personas necesarias que le aportarán dicha enseñanza.

El valor emotivo, pues, de una idea, o sea, con la fuerza con que la sintamos, es lo que nos hace parecer dicha idea como auténtica. Esto acontece independientemente de lo inteligente, razonable, objetiva o universal que pueda ser la referida idea. Tanto es así, que si carece o  tiene muy poco de esos ingredientes, pero la sentimos porque está en sintonía con nuestro nivel de ser o de alma, en la mayoría de los casos es suficiente para considerarla y sentirla como verdadera, aportándonos unas pautas de pensamiento y de comportamiento adecuado.

En algunos casos, es muy normal oír a personas que afirman estar completamente convencidas de sus creencias; emanan un sentimiento muy fuerte de seguridad, de estar en posesión de la verdad. Pero ya vemos que tal seguridad, no procede en la mayoría de los casos de un raciocinio profundo de sus creencias, pues cuando se escarba un poco dentro de la persona, ésta carece de argumentos sólidos y objetivos que la sustenten. A menudo se apoyan en opiniones ajenas de tal o cual autor, maestro o líder en los cuales han depositado toda su confianza, o en libros, que al fin y al cabo son opiniones y experiencias de otras personas. Pero no hay nada de elaboración propia, como argumentos basados en la observación y percepción directa de las cosas y de uno mismo, de un discernimiento profundo de la vida. Naturalmente, esto es un “trabajo” que requiere de un gran esfuerzo crítico e inteligente, esto conlleva sobre todo una actitud limpia de la mente, que no coloree moralmente ni catalogue de antemano la percepción que tenemos de las cosas. Si conseguimos llegar a ese punto de nitidez y calidad mental las creencias dejan paso a las evidencias.

Krishnamurti tenía fama en sus enseñanzas de incitar a romper con toda estructura ideológica que condicionase al ser humano. Se cuenta a modo de anécdota que una vez alguien le preguntó: Bueno, ¿pero usted en qué cree? Y el más o menos contestó: Y qué necesidad tengo de creer, cuando para mi todo es tan evidente.

En última instancia ocurre que, cuando la persona no tiene argumentos objetivos y serios para apoyarse en sus creencias, se defiende objetando que su verdad no se puede transmitir con palabras, ya que es algo sentido tan profundamente que no reside en el intelecto. Y con ello se intenta demostrar la validez de su creencia. Pero es obvio que todo sentimiento ya sea con la intensidad con que lo sintamos, esté inspirado en el amor humano o en el amor divino, son irracionales, subjetivos –Hemisferio Derecho-, y no pueden ser objetivizados ni explicados satisfactoriamente. En este caso el lenguaje poético y místico es lo más adecuado para poder expresar los sentimientos del alma. Pero hay que entender y no confundir el sentir un gran amor y devoción por alguna creencia en particular y la fiabilidad y coherencia de esa misma creencia. El amor nos ennoblece independientemente del objeto amado. Pero no sirve por sí mismo como base de nuestras creencias si no va acompañado de una percepción directa y objetiva de la mente inteligente, que por cierto, limpiaría al amor de la fama que tiene de ser ciego.

Entonces, no sólo con el corazón hay que sentir al Ser interno como símbolo de la Verdad Una, sino que hay que entenderlo también con la cabeza. Únicamente cuando se da en el hombre la unión de su sensibilidad e inteligencia, es cuando puede surgir la chispa creativa, la luz de la auténtica espiritualidad que trasciende los niveles fraccionados del individuo en un verdadero amor inteligente.

En todos los casos de adicción a una determinada ideología se da el fenómeno de la rigidez en cuanto al contenido y exposición de la idea adicta. Es muy difícil que pueda haber creatividad, flexibilidad, ni variantes, puesto que esto podría ser sentido como una desviación de la trayectoria marcada y, naturalmente, fuera de esa dirección conocida uno se sentiría inseguro y perdido. Es más, si nos remitimos a las Leyes Newtonianas sobre el Movimiento, uno no puede cambiar de ideas –aceleración o cambio de dirección de un objeto-, espontáneamente, si no interviene una fuerza que le obligue a hacerlo. Y si no ocurre así, se continúa en la inercia: tendencia que tienen los objetos y cualquier sistema a seguir haciendo aquello que estaban efectuando.

Hasta que la persona no haya agotado la fase de autoafirmación de sus propias verdades, no habrá llegado al punto de madurez para abrirse a otras nuevas perspectivas. Entonces, algo vendrá desde el exterior, como fuerza adicional, bajo la forma de situaciones, personas, etc, que le harán vivir las experiencias necesarias para romper con los esquemas antiguos y abrirse a otros más amplios.

La dualidad universal la vamos a ver representadas en las dos columnas que el rey Salomón mandó erigir en la entrada del Templo de Jerusalén, y que se muestran a los dos lados de la figura de la Sacerdotisa. La columna negra llamada “Boaz”  significa: fuerza que va hacia adentro y Yakin, la columna blanca: lo establecido, o fuerza que se manifiesta hacia afuera. Con la dualidad universal podemos hacer múltiples juegos de interpretaciones. Por ejemplo, podemos asociarle los arquetipos de Jung de la Sombra y el Doble.

En la Sombra –columna negra- permanece todo aquello que por educación social y moral religiosa nos han dicho que es malo. Por consiguiente, a la Sombra o saco del Subconsciente va a parar todo comportamiento que hemos ignorado y reprimido porque está mal visto, pero, que es por otro lado, lo que criticamos y rechazamos cuando lo vemos en los demás, ignorando que es algo de nuestro lado oscuro que no lo tenemos reconocido ni aceptado. A nivel del inconsciente colectivo la proyección del mal que hemos creado la llamamos Diablo o Demonio y a este arquetipo le echamos las culpas de todos los males de la humanidad.

El Doble –columna blanca- es, sin embargo, nuestro modelo del bien, lo que se nos permite de nuestro comportamiento y el ideal de perfección que podemos alcanzar, proyectándolo asimismo en personajes de héroes, santos o maestros, con los cuales nos identificamos, siendo el máximo exponente del bien, la figura de Dios, como ser antropomórfico. Pero en las profundidades del ser y velado para el hombre que duerme, yace depositada la semilla de la conciencia objetiva de la unidad, la chispa espiritual de la supraconciencia, más allá del bien y del mal.

Hay que reconocer que los modelos del bien y del mal tienen una misma raíz, aunque su manifestación dual sea opuesta, pero como ocurre con todas las dualidades, no puede existir un polo sin el otro. Ambos mantienen su existencia gracias a sus mutuas interacciones. La integración de los opuestos, en este caso del bien y del mal en un nivel superior que los unifica, es algo todavía muy nuevo y difícil de asimilar para una cultura que está basada en concepciones irreconciliables de la dualidad. Para este modelo de mente fraccionada -como ocurre con la generalidad de la humanidad-,  la dualidad está en continuo juego de intereses opuestos, en una lucha dialéctica de acción y reacción, en donde en ninguna de las dos posiciones existe una comprensión y aceptación del contrario, como tampoco existe la conciencia de las fuerzas encadenadas que se dan en su mutua y conflictiva relación.

El hombre, entonces, rechazando y no queriendo ver una parte de sí mismo, jamás podrá llegar a la totalidad de su ser, pero se le proporciona un camino de salida dentro del laberinto, que como círculo vicioso lo mantiene prisionero. Es el sendero del Alma, de un alma nueva, renacida, que poseen los que han desarrollado un segundo cuerpo, reflejado en la imagen de la Sacerdotisa. Ella lleva consigo la Tora, la Ley; es decir el código de comportamiento en el nuevo orden emergente, basado en la sabiduría del conocimiento que esas mismas leyes aportan. A su vez, esta segunda dimensión humana es el plano mediador o intermediario que conducirá al hombre a integrarse en el tercer nivel del Espíritu. Parece que esta visión del Alma como paso intermedio concuerda con la enseñanza religiosa cuando adjudica a María o Alma nueva ser la mediadora entre el hombre y Dios.

La cruz que lleva la Sacerdotisa en su pecho es la unión de la polaridad masculina/femenina dándonos a entender que ella significa el punto medio o de equilibrio entre los pares de opuestos; siendo el nuevo modelo de ser, la nueva conciencia en el nivel emergente. La Ley del Equilibrio nos conecta con el arcano VIII, La Justicia; que por su posición en el diagrama representa una fase más avanzada del arcano de La Sacerdotisa. Cuando lleguemos a La Justicia, profundizaremos en el concepto de equilibrio como medida de lo justo.

La figura de la Sacerdotisa en su posición central entre las columnas blanca y negra, nos sugiere la andadura por el camino del medio: el del equilibrio dinámico entre el par de opuestos. Vamos a imaginarnos que las columnas fuesen dos grandes imanes y un objeto metálico tuviese que pasar entre ellas. Para no quedarse adherido e inmovilizado a ninguno de los dos lados, el medio, es ir por el medio .Los que entiendan de Quabalah podrán comparar la posición de la Sacerdotisa con la columna central en el Árbol de la Vida, denominada del Equilibrio.

“En el punto medio es en donde está la virtud” nos dice el refrán; y la palabra “virtud” significa según el diccionario: poder, fuerza eficacia. Es en el punto medio entre dos posiciones en donde se encuentra la capacidad de hacer, de cambio y de transformación.

Lo que corona la cabeza de la Sacerdotisa es la Luna en tres fases: creciente, llena y menguante, señalando así el recorrido del Alma, que como todo proceso vital se inicia en una fase emergente como alma animal o instintiva, llega a su plenitud como alma humana, lo que es el plano de los sentimientos en toda su exhuberancia y esplendor, para luego decrecer, autotrascendiéndose e integrándose con el Espíritu, en la última fase. Las granadas y palmeras en el velo, son otra forma de representar los frutos que se pueden conseguir cuando se traspasa el velo por medio del dinámico juego de los principios masculino/femenino

Las características del arcano de La Sacerdotisa son las atribuidas al hemisferio derecho. Estas son: sensibilidad, sentimiento, arte, intuición. La visión es espacial, global, lo que se llama “vista de pájaro”. La mente además de ser intuitiva, trabaja con relaciones analógicas, por lo cual se percibe la correspondencia entre diferentes planos de la realidad.

Del lugar de donde vienes, lo sabes todo,
Tú traes la Sabiduría de los antepasados;
De todos los antepasados desde el comienzo.
Tu padre y yo te hemos hecho un cuerpo,
Pero tu vivías ya antes de que tu padre y nos conociéramos
Vivías en la semilla perdurable, y por eso sabes,
Lo sabes todo. Desde el principio.

 

                                                                                                                                                               Canción de las madres Lakota

 

 

 

  III LA  EMPERATRIZ.-   El  Mago  y  La  Sacerdotisa,  los  dos  protagonistas de la historia universal y personal se unen en la Emperatriz para  emprender  juntos el camino de la Vida. Conectamos así, con el punto dinámico de la gran tríada arquetípica, siendo este arcano el tercer elemento en la constitución del ser humano, el plano vital, lo que anima a todo proceso de la naturaleza. En La Emperatriz se va actualizando en pulsiones creativas de vida, todas las posibilidades codificadas en el Registro Universal.

En la tradición oriental existen “Purusha” y “Prakriti”, equivalentes a nuestro Mago y a nuestra Sacerdotisa y, según M. Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, se ha comparado a estos dos principios increados con un paralítico -Purusha-y con un ciego –Prakriti-. Ambos tienen que emprender un mismo camino, entonces, el paralítico, como puede ver pero no puede andar, se monta encima del ciego que no ve pero si puede caminar, y así entre los dos consiguen llegar a su destino. El hecho en sí de la mutua interacción que produce un movimiento; el caminar, es La Emperatriz.

Podríamos preguntarnos por qué este movimiento del Arcano III, viene representado en el Tarot por un elemento femenino como es La Emperatriz, cuando realmente en el origen de este movimiento intervienen tanto un factor masculino como otro femenino. Hay algo a tener en cuenta, y es lo que hemos visto con el ejemplo tan gráfico del paralítico y del ciego, porque aunque ambos se desplazan, el que efectúa los pasos es el ciego, si bien, guiado por el cojo. Por tanto, en la naturaleza, a lo que vemos en continua transformación son a las formas y a la materia. La directriz inteligente es el factor invisible que subyace tras ella.

De la figura de la Emperatriz se dice que está embarazada y, efectivamente, así debe ser, pues en ella, cual una matriz cósmica, se va gestando continuamente el proceso creativo del universo. Toda la carta en general nos habla de la fertilidad de la naturaleza, de la tierra madre fecundada por la semilla de la inteligencia universal.

       

Para los versados en la “Doctrina de los 7 Rayos”, a la Emperatriz le corresponde el tercero, que tiene que ver con la inteligencia creativa de la materia, siendo los dos primeros rayos, pertenecientes al Mago y a la Sacerdotisa respectivamente.

Si a La Emperatriz la enfocamos bajo la tradición cristiana, encontramos su equivalencia con el Espíritu Santo, tercer elemento, también, de la Tríada Arquetípica, y como tal, es visto como la fuerza creadora que ayuda e impulsa a muchos en su caminar. Como tercer facto que es, el Espíritu Santo está asociado al elemento Fuego, y una imagen de ella la obtenemos en las leguas de fuego que se posaron encima de las cabezas de los doce apóstoles, indicador de la fuerza creadora que es atraída hacia algún tipo de manifestación. En el simbolismo evangélico parece ser que las mentes de los apóstoles se despejaron y estuvieron aptos para predicar la palabra de Dios.

El Espíritu Santo es representado por una paloma, ésta es a su vez el símbolo de la paz y del amor. No hay que caer en el error de considerar la paz como un estado estático. Indudablemente, con la paz cesa la lucha de los opuestos, pero es por medio de la unión cuando surge la colaboración de los mismos opuestos que antes estaban en conflicto, siento así transformado en una fuerza impulsora y constructiva, La Emperatriz, la fuerza amorosa y creadora del universo.

Por esta misma razón, en La Emperatriz está representada la fuerza cohesiva del amor. No hay que confundir el plano o arquetipo de la sensibilidad y del sentimiento ubicados en el arcano de La Sacerdotisa, con el acto en sí de amar que es una fuerza ante todo dinámica y creadora, siendo la sinergia que enlaza y mantiene cohesionados a los átomos, moléculas y células, para el mantenimiento y la formación de nuevos cuerpos. Por tanto, el acto de amor es la fuerza que mueve al mundo, siendo el sentido de la creación universal. Concuerda perfectamente esta visión con el planteamiento religioso de que Dios es amor, y como tal, es principio y fin, como fundamento y finalidad del universo, un potencial infinito e increado que se actualiza incesantemente y gracias al cual el universo puede seguir existiendo.

Este arcano está regido por Venus. En Astrología, Venus representa el amor y también la fertilidad de la naturaleza. Este planeta rige a dos signos del Zodíaco: a Tauro y a Libra. A través de Tauro -signo de Tierra-, nos habla de la prosperidad y fecundidad de la Madre Tierra, y por medio de Libra –signo de Aire- nos muestra la unión, paz, armonía en las relaciones humanas. La armonía nos lleva al concepto de belleza, y también al de arte; todas son características de Venus en Libra. Vemos, pues, el símbolo de Venus en el escudo de la Emperatriz, en forma de corazón como emblema del amor.

El amor, como todos hemos podido comprobar, es vida y dinamismo. Y aunque principalmente se le relaciona con un sentimiento, y de hecho lo es, no todo sentimiento es amor. El amor es más que un sentimiento, es una fuerza unificadora, y como tal, se le puede enfocar también desde otros ángulos, con lo cual nos da una visión mucho más enriquecedora y variada. Al amor se le puede mirar bajo las perspectivas: física, sentimental, inteligente y energética, o sea, introduciendo los cuatro elementos.

El amor del plano físico o atracción sexual es puramente instintivo, y las emociones y pasiones que se despiertan, proceden del plano sensible del Alma animal. Esta forma de amor produce placer, y tiene la capacidad de crear cuerpos físicos. Es el amor-Tierra.

El amor del corazón tiene características más extensas y sutiles que el amor-físico. Este amor produce frutos independientemente de los condicionamientos masculino-femeninos del anterior. Su manifestación tampoco depende de la edad, ni de la aptitud física, trascendiendo el contacto corporal, el espacio y el tiempo. Dependiendo de la intensidad de su fuerza, se puede sentir como un estado de felicidad, de beatitud, devoción y plenitud, siendo su sabor diferente al de la felicidad sexual. Es fuente de inspiración de numerosos poetas, artistas y místicos, y también bajo ese estado se producen creaciones en el plano artístico. Es el amor-Agua.

En cuanto al amor-Aire o amor inteligente, se basa más en una comprensión de los hechos de la vida, de las circunstancias, y de las personas. Cuando se  comprende se acepta aquello que antes podía ser rechazado, y se integra en el ser. En su expresión más amplia es un entendimiento de los Principios Universales, por lo cual formamos parte de una gran unidad. Es tomar conciencia del la Ley del  Amor en toda su extensión  y actuar en consonancia a ello. La sensación es de profunda plenitud. Las personas que han desarrollado este tipo de amor en un alto grado son motivadas a crear obras destinadas al crecimiento y desarrollo de la humanidad. No depende tanto, el amor inteligente, de nuestras fluctuantes emociones, o de un estado de exaltación que encajaría más con el concepto del amor ciego, sino que depende más de una conciencia de unidad y de voluntad de hacer. En este plano amoroso se puede decir que: el amor es inteligencia , y la inteligencia es amor.

Indudablemente, tanto la mente como el corazón deben estar en continua interacción para que el acto de amar sea completo, ante lo cual, las distinciones que se han hecho de las diferentes formas de amor, está en base a que impere más un aspecto u otro en cualquier tipo de relación personal o colectiva.

Estos tres niveles de amor tienen en común el deseo de unión, de armonía y acercamiento a lo amado; y cada uno es creativo en su nivel. Pero además el amor es una fuerza dinámica, y, aquí tenemos al cuarto elemento: el amor-fuego, común a los otros tres planos anteriores, puesto que es la energía que nos impulsa a movernos hacia el objetivo amado. Ahora bien, lo que nos motiva a dirigirnos hacia la meta deseada es una fuerza emotiva. Si el objetivo no se siente, difícilmente nos hará ir en pro de su consecución. Si bien, en el amor instintivo de Tierra, e incluso en el amor-Agua, podemos sentir y definir la fuerza amorosa como impulsos del inconsciente o deseos del alma; puesto que en estos casos el individuo se siente atraído hacia algo o alguien independientemente de la voluntad de la propia persona. Uno se comporta involuntariamente receptivo o resistente ante determinadas situaciones, por lo que podemos calificar estas formas amorosas como pasivas en cuanto no existe una decisión consciente de “elegir sentir”. Tenemos que recordar que los elementos Tierra y Agua son de naturaleza femenina y pertenecen, por consiguiente, al ámbito inconsciente de La Sacerdotisa. No ocurriendo lo mismo con el amor-Aire, existiendo indudablemente un deseo y una motivación como base de la acción, pero en el que se incluye también un aspecto volitivo, es algo pensado en donde existe una decisión que nos implica a actuar en la dirección de nuestro objetivo; lo cual entramos en el terreno activo y masculino del arcano de El Mago.

Pero como cada virtud tiene también su propio defecto, si el deseo que surge del plano emocional es el que nos imprime la fuerza de avance, esto a su vez nos hace pagar un precio. Nos aferramos a las cosas que queremos, a las situaciones y a las personas que amamos, esto nos lleva a que el mismo hecho de posesión a lo amado origina una fuente de sufrimiento, ya que lleva inherente el miedo a perder lo que hemos conseguido. Como resultado, caemos en una situación en que las fuerzas que se movilizaron para conseguir nuestro objetivo, comienzan ahora a girar sobre un mismo punto: lo amado. Creamos, entonces, con nuestras energías un círculo vicioso que gravita alrededor de un punto central que está fuera de nosotros. Cuando esto sucede, que por cierto, es con bastante frecuencia, muchas personas no son conscientes de haber perdido el propio centro, e incluso pueden llegar a acomodarse a dicha situación de dependencia e incluso de pérdida de identidad en provecho de lo amado. Pero hay otras personas que aún en contra de su voluntad, se sienten atrapadas a una situación que sienten que le es dañina, ante la pérdida del propio centro.

¿Qué habría que hacer entonces, ante un estado anímico que nos mantiene prisioneros y nos impide avanzar en nuestro camino? La salida está en el acto consciente. o sea, en el discernimiento y en la comprensión de todos los mecanismos mentales y emocionales que entran en juego en la situación conflictiva. Estos actos conscientes irán creando una energía activadora en otra zona de nuestro inconsciente, que atraerá la fuerza adicional, bajo la forma adecuada, que nos da la posibilidad de salir del encadenamiento en el que nos encontrábamos.

Esto no quiere indicar que lo amado tenga necesariamente que desaparecer de nuestra vida, sino que el nuevo estado que adquirimos no nos mantiene en estado de esclavitud, en la fijación emocional que es causa de tanto sufrimiento y dolor. Podremos amar sin perder nuestro centro de gravedad, manteniéndonos libres, al mismo tiempo, del objeto amado.         

El proceso de cómo nuestra parte consciente e inteligente rescata y salva a nuestra parte sensible o anímica de un estado de encarcelamiento está reflejada en los cuentos y mitos en cómo el príncipe despierta a la doncella de su letargo o cómo el héroe rescata a la princesa de alguna cueva en el que un monstruo –nuestras propias pasiones incontroladas- la mantiene prisionera.

Se ha comparado los diferentes cuerpos del hombre, con un coche de caballo: el carruaje es el vehículo físico; el caballo, el cuerpo sensible; el cochero, el cuerpo inteligente; y el dueño del carruaje simboliza la voluntad. El dueño da la orden al cochero indicándole a dónde quiere dirigirse. –voluntad del Mago-. Este recibe la orden y debe saber escoger el mejor camino para llegar al lugar indicado, y por otro lado, tiene que manejar las riendas del caballo para guiarlo adecuadamente –atributos del Mago’-. A la señal de partida el caballo se pone en marcha. Vemos el aspecto inteligente incidiendo sobre el plano sensible y emocional del caballo –el inconsciente de La Sacerdotisa-, que es el que realmente tiene la fuerza para mover el carruaje o cuerpo físico. El movimiento que se produce de tal interacción, entre dirección y fuerza, la puesta en marcha, pertenece al reino de La Emperatriz, donde se lleva a cabo la ejecución del hecho, hasta dar con un resultado, que en este caso sería llegar al destino previsto, en donde ya entramos en el terreno del 4 o arcano del Emperador, que es el hecho consumado.

¿Qué pasaría si el caballo no estuviese guiado por el cochero? Andaría a su antojo, y con toda seguridad el dueño nunca llegaría a su destino. Puede también desbocarse y poner en peligro la vida de los pasajeros y del propio carro. Esta alegoría del carruaje contiene una gran sabiduría y viene a ser  muy similar al ejemplo del cojo y del ciego referidos anteriormente, aunque más ampliada  con los otros componentes que integran al ser humano.

Vemos, entonces, que La Emperatriz es el punto de encuentro de los dos arcanos anteriores, en donde los contenidos masculinos y femeninos interaccionan posibilitando la creatividad en un gran abanico de resultados. Es en este punto 3 donde las cualidades de los hemisferios cerebrales se relacionan fructíferamente. Por ejemplo contamos con las facultades razón/intuición especialidades de cada uno de los dos hemisferios. Con la intuición podemos entrever mucho más allá de donde nos encontramos, pero hay que aplicarlo dentro de un contexto coherente y lógico. La combinación de estas dos cualidades, produce la genialidad. Einstein, por ejemplo, era un gran intuitivo en el terreno científico, tenía desarrollado el lado femenino de su cerebro. A esto es a lo que se refiere realmente la sabiduría popular cuando dice: “Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”.  Aunque este dicho se interpreta comúnmente como la mujer física, en su sentido más profundo revela el potencial creativo y la nitidez de mente que se genera como consecuencia de la interacción de los dos hemisferios cerebrales, el izquierdo –masculino-, y el derecho –femenino-.

Si El Mago’ representa nuestra zona consciente y La Sacerdotisa nuestro inconsciente, en el terreno de La Emperatriz se produce el acontecer de la conciencia, el acto de “darse cuenta”,es el punto en donde se genera la chispa o pulsión de luz; viendo lo que segundos antes no veíamos. Por consiguiente, los arcanos que están en relación con La Emperatriz –como son todos los números múltiplos de 3- marcan los puntos de intersección en donde se debe producir una determinada conciencia-energía, para efectuar el desplazamiento al siguiente nivel. Si bien el refuerzo adicional energético proviene de otro plano, si no se hace “la llamada” desde donde nos encontramos, el proceso se estanca, llevándonos hacia una situación viciada y degenerativa. Lo que no va hacia delante, va hacia atrás, porque, sólo el hecho de no continuar avanzando cuando todo alrededor marcha en un sentido ascendente, es en realidad, retroceder.

La Emperatriz lleva una corona con 12 estrellas, asociadas a los doce caracteres o tipologías de las fuerzas zodiacales, los cuales conforman la base de todas las variantes posibles, dentro del gran repertorio del comportamiento humano.

La cinta que le rodea la cabeza es de mirto, planta sagrada de Venus, el planeta del amor y que rige este arcano. El cetro de poder de la Emperatriz está compuesto por un mango –forma masculina-, rematado por una bola –forma femenina-, haciendo alusión a que su poder se basa en la dinámica de la dualidad. Las granadas que adornan su traje son expresiones de la fecundidad femenina en plena actividad.

En La Emperatriz se ve reflejado el mito de la diosa griega Démeter. Esta era hija de Rea, la Tierra Madre, y de Kronos, el Tiempo. Es una alusión a todo proceso de gestación que se lleva a cabo en las tierras sembradas. Delante de la figura de la Emperatriz, aparecen unas espigas de trigo como prototipo del cereal. Esto nos invita también a reconocer en La Emperatriz a la diosa Ceres. En la mitología romana, a Ceres se la identificó con la griega Démeter, siendo la diosa de la agricultura, que junto con Tellus –la Tierra-, era honrada después de la siembra y poco antes de la cosecha; es decir, justamente en pleno proceso gestativo, que es el mensaje que nos transmite el arcano de La Emperatriz, y que junto con la frondosidad del paisaje nos muestra la generosa fertilidad de la Madre naturaleza.

Naturalmente, este proceso de siembra y gestación de la semilla en la tierra, es también aplicable a los niveles internos de la persona. El Arcano III es el modelo básico representativo de la germinación de lo nuevo, dentro del espacio interno, cuya tierra ha sido preparada para que la nueva semilla germine y produzca, llegado el momento, su fruto.


 

  

 

IV  EL  EMPERADOR.- Hemos llegado al punto nº4, y como se apuntó en Las Reglas del Juego, algo nace en los arcanos señalados con este número. Efectivamente, se cristaliza un cuerpo como una unidad organizada, siendo éste, el resultado de la tríada anterior, y haciendo de potencial en el nuevo círculo que se inicia.

En el arcano del Emperador, lo que se manifiesta como unidad, es el ser humano como fruto de todos los arcanos precedentes. El hombre cuando nace, trae consigo la chispa inmortal de Loco, las capacidades intelectuales de El Mago, un centro sensible y emocional de La Sacerdotisa, y un campo energético y vital de La Emperatriz. Todos estos planos se conjugan en el cuerpo físico de El Emperador, el cual, a su vez, sirve de soporte y manifestación de todos ellos.

Podemos decir, entonces, que La Emperatriz –de la cual se dice que está embarazada- da a luz a su hijo El Emperador, en una dimensión espacio/tiempo física; el ser humano con toda una gama de posibilidades por desarrollar, iniciará el segundo círculo: el de su autoafirmación. Para ello necesitará desenvolverse, creando primero una personalidad, y llegando más tarde a un punto de madurez psíquica que le posibilitará el ir más allá de sus propios límites personales, realizando el 3º círculo o de la autotrascendencia.

