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               ÍNDICE         

         ÉRASE  UNA VEZ UNA MATRIZ

         NINGUNA SIN LA OTRA

        YO SOY EL CENTRO

           UNA LEY LLAMADA “ORDEN"

           EL MODELO  CREATIVO  

            UNA NUEVA COSMOLOGÍA

           GOOD-BYE, MISTER UNIVERSO

 

      

                 

OFRENDA

OFREZCO ESTA OBRA A LA SUSTANCIA MATRIZ, LA GRAN MADRE UNIVERSAL, EN RECONOCIMIENTO A SU CALLADA EXISTENCIA, GRACIAS A LA CUAL, TODOS,  SOMOS.

Las gracias a Hubert Reeves, astrofísico nuclear, quien a través de la lectura de sus amenos libros, supo hacerme asequible la complejidad del universo.
A Nessim Sitbon, una mente de rigurosidad científica, pero al mismo tiempo con una amplia y profunda visión de la vida. Agradezco su maravillosa disponibilidad a dedicarme su tiempo y a estar abierto a mis perspectivas metafísicas, pues sin tener que compartir necesaria mente mis puntos de mira, me ha exigido meticulosidad y puntualización en el manejo del vocabulario, y con ello, de los conceptos.
En esta nueva edición corregida y ampliada tengo que expresar mi agradecimiento a Belén Cuadrado amiga y científica que estuvo desde los primeros momentos a mi lado y últimamente me ha ayudado a corregir términos científicos.
A mi hermana Regla, Cristina Vega, y a Elena Matos que tuvieron  cada una, y en diferentes momentos, una meticulosa paciencia en la corrección de la ortografía y sintaxis.
Y por último, con amor y agradecimiento a la memoria de mi madre y de mi padre, habiendo heredado de este último la posibilidad de expresar por escrito las inquietudes y reflexiones de mi mundo interno.

                         

PRESENTACIÓN

¿Se puede interpretar un modelo de universo sin necesidad de ecuaciones matemáticas, de fórmulas físicas ni de creencias religiosas? Este es el punto clave de la cuestión y el reto planteado en la concepción de El Universo Matriz. Está concebido desde una visión básicamente de relaciones, de perspectiva analógica entre diferentes realidades de la existencia. En este sentido es todo un trabajo de investigación, el cual expongo para aquellas mentes curiosas, abiertas y dispuestas a contemplar la Vida universal, incluída la humana, desde una perspectiva original, sobre todo, porque abarca un panorama global e integrador. Pienso que ya va siendo hora de dejar atrás un modelo de pensamiento fraccionado, puesto que el intento de querer llegar al conocimiento enfocado desde una mente dual en eterno conflicto, no es lógicamente lo mas adecuado para querer comprender la panorámica de la Vida en la que nos hallamos sumergidos.
Desde la antigüedad, el ser humano ha tenido curiosidad por conocer su ubicación y su sentido de ser en la Vida. La información que hemos recibido la mayoría de las personas acerca del universo y sus leyes, nos ha venido principalmente de fuentes científicas. Por otro lado, las religiones explican -desde la creencia y la fe-, la trascendencia, centrándose principalmente en el factor humano para darle un sentido a la Vida. Pero ambas instituciones establecidas: ciencia y religión, no pueden encontrarse, ya que cada cual, parte de diferentes niveles interpretativos de la existencia: materia y espíritu; pero la existencia es un
continuum sin cortes ni fisuras. Por consiguiente, hay que encontrar un hilo conductor que nos sitúe en un punto medio que integre tanto a la materia como al espíritu, lo inmanente con lo trascendente, lo de abajo con lo de arriba, lo interno con lo externo, física y metafísica. Y para tal cometido no hay más remedio que utilizar los dos hemisferios cerebrales: el izquierdo racional, lógico y analítico, junto al derecho intuitivo, analógico e integrador. Hay que afrontar la dualidad de manera inclusiva; o sea: con una mentalidad nueva y libre de prejuicios que permita poder integrar a todos sus componentes. Cuando utilizamos las posibilidades que nos ofrecen uno y otro bando de la dualidad, sin quedarnos atrapados por ninguno de sus aparentes opuestos, entonces podremos avanzar por el camino nuevo y aún poco explorado del conocimiento holístico.

Me considero una persona librepensadora, y mi afán por indagar con extrema dedicación los principios de la existencia, las leyes de la Vida, ha sido impulsada por una gran curiosidad vital -¿quien soy …?- cimentada a su vez por un estado de angustia existencial que me ha estado acompañando durante una gran parte de mi vida. Pues bien: gracias al trabajo de búsqueda tanto de información externa como de reflexiones y observaciones internas-, es lo que me ha permitido encontrar el hilo conductor que me posicionara en mi propia vida y, al mismo tiempo, sentirme integrada en un universo que cada día lo descubro más íntimo y cercano.

Pero también he elaborado esta obra por el principio de placer en el conocimiento, en la investigación, en la creación, en traspasar los límites de la cárcel mental en la que me sentía recluída, por la necesidad de expansionarme y de viajar por nuevos espacios mentales. No solamente mi mente, alentada por mi espíritu, se ha estado expandiendo y enriqueciendo, sino que mi alma ha gozado ampliamente sin las trabas mentales de ningún colectivo humano con sus dogmas y paradigmas. Tengo que reconocer que también ha habido una buena dosis de sufrimiento cuando la musa inspiradora desaparecía, siendo posiblemente algo inherente a la creatividad, que tiene sus fases de subida y bajada, en donde el descanso no es más que la recuperación para tomar impulso a una nueva subida.

Superada la etapa religiosa -que la distingo claramente de la tendencia netamente espiritual, puesto que ésta última es de naturaleza intrínsicamente humana, espontánea y universal, mientras que las religiones son estructuras jerarquizadas impuestas por un poder básicamente patriarcal fundamentándose en creencias provenientes de las llamadas sagradas escrituras-, consecuentemente me abrí al mundo de la metafísica, complementándolo con una mirada al terreno de la física y de la astronomía, especialmente en su rama cosmológica. Me parecieron enormemente interesantes, aunque echaba de menos en el terreno científico, el reconocimiento del propio ser humano y su participación en el universo, pues hasta hace poco tiempo la ciencia estaba focalizada únicamente en el mundo de la materia y sus procesos, pero con la nueva información que aporta la física cuántica, hay un reconocimiento de que la persona es partícipe gracias a su observación, en hacer posible la realidad universal.

Pero, ¿qué lugar ocupa la inteligencia y la razón, que son los factores humanos que, justamente, se hacen los planteamientos existenciales? El intento de esta obra es la de cubrir el gran hueco existente entre materia y mente, estableciendo un nexo paralelo entre ambas realidades, en donde ninguna es anterior o superior a la otra, sino que emergen al unísono del gran abismo existencial al que llamo
Sustancia/espacio/madre. Por esta misma razón, doto a la naturaleza y al ser humano de una estructura similar a la del funcionamiento universal, puesto que ambos muestran un paralelismo de comportamiento bajo unas mismas leyes físicas. El diagrama de Los Ciclos Evolutivos que presento, ayudan a ordenar bajo unos mismos parámetros estas dos realidades: universal y humana.

Como he dicho al principio, mi punto de apoyo ha sido sacarle todo el partido posible a las ventajas de utilizar el hemisferio derecho en mi investigación, por consiguiente, he puesto a trabajar en estrecha colaboración a los dos hemisferios cerebrales. La ciencia se ha especializado en el pensamiento secuencial, racional y reduccionista, que son funciones preferentemente del hemisferio izquierdo, mientras que con el hemisferio derecho nos abrimos al mundo de la intuición y al de las relaciones entre dimensiones o diferentes niveles de la realidad. Hay que reconocer que este pensamiento analógico no está considerado ni suficientemente valorado como herramienta de conocimiento en el ámbito científico. Sin embargo, doy testimonio de que incluyendo junto al tecnicismo de la ciencia, la perspectiva que nos puede aportar la interpretación analógica de la existencia, se avanzaría muchísimo más en la compresión del universo, puesto que permite contemplar sabiamente el gran paisaje de la Vida, lo que puede contrarrestar y enriquecer con su amplitud de miras las divisiones y el reduccionismo del racionalismo científico.

Por consiguiente, concebí un diálogo entre dos personajes ficticios que representan las cualidades de cada hemisferio: el profesor Norway -un hombre de ciencia muy “sui generis” en el sentido de que aún con cierta reticencia, está abierto a las sugerencias que le ofrece Dameb, -una escritora especializada en temas metafísicos-, los cuales comparten amistosamente una serie de veladas. El profesor -que actúa con la razón y la lógica propia de una mente rigurosa, comienza el diálogo explicándole a la escritora sus planteamientos y puntos de vista acerca de la investigación cosmológica que está llevando a cabo. Dameb, además de ser muy intuitiva va extrapolando dicha información a otro nivel de la realidad, proyectándola más allá de la mera física. Ella misma se autodefine como una maníaca del sexo, ya que tras todas las cosas y aconteceres de la Vida, siempre descubre una relación masculino-femenina.

A través de sus coloquios, el lector podrá ir constatando resultados muy originales, visiones totalmente integradoras que se producen cuando se activa y se ejercita la mente global que relaciona y contempla la Vida desde un panorama holístico. Por dicha razón, su lectura -aunque escrita en un lenguaje muy sencillo, coloquial, no faltándole pinceladas de humor, puede resultar en algunos momentos algo compleja ya que se van exponiendo, paralelamente, diferentes campos de la realidad. Gracias a esta manera de ejercitar la mente, somos conducidos a la apertura de un mundo increíblemente lleno de sugerencias que antes no se apreciaban, y como dice Dameb: “Simplemente por el placer de vislumbrar otras posibilidades que no hayan sido contempladas anteriormente”. Es la clave de la obra.

El Universo Matriz entronca con la antigua sabiduría hermética y la enlaza con los conocimientos científicos más avanzados que hoy día existen, los cuales están corroborando la sabiduría que ya existía en la antigüedad. Por ejemplo: la Geometría Fractal es la nueva versión científica de “Como es arriba, es abajo y, “Como en lo grande es en lo pequeño”. El universo se repite a sí mismo, es reiterativo en cada nivel o dimensión de su manifestación. Mi lema, por tanto, es: “Para conocer lo desconocido hay que profundizar en lo conocido”.Tendría que matizar que el funcionamiento analógico de las leyes de la Vida aplicadas tanto al universo como al factor humano, no hay que confundirlo con la proyección antropomórfica que han hecho las religiones de una entidad universal atribuyéndole comportamientos meramente humanos: si un pueblo es guerrero, el imaginario colectivo proyectará un dios guerrero.
En definitiva: lo que nos han hecho ver hasta ahora como lo misterioso e incomprensible de la existencia, en El Universo Matriz, pasa a ser lo más intimo y entrañable de nuestra naturaleza humana; algo parecido a un trozo de hielo en el mar, que anduviese buscando y preguntándose en dónde estará el agua: esa entidad tan oculta e inalcanzable de la que tanto ha oído hablar. Posiblemente llegaréis a sentir la sensación -como tuvo en su momento, el profesor-, de haber llegado a casa.

En esta aventura mental no me he puesto límites en la indagación y representación acerca de
la dinámica universal. No puedo saber en qué proporción de acierto me acerco a dicha realidad existencial. Lo que sí puedo afirmar es que me he apoyado en mi propia exigencia en lo tocante a formar un cuerpo de conocimiento que sea coherente e integrador, ya que si no fuese así, esta obra perdería todo su sentido. Es lo que ofrezco y deseo compartir con aquellas personas que estén abiertas a sacarle algún tipo de provecho a este peculiar trabajo de investigación. Os invito a entrar en él.

Nota: Aunque los personajes de este trabajo de investigación son inventados, los hechos y experiencias descritos por Dameb, son reales.