Podemos evidenciar, contemplando la estructura de Los Ciclos Evolutivos, que hay un gran porcentaje de la humanidad que se encuentra en la primera etapa de la autoafirmación personal. Si bien, para trascender la personalidad antes hay que formarla; no se puede ir más allá de lo que no se tiene; esto es obvio, y es lo que viene a simbolizar el arcano de El Emperador: el ser humano constituido como tal, y funcionando con el temperamento instintivo heredado genéticamente. A ello hay que añadirle todas las variantes educacionales provenientes del entorno familiar y social, formándose poco a poco la personalidad del individuo. Según el lenguaje de Freud, coincide con lo que él llamó el Ello y el Ego. Toda persona nace con el Ello, pero éste tiene que ajustarse a una serie de normas y conveniencias sociales para poder vivir en la comunidad en que ha nacido, formándose entonces, el Ego.

La personalidad se irá desarrollando y autoafirmándose a partir del niño, con sus exigencias y demandas de atención, cariño, comida, juego, derecho a poseer cosas, y a tener su campo de acción en un ambiente hogareño. El niño, como ser básicamente inseguro, necesita de la aprobación de los demás, reclamando la atención de los padres. Lo “mío” adquiere un papel preponderante: “mis juguetes”, “el coche de mi papá”, etc. Es una compensación a la carencia de seguridad, ya que como ser humano, aún no ha podido realizar sus facultades innatas o adquiridas.

El niño se hace adulto, madura su cuerpo, pero ¿acaso va esto unido a una madurez de comportamiento?. Socialmente se considera madura a la persona que trabaja para conseguir el sustento o bienestar material; es un factor necesario, y que al contrario del niño, no se lo encuentra resuelto. Igualmente el adulto tiene que realizarse sexual y sentimentalmente, posiblemente formar un hogar y cumplir con sus deberes familiares,   sociales y como ciudadano, etc. También existe una necesidad de valoración y reconocimiento como persona, esforzándose en algunos casos por alcanzar algún puesto de relevancia en la sociedad. Aunque todo esto muestra una mayor autosuficiencia y autonomía con respecto al niño, en realidad, la mayor parte de las personas adultas siguen motivadas por los mismos valores que en su infancia; la diferencia consiste en que el radio de influencia del adulto es mucho más extenso, pero básicamente es inducido a la autoafirmación del yo como personalidad de este primer nivel del que estamos tratando.

Existe un libro, “Sobrevivir” –la gran lección del reino animal-. Su autor cuenta cómo un babuíno llamado “Obbo” es sacado de su recinto del zoológico y puesto en otro territorio dentro de una horda de babuinos que no es la suya. Obbo logra, a base de todas las estrategias posibles, conseguir que los demás lo consideren y lo acepten como uno de ellos; Conquista a la hembra del jefe y finalmente, uniéndose a unos cuantos rebeldes y marginados de la horda, forma un grupo de oposición, y dando un “golpe de estado” derroca al jefe y a su grupo, erigiéndose como cabeza dominante de su nueva camarilla.

Esta actuación de Obbo que nos puede sonar total y familiarmente humana, el autor la define como inteligencia social puramente instintiva proveniente del cerebro medio, que es el ordenador que rige los modelos instintivos de conducta, estando en los animales de inteligencia superior claramente desarrollado, como va exponiendo en su libro ante los diferentes ejemplos del comportamiento animal.

El etólogo añade: “Para los especialistas en psicología animal, toda predisposición congénita hacia determinada conducta, es un instinto; y toda capacidad para aprender nuevas formas de comportamiento, es inteligencia”.

De modo que el hombre -y en este arcano que representa a su personalidad-, puede llegar a lo máximo dentro de las exigencias de los valores establecidos dentro de su cultura, y no haber pasado de un plano puramente instintivo. Ello es debido a que para los intereses de ese nivel de vida,  y para que la persona se realice perfectamente en su medio, es suficiente que posea unos instintos bien desarrollados y una personalidad mientras más brillante, mejor. Con ello puede conseguir un buen éxito y reconocimiento. El título adjudicado a este arcano; El Emperador, nos dice mucho precisamente acerca del personaje más representativo y de máxima jerarquía de este tipo de valores sociales humanos: poder, riqueza, mando, lo imperativo de esta personalidad expresándose en el sentido del dominio sobre los demás. Pero para la creación de un segundo cuerpo, dichas cualidades ya no son las idóneas, y lo que es peor, puede llegar a ser un inconveniente tener un ego excesivamente imperante, puesto que ello dificultaría su proceso de transformación.

Este arcano está regido por Aries –el Carnero-, el signo zodiacal que va a la cabeza de todos los demás, con lo que confirma la fuerza de inicio del circulo que representa este arcano. Al carnero lo podemos ver en el trono de El Emperador rematando los brazos del mismo. A cada signo del zodíaco le corresponde un lema, y el de Aries es: “Yo soy”. O sea, la autoafirmación de la personalidad imponiéndose en su medio; es la fuerza de la supervivencia y de las exigencias del individuo proyectándose hacia el mundo exterior. Este tipo de conciencia es externa, en el sentido de que sus motivaciones ante la vida provienen sobre todo de los estímulos que inciden sobre sus cinco sentidos físicos, produciéndose la reacción mecánica como respuesta. Debido a esto, el individuo en este estadío, se haya totalmente condicionado a su entorno, respondiendo su conducta a los contenidos más pobres y comunes de El Mago y de La Sacerdotisa: un racionalismo muy limitado, emociones procedentes del plano instintivo, y en general un tipo de mente bastante fraccionada. Su creatividad se estimulará con creaciones propias de esta dimensión física de su ser.

El número 4 que corresponde a este arcano, significa en numerología la materia, contemplándola a ésta como el aspecto más denso dentro de la escala vibratoria de la creación universal. El plano de la materia se representa, a su vez, en forma cuadrada, o cúbica, recordándonos dicha figura geométrica al trono del Emperador. Asimismo, el trono de piedra y las montañas rocosas que aparecen detrás, nos conecta con la información y sensación de lo sólido.

El Emperador lleva puesto una armadura de hierro, metal que se relaciona con el planeta Marte, correspondiéndole a éste planeta la regencia de Aries. Y como bien sabemos, Martes es el luchador, el dios de la guerra, el que se impone por medio de la fuerza impulsiva.

El Emperador porta en su mano izquierda un globo terráqueo simbolizando con ello, que sus poderes son terrenales. En la mano derecha sujeta el  “Ankh” egipcio, símbolo de Isis. Esta cruz tenía antiguamente el significado de lo inmortal. La línea vertical representa el poder masculino de la creatividad, y en la línea horizontal, el poder femenino. Por encima de ambos, el círculo del infinito, de lo eternal, de lo que no tiene principio ni fin; el cero de El Loco, la Chispa Divina.

Todo ello nos viene a indicar que, así como el Emperador es el fruto de la polaridad femenino/masculina del círculo anterior, a su vez, él es el portador de un nuevo círculo en la evolución de la vida, al igual y como ya lo fue el arcano de El Mago, y así sucesivamente.

 

 

 

V  EL  HIEROFANTE.-  Con el arcano del Hierofante, el hombre se sitúa ante planteamiento diferente en su vida.Ya no se trata de la necesidad por autoabastecerse en un medio físico, ni de la autoafirmación en su medio social, como son los imperativos del arcano anterior. En el Hierofante se busca algo más allá de uno mismo y de la vida corporal y material. Es el instinto de lo sagrado, de la llamada de la semilla espiritual. El hombre, desde sus principios, y de una forma u otra ha sentido esa necesidad de lo trascendente. Pero dicha necesidad de lo espiritual no es indicativo de que el individuo tenga que vivir antes el arcano de El Emperador para pasar luego al de El Hierofante. Ni mucho menos, ya que precisamente estos dos arcanos son paralelos, o sea, son dos tipos de influencias opuestas y complementarias; unas externas y otras internas, que inciden a la vez en la vida del sujeto y a las cuales va a estar sensibilizado durante su vida. El que unas personas  estén más enfocadas hacia un sentido espiritual de la vida y otras por el contrario, vivan con una visión puramente materialista, intervienen, por descontado, factores educacionales, pero, también aspectos internos de la sensibilidad individual.

Este arcano, entonces, viene a reflejar la necesidad del hombre de establecer un contacto con lo sagrado y sobrenatural, y esto, de momento, se percibe y se busca como algo fuera de sí mismo. Hay que tener en cuenta que la personalidad humana de este primer círculo, vive sumergida en las fuerzas influyentes del mundo externo, de cual se alimenta. Sus necesidades de autosatisfacción y bienestar serán estimuladas y mantenidas por las funciones fisiológicas y por los valores establecidos en su entorno social. Pero en lo tocante a una plenitud profunda y auténticamente anímica y espiritual, es evidente que no se la va a estimular los valores externos del arcano IV. De los espacios internos y trascendentes es de donde la mayoría de las veces proviene esa sensación de profundo vacío que sienten muchas personas, a las cuales su núcleo espiritual les está reclamando atención, pero al no ser conscientes de esa realidad interna que reclama un miramiento y un cuido, intentan calmar el vacío íntimo volcándose y distrayéndose aún más con los estímulos externos. Hay veces, que cuando la sensación de vacío es muy fuerte, se produce una crisis existencial. Pero es gracias a ella, cuando la persona puede llegar a sensibilizarse y abrirse a los nuevos requerimientos internos.

Sin embargo, y a pesar de todo, cuando en la primera etapa el hombre se siente atraído hacia su realización espiritual, la suele iniciar buscando también fuera de sí mismo; es decir, imitando modelos externos y apoyándose en otras personas a las cuales toma como ejemplo, también en lugares sagrados, en objetos de poder, en fenómenos paranormales, etc. Las proyecciones que se hacen sobre el “más allá”, están llenas de connotaciones humanas. Es el paraíso de las religiones y de las sectas en donde en algún lugar habita un dios antropomórfico. Se dice que Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, pero lo que si es totalmente evidente, es que el hombre a creado a un Dios a semejanza suya.

De todas formas, se puede comprobar, que desde los comienzos de los tiempos de los cuales tenemos constancia, el ser humano ha tenido deseos de lo divino y sed de inmortalidad. Si ponemos atención; ¿no es acaso esta necesidad como una ampliación de nuestro mismo instinto de supervivencia queriendo traspasar las barreras de la mera existencia física y material? Siendo así, ¿No es ese deseo instintivo de llegar a unirse a un Dios, el reclamo, la llamada de la chispa inmortal que permanece latente en el hombre? Habría que plantearse si el ser humano no tuviese implantada la semilla del Espíritu, ¿surgiría acaso en él, el deseo de inmortalidad, la necesidad de unirse a algo trascendente, a una entidad a la que llamamos Dios? Puesto que lo que es simplemente mortal no puede añorar lo inmortal, puesto que no guarda memoria de ello. Y al revés, lo que es inmortal le puede producir rechazo la idea de lo mortal. Lo que está construido con materia de un tipo de naturaleza, no puede echar de menos materia que pertenezca a otra naturaleza diferente, ya que no existe memoria de ello. Sin embargo, el ser humano trae información de su doble naturaleza. Sabemos que somos mortales, es muy evidente, pero en lo más profundo de nuestra naturaleza guardamos información de lo inmortal. Por tanto cuando anhelamos algo, es porque aunque sea mínimamente, una pequeña parte, una chispa de ese algo, -El Loco- ya la llevamos dentro.

En su primer contacto hacia lo espiritual, el hombre se encuentra con un representante de lo inmortal en la tierra, el cual cumple la misión de establecer un puente entre la personalidad del primer ciclo u hombre emperador y lo trascendente, o sea, de iniciar al candidato en las enseñanzas de lo sagrado.

El arcano lleva por título El Hierofante, y según el Glosario Teosófico de H. P. Blavatsky, este nombre proviene del griego, y significa: “el que explica las cosas sagradas”.  Ahora bien, históricamente se da el fenómeno de líneas paralelas dentro de la enseñanza espiritual, dos niveles de calidades diferentes  y destinadas para dos tipos de personas en distintos planos de preparación. Una de estas líneas, la llamada enseñanza exotérica o externa, corresponde a las grandes religiones establecidas que van dirigidas a la mayoría de la humanidad que vive en una etapa espiritualmente infantil, la cual, al igual que un niño, actúa por el estímulo de un Dios padre que premia y que castiga. El niño, el cual no tiene madurez suficiente para regir su vida, y por lo tanto está expuesto a múltiples errores, se le conduce y se le educa mediante los estímulos del premio si se porta bien, y del castigo, si se porta mal, ya que de momento es el lenguaje que mejor comprende, el que incide más directamente sobre él, para hacerlo actuar acorde a unas determinadas normas. Claro, que en estas circunstancias hay padres que atemorizan y reprimen más a sus hijos, y otros que son más condescendientes. Lo mismo ocurre con las religiones.

Los mandamientos de la ley de Dios del Antiguo Testamento, exceptuando los tres primeros, que van dirigidos a la parte interna del individuo, son una clara muestra de directrices para un comportamiento civilizado de educación, sin las cuales no se podría convivir en sociedad. Sin embargo, el Nuevo Testamento, sin anular al anterior, lo trasciende, está basado en el amor, y el que ha asimilado este mensaje actúa por comprensión de una sabiduría universal, posee sensibilidad espiritual. Pero la inmensa mayoría aún no ha logrado llegar a ese nivel de madurez interna y, por tanto, las religiones siguen cumpliendo su cometido. Por descontado que se hace referencia a religiones que cumplen correctamente con su labor y que no se desvían de su línea de trabajo por otros tipos de intereses, que es lo que desgraciadamente suele ocurrir.

Por otro lado, tenemos las llamadas Escuelas de Misterios o de Iniciación Espiritual, líneas esotéricas o internas que han ido desarrollándose paralelas a las religiones establecidas. Han permanecido un tanto ocultas en su manifestación, e incluso, algunas veces han sido perseguidas por las mismas religiones oficiales. El Hierofante era el título dado antiguamente a los Adeptos más elevados de los Templos de Misterios, los cuales tenían a su cargo la iniciación y enseñanza de los candidatos.

No obstante, entre los que se dedican a la enseñanza espiritual, ya se llamen sacerdotes, hierofantes, gurus , chamanes, o maestros, y aunque hagan cometidos parecidos, puede haber años luz de diferencia en la calidad de sus enseñanzas, ya que esto depende del nivel de información y del grado de madurez interna que cada cual posea; suponiendo, claro está, que sean individuos que asuman esa responsabilidad con auténtica honradez y limpieza vocacional, y no llevados por otros motivos ajenos a la enseñanza, como suele ocurrir con cierta frecuencia. Pero, en la trayectoria espiritual que estamos contemplando por medio de Tarot, los pasos que se van dando, deberán ser los correctos, y no una degeneración de los mismos. Ateniéndonos a esto, tenemos que partir de la base de que el Hierofante que representa al arcano V, con el cual la persona puede conectar, es un hombre de un cierto conocimiento, aunque las enseñanzas que en un momento dado imparte sean limitadas en relación a la verdad-totalidad, pero no en relación a la niñez espiritual del hombre en esa fase de su evolución.

Para adentrarnos en el conocimiento de este arcano, vemos en principio que está marcado por el nº 5. Este número está representado por la estrella de cinco puntas, que posee un doble sentido según la posición que la situemos. Si la miramos de forma que presente una sola punta hacia arriba, está simbolizando al modelo de hombre universal  que debemos alcanzar, en el sentido de una humanidad libre y sabia, que responde voluntariamente, por sensibilidad y conciencia a las leyes universales del amor. Si la colocamos invertida, representa todo lo contrario; el hombre encadenado a sus propios errores. Por otra parte, este arcano está regido por el signo zodiacal de Tauro, de elemento Tierra. Siendo Tauro el más fijo de los doce signos zodiacales nos da referencia de la tendencia a la inamovibilidad de este signo. Esto nos da pistas acerca del estado interno del hombre en esta etapa de su realización espiritual. Su fijación al plano material le incapacita el entendimiento de otras realidades menos tangibles, faltándole movilidad de visión y sutileza en el manejo de las percepciones mentales, de modo que su horizonte se encuentra imbuido por el pequeño mundo que le rodea. Para suplir esta carencia de entendimiento, una gran dosis de fe es necesaria, elemento primordial, éste, en las religiones, ya que la fe, al ser de naturaleza principalmente  emocional, es mucho más propicia que se manifieste en el individuo, con lo cual le estimula a caminar, mientras no vaya realizando una conciencia de totalidad.

Debido, entonces, a este estado inmaduro de la humanidad, que es por otro lado una situación  natural e inevitable dentro de la línea de la evolución, las enseñanzas espirituales, mientras, tienen que adaptarse y adquirir formas concretas para poder ser asimiladas por el hombre que vive en un mundo de significados materiales. Para eso cumplen su función las religiones, sirviendo como reductores del alto voltaje espiritual, y de este modo, las influencias de éste último orden pueden ser captadas por la persona.

De ahí que las formas externas como son las imágenes sagradas, el culto y las ceremonias, sean partes muy importantes en las manifestaciones religiosas. El plano espiritual se refleja o tiene su representación simbólica en el mundo de las formas, de modo que hay que saber entender el contenido universal detrás de cada imagen, y no quedarse en lo aparente, error en el que se suele incurrir, cayendo fácilmente en la idolatría y fanatismo.

En las enseñanzas de Gurdjieff, se dice que existen 3 clases de influencias; una son las que nos llegan del propio entorno de la vida, con sus intereses económicos, sociales, etc. Son creadas por y para la vida misma, llamándoselas influencias A o mecánicas. Pero hay otro tipo de influencias que se originan fuera de la vida, son conscientes en relación con las anteriores, y son llamadas influencias B. Estas últimas son lanzadas a la corriente de la vida y se mezclan con las primeras. Al combinarse con las influencias A, las de tipo B pierden su pureza, convirtiéndose en un tercer tipo de influencias llamadas C. Estas se encuentran bajo la forma de doctrinas, religiones, filosofías, cuentos, mitos, arte y textos sagrados. Pero es bajo estos aspectos cómo el hombre puede asimilarlas, ya que en sí puras, no podría digerirlas. Estas enseñanzas de tipo C, son las que el Hierofante parece impartir a sus dos acólitos a cuyos pies vemos.

Volviendo nuevamente al comentario anterior, dependiendo del desarrollo interno del que imparte la enseñanza, las influencias de tipo C podrán ser más puras, nítidas y matizadas, o por el contrario serán confusas,  muy generales o mezcladas con valores meramente humanos. Por ejemplo, es corriente escuchar a ciertos señores representantes de algún movimiento espiritual, hablando del amor y del respeto al prójimo y a las creencias ajenas y, a reglón seguido, enjuiciar y condenar a otros movimientos que no están dentro de la línea que ellos consideran la auténtica.

Si encajamos las influencias C en el arcano del Hierofante, vamos a ubicar las de tipo A. ¿Y qué mejor arcano sino el de El Emperador sometido a todas las presiones y estímulos que le vienen de los valores externos de la vida?. Por último, las influencias B pueden adjudicarse al arcano de El Mago que, como símbolo de la Mente Universal, permanece en otro orden diferente, pero, no obstante, hace sentir su influencia en el nivel humano, que junto con el arcano de El Loco  impele a la persona a caminar por encima de todos los obstáculos y resistencias que se pueda encontrar en su  vida.

A lo largo de la historia de la humanidad no han dejado de existir grandes hombres, que con sus sistemas de enseñanza han sido los sembradores de nuevas semillas-ideas para la construcción del segundo y tercer cuerpo en el ser humano. Y aunque ya potencialmente se nace con todas las posibilidades, se necesita de un refuerzo adicional proveniente del exterior, para que lo que ya está en potencia emerja como realidad manifiesta.

Ahora bien, ocurre, como vimos por la Ley de Siete, respaldada por el 2º Principio de la Termodinámica, y las Leyes del Movimiento, que cualquier cosa que se inicia, tiene paulatinamente a degenerarse si no se le mantiene en el mismo nivel energético del punto de arranque. Esto se consigue mediante inyecciones de fuerza, que, como ya sabemos, son atraídas gracias al trabajo consciente de la persona, no de su parte mecánica.

Cuando muere el iniciador de una doctrina que contiene los gérmenes para la construcción de un cuerpo superior en el hombre, los que le van sucediendo al frente de ese movimiento, generalmente no llegan a estar a la altura del punto de arranque, por lo que las fuerzas del espíritu inicial se van perdiendo, quedando una doctrina de formas establecidas, pero ya sin el contenido vivo y esencial que tenía al principio. Al no poder percibir, los sucesores de la doctrina, el espíritu que animaba las primeras formas, se apegan a ellas con rigidez, volviéndose dogmáticos, cuando precisamente son las formas las que se deben ir renovándose  en un proceso evolutivo, mientras el Espíritu es lo que se mantiene en su esencia, percibiendo y aprendiendo. Es más, sin la presencia del Espíritu es muy raro que pueda existir una transformación de las formas, por no decir que es imposible.

Pero no siempre es así; hay casos individuales o pequeños grupos que aprovechan el impulso de energía y conocimiento al iniciarse una doctrina y obtienen buenos resultados. De todas maneras, aunque la gran mayoría no haya comprendido aparentemente nada, la siembra ha sido hecha, y en el subconsciente de cada cual germinará la idea-semilla en su momento adecuado.

Los dos discípulos que están a los pies del Hierofante parecen ser los indicadores de las dos tendencias tradicionales religiosas. El de la derecha, por las azucenas blancas en su vestimenta, símbolo de pureza, podría aludir al camino del místico o el amor íntimo a Dios. Y el de la izquierda, con las rosas rojas, indica el camino de entrega y servicio a los demás, o el amor a la humanidad. Naturalmente, no tienen porque darse por separadas las dos tendencias, es la propia persona la que se suele decantar por una tendencia más que por otra, según su naturaleza.

Tendríamos que cuestionarnos ¿por qué el amor es la base de las religiones? Vamos a prescindir del matiz moral y tradicional que se le atribuyen a las acciones del individuo, en el sentido de que si una persona ama a dios y a su prójimo, es considerada como un ser bueno que tiene merecido una recompensa divina. Si prescindimos, entonces,  de esta interpretación que corresponde a un plano más ingenuo e infantil, entonces nos daremos cuenta de que el amor está ubicado en el arcano de La Emperatriz, aunque sea La Sacerdotisa la que ostenta el principio sensible y emotivo del ser humano, pero es La Emperatriz la que representa el acto en sí del amor, con todas sus implicaciones creativas y de interacción dinámica. Llevado este planteamiento hacia su sentido más amplio y universal, obtenemos de esta visión, que el amor es el factor por el cual el hombre entra en un juego creativo no sólo consigo mismo, sino con su entorno, formando con los demás seres un cuerpo superior, que de momento se nos escapa, porque lo nuevo que surgiera de esta interrelación no sería la suma de sus partes, sino que lo emergente sería algo totalmente nuevo en el orden evolutivo universal. Es el mismo modelo que encontramos en la relación entre los diferentes sistemas del cuerpo humano: la sintropía, por la cual todos los órganos trabajan en colaboración con el mismo plan y el resultado es el ser humano, del cual no podemos decir que sea la suma de sus diferentes zonas, sino que es algo más que lo trasciende. El fenómeno humano que emerge y se manifiesta como resultado de dicho proceso corporal es una nueva dimensión desconocida que escapa a todas y a cada una de las células del cuerpo. La pregunta que a continuación viene como consecuencia de esta realidad corporal sería la siguiente: ¿Qué nuevo hecho, que nuevo fenómeno en la escala de la evolución emergería si todos los seres humanos, sin perder nuestra identidad individual participáramos en un movimiento colectivo y creativo? Sería una dinámica mundial que produciría un nuevo resultado, un nuevo cuerpo “celeste” en la creación universal, de lo cual,  indudablemente saldríamos  muy beneficiados.

Mientras tanto, y hasta que el hombre no comprenda y esté apto para implicarse voluntaria y conscientemente en el juego creativo del universo, es a través del gancho emocional cómo puede conseguir de momento, uniones, aunque sea temporales, con otros seres y grupos humanos, a modo de preparación y ensayo para la unión consciente con lo trascendente, La naturaleza del amor consciente comienza a desarrollarse más claramente en el segundo cuerpo, cuando el hombre empieza a ser sensible a algo más que a satisfacer sus necesidades primarias y comienza a establecer conexiones de amistad y de cooperación en su entorno.

Enfocado el amor bajo este prisma, quizás pueda resultar algo extraño y difícil a aquellas personas acostumbradas a mirarlo todo bajo el punto de vista de la moral religiosa. Pero, no por ello, y bajo esta nueva perspectiva, deja el hombre de amar y de sentir en su vida íntima, pero esa parcela privada debe estar integrada dentro de un contexto mucho más amplio, que posee cualidades inteligentes y conscientes hacia un sentido de orden universal. 

¿Y no es acaso, la misma palabra religión, con la misma raíz que “religare” que significa: reunir agrupar, indicadora de esta concepción universal de vivir la vida?

Continuando con la simbología, El Hierofante es la parte externa de La Sacerdotisa, y lo mismo que ella, está sentado entre medio de dos columnas. El que éstas tengan un color gris homogéneo, a diferencia del contraste blanco y negro de las columnas del arcano II, es como una indicación de que en sus enseñanzas, el Hierofante ha tomado elementos tanto de la luz como de la sombra, divinos y humanos, haciendo con ellos una combinación idónea para la correcta asimilación por el hombre.

Las dos llaves cruzadas que están a sus pies nos recuerdan las que Jesús simbólicamente entregó a Pedro al nombrarle cabeza de la Iglesia. Son las llaves que abren las puertas de la sabiduría de “lo de arriba y de lo de abajo”.

Sabemos que la cruz es el emblema del Espíritu y Materia interactuando.. El Hierofante lleva una triple corona y triple es la cruz que forma su báculo de poder; todo es alusivo al triple aspecto de este personaje: físico, anímico y espiritual, que se manifiesta en cada una de esas tres dimensiones.

La dualidad del nº 5 ya la hemos visto en la estrella de cinco puntas representativas de los dos tipos de influencias, las espirituales como opuestas pero complementarias a las materiales. Es un arcano interno, porque el hombre busca los valores del Alma, con respecto al arcano IV, en donde el individuo, por el contrario, se mueve por los intereses externos.      


 

 

 

VI  LOS  AMANTES.-  Este arcano es el mismo modelo energético del arcano III, La Emperatriz, por lo cual Los Amantes hace de punto equilibrio o de interacción dinámica entre El Emperador y El Hierofante. En este arcano pues, es en donde se están viviendo los contrastes entre las experiencias de los intereses externos de la personalidad desenvolviéndose en el mundo, y los valores internos o religiosos.

Este arcano está regido por Géminis, que se distingue precisamente por ser el signo zodiacal que marca la dualidad de las cosas. A Géminis lo rige el planea Mercurio, que es el que posee entre todos los demás planetas, el sentido crítico y analítico para distinguir la dualidad y poder desenvolverse en ella, con el suficiente discernimiento como para poder vivir la doble influencia, externa/interna, con la suficiente elasticidad para no tener que llegar a puntos conflictivos extremos, que son siempre ciegos e inoperantes.

El número que distingue a este arcano es el 6, número de armonía, simbolizado exactamente por la estrella de 6 puntas, llamada también sello de Salomón. Esta estrella formada por dos triángulos entrelazados señala las influencias espirituales y materiales entrelazadas amorosamente, al igual que unos amantes, título de este arcano.

Pero, generalmente por falta de visión y madurez, se suele estar en uno de los dos extremos. Tenemos el caso típico de la persona que su realidad consiste solamente en la que vive por los estímulos de sus cinco sentidos físicos. Son los típicos materialistas que niegan ora posible realidad y, efectivamente, llevan su razón, puesto que nada más que pueden vivir una verdad: la de su primer nivel físico, y como no tienen otro nivel desarrollado, no pueden percibir más de donde están. Este tipo de hombre está totalmente ubicado en El Emperador.

En el otro extremo están los fanáticos y seudo-espirituales, los  despreciadores del cuerpo físico como algo vergonzoso, y también de todo lo mundano como fuente de pecado, indicando esta actitud una falta de madurez, de discernimiento, de miopía mental. Este tipo de persona por muchos esfuerzos que ponga en superarse y en querer avanzar espiritualmente por la vía de la castración física y del rechazo al mundo, seguirán dando vueltas y vueltas sobre un mismo punto, un punto muerto, y ya sabemos que en el rechazo no puede haber movimiento, es decir, trascendencia de los opuestos. En esta actitud negativa hacia el cuerpo y hacia el mundo, se esconde una inseguridad y un miedo a que el mundo con sus tentaciones nos invada y nos arrastre. Buscamos, entonces, nuestra seguridad refugiándonos en las instituciones religiosas, considerándonos así salvados de la maldad del mundo y esperando el supuesto premio en el cielo. La realidad es que el camino espiritual no tiene nada que ver con toda esa parafernalia moral. La integración de los opuestos tiene un sabor diferente, puesto que es en donde verdaderamente se produce un trabajo o desplazamiento de la conciencia por la vía del discernimiento y de la comprensión.

Pero sin llegar a los extremos que son situaciones más drásticas, se da también el caso de personas que sintiendo las dos influencias y viviéndolas, no han hecho un trabajo para integrarlas puesto que en su esquema mental resultan enemigas. Para estas personas, su vida externa resulta contradictoria en relación a los conceptos y valores morales inculcados. Están bastante predispuestas a irse de un extremo a otro según las circunstancias de la vida los lleve, lo cual implica vivir casi en un continuo y contradictorio conflicto moral. Pero, por otro lado, pueden tener la posibilidad de que si es fuerte la fricción interna que le produce sus dobles y contradictorias necesidades,  puede surgir en el individuo el deseo de ordenar y aclarar sus ideas, sus creencias, y sus demandas, hasta conseguir una armonía entre todas ellas. Esto se consigue mediante una crisis de los valores de su vida. Llegado a ese punto crítico, es cuando se puede a empezar a crear unidades de conciencia, que al irse acumulando va produciendo en el individuo un cuadro más maduro y consciente de su realidad personal, que le va a liberar de ciertos condicionamientos  mentales, dándole a cada parte de su ser lo que éste requiere.

Resulta curioso, y viene como anillo al dedo, la contestación que dio Jesús cuando un hombre del pueblo le preguntó si debía pagar tributos al César, con la intención de ponerlo en un aprieto. Y Jesús, cogiendo una moneda que llevaba grabada la efigie del César dijo: “Pagad al César lo que es del César –Emperador-, y a Dios lo que es de Dios” –Hierofante.

Planteamos que este arcano y en líneas generales muestra la atracción de los puestos y su necesidad de armonizarlos. Esto está reflejado en los arquetipos humanos de Adán y Eva. Todo humano lleva en su naturaleza un Adán, que es la propia autoconciencia del individuo en relación a nuestra Eva interna o subconsciente. Estos dos aspectos deben estar interactuando en todo el proceso del crecimiento personal. El ángel detrás y por encima de los amantes, como mensajero o portador de información que es, significa el medio por el cual el Sol o Espíritu –encima del ángel-, establece comunicación con ellos. Es una perspectiva general del proceso que cada individuo tiene que realizar, siendo todos los elementos que conforman el arcano, diferentes niveles de la misma persona.

Vamos a analizar un ejemplo de trabajo interno, que nos sirva para comprender y diferenciar niveles de conciencia en el comportamiento de las personas, las cuales, estando en diferentes estados internos pueden mostrar una actitud muy diferente ante circunstancias parecidas de la vida. Aprovechamos el título amoroso de este arcano para que nos sirva como tema para la situación que vamos a plantear.

Supongamos que una persona está experimentando una situación de sufrimiento por la infidelidad de su pareja. ¿Cuál sería la reacción de dicha  persona  si solamente está identificada con los valores del arcano de El Emperador? Lo normal es que los sentimientos se le desborden, asumiendo el papel de víctima. Si su orgullo ofendido pesa más que su enganche amoroso, la reacción consiguiente será de rechazo y de odio, intentará vengarse de alguna forma, con lo cual esto no solamente no solucionará el encadenamiento emocional que mantiene con su pareja, sino que dificultará todos los pasos a seguir como consecuencia del hecho, Si su dependencia amorosa es por el contrario más fuerte que su orgullo, impondrá sus derechos de pareja valiéndose de las socorridas amenazas familiares o económicas, o bien, recurrirá al típico chantaje emocional de: “si me dejas me mato”. Cualquier tipo de presión que se utilice contra la parte infiel, está considerada normalmente como legítima por parte de su autor, encontrando generalmente apoyo en el exterior. Esta reacción egóica correspondiente al plano emocional/instintivo del sujeto víctima, pudiera ser del mismo nivel que el de la persona infiel, pero una tiene el respaldo moral de la sociedad, y la otra no. Este es el caso más frecuente con el que nos vamos a encontrar en la vida cotidiana.

¿Cuál sería a continuación y en la misma circunstancia, la reacción de la persona que vive sinceramente el arcano de El Hierofante? Aunque la respuesta inmediata pudiese ser de la misma naturaleza que la del sujeto del arcano anterior, ya que la reacción instintivo emocional de nuestra naturaleza humana suele ser la más automática y por tanto más rápida en aparecer que la reflexión profunda. Sin embargo, al estar la persona imbuida de un sincero sentido religioso, haría el esfuerzo de perdonar a su pareja, asumiendo la situación de la forma más digna posible, todo esto dependiendo, naturalmente, de la profundidad de su religiosidad, aunque el conflicto emocional estuviese rondándole y poniéndole a prueba en todo momento. Si consiguiese sublimar sus sentimientos, lo haría en aras al amor a Dios, o bien, por un sentido moral ante el cual hay que perdonar por un miedo a un posible castigo divino. Sus sentimientos irían mejorándose con el tiempo, lo suficiente como para poder sobrellevar la situación, lo cual es altamente elogiado por su entorno, atribuyéndole, llegado el caso, un halo de santidad. No obstante, imperará en el individuo una sensación moral que le hace sentirse a uno viviendo con el rol del “bueno” que ha perdonado a otro que es un pecador. Este es un caso típico religioso en donde no hay trascendencia moral del bien y del mal, aunque sirva para el buen convivir en las relaciones humanas, que ya es mucho.

Para que se produzca la trascendencia de los opuestos, el sujeto debe de descondicionarse de los valores educacionales y morales, afrontando la experiencia de una forma totalmente nueva, e integrándola en una realidad mucho más objetiva y libre de prejuicios. Pero esta apertura de la conciencia no suele suceder de la noche a la mañana, sino, para que se pueda llegar a esta posibilidad, se tiene que haber antes hecho un trabajo de observación interna. Esto llevaría a un confrontamiento de los enjuiciamientos morales, a una capacidad de discernimiento en cuanto a desenmascarar la realidad de lo que uno siente, piensa, a las influencias a las que se está sometido, de cuáles son los valores prioritarios, y en base a todo ello debe ser motivado su comportamiento ante la situación que está viviendo. Es decir, la persona puede tener otras alternativas de comportamiento porque posee otros cuerpos o dimensiones internas que ha ido desarrollando por su paso a través de los arcanos del primer ciclo, vitalizando el núcleo del segundo cuerpo, experimentando los arcanos correspondientes a este segundo nivel y recibiendo influencias del tercer núcleo espiritual. Gracias a ello, es por lo que ha adquirido conciencia de la doble naturaleza que posee; la de la personalidad física con todas sus necesidades y requerimientos que tenderán a imponerse, y lo que trasciende a ésta, que también necesita ser alimentada, pero su alimento es de otra   naturaleza. Es, entonces, cuando el individuo tiene que decidir qué camino escoger: si darle riendas sueltas a su plano instintivo y pasional o darle prioridad a los logros del desarrollo interno. Ocurre que lo que alimenta a nuestra parte más sublime puede ser un revulsivo para la personalidad del primer nivel, y al contrario, lo que satisface a nuestra parte primaria puede ser contraproducente para nuestra esencia espiritual. Entonces, ¿qué hacer? El individuo que es consciente de su doble naturaleza, debe saber integrarlas creativamente, esto posibilita actitudes nuevas ante la vida que superan los comportamientos típicos y mecánicos de la inmensa mayoría. Pero, en todo caso, su parte espiritual es la que debe regir sobre su personalidad primaria, puesto que es la que contiene la luz, la lucidez para hacer la elección adecuada de comportamiento y la que posee la capacidad de integración, y no al contrario.

Por tanto, el sujeto que experimenta el aspecto superior del arcano de Los Amantes y ante la misma circunstancia de infidelidad de su pareja, es natural que le surja como primera reacción todo su plano instintivo emocional, ya que es lo más automático que poseemos: Puede sufrir con la misma intensidad que los sujetos de los dos casos anteriores expuestos, pero esto no indica que la persona se quede estancada en la primera reacción automática, sino que puede trascender y penetrar en los valores del segundo ciclo, siendo en el tercer nivel en donde estos valores  llegan a tenerse del todo claros y consolidados.

De modo, que la situación que está viviendo con su naturaleza primaria, es al mismo tiempo compartida con algo dentro de él, que lo observa todo desde otra perspectiva libre de cuestiones pasionales y morales, puesto que lo que observa no se implica en la historia, sino que su tarea es la de comprender el por qué y el cómo se ha originado el suceso que está viviendo en su vida y con su pareja. Se llega a un papel tal de objetividad, en el que ya no cabe jugar a papeles de buenos y malos y, por consiguiente, no hay nada que perdonar. En ese espacio interno no hay lugar para engañador ni engañado, ni para verdugos ni víctimas, sino sólo comprensión y aprendizaje. Por ello, el individuo que alcanza vivir plenamente en su espacio espiritual, puede aceptar cualquier tipo de resultado sin imponerse, sin poner resistencia, sin intentar manipular los hilos de su historia. personal El perder o no perder a su pareja, aunque le duela, ha comprendido que no es lo fundamental de la cuestión, sino la conciencia que está surgiendo de la experiencia, la sensación de que algo totalmente nuevo está produciéndose dentro de sí mismo que trasciende todos los modelos antiguos de comportamiento. Lo que es sentido, se percibe como una realidad muy superior, algo que produce una gran solidez interna, siendo al mismo tiempo una experiencia expansiva y liberadora, purificante y altamente compensatoria.

La no-acción genera una gran acción. En el espacio interno de la no-acción, donde el yo de la naturaleza primaria no es el que se impone, o más bien, no es el que actúa de forma mecánica, es cuando el ser puede anular la Ley de Causa y Efecto, de la acción y reacción dentro de un mismo plano. Es decir, no actuando desde un nivel se puede generar una gran energía en otro nivel, haciendo que el individuo pueda romper con los viejos patrones de conducta y lo impulse a otro orden más inteligente y creativo, más universal.

Por ello, el símbolo de Adán –inteligencia y autoconciencia-, entabla un diálogo con Eva –instinto, impulsos del inconsciente, y sensibilidad- brotando la chispa de luz, fuerza y amor consciente que producirá nuevos y maravillosos resultados.

 

 

 

VII  EL  CARRO.-  Con El Carro se inicia el tercer círculo de la autotrascendencia dentro aún del primer ciclo. Este arcano al ser el resultado del círculo anterior, representa a la personalidad que ha alcanzado ciertas cotas de madurez ante la vida. Es lo que normalmente concebimos como una persona realizada, no indicando con esto que tenga que ser un triunfador o que haya tenido que destacar en algún área de su vida, sino que los aspectos fundamentales de la persona los ha llevado a cabo. Gurdjieff lo llamaba “el buen amo de casa, refiriéndose al individuo que se desenvuelve ante la familia y ante la sociedad; sin embargo, en lo más íntimo de su ser existe una insatisfacción, un vacío, una necesidad de algo diferente que llene esa parte de él que aún está hambrienta. Este tipo de hombre se ha percatado  que nada de lo que la vida le pueda ofrecer le va a colmar esa necesidad interna. Entonces, es cuando el individuo está en disposición para emprender el camino de la autotrascendencia.

Puede ocurrir que si una persona intenta su desarrollo espiritual olvidándose y no teniendo en cuenta las cosas esenciales y básicas de la personalidad, estas lagunas que quedan por cubrir, y en muchos casos reprimidas, van a dar la cara más tarde o más temprano, interfiriendo en su trabajo interno; porque no se puede ir más allá de lo que no se tiene desarrollado. De la misma manera que no se puede trascender la personalidad si ésta no se ha creado y autoafirmado.

Se da el caso de personas que se refugian en el campo espiritual entregándose en cuerpo y alma, porque son incapaces de afrontar la vida; puede existir en ellos un cierto sentimiento de frustración, e intentan compensarlo metiéndose en un grupo espiritual, donde suele sentirse “alguien”, un escogido. No es, desde luego, la forma más idónea para iniciar el camino interno, puesto que más tarde, cuando se les presenta la oportunidad de poder realizar lo que tienen aún pendiente de vivir, abandonan su énfasis en el desarrollo interno y se entregan de lleno a experimentar aquello que su ser les reclama. Pero mirándolo ampliamente, esto no se puede enjuiciar como un retroceso espiritual, sino como un reajuste a las necesidades carentes de su personalidad, siendo de esa forma como se puede conseguir una dinámica sana y armoniosa con la totalidad del ser.  Tampoco se puede decir, por el contrario, que el individuo del segundo o tercer nivel no sea sensible a los requerimientos normales de la vida. Por supuesto que lo es, pero no en la medida de ser arrastrado totalmente y perder su centro de gravedad, que permanece en la profundidad de su s

Hay que distinguir dos niveles en el arcano de El Carro –igual hicimos con el arcano de Los Amantes-. El primero de ellos corresponde, como ya hemos comentado, a la personalidad que ha llegado a un punto de madurez para iniciar el paso hacia el círculo de la autotrascendencia y la vivificación del núcleo del segundo cuerpo.

El segundo nivel de interpretación de este arcano es el siguiente: Si miramos el esquema nº4, el arcano de El Carro está conectado en el segundo y tercer nivel con La Muerte y El Sol respectivamente. El sujeto que está experimentando el segundo ciclo tiene ya organizado un segundo cuerpo  y, como tal, cuenta con la fuerza del Alma nueva que es la que le va a ir marcándole las pautas de comportamiento y el sentido de su vida. Veamos estas pautas por lo que la simbología del arcano nos revela.  Distinguimos en este arcano tres elementos importantes, el carro propiamente dicho, el auriga o conductor de éste, y los caballos. En su conjunto esta simbología guarda mucha similitud con el ejemplo del Coche de Caballo que se mencionó en el arcano de La Emperatriz. Tenemos, pues, que el cuerpo físico como vehículo externo corresponde con el carro en el que montado el auriga; y como prolongación del carro están los dos caballos representando el plano emocional en su doble versión; resistencia-receptividad o rechazo-atracción. Los caballos son guiados por unas riendas invisibles que dirige el auriga, quien representa  la inteligencia y conciencia que el Alma nueva ha adquirido como para guiar el plano de las emociones.

En este estadio de evolución el ego primario con sus instintos han ido ocupando el lugar que les corresponde, ya que no son los impulsos del inconsciente los que se imponen y los que marcan la pauta en la vida de la persona. En realidad, El Carro, como arcano de energía activa que es, lo podemos comprender como una progresión del arcano de El Mago: o sea, nuestro consciente dirigiendo a la personalidad instintiva del Emperador. Estos tres arcanos están conectados por su posición en los círculos. La vara de poder del auriga es la misma vara que porta el Mago.

La diferencia de perspectiva de la conciencia entre el sujeto que se encuentra en la primera fase de El Carro a la expansión de la conciencia en la segunda y tercera fase del mismo, estriba también, en la identificación que se tiene con los roles de la personalidad. Por ejemplo, en el primer caso el individuo se confunde o se funde con el “yo familiar”, el “yo profesional”,  “el yo social” o “el yo religioso”. Esta persona puede ir por la vida haciendo de madre, de médico, de político o de sacerdote. Los vive tan intensamente y es tan fiel a la interpretación de su papel que es casi imposible que se pueda separar de ellos. Mientras que en el segundo y tercer caso, la persona sigue realizándose y aprendiendo en la gran escuela-teatro de la vida, pero siendo consciente de las máscaras o diferentes tipos de “yoes” con los que se manifiesta su personalidad, y puede, en un momento dado, poner cierta distancia entre los yoes y su auténtica identidad o Yo interno, que permanece de observador mientras la personalidad se implica en  los diferentes roles que ha escogido en su vida.

El auriga viste una coraza rematada en los hombros por dos máscaras en forma de media luna. Esta coraza la podemos interpretar como el caparazón del Cangrejo o signo de Cáncer que es el símbolo que rige este arcano y, a su vez , Cáncer está regido por la Luna. Este signo zodiacal perteneciente al elemento Agua, y entre otras cosas, representa el nacimiento de la vida, y como tal, hace referencia y es emblemático del segundo cuerpo o Alma nueva que nace en el arcano de La Muerte –su octava superior- y que se refleja en la simbología del arcano de El Carro. Una de las características del signo de Cáncer es su capacidad de protección. A través de la Luna que lo rige, se manifiesta todo su instinto maternal y de protección, pero también sabe autoprotegerse del exterior valiéndose de su duro y tosco caparazón, para no ser dañado en su blando y sensible cuerpo.

Asimismo el  auriga se protege con su coraza, la cual está en relación de octava superior con la armadura que vemos cubre a la Muerte, y con el muro de protección que se ve en el arcano de El Sol. Entendemos en todo esto, que cada cuerpo que nace necesita su protección –el Emperador también lleva puesta su coraza- , a excepción de el Loco que va a pecho descubierto. El Espíritu es el único que no necesita ser protegido, de agentes extraños, quizá porque representa la integración de la totalidad universal, y no hay nada fuera de la totalidad que pueda atentarlo, si hubiese algo externo a él, no sería totalidad.

Pero no es así con la personalidad primaria que nace en El Emperador, ni el Alma nueva que nace en el arcano de La Muerte. Ambos necesitan sus vestidos de protección. ¿Cómo podemos interpretar la vestimenta protectora a la que hace alusión algunos textos sagrados y místicos?  Posiblemente la podamos entender en base a la calidad del propio campo electromagnético que posee todo cuerpo, y que impide el paso a otro tipo de frecuencia que no esté acorde con su propia sintonía.

En la parte central del carro se ve un emblema con un sol alado. Este emblema nos conecta de nuevo con el arcano de El Sol, o núcleo espiritual, y su influencia sobre El Carro.

 

 

VIII  LA  JUSTICIA.-  Qué es lo que se entiende en este arcano por justicia? Verdaderamente algo que tiene poco que ver con el sentido de justicia que usualmente aplicamos en la vida ordinaria. Se podría definir como el arte de la medida. Es el punto de equilibrio gracias al cual la medida no se sobrepasa, ni tampoco se queda corta. Es a su vez, la armonía entre las diferentes partes que componen un todo, lo cual, resulta un verdadero arte, y el arte es belleza. Todos estos significados pertenecen a la Ley de lo Justo.

Poseer ese sentido de la medida, esa belleza interna, es el contenido esencial de este arcano. Es una cualidad de maduración del individuo que subyace en su comportamiento, en su actitud y forma de organizarse ante la vida. Esta virtud se irá fortaleciendo y consolidando en el arcano de La Templanza –segundo ciclo- que, como su mismo nombre indica, define un saber “ser y estar” del individuo que se encuentra en este estadio de su evolución. La carta correspondiente al tercer ciclo es la de El Juicio. Este arcano representa la Sabiduría Universal, por lo cual toda la virtud y belleza contenidas en La Justicia y La templanza, se expresan en este último en toda su plenitud, respondiendo a un saber interno.

Resulta bastante interesante poder constatar según expone David Bhom, físico teórico y antiguo colaborador de Einstein, en un capitulo de su libro:”La Totalidad y el orden implicado”, cómo los antiguos griegos tenían noción de esa medida interna. Llevar una vida sana y equilibrada era fruto de ello. Las tragedias griegas eran generalmente dramatizaciones de personas que sufrían por haber forzado la naturaleza propia de las cosas. Podemos leer:

Así la palabra latina “mederi” que significa  “curar” (raíz de la moderna medicina), se basa en una raíz que significa “medir”. Esto refleja el concepto de que consideraban la salud física como el resultado de un estado de orden y medidas internas en todas las partes y procesos del cuerpo...”

Más adelante prosigue: “Está claro que la medida se expresa con más detalle por medio de la proporción o ratio; y ratio es la palabra de la cual ha derivado nuestra  moderna “razón”. (...) “La razón esencial o ratio de una cosa es, pues, la totalidad de las proporciones internas en su estructura y en el proceso en el cual se forma, se mantiene y, finalmente, se disuelva. En este aspecto, comprender esta ratio es comprender el “ser más íntimo” de esta cosa”.

Esta visón de la medida fue la clave para comprender y aplicar ritmos y proporciones a todas las artes, lo cual sigue hoy día actualizado. Sin embargo, exceptuando su utilización en determinados contextos como pueden ser las mismas artes y también las matemáticas, su sentido se ha ido perdiendo y deformando. Por lo que finalmente transcribo el siguiente texto, por considerarlo altamente claro y significativo de cómo actúa degeneradamente, y de forma mecánica, cualquier proceso o enseñanza, cuando no se sigue manteniendo la chispa encendida, las pulsiones de vida, en un movimiento creativo a base de toques energéticos de la conciencia.

“Claro está que, según fue transcurriendo el tiempo, esta noción de medida fue cambiando gradualmente, perdió su sutileza y se fue haciendo relativamente grosera y mecánica. Probablemente esto sucedió porque la noción que el hombre tenía de la medida fue haciéndose cada vez más rutinaria y habitual, tanto en su manifestación exterior, en medidas que se referían a una unidad externa, como en su significado interior, como proporción universal relacionada con la salud física, el orden social y la armonía mental. Los hombres comenzaron a aprender mecánicamente estas nociones de medida, conformándose con las enseñanzas de sus mayores o sus maestros, y no creativamente, mediante un sentimiento interno  y una comprensión del significado más profundo de la ratio o proporción que estaban aprendiendo. Así la medida llegó gradualmente a enseñarse como una especie de regla que debía ser impuesta desde fuera al ser humano, quien, a su vez, imponía la correspondiente medida, física, social y mentalmente, a cualquier contexto en el cual estuviera trabajando. Como resultado de ello, las ideas predominantes acerca de la medida ya no fueron en lo sucesivo que consistiesen en formas de observar. Antes bien, aparecieron como “verdades absolutas acerca de la realidad tal como es” que los hombres parecían haber conocido desde siempre y cuyo origen se explicó a menudo como mandatos obligatorios de los dioses que sería tan peligroso como perverso discutir. Así, el pensamiento acerca de la medida tendió a caer principalmente en los dominios de los hábitos inconscientes, y el resultado de esto fue que las formas inducidas en la percepción por este pensamiento se consideraron como realidades objetivas observadas directamente, independientes en lo esencial del modo en que se pensara”.

Este modelo deformado de la realidad, como terminó ocurriendo en la antigua Grecia, es algo que se está dando continuamente en el mundo, en las mentes, en los hábitos de los hombres, desde los ambientes más espirituales, a los más materialistas.

Libra –la balanza-, es el signo zodiacal que rige este arcano, representando al arte, la belleza y la justicia. Ahora si podremos comprender mejor cómo el sentido de la justicia está relacionado con lo estético. Libra además es el signo mediador por excelencia. Fíjense que la palabra “mediador” proviene de la misma raíz que “medir, o sea, el sentido de la medida en la visión y experimentación de las cosas. Es la capacidad para sopesar lo positivo y negativo, ventajas e inconvenientes entre dos o más opciones, por lo cual, a la hora de emitir un juicio hay ecuanimidad, no se dan actitudes extremas ni tampoco se dramatizan las situaciones.

El individuo va adquiriendo y desarrollando la cualidad de lo mensurable, sus formas de pensamientos ya no conllevan ese sentido absoluto del bien y del mal, pues la relatividad de toda la existencia empieza a formar parte de su mente, la cual se va armonizando hacia una visión cada vez menos fraccionada, y si más global de la vida. Esta forma de pensamiento de relaciones armoniosas, junto con la facultad intuitiva que este signo zodiacal posee –entendiéndose por intuición la cualidad para captar y comprender una idea o verdad de forma instantánea, sin un proceso previo racional- nos conecta con toda la sabiduría de La Sacerdotisa y con todo lo tocante al hemisferio derecho cerebral; no correspondiendo tanto a formas mentales inteligentes de El Mago, sino a una sensibilidad interna para captar y comprender el entorno y la vida en general. El libro de la Toráh que la Sacerdotisa mantiene semiescondido comienza a abrirse, y la persona va intuyendo las Leyes Universales; este proceso continúa afianzándose en el arcano de La Templanza y llega a su máximo apogeo en el arcano del Juicio, en donde la Sabiduría Universal queda desvelada.

La espada que mantiene en alto la figura femenina de La Justicia nos habla del elemento Aire y su relación con el plano de las ideas. Al tener doble filo nos da a entender que todo cuanto existe tiene doble aspecto, y solamente con una mente objetiva y ecuánime, es cómo podremos ver esa dualidad, dejándonos, entonces, de identificar con uno u otro lado de la espada. De nuevo nos encontramos los pilares de color gris, como resultado de la integración del par de opuestos, blanco y negro.

Habría que comentar que la palabra “Derecho” que además de adjetivo es utilizada para definir a la Ley, deriva del latín “Derectus: recto, directo, y del participio de “Dirigere: dirigir, guiar, y a su vez, “Regere”, que significa regir, tiene la misma raíz que “Rex”: rey. De lo cual se deriva que el rey es el que rige rectamente o dirige directamente. Pero ¿qué es lo que se quiere significar con esta frase?, pues como ya se percatarán, no se refiere a una realeza externa compuesta de seres humanos, sino que el mensaje va dirigido a algo interno.

Aunque en este estudio de los Arcanos Mayores, no se han introducido las 22 letras del alfabeto hebreo, que corresponde cada letra a uno de los 22 arcanos, si vamos a señalar la letra hebrea que se le atribuye al arcano del Sol, que como podemos ver en el diagrama nº3 está ubicado en el lugar correspondiente al núcleo de tercer cuerpo o Espíritu y como tal, simboliza el principio inteligente.

La letra que se le adjudica pues, al arcano del Sol es “Resh”, teniendo la misma raíz que “Rex”: rey, y siendo su significado: cabeza. Contamos, entonces, con toda una relación entre palabras, la cual nos facilita ahora poder comprender la frase anterior sobre el rey, y su capacidad para dirigir rectamente. Es decir; es la realidad de la inteligencia del Espíritu –cabeza-, la autoridad suprema e interna en el hombre, es el Espíritu el que puede dirigirlo en un sentido correcto, recto, o derecho.

Ya sabemos por la Ley de Siete, y en referencia  con los procesos internos, que caminar en línea recta no se produce automáticamente, sino que es por medio del movimiento de la conciencia como se puede mantener la dirección deseada, sin que ésta se desvíe por la inercia a niveles inferiores de calidad energética. Y por otro lado también sabemos, que la conciencia es producto de la armonía, del equilibrio dinámico, del juego entre los factores sensibles e inteligentes del ser humano, que nos lo viene indicado por el movimiento de balanceo de la misma balanza.