 

 

 

 

ÉRASE UNA VEZ UNA MATRIZ

Profesor:…Pues sí, como le iba diciendo, amiga Dameb, en nuestra cultura religiosa se nos ha inculcado que el universo ha salido de la nada. Pero como comprenderá, de donde nada hay, nada puede surgir. Por tanto, hay que entender esa “nada” del Génesis, no en un sentido absoluto, sino con una visión relativa. Es decir; no había una estructura plasmada, si bien existiría una sustancia prima disponible para ser moldeada. Es como si dispusiéramos de un terreno con todos los materiales en donde poder construir una casa, pero la casa aún no existe. Por tanto, desde esa “nada” o estado potencial se irá formando progresivamente con el tiempo una estructura cada vez más compleja. En resumen: el espacio que conocemos con todos sus objetos espaciales. Nuestro universo.

Dameb: Ha nombrado una sustancia prima universal, comparándola con los materiales de construcción. ¿Qué sustancia prima es ésa, y de dónde proviene?

Se la voy a explicar, pero antes y para situarnos le comento que hasta hace relativamente poco tiempo solamente teníamos constancia de la materia que en mayor o menor grado emite luz, es decir, la que constituye nuestro universo conocido: estrellas, galaxias, nebulosas, etc. Pero se han observado comportamientos gravitatorios anormales en algunas galaxias, que nos hacen contemplar la posibilidad de que estos fenómenos sean producidos por grandes masas de materia oscura que pudiera rodearlas. La llamamos “materia oscura” porque no emite luz y, por tanto, no puede ser vista con los telescopios, aunque por su composición está reconocida como materia propiamente dicha. Al principio, se pensó que si se le sumaba esta materia extra al universo éste se contraería por efecto de la gravitación. Es decir, a más masa universal, más fuerza de atracción para llegar a un colapso final.

Lo cual daría el fenómeno del Big Crunch, ¿no?

Cierto. Se pensaba que el universo -aunque en expansión por la explosión primigenia (Big Bang)-, tendría que ir perdiendo velocidad expansiva debido a la resistencia de la materia en general, tanto de la que emite luz como de la que no emite luz como es la materia oscura. Pero más recientemente, -y al contrario de lo que se esperaba, se ha observado que el universo lejos de estar contrayéndose, se está expándiendo a más velocidad de lo previsto a causa de que algunas galaxias se están separando unas de otras, e incluso se están desgarrándo.
Esto ha llevado a algunos científicos a plantearse que el universo pudiera estar penetrado por una hipotética “energía oscura” que produciría una fuerza de repulsión contraria a la fuerza de la gravedad, la cual sería la responsable de que el universo pudiera llegar a desgarrarse.
Ha oído hablar de dicha energía oscura?

Tengo referencias de la materia oscura que usted ha nombrado. Pero es fácil cofundirse entre materia oscura y energía oscura.

Le aclaro: la materia oscura aunque sea muy difícil de detectar, se considera que tiene masa, como son los agujeros negros, las nebulosas oscuras o el polvo interestelar, que por su falta de luz, escapan a la visión de los telescopios. En cuanto a la “energía oscura” la comunidad científica la considera como un residuo que surge a partir del Big-Bang, ocupando la mayor parte del universo en relación a la materia de la que están compuesta todos los objetos espaciales.

La imagen que me viene es como si toda la materia estuviese sumergida en la energía oscura. ¿Es así?

Le comento. Al igual que otros científicos, yo también tengo mi propia teoría en relación a la energía oscura. No la considero como un residuo universal sino que voy más allá y la sitúo anterior a la aparición del universo. Esta energía oscura sería un potencial sustancial con la propiedad de generar toda la materia universal. Es la sustancia prima suceptible de ser moldeada como le comenté al principio. Personalmente prefiero llamarla “Sustancia matriz” o ¿por qué no? “Sustancia madre”, porque hace la labor de sustentadora y sostenedora de toda la existencia-, para distinguirla de otros conceptos más generalizados como sustancia prima. Por tanto, quiero referirme a que todo el espacio universal estaría compuesto de dicha sustancia. Para ser más preciso, y con la idea de unificar el espacio y la sustancia, me atrevería a conjeturar que el mismo espacio es sustancial, incluso el término “Sustancia/espacio madre”, sea el que mejor conjugue y define la idea que tengo acerca de esta cuestión.

Es muy interesante lo que dice, pero ¿Qué significado le da a la sustancia, en dicho contexto universal, profesor?

Por ejemplo en química reciben el nombre de sustancias, aquellos sistemas homogéneos que poseen un solo componente, por ejemplo, el agua. Pero cómo estamos refiriéndonos a un concepto de sustancia que no es del campo de la química ya que estamos todavía en un pre-universo, su significado más general es el de fundamento lo que permanece bajo los fenómenos o dicho de otra manera: lo que sustenta las propiedades esenciales. Descartes sostenía que la sustancia es aquello que es en sí, que se concibe por sí misma.

Eso de que es sustentadora de las propiedades esenciales me parece muy significativo. Pero vayamos por parte. ¿Entonces, no existiría el vacío?

Vuelvo al inicio de nuestra conversación. Dependiendo de cómo lo veamos, lo podemos definir como vacío o como lleno. Desde la perspectiva de “acá” o sea, situándonos en el universo físico y del mundo de las cosas, la sustancia/espacio/madre la podemos contemplar como un “vacío” algo indetectable por los telescopios y los microscopios en los laboratorios. Pero si nos situamos imaginariamente en la perspectiva de “allá”, en la propia sustancia espacial, no existiría ningún hueco: todo podría ser de una densidad absoluta compuesta de unidades a las que llamaría “partículas/espacio”.

O bien “partículas madre” ¿No ha dicho que a la sustancia prima la llama Sustancia/espacio/ madre?

Por qué no? puede ser otra variante. De hecho, dichas partículas madre y según mi planteamiento, serían las responsables de la generación de toda la materia y energía que existe en el universo.

Sí, pienso que el nombre de partículas madre se ajusta más a nuestra realidad física, ya que tenemos el ejemplo de las células madre que son las responsables de la formación de todo el tejido de nuestro cuerpo.

Excelente comparación, amiga. Las unas crean el tejido universal y las otras el tejido humano. Perfecto.

Entonces, y teniendo en cuenta su visión, profesor, ¿cómo podría explicarse el origen del universo?

Remontándonos a los orígenes de nuestro universo, a lo más lejos que la ciencia hoy día ha llegado es al momento de la gran explosión: o sea al Big- Bang. Más allá de la gran explosión se alza una barrera infranqueable que debido a nuestras actuales limitaciones no podemos traspasar, puesto que con el calor se perdió la información debido a la temperatura tan enorme que reinaba en esos momentos. De modo que para intentar comprender lo que hubo antes de la gran explosión –y al no encontrar huellas a través de la observación directa, hemos optado por los modelos conceptuales.
Por tanto, vamos a situarnos más allá de la explosión, e imaginemos un espacio infinito que estaría compuesto de una sustancia primordial. Dicha sustancia/espacio o sustancia madre sería el estado previo de lo que después devendrá la materia universal. Sus partículas tendrían que estar totalmente juntas, pero sin poder formar enlaces energéticos entre ellas, puesto que les faltaría un estímulo que las movilizara a formar nexos para la generación de estructuras. Es decir; sería una sustancia neutra. Al no haber diferenciación entre las partículas/espacio, éstas serían un todo homogéneo. Estamos ante un pre-espacio –por definirlo de alguna manera del espacio que conocemos-, vacío de toda forma, de cualquier tipo de estructura material, compuesto de una sustancia original fría y sin luz -pre-materia-, en relación a la materia que conforma el universo. En un estado de pre-tiempo o tiempo cero.

Por favor, acláreme eso de que al ser la sustancia madre neutra, no se pueden formar estructuras.

El universo cobra vida a partir de una diferenciación en las propiedades de sus partículas. ¿Recuerda aquello de que las cargas del mismo signo se repelen, y las del signo contrario se atraen? Bueno, pues los enlaces que se producen en la materia surgen a partir de una diferenciación de su potencial. Por ejemplo: un átomo se forma porque el núcleo que tiene carga positiva atrae a los electrones con carga negativa, y entre todos forman una estructura atómica, la cual es un paso más avanzado en la historia de la complejidad de la materia. Ahora bien, las partículas que conformarían la sustancia primordial, deberían encontrarse en estado neutro, o sea: sin diferenciación de su potencial, por tanto, aunque sus partículas/espacio estuviesen totalmente juntas, si entre ellas no hay interacciones, no se pueden crear atracciones ni repulsiones, permaneciendo, entonces, como una sustancia indiferenciada y homogénea. No se podría generar luz, ni calor, ni movimiento, ni sonido, ni formas…, nada de los fenómenos que se han producido y siguen aconteciendo en el universo a partir de la gran explosión. Sería como un abismo oscuro, frío, silencioso, atemporal, vacío de formas pero compuesto de esa sustancia que permanece en un estado de perfecta armonía o de equilibrio estático. La creatividad, Dameb, surge pues del desequilibrio, del movimiento que se produce ante la desigualdad de los elementos.

Espere un momento, profesor; aunque le parezca extraño, lo que usted está describiendo me resulta familiar. Creo que sin saberlo, el nombrar al abismo infinito de partículas/espacio, se está refiriendo a las Aguas Primordiales, al Océano Primigenio de algunas tradiciones. Por ejemplo, la diosa sumeria Nammu se la identificaba con un criptograma que representaba a las Aguas Primordiales. Podemos identificar a la Gran Madre como una “matriz cósmica” llena de su propia sustancia, de donde surgen los gérmenes de la vida. Es más; en el Génesis bíblico podemos encontrar una referencia al estado previo de la creación, a esa “nada” cuando se la nombra como la “faz del abismo” y a las tinieblas” que lo cubrían.

Me parecen curiosas sus observaciones, pues aunque las interpretaciones científicas sobre la realidad de la naturaleza por ahora son independientes de la sabiduría e intuiciones de nuestros antepasados, me parece interesante que en este caso exista dicha similitud. Entonces, como usted ha dicho, la sustancia original a la que se refieren algunas tradiciones, la tiniebla cubriendo la faz del abismo, no serían otra cosa sino la cara sombría que mostraría el océano infinito, la oscura sustancia madre, tal y como hemos dicho, dispuesta a comenzar su función universal.

Sí pero, ¿qué ocurrió? ¿Qué fue lo que hizo de detonante para que las partículas de esa sustancia original, comenzasen su danza creativa?

Entiendo su inquietud, porque esa es precisamente la cuestión que me he estado planteando. No quiero quedarme en una típica salida, que algunas veces elegimos los científicos cuando no encontramos respuestas a nuestros planteamientos. Le echamos la culpa, o mejor dicho, hacemos responsable al azar de todas nuestras limitaciones para comprender la realidad. Dios, -para los creyentes- y azar, -para los científicos-, son, en realidad, dos maneras cómodas y un tanto ingenuas de no explicar nada para escapar de la gran incógnita.

¿Me permite hacerle una observación? Hay veces en las que cuando no entiendo algo, recurro a una fórmula que hasta ahora me ha dado muy buen resultado. Utilizo con frecuencia mi mente analógica, la facultad de mi Hemisferio Derecho y, la verdad, le puedo asegurar que funciona.

¿Quiere decir que debo buscar un modelo analógico en el nivel de lo cotidiano, para interpretar una singularidad universal? Me parece algo muy atrevido; quizá demasiado pretencioso.

Lo es, si lo miramos bajo el punto de vista de la razón de nuestro nivel humano, que está llena de prejuicios. No tenemos por qué proyectar nuestras propias limitaciones mentales al comportamiento del universo. Además, por si fuese poco, la última visión que nos proporciona el nuevo Sistema Holográfico, es que la información de la totalidad de una imagen holográfica está en todas sus partes. Es decir, estábamos acostumbrados a la idea de que en la totalidad estuviera incluida la fracción, pero no a lo contrario: a que en la fracción estuviese incluida la totalidad. Considero que es uno de los conceptos más revolucionarios y sumamente reveladores de los últimos tiempos. En realidad, es la confirmación científica de: “Como es arriba, es abajo”, frase atribuida a Hermes Trimegisto hace más de cuatro mil años.

Pues ya que ha sacado el tema de las analogías, curiosamente la Geometría Fractal encaja en esta misma línea de conocimiento. ¿Sabe algo acerca de ella?