 

 

 

IX  EL  ERMITAÑO.-  Con El Ermitaño se termina el último círculo del primer ciclo. Este arcano está relacionado por su posición con La Emperatriz y con Los Amantes y es la octava inferior de los arcanos El Diablo y El Mundo. En el arcano de El Ermitaño, llamado también el Iniciado y el Anciano, muestra la figura de un hombre de edad que se encuentra sólo en el pico de una montaña. La montaña suele ser una referencia a la elevación espiritual, y su cima, al punto más alto que el hombre internamente puede alcanzar

A este arcano también hay que hacerle una lectura desde tres niveles. En primer lugar, es el resultado de la interacción de los arcanos de El Carro y de La Justicia. Todas las cualidades que se han explicado sobre estos dos arcanos, es en El Ermitaño en dónde se actualizan. Por ejemplo: si el individuo va adquiriendo un comportamiento maduro en el desenvolvimiento de su vida –El Carro-, es porque internamente va desarrollando un cierto sentido de la medida y equilibrio entre todos los componentes de su personalidad alimentando proporcionalmente –La Justicia- sus diferentes necesidades, ya sean estas de tipo instintivo, anímica, sociales, intelectuales o espirituales. El saber sopesar todos los requerimientos de su ser, le viene dado por algo interno que observa y deduce en él. Este acto en sí de la observación lo ubicamos en el arcano de El Ermitaño. Vamos, pues, a estudiar lo que aporta en sí mismo El Ermitaño intentándolo comprender a través de Virgo –la Virgen-, signo zodiacal que lo representa.

Virgo, como su mismo nombre lo indica, es lo que está en estado virgen, perteneciendo este signo del Zodiaco al elemento Tierra, es decir la tierra virgen, alegoría a un terreno o espacio interno que ha permanecido sin descubrir, siendo en este arcano en donde se inician los primeros pasos de reconocimiento de ese espacio interno que está sin hollar.

Virgo, a su vez, está regido por el planeta Mercurio. Nos encontramos, pues, con el mismo planeta que rige El Mago y también a Los Amantes por medio de Géminis. Haciendo un repaso; Mercurio en El Mago, es el representante en general de las cualidades de la mente activa, la parte consciente y atenta que debe dirigir los contenidos del inconsciente. En Los Amantes, Mercurio en Géminis entabla comunicación entre dos intereses aparentemente opuestos en el ser humano, para tratar de conciliarlos. Y ahora en el Ermitaño, Mercurio en Virgo hace una labor de instropección, observación, desmenuzamiento o análisis, asimilación y excreción. Esto es exactamente un metabolismo psíquico –Virgo, en el cuerpo humano, rige la zona de los intestinos-. Es decir, la materia prima que proviene del exterior y que ha de ser transformada en alimento para su posterior asimilación, en este caso, en vez de productos de origen orgánico, son estímulos que captamos de nuestro entorno a través de los cinco sentidos.  Las impresiones percibidas, son traducidas por nuestro cerebro transformándolas en información auditiva, visual, en sensaciones táctiles y demás, pero muchas de ellas son sometidas también a nuestra interpretación particular y subjetiva de “me gusta o no me gusta”, lo que oigo, veo o palpo; interpretaciones que están cargadas de valores condicionantes que, ya sabemos, son la resultante de todo lo que la persona ha vivido y experimentado en su vida. Esta memoria hace que la persona responda automáticamente con apertura o con rechazo a las impresiones externas.

Cuando se tiene un “observador ecuánime” uno puede de cierta forma, mantenerse un tanto al margen de todas las interpretaciones y valoraciones subjetivas que hace nuestra mente y nuestro cuerpo, en su respuesta automática a las impresiones recibidas. Un buen “observador” toma nota de lo que ocurre dentro de uno mismo en determinadas circunstancias. Por ejemplo, se fija y se plantea  por qué uno reacciona de cierta manera ante algunas incidencias externas, cuáles son las sensaciones y sentimientos que afloran en casos específicos, cuáles son los pensamientos que se cruzan por nuestra mente en situaciones concretas, etc.  Toda esta labor de investigación introspectiva se puede resumir en la muy sabia frase esculpida en el frontal del templo de una antigua Escuela de Misterios. “Hombre, conócete a ti mismo”.

El resultado de saber observar y de comprender nuestros sentimientos y reacciones, para ubicarlos ya ordenados y etiquetados, en sus correspondientes espacios internos de una forma clara y objetiva, es una de las cualidades de Virgo, y nos la encontramos haciendo su labor en el arcano de El Ermitaño.

Retomando el metabolismo fisiológico como punto de referencia, se puede observar que su funcionamiento es automático, no interviene  para nada la conciencia ni la voluntad en los procesos digestivos. Pero así como podemos apreciar que el cuerpo es un sistema perfectamente terminado, y como tal no nos tenemos que preocupar de su funcionamiento interno, él sabe por sí mismo lo que tiene que hacer, posee una sabiduría innata, no podemos, sin embargo, decir lo mismo de los mecanismos de la conducta humana. El ser humano puede y debe continuar su trabajo de aprendizaje, transformándose en otros modelos de comportamiento más sabios e inteligentes.

Contamos, entonces, que en el metabolismo psicológico se pueden dar dos opciones: una mecánica y otra consciente. En la primera, los estímulos pasan al  cerebro, el cual hace el trabajo de comparar con otras impresiones anteriormente recibidas que son iguales o parecidas, para dar la respuesta adecuada. Todo esto se produce de una forma veloz y automática y esta experiencia pasa a engrosar y a reafirmar  al modelo que ya existía como reacción a dichas impresiones externas. Es decir, se crea un bolo alimenticio psicológicamente automático, que alimenta las actitudes y comportamiento de nuestra personalidad  “dormida” o mecánica.

En la segunda opción, el conjunto de impresiones es conscientemente digerido y asimilado por una mente que está “despierta” y observa desde un espacio más allá de las respuestas aprendidas, sean éstas físicas o psicológicas. Este bolo alimenticio pasa a alimentar un nivel de nuestro ser, que por supuesto, ya no es automático. Es decir vitalizará el núcleo del Alma y el del Espíritu. Nos adentramos, entonces, dentro del terreno del arcano X, Rueda de la Fortuna. que a niveles generales significa: cambio de ciclo. Así, la semilla del Alma siendo sustentada por el alimento idóneo, germinará y dará como resultado una nueva estructura de la conciencia, proceso que pertenece al segundo ciclo.

Virgo representa el trabajo de laboratorio, y, es lo que efectivamente ocurre durante el proceso digestivo del cuerpo. La materia orgánica es transformada en sustancia asimilable por la sangre, y ésta va a alimentar a todos los órganos, incluido el sistema nervioso y afectando en cierta manera a nuestro comportamiento. Esto es muy evidente en el caso de ciertas sustancias estimulantes y sedantes. Lo que se quiere indicar es que si la materia influye en lo que no es físico, esta relación se puede invertir; o sea, transformando nuestra conciencia cambiamos los procesos químicos de nuestro cuerpo. Es más, todo nivel de conciencia responde a una determinada química corporal. A esto se refería la antigua ciencia de la Alquimia cuando trataba de la transmutación de la materia densa, que era comparada con el plomo, convirtiéndola en oro, como alegoría del Espíritu.

En los niveles superiores, el Ermitaño refleja pues, esta alquimia, la transmutación de lo denso en lo sutil, de lo impuro en puro.  En cada nueva estructura que se manifiesta en un ciclo, la conciencia que emerge como resultado, es superior, pero también los componentes energéticos y sustanciales que sostienen a dicha estructura son de naturaleza distinta.

Cuando el individuo penetra en el primer nivel de El Ermitaño, ha perdido en cierta manera, algo de su “ilusión”. Esta es una ilusión de tipo mercuriana que dijimos en el arcano de El Mago, era una forma de autoengaño o de velo ilusorio en cuanto la visión que se tiene del mundo. La persona sufre un desengaño y entra en crisis. El mundo se le va derrumbando, dándose cuenta que los valores de éste, aunque siguen siendo atrayentes, en última instancia no le llenan el espacio más profundo de su ser. El “observador” que se le va despertando le hace establecer cierta distancia entre el mundo y él mismo, ve la vida un tanto desde afuera lo cual esto le impide entregarse ciegamente a una determinada vivencia como anteriormente lo hiciera. Es por esta misma razón por lo que ésta clave del Tarot es representada por un ermitaño: el que se retira físicamente del mundo externo para vivir en soledad. En esta situación, el individuo se puede retirar a un espacio interno que antes permanecía virgen y puede observar en la distancia lo que sucede fuera. Esta postura la irá trabajando y profundizando. Llegando al segundo ciclo tocará fondo en su “Sombra” cuando se enfrente con el Guardián del Umbral, en el arcano XV. A partir de esa situación  es cuando la persona se podrá liberar de una forma efectiva del lastre que la ha mantenido encadenado y le ha impedido vivir la realidad de la existencia en toda su plenitud. Esto se refleja en el arcano XXI, que junto con el arcano XV, son las octavas superiores del Ermitaño.

Contamos con que el personaje de El Ermitaño, y en su más alta interpretación ha llegado a la cumbre de la sabiduría y conocimiento. Lo único que le une al mundo son sus pies, ya que el resto del cuerpo permanece erguido, como compenetrado en otra dimensión no terrenal, pero el hecho de seguir con los pies en la tierra, metafóricamente significa no perder el sentido de realidad de la dimensión física.

El Ermitaño es un ser que sabe estar sólo, ya que el camino interno es un camino muchas veces de soledad, y a medida que uno se adentra por él, ésta va siendo mayor. En la escalada a una gran montaña, mientras más alto se va llegando, son menos las personas que se pueden encontrar, y aún son muchas menos las que consiguen alcanzar la cumbre.

El manto con que se cubre el Ermitaño es el manto de la discreción y de la prudencia –como el manto que envuelve a la Sacerdotisa- indicándonos que la persona que posee esta dimensión interna, se muestra y es, sencilla y prudente, las cuales son características del signo de Virgo. Su vara de poder es un sencillo cayado, mostrándonos que sus dominios son de naturaleza diferente al cetro de poder del Emperador Su fuerza no radica en formas triunfalistas e imperativas, sino que se traduce en un magnetismo espiritual, e incluso en algunos momentos puede llegar a despistar, puesto que la actitud de la persona en un nivel alto de El Ermitaño no tiene por qué actuar según la lógica normal de la inmensa mayoría de las personas.  

La lámpara irradiando luz hacia las cuatro direcciones, no habla de la luz del conocimiento, con la cual se va abriendo camino, y va abriendo camino a los que vienen detrás de él; sin embargo, es una luz discreta e impersonal, en el sentido de que no se impone, no intenta darle alimento a quien no quiere ser alimentado, ya que sabe que la luz del conocimiento es contraproducente y daña a quien no está preparado para digerirla y asimilarla.

 

                                                          

 

 

X  RUEDA  DE  LA  FORTUNA.-   Entramos  en  el  primer  arcano  del segundo ciclo correspondiéndole a la Rueda de la Fortuna hacer de núcleo o potencial  del Alma. La semilla del Alma ha sido revitalizada, pero el alimento que le ha dado vida no es de naturaleza instintiva o automática, sino de un trabajo de concienciación del arcano anterior. Entonces, una vez vivificada la semilla, manifestará sus nuevas facultades que son opuestas, pero complementarias –arcanos X’ y XI-, que al conjugarse dinámicamente en el arcano XII van creando una nueva estructura o cuerpo organizado, lo que podemos llamar un Alma nueva o renacida en el arcano XIII.
Mientras no se llegue a cuajar enteramente en el arcano de La Muerte, las cualidades anímicas representadas en esta primera tríada, serán más o menos esporádicas y aún poco consistentes en la conducta de la persona. Sin embargo, cuando éstas se manifiestan de una forma clara y estable es señal de que se ha creado una unidad organizada en base a otra escala de valores que sobrepasa la personalidad del ciclo anterior, es otra medida de percibir la vida y otros estímulos ante ella.Llegado a este punto tendríamos que plantearnos cuál debería ser la información que aporta el Alma individual y que vendría a complementar las condiciones genéticas familiares con las cuales el nuevo ser nace. La Rueda de la Fortuna es la rueda del destino o rueda kármica en su definición oriental. Pero dejemos que la misma riqueza simbólica del arcano nos permita entrever su contenido.

Ahora bien, el Alma que renace es el eslabón o puente entre la personalidad del plano anterior y su dimensión espiritual, pero también hay que entenderla a nivel general, como el centro o corazón de las cosas, la cara sensible y palpitante del universo. Este núcleo sensible lo trae cada individuo en su nacimiento, y si nos atenemos a la estructura del diagrama nº 3, vemos que la Rueda de la Fortuna hace de fuerza incidente en el arcano de La Emperatriz, para completar la obra de nacimiento del ser humano en el arcano del Emperador.

Llegado a este punto tendríamos que plantearnos cuál debería ser la información que aporta el Alma individual y que vendría a complementar las condiciones genéticas familiares con las cuales el nuevo ser nace. La Rueda de la Fortuna es la rueda del destino o rueda kármica en su definición oriental. Pero dejemos que la misma riqueza simbólica del arcano nos permita entrever su contenido.

La rueda, que es la figura central del arcano nos sugiere por ejemplo, que en el movimiento del giro, lo que antes estaba arriba luego estará abajo, y viceversa. En este transcurrir cíclico del tiempo la naturaleza nace y muere, todo se va transformando. Hay dos seres que hacen girar la rueda. Uno de ellos, la serpiente, la impulsa hacia abajo, y el otro con cabeza de chacal impulsa la rueda hacia arriba. La serpiente es un símbolo muy común en muchas mitologías, representa la energía de la vida o fuego vital, y al tener este arcano una representación mitológica egipcia podemos reconocerla como la serpiente Tifón llamada también Seth, el lado oscuro y más denso de Osiris. Haciendo su trasvase a la mitología grecorromana encontramos su correspondencia en Saturno/Kronos, como el aspecto denso y temporal de la materia. En resumen: el fuego de la vida descendiendo al nivel de la materia y animándola. El otro ser con cabeza de chacal es la figura del dios Anubis, el cual era, entre otras cosas, el encargado de tratar con las almas desencarnadas y llevarlas ante Osiris, el Juez.

Se puede extraer de toda esta simbología una alusión a la rueda kármica o destino de las almas que bajan hasta la dimensión física, o sea, se encarnan para después llevar el resultado de su experiencia ante la esfinge. –Osiris- la cual no participa en el movimiento de la rueda. La esfinge porta una espada, lo mismo que el personaje de la Justicia, es el juicio final o evaluación de lo aprendido que después de cada ciclo de vida nos hacemos a nosotros mismos.

En la parte externa de la rueda vemos escrita la palabra Tora o Ley, pero también se puede leer como Rota o rueda, o bien como Taro o Tarot, Intercaladas con estas palabras esta el Tetragrammaton o nombre de Dios compuesto de cuatro letras hebreas. YOD, HE, VAU, HE. Los hebreos consideraban su pronunciación demasiado sagrada y la sustituían por la palabra Adonai, que significa “Señor”. A estas cuatro letras podemos aplicarle los cuatro elementos de la manifestación universal, como fuerzas primarias que son: Yod, principio activo del Espíritu. o inteligencia universal, perteneciente al elemento Fuego. He, principio sensible del elemento Agua, la Sustancia Primordial y moldeable. Vau, factor dinámico de interacción o agente catalizador de los dos anteriores, le corresponde el elemento Aire. Y el segundo He, como la condensación de la Sustancia Primordial dando como resultado el mundo físico y material correspondiente al elemento Tierra.

A su vez los cuatro elementos arquetípicos están presentes en los 4 signos fijos del zodíaco que se muestran en cada una de las esquinas del arcano. Estos son: el León, Leo/Fuego El Águila, Escorpión/Agua. El Ángel, Acuario/Aire y El Toro, Tauro/Tierra.

No es extraño ver como representación del signo de Escorpión a un águila en vez de un escorpión. Este signo simboliza el proceso de transmutación, lo que renace después del derrumbamiento de lo viejo. Es pues, el águila, el ave Fénix que resurge de sus propias cenizas, un segundo animal al cual se le adjudica el signo zodiacal de Escorpión.

El planeta que rige este arcano es Júpiter. En los modelos astrológicos este es un planeta muy benefactor, dador de bienes y fortuna en el sentido más amplio. Fue él quien regaló a las ninfas el Cuerno de la Abundancia con la promesa de que de él obtendrían cuanto pidiesen. Es una alegoría a cómo el destino nos trae aquello que pedimos si lo sentimos con auténtica integridad. Únicamente habría que plantearse si lo que pedimos es algo que nos libera y nos expansiona, o por el contrario nos encadenamos aún más. Júpiter al igual que Osiris representa a la justicia divina, como las leyes que rigen el destino de los hombres.

Consultando el libro de Juan B. Bergua sobre “Mitología Universal”, nos encontramos en la mitología griega a las Moiras, que más tarde serán las Parcas romanas, las cuales tejían el destino de la vida de los hombres. Estas diosas, según cuentan, eran temidas y respetadas incluso por los mismos dioses que se supeditaban a ellas. Una fijaba, otra daba largura al hilo, y la última cortaba en un momento dado el hilo de toda la trama. He aquí un ejemplo de destino fatalista del que nadie se podía escapar. Sin embargo, estaba Fortuna, que era representada con un timón en las manos, ya que era protectora de los navegantes, como alusión al hombre que navega por el mar de su propia vida, y con el timón dirige su propio destino hasta llegar al puerto previsto. Pero a Fortuna también se la representaba con una rueda, y con un cuerno de la abundancia –relacionado con Júpiter- y ciega. ¿Se quiere indicar con esto, que existe dentro de las leyes que nos rigen, una naturaleza cambiante que va tocando al hombre de una forma caprichosa? Deducimos, por consiguiente, tres aspectos del destino.

1º) El destino fatalista del cual nadie puede escapar, y que siendo así, debe estar prefijado antes del nacimiento, como pueden ser precisamente el mismo nacimiento y muerte, así como el lugar concreto y un tiempo determinado en la historia, más otros posibles aconteceres o líneas maestras en la vida de cada uno. Aparentemente no hemos escogido ese destino fatalista. O por lo menos, no lo hemos escogido con la conciencia que poseemos en esta vida física. Por lo que la representación de Fortuna con los ojos vendados, puede ser una indicación de que en líneas generales no sabemos realmente de nuestro destino y vamos tanteando la vida en su caminar por ella.

2º) El azar. Dentro del marco limitado de nuestro espacio/tiempo que ya debe estar prefijado, el azar pudiera distribuir su parte de suerte como en el juego de la ruleta. Aunque bien mirado, la  misma bolita no se detiene en un determinado sitio de la rueda por puro capricho, porque se supone que la bola no tiene voluntad propia. De modo, que todo depende de las fuerzas que entran en acción en el momento de tirar la bola y de hacer girar la ruleta, y si dichas fuerzas se pudiesen medir con exactitud, se podría predecir matemáticamente a cual casillero iría a parar la bola. Por tanto, nos encontramos con una visión relativista de este concepto, ya que existe el azar mientras uno no prevea los resultados, aunque esos resultados vengan ya determinados desde otro nivel de la realidad. Moraleja: a más conocimiento menos azar.

3º) Por último, tenemos el destino que por propia voluntad el hombre escoge y dirige. O por lo menos, eso nos parece desde nuestra pequeña visión de la realidad, precisamente porque posiblemente estemos llevando a cabo justamente lo que nuestro destino nos tenia previsto, y lo que hacemos es afirmar y decidir con nuestra voluntad individual lo que ya estaba decidido en otro nivel de la realidad, que es alinearnos con nuestro destino. En este caso, ya no gira la rueda de una manera ciega para la persona que tiene conciencia de su destino, sino que ésta se transforma  en un timón, pudiéndose vislumbrar, si no todo los detalles, por lo menos, una gran parte de su contenido vital

Es muy interesante la exposición que hace Fritjof Capra en “El punto crucial” sobre determinismo y libertad de los organismos vivos. Nos dice:

“La autonomía relativa de los sistemas “autoorganizadores” arroja nueva luz sobre el tradicional problema filosófico del libre albedrío. Desde el punto de vista de la teoría de sistemas, tanto el determinismo como la libertad son conceptos relativos. En la medida en que es autónomo con respecto a su entorno, un sistema es libre; en la medida que depende de él a través de una interacción continua, su actividad irá siendo definida por las influencias ambientales. La relativa autonomía de los organismos suele aumentar con su complejidad, y llega a un punto culminante en los seres humanos”.

Añade a continuación que el objetivo de las tradiciones es liberarse del yo aislado e identificarse con la totalidad del Cosmos. Continua:

“Una vez alcanzado ese estado, la cuestión del libre albedrío parecerá haber perdido su significado. Si yo soy el universo, no puede haber ninguna influencia “externa”, y todas mis acciones serán espontáneas y libres”.

Volviendo, entonces, al nacimiento del ser humano, éste trae en gran parte su propio destino por el sólo hecho de nacer enmarcado por un espacio determinado, como es el país, familia y en un momento concreto de la historia humana. Para definir todas estas operaciones por la cual una persona nace en unas condiciones determinadas, en el lenguaje oriental que tanto se ha introducido en occidente, se emplea la expresión de “Leyes kármicas o karma”, por las cuales el ser humano estará sujeto al destino de su patria, raza, familia, en la medida en que esté identificado con ello. No existe en este caso, tanto un destino tan personal, sino más bien del grupo al que se pertenece, al cual uno alimenta y a su vez es alimentado por el espíritu o alma de dicho grupo.

Para tener un destino más individual, la persona debe llegar a desprenderse de los condicionamientos que le pueden limitar por la causa espacio/temporal de su nacimiento. Este aspecto del arcano X es el que hay que trabajar en el segundo ciclo. No se pretende indicar con esto que la persona tenga que abandonar su país o su familia, porque se puede vivir en la propia tierra en la que se nació y sentirse ciudadano del mundo. Se puede asimismo vivir con la familia y no estar condicionado por ella, en el sentido de que ésta interfiera de tal forma en la vida del sujeto, que éste no pueda vivir su propia vida: la escogida voluntariamente por él, sin las interferencias y manipulaciones familiares a las que muchos se ven sometidos,

De modo, que la Rueda de la Fortuna incide en el primer ciclo en el nacimiento del ser humano  -arcano de El Emperador-, y representa el destino al cual ese ser que viene a la vida va a estar condicionado. Es un destino impuesto como la figura del mismo Emperador indica. Ahora bien, la Rueda de la Fortuna en su propio nivel es la iniciadora de un nuevo ciclo y significa un cambio de suerte. En este segundo nivel nos habla de cómo la persona va a ir desprendiéndose de los condicionamientos que la limitan y abrirse a una visión más amplia de la vida. Este cambio interno no implica que forzosamente tenga que cambiar su vida externa, pero si es así, posiblemente el cambio se ajustará más a las nuevas influencias que en ella están naciendo.

Independientemente del karma o condicionamiento colectivo, en la tradición esotérica se hace referencia al karma personal, o sea, las reacciones que se producen como consecuencia de acciones pasadas –Ley de causa y efecto-. Entramos en un terreno un tanto delicado y complejo en el que fácilmente se tiende a la especulación y a meter demasiada imaginación, al tocar temas que muy difícilmente se pueden comprobar. Sin embargo, en lo que he podido constatar por la propia experiencia -y esto es aplicable en todo caso-, al margen de que existan una o más vidas, puesto que se puede verificar en la vida actual. Y es que en la creación de un karma hay un elemento muy importante que entra en juego. Este factor son las propias creencias individuales. Hay que saber ver la similitud semántica entre creer y crear. Tenemos de nuevo a la mente de El Mago depositando la semilla-idea en el subconsciente o plano sensible de La Sacerdotisa, y como ya se expuso, el sentimiento es lo que le da autenticidad a las ideas y las arraiga, coloreándolo además con un sentimiento de valores buenos y malos. En la zona de nuestro inconsciente que es colectivo emitimos un mensaje, y la reacción adecuada llegará en su momento. Si la vida externa influye sobre la interna, al contrario también ocurre lo mismo, por lo que lo interno influye en lo externo. Atraeremos, pues, a nuestra vida, lo que hemos llegado a crear y a emitir tiempo atrás. Pero si se aprende a ser observador aprenderemos a conectar nuestros estados anímicos y mentales de deseos,  proyecciones, sentimientos de culpas, miedos, etc, con sucesos y experiencias que nos ocurren. De esta manera iremos viendo, enlazando y comprendiendo una increíble y sorprendente trama de conexiones, y no debido precisamente al azar.

Se podría decir, por tanto, que; nuestra vida es el resultado de nuestras creencias y sentimientos, y para puntualizarlo mejor, de lo que en el pasado nos han condicionado a creer y sentir. Aquí yace el gran drama fatalista de la humanidad que dormita. Creamos nuestras propias historias y las vivimos con la creencia de que son totalmente ciertas, o cuando no, enviadas por algún medio divino. En nuestro limitado campo de realidad son ciertas porque así es como las experimentamos, pero no es una realidad objetiva o que pertenezca a un campo mucho más amplio y universal de la realidad.  Sin embargo, en este punto nos encontramos con la gran libertad del hombre despierto, escoger su propio papel y jugar conscientemente al juego de la creación.

Convendría aclarar que trascender los condicionamientos a los cuales hemos estado sujetos no es oponernos a ellos, como usualmente ocurre cuando alguien comenta, por ejemplo, que ha superado la religión, la familia, o cualquier ideología política, expresándolo con una actitud cargada si no de odio, si de un fuerte sentimiento de rechazo. Esto indica que la persona está igualmente condicionada y polarizada, eso sí, en el lado de la resistencia a aquello que se opone. Se dice que del odio al amor hay un solo paso, pero indudablemente, esto también se cumple en sentido contrario,

De todas formas hay que comprender -pues entra dentro del proceso normal de la vida-, el giro hacia el rechazo de algo, cuando anteriormente se ha estado identificado con ello. Se actúa bajo la ley del péndulo; acción y reacción en la misma intensidad. Es el típico comportamiento del pueblo que en un momento dado de la historia proclama y ensalza a su rey, y tiempo después, lo ejecuta.

Se dice que el tiempo todo lo cura. Efectivamente,  el nivel de las pasiones que se levantaron ante determinado hecho, van decreciendo, la persona se ha ido serenando para poder enjuiciar un poco más objetivamente la situación que anteriormente la envolvía, aunque hay quien permanece emocionalmente enganchado gran parte o toda su vida a la misma experiencia emocional.

Pero existe también el camino del crecimiento interno. Por medio del discernimiento se llega a la comprensión de los mecanismos por los cuales funcionamos y actúan también los demás. Es más, lo que consideramos en un momento como nuestro enemigo, lo que nos obstaculiza, lo podemos enfocar como la fuerza de resistencia en algunos casos imprescindible y necesaria para nuestro aprendizaje, para la ampliación de la conciencia, si la sabemos aprovechar. No en vano se ha dicho que los obstáculos sirven, o bien para hundirnos si nos lo tomamos negativamente, o bien para fortalecernos si lo sabemos enfocar correctamente.

Si se alcanza correctamente esta última visión, se llega a un punto medio, neutro, de equilibrio estático, en donde las energías que antes se empleaban en las defensas o ataques de cualquier situación, van perdiendo su fuerza hasta alcanzar un punto muerto. Ello no es óbice para que perdamos nuestra capacidad crítica y de discernimiento, pero aquellos errores y defectos que antes criticábamos exacerbadamente, se ven bajo otra perspectiva mucho más nítida, y al mismo tiempo aparece la ecuanimidad en nuestra forma de enjuiciar, ya que no se está sujeto a la marea emocional que ofusca toda objetividad.

Cuando se penetra en el terreno del discernimiento y de la comprensión, los errores de los demás ya no nos perjudican anímicamente, y el asunto en el que nos encontrábamos implicados, queda trascendido. ¿Qué ha ocurrido energéticamente? Bueno, pues que las energías que antes se empleaban, tanto en la defensa como en el ataque de cualquier causa, se han transmutado en una nueva conciencia, la cual pertenece a otro nivel del ser. De esta manera, es cómo le damos un aporte de energía a nuestro desarrollo interno. Observamos de nuevo que la no-acción en el plano de la personalidad física, libera un caudal de energía en los planos sutiles del ser humano.

 

 

 

XI  LA  FUERZA.-  Este arcano representa el aspecto femenino a desarrollar a partir del núcleo del Alma, muestra a una joven que sin el mínimo esfuerzo y sin violencia, acaricia las fauces de un león, y éste a su vez, muestra una total sumisión a la joven.

¿Qué representa el león? Es la fuerza animal o anímica en su estado incontrolado. Es la parte impulsiva y apasionada de nosotros mismos que se nos desborda. Sin embargo, la fiera aparece domada por la joven. Ella representa la fuerza del nuevo poder del alma, conduciendo al león suavemente, de forma natural, sin violentarlo.

Este arcano nos enseña que la forma de domesticar al león de nuestras pasiones, no es precisamente a base de reprimirlo ni de castigarlo, utilizando sistemas violentas y agresivos como se ha llegado a practicar –y posiblemente se siga practicando-, en ciertas comunidades religiosas que hacían uso de silicios, látigos y otros instrumentos de tormentos con la intención de acallar la fuerza instintiva y natural que supuestamente les estorbaba e impedía su desarrollo espiritual. Como resultado de estas prácticas se la conseguía reprimir durante un tiempo, y cuando por alguna circunstancia ésta fuerza natural se destapaba, afloraba con mucho más ímpetu de lo normal, o bien, al no darle salida por las vías normales, ésta degeneraba en comportamientos obsesivos y enfermizos.

Es muy normal en el ámbito religioso encontrar a personas que hacen, por ejemplo, una sublimación de la energía sexual, produciéndose en estos casos un comportamiento exacerbado de fervor religioso, incluyendo arrebatos místicos, pero que en muchos casos no deja de ser una elevación de la libido, que al cerrarle el paso de salida por la vía natural, utiliza otros escapes. Sin embargo, no hay que confundir este resultado con una auténtica autotrascendencia a otro nivel, en el que la energía vital que estimula a la personalidad del primer ciclo, es transmutada en un nuevo fuego de vida. Pero esto es un proceso que se va dando progresivamente y de forma natural, sin represiones, y en la medida en que el individuo va trabajando y creando una nueva estructura de la conciencia.

En el caso de sublimación antes comentado, aunque pueda existir una  buena voluntad de autotrascendencia por parte de la persona, no obstante, si no hay un conocimiento de la naturaleza de la vida, y de cómo operan las leyes de ésta, se cae fácilmente en la identificación con el objetivo, rechazando al mismo tiempo y luchando contra lo todo lo que se opone a ello. Es conveniente volver a repetir que si se quiere trascender la naturaleza incontrolada, no es precisamente queriéndola eliminar por la fuerza como se consigue, puesto que esto alimenta al polo de la resistencia, incitando y fortaleciendo la fuerza de empuje incontrolada de dicha naturaleza representada por el león. Autotrascenderse no significa eliminar nada de la propia naturaleza sino ir más allá del punto en donde se encuentra la persona, es decir, expandiéndose y enriqueciéndose en otras dimensiones del ser. Por consiguiente a la fuerza leonina hay que saberla integrar en su debido espacio dentro del gran abanico de la personalidad trascendida, actuando en su justa medida y no desbocándose incontroladamente.

En el primer ciclo, el comportamiento de la persona entra dentro del plano de lo puramente instintivo y las pasiones que se derivan de este estado –El Emperador-.

Mediante unas normas de convivencia o mandamientos morales que se inculcan desde pequeño, se intenta poner unos límites y encauzar la fuerza anímica animal, porque si no, se haría imposible la convivencia, y aún así, continuamente están surgiendo conflictos, abusos y violencia debido a la fuerza leonina incontrolada que llevamos dentro.

No obstante, lo que en el arcano de El Hierofante como contraposición al Emperador, aparece como normas morales o mandatos divinos, lo cuales son obligatorios obedecer so pena de castigo, en el arcano de La Fuerza, esto toma otro cariz muy diferente debido a esta segunda faceta del núcleo del alma en desarrollo. O sea, en este plano, y al poseer el individuo un “observador” éste le hace distinguir las diferentes actitudes que se pueden dar en el propio comportamiento, es decir; lo que es puro instinto, lo egóico y lo no egóico, cualidad, ésta última que va apareciendo con la consolidación de la nueva alma.

Un ejemplo sencillo y cotidiano de esto, lo podemos ver en el caso de una persona que siente hambre e intenta saciarla, como es naturalmente, comiendo. Tenemos un comportamiento totalmente correcto dentro de la respuesta instintiva, biológica y natural, sin tener por qué llevar ninguna connotación moral. Esto se hace extensible a todo comportamiento instintivo y natural incluida la sexualidad.

La complicación aparece en la forma en cómo el sujeto sacia su necesidad instintiva, sea ésta la que fuere. En el caso de satisfacer el hambre, puede ocurrir que el individuo acapare los alimentos disponibles y deje a otros sin comer. Entonces ya entramos en el terreno de la ética y definimos esa conducta como egoísta, puesto que no se ha dado una sensibilidad hacia fuera, en tener en cuenta a otros; se carece del sentido interno de la medida como una estética del Alma que está en consonancia con la realidad externa –arcano de La Justicia-. En el caso del que el individuo se alimente teniendo en cuenta a las otras personas, lo estará haciendo en su justa medida, en su debida proporción –ratio o razón-, o sea, razonadamente, existiendo en dicha persona una conciencia de grupo.

De todos modos habría que distinguir entre dos conductas aparentemente iguales, pero que pueden ir motivadas por diferentes causas. Siguiendo con el mismo ejemplo, efectivamente, el individuo que tiene en cuenta a los demás, lo hace motivado por una cuestión de sensibilidad hacia lo externo como producto de una medida interna. Es entonces, desde la misma ética del alma, como fuerza interna de poder, desde donde se  produce la capacidad para conducir a la fuerza bruta y ciega del ego instintivo, y no por las creencias morales impuestas desde el exterior por una jerarquía o colectividad.

Pero otra persona también puede actuar aparentemente de la misma manera, es decir, de la forma correcta, que sería compartir el alimento con los otros pero motivado por otra cuestión muy diferente: la propia imagen. Si uno se comporta de forma egoísta puede perder prestigio ante los demás, e incluso su conducta puede ser reprochada. En ello se ve la acción correcta pero motivada por un premio o castigo. Es la moral impuesta desde el exterior propio del nivel de El Hierofante. Por tanto, se puede comprender que mientras una persona no desarrolle estructuras superiores y más amplias de la conciencia que entren dentro del terreno de lo fraternal, la educación impuesta es, mientras tanto, la que sirve de cauce a todo el caudal instintivo que tan fácilmente puede derivar en comportamientos egoístas y conflictivos.

Con el ejemplo expuesto, se evidencia el cambio de conducta que se produce de un estado de ser carente de sensibilidad a otro de mayor conciencia. Son dimensiones diferentes del ser humano, cuyo paso desde un nivel a otro es todo un proceso que podríamos desglosar en cuatro etapas diferentes:

 1º) Ausencia de la conciencia.-  En esta primera etapa el individuo es inconsciente de determinado comportamiento que escapa a su control. Si se le hace saber, va a emplear todos sus mecanismos de defensas en la negación de ese hecho. Los mecanismos de defensas, son como tal, mecanismos automáticos de conservación de la personalidad en dicho nivel. Se poseen mientras el individuo no sea lo suficientemente fuerte para aceptar su realidad, de no ser así, se produciría un derrumbe de la misma. Posiblemente, no es conveniente forzar a una persona a que vea su propia realidad si no ha llegado a un cierto punto de madurez en su propia aceptación. Por otro lado, es inútil querer convencer a alguien de algo, cuando ese alguien tiene puesta las barreras de defensas y no acepta ninguna crítica o sugerencia. De todos modos, y en el mejor de los casos, si la persona llega a reconocer alguna muestra poco grata de su carácter o de conducta poco ética, tenderá a minimizar el hecho imputado, o lo justificará de mil maneras posibles, para que su imagen no quede deteriorada. Es una etapa de cierre de la conciencia, de total resistencia.

 2º) Conciencia después del hecho.- En esta segunda etapa, se produce una cierta apertura, que irá a más, en el reconocimiento del hecho, pero siempre y después de que éste se haya producido. La persona entonces puede reflexionar, y con una buena dosis de humor, que se necesita en esos momentos, o bien, no teniendo excesivo sentido de la importancia personal, que ya es todo un logro, podrá admitir su comportamiento erróneo.

 3º) Conciencia durante el hecho.-   En esta etapa se vivencia plenamente el comportamiento en el mismo momento en que está ocurriendo. La persona toma buena nota de cómo se siente arrastrado hacia determinada conducta que escapa a su control, pero, sin  embargo, hay ya algo de él que no se implica en la historia que está sucediendo, y observa. Luego, una vez pasada la situación, se trata de no enjuiciarla creándose un sentimientos de culpa, ni de dramatizarla. Hay que intentar ser objetivo con uno mismo, y comprender que la fuerza impulsora que actuó en nosotros en esos momentos, no puede hacerlo de otra manera debido a su propia naturaleza. Entender esto y aceptarlo, no es justificarlo, sino ser realista.

4ª) Conciencia antes del hecho.-  Por último, en esta fase la persona ve venir la situación que le va a sacar como siempre, sus impulsos automáticos, y antes que esto se produzca, se mantiene alerta. De esta manera impide que surja la reacción mecánica. La conciencia, en ese caso, le ha ganado una batalla al inconsciente.

Claro, que este triunfo no implica que el sujeto no vaya a tener más problemas de esa índole de ahí en adelante, pues todavía puede durar un tiempo hasta que el antiguo comportamiento se haya diluido por completo, y eso requiere seguir en alerta y en observación. Pero, ya algo ha cambiado profundamente en la naturaleza de la persona. Neurofisiológicamente hablando, se ha producido una nueva forma de conexión en los circuitos neuronales del cerebro, aunque todavía no exista una impresión consistente de la nueva pauta de comportamiento. La prueba de que es una impresión nueva, y por tanto aún débil en la memoria cerebral, es que la persona se olvide fácilmente de su nueva actitud cuando llega una nueva oportunidad de sacarla, y tienda por inercia al viejo patrón, que es lo que aún se mantiene con más fuerza. Por tanto, hay que estar un cierto tiempo teniendo que recordar en el momento clave la nueva línea de comportamiento, afianzándola y dándole estabilidad, hasta que la nueva creación vaya tomando fuerza y permanezca por sí misma. De ahí el estado de atención que es necesario mantener mientras tanto, pero llegará un día en el que el nuevo patrón surgirá espontáneamente, sin esfuerzo ninguno, será la señal de que ya ha pasado a formar parte de la propia naturaleza del individuo.

Este arcano está regido por el signo astrológico de Leo, -el León y elemento Fuego-. Este animal representa la fuerza vital del ser humano, pero dependiendo del ciclo en que se encuentre el individuo, esta fuerza de vida puede adquirir un carácter incontrolado y agresivo. Entonces tendremos que reconocer el dominio de un señor león que se impone y domina por su fuerza bruta en la gran selva de la vida.

No obstante, el león es el animal de la realeza, simbolizando, en este caso, la fuerza vital que se ennoblece en el ser humano, cuando éste alcanza a desarrollar su máxima autoridad interna. En este arcano, la nueva fuerza de vida del león es de una calidad muy superior a la simple fuerza bruta animal, manifestándose en la persona que posee una segunda naturaleza. Es la nueva fuerza del Alma.

 

 

 

XII  EL COLGADO.-  El arcano del Colgado como número 12 que es,  -si le sumamos sus componentes nos da un 3-, desempeña la misma función que La Emperatriz, y por tanto, es el punto en donde se dinamizan las características de los dos arcanos anteriores, X y XI, para la gestación  del 2º cuerpo o Alma. Paralelamente está relacionado con el arcano de Los Amantes aunque en un ciclo superior.

El número de El Colgado es el 12. Esotéricamente es un número de inversión. Es el número que marca el último mes del año, el último signo del Zodíaco, y la última hora de la jornada de un día. Cuando un ciclo finaliza y comienza otro, se produce como ya sabemos un cambio de polaridad. Con lo cual nos indica que la trilogía creativa del 3, no actúa en esta ocasión para generar un cuerpo externo o físico como ocurrió en el caso del arcano de El Emperador, sino para la estructuración de un cuerpo interno. Y consecuentemente se produce en el individuo una inversión de valores.

Esta inversión de fuerzas la podemos ver simbolizada en la misma posición invertida de la figura representativa de este arcano. Una persona esta colgada boca abajo. Al principio pudiera dar la impresión de que está siendo sometido a un sacrificio, sin embargo, su actitud es serena y una aureola de energía radiante se desprende de él, dando a entender que hay una aceptación voluntaria y una conformidad total en permanecer en esa determinada posición.

Efectivamente, el mensaje que nos quiere indicar este arcano es acerca del individuo que, mediante un trabajo interno, está dando un giro a su vida, desprendiéndose de las sujeciones y trabas a las cuales estaba sometido. Aquí ciertamente es cuando uno empieza a dirigir con un timón la rueda del destino, iniciando el desligamiento paulatino del karma colectivo y personal, provenientes ambos, del ciclo anterior. También se va aprendiendo a desacondicionarse de la moral colectiva del Hierofante, supliéndola por la propia ética, por la fuerza del Alma que va tomando riendas sobre el comportamiento más primario del individuo.

Para ello, la persona va dejando de lado ciertos factores que suelen ser atrayentes para la personalidad del primer ciclo, de ahí el sentido de renuncia que se le atribuye normalmente a este arcano. Pero hay que entender esta renuncia como voluntaria y natural compensándose por los logros en este segundo nivel. Siendo así que la persona va dejando los valores del ciclo anterior porque en sí mismo ya no le estimulan como antes, pues en la medida en que se va creciendo internamente, son otros los factores que entran en juego en la vida de la persona, abriéndose así a una nueva fuente de atracción, al igual que el niño va abandonando las distracciones de la niñez a medida que se va convirtiendo en un adulto, pues nuevas perspectivas son las que le estimulan. En algunas ocasiones la renuncia puede ir acompañada de una fricción interna por un “tira y afloja” entre la antigua tendencia y lo nuevo que está naciendo, pero de esta fricción surge la luz y la fuerza de liberación, resultando al final fructífero y compensatorio. Él que algo quiere, algo le cuesta, y ciertamente, para alcanzar un nuevo nivel, hay que ir abandonando el nivel en donde uno se encuentra.

El sentido autentico de renuncia, es el que se escoge voluntaria y libremente, con actitud sana y positiva, y no el impuesto desde afuera en contra del consentimiento de la persona o forzándola con presiones y chantajes morales. Este último es un sacrificio negativo que nada más aporta un sentimiento frustrante, es algo represivo que en vez de purificar y liberar, envenena y encadena al individuo a una situación penosa. Son cantidades los hombres y mujeres que llevan en el fondo una vida amargada, porque le han impuesto o se han visto en la “obligación” de tener que sacrificar parte o el total de sus vidas por alguna circunstancia particular. Hay veces que cargamos con responsabilidades en aras de guardar nuestra buena imagen, la que se espera de nosotros. El miedo a romper nuestra buena imagen nos lleva consecuentemente a jugar el papel de víctima, ya que el hecho de cargar en nuestras espaldas cualquier tipo de peso, de responsabilidad, sin tenerlo asumido, sin tenerlo integrado en todo nuestro ser, es sentirse sacrificado, lo cual correspondería al aspecto degenerado de este arcano. Recordemos que el punto 3 marca la generación o bien la degeneración.   

Se debe tener claro una cosa, y es que todo, todo en la vida debe encaminarse hacia nuestra felicidad y bienestar. Es lo correcto y psíquicamente sano. Imponerse  el sufrimiento es producto de una mente malsana y enfermiza, indicando un cierto nivel de neurosis. Generalmente tras una actitud de este tipo, se suele esconder un sentimiento de culpa, de inseguridad, y de temor. Unido a una gran ignorancia debido a una deformación educacional basada en el castigo y la presión moral.

Todo en la vida y de forma natural tiende hacia un bienestar personal. Por ejemplo, cuando alguien despierta nuestro interés o deseamos la compañía de determinada persona, es porque siempre algo redunda en nuestro propio beneficio. Los motivos pueden ser diversos: económico, laboral, sexual, bienestar sentimental, enriquecimiento intelectual, o afinidad espiritual, la cual nos aporta apoyo y ayuda. En todos estos casos la diferencia estriba en que, cuál o cuáles zonas de nuestro ser se siente gratificada en la relación con el otro.

Cuando nada más se posee la sensibilidad del primer cuerpo, el mismo instinto nos lleva a buscar el placer y rechazar el dolor. La satisfacción de cualquier instinto está determinado para que nos produzca placer, Naturalmente se da por sentado de que hablamos de un instinto sano, y no degenerado, que es el que debe marcar la pauta mientras no se tenga realizado otro nivel de conciencia.

Con el desarrollo del 2ª cuerpo y al elevar nuestra sensibilidad, aumenta paralelamente nuestro amor hacia los demás. Se suele hablar de amor desinteresado, pero vamos a profundizar un poco más y ver en qué consiste este tipo de amor. Lo calificamos de desinteresado en cuanto ayudamos a alguien sin esperar que nos devuelva el favor, pero en el fondo de nuestra alma no podemos sustraernos del bienestar que esa misma buena acción nos produce, es algo inevitable y legítimo, puesto que en ese acto de ayuda lo que ocurre internamente es que le damos vida a la parte interna de nuestro ser en donde reside el amor, sintonizamos con la vibración amorosa de nuestra naturaleza y ese hecho es altamente gratificante por sí mismo. Neurofisiológicamente segregamos sustancias placenteras del tipo endorfinas. La cuestión es que es un acto total, completo, que no necesita ser compensado de  ninguna otra manera. Bajo esta visión las personas que nos piden algún tipo de ayuda, en realidad, nos están proporcionando la oportunidad para conectar con esa fuente interna de energía y bienestar llamada amor. Ahora bien, si la ayuda que prestamos a alguien, no proviniese de nuestra naturaleza amorosa sino de un estado artificial como puede ser el cuidar de nuestra imagen, de un sentimiento de culpa, o de un compromiso forzado, posiblemente nos quede un sentimiento de frustración que necesite de alguna manera ser compensado por la otra parte. Quizá por eso nos podemos sentir mal, cuando alguien no nos devolvió el favor o el cumplimiento que le hicimos alguna vez.

De todos modos, con el aumento de nuestra sensibilidad, al prójimo lo podemos sentir como una prolongación de nosotros mismos y la desgracia y la felicidad ajenas resuenan en nuestro interior, la ayuda que dispensamos es como si nos la hiciéramos a nosotros mismos. Si la ayuda desinteresada a los demás nos hiciera sentirnos mal, sería casi imposible prestar ayuda. La vida está montada de tal forma, que el actuar correctamente según las leyes naturales nos  producen gozo y bienestar.

Con el desarrollo del 3º cuerpo que conlleva la comprensión e integración de la ley del amor en la vida de la persona, es la máxima plenitud a la que se puede llegar. El sacrificio o la renuncia, repito, que nada más que crea sufrimiento sin un aporte de liberación o de purificación de algún nivel de nuestro ser, es producto de una deformación de nuestro psiquismo.

En cuanto a la relación del arcano VI con El Colgado, vimos en el primer ciclo de Los Amantes que la persona debía compaginar armoniosamente la doble influencia Emperador-Hierofante de su propio ciclo. En este segundo nivel relacionado con el Alma, el individuo vive el arcano de Los Amantes con un claro discernimiento de la influencia de los dos círculos y de cómo hacer una elección y definirse por los valores del Alma. Este trabajo interno de inversión de valores crea una fuerza que es el alimento para la gestión de un nueva estructura anímica que se va consolidando en el arcano XIII, pero también, y de manera indispensable con la ayuda energética proveniente del núcleo del 3º ciclo o del Espíritu, representado por el arcano de El Sol, con lo cual, el nuevo cuerpo que nazca traerá una impronta o información de esa dimensión espiritual.

Vemos que El Colgado mantiene las piernas cruzadas en forma de cruz, símbolo que representa la unión dinámica de las energías masculinas y femeninas, en este caso, de los dos arcanos que le preceden de su propio círculo, más la doble influencia que recibe tanto del primer,  como del tercer ciclo. En un lenguaje figurado podemos definir que en la gestación del Alma intervienen tanto fuerzas celestiales como terrenales.

El madero del cual cuelga el personaje tiene forma de T o TAU. Esta es la última letra correspondiente al alfabeto hebreo, y por otro lado, una de las formas más antigua de cruz. Tau significa “sendero”. La letra Tau se le adjudica al último arcano del Tarot, El Mundo. Podemos, entonces,  hacer una lectura de acercamiento de estos dos arcanos que además están relacionados por posición y número. En El Colgado la persona le da un vuelco a su vida y empieza a caminar por el sendero o camino que la va a conducir hacia el conocimiento y la liberación  representado por el arcano de El Mundo.

El Colgado está regido por el elemento Agua, que es el plano de las emociones y sentimientos, pues de la gestación del Alma en un nuevo orden se está tratando, y por tanto, de la trascendencia de las emociones más primaria del ser humano a sentimientos de fraternidad y cooperativismo. Dentro del elemento Agua, El Colgado está regido por Piscis, que es entre todos los signos zodiacales el más predispuesto a la entrega de sí mismo por un gran ideal, que equivale a lo que es la esencia de este arcano.


 

 

XIII   LA  MUERTE.-  Con el arcano XIII que es igual a 4, tenemos que tener en cuenta todo lo siguiente:

- Es el punto en donde nace el Alma nueva o 2º cuerpo que se ha estado gestando en el arcano anterior.

-  El Alma es un cuerpo organizado intermedio entre la estructura de la personalidad del

   1º  ciclo y la estructuración superior del 3º.

-  Es el resultado de la interacción entre la Materia (1º ciclo) y el Espíritu (3º ciclo).

- El Alma es el centro sensible y vital del ser humano, pero se apoya para su manifestación en la cualidad material del 1º ciclo, y gracias a ello, le da vida a la materia. Por otro lado, y con respecto al 3º ciclo, el Espíritu, éste representa las facultades intelectivas del Alma.

Veamos   la   definición   que   se  da  del  Alma  por  dos  fuentes  muy  distintas: la enciclopedia Espasa Calpe y el Glosario Teosófico de M. Blavatsky. El primero dice así:

“Del latín Anima. Sustancia espiritual e inmortal en el hombre, que le hace capaz de entender, querer y sentir. Por extensión: Principio sensitivo que da vida e instinto a los animales, y vegetativo que nutre y acrecienta las plantas”.

En el Glosario Teosófico podemos leer:

            “El psyche o nephesh de la Biblia; el principio vital o soplo de vida que todo animal, desde el infusorio, comparte con el hombre. En la Biblia traducida, dicha palabra significa indistintamente vida, sangre y alma. “No matemos su nephesh” dice el texto original: “no le matemos”, traducen los cristianos. (Génesis, XXXVII, 21), y así sucesivamente”.

Hay una cualidad que se destaca en ambas definiciones, que es la capacidad vital del alma. Como veremos, la actividad de una persona está en función de lo animada o desanimada que se encuentre. El intelecto no es lo vital, pero si es el agente activador y el dirigente de lo vital. El ejemplo del “coche de caballo” está lo suficiente claro como para entenderlo sin mayor problema. El conductor (intelecto) es el que pone en marcha al caballo y lo dirige, exactamente lo mismo que hacemos cuando arrancamos un coche, pero no podemos decir que la fuerza motora está en el conductor. Ante lo dicho, podemos comprender la dinámica del nº3, porque es el punto a partir del  cual se hace girar la llave de contacto del coche o se le da la orden de partida al caballo.

Teniendo en cuenta que siendo el Alma el motor o fuerza vital del cuerpo físico, cuando el Alma se separa del cuerpo en el momento de la muerte, es por lo que lo deja sin sus funciones vitales. Surge eso sí, otro tipo de vida en el cuerpo en su misma desestructuración, pero pertenece a otro nivel de vida diferente, más simple, ya que no es la vida compleja, inteligente y total que animaba al cuerpo antes de su muerte, refiriéndonos aunque sea simplemente a las funciones biológicas del organismo.

Hay otro matiz muy interesante con respecto al Alma, y es su vinculación al cuerpo por medio de la sangre. Hemos visto que en el lenguaje bíblico, Alma significa indistintamente vida y sangre. Ciertas enseñanzas de la tradición espiritual mantienen que el Alma tiene su base física en la sangre. A partir de esta relación podremos comprender y encajar algunas cosas curiosas. He aquí algunos datos:

 

 

Aunque este arcano sea llamado La Muerte, no está indicando que sea la muerte física de la persona. De todas maneras, la muerte en sí de la existencia como concepto absoluto, no existe. Como todo, hay que entenderlo en un término relativo. La muerte es sólo un cambio de un estado de existencia a otro. Se muere a unas formas y a un medio, y se nace a otras en su medio correspondiente. En sí es una trans-formación, al igual que el niño muere a la vida intrauterina, para nacer al medio exterior; así el que muere a la forma de vida física nace, a su vez, en otra dimensión de diferente calidad material. Lo que ocurre es que no estamos capacitados para ser espectadores del nacimiento en esa otra medida. Sólo vemos la muerte del cuerpo físico, porque es lo que nuestros limitados sentidos nos permiten captar. El primer principio de la Termodinámica nos dice, que; ni la materia ni la energía se crea ni se destruye, solamente es transformada. Por este mismo principio; cuando algo nace a un nuevo estado, algo tiene que morir del estado anterior. En nuestro organismo mueren constantemente células, y constantemente están naciendo otras. Es un ciclo de nacimiento, desarrollo y muerte o transformación al que está sometido cualquier cuerpo.

Entonces, cuando una nueva sensibilidad y ética va aflorando en el ser humano, cuando unos nuevos valores van naciendo, es porque el Alma se está renovando y creando un nuevo espacio interno. Juega un papel muy importante la influencia procedente del arcano de El Sol, o potencial espiritual que se interpreta como luz. La luz del Espíritu como metáfora del entendimiento, de la visión interna. El individuo va creciendo internamente porque va comprendiendo “se va dando cuenta” de aspectos sobre sí mismo, sobre los demás, sobre la vida y su sentido, gracias al poder de la luz que le hace ver las cosas desde otra perspectiva. La conciencia se va desplazando a espacios más amplios, y desde allí se puede contemplar las cosas desde otro enfoque que no se tenía cuando la luz del Espíritu no incidía tan directamente sobre el Alma.

En el arcano de La Muerte, como contraposición se renueva el Alma, pero, entonces, ¿que es lo que se desestructura? Por su posición y número está conectado con el arcano IV. Es la muerte del Emperador, entendiendo como tal la desestructuración de dicho arcano. Desde el nivel del Alma (2º ciclo), llamamos a la luz (3º ciclo),  y desde la dimensión espiritual la luz nos llega. Consecuentemente nuestra conciencia-energía se desplaza a una nueva medida y esto implica que los viejos patrones de conciencia se van necesariamente desmoronando, entran en un estado caótico ante la misma fuerza de la luz. Son procesos concatenados entre los tres ciclos. Dicho en pocas palabras, cuando nos ordenamos en un nuevo espacio, se desmorona el antiguo, quizá porque todo ocurre en diferentes niveles del mismo espacio.

Ahora hagámonos un planteamiento que se deduce del mismo principio orden/desorden que estamos analizando. Es el siguiente: Esta influencia de la luz del Espíritu ¿sólo nos afecta personalmente o influye también en los demás? Dicho directamente resulta así: ¿cuándo nos ordenamos internamente, se desordenan los demás? Ciertamente que ocurre, porque las fronteras entre lo interno o personal y lo externo, es solo una apreciación fraccionada de la mente limitada.