Sí, pero confusamente, ¿me la podría explicar mejor?

En 1975 un matemático llamado Benoit Mandelbrot le dio un impulso a este tipo de geometría acuñándola con el nombre de Geometria Fractal. Es una semigeometría aparentemente caótica comparada con el orden de la geometría clásica, pero es la manera en que la naturaleza tiende a expresarse. Un árbol con sus ramas, una nube, el cauce de un río son ejemplos de Geometría Fractal. Se distingue de la geometría Euclidiana o clásica en que no puede ser medida en los términos tradicionales por las irregularidades que presenta. Esta nueva visión geométrica de la realidad muestra unas características muy peculiares; una de ellas es que es autorecurrente. Esto significa que se repite a sí misma tanto en las pequeñas escalas como en las grandes. El árbol con su entramado de ramas grandes de donde parten ramas más pequeñas es una buena imagen fractal. Otra la circulación sanguínea con sus venas, vasos y capilares. Mire le voy a enseñar una fotografía que hice de un fractal creado por la propia naturaleza. ¿Qué es lo que ve?


 

Parece un relieve hecho sobre tierra.

Sí, es el dibujo que se forma en la orilla de la playa cuando baja la marea. Como podrá ver recuerda a un tronco de árbol de dónde salen más ramas que a su vez se diversifican en otras menores

Es muy curioso. Me viene a la memoria la matrioska, las muñecas rusas contenidas unas dentro de otras. Me quedo gratamente perpleja de cómo la ciencia va descubriendo nuevos parámetros reservados hasta ahora solamente a las antiguas tradiciones de sabiduría. O sea, que el axioma hermético “Cómo es arriba es abajo” se cumple fielmente en la Geometría Fractal, la geometría de la naturaleza. Me fascina la idea profesor, y le digo que como es una geometría que funciona analógicamente la encajo rápidamente con las funciones del Hemisferio Derecho que como ya sabe responde a patrones femeninos. ¿Se da cuenta de que estamos ante una geometría femenina?

Bueno, bueno… La geometría clásica está básicamente compuesta de líneas rectas, ordenadas con lógica. Es algo muy mental y frío que no tiene nada que ver con el contraste de las formas bellamente caprichosas y curvilíneas que nos proporciona la naturaleza.

Pues yo veo cierta similitud entre la Geometría Fractal y las imágenes holográficas. Ambas coinciden en que es indiferente el espacio que ocupas en una estructura, porque la información de la totalidad de la estructura la tienes igualmente. Me parece algo increíblemente maravilloso. Pero me pregunto: ¿no han tardado demasiado tiempo los matemáticos en darse cuenta de que la realidad natural que aparecía ante sus ojos, no tenía nada que ver con la rigidez de las formas que tanto estudiaban?

Hay veces que cuando las cosas no las comprendemos o no se ajustan como queremos, solemos mirar hacia otro lado; pero llegado un momento hay que afrontarlas. Gracias al desarrollo de la tecnología informática hemos podido darnos cuenta de la recurrencia matemática que rige la Geometría Fractal. Sí, efectivamente, este enfoque analógico de comprensión de la realidad nos puede abrir unas inmensas posibilidades en el terreno de la investigación.

Pues sin ir más lejos, la reciente comparación que hemos hecho entre las partículas madre y las células madre es una bonita analogía que refuerza la dirección de su investigación cosmológica. ¿No le parece? Personalmente he podido comprobar este funcionamiento de la realidad en otros terrenos y le aseguro, profesor, que la vida está llena de patrones analógicos. Probemos a ver: estamos hablando de una génesis –la universal- y, por las observaciones que antes le he hecho, en cualquier otro orden de la realidad interviene siempre una dualidad, en la que cada componente actúa en sentido diferente pero complementario al otro, consiguiéndose un resultado: lo que usted ha definido antes como la creatividad a través del desequilibrio o la diferenciación de los elementos que la componen. Personalmente, me gusta identificar a cada parte de la dualidad como “modelo Yin o femenino y modelo Yang o masculino”. Por ejemplo: hace un momento se han utilizado metáforas tales como “matriz cósmica” y “sustancia madre”, para describir un estado pre-cósmico. Ya tenemos localizado al factor femenino. Entonces, el siguiente paso sería encontrarle un padre a nuestro universo. Nos falta en el escenario universal el elemento masculino fecundador. Ahora bien, usted dijo que en ese espacio original compuesto de partículas/espacio, faltaba un estímulo que las energetizara, que las hiciera reaccionar para que fuesen emergiendo las primeras estructuras. Esa fuerza que incidiría sobre la sustancia/madre es el factor masculino que necesitamos. La pregunta que le hago a continuación es la siguiente: ¿Existe un comportamiento en el campo de la astronomía que nos pueda servir de referencia analógica para el modelo de la génesis universal?

Pues.., pensando ahora más detenidamente en su idea, efectivamente, existe un patrón local que nos puede servir como punto de referencia para el modelo universal. Se trata del nacimiento de una estrella. Le explico: las estrellas nacen de una condensación de gas y polvo en el seno de grandes nebulosas. Pero, para que se produzca dicha condensación en la materia de una nebulosa, es necesario que una fuerza incida sobre la nube, la comprima, y por el efecto de la gravedad, empiecen a formarse pequeños núcleos o embriones de estrellas. Estos van aumentando su tamaño en la medida en que lo hace también la gravedad que poseen; de forma que van engrosando su propia materia la cual atraen de su entorno, hasta formar una masa suficientemente organizada con un núcleo en combustión en su interior, y con diferentes capas externas.

Lo entiendo, pero entonces mi pregunta vuelve a ser prácticamente la misma: ¿De dónde proviene la fuerza que permite que los elementos que había en la nebulosa interactúen unos con otros para formar cuerpos estelares?

Es lo que estoy tratando de explicarle, Dameb. Existen varias generaciones de estrellas. La primera generación se formó a partir de la fuerza expansiva de la gran explosión. Es decir; dentro de la gran vorágine y cuando la temperatura bajó lo suficiente, fueron surgiendo condensaciones locales de materia que dieron paso a estrellas y galaxias. Pero el universo ha seguido y sigue generando estrellas. Una de las causas por las que hoy una nebulosa colapsa y forma un nuevo nido de estrellas, se debe a la muerte de otra estrella.
Como verá; la estrella tiene un recorrido que empieza con su nacimiento, pasa por un estado de equilibrio, de estabilidad y, al final, estalla y muere debido a un desequilibrio de sus fuerzas.

Explíqueme, si no le importa, en que consiste el equilibrio y desequilibrio de fuerzas de una estrella.

Bueno, estos dos estados fundamentales de una estrella se deben al juego básico entre tendencias, que como bien ha dicho antes, son opuestas y complementarias. Una de ellas es expansiva porque tiende a ir hacia afuera y la otra -la gravedad- tiende a ir hacia el centro. La vida de una estrella se mantiene mientras que en su núcleo haya combustión nuclear. Esta combustión interna emite tal radiación de calor, que impide que las capas externas de la estrella sigan contrayéndose por el efecto de la gravedad. Este equilibrio se puede mantener por miles de millones de años. La edad de nuestro Sol, por ejemplo, se calcula en cinco mil millones de años. Pero si la combustión cesa en el interior del astro o disminuye de tal manera que éste no tiene fuerza suficiente para mantener en equilibrio a las capas externas, la fuerza de atracción se hace dueña de la situación, ganándole terreno a la radiación del corazón de la estrella, por lo que ésta sufre un colapso gravitatorio debido a que sus capas externas se precipitan hacia el centro.
A causa de este colapso, la estrella explota. Se la conoce como una Supernova. En esos momentos ocurren dos fenómenos: por un lado, se mantiene un núcleo de una densidad inmensa en lo que era el corazón de la estrella y dependiendo del grado de su densidad, se la califica como estrella de neutrones o agujero negro. Por otro lado, las capas externas de la estrella se ven precipitadas al espacio interestelar, formándose una gran nebulosa en expansión. Podemos observar un fenómeno muy parecido, aunque a escala local, a la explosión primigenia o Big Bang. La nebulosa producto del deshecho de la estrella colapsada servirá de mantillo y, en su seno, se condensarán nuevos embriones de estrellas. Como verá; podría ser la representación del génesis de un universo.

Me parece interesantísimo la génesis de las estrellas, profesor, pues encaja perfectamente con mi modelo sexual del universo; y supongo que ya se podrá imaginar a qué conjeturas nos puede llevar todo lo que usted acaba de exponer. Resumiéndolo, creo que lo puedo explicar de la manera siguiente:
Al parecer, la génesis universal –ya sea en sus inicios, contemplada como una totalid, o bien en formaciones posteriores y localizadas, como son las estrellas de siguientes generaciones-, se podría haber servido, del juego entre dos factores opuestos pero complementarios: una fuerza detonante y expansiva que personalmente la califico como el elemento “masculino” de la Historia Universal y una fuerza de atracción o gravedad que es opuesta a la primera y que la reconozco como el factor “femenino”. Por tanto, y como consecuencia de la colaboración de esos dos principios, la materia va conformándose, creando estructuras. Y ahora hemos llegado al punto álgido de la cuestión en donde paso a hacer uso de mi varita mágica, o sea, de mi fórmula comodín, aquello de que “todo está en todo”, y aplicarla con la siguiente conjetura. Si el universo, actualmente y de manera localizada, se comporta siguiendo unos determinados patrones, al inicio y en su conjunto, debió de comportarse si no igual, al menos, con patrones parecidos. Estamos ante un universo que podría responder a un fractal ¿Está de acuerdo?

Perdona que la interrumpa querida Dameb; ya sé a dónde quiere llegar, y me voy a tomar la libertad de adelantarme en su conjetura. La deducción, según su fórmula maestra, -o mejor dicho, mágica-, sería la siguiente: si una estrella nace de la muerte de otra estrella, nuestro universo, por tanto, pudo muy bien haber surgido de la muerte de otro universo que le precedió. ¿No es así?

Efectivamente, se me ha adelantado. Pero no me podrá negar, amigo mío, que el camino estaba ya trillado.

Sí, resulta curioso el resultado a que nos llevan las analogías. Apoyándonos, entonces, en esta conjetura, y remitiéndonos de nuevo a las condiciones previas al Big-Bang, nos encontramos con un pre-espacio sustancial, oscuro e ilimitado. En el seno de esa densidad podrían coexistir, según las posibilidades tan vastas que nos ofrece esta visión fractal, pluriuniversos compuestos de materia pero todos ellos sumergidos y sustentados en la oscuridad de la sustancia/espacio.
Echando mano a sus modelos analógicos, imagínese, Dameb, una noche oscura cuando miramos al cielo y lo vemos poblado de puntitos brillantes. Sería una imagen parecida para describir la inmensidad de la sustancia/espacio oscura, poblada, no de estrellas y galaxias, sino de universos enteros compuestos, a su vez, de miles de millones de galaxias cada uno. Si ya nos da vértigo intentar comprender la enormidad de nuestro propio universo, estas medidas resultan francamente escalofriantes. Si nuestro sistema solar es un punto perdido en el espacio, con esta nueva visión aún nos empequeñecemos infinitamente más.

Sí, querido profesor, pero ¿no estábamos aún más perdidos cuando nos creíamos ser lo más importante y los únicos en todo el universo? Pero, además, ¡qué importancia tiene! Si nos acogemos a la perspectiva que nos ofrece el reciente paradigma Holográfico y ahora también la Geometría Fractal, -según los cuales, la información de la totalidad está en todas y en cada una de sus partes, o como yo digo: “todo está en todo”-, da igual el espacio que ocupemos y lo infinitamente pequeños que seamos. La información de la totalidad estará siempre en nosotros y desde ese espacio de totalidad que llevamos dentro, podemos comprender y contemplar todos los infinitos mundos de la ilimitada existencia. Los místicos orientales ya percibieron y contemplaron esa realidad dejándonos constancia de ella en sus enseñanzas.

Ciertamente, eso parece esperanzador, por lo menos para la mente científica que intenta llegar a la verdad última de la realidad. Podríamos seguir perfilando algo más este modelo conceptual sobre el origen cósmico desde esta perspectiva analógica y en relación a una visión holística de la vida.
Contamos, entonces, con una sustancia espacial oscura y fría que lo es todo; es ilimitada. Esta sustancia es la pre-materia de la que están hechos los multiuniversos que podrían surgir de su seno. Estos universos serían condensaciones de dicha sustancia madre en la cual tienen su existencia.
Ahora bien, las partículas/espacio de esta sustancia madre estarían en estado neutro y al no existir diferenciación sexual entre ellas, como usted diría, no se enganchan para crear estructuras. Es decir, no se forman condensaciones de materia en el seno de esta matriz a no ser que una fuerza incida sobre las partículas madre y las
estimule aunque sea a nivel local del inconmensurable pre-espacio-. Esto da lugar a que reaccionen entre ellas, y emitan un tipo de luz, comenzando a partir de esos momentos la cocción de un universo, en el cual, y en la medida en que se va enfriando, irían formándose las primeras y pequeñísimas cristalizaciones de la materia.

Sería lo mismo que cuando queremos hacer una tarta: juntamos los diferentes ingredientes, y luego el calor del horno se encarga de fundirlos y darles la forma, textura, olor y sabor adecuados.

Pues bien, valiéndonos del modelo estelar, ya comenté, que existen estrellas que se formaron de la onda expansiva de la explosión primigenia, y posteriormente las siguientes generaciones de estrellas se formaron ya de otras ondas expansivas locales. Y, ¡fíjese bien!, las últimas generaciones se han creado, no a partir de un campo de partículas elementales, como se supone que ocurrió al principio, sino a partir de núcleos pesados que se elaboraron en la cocción estelar y que formaban las capas externas de la estrella. Cuando la estrella explosiona estos escombros estelares son lanzados al espacio interestelar, fertilizándolo con elementos más ricos.

Entonces, ¿quiere esto indicar que las estrellas de generaciones posteriores son más avanzadas o más evolucionadas que las que vieron la luz por primera vez en nuestra historia universal?

Sí, llevan desde su nacimiento más información, y los procesos de sus combustiones nucleares son más rápidos. Por consiguiente, nos podemos plantear que a nivel de los diferentes universos que podrían poblar la sustancia madre, también habrá tenido que haber una evolución de universos más primitivos hacia otros más elaborados; puesto que cada universo que posiblemente muriese y estallase, los escombros que dejaría serían como un mantillo cada vez más rico para posteriores universos.
Y ¿sabe Dameb
…? que me está gustando contemplar la idea de que a partir de una sustancia/espacio/ madre, oscura, silenciosa, fría, estática, atemporal y vacía de formas por la neutralidad de sus componentes se originaría todo lo contrario: universos o espacios luminosos, calientes, dinámicos, temporales y repletos de formas, colores y sonidos. Y como usted diría, todo ello debido a la diferenciación sexual o juego entre la dualidad de sus componentes.

Profesor, me gustaría conocer la opinión que en general tienen los científicos en relación a este tema del génesis cósmico.

Bueno, existen dos grandes corrientes teóricas. La primera apunta hacia un universo estático, llamado “universo estacionario”, contraria a la teoría del Big-Bang. Ciertos científicos mantienen la hipótesis de que el universo ni tuvo pasado, ni tendrá final; infinito y sin historia. Un universo que se mantiene constante en su densidad material. En su eternidad, cada estructura material que se destruye o desaparece, es reemplazada por otra igual. La otra hipótesis, o modelo de la “gran explosión”, aparece a partir de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Se deduce que el universo tuvo un origen. Algunos apuntan hacia un átomo de enorme densidad que explotó –Big-Bang-. Pruebas recientes han confirmado que el universo se encuentra actualmente en expansión y sobre su posible final hay dos teorías. Una de ellas se inclina por una expansión indefinida del universo en un espacio cada vez más frío y en una lenta y solitaria agonía. Y la otra es la visión cíclica del Big-Crunch según la cual el universo volvería a contraerse en el mismo punto en el que se inició para, posteriormente, comenzar un nuevo ciclo de expansión.
La particularidad de nuestro modelo, querida Dameb, es que si los más modernos aparatos han registrado unas huellas - que según parece, son de una antigua explosión-, pienso que podrían no estar detectando las de nuestro propio universo sino las de un universo anterior que nos precedió, de cuyas cenizas hubiera nacido el nuestro o incluso otros universos más.


¡Qué interesante! Creo que va a tener un bonito trabajo para investigar, profesor. Pero hay algo que acabo de ver, y es que si nos fijamos más detenidamente, el modelo que estamos construyendo unifica, en cierta manera, las dos teorías cosmológicas que imperan dentro de la comunidad científica y que usted me acaba de exponer. La imagen que me viene como ejemplo es la siguiente:
A la sustancia madre la podemos comparar con un gran mar en cuyo interior pueden darse diferentes fenómenos. Ante ciertos estímulos en el mar pueden formarse ondas, olas entrechocándose o incluso, el agua se puede congelar. Pueden darse múltiples movimientos que empiezan y acaban localmente. Pero la cuestión es comprender que, independientemente de todos estos aconteceres que se manifiestan en el agua, ésta en sí es siempre la misma en su cantidad y densidad, y sustancialmente su naturaleza y composición química no cambia. Se puede definir el agua como atemporal o sin historia en contraposición a todos los procesos ondulatorios temporales que aparecen y desaparecen en su seno. El agua es una unidad integradora y constante de todos los acontecimientos energéticos y materiales que ocurren dentro de sí misma.

Un magnífico ejemplo, amiga mía. Efectivamente; podemos describir nuestro modelo cosmológico como el de un universo de formas luminosas y dinámicas pero de espacio y tiempo finitos, que surge a partir de una totalidad ilimitada, estática y de tiempo cero: su nombre completo seria: Sustancia/espacio/madre.

La idea me entusiasma, profesor; pero ahora bien: ¿qué nombre vamos a escoger para definir nuestro modelo de universo? Pues, ¿no sabe acaso que el ponerle nombre a las cosas le imprimen carácter e identidad?

Bueno, ¿no le parece muy precipitado, amiga mía? La idea en principio es buena, me gusta, pero hay que madurarla y eso lleva mucho tiempo. Pero, si es por seguir con nuestro puzzle cosmológico ¿por qué no? Podría ser algo así como Modelo Integrador, Unificador, Holístico, Estelar…

Me gustaría que llevase preferentemente la letra M, en honor a la Madre o Materia Primordial. ¿Sabe usted que ahora me estoy dando cuenta de que existe en el catolicismo un reconocimiento –aunque de una forma velada e inconsciente- de la sustancia oscura y primigenia? Es la Mater Purísima, Mater Intacta, Mater Incorrupta, y Mater Creadora, simbolizada en la figura de la Vírgen María.

¿Quiere decir que todas esas invocaciones hechas a la Virgen y Madre, en su sentido más profundo, no son sino referencias a la sustancia madre origen del universo?

Y ¿cómo no podría ser así? Por cierto, algunas de las estatuillas más antiguas de vírgenes que hoy en día se siguen venerando, son precisamente vírgenes negras. Pienso que es una alusión a la oscuridad de la materia primordial. Dichas estatuillas no proceden de los tiempos del cristianismo sino que son hallazgos encontrados de culturas anteriores; como por ejemplo, entre otras, de los celtas, quienes posiblemente recibieron influencia de la gran sociedad matriarcal que existió en la vieja Europa en el Neolítico. Estas antiguas culturas prehistóricas adoraban a la Gran Diosa Madre como generadora del universo. Pero también esta misma fuerza femenina representa la fecundidad y fertilidad de la Madre Tierra, el poder de nuestra Naturaleza que ha sido y sigue siendo motivo de culto en todos los pueblos. Se han venido descubriendo durante estos últimos años centenares de estatuillas de la diosa Madre en múltiples restos arqueológicos dispersos por diferentes puntos de Europa y del cercano Oriente que datan, como le acabo de decir, de la época Neolítica.
¿Sabía usted también que los nombres María y Maia (madre del Buda) comparten la misma raíz ma, la cual entre los griegos significaba nodriza y madre? Así mismo, en las lenguas, tanto orientales como occidentales la letra m es una representación gráfica de las olas del mar. Y mar es la raíz de María.
Lo que ocurre es que hay que hacer una distinción entre el océano infinito de la Sustancia Madre –las Aguas Primordiales a las que hemos definido como eternas o atemporales- y la dinámica cósmica que surge de dicha Matriz Cósmica. La materia finita o mortal surgida está sujeta a los cambios transformadores en sus incontables estructuras. Todo lo que nace en el tiempo, se desarrolla y muere en el tiempo. En este caso, la palabra sánscrita Maya, que significa ilusión -el otro aspecto de lo femenino-, es la que recoge el concepto de los fenómenos pasajeros que ocurren en el mundo fenoménico de las formas o universo visible, como contraposición al otro estado inmutable de la realidad.

Ese fenómeno pasajero de la materia a la que alude ha durado hasta ahora, unos trece mil quinientos millones de años aproximadamente: la edad que se le calcula al universo.

Es cierto, pero como detalle curioso, se me viene a la memoria que estos dos aspectos de una misma cosa –es decir, de las formas dinámicas de la materia luminosa y de la estática de la sustancia oscura- están representadas en el evangelio de Lucas, por las dos hermanas Marta y María. Se afirma que las Sagradas Escrituras tienen varios niveles de interpretación, siendo el literal el más asequible y común a la mayoría. Pues, bien, le voy a dar uno de los niveles interpretativo de este pasaje evangélico. María, como ya dije antes, estaría simbolizando el estado atemporal de las Aguas Primordiales de donde mana la vida; y Marta –Marthya en sánscrito-, cuyo significado es “lo mortal”, aludiría al “mundo de la materia mortal” o pasajera.
Verá usted que Marta lleva el mismo prefijo mar que María pero termina en ta. Este sufijo puede provenir de la letra hebrea tau que no se si sabrá es la última letra del alfabeto y significa: mundo, sendero, camino. Está asociada al planeta Saturno, el dios que rige el tiempo, y su valor numérico es 4oo. El 4 en numerología representa a las estructuras materiales, lo que vendría a significar el mundo de la materia en constante cambio, lo que nace y muere en el tiempo.

Pues ahora que lo pienso, Marta puede ser el nombre femenino del planeta Marte ¿Le dice Algo?

Naturalmente, Marte era en la mitología el dios de la guerra. Y qué es la guerra sino la muerte y destrucción de las cosas. De nuevo tenemos representado el concepto de que la materia creada es siempre destruida.

Mejor diría transformada, puesto que la materia ni se crea ni se destruye, solamente se transforma en elementos muchos más básicos que pueden ser reciclados para nuevas estructuras.

Pero teniendo como fundamento y sostén la atemporalidad de la sustancia/espacio/madre. Pues bien, como le iba diciendo profesor, en la escena que se desarrolla en casa de las dos hermanas, mientras Marta, muy trabajadora, desempeña todos los quehaceres de la casa, María permanece sentada a los pies de Jesús. Marta protesta por la actitud tan pasiva de su hermana, a lo cual, Jesús responde saliendo en su defensa:

¡Marta, Marta! Tú te afanas y te agitas por muchas cosas, pero sólo una es necesaria, y María eligió la mejor parte, que no le será quitada.”

Pienso que es una clara alusión a la sustancia permanente que subyace tras las estructuras impermanentes.

Sí, es una bella alegoría, amiga mía.

Pero hay algo más que quiero añadir, profesor. Cuando un símbolo está representando una cualidad universal, tiene su expresión en distintas escalas de la realidad. Si estamos hablando a escala cósmica de la propiedad femenina de la fecundidad –lo contemplamos en el poder fecundador de la sustancia/espacio/madre-, el universo se gesta en los abismos profundos y oscuros de la tiniebla existencial. A nivel terrestre, la fecundidad de la naturaleza se produce también en las entrañas de nuestras tierras cuando la semilla es enterrada, arropada y protegida en el espacio oscuro y húmedo que la pueda hacer germinar, para posteriormente sacarla a la luz. Igual ocurre con la gestación de un niño en el acuoso y oscuro vientre materno, con el contraste del alumbramiento o nacimiento a la luz del nuevo ser. Por eso mismo, la noche es femenina, oculta, llena de misterio, y tiene a la Luna como símbolo reinante en el firmamento de todo ese prodigio y magia del poder fecundador; son movimientos cíclicos y femeninos de la fuerza de la vida universal.