Cuando en nuestras vidas despertamos a otro nivel de conciencia, surge una reacción crítica entre las personas allegadas a nosotros, generalmente de resistencia. No pueden comprender desde sus respectivos niveles esa sensación extraña. La “onda rara” que les llega de la persona en cuestión, atenta a la propia estabilidad, es como una provocación que les produce inquietud, y se revuelven. A veces la resistencia es activa y puede generar relaciones conflictivas entre los miembros de una misma familia. La expresión utilizada por regla general, para designar a la persona que en su actitud ante la vida, se ha salido de lo normal es la de  “está loca”. Y realmente es así la sensación que los demás pueden llegar a percibir de dicha persona al faltarles la comprensión y la vivencia de los procesos internos.

La Biblia nos lo deja muy patente en el Evangelio de San Mateo (cap.10,ver.34-36).  “No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; y serán enemigos del hombre los de su propia casa”.

Este mismo fenómeno pero llevado a escala mucho más amplia por su repercusión social, es por lo que se produce una reacción de violencia (resistencia activa), contra las personas que han intentado plantar una nueva semilla en la sociedad de su tiempo. Hay veces que la “resistencia de la masa” es tan fuerte, que los transmisores de la “buena nueva” han tenido que pagar el precio con sus propias vidas. Entre personajes legendarios y contemporáneos, contamos con casos como los de Pitágoras, Jesús, Gandhi, y Martín Lutero. Pero el resultado no es totalmente negativo, a niveles individuales o en muy pequeños sectores, permiten que la “onda” les afecte  y la semilla de lo nuevo puede germinar en ellos.

El signo que rige este arcano es Escorpión –elemento Agua-. El mensaje que nos transmite es: la transformación del Alma. En Astrología, Escorpión es el que simboliza la muerte, pero en su sentido de transmutación y regeneración. Escorpión a su vez, está regido por el planeta Plutón, pero también es compartida la regencia por Marte, el planeta que rige a Aries, el signo zodiacal correspondiente al arcano de El Emperador. Plutón astrológicamente es un planeta poderoso; trabaja con un gran potencial, y su misión consiste en destruir todo lo que ya no sirve, para construir nuevas formas. Se necesita pues, de una gran energía interna para que todo este proceso se produzca. Como ya sabemos por el ciclo anterior –pero volvemos a repetir- la toma de conciencia se produce en El Colgado atrayendo así del exterior (3º ciclo), la energía necesaria para que este hecho se realice y pueda continuar su proceso en el siguiente círculo.

Metiéndonos en la simbología del arcano, vemos representado a uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: La Muerte. Va montada sobre un caballo blanco. Es el mismo mensaje de Escorpión, pero con otras imágenes. Lo que se transforma o es depurado corresponde al plano vital o caballo, de ahí que aparezca con color blanco. Y también es blanca la rosa que el jinete lleva como emblema.

Hay que hacer una distinción entre el Alma cuando se la simboliza como animal o como flor, ya que viene a ser dos aspectos de la misma. El animal refleja lo vital de la persona, hacía donde dirigimos nuestra actividad, en qué gastamos nuestra energía, mientras que la flor es el lenguaje de los sentimientos. Al animal lo tenemos ubicado en toda la zona del vientre y nos habla también de las pasiones, en cambio las flores se ubican en el corazón, No obstante, entre los animales hay que distinguir los que son salvajes como es el león y otros más representados en los mitos, contra los cuales el héroe tiene que luchar y vencerlos, puesto que forman todo el cuadro de la tiranía de  las fuerzas incontroladas y de las emociones más densas que subyugan a la voluntad humana. Aún así, cuando el animal es un caballo en el cual se puede uno montar, o un perro, que son por excelencia loa animales domesticados, ya nos habla de una situación distinta, una situación en la que la voluntad de la persona puede doblegar a la fuerza animal y conducirla por el camino adecuado.

La rosa en el emblema que porta la figura de La Muerte es la misma rosa blanca que lleva en su mano el personaje del Loco. Su lenguaje son los sentimientos y deseos puros de un Alma ennoblecida por su unión con el Espíritu. Es decir, cuando las actividades en la vida del individuo sean guiadas por el amor inteligente y la libertad, será señal de que la rosa blanca -que es aún un emblema en las manos de la Muerte-, en el arcano final de El Loco mostrará su total realización.

A su paso, La Muerte va arrasando lo que se encuentra a su paso. Vemos caído en el suelo el casco del Emperador y el báculo del Hierofante, como etapas ya superadas de la persona. Dos antiguos poderes que son transformados: los imperativos de la personalidad primaria y el camino hacia la espiritualidad a través de una autoridad externa. La autoridad se establece dentro de uno mismo con el nacimiento del Alma, fase intermedia a la unión con el Espíritu; el lugar hacia donde el jinete de La Muerte se encamina. Ese lugar lo vemos reflejado en la ciudad dorada que se divisa al fondo. La Jerusalén de Oro, o la tierra prometida.

 En el arcano de El Carro (por posición y número relacionado con La Muerte), vimos, en líneas generales el comportamiento del individuo poseedor de un Alma renacida y su motivación en la vida. La persona, además de saber hacer una distinción entre su mundo interno y los valores del mundo externo con todos los roles que ésta exige, como es el familiar, laboral, etc..., también y paulatinamente va tomando conciencia de los múltiples yoes que pululan por el escenario de su personalidad, e incluso muchos de ellos contradictorios. Estos yoes se apoderan del sujeto en un momento dado, se presentan a escena haciendo su papel, y luego aparece otro. Estos papeles se van identificando y la persona descubre que hay en ella, por ejemplo, un yo envidioso, otro que continuamente se queja, otro que se esfuerza en dar una imagen de fuerte, otro de importancia personal, uno que es un seductor, otro que va de simpático para hacerse querer, otro que se aferra a todo lo que encuentra. Bueno, enumerarlos sería interminable. Todas esas máscaras que posee la personalidad y que se han ido alimentando de forma mecánica o inconsciente, va saliendo poco a poco a la luz, gracias a la fuerza de la radiación del Sol que va iluminando todos los rincones en donde se esconden y viven parasitariamente esos yoes que están ocupando el sitio que debe ocupar el Yo real.

Por ello hay algo presente en todo este recorrido interno que va efectuando el individuo y que convendría refrescarlo en la memoria. Son las grandes y pequeñas crisis que nos hace vivir El Loco con el cual caminamos. Y precisamente La Muerte como transformadora de toda estructura, nos recuerda de nuevo que todo aquello que se derrumba, aún siendo para nuestro bien nos lleva a un punto crítico. La crisis puede ser más o menos dolorosa según estemos arraigados a los viejos moldes y a los “yoes” que lo alimentan. Cuando la luz del Espíritu ilumina zonas en donde descubrimos cosas de nosotros mismos que no nos gustan, naturalmente esto no es agradable, pero casi es peor la resistencia y el daño que nos hacemos algunas veces por no aceptar nuestra realidad. Es nuestro sentido de la importancia personal lo que nos impide aceptarnos tal cual somos.

Como recomendación general ante la vida, pero especialmente durante los momentos críticos, cuando sintamos que todo a nuestro alrededor se desmorona, hay un elemento indispensable que nos servirá de ayuda. Es el sentido del humor. El mejor aliado con el que podemos contar para desdramatizar situaciones tensas. Porque si nos paramos a pensar detenidamente, los sufrimientos son debidos a las costras mentales que nos oprimen y no nos dejan respirar ni vivir plenamente la vida. El arrancarlas indudablemente puede ser doloroso, sobre todo si han estado incrustadas en nuestro ser por mucho tiempo. Pero si pensamos en el ridículo autoengaño en el cual hemos estado viviendo la mayor parte de nuestra vida, la reacción puede ser de pura rabia, o bien puede surgir otro resorte; la risa, nos reiremos, sí, nos reiremos de nosotros mismos.

 

 

 

 

XIV  LA  TEMPLANZA.-  Hemos entrado en el círculo del desarrollo y maduración del Alma. ¿Cómo se puede entender lo que es el Alma en su proceso de maduración? Nuestros puntos de referencia sobre la madurez están basados en las conductas de los individuos. Pero si consideramos como maduras ciertas pautas de comportamiento en determinada persona, es porque ciertamente dicha persona posee y manifiesta cualidades de un alma madura.

Si miramos la estructura de los Arcanos Mayores (diagrama 3 y  esquema 4), vemos que La Templanza por su posición y número corresponde a una octava superior de La Justicia, por lo que este último arcano, nos va a servir de guía, de toma de tierra, para no perdernos demasiado en concepciones un tanto vagas y difusas.

Por consiguiente, un individuo que está viviendo el arcano de La Templanza lo debería reflejar a través de La Justicia en su sentido de la medida, que como dijimos, es una cualidad que está más en consonancia con una sensibilidad interna que con una agudeza o agilidad intelectual.

El “saber estar” de una persona está muy en relación con el arte de la medida en cuanto al espacio y al tiempo. Es poseer el sentido de la oportunidad, del momento (tiempo), y de la cantidad, forma y proporción de las cosas (espacio).

Las cosas en sí mismas no son buenas ni malas, pero pueden serlo si resultan adecuadas o no adecuadas en el momento. Actuar en cualquier momento de la forma correcta conlleva poseer una gran sabiduría. Por ejemplo, saber callar cuando hay que hacerlo y hablar en el momento justo es todo un arte. Y también lo es la forma de decir las cosas. Se puede tener una idea muy brillante (inteligencia de El Mago), pero si esta idea no se sabe transmitir de la forma adecuada y en el momento adecuado (sabiduría de La Sacerdotisa), es difícil que dicha idea llegue a los demás con el efecto deseado, e incluso puede pasar de que no llegue, sea mal interpretada o produzca una reacción de rechazo. Recordamos que ambos arcanos (Justicia y Templanza), derivan del arquetipo madre de La Sacerdotisa, y que ambos son desarrollos de la misma.

Otra cualidad del Alma es la belleza, también relacionada con el arte de las formas. El Alma se nutre de lo bello, cualidad que no tiene por que ir asociada al lujo, así como tampoco tenemos que considerar lo bello como algo superfluo, y aunque la belleza de algunas cosas tenga una vida muy efímera, no por ello pierden su poder nutriente para el Alma, sobre todo en los momentos de esplendor. Contemplar un bonito paisaje o escuchar una buena música es altamente reconfortante para el Alma, siendo asequible a todo el mundo la experiencia de la expansión anímica por medio de la naturaleza o del arte en general. Tendríamos que plantearnos pues, que el Alma se alimenta de lo bello, y que así como en el nivel interno el bello nutriente radica en las formas éticas, en los niveles externos consiste en las formas estéticas.

El Alma tiene que continuar su crecimiento desarrollando sus virtudes o poderes. La Templanza es una de estas virtudes principales, llamadas también cardinales. La palabra “templanza” viene de templar, y según el diccionario significa: madurar y suavizar la fuerza de una cosa para ciertos usos.  Se continúa pues, en otra fase más avanzada lo que se inició en el círculo anterior, en el arcano de La Fuerza, perteneciente como su mismo nombre indica a otra de las virtudes cardinales: La Fortaleza, en donde se produce el apaciguamiento de la fuerza bruta animal por la nueva fuerza o ética del Alma. Se puede ver entonces, la interesante relación de progresión entre estos dos arcanos, y de cómo nos va indicando el trabajo interno que ha de ir llevando a cabo el individuo en este 2º ciclo.

Para completar las virtudes cardinales contamos también con La Justicia, de la que acabamos de hablar al mencionar el arcano que lleva su mismo nombre. Y por último nos queda mencionar La Prudencia. No existe un arcano que al igual que los otros tres mencionados corresponda con el nombre de La Prudencia, pero como cualidad virtuosa que debe poseer el Alma en este 2º ciclo de desarrollo, La Prudencia la podemos ubicar en El Ermitaño, ya que toda su figura nos habla del “saber de la discreción”. En este arcano el “observador” está presente, lo cual hace que el individuo mantenga una cierta distancia, una cierta prudencia en determinadas situaciones de su vida ante las cuales era anteriormente arrastrado.

El arcano de La Templanza viene representado por un arcángel. La palabra “ángel” significa mensajeroy “arcángelmensajero principal. Una posible interpretación de este arcángel es ver en estos mensajeros a fuerzas intermediarias entre lo individual y lo universal, entre el nivel humano y el divino. Y en este 2º ciclo, estamos justamente en la fase intermedia en donde el Alma recibe fuerzas del Espíritu que la ayudan en su proceso de purificación, para su posterior integración en el 3º nivel.

Si hubiésemos que nombrar a este arcángel, lo llamaríamos Miguel. Existe también una vinculación entre los principales arcángeles y los cuatro elementos. Y en este arcano vamos a vincular a Miguel con el elemento Fuego. Veamos por qué.

En el Apocalipsis de San Juan (Cap:12,ver.7,9) podemos leer: Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon  contra el dragón; y peleaba el dragón y sus ángeles; más no prevalecieron, y no se halló más su lugar en el cielo. Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama el Diablo y Satanás, el engañador del Universo. Arrojado fue a la tierra, y con él fueron arrojados sus ángeles.”

Este texto con un gran contenido simbólico tiene claves muy interesantes acerca del proceso interno. Se hace alusión a fuerzas capitaneadas por Miguel (el ángel bueno), venciendo a otras fuerzas, que están al mando del gran dragón. En el texto se aclara que el dragón es otra forma de nombrar a la antigua serpiente, la engañadora del universo y que esta misma fuerza también se llama “Diablo y Satanás” (el ángel malo). En el apéndice podemos encontrar un artículo titulado “Las dos caras de la serpiente”, en donde se da una versión del papel que jugó la serpiente en la leyenda bíblica acerca de los orígenes de nuestra humanidad, y las consecuencias que todavía aún seguimos arrastrando.

En este arcano vamos a resumirlo diciendo que la Serpiente (Kundalini en la tradición oriental), simboliza la energía vital del ser humano, llamándosela también “fuego serpentino”. La conciencia/energía son inseparables, estando ambas ubicadas en el punto 3 del Modelo Creativo Unificador. Si nuestra conciencia se va transformando  también se transforma y se sutiliza nuestra energía vital. Entonces, y tomando esto en consideración, no será lo mismo la energía vital de la personalidad que encarna la figura del Emperador, que la calidad del fuego serpentino del individuo que está en el proceso de maduración de su alma. Puesto que la fuerza del Alma nueva no alimenta los mecanismos emocionales más densos del hombre,  como son la rabia, la ira, el odio, los celos, etc, por lo cual parece muy lógico, que en este caso, la persona pueda mantener un cierto nivel de templanza en su comportamiento, una moderación interna entre sus dos naturalezas.

Efectivamente, el individuo puede sentir esas dos fuerzas dentro de sí como si se tratase de dos naturalezas antagónicas, pero en la medida que la nueva fuerza vital del Alma va haciéndose fuerte y adquiriendo consistencia, prevalece sobre la antigua serpiente que queda contenida y controlada dentro de unos límites.

Este es el mensaje que podemos interpretar del texto bíblico de S. Juan. Ahora bien, la pantalla apocalíptica en sí se produce en el arcano que representa el punto dinámico del círculo, o sea, en el arcano siguiente: El Diablo o Satán. El engañador del Universo, lo que mantiene a la humanidad sumergida en un profundo sueño hipnótico.

Quizá ahora podamos estar en disposición de entender mejor el mensaje que nos transmite los cuentos y leyendas que existen sobre el dragón que tiene cautiva a la princesa, hasta que llega el príncipe o héroe que la rescata, pero antes debe luchar con el dragón, al cual vence, liberando de esta manera a la princesa que, naturalmente se casa con su héroe.

Sabemos que tanto en los mitos como en los cuentos, e incluso en los mismos sueños, los diferentes personajes son aspectos de nosotros mismos. Teniendo esto en cuenta, podemos traducir que el dragón y la princesa son dos niveles del Alma: el Alma animal y la nueva sensibilidad del Alma que va naciendo, pero que aún se encuentra condicionada a  los dominios de la primera. El príncipe representa el aspecto masculino e inteligente de la misma Alma que habiendo recibido la luz necesaria del plano espiritual, ha adquirido entendimiento y comprensión. Es esta luz de la conciencia la que puede rescatar a la doncella de los dominios del dragón, afrontando y domeñando a la parte animal que todos llevamos dentro. Otras veces al Alma se la muestra dormida, presa de un hechizo, y es el beso del príncipe el acto mágico que hace despertar a la bella durmiente de su largo letargo, -inconsciencia- abriéndole los ojos a la luz de una nueva conciencia.

Este arcano está regido por el signo zodiacal de Sagitario perteneciente al elemento Fuego. El centauro que es el animal representativo de este signo, es un ser compuesto de media parte animal y otra humana, la doble naturaleza humana. El centauro se encuentra en posición de lanzar una flecha hacia arriba, indicando las aspiraciones de la parte humana de trascender y llegar a la meta deseada.

El ángel también nos confirma su pertenencia al elemento Fuego en dos detalles. El símbolo del Sol en su frente, y a la altura del pecho podemos apreciar un triángulo con el vértice hacia arriba, símbolo también del elemento Fuego.

Sabemos que el Fuego es el elemento transformador, y es la transformación del plano anímico lo que podemos apreciar en la postura que mantiene el ángel con un pie en el agua y otro en la tierra –ambos elementos femeninos-, mientras vierte el agua de una copa a otra como en un proceso de destilación, de pura alquimia.

Tanto el nacimiento como la estabilidad y maduración del Alma están en estrecha relación a su necesidad de purificación, ya que mientras más se libere de la tiranía animal, mayor expansión y mejores logros alcanzarán dentro de su propio terreno.

Por su posición y número el arcano XIV guarda relación con el arcano V, El Hierofante. La misión del Hierofante, recordemos, era servir de puente entre el hombre y el plano espiritual mientras el individuo no estableciera su propio puente interno. En La Templanza dicho puente queda establecido, la luz puede penetrar en la materia anímica y, por consiguiente, la persona está disponible para ir penetrando en zonas de su inconsciente que antes le estaba vedada, y es por esta misma razón, por lo que tocará fondo dentro de la oscuridad de una parte de sí misma, lo que es su sombra, como veremos a continuación en el siguiente arcano.

 

 

 

XV  EL  DIABLO.-  En este arcano vamos a tocar fondo, y es lo que ciertamente va a experimentar la persona cuando le toque vivirlo en toda su intensidad y magnitud. Esta vivencia es recogida en la tradición espiritual como el encuentro con el Guardián del Umbral.  También  es  llamada  por  S. Juan de la Cruz como La noche oscura del Alma.

Por ello conviene aclarar en la medida en que se pueda lo que la figura central de este arcano, El Diablo, en forma de macho cabrío, ha representado en el mito y en la religión que con su gran contenido simbólico nos habla de un estado interno del ser. El diablo ha estado catalogado como el “malo” del universo, el enemigo de Dios y del hombre, y en un nivel fraccionado es así, porque como ya sabemos, la mente dual y dividida se ve abocada a pensar en términos de bueno y malo, pero también existe la mente que vive en la Unidad, que comprendiendo el nivel fraccionado como una realidad limitada de nuestra dimensión cotidiana de la vida, no por ello deja de tener, al mismo tiempo, una perspectiva mucho más trascendental, entendiendo el asunto en un nivel de amplitud, coherencia, inteligencia y objetividad muy superior a la mente fraccionada. Es muy interesante, al respecto, la definición que del Diablo hace M. Blavatsky en su Glosario Teosófico:

“Satán existe como una fuerza antagónica y necesaria para el equilibrio y armonía del Universo y la Naturaleza. Dios y el Demonio, los dos Supremos, son en realidad una sola y misma entidad, vista desde dos puntos diversos”

Si miramos esta disposición bajo el Modelo Creativo Unificador, queda muy patente la incongruencia de un Dios omnipotente y creador absoluto del Universo, al margen de su contrario, como nos quiere hacer ver la religión, mostrando un modelo de Dios que pretende ser omniabarcante pero al mismo tiempo ignorando, o lo que es lo mismo, no queriendo responsabilizarse de su contraparte de sombra. Si queremos hablar del concepto de Dios como algo Total y Absoluto, entonces hay que hablar del Dios que está más allá del Bien y del Mal como integrador de los opuestos, pudiéndosele ubicar entonces, en el punto 1 del Modelo Creativo. Pero si por miopía puritana y ñoña creamos a un Dios a imagen y semejanza nuestra, que no quiere saber nada de su parte oscura, tenemos que hablar consecuentemente de un dios menor y fragmentado, existiendo entonces, una segunda naturaleza en el universo, un tipo de energía problemática que al no formar parte del Bien, no podemos afirmar entonces, que este supremo Bien sea absoluto y todopoderoso, a menos de caer en una evidente incoherencia y contradicción.

Por lo dicho, tenemos que considerar al supremo Mal o Satán  como una fuerza necesaria dentro del gran mecanismo universal con lo cual huelga el calificativo de mala, e intentaremos ver cual es su papel en el concierto de la vida, porque todo cuanto existe en la Creación tiene su razón de ser, la propia economía universal no se permite mantener elementos inútiles. Que nuestros pobres y limitados razonamientos no abarquen la Razón última, es otra cuestión. Intentaremos comprender pues, al Espíritu del Mal, que cumple su misión tan perfectamente como el Espíritu del Bien del cual es su contraparte.

En el plan cósmico estamos destinados a caminar hacia la Luz, o dicho de otra forma: a darle salida en nosotros y en toda su plenitud a las fuerzas espirituales, que son sentidas como un estado de Vida, de Amor, de Conciencia y de expansión ilimitada. Lo que Es como primera y última realidad. Pero para reconocer esa fuerza y valorarla, tenemos que tener un punto de referencia en su contraparte. La llamaremos la “Sombra como contraria a la “Luz”. Esta sombra la podemos sentir de varias maneras, pero en resumen: es la negación de todo lo anterior, o sea, de la Vida, del Amor, y de la plenitud.

Cuando el hombre siente dentro de sí la opresión de la Sombra, esto le puede producir angustia vital, incertidumbre, miedo, soledad, un gran vacío, un sin sentido de la vida, algo definido como un malestar interno en general, del cual busca rápidamente salir. La mayoría de las veces, en su ignorancia, busca recursos que lo podrán sacar de ese estado, pero siempre será momentáneamente, porque nada más que la Luz interna podrá sacarlo de su oscuridad.

En la sabiduría de las Leyes Naturales está que nuestro cuerpo nos avise con síntomas molestos y dolorosos cuando algo anda mal en su funcionamiento. Estos toques de atención deben ser lógicamente desagradables para que así le pongamos remedio y podamos volver a la vida sana y saludable. Lo mismo ocurre con nuestra vida anímica. Cualquier estado de nuestro ser que no sea sano y de bienestar según los principios universales de la Luz y del Amor, deben ser sentidos de forma desagradable; son los toques de atención del cual se sirve nuestra naturaleza interna para indicarnos que algo anda mal en nuestra Alma, que ciertas actitudes ante la vida no son las idóneas en cuento conllevan pensamientos, sentimientos o comportamientos que nos causa sufrimiento y no están de acorde a los principios vitales del universo.

Pero es tal la desorientación que existe en la humanidad que realmente nunca nos preguntamos ni indagamos la causa profunda de nuestras insatisfacciones, angustias, sufrimientos y depresiones. Se huye de uno mismo con el alcohol y con las drogas recetadas y las no recetadas, lo que hace que en muchos casos el poco nivel de conciencia que se tiene, se embote aún más, impidiendo que la persona se plantee seria y eficazmente su situación interna.

En el mejor de los casos ahí está esa inmensa mayoría que no quiere salidas drásticas a su malestar anímico, pero que está dispuesta a tapar toda esa realidad que no les gusta, evadiéndose continuamente de sí mismos. Hoy, por ejemplo, hay cantidades de distracciones por todas partes. Hasta en la misma intimidad del hogar existe un aparato que está reclamando continuamente la atención. En esta civilización las personas están siempre distrayéndose. Pero, ¿de quién y de qué se está distrayendo el individuo? Desgraciadamente se distrae de sí mismo imposibilitando de esta forma cumplir su real misión en la vida. Despertar y reencontrar el camino perdido que conduce a la Luz olvidada que yace en lo más profundo de su ser.

Pero llevamos mucho tiempo perdidos; miles de años, y hemos acumulado en nuestro inconsciente cantidades ingentes de todo tipo de miedos, sentimientos de culpa, pasiones incontroladas, sentimientos reprimidos, el peso de comportamientos insanos. Todas las vivencias negativas y enfermizas que nuestros antepasados nos han ido legando, permanecen en el inconsciente colectivo convirtiéndose en una sombra concentrada y espesa que puede producir un malestar y desazón indefinida. A ella le añadimos también la cosecha negativa de nuestra vida actual. Esa Sombra tiende a salir cuando el consciente baja la guardia, ya sea bien en el sueño, o bajo el efecto de alguna droga, pero también cuando la persona se encuentra baja de defensas psíquicas por motivo de alguna enfermedad u otra circunstancia. Pero en todos esos casos, suelen ser encuentros esporádicos con la Sombra: la persona se repone por los medios normales que tiene a su alcance, continúa distrayéndose con los múltiples estímulos que le proporciona la vida y, “aquí no ha pasado nada”.

Pero por propio destino, y en este caso, la persona debe estar en un punto idóneo interno, principalmente porque ha deseado y trabajado en el conocimiento de sí mismo, llega un tiempo en que la Sombra puede más que nuestra resistencia psíquica y hace su aparición. Ese día no habrá lugar en donde huir, es algo desbordante que invade al individuo y ante esa fuerza no sirve ya ningún tipo de distracción, ni el cariño de los seres queridos, ni pastillas, ni tratamiento terapéutico. Hay veces que para entrar en esos niveles oscuros la vida se sirve de ciertos detonantes externos cual es una desgracia personal, haciendo de puente para conectar con nuestra Sombra. Pero no necesariamente tiene que ser así.

En cualquiera de los casos la persona se da cuenta de que la solución está dentro y no fuera de ella misma. Tampoco el consuelo de un Dios es válido, porque se está viviendo precisamente en el estado de su ausencia. El infierno es el espacio interno de negación de Dios como entidad proyectada por el imaginario colectivo y que representa y engloba a la Vida, Amor, Consciencia y  Felicidad. La persona vive sola su infierno, al igual que los héroes mitológicos, que cuando bajaban al Hades  (infierno), debían permanecer sumisos. Es la única regla que existe allí, aguantar el chaparrón. Esta actitud que a primera vista pudiera parecer un tanto masoquista, no es así. Al individuo se le hace totalmente evidente que es una fuerza muy superior a lo que él, como persona puede afrontar, por lo que todos los intentos de huidas son inútiles e incluso lo agravan, porque aumenta y crece la sensación de angustia y sufrimiento. Únicamente cuando se deja de luchar, de resistirse, cuando uno se abandona es cuando se puede encontrar algo de paz y de alivio en el proceso que se está viviendo.

El individuo también experimenta dentro de sí y reconoce lo que es llamada la “eternidad del infierno”, porque a veces, su sufrimiento es tan intenso y su desesperación tan absoluta que se vive la sensación de traspasar el espacio/tiempo físico y de entrar en lo “eterno”,  Hay que explicar que las emociones y sentimientos pertenecen al plano de lo atemporal, y cuando estos son muy intensos ya sea en una u otra dirección -de éxtasis o de terror-, se penetra en la eternidad, aunque esa eternidad haya durado un segundo en el reloj del tiempo. Sumergido en esa oscuridad y desde ese estado de impotencia y sufrimiento, sin esperanza, es cuando la persona lanza desde lo más profundo de su ser una desesperada súplica pidiendo ayuda. Y la ayuda llega en forma de destellos de luz, rápidos y fugaces, pero plenos de amor y de vida, que lo transportan por otros segundos a una plenitud eternal.