Perdone que le haga un inciso Dameb, pero ahora estoy comprendiendo por qué las mujeres habéis sido siempre un misterio para nosotros. Nos cuesta trabajo comprender vuestra alma femenina; somos atraídos hacia ella pero no la captamos bien, y es porque para los hombres ésta permanece, en cierta forma, en la oscuridad.

Al que está en la luz, le cuesta trabajo ver lo que hay en la oscuridad. Sin embargo, al que está en la oscuridad no tiene problema para distinguir lo que hay en la luz. Ciertamente, las mujeres nunca hemos tenido problema para comprenderos.
Pero ahora, escuche algo interesante que le voy a decir, profesor: al mes de las flores se le llama Mayo de Maya, y está dedicado a María. Como sabrá, el lenguaje de las flores es la expresión de los sentimientos del alma. En nuestra psique, el arquetipo femenino está simbolizado por el Alma, la cual abarca todo el abanico de la sensibilidad que el ser humano posee. Como complemento, el Espíritu, es el que representa el factor masculino del intelecto, en la búsqueda y en la superación, es nuestra parte trascendente, mientras el Alma es lo inmanente. Por consiguiente, la figura de la Virgen María como arquetipo de los valores femeninos universales, representa –además del poder fecundador de la sustancia madre y de nuestras tierras-, la fecundidad del Alma humana para producir frutos maravillosos.
Pero este modelo virginal hace resaltar una fecundidad de una calidad especial que se produce cuando el alma, tras un proceso de purificación –entendiéndose este proceso como dejar atrás, o desintoxicarse de estructuras psíquicamente insanas, caducas, limitadas e inoperantes- alcanza un nivel idóneo de aptitud, mostrando entonces, una disponibilidad, una receptividad para ser fecundada por la semilla de la inteligencia del propio espíritu que está impregnado de valores universales.
Consecuentemente, de ese proceso de integración de “las bodas entre la amada y el amado”, surge un nuevo modelo de ser dentro de nosotros. Y con ello me refiero a una cualidad universal que trasciende los límites anteriores del antiguo ego-mente. Un estado donde la inteligencia es amor, y el amor es inteligente. Es el arquetipo del héroe mitológico, de los dioses solares.., todos ellos producto de la unión entre un elemento terrenal femenino, y un elemento celestial masculino. Podemos ver también al modelo crístico, al búdico y al superhombre de Niezstche. Es la venida del nuevo ser tan anunciada por las religiones, pero interpretado no como un acontecimiento externo e histórico, sino como un proceso individual e interno.

Sí, creo que estoy de acuerdo con usted en que todos esos enunciados religiosos y las representaciones de figuras mitad divinas y mitad humanas, no son sino modelos de comportamiento más integradores, aperturas de nuestra mente imbuida de conocimiento y de valores universales. Pienso que es la dirección hacia donde tenemos que caminar como individuos y como humanidad.
Toda esa disertación suya me ha parecido sumamente interesante; pienso que debería ser tratada en profundidad y con toda riqueza de asociaciones de la que muestra ser bastante experta.

Bueno, estoy madurándolo como tema para mi próximo libro. Pero bien, retomemos el asunto en el punto en donde estábamos: se trataba de encontrarle un nombre a nuestro modelo de universo; algo que lo definiera. ¿Qué le parece el nombre de “Universo Matriz”?

Pues sí, me gusta y quizá sea ese el nombre adecuado. Contiene la letra M que era su deseo.

La letra M de matriz, madre, María, mar y materia. Todo ello, relacionado.

Pues, ¡qué bien! ya le hemos encontrado un nombre a nuestro puzzle universal: cuenta con una visión integradora, sencilla y elegante, como solemos calificar los científicos a las hipótesis que en un principio nos agradan y, por supuesto, también es un modelo familiar, ya que “cuenta con padre y madre”. Un modelo, en el cual nuestro universo no sería el único; compartiríamos la sustancia/espacio/madre con muchísimos otros mundos. Pero, si se fija bien, querida Dameb, en cierta forma estamos como al principio; no hemos hecho nada más que alejar las fronteras del velo que nos impedía ver, y esa barrera infranqueable vuelve a aparecer en la lejanía. Nos hemos permitido ir más allá del Big Bang y le hemos podido dar una explicación al origen de nuestro universo como resultado de la explosión de otro anterior. Pero ahora la pregunta es la siguiente: ¿De dónde procedió por primera vez la fuerza detonante que, incidiendo sobre la sustancia primordial, originara el Primer o Primeros Universos?

Sí, ya sé, ese interrogante ha estado golpeándome durante todo este tiempo. Pero, creo que llegado este momento querido profesor –como ya me imagino que le habrá ocurrido a la mayoría de los científicos-, no nos queda más remedio que trascender el plano puramente físico y plantearnos el lugar que ocupa la inteligencia en todo esto y su incidencia sobre la materia, o mejor dicho: ¿podemos separar esas dos dimensiones de la realidad? A mí –que estoy familiarizada con una visión más profunda e integrada de la vida-, no me cuesta ningún trabajo dar un salto desde un nivel a otro de la realidad. No obstante, entendiendo esa otra dimensión inmaterial no como una realidad espacial fuera o ajena a la propia sustancia/madre, puesto que hemos dicho que ésta sería infinita, no existiendo nada fuera de la misma, sino que habría que enfocar la realidad de la inteligencia como una propiedad, una cualidad inherente de la misma sustancia/espacio/ madre. ¿No me describió hace unos momentos el concepto de sustancia como aquello que sustenta las propiedades esenciales? Pero ya sé que la mente científica suele quedarse solamente en el campo de la materia; se suele investigar una sola cara de la moneda y, con ello, van siempre cojos; cuando una moneda es una unidad inseparable que posee dos caras.

Por supuesto que sí, pero, no crea, ya existe cierto sector de la ciencia –una pequeña minoría- que defiende una visión holística de la vida en donde la inteligencia tiene cabida; como ejemplo tenemos a David Bhom con su Teoría del Universo plegado y desplegado; a Rupert Sheldrake, con sus hipótesis sobre Los Campos Morfogenéticos. La Teoría de las Estructuras Disipativas del premio Nobel de Quimica Ilya Prigogine, apunta hacia una evolución inteligente y creadora. Y por último, ya conocerá algo de Fritjof Capra, lo popular que se ha hecho con su libro El Tao de la Física.

Estoy más o menos al corriente de todos ellos, y me interesa enormemente lo que la ciencia pueda decir hoy en día al respecto. Simplemente le voy a exponer –y de forma muy resumida- mi opinión sobre este tema. Es algo muy sencillo, como todo lo fundamental: Si el universo ha sido capaz de generar seres inteligentes, es porque la inteligencia ya estaba implícitamente en lo sustancial. Este sería un tema que ya de por sí sólo requeriría de toda una velada, pero ya es algo tarde y tengo que marcharme.



 

 

 

 

NINGUNA   SIN  LA  OTRA

Dameb: Profesor, me gustaría que hablásemos sobre las dos cualidades básicas que se manifiestan en las fuerzas fundamentales.

Profesor: Si se está refiriendo a las fuerzas universales, tengo que decirle que son cuatro: la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte, y por último, la débil. Los ciéntíficos estamos en plena investigación para integrarlas.

No, no me refiero a las propiedades de esas fuerzas, ni en qué campos se manifiestan, sino que se trata de ver cómo en cada una de ellas podríamos encontrar las cualidades masculinas/femeninas, o sea, su doble género. Cuando la vez pasada hablamos de la gravedad, se definió como una fuerza femenina en contraposición a la fuerza masculina de la expansión universal, ¿se acuerda?

Sí, ya lo recuerdo, pero la verdad es que no estoy acostumbrado a mirar las fuerzas universales bajo esa visión -¿cómo diría?- tan sexista.

Pues sería bastante interesante que empezara a hacerlo; no sé, me da la impresión de que podrían observarse cosas curiosas. Con una visión más integradora sin entrar en las particularidades de cada fuerza voy a definirle las características de la dualidad masculina/femenina. Por ejemplo: la modalidad femenina es la de atracción y contracción, una fuerza que tiende a ir hacia adentro o, mejor dicho, hacia el centro, con la idea de aglutinar o cohesionar elementos que están sueltos, mientras que la fuerza masculina va hacia fuera, hacia la conquista de nuevos horizontes, de nuevos espacios, pero también, hacia la dispersión de los elementos que estaban unidos.

Está claro que tanto la fuerza de la gravedad como la expansión responden a esos principios femeninos y masculinos. Pero si mal no recuerdo, esos principios están recogidos en el símbolo taoísta del Yin y el Yang. Como verá, no estoy tan despistado. ¿Es acaso de eso de lo que me habla?

Pues sí, la figura del Yin-Yang que tanto se ha popularizado últimamente, no es el único símbolo que recoge este principio de la dualidad universal. Pero para mí, lo interesante es ir aplicándolo, ir descubriéndolo por mí misma en muchísimos aspectos de la vida. Por ejemplo, en el nivel de los grandes espacios siderales la gravedad no tiene más remedio que ir de la mano con la expansión, más aún, no podrían existir la una sin la otra, como ya lo he comprobado en otras áreas de la vida.
Si enfocamos al universo bajo una visión de totalidad, de unidad en la que cualquier movimiento de una de sus partes afecta al resto, si algo se contrae en alguna parte del espacio es porque algo se expande en otro lugar; y por la misma razón, si algo se expande, es porque algo se contrae. ¿No debería ser así?

Bueno, déjeme que lo piense. En el caso de una estrella, si ésta explosiona y sus residuos se expanden hacia el espacio, es porque previamente ha habido una contracción de la misma. Efectivamente, pero la estrella se contrae y termina colapsada por falta de combustión nuclear en su centro, y no porque haya habido una expansión en algún otro lugar exterior a ella y que la haga contraerse, sino, precisamente por todo lo contrario, porque ha faltado la fuerza expansiva proveniente de su núcleo, gracias a la cual le permitía mantenerse en equilibrio para no derrumbarse sobre sí misma. En este caso, amiga mía, creo que no se cumple su principio.

¿Seguro? Creo que ya se ha olvidado de la sustancia madre, profesor. Se dedujo que estaba en todos sitios y que rellenaba todos los posibles “huecos” por dentro y por fuera de la materia. Ella está siempre presente, siempre presionando por todas partes; en este caso, si la estrella deja de emitir energía hacia el espacio interestelar, ahí está acechando la sustancia madre para expandirse a costa de contraer las capas superficiales de la estrella. ¡Ya está! No es que quisiera expandirse sin más. Realmente lo que trataría sería de recuperar el espacio que disfrutaba antes de la generación de la materia, cuando estaba cómodamente relajada.

¿Realmente me está insinuando que la fuerza de la gravedad existe gracias a que algo está siempre presionando? ¿Se da cuenta de lo que dice, Dameb?

Simplemente hago suposiciones, bueno, como todos los científicos, ¿o no es así?

Bueno, perdone, pero hay una pequeña diferencia, querida, usted no es científica…

Mire, profesor Norway, la mente es libre, por tanto, me permito pensar sin limitaciones mientras vea alguna posibilidad que me haga comprender el mundo que me rodea. Como verá, mi mente no me exige un reconocimiento académico para poder reflexionar, o por lo menos hasta ahora no lo ha hecho así. Por consiguiente, si ella no me pone objeción, no van a ser los prejuicios de otras mentes los que limiten mi campo interno de percepción. ¿Comprende usted?

Lleva razón, Dameb; quizá como científico me hallo sujeto por una serie de condicionantes. Importa que las hipótesis puedan ser comprobadas y corroboradas por la comunidad científica. Es normal y lo debe comprender. Usted, sin embargo, como escritora es libre de darle rienda suelta a todo el poder de su imaginación. Es lo que en cierta forma esperan sus lectores y no se le exige, naturalmente, rigor científico.

Sí, es muy evidente la diferencia de posición que existe entre los dos; no obstante, creo que habría que distinguir entre la imaginación fantástica de algunos libros sin posibilidades de contacto con la realidad, y lo que pueden ser ideas explicativas sobre la realidad, que sin ser las establecidas por una colectividad, guardan una cierta coherencia y podrían abrir nuevas perspectivas de enfoques. Por consiguiente, profesor, ¿sería muy difícil pedirle que nuestras conversaciones –que son francamente distendidas y creativas- no estuviesen presididas por la resistencia mental y por el rigor intelectual de toda una comunidad científica? Me encantaría, sin embargo, poder hablar con una persona como usted que, efectivamente, posee una formación científica para mí sumamente interesante; y con su conocimiento unido a mi tendencia analógica e intuición, podríamos intentar acercarnos a nuestro mundo con ojos nuevos, simplemente por el placer de vislumbrar otras posibilidades y relaciones que no hayan sido anteriormente contempladas. Utilice su información, profesor, pero le ruego que no se haga esclavo de ella.
Por tanto, ¿pudiera ser que entre todas las sugerencias que le hago, distinguiera las que no tienen sentido por su incongruencia e irrelevancia, o sea
, las que son “errores de bulto”? Es decir, saber discernir las que en su opinión son solamente atrevidas, inusuales o simples, pero que guardan una cierta coherencia y podrían llegar a ser otras opciones explicativas de la realidad. ¿O es que acaso, una mente verdaderamente científica no debe ser abierta y objetiva, libre de los condicionamientos educacionales, culturales, académicos y sociales de los que muy pocos escapan?

Es usted una apisonadora, amiga mía, o sea francamente aplastante. Sí, es cierto, le estaba poniendo demasiada gravedad a nuestra conversación, y es que por unos segundos sentí la cara de estupefacción que pondrían algunos colegas míos si escucharan nuestras disertaciones. Por cierto, acabo de darme cuenta de que espontáneamente expresamos el término gravedad, con connotaciones negativas. ¿Hacemos inconscientemente esa asociación debido al efecto gravitatorio de pesadez que la Tierra ejerce sobre nosotros?

Una graciosa observación para un cambio de actitud, mi querido amigo, y ya que ha sacado a colación la influencia que la gravedad ejerce sobre toda persona, podríamos observarla más ampliamente en todo su contenido. Pero antes, debiéramos volver atrás; y quisiera que me contestara sinceramente a lo siguiente: ¿por qué le suena tan disparatada la idea de que la sustancia/espacio/madre pudiera ejercer una fuerza de presión sobre la materia?

Es que el error de visión, Dameb, está en querer ver dos espacios, es decir, el pre-espacio que suponíamos existía antes de la creación compuesto de partículas /espacio, o partículas madre y el espacio conocido formado por todos los objetos celestes que llamamos “universo” y que han surgido de dicha sustancia primordial. Habíamos acordado que son las dos caras de una misma entidad. Con esto le quiero indicar que las estructuras materiales que se condensan a partir de la sustancia madre, no le roban ningún espacio a ésta última, sino que lo que llamamos “nuestro universo” bien podría ser una porción de esa sustancia madre que, habiendo sido expuesta a un estímulo energético, hubiese originado la cocción de sus partículas; las cuales, al irse enfriando han ido creando formas y estructuras sólidas. Pero el resto de la sustancia madre que no entra en ese juego creativo, permanece en su sitio. Por tanto, no tenemos por qué pensar que tendría que darse una contracción de la sustancia/espacio circundante a todo objeto espacial, y que por este hecho, dicha sustancia primordial estuviese presionada. A menos que…

¿A menos qué, profesor?

Algo muy sencillo; a menos que la densidad de la sustancia/espacio/madre fuera mayor que la densidad de la materia que conocemos. Por ejemplo, este fenómeno ocurre curiosamente en el caso del agua con respecto al hielo. El agua es más densa que el hielo, aunque éste sea sólido. Pero el agua, al cristalizarse aumenta de volumen porque sufre una dilatación debido a la nueva estructura molecular que adquiere. Conocemos familiarmente el efecto de este fenómeno cuando metemos una botella de cerveza en el congelador y se nos olvida sacarla. El hielo, de esta manera, ocupa más espacio que cuando el agua estaba en estado líquido; si el agua tiene sitio en donde expandirse, no pasa nada, pero si está contenida en un espacio cerrado como el de una botella, y se condensa todo el líquido que hay dentro, puede llegar a romperla. ¿Cómo nos imaginamos, pues, nuestra matriz cósmica, querida Dameb?

Bueno, hemos pensado que la sustancia/madre es una totalidad infinita, sin límites, ante lo cual no puede haber nada fuera de ella, es la pura existencia. Entonces, aunque no la podamos definir como un espacio cerrado como es el de una botella –porque caeríamos en la contradicción de pensar que fuera de ella existiría otra cosa ocupando otro espacio-, actuaría como si estuviese contenida dentro de un recipiente, lo ocuparía todo, puesto que no habría nada más que ella misma.

Exacto, para el caso es igual, no tendría más espacio adonde desplazarse y, en este caso, cuando algo cuajara en su seno –lo cual originaría, como en el ejemplo del agua, una dilatación de alguna parte de su sustancialidad- debería producirse, en consecuencia, una tensión alrededor de lo condensado.
Hasta aquí puede ser coherente, pero ahora toca explicar por qué ocurre el fenómeno de la dilatación de las partículas/espacio al ser energetizadas. Como verá Dameb, ahora ya no nos sirve el modelo del agua, puesto que no estamos hablando ni de moléculas ni de espacios vacíos entre ellas, por el que se origina la mayor voluminosidad del hielo con respecto al agua. Estamos todavía analizando un pre-universo.

¡Claro, ya le entiendo! Ahora se trata de encontrar una razón por la cual una partícula energetizada tenga que ocupar más espacio que una partícula no energetizada de la sustancia/espacio/, para que esta última quede comprimida al no tener más sitio adonde desplazarse.
Vamos a ver… Usted dijo que la partículas de la
sustancia/espacio/madre estaban en estado neutro, ¿verdad? Bueno, pues esa neutralidad yo la interpreto como que cada partícula/espacio que la conforma lleva incorporada una dualidad masculino/femenina, o sea; es hermafrodita. Cuando es estimulada la mínima parte de la sustancia espacial, - una partícula/espacio-, ocurre algo parecido a cuando una semilla se abre al ser plantada: se desdobla en dos partes, una son las raicillas que van hacia adentro y permanecen protegidas en la oscuridad de la tierra –que sería el factor femenino-, y la otra, el pequeño tallo que sale a la luz o factor masculino. Pero esos elementos de la semilla mientras no fuesen vitalizados permanecerían replegados como una unidad indiferenciada y formando parte de la homogeneidad de la sustancia/espacio/madre.
De este modo, nuestra sustancia/madre compuesta de unidades de partículas-semillas sería –como apuntamos en otra ocasión-, un espacio estático, existiendo en un tiempo parado o atemporal, puesto que no existirían puntos de referencia alguno, sino sólo la pura existencia callada y tranquila. Es la no-existencia si la comparamos con todos los fenómenos que empezarían a desplegarse en los múltiples procesos y fases dimensionales de espacios y de tiempos que más o menos se conocen.

Lo que quiere decir, entonces, es que cada partícula/espacio o partícula/madre podría ser un potencial en estado neutro, y que dicho potencial se desdoblaría en una diferenciación de su contenido al ser estimulado por una fuerza que le incidiera. Al desplegarse –expansión-, presionaría al espacio/madre alrededor de ella originando una tensión –contracción-, que se iría transmitiendo por toda la sustancia espacial, aunque disminuyendo proporcionalmente en la distancia. Es lo que originaría el fenómeno de la gravedad. Más aún; la fórmula que se utiliza para calcular la fuerza que la gravedad ejerce sobre cualquier cuerpo celeste, seguiría siendo válida para calcular la presión que la sustancia/espacio ejercería alrededor de dicho objeto. Porque podríamos estar hablando de la misma fuerza, pero contemplada desde otra perspectiva. La idea que planteamos se basa en un principio físico muy simple: a toda acción corresponde una reacción en sentido contrario.

¿Entonces, sería posible este nuevo planteamiento?

Déjeme que me sitúe un poco más. Según nuestro modelo, todo cuerpo espacial estaría sumergido en la sustancia/espacio/madre, la cual adoptaría alrededor de dicho cuerpo la configuración que éste tuviera. Si los cuerpos celestes son esféricos, la sustancia espacio se curvaría contraída alrededor de dicho objeto. Es lo mismo que si introducimos una bola en agua, ésta última adquiere forma curva alrededor de la misma.
Curiosamente este planteamiento me recuerda en cierta forma a la Teoría de la Relatividad General de Einstein acerca de su explicación sobre el fenómeno de la gravedad debido a la curvatura del espacio que no tiene por qué anularla, sino que la amplia dándole una explicación al origen de la curvatura espacial.

¿Me la podría ampliar, por favor?

Einstein no anuló la fórmula de la gravedad que postuló Newton. Lo que hizo fue dar una explicación a dicho fenómeno. Dijo que la gravedad se debe a un alabeo del espacio y, por consiguiente, del tiempo. El símil para comprenderlo es el siguiente. Imagínese una red plana en donde colocamos una bola pesada, veremos que la red se comba alrededor de ella. Si lanzamos una bolita pequeña por la red en línea recta, cuando llegue a la altura de la bola grande donde está la comba, la bolita se moverá recorriendo una línea curva alrededor de la bola grande. Pero si la lanzamos con la orientación y la velocidad adecuada podrá seguir girando recurrentemente alrededor de la gran bola. Aplicado al espacio, lo que ha hecho la bolita es ponerse en órbita, igual que hace la Tierra alrededor del Sol y la Luna alrededor de la Tierra.

Entonces, no es lo que siempre se ha creído sobre el funcionamiento de la fuerza de la gravedad que se origina porque la materia atrae a la materia.

En la práctica ocurre así, pero no es por la influencia directa de la masa del Sol sobre la Tierra, sino porque el espacio se curva alrededor de cualquier objeto.

¿Pero qué ocurriría en los espacios en donde no se encuentra ningún cuerpo espacial? No tendría por qué ser curvo.

Así es, la sustancia/espacio/madre no tendría por qué adoptar ninguna forma determinada si no hay ninguna estructura que la altere. En dicho espacio aparentemente vacío del cosmos, la sustancia primordial al no estar presionada, no opondría resistencia alguna; sería una sustancia relajada, produciéndose así el fenómeno que conocemos como ingravidez.

Pero fíjese que acabo de mencionar la existencia de un aparente espacio vacío. El concepto de vacío es el término que solemos utilizar los científicos para designar la vacuidad del espacio. Pero según la visión de la que partimos, tal vacuidad sería sólo aparente, ya que la realidad sería que la totalidad del espacio estaría compuesto por una sutil sustancia madre.

Y ahora que pienso en ello, me estoy dando cuenta de que uno de los principales puntales en los que se apoya la ciencia se basa en el cálculo de Einstein sobre la velocidad de la luz; ésta debería moverse a trescientos mil kilómetros por segundo en el vacío. Pero según nuestra visión, jamás alcanzaría dicha velocidad, puesto que estaría viajando incluso en las condiciones más óptimas, en un medio muy sutil como sería la sustancia/madre. En otros términos sería la resistencia del vacío. Es más, en el espacio en donde la sustancia/espacio/madre está contraída por su cercanía a un objeto, la luz debería encontrar mayor dificultad en su desplazamiento que cuando viaja por un espacio vacío de objetos, puesto que en dicho espacio sus partículas estarían “relajadas” en relación a las que están contraídas y pondrían menos resistencia al desplazamiento de los fotones.

Y ahora dígame: ¿Le sigue resultando tan disparatada la idea de que la fuerza de la gravedad sería la consecuencia de la presión que ejerce la sustancia madre sobre todo objeto espacial?