Esas vivencias tan sumamente intensas se repiten, y así, de esta manera, la persona puede constatar las dos fuerzas supremas y antagónicas dentro de sí, aprendiendo a valorar y a  diferenciar las sensaciones y los sabores de una y de otra. Se percata de que ninguna de esas dos fuerzas procede de la dimensión de su yo personal.  Se siente como un mero observador y testigo de cómo los antagónicos se revelan a través de su persona, como en una batalla mítica entre la Luz y las Tinieblas.   

Por otro lado, el individuo es consciente de que se está enfrentando a la problemática más fuerte de su ser, que en cada sujeto puede variar según su naturaleza, pero que puede ser resumida en pasiones y miedos. Percibe que lo que hasta entonces había estado totalmente cristalizado en su alma, empieza a dar los primeros crujidos de su desmoronamiento. Los monstruos que la psiquis ha estado alimentando cuando saben que ya les ha llegado su hora, se hacen sentir y es cuando arremeten con más fuerza, pero es lógico que lo que se siente amenazado de muerte, ponga todo tipo de resistencia

Pero la persona sabe que ya no puede ir a más, puesto que ha tocado fondo, y que detrás de su negrura ya no puede haber más negrura. Ocurre que cuando ya la persona distingue de entre las tinieblas que habitan en las profundidades de su alma, las siluetas de los fantasmas, aprende a desenmascararlos y mirándolos cara a cara los reconoce; siendo entonces, cuando les puede dar un nombre. El hecho de distinguirlos de su entorno, reconocerlos y nombrarlos es como si ya se adquiriese un cierto poder sobre ellos. Lo mismo ocurre en un laboratorio cuando consiguen aislar a algún elemento y observarlo, es a partir de ese acontecer cuando pueden hacer algún trabajo efectivo sobre él. Cuenta la leyenda que cuando Adán estaba en el Paraíso les fue dando nombres a todos los animales que allí convivían, dándosele el dominio sobre todos ellos. Esta leyenda nos parece indicar este mismo hecho. Cuando se sabe nombrar alguna cosa, es porque se conoce la naturaleza íntima de dicha cosa, y entonces ya no te puede dominar. Curiosamente denominar  y dominar sólo se diferencian en la sílaba “en”, que en latín significa “desde dentro”. Es decir, corrobora el hecho de que el denominar lleva implícito un dominio interno de la cosa. Asimismo la variante dominus en latín significa maestro, amo, y más tarde señor.

Vamos a ver que nos dice la figura central de este arcano representada por el Diablo en forma de macho cabrío. En primer lugar lo podemos relacionar con Satán, el Ángel de las Tinieblas.

El arcano del Diablo está regido por el signo astrológico de Capricornio perteneciente al elemento Tierra y cuyo animal representativo es la cabra. A su vez, Capricornio está regido por el planeta Saturno, derivado éste de Satán. En simbología astrológica, este signo entre otras características nos habla de la materia en su aspecto más viejo y, como consecuencia, de las formas rígidas, y demasiado estructuradas como contrarias a las formas nuevas y dúctiles que, en este caso, estarían ubicadas en Cáncer, elemento vital del Agua, el signo opuesto a Capricornio en la banda zodiacal.

El Espíritu es eterno e inmutable con respecto a las formas materiales, las cuales deben estar en un continuo proceso de transformación para seguir con la dinámica evolutiva que marca el universo, y esto implica tiempo, conllevando, por tanto, las cambiantes y transitorias formas de la materia un principio y un fin. Por esto Saturno (en griego Kronos, dios del Tiempo), representado por la figura de un anciano devora a sus propios hijos, Todo lo que nace en el tiempo, debe morir en el tiempo. Sobre todo las formas que por su rigidez e inflexibilidad no pueden ser renovadas, ya que en ellas, el Espíritu que es vida, eternamente nuevo, no se puede manifestar debido a la propia resistencia de la materia que ha de ser disuelta de nuevo a estados más simples. Cuando aquí hablamos de dureza y rigidez, no nos referimos al vehículo físico que, efectivamente, muere cuando es viejo, sino a formas psíquicas, a conceptos y comportamientos cristalizados.

Vamos a comprender mejor el papel de Saturno a través del mito. Saturno es hijo directo de la energía, de la luz, fue engendrado por la primera pareja divina: Ouranos, el cielo o inteligencia universal como poder activador, y Gaia, la sustancia primordial. Pero se cuenta que Gaia llegado un momento se cansó de tanto dar a luz, sobre todo porque Ouranos, su marido, en cada nuevo parto la hundía más en la profundidad de la tierra. Podemos ver en esta alegoría cómo la sustancia primordial va progresivamente estructurándose y densificándose hasta adquirir las cualidades materiales y las formas consistentes que muestra hoy la materia en el universo, cuyo resultado culminante es  Saturno, el último de sus hijos con Ouranos. Entonces, a instancia de su madre, Saturno castra a su padre cortándole los testículos con una hoz, los arroja al espacio cayendo éstos sobre el mar; mientras que las gotas de sangre que iba derramando, caían sobre la tierra. Una vez destronado Ouranos, Saturno se convierte en dueño y señor del universo, entrando entonces la creación universal en otra nueva etapa bajo el dominio de la materia, continuando ésta, no obstante, su desenvolvimiento creativo ya que no le falta el elemento fecundante masculino arrojado sobre ella, pero ya es otra etapa de fertilidad sin el protagonismo tan evidente del elemento energético masculino. El mundo intangible de la energía le ha cedido el paso a la materia o energía condensada.

Pero la leyenda continúa, y es a través de Zeus/Júpiter,* como podemos seguirle la pista a la evolución material del universo, sirviéndonos también como interpretación y descripción del propio proceso interno. Zeus, el más grande de todos los dioses del Olimpo es el último hijo también, de la pareja formada por Saturno y su contraparte femenina Rea (diosa de la Tierra). Este Dios famoso por su poder fue, al nacer, ocultado por su madre en un monte al cuidado de una cabra y de unas ninfas, ya que Saturno lo quería devorar como había hecho antes con sus otros cinco hijos; puesto que le habían predicho que uno de ellos lo iba a destronar. Pero Zeus, la luz  de la conciencia más allá del tiempo y de la materia, creció, y cuando se hizo fuerte le presentó batalla a su padre y al resto de los Titanes hermanos de Saturno. Los venció arrojándolos al Tártaros (infierno de los dioses).

Podemos comparar el mito de Júpiter con la versión cristiana (arcángel San Miguel) expulsando a Satán/Saturno y a sus ángeles a las profundidades de la tierra. Estos dos parecidos mitos nos parece indicar que el proceso de la materia universal va desenvolviéndose hacia una mayor complejidad y riqueza, y en la medida en que la misma materia se va transformando y sensibilizando va apareciendo progresivamente la inteligencia, la cual es destinada a hacerse dueña y señora  de la creación.

A niveles personales, podemos interpretar a Júpiter/Zeus en relación a Saturno como dos aspectos sustanciales del ser. Este último ocupa un lugar importante dentro de la evolución humana, cuando la persona tiene que experimentar y vivenciar los aspectos más viscerales de su naturaleza animal, pero en la medida que progresa internamente, esta naturaleza densa se sutiliza, transformándose, hasta llegar a convertirse en una fuente de luz y de conciencia; en Zeus, el señor del Olimpo*..

Por tanto, la antigua naturaleza que imperaba en el individuo es desplazada y relegada a un espacio profundo y denso de su inconsciente (el infierno). La resistencia de la materia es allí tan impermeable a la incidencia de la Luz, que es considerada como lo opuesto a Dios. Pero al mismo tiempo siendo necesaria como punto de referencia y toque de atención en el ser humano, para hacerle distinguir lo que ya no debe seguir obrando y dominando en su interior. De su experiencia con la Sombra, la persona se define con más firmeza hacia una trayectoria de renovación, y no nos referimos a la renovación del cuerpo físico, porque ya sabemos que dentro de este espacio/tiempo de Kronos,  en el cual vivimos, todo tiene un límite, sino al desarrollo interno de otros espacios anímicos más dúctiles y receptivos a las radiaciones del Espíritu.

Ken Wilber, en su libro “La conciencia sin fronteras” da en la clave cuando afirma que al hombre, lo único que le impide llegar a la conciencia de la Totalidad es su propia resistencia. Somos, pues, la resistencia del Universo. Y esta resistencia proviene de la personalidad con toda su carga de sentimientos, actitudes y pensamientos egóicos, negativos y enfermizos, formando como un nudo de materia psíquica densa dentro del fluido universal. Es algo parecido a cuando en la corriente sanguínea se forman trombos que impiden el buen recorrido de la sangre por las arterias. La resistencia del yo personal y egóico le cuesta un buen precio energético a la economía del universo. Entonces, cuando las estructuras de yo primario se rompen, se libera un gran caudal de energía que era utilizada en mantener activo esos mismos moldes; por lo tanto, queda disponible para que la persona pueda crear nuevas y más livianas estructuras acorde a su nuevo estado de conciencia y calidad anímica. Realmente es como un reciclaje.

Pero los viejos modelos de comportamientos que hemos heredado y que también hemos seguido alimentando, se resisten a morir. Pero llega un día que hemos acumulado la suficiente conciencia para comprender que las viejas estructuras ya no tienen razón de ser, al contrario, nos pesan y nos asfixian impidiéndonos alcanzar la auténtica plenitud y bienestar que vislumbramos más allá de ellos. En resumen, no compensa seguir manteniéndolos, nos encontramos cansados de ellos pero tampoco tenemos la suficiente capacidad para disolverlos. Emitimos desde nuestra Alma un real y auténtico deseo. ¡Los límites del yo deben morir! Este deseo resuena en los espacios del Espíritu produciéndose la apertura necesaria para que la radiación de la Luz, rompiendo las barreras del inconsciente penetre hasta en lo más profundo de nuestra naturaleza. De esta manera se descubren todos los monstruos que allí habitaban, que al no tener ya rincón donde esconderse, no tienen más remedio que salir a la luz de la conciencia de la persona, a la cual se le hace tan evidente sus demonios que es imposible negarlos, viviendo entonces, la experiencia de su infierno interno, que al principio relatábamos.

El mito de Zeus nos aporta varios datos interesantes como por ejemplo: que la Luz nace de la Sombra (Zeus es hijo de Kronos), pero que existe un intervalo de tiempo, que aunque la Luz haya nacido en nosotros, no con eso es suficiente, la fuerza de Saturno sigue imponiéndose puesto que la de Zeus aún es muy pequeña. Tiene que crecer, desarrollarse y hacerse fuerte, y es entonces, cuando la Luz puede derrocar a la Sombra.

Mirando el arcano XV, observamos que Satán está subido sobre una piedra rectangular, símbolo de la materia, y a ella están encadenados un hombre y una mujer. La cola del hombre es el fuego transformador, la de la mujer contiene frutos. Esto nos indica la capacidad de Alma para transformarse, siendo los frutos el resultado de dicha transformación. Con esto se nos quiere indicar que existe el poder de la fecundación, de la creatividad hasta en los niveles más bajo o infernales. (Gaia tuvo hijos hasta con Tártaros). En lo referente al ser humano, éste tiene la capacidad creativa de producir frutos de todo tipo, obras que lo liberen u obras que lo encadenen. Con el pensamiento unido al sentimiento creamos formas mentales que viven y actúan sobre el mismo sujeto  que las ha creado. Es decir, sufrimos para bien o para mal las consecuencias de nuestras propias creaciones.

Una vez que les hemos dado vida a las formas mentales, éstas viven en un espacio de nuestro inconsciente, se alimentan de nosotros induciéndonos a seguir pensando y a sentir conforme a la calidad de vibración energética en la cual se mantienen. Por ejemplo: si hemos creado un monstruo llamado poder, éste nos hará sentir la necesidad de luchar con todos los medios a nuestro alcance, incluso recurriendo a lo que no es ético, para alcanzar ese sitio privilegiado que ansiamos ocupar y así satisfacer nuestra ambición de poder. Como todos los monstruos de la psiquis actúan como una droga, tendremos justificaciones de todo tipo para conseguir el poder y mantenernos en él. Es más, en el mejor de los casos, puede que las motivaciones que nos impulsa a conseguir determinado puesto de poder, sean muy lícitas e incluso éticas, pero nuestra necesidad de poder es aún mayor, ante lo cual solemos impedir que otros puedan alcanzar esa posición que anhelamos, aunque las motivaciones ajenas sean tan nobles y lícitas como las nuestras.

Se pueden crear formas de pensamientos liberadoras y expansivas de acuerdo a los principios inteligentes del Espíritu, pero generalmente hemos venido creando monstruos horribles formados de toda una amalgama de odios, rencores, celos, soberbia, envidia, materialismo, de formas enfermizas y obsesivas a las cuales estamos enganchados como una droga. Este es el mensaje del arcano del Diablo. La estrella de 5 puntas hacia abajo simboliza el hombre esclavizado a lo material. También la antorcha apuntando hacia abajo nos hace mención del fuego vital de la antigua Serpiente, la engañadora del universo, la que nos mantiene en un estado de ilusión, de puro hipnotismo creyéndonos que estamos viviendo la realidad, la única realidad. Pero efectivamente, así lo sentimos y al igual que ocurre en el sueño que se pueden vivir pesadillas, en nuestra vida “real” estamos viviendo la pesadilla más triste y trágica de las que pueden existir en el universo. Se trata del gran autoengaño del cual estamos siendo víctimas inconscientes por parte de nuestros diablos, lo cual nos impiden despertar y captar otra realidad infinitamente más maravillosa y auténtica de la que estamos viviendo.Entonces, el nuevo Fuego de Vida (la nueva Serpiente que ha dejado su antigua vestidura-piel) y que había nacido en el arcano de La Muerte, era todavía muy débil, como Zeus cuando niño como para plantarle cara a la antigua Serpiente. Pero, ahora, en esta fase, la luz purificadora y liberadora se ha hecho fuerte, ha madurado lo suficiente en el Alma para poder desenmascarar a la Sombra. Por tanto, es en la tercera fase del Alma, en su autotrascendencia, cuando por fin, y gracias a la conciencia que ha ido creciendo por las experiencias vividas en el arcano de El Demonio, cuando el individuo puede empezar a limpiar y disolver todo el lastre acumulado de tanto tiempo viviendo en la oscuridad.

 ...Y de las Tinieblas surgió la Luz.

* Zeus es una palabra griega que se latinizó como Deus y más tarde derivó en Dios.
Deus tiene la misma raíz indoeuropea  “dyeu” que significa día, sol o brillante.
Los latinos transformaron a Zeus Pater en  Dseus-Pater o Dyaus-Pater, y más adelante derivó en IeusPiter – Iupiter - Júpiter

* El Señor del Olimpo, La palabra Olimpo significa “luminoso” y dominus “señor”. El que domina en la luz podría ser una de sus varias combinaciones con sentido.

 

 

 

XV  LA  TORRE.-  En el arcano de La Torre, el Alma ha llegado a un punto ante el cual inicia el tercer círculo que equivale a la etapa de la autotrascendencia. En el arcano anterior, el Diablo, la conciencia del individuo tocaba fondo en la zona más oscura de su ser. De esta experiencia ha salido muy enriquecido aunque haya sido la prueba más dura de su  vida, pero al final le ha merecido la pena, pues, tiene la certeza de que a partir de ahí, y en adelante, su proceso interno cambiará. Ha entrado en una nueva etapa en donde toda la herencia anímica que arrastraba el Alma y que hacia de lastre empezará a disolverse y, entonces, podrá remontar el vuelo hacia los espacios libres del Espíritu.
El Alma, es quizá, la estructura más completa de los tres cuerpos que estamos estudiando, ya que es el espacio en donde las influencias del primer y del tercer ciclo se entremezclan e interactúan. Posiblemente, alguna vez habremos leído en algún texto religioso o escuchado en boca de algún sacerdote que si el Alma se une a Dios se salva, viviendo eternamente en él; pero por el contrario, si se deja tentar por el Demonio, será arrastrada por las pasiones y condenada en el infierno. Enfocado desde la perspectiva de Los Ciclos Evolutivos, lo podemos interpretar libre ya de toda esa mezcla, a la vez de carga moral y del lenguaje metafórico que la expresión religiosa conlleva. Pero, parece ser, que las formas de imágenes que suscitan estas expresiones religiosas han sido hasta ahora-y posiblemente por mucho más tiempo- un lenguaje válido y comprensible para una etapa infantil humana, en donde el hombre no ha desarrollado todavía la luz del entendimiento. Entonces, el lenguaje religioso va dirigido directamente al subconsciente, al sentimiento, al corazón de la persona para producirle una reacción e impedirle su total cristalización en un estado egóico y animal.

Realmente el lenguaje religioso emplea los arquetipos grabados de nuestro inconsciente colectivo, estos modelos nos influyen poderosamente, aunque naturalmente somos inconscientes de su influencia a menos que los hayamos descubierto y sepamos decodificar su simbología.

Claro, que todas esas formas de expresiones religiosas han producido, al mismo tiempo, quizá el precio inevitable de una reacción de miedos y fanatismos religiosos, propios también de la personalidad inmadura. Parece como si las razones que le hubiesen llevado a actuar a los instructores de la humanidad para que ésta no se reafirmara cada vez más en su etapa puramente animal, hubiese sido la de utilizar el estímulo del premio y la amenaza del castigo para una etapa en que la humanidad  todavía no comprendía ni estaba preparada para emprender el camino universal hacia la luz del amor y del conocimiento.

Entonces, el Alma del hombre, su núcleo femenino y sensible se encuentra ente medio de dos interese opuestos: el ego y el Espíritu, el yo personal y el Yo universal. Si el Alma es receptiva a las influencias del primero, estará encadenada a las formas de pensamientos que el mismo ego ha creado; pero si se abre a lo no limitado, a lo infinito, a la luz del Espíritu, encontrará su auténtica liberación, fuera ya de las sombras que le impiden su desenvolvimiento y desarrollo.

Siendo así, el segundo ciclo del Alma es una combinación de las influencias del primer y tercer ciclo, no todo es puro, aunque el individuo haya dejado de ser en su totalidad la personalidad primaria del Emperador y sus intereses ante la vida hayan tomado otros giros. Sus motivaciones ya fueron transformadas en el arcano de La Muerte, pero todavía hay muchas ataduras que desatar, mucho que limpiar de miles de años viviendo en el ego, y esto condiciona a la personalidad a través de la cual el Alma se manifiesta.

En el arcano anterior el individuo tomó conciencia de toda la herencia del pasado, y el hecho de darse cuenta de ese lastre de una forma evidente y profunda, es cuando a partir de ahí se puede realmente comenzar a hacer un trabajo efectivo para su desmantelamiento. Por consiguiente, cuando la persona experimenta el arcano del Diablo tiene la sensación de que algo que ha estado por mucho tiempo cristalizado, empieza a emitir los primeros crujidos de su desmoronamiento. Esto es lo que nos dice el arcano de La Torre. Un rayo ha tocado una fortaleza en forma de torre, por lo cual ésta se está derrumbando. Dos personajes, un hombre y una mujer caen con ella.

El rayo es la radiación vital. El fuego del Espíritu Santo que ya penetró para la conformación del 2º cuerpo en el arcano de La Muerte. El Alma se ha mantenido receptiva a esta radiación espiritual que se ha fortalecido lo suficiente como para derribar la fortaleza donde aún se sustentaban el rey y la reina de las antiguas estructuras personales. Vemos que estos caen de la parte alta de la torre, que igualmente se derrumba. Estos dos personajes están representando la dualidad de la mente, estructuras mentales fraccionadas, egóicas y limitadas que aún conservaba el alma y que hasta ahora seguían reinando en su fortaleza. Todas las formas del pensamiento y creencias que no son integradores y que por tanto limitan y atan al Alma deben empezar a se desatadas y liberadas en este tercer círculo. Cada persona ha de saber ver cuales son sus propias visiones limitadas, prejuicios, temores y resistencias y trabajar sobre ellas. Es relativamente frecuente hallar personas a las que consideramos que poseen una talla humana de calidad por su entrega, abnegación y sacrificio a determinada causa. Esto muestra que tienen bastante desarrollado el aspecto sensible del Alma, pero sin embargo, es muchísimo más difícil encontrarse con personas que hayan sido capaces de comprender y trascender los conceptos duales del bien y del mal, personas que no vivan en parcelas de visiones y creencias limitadas y que hayan podido integrarse en una dimensión de realidad universal liberada de los viejos valores duales.

Este arcano lo rige Marte, planeta de Fuego. Marte llamado también el Dios de la guerra por su forma violenta de actuación. En ese rayo marciano nos podemos imaginar también el rayo que Zeus lanzaba cuando quería destruir al enemigo. Y si nos vamos al terreno científico lo podemos comparar con una radiación de fotones (luz), capaz de destruir cualquier estructura material y descomponerla en sus elementos más simples.

Este arcano tiene al igual que otros, una segunda etapa, que será cuando la persona haya alcanzado la fase del Loco en el arcano XXI, el cual es su octava superior. Entonces, ya no será una radiación o emanación del Espíritu que, como ayuda energética viene a desmantelar los viejos esquemas de la mente, sino que al conformarse el 3º cuerpo espiritual –y según nos explica los principios de la Física- debe pagar por ello un precio energético como ocurrió igualmente en el 2º ciclo. Así que se derrumbarían los últimos bastiones que aún mantenían prisionera a la mente.

Haciendo una muy breve reseña, vemos: que, las estructuras de la mente inferior se formaban en la personalidad que representaba El Emperador; maduraban en El Carro, son transformadas en La Muerte, y en las dos fases de La Torre terminan siendo desmanteladas. Ocurre, que cada vez son más refinados y sutiles los aspectos mentales que mantienen limitada o incluso engañada a la personalidad, y por tanto, mucho más difíciles de captar, aparentemente no se notan como se llega a detectar las estructuras groseras de un ser poco evolucionado, pero el ojo experto y alerta deba darse cuenta de ello y distinguirlos. Esto lleva naturalmente un tiempo y un trabajo de atención con uno mismo.


 

 

XVII  LA  ESTRELLA.-  En el arcano de La Estrella se ve al Alma en forma de una joven desnuda que está llevando a cabo la operación de verter dos cántaros de agua; uno sobre una laguna y otro sobre la tierra. Y lo mismo que el arcángel del arcano XIV, esta joven tiene un pie encima de la tierra mientras que el otro lo mantiene sumergido en el agua.

Así como en La Torre y por medio del Fuego, se están desmantelando las estructuras mentales –puesto que el rayo ha incidido sobre la parte alta y coronada de la torre, que corresponde a la zona de la cabeza- en el arcano de La Estrella que es su contraparte, se está llevando a cabo el trabajo de depuración de los elementos femeninos, como son el plano de los sentimientos, pero también de la química del cuerpo físico. El hecho de que salgan de la tierra como cinco pequeños ríos, viene a reflejar los cinco sentidos correspondientes al cuerpo del Alma. Esta purificación se efectúa por medio de otro elemento femenino: el agua, la nueva sustancia astral, que es en relación a la antigua, un Agua Viva que penetra, limpia y purifica. El agua, de la que si se prueba, ya no se vuelve a tener sed.

A través de La Torre la persona va comprendiendo el proceso de su liberación y por medio de La Estrella, lo va experimentando. Pero esta vez el Alma ya no se siente sola, tiene un guía, su ser interno, éste se le hace cada vez más patente y en forma de luz proveniente de la gran estrella de Oriente (en el centro del arcano), que la orienta y le señala el camino del nacimiento del nuevo ser o Espíritu (3º cuerpo), iluminando y purificando al mismo tiempo los siete principales centros energéticos (chakras), simbolizado por las siete estrellas, con una renovada fuerza de vida o energía vital.

Este arcano está regido por el signo astrológico de Acuario (el Aguador y elemento Aire). El signo de Acuario a su vez, está regido por el planeta Urano, el  mismo planeta  que representa al arcano de El Loco. Una de las principales características de Urano es su capacidad para ir rompiendo con todo tipo de barreras y formalismos. El signo de Acuario se distingue, entonces,  porque no marca fronteras ni pone límites, siendo fraternal y universal por excelencia. Por la posición que ocupa en las 12 casas de la franja zodiacal, representa también a los maestros o guías entendiéndolos como ayudas impersonales que se recibe en forma de hermandad y fraternidad

Nos llega de este arcano su frescor y su vida, como preludio de las nuevas perspectivas y posibilidades que el individuo intuye están por venir. El Alma está en pleno proceso de depuración, viejas barreras, cárceles que la mantenían presa están cayendo y un nuevo cielo y una nueva tierra se perfilan. Una nueva dimensión cósmica está esperándola, siendo guiada por la estrella que orienta en su caminar, la luz interna que ya posee.

 

 

 

XVIII  LA  LUNA.-  Con el arcano de La Luna hemos llegado al último estadio del Alma dentro de su ciclo. La Luna es el símbolo universal del modelo femenino de la energía, equivalente al Alma, así como el Sol es el modelo energético de lo masculino y equivalente al Espíritu.

En este arcano de La Luna vamos a ver resumidamente la vida del Alma. Tiene diferentes fases: primero la vemos emergiendo como identidad separada en la forma de cangrejo de las aguas del Alma colectiva, es decir, el alma personal como autoconciencia individualizada de un Alma global humana. A su vez, el Alma de la humanidad surge como entidad aparentemente separada de la Sustancia Primordial u Océano Primitivo que tiene su existencia propia en una dimensión atemporal, pero se manifiesta progresivamente mediante la creación y el desarrollo de un universo material. Esta fase de La Luna o del Alma humana se muestra también en el arcano de La Sacerdotisa (regido por la Luna), emergiendo en fase creciente de entre los pliegues del manto que van adquiriendo en sus bordes una forma acuosa.

Por otro lado, el cangrejo es el animal de Cáncer y este signo está regido por la Luna. A Cáncer lo encontramos representando al arcano de El Carro. Con estos dos hacemos, entonces, la siguiente relación: En el arcano de La Muerte estudiamos el nacimiento de un Alma nueva en el individuo, pero este hecho se debe manifestar consecuentemente en el arcano de El Carro, como octava inferior que es del arcano de La Muerte. El cangrejo es una buena imagen simbólica de las estructuras individualizadas que emergen de lo colectivo, puesto que es un crustáceo que puede pasar de un medio amorfo como es el agua, a otro medio con formas definidas y concretas como es la tierra

A continuación, vemos, como efectivamente en el arcano de La Luna, el Alma-cangrejo sale de un estado de aletargamiento vivido en el inconsciente colectivo del elemento Agua e inicia una nueva etapa de aprendizaje y de realización en el elemento Tierra. Toma contacto con una realidad diferente e individualizada de sí misma, que va a estar simbolizada esta vez, por un perro y un lobo a ambos lados del camino.

Ya se ha comentado anteriormente que los animales indican aspectos del Alma; el animal domesticado como es el perro muestra la parte de nosotros mismos que podemos manejar, la que no se escapa a nuestra voluntad, mientras que el lobo es nuestra parte salvaje e incontrolada, la que entra en la sombra de nuestro subconsciente. El Alma tiene que pasar por el sendero del medio y del conflicto, o mejor dicho de la interacción entre sus dos naturalezas va experimentando y creando conciencia que la van haciendo madurar, Y aunque haya ido vislumbrando puntos oscuros de sí misma, no es hasta el 2º ciclo en donde en su recorrido llega hasta el umbral de una nueva dimensión, indicada en el arcano por las dos torres a cada lado del camino. Pero este dintel está guardado por Cancerbero (ver similitud entre Cáncer y Cancerbero), guardián del infierno, impidiendo el paso a todo aquel que no está preparado para entrar en la nueva tierra prometida. La tierra prometida es un estado del Alma en el que ya no existen las vibraciones de los sentimientos negativos, ni las sombras del miedo y la ignorancia, ni las limitaciones de la mente fraccionada. Por lo que toda Alma que quiera penetrar en el nuevo espacio interno, que es al mismo tiempo universal, tiene antes que purificarse de todo el lastre adquirido en su peregrinaje por la tierra, sintonizar su propia vibración con el nuevo espacio que se abre ante sí. Por consiguiente, si el Alma ha madurado lo suficiente, vivirá la experiencia que representa el encuentro con su Guardián del Umbral, asumirlo y superarlo. Las vivencias del umbral pueden durar años y hacerse por etapas. Cada persona lo puede vivir de una manera determinada, pero al final hay que estar limpios de negatividades para poder traspasar el umbral y penetrar plenamente en un nuevo orden de existencia.