En nuestro planteamiento sobre la gravedad y a diferencia de la Teoría de Einstein, nosotros añadimos un segundo factor; y es que la sustancia/espacio/madre contraída alrededor de un objeto ejerce presión sobre éste, con lo cual nos encontramos con otra causa adicional muy sugerente. Para colmo, sería bastante curioso que mediante esta nueva perspectiva de enfocar la gravedad, se pudiera resolver una de las incógnitas que la ciencia hoy día no ha logrado aún dilucidar, porque he de confesarle que, en principio, la gravedad sigue siendo para nosotros una especie de misterio. Resultaría increíble que sus intuiciones fuesen ciertas, mi querida amiga.

No me extraña que para vosotros la fuerza de la gravedad sea un misterio, como con casi todo lo relacionado con lo femenino.

¡Vaya! Pero ¿sabe cuál es el misterio? Pues, precisamente, por qué la gravedad a diferencia de las otras fuerzas como, por ejemplo; la electromagnética, sólo muestra un aspecto: el de atracción y jamás el de repulsión.
Y como ya comprenderá, este dilema quedaría resuelto si lo miramos según una visión relativista, como diría Einstein: dependiendo del lugar en donde se situara un observador podría percibir dicha fuerza como de atracción o como de repulsión. Algo parecido a la corriente magnética de los polos de un imán. ¿De acuerdo?

Totalmente, entendiendo además que la causa de la repulsión ejercida por la sustancia/espacio se debe a su necesidad de expandirse, de ocupar el espacio que previamente tenía antes de ser comprimida por la estructuración de la materia. Realmente sería una lucha titánica en el espacio y por el espacio. La expansión de una, sería la contracción de la otra y viceversa.
Esto me suena muy divertido. Imagínese, por ejemplo, que yo fuese el planeta Tierra: estaría convencidísima de mi poder de atracción; cualquier objeto celeste que pasase por mi campo de influencia no se resistiría a mis encantos y caería atraído irremediablemente hacia mi cuerpo, ignorando que, rodeando mi piel, tendría toda una sustancialidad oscura contraída y ejerciendo una presión con respecto a mí. Como mi cuerpo se habría ido formando y engrosando a costa de comprimirla, me arrojaría luego, vengativamente, todo meteorito que entrase en su campo de presión para producirme abolladuras en mi piel. ¡Cómo cambia la historia!

Sí, realmente hay que reconocer que es todo un drama cómico-cósmico entre la dama de día y la dama de noche.

Bueno pero, ¿qué le parece si hiciéramos una lectura más armoniosa de esas relaciones entre fuerzas universales sin proyectarle nuestros resentimientos humanos? Definiríamos esa mutua relación como “un dar y un recibir”.

Si continuamos con el ejemplo de la Tierra, como con el de cualquier objeto espacial, nuestro planeta sería el cuerpo receptor de la influencia ejercida por la sustancia primordial, gracias a la cual, se mantendría en su órbita para así no chocar con ningún otro planeta del sistema solar. Sería algo parecido a la presión ejercida por cinturones que mantienen en su sitio a los cuerpos celestes.

Prefiero utilizar una expresión más maternal: sería como un abrazo protector de la sustancia madre hacia cada uno de su progenie planetaria.

Existe la suposición de que la Tierra y demás planetas se formaron precisamente de la fusión de meteoros. Nuestro incipiente –y aún gaseoso- planeta fue agrandando su diámetro gracias a las colisiones del material espacial que penetraba dentro de su campo de gravedad. Según el lenguaje que usted emplea, lo podemos interpretar como que la sustancia madre se preocupaba de suministrarle alimento a sus diferentes pequeñines para que crecieran y se hiciesen adultos. ¿Está más conforme así, querida mía?

Me encanta, profesor, pero las influencias siempre son mutuas. Entonces, ¿Qué influencia puede ejercer la Tierra sobre la sustancia madre? O, mejor dicho: ¿cuál es la correspondencia que un hijo ejerce sobre su madre, si no es la pura satisfacción de esta última por ver el resultado de su creación?

Pues mire, no anda desencaminada. Por principio natural, la onda de luz y el calor siempre tienden a expandirse. Entre dos cuerpos –uno caliente y otro frío-, el primero calienta al segundo. De modo que se debería producir una trasvase de luz y calor de toda materia espacial hacia la sustancia madre. Debido a este rozamiento, la sustancia madre que rodea la superficie de toda estructura material debería poseer un nivel de temperatura un poco más cálido que la sustancia madre restante que permanece relajada. Es la cualidad que adquiere por el hecho de estar comprimida.

Veámoslo desde la perspectiva de la concepción humana: toda estructura material, todo hijo salido de la matriz cósmica, le proporciona algo de luz y calor a la sustancia madre, esto es; le transmite alegría y vida a su existencia aunque, por otro lado, tenga que pagar el precio de estar en tensión. Pero esa parece ser la ley de la vida: siempre estamos pagando un precio por algo, aunque sea por el hecho de ser madre.
Cada día que pasa, profesor, experimento más vivamente que al universo hay que contemplarlo como una unidad, como un solo cuerpo compuesto de múltiples niveles que interaccionan entre sí. Nada puede ocurrir en uno de sus componentes sin que se vea afectado el resto. Básicamente es la idea de unidad que encontramos en las tradiciones de sabiduría; sé que también la ciencia más avanzada, apunta hoy día hacia esa dirección.

En efecto, esa es una de las visiones vanguardistas de la ciencia y ante la cual yo me siento inclinado.
Por otra parte, Dameb, hay que deducir lógicamente que la oscuridad de la sustancia madre estuviese penetrando no sólo a todo cuerpo celeste sino que también estuviese permeando a toda estructura microcósmica. Por ejemplo; cubriría el gran vacío existente entre el núcleo del átomo y sus electrones. Siendo de esta manera, nos puede llevar a la sospecha de que lo que llamamos fuerza electromagnética sea uno de los resultados en dicho nivel del mismo juego de fuerzas duales que presumimos que ocurre en el cosmos.
Por ejemplo; la densidad de la masa del núcleo del átomo es muy superior a la nube de electrones que lo rodea, ante lo cual, éstos son atraídos hacia el núcleo, ya que se encontrarían sometidos a la presión que la sustancia/espacio/ madre contraída ejercería sobre el núcleo del átomo.
El mismo fenómeno ocurriría con la fuerza nuclear fuerte que es la responsable de mantener cohesionados a las partículas subatómicas dentro del núcleo atómico. ¡Quién sabe si esto pudiera ser una posible pista que condujera a una visión unificada de las fuerzas! Tendrían todas un mismo origen; la posible presión ejercida por la sustancia/espacio contraída sobre las diferentes estructuras de la materia.
¿Sabe, Dameb, que todo esto me está resultando muy sugerente? Se me está abriendo un gran abanico de posibilidades y tendré que pensar en ello más detenidamente. ¡Ah! y por supuesto, no me olvidaré de poner en funcionamiento mi mente analógica. ¿Le parece una buena actitud, amiga
mía?

¡Magnífica, genial! Me alegra muchísimo que estas charlas le vayan sirviendo para algo.

Para algo no, quizá sea para mucho.

Pues ¿sabe, profesor, que lo que más me atrae de lo último que ha comentado es la idea de que la sustancia madre podría estar interpenetrando nuestros propios cuerpos? Estaríamos así abrazados por fuera y por dentro, en cada partícula corporal, por la sustancia/espacio/madre. Posiblemente sea debido a eso por lo que nuestros cuerpos están contenidos estructuralmente y no se desparraman por el espacio.

Ya, pero si apretase demasiado, esa misma fuerza omniabarcante nos desintegraría. Sería un abrazo mortal.

¿Le importaría que ahora nos centráramos en la influencia que la fuerza de la gravedad puede ejercer sobre el ser humano? Me interesa bastante.

Bueno, ya lo descubrió Newton cuando observó una manzana caer del árbol. Todos estamos sujetos a las influencias que la fuerza gravitatoria de la Tierra ejerce sobre cualquier objeto. No podemos evadirnos de esa influencia “hacia el centro” de la Tierra; en cierta forma nos hace sus prisioneros, a menos que nos impulsemos hacia arriba con una fuerza de escape superior a la fuerza de atracción ejercida por ella.

Lógico, es muy evidente, pero ahora le voy a sugerir otra cosa. Si estamos sometidos físicamente a la influencia gravitatoria, ésta también debe ejercer su poder en nuestra psique. Se trataría de encontrar en el comportamiento humano una referencia del funcionamiento de La Ley de la Gravedad

Vamos a ver. Como ha definido que la fuerza de la gravedad es una fuerza femenina, pues está claro querida: la encontramos en la atracción que ejercen las mujeres para retener a los hombres e impedir que estos se escapen de su campo de influencia.

¡Uy!, creo que podemos entrar en una guerra de sexos, profesor. Pero no puedo resistir la tentación de replicarle a su aguda observación, añadiéndole, que, sin embargo, los hombres que quieren retener a las mujeres, no lo hacen utilizando sus encantos, sino más bien por la fuerza bruta.

Bueno, bueno, vamos a dejar tan peliaguda cuestión y ordenemos nuestras ideas en otra dirección. Bien, Dameb, queremos saber de qué modo estamos influenciados en nuestro comportamiento por las fuerzas del universo, ya que somos elementos componentes del mismo. ¿No es eso?
Pues bien, en principio tenemos que partir de la base de que todo el universo está en expansión. Es un hecho comprobado que las galaxias están viajando y separándose unas de otras. Si miráramos con los telescopios hacia atrás en el tiempo, podríamos contemplar que estaban muy juntas. Este fenómeno corrobora la hipótesis de la gran explosión y de que el universo está todavía bajo los efectos de ese detonante aunque esta diáspora universal no ha impedido que al mismo tiempo, y gracias a la fuerza de la gravedad, se hayan ido conformando todos los cuerpos celestes que habitan en el espacio. Realmente estamos hablando del mismo juego simultáneo entre partículas/espacio que se abren –expansión-y entre partículas/espacio que se contraen –contracción.

Bien, profesor, antes de seguir adelante, vemos que ya tenemos localizadas las dos fuerzas fundamentales de la creación universal: la de expansión, en tanto que factor masculino, se puede definir como la necesidad de conquistar nuevos espacios, de ampliar nuevos horizontes, en resumidas cuentas; de ir más allá de donde uno se encuentra, tanto en los aspectos cuantitativos como cualitativos de la vida.
Y la fuerza de atracción, como factor femenino que es, se la puede reconocer justamente por lo contrario. Es la tendencia a crear lazos, estructuras, a conservar y a mantener lo que existe, es la necesidad de arraigar frente a la aventura de lo desconocido. Como vemos, la fuerza de atracción se puede sentir en una dirección que va hacia adentro o hacia el centro; mientras que la de expansión va hacia fuera, a la ampliación de los límites, y también hacia la dispersión.
Empezaremos por la fuerza de expansión. ¿Cómo nos afecta?

Bueno, creo que es muy evidente, Dameb, que todos nos queremos expandir, hay miles de forma de hacerlo ya que es nuestra tendencia natural. Los países, pretendiendo agrandar sus fronteras y su poder de dominio sobre otros mediante la invasión y conquista por las armas y hoy día por el mercado libre. La economía de las naciones, de las empresas y de las personas sigue esa misma línea expansiva. También la ciencia, en su búsqueda de nuevos inventos y de más amplios horizontes. La llegada del hombre a la Luna y los proyectos espaciales se deben a la misma causa. Creo que es algo connatural a la misma naturaleza humana el quererse expandir.

Fíjese qué interesante es el planteamiento al que nos puede conducir este principio de expansión. Si comparamos al hombre que llamamos materialista porque su motivación en la vida es aumentar su capital con el hombre que vive con una inquietud espiritual, también en este último encontramos esa necesidad de querer ir a más. Aspira a ser más perfecto, a tener más consciencia o más conocimiento y sabiduría. La diferencia en el desarrollo entre uno y otro estriba en que mientras el primero emplea sus fuerzas en poseer más bienes materiales, el otro la emplea en conseguir más bienes espirituales. Y, como consecuencia, los frutos de uno y otro serán, desde luego, muy diferentes. Aunque bajo la perspectiva cósmica, los dos están actuando según y condicionados por la misma ley. Por consiguiente; podemos afirmar que el principio de expansión es común al mundo material y al espiritual ¿correcto?

Indiscutiblemente, a pesar de que pueda resultar extraño a más de uno la deducción a la que nos lleva este principio expansivo. Y si, como parece, es común a todos los humanos, esto significa que este principio no pertenece exclusivamente a ninguno de esos dos mundos; ni al de la materia ni al del espíritu, sino que se encuentra más allá de los dos. Podríamos afirmar que los trasciende en otro orden de realidad.

Entonces, profesor, vamos a imaginarnos un triángulo. En cada uno de los dos vértices de abajo, unidos por la línea horizontal, ubicamos la dualidad materia y espíritu, una dualidad que se complementa, entendiéndose la búsqueda espiritual como las aspiraciones más nobles, inteligentes y trascendentes que pueda poseer el ser humano. En el vértice de arriba colocamos el principio de expansión; éste se proyecta a través de los dos lados del triángulo, sobre la dualidad espíritu/materia, pero su auténtica naturaleza no corresponde verdaderamente a ninguno de esos dos aspectos de la vida. De este modo, la cualidad expansiva pertenece a otro orden, a una ley natural que unifica los dos extremos inferiores del triángulo. Veamos ahora qué ocurre con la fuerza de atracción: el otro modelo universal.

Sin esta fuerza -la gravedad-, no habría sido posible crear estructura alguna. Pasados los primeros momentos de turbulencia de la explosión primigenia, las ondas expansivas habrían dispersado indefinidamente a las partículas elementales que entraron en juego en esos primeros segundos del inicio universal y, como consecuencia, no se habrían podido conformar los primeros enlaces subatómicos ni las grandes nebulosas; no estaría el firmamento poblado de estrellas. Gracias a la fuerza de atracción tenemos un cielo que contemplar, un sol que nos da vida, una tierra firme en donde habitar y unos cuerpos para experimentar todo este milagro de la creación.

Por tanto, tenemos que interpretar esta fuerza femenina en el modelo humano como la tendencia innata a agruparse, a crear lazos: sean éstos de pareja, familiares, amistosos, políticos, religiosos, sociales, y empresariales. En fin, todo tipo de organización humana, puesto que traemos instintivamente la necesidad de relacionarnos. Naturalmente habría que combinar, a continuación, estas dos fuerzas básicas -atracción y expansión- puesto que nunca van separadas. Es decir, cualquier estructura humana busca, asimismo, su propia expansión. Y de ahí seguramente surge el conflicto con otras estructuras que pretenden lo mismo.

No vaya tan deprisa, Dameb, y pongamos un poco de orden en todo esto. Vamos a ver; creo que podríamos confundir la expansión con la dilatación, realmente son conceptos muy parecidos pero contienen matices diferentes. Por ejemplo; un órgano –el corazón-, se dilata y se contrae; también se produce el mismo fenómeno en los cuerpos de materia inorgánica, como la madera entre otros. Pero en ninguno de los dos ejemplos se produce un rompimiento ni un enriquecimiento de sus propias estructuras; son movimientos temporales y cíclicos. Más tarde o más temprano, el cuerpo vuelve a recuperar su misma posición.
Y con el ejemplo de las fuerzas expansivas, habría que verlas mejor como emisiones de radiaciones, como ondas viajando. Es el aspecto energético que muestra la naturaleza.

Por lo que deduzco según sus palabras es que el fenómeno cíclico de contracción/dilatación está más en consonancia con el aspecto material del universo, o sea, con la cara femenina de éste, llámese sustancia oscura o posteriormente materia. No obstante; la materia lleva nuevamente incorporada el modelo masculino que actúa en la fase de dilatación de cualquier objeto en contraposición a la contracción.

Si usted interpreta el aspecto de la dilatación de la materia con connotaciones masculinas y la contracción como femeninas, estoy de acuerdo, pero sigamos con la exposición que le estaba haciendo.
Ahora bien, pueden producirse fuerzas de emisión porque un objeto salte en mil pedazos. En este caso, además de emisiones de ondas, hay también materia que sale despedida hacia el espacio, materia  que conformaba la propia estructura del cuerpo que se rompe. Puede consistir tanto en el desecho material de una estrella que explosiona, como en el de una bombilla que estalla. Indudablemente, la materia se ha expandido en esos dos casos, pero a costa de destruir los lazos estructurales que la mantenían como una unidad con identidad propia. Ya no podríamos hablar de estrella ni de bombilla, sino de la desintegración de ambas. ¿Comprendido?

Perfectamente.

Bueno, pues ahora vamos a contemplar otro comportamiento de la materia. Hemos visto cómo se dilata y se contrae sin perder su propia identidad estructural en el caso del corazón. También, hemos visto cómo la materia se expande a costa de romper su estructura y perder sus propiedades: una bombilla que estalla. Y por último vimos cómla materia va engrosando su propia estructura, esto es, cómo va ampliando o haciendo crecer su cuerpo porque, metafóricamente hablando, se está nutriendo. Un niño crece porque se alimenta. Y una estrella, en su etapa de formación va agenciándose la materia espacial que va atrayendo de su entorno, siendo así cómo va aumentando su volumen y creando su propia identidad.

Son muy interesantes sus observaciones, me ayudan a organizar mis propias ideas. Entonces, mi pregunta es la siguiente: ¿A esta última modalidad de crecimiento de una estructura, la podemos ubicar dentro de la expansión?

Como entra dentro de un proceso de desarrollo y enriquecimiento, entonces si la podemos ubicar con total derecho, dentro de la línea expansiva, en donde la estructura se va agrandando y su identidad se va confirmando. Si se fija bien, dicha expansión no podemos desconectarla de su complementaria, la fuerza de atracción. Una estructura se amplía porque atrae componentes de su entorno creando nuevos lazos. En resumen: porque se nutre.

Volvemos a lo mismo, profesor; la expansión se produce porque se da una atracción. ¿Atraer hacia uno mismo es una forma de expansionarse? Sin embargo, algo me llama poderosamente la atención. ¿Cómo ubicar en todo esto la fuerza del amor? ¿No es éste, acaso, una fuerza que va de dentro hacia afuera, puesto que consiste en dar más que en recibir? A primera vista, parece que en todo esto hubiese algo que no encaja. Se me están arremolinando multitud de ideas, de sugerencias pero, prefiero asentarlas. Cuando mi mente se excita de esta manera prefiero dejarla reposar. Más adelante, cuando en algún otro momento esté relajada, seguro que obtendré la contestación que necesito. Así me ha ocurrido en muchas otras ocasiones.

¿Le sirvo, entonces, otra taza de té?

Sí, por favor.


 

 

 

 

YO SOY EL CENTRO  

Profesor: Quizá pudiera serle interesante para sus investigaciones metafísicas, Dameb, contemplar la idea de que el universo no tiene centro. ¿Conoce esa teoría?

Dameb: Sí, algo conozco, pero ya que me lo ha sugerido, podríamos trabajarla juntos y así llegar a ver las posibles implicaciones que esta realidad pudiera ejercer sobre nuestras propias vidas. Pero, primero quiero escuchar su exposición.

La causa de que el universo no tenga centro parte del alejamiento de las galaxias. En la medida en que nuestros telescopios se van haciendo más potentes, podemos mirar cada vez más lejos en el espacio. Y “mirar lejos”, significa mirar hacia atrás en el tiempo, ¿comprende? Bueno, pues en las observaciones que se han llevado a cabo, se ha comprobado que las galaxias se están separando unas de otras, indicando con esto que anteriormente estaban más juntas. El símil que mejor lo explica es el del globo: Pintamos una serie de puntitos en un globo desinflado. A continuación lo vamos inflando, y conforme se va hinchando, los puntitos se van separando entre ellos. Todos se alejan de todos. De modo que, si estuviésemos observando desde uno de esos puntitos tendríamos la sensación de estar ubicados en el centro del globo. Pero, esa misma sensación la tendrían otras personas situadas en otros puntos del mismo. Es el espacio el que se va expandiendo y, en esa expansión, las galaxias parecen que están viajando y separándose unas de otras.

Lo que me acaba de exponer, profesor, encaja perfectamente con nuestro modelo de Universo Matriz

Ya lo veo, pues confirma nuestra visión de la materia universal expandiéndose teniendo como soporte la sustancia/espacio/madre.

¿Sabe usted, que esta sensación de sentirnos ubicados en el centro del universo tiene su correspondencia en los niveles psicológicos? Es evidente que cada persona se mueve en un radio de acción y de influencias muy diferentes durante su vida. Mientras un individuo puede ser el presidente de una nación, otro es un ciudadano normal que trabaja en una de tantas empresas. Pero, para cada ser humano, la vida gira en torno a sí mismo, y todos los acontecimientos que experimenta en su vida, ocurren respecto a él.

Amplíeme ese punto según el cual las cosas acaecen siempre con referencia a uno mismo.

Bien, de eso se da uno cuenta en la medida en que se va despertando la conciencia sobre sí mismo. Se observa que todo el entramado de la vida nos sirve para experimentar, pues en mi opinión somos los creadores de nuestra propia realidad. Cuando inconsciente o conscientemente queremos vivir determinada experiencia, la vida nos la proporciona atrayéndonos los eventos y las personas idóneas para que la vivamos. Todas las personas que aparecen en nuestra vida, sin tener conciencia de ello, nos sirven de aprendizaje.
Por ejemplo; en nuestras conversaciones, yo aprendo de usted, pero a la vez, usted de mí. Algunas personas nos hacen sufrir: es una forma de aprendizaje para hacernos más conscientes, más profundos. Debido al sufrimiento que nos interioriza, indagamos, nos damos cuenta de cosas que antes no veíamos y a plantearnos otras muchas más. Se dice que el hombre que está internamente dormido aprende a base de palos y el que está despierto aprende sin necesidad de ellos. Cuando amamos a alguien y nos entregamos, seguimos siendo nosotros lo más importante, porque esa persona a la cual amamos, es la que nos está dando la oportunidad de conectar con un espacio interno de nosotros en donde se origina el amor. Es decir, una relación nos estimula esa frecuencia amorosa que muchas veces tenemos aletargada y, por consiguiente, somos los primeros beneficiados en sentir la gratificante energía que nos producen las endorfinas del amor.

Mirándolo de la manera en la que lo está enfocando, diríamos que todos existimos gracias a todos, y que siendo cada uno de nosotros el centro de su propia existencia, nadie es más importante que otro.

Por supuesto, el problema radica en que a veces nos olvidamos de que los demás son para ellos mismos también los más importantes. Ese olvido es fuente de conflictos, competitividad, rivalidad y odio.
¿Se ha preguntado alguna vez por qué nos cae tan mal alguien que alardea de su importancia personal, que intenta acaparar la atención de los demás donde quiera que esté? ¿Es que acaso lo sentimos como una usurpación de terreno de nuestro ego?
¡Ya está! Tiene que ver con el mismo funcionamiento de las partículas/espacio. Como es arriba es abajo y en todos los sitios a la vez.

¿Cómo es eso?

A ver si lo pongo en pie. Nuestro sustancia/espacio/madre está lleno. Luego, si una partícula se despliega y se expande es gracias a las de alrededor que ceden parte de su espacio contrayéndose momentáneamente. De esta forma las que están en la oscuridad contraídas, sirven de sostenimiento para que las desplegadas puedan expresar su contenido. En otro momento ocurrirá el caso contrario. Lo que es interesante saber es que en dicho nivel cosmológico, al estar todo dentro de la conciencia global del ser infinito, no hay problemas. Todo se produce dentro de un juego amoroso.
Pero, ¿qué ocurre a nivel humano? En este nivel hemos perdido esta conciencia global y vivimos en la separación que produce la fracción.

Pero en nuestra realidad cotidiana hay espacios vacíos y ocupados, porque ¡hay veces que luchamos por coger los mejores puestos en cualquier espectáculo!

No, no se trata del espacio físico, sino del anímico. A nivel de alma somos una unidad, al igual que la sustancia madre lo es. Luego, si alguien presume