En las lenguas de fuego que caen de arriba podemos ver una alusión a la intervención del Espíritu Santo. Esto se interpreta como fuerzas que vienen del plano del Espíritu (3º ciclo) y ayuda, son refuerzos adicionales de energía que aportan luz, siendo una guía y un consuelo en el oscuro y amargo tránsito por el infierno. Curiosamente la palabra “consuelo” viene de con-solar, es decir: con ayuda de la energía del Sol o plano de la Luz del Espíritu. Las lenguas de fuego son 15, este número nos conecta con el arcano XV, El Diablo, hacia donde va dirigida la luz, para que podamos ver lo que está sumergido en la oscuridad y poderlo asumir.

También y curiosamente las lenguas de fuego tienen forma de Yod, letra hebrea que significa “mano”. En el cuerpo humano, la mano es la metáfora de la ayuda. “Echar una mano” y “dar una mano”, son expresiones utilizadas normalmente para significar apoyo y ayuda a alguien que lo necesita. Además la mano es el instrumento natural que utiliza todo sanador en sus curaciones, porque es una de las zonas corporales por donde más transmitimos nuestras energías. Vemos, entonces, en las lenguas de fuego en forma de Yod, los destellos de luz que llegan hasta el individuo y que le sirven de refuerzo, de ayuda energética y esperanzadora mientras va atravesando el desierto, ese espacio árido y desolado (sin Sol) de su Alma, pero con la esperanza de llegar al nuevo cielo y a la nueva tierra que se pude vislumbrar cuando se siente esos destellos de luz. Encontramos una alegoría de este proceso anímico en el peregrinaje del pueblo judío a través del desierto. Mientras buscaban la tierra prometida eran alimentados por el “maná” que les llovía del cielo.

Al final del camino, a lo alto, vemos ¿a la Luna o al Sol? En realidad los dos se han fundido en uno. Se ha producido la unión de la amada con el amado, como lo simboliza S. Juan de la Cruz en sus poesías. Según la expresión clásica de los Rosacruces se han efectuado las “Bodas Químicas”. En este arcano, el Alma está ya lo suficientemente preparada como para iniciar su unión con el Espíritu en el 3º ciclo. Del trabajo interno que se ha llevado a cabo en este último círculo, se destila una nueva conciencia. Esta nueva conciencia que trabaja con valores integradores sirve, por tanto, de alimento al tercer núcleo, el potencial espiritual o arcano XIX, El Sol. De la unión entre el alma y el Espíritu nacerá un hijo, ese fruto tomará cuerpo en el punto 22 = 4, del siguiente ciclo, en el arcano de El Loco.

La odisea del Alma, su bajada al infierno, su purificación y su posterior glorificación viene reflejada en el relato de “La Divina Comedia” de Dante Aligheri. Podemos comparar la similitud de estructura entre esta grandiosa obra y la organización de los Arcanos Mayores.

“La Divina Comedia” está compuesta de 100 cantos, número que representa la Totalidad. Estos 100 cantos se encuentran escritos en versos formando tercetos –tríadas- La obra se divide en tres partes –ciclos-, compuesto a su vez, de nueve pasos cada uno.

1ª parte – Infierno, 9 círculos
2ª parte – Purgatorio. 9 escalones de la montaña de la purificación.
3ª parte -  Paraíso. 9 esferas del Cielo.

El estudio de “La Divina Comedia” promete ser un trabajo muy interesante para la confirmación y profundización de lo que es el desenvolvimiento del Alma. En ella se narra el proceso del sujeto en la figura de Dante en busca de su Alma representada por Beatrice. Sabemos que el amor que profesaba Dante por Beatrice era un amor platónico. Dante inicia un largo recorrido que empezará por el infierno –1º ciclo-, lugar en donde la persona se identifica y se implica pasionalmente en la vorágine de este nivel de la vida. En el Purgatorio –2º ciclo-, el individuo inicia su proceso de purificación de las consecuencias de la etapa anterior. Y por fin Dante encuentra a su amada unida a Dios en el Cielo –3º ciclo-. El Alma unida al Espíritu. En este largo viaje es conducido por la figura del poeta Virgilio, que hace la función de guía o maestro interno.

Habría que añadir con un cierto sentido del humor, que todas las similitudes de “La Divina Comedia” con el proceso evolutivo del ser humano no son puras coincidencias.

Remitiéndonos al arcano XV, que hace de factor dinámico, lo mismo que el arcano de La Luna, vimos que en aquel punto la persona constataba con sus propios demonios. Pero el hecho de verlos y reconocerlos, no significa que automáticamente se encuentre uno liberado de sus influencias, sino que es el indicio de que a partir de ese momento puede empezar a superarlos. Ya sabemos que para trascender algo, no es precisamente ni por medio del apego ni del rechazo como lo podremos lograr. De modo, que la frase “Ama a tu enemigo”, es aplicable también a los niveles demoníacos de las sombras del inconsciente.

Es ahora, en La Luna, cuando el individuo acepta de corazón a su zona oscura, o mejor dicho, a su naturaleza densa, ya que oscura dejó de ser desde el momento en que esos contenidos salieron a la luz de la conciencia. En el arcano del Diablo el individuo los desenmascaró, y aunque comprendió su naturaleza, empezó siendo más que nada una aceptación mental. Pero llegado a este punto de La Luna el individuo ya ha conseguido abrazarse a su Sombra sin ningún tipo de reservas, estableciéndose un diálogo con ella.

Por primera vez en la vida de la persona, la luz y la sombra se han guiñado un ojo de complicidad por encima de sus respectivas y aparentemente antagónicas posiciones. De ese encuentro emana una nueva y grandiosa luz. La Luz de la Conciencia de la Unidad, de la Totalidad que todo lo abraza, ya no se produce conflictos entre la luz y la sombra, puesto que ante la nueva conciencia nada queda fuera, todo es perfecto y todo tiene su misión, funcionando como debe ser, como ha sido y será. Porque en ese gran juego cósmico y gracias a la resistencia de la sombra que causa fricción y conflicto, se genera luz, la cual alimenta a la Luz.

En el nuevo Día de la gran Unidad, se ha tocado directamente el núcleo del Espíritu, y de la vivificación reiterada de esta semilla espiritual, se va penetrando en el 3º ciclo, para la formación de un cuerpo o estructura espiritual en el arcano de El Loco.

El arcano de La Luna está regido por Neptuno, planeta correspondiente al elemento Agua. Neptuno en la mitología es el dios de las aguas profundas, él reinaba en los abismos de los océanos y mares como una alegoría a las profundidades de las aguas del inconsciente. En simbología astrológica, Neptuno, entre otras cosas, representaba todo lo que es el mundo intangible, un tanto nebuloso y confuso, lo que está más allá de una realidad física y concreta. Es el planeta de la disolución pero asimismo de la revelación. Y en este caso estamos tocando el tercer círculo, el de la desestructuración. El Alma se diluye en el Espíritu y una nueva dimensión se le es revelada. Un nuevo ciclo y una nueva tierra bañada por un Sol radiante se presentan ante sus ojos

 

 

 

XIX  El  SOL.-  Con el arcano del Sol tenemos lo siguiente: Por un lado es el núcleo del tercer cuerpo o estructura espiritual. El  potencial del Espíritu al irdesenvolviéndose lo hace en su doble aspecto: masculino y femenino, igual que ocurrió con los otros cuerpos anteriores. 

Este potencial espiritual al ser activado por la conciencia-energía creada en el arcano de La Luna, va aumentando consecuentemente su poder de influencia sobre los ciclos inferiores, es decir, más concretamente sobre los arcanos de La Muerte y El Carro. En este tercer nivel el individuo comienza a actuar desde un Yo real e interno que trasciende y armoniza los múltiples yoes o roles que en la vida solemos interpretar perfectamente, aunque inconscientes de ellos.

Al Sol se le ha considerado siempre y desde los tiempos primitivos, como el dador de la vida y foco de energía esencial. Por su influencia en el reino vegetal (fotosíntesis), obtenemos la principal fuente de mantenimiento que el ser humano posee al alimentarse éste del reino vegetal, y aunque el hombre también se abastece de productos animales, generalmente escoge para su alimentación animales que son herbívoros, ya que si comiese animales carnívoros se distanciaría un eslabón más de la fuente principal de abastecimientos: el Sol. La energía vital la tomaría de tercera mano.

Como Sol físico y en su radiación de luz y calor, encontramos el origen de nuestra fuerza vital, pero detrás del Sol que percibimos con los sentidos, está el Sol en su dimensión espiritual lo cual alimenta nuestro núcleo espiritual: por todas estas facultades de vida, consciente o intuitivamente y desde los tiempos antiguos se le ha considerado y se le ha adorado como a un dios.

Lo que tiene su existencia en los planos superiores se manifiesta simbólicamente en los planos inferiores y materiales. ¿En dónde podríamos encontrar pues, la correspondencia del Espíritu en el plano físico? La tenemos claramente representada en el oro, el metal más puro y noble que existe en la Tierra. El oro ha sido considerado por la mayoría de los pueblos como la materia de más valor que el hombre podría obtener, siendo su posesión el principal motivo por el que el hombre ha vivido, luchado y matado. Hoy día, aunque no se comercia directamente con oro, este sigue guardado en los depósitos estatales de las naciones como respaldo de la moneda o billete que circula en el exterior. Podríamos hacer una correspondencia entre una moneda de oro y el Sol

Entonces, ¿No es acaso la necesidad de poseer ese noble metal, como una metáfora de la búsqueda inconsciente de ese estado superior y espiritual? Es decir, el hombre necesita el contacto interno con su Espíritu, y en su ignorancia busca dicha fuerza que le daría poder, en la vida externa, queriendo poseer a través de la fuerza material que le proporciona el oro, esa carencia interna.

Tenemos, pues, que el oro, tanto por el poder material que representa, como por su pureza y el color dorado (reflejo del Sol) que lo caracteriza, ha sido siempre el distintivo de la realeza, siendo ésta la máxima jerarquía dentro de los niveles sociales. ¿Y no es acaso esta jerarquia otra metáfora en el plano externo de la vida, de esa otra Jerarquía Real y espiritual que llevamos dentro?

Por ejemplo, los términos realeza, realidad y realización, son utilizados en contextos diferentes, sin embargo, podremos darnos cuenta de que la raíz de los tres apuntan hacia el mismo concepto; hacia lo real. Se dice del ser humano que tiene que llegar a ser una persona realizada. Si nos paramos a pensar un poco sobre esta cuestión, podríamos deducir que ese estado de realización es interno y se refiere a vivir en un estado de realidad muy superior a la que normalmente vivimos. Una realidad sólida, objetiva y universal que no tiene comparación con nuestro limitado sentido de la realidad, que en relación a la primera, es como si viviéramos en un estado de sueño, de ilusión, de Maya”. El estado de plena realidad o realización la conseguiríamos despertando la realeza interna de nuestro Sol espiritual.

Este arcano está regido naturalmente por la realeza o realidad del astro rey, el Sol, lo podemos ver en el arcano en todo su esplendor. Esto significa que hemos entrado ya en el dominio del Espíritu, aunque todavía en su estado potencial. El plano espiritual como los demás planos que hemos visto, posee, como ya sabemos, una parte masculina o inteligente, otra  femenina  o  sensible,  el  aspecto vital y, por último todo esto se manifiesta en una estructura o cuerpo sustancial. Veremos cómo se expresan estos factores a través de las imágenes del mismo arcano.

Vemos a un niño sentado sobre un joven caballo blanco. La total confianza que el niño muestra tener encima del caballo que incluso no necesita disponer de riendas para sujetarlo, nos puede dar idea de cómo son los nuevos potenciales espirituales que verán la luz en este tercer ciclo. Una mente renovada y una nueva sensibilidad formarán un organismo de tal calidad, que el aspecto consciente del ser humano como son: inteligencia, entendimiento y voluntad, no estará a merced de las fuerzas ciegas e impulsos del  inconsciente.

Los girasoles, -plantas que giran en dirección a dónde está el Sol- representando el mundo de los sentimientos, son alimentados directamente por las energías del Sol, lo cual significa que se llega a tener la capacidad de poseer lo que ya en otros momentos hemos denominado como el “amor inteligente”. El muro de donde salen los girasoles es una alusión a la estructura orgánica  ya que muestra la solidez y fortaleza de este cuerpo espiritual, que al igual que un muro de defensa, hace al individuo impermeable al poder de penetración de cualquier influencia extraña y ajena que lo pueda dañar.

Esta fuerza protectora la vemos asimismo reflejada en los dos arcanos de los ciclos anteriores  que se relacionan con El Sol. La podemos encontrar en la coraza del auriga del arcano de El Carro y en la armadura de la figura de La Muerte. La persona responde ante las incidencias de la vida desde su centro de gravedad, como base firme y estable, gracias a que tiene bien cimentado su Yo interno.

            “Vestíos la armadura de Dios, para poder sosteneros contra los ataques engañosos del diablo”.  San Pablo, en Cartas a los Efesios. (Cap.6:11)

 

 

 

XX  EL  JUICIO.-  Sobre el arcano del Juicio y del que le sigue, el arcano del Mundo, muy poco se va a decir sobre ellos. Únicamente señalar que, en esta dualidad Sol/Juicio están representados los niveles más desarrollados de El Mago y de La Sacerdotisa. Por tanto, el Sol, como aspecto masculino que es dentro del círculo que va a conformar el nacimiento del tercer cuerpo, nos hace referencia a la inteligencia de un Yo universal en comparación a la mente limitada y fraccionada del yo inferior, lo mismo sucede con el Juicio, como contraparte femenina que es, dentro del mismo círculo.

El Juicio nos indica entonces, la sensibilidad que trasciende todos los límites y barreras de la personalidad egóica, del tiempo y del espacio de nuestra dimensión física, expandiéndose y sustentándose en el eterno presente.

El Juicio nos habla de la Sabiduría Universal. Lo que en La Sacerdotisa permanecía oculto y velado por la ignorancia de la persona, como son Las Leyes Cósmicas, (Tora) en este arcano los velos están siendo descorridos.

El ángel anuncia con su trompeta la llegada de un nuevo día, y así como se dice que en el día del Juicio Final todo saldrá a la luz de la conciencia, en este estado lo que permanecía aún en el inconsciente del individuo se vuelve conciencia.

El emblema con la cruz que aporta el ángel, es la misma cruz que muestra en su pecho La Sacerdotisa, interpretándolo cómo lo eternal, (línea vertical) se cruza con el espacio/tiempo (línea horizontal). De la incidencia entre lo eternal y lo temporal, de las energías celestiales y las energías terrenales, entre el Alma y el Espíritu, nacerá un nuevo ser. Este nuevo ser renace de los residuos del viejo ser que ha muerto, por esta razón lo vemos saliendo de una tumba, como el ave fénix emergiendo de sus propias cenizas. Para vivir en la eternidad, primero hay que morir y resucitar en el día del Juicio Final. Se ha muerto a las pasiones que encadenaban, a los valores que limitaban, a las estructuras mentales fraccionadas e ilusorias, para renacer a un nuevo día con un juicio, una inteligencia y una sabiduría de valores universales y atemporales.

Las dos personas que están a su lado representan al padre y madre, o sea, el nacimiento se produce gracias a la intervención de los modelos masculinos y femeninos que lo han gestado y que harán posible su manifestación. En resumen: la inteligencia, la sabiduría y la sensibilidad de los niveles del tercer ciclo espiritual.

Este arcano no está regido por ningún  planeta ni signo astrológico, sino por el elemento Fuego. El Fuego transformador del Espíritu

 

 

 

XXI  EL  MUNDO.-  Con el arcano de El Mundo finalizamos el estudio del los 22 Arcanos Mayores, ya que en el siguiente arcano, el  XXII, nos encontramos de nuevo a la figura de El Loco, pero no como algo potencial en el hombre, no como una posibilidad de llegar a ser,  que fue el planteamiento que de él se hizo al principio, sino como algo ya actualizado, presente y realizado. El Espíritu nace y toma forma, se hace carne y habita en el hombre que ha logrado la realización de la Conciencia Universal dentro de sí mismo.

A partir de El Loco se inicia otro círculo, pero como verán, no existen arcanos para hablar sobre esos estados internos, y con nuestro nivel ordinario de conciencia no nos lo podemos ni plantear, ya que tampoco conduce a nada práctico cuando la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes del paso siguiente que tenemos que dar en nuestro camino evolutivo, es más, apenas podemos ni siquiera reconocer en dónde estamos ubicados en el presente.

El arcano del Mundo por su posición y número equivale a La Emperatriz, e igualmente, como en ella, se estará gestando un nuevocuerpo.
De la interacción entre la inteligencia del Sol y la Sabiduría del Juicio, se crea lo que llamamos la Conciencia Universal.

Lo que este arcano nos muestra en su simbología es a una mujer, aunque hay versiones de que es un andrógino como ser completo que es, puesto que ha integrado sus polaridades masculinas y femeninas. De todas maneras, corresponde al modelo de lo femenino la labor de gestación, como en su momento y en el primer ciclo fue el  arcano de La Emperatriz la que llevó a cabo la gestación del primer cuerpo (por posición y número estos dos arcanos son equivalentes). La personalidad de El Emperador que nació entonces en el primer ciclo, se transformó en el segundo ciclo en el arcano de La Muerte, y ahora renace como El Loco en el tercer y último ciclo. Ya vimos que en esa encrucijada del arcano XIII, La Muerte derrocaba al Emperador, la corona caída nos lo confirmaba, sin embargo, el jinete de La Muerte caminaba en una dirección llevando como emblema: la rosa de El Loco. El Emperador investido de todo su poder terrenal se ha convertido en un Loco que camina a su aire, ya que no existe poder terrenal que lo condicione, lo encadene y lo sujete

La figura de mujer del arcano del Mundo parece danzar desnuda, es la representación de la diosa Isis sin velo, en comparación a La Sacerdotisa o Isis con velo. Los velos de la ignorancia y de la inconsciencia han sido descorridos y ahora Isis deja caer su velo y se muestra en todo su esplendor y con todo su poder. Este poder es representado por las dos varas como dominio de lo de arriba y de lo de abajo; de la energía y de la materia, del Espíritu y de la Sustancia.

Los cuatro elementos vuelven a aparecer en las cuatro esquinas en forma de animales de los respectivos signos zodiacales. Como ya se estudiaron en el arcano X o Rueda de la Fortuna, no necesitan ser explicado.

El que la mujer esté dentro de una corona oval, es tal como se ve con visión astral a un ser humano. El hombre es en realidad como un huevo formado por fibras luminosas, es decir, su propio campo de proyección electromagnético irradia y se expande en forma oval equiparándose así con todas las formas curvas que componen el universo.

El planeta que rige este arcano es Saturno. Hicimos un pequeño análisis de este planeta en el arcano del Diablo. Vimos que representaba la culminación y maduración de un proceso material. En ese punto, la materia o bien se autotrasciende sutilizándose y expandiéndose en energía y luz simbolizada en la figura del Zeus, o bien inicia su decadencia volviéndose cada vez más rígida e inflexible y, como tal, tiene que se llevada al Hades, como una reserva energética para ayudar al proceso de transformación interna, como fue conducido Saturno en su enfrentamiento con Zeus. Saturno nos hace referencia en este arcano a la realización de un proceso interno que culminará en la expansión de la luz de la conciencia, y que como el mito de Zeus, se va más allá de los límites del espacio/tiempo marcados por Saturno/Kronos.

 El arcano del Mundo está relacionado en los dos ciclos anteriores con El Ermitaño y con El Diablo, Si en El Diablo el individuo asumía sus propias sombras, en este plano tiene la tarea de ayudar a purificar la sombra de los demás, puesto que el prójimo es vivido como una prolongación de sí mismo. Es un trabajo de otro nivel, pero también cuenta con la fuerza y la luz necesaria para esa misión. Esto se refleja en el comportamiento de El Ermitaño, aporta luz a los que andan en la oscuridad con la luz que ya posee. Es un servidor del Mundo.

“Y vi. un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado, y el mar no existía más. Y vi la ciudad, la santa, la
Jerusalén nueva, descender del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una gran voz desde el trono, que decía: “He aquí la morada de Dios entre los hombres. El habitará con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos.  Y les enjugará toda lágrima de sus ojos; y la muerte no existirá más; no habrá más lamentaciones, ni dolor, porque las cosas primeras pasaron”. Apocalipsis de San Juan. (Cap.21 – vers. 1,5)

 

                                                                                              

 

APÉNDICE

El apéndice está compuesto de varios artículos que aunque no pertenecen al contenido de los Arcanos Mayores, sin embargo, enlazan con ciertos puntos importantes que  se han ido tocando durante la trayectoria de estos. Con ello se pretende ampliar la comprensión del mensaje de algunos arcanos y también reconocer el funcionamiento de las leyes naturales en otros contextos.

                                                                                                        

     LA HISTORIA DE UN TRAJE 

 

                    

Si el Modelo Creativo Unificador que hemos venido estudiando -y al cual los Arcanos Mayores del Tarot se adaptan perfectamente-, es un modelo de comportamiento universal, debe manifestarse consecuentemente, en cualquier aspecto creativo de la vida por nimio que éste sea. Lo universal debe compenetrar la totalidad de la vida, debe hacerse tangible en lo cotidiano, en los actos sencillos de los hombres, porque si no fuese así, si solamente funcionase en ocasiones especiales o en determinadas parcelas de la vida y en otras no, entonces, no estaría haciendo honor al nombre de universal. Podemos ver, por tanto, al Modelo Creativo ejerciendo su función en un ejemplo práctico e intrascendente como es la confección de un traje. Este mismo ejemplo puede aplicarse naturalmente a cualquier otro tipo de creatividad en el plano de la materia.

Vamos a poner el ejemplo de la confección de un traje. Supongamos que tenemos cierta habilidad para la costura y queramos confeccionarnos nuestro propio vestido. Tenemos entonces, el primer requisito, la primera disposición o potencial disponible en el individuo, que es la voluntad. Ésta como ya sabemos, está ubicada dentro del Círculo Creativo en el punto 1 o punto potencial de El Mago.

El siguiente requisito consiste en crear mentalmente el modelo de traje, darle alguna forma determinada en nuestra imaginación, o bien, diseñarlo en un dibujo. Es el paso previo a la realización material del mismo. Estamos, entonces, ante el juego inteligente y activador del Mago’, pero también utilizamos  la sabiduría de La Sacerdotisa puesto que recurrimos al conocimiento del que disponemos (memoria registrada), acerca de cómo confeccionar un traje, y a esto le añadimos las novedades que queremos introducir en el nuevo diseño. Este diseño mental se va trabajando en el punto 3, o arcano III de La Emperatriz que es la creatividad. En este punto podremos conseguir ayuda externa a través de revistas de modas o consejos de personas expertas. El caso es que en la fase 4, correspondiente al arcano del Emperador ya tenemos una imagen organizada del vestido que queremos hacernos. Hemos completado un círculo de creatividad, pero a nivel mental, o como mucho dibujado en un patrón y ahora, este mismo círculo se va a volver a repetir pero pasando a la confección material.

El círculo se inicia de nuevo en el punto 4,  que equivale igualmente al 1. Contamos pues, con un potencial más definido en el patrón mental, y en el lado nuevamente de El Mago colocamos nuestra inteligencia  y aptitud para confeccionar un traje que hemos creado con la mente.

Hay que disponer de una materia prima con la que operar y elaborar. Esta materia prima que entra dentro del ámbito de La Sacerdotisa correspondería en este caso, al tejido, a los hilos, y en fin, a todos los utensilios necesarios para la confección de un traje. Ahora bien, estos materiales llevan incorporados una sabiduría –Sacerdotisa- en su misma composición y forma de otras inteligencias que antes lo imaginaron y crearon en sus mentes. Pues no es lo mismo cubrirse con una piel de animal, como hacían los primitivos, que toda la elaboración que existe hoy día en torno a la industria textil y del vestido.

Comenzamos, entonces, la confección del traje a partir de nuestro conocimiento y de la materia prima de la que disponemos. El vestido se está gestando –Emperatriz-. Si es la primera vez que realizamos esta labor nos encontraremos con mayores obstáculos que tendremos que superar. Pero si estos son superados una y otra vez, es el modo en que aprendemos a agudizar nuestra inteligencia y adquirir destreza con los materiales.  Es la conciencia que vamos desarrollando en el punto 3 perteneciente a La Emperatriz. Esta destreza irá  registrándose  en el mismo traje como inteligencia  pasiva  –Sacerdotisa-.

En la realización del traje ya acabado –Emperador- entra un nuevo factor a formar parte del conjunto. Es el espacio/tiempo  (Rueda de la Fortuna). El tiempo es el que transcurre desde que se inicia el trabajo hasta que se termina, siendo el espacio la nueva dimensión que va adquiriendo la materia en su proceso de transformación del simpletejido a una prenda confeccionada.

Resultado: el traje. Este lleva en sí la información de la fabricación del tejido, enriquecido además con la nueva información sobre su confección, con lo cual forma un todo material más elaborado que en su estado anterior, y aunque substancialmente el traje no ha cambiado nada, ya que sigue perteneciendo al mundo de la materia inerte, pero, no obstante, dentro de ese mundo ha adquirido otra medida, posee un nuevo orden que lleva archivado más sabiduría (inteligencia pasiva), que cuando era solamente un simple tejido.

La sensibilidad es una cualidad de la materia. Entonces, ¿es sensible el traje? Sí, es sensible aunque en un grado muy simple puesto que capta la humedad, el calor y el frío; y con el paso del tiempo se deteriora y envejece. La sensibilidad va aumentando infinitamente más si la materia es vegetal o pertenece al reino animal, alcanzando su culminación en el ser humano. En éste, su cuerpo, sumamente sensible, posee acumulada tanta inteligencia en su organización y funcionamiento que se produce como una revolución de las especies, y el hombre se transforma en un ser pensante, capaz de imaginar y de crear por sí mismo, al igual que la inteligencia que lo creó. Pero la inteligencia primigenia no es algo ajeno al mismo hombre, sino que es su propio potencial en otra dimensión.

Lo entenderemos mejor si lo contemplamos bajo la siguiente perspectiva: El Espíritu es el que le da movimiento a la materia y ésta se va transformando conforme a la voluntad del primero. En el caso de la confección del traje, la energía es imprimida a través de las manos de la persona pero bajo la voluntad e inteligencia de la misma. No obstante, lo que realmente va sufriendo una transformación es la materia, el traje, aunque eso sí, inconsciente de su transformación. El espíritu o persona no es la que cambia de forma en esa actividad, en ese sentido permanece inalterable. Pero el sujeto es el que observa al objeto y dirige la transformación que está ocurriendo en la materia por medio del movimiento inteligente que le está imprimiendo. De la misma manera: El Espíritu experimenta y aprende a través de la materia, ampliando así la conciencia con su creación.

Este pensamiento extrapolado a niveles cósmicos nos permite pensar que la Inteligencia Universal amplía su conciencia elaborando universos, pero no como algo situado fuera de la misma materia como ocurre en el caso de la persona que confecciona un traje, sino desde su propia sustancia universal –La Sacerdotisa- .

Desde esta observación podríamos afirmar que la Inteligencia Universal es de naturaleza sustancial o bien que la Sustancia Universal lleva implícita a la inteligencia.

Llegado a un punto en la evolución del universo, la sustancia primordial se va transformado en una materia tan compleja y sensible que está apta para manifestar su propia inteligencia individualizada y creadora como vemos que es el caso del ser humano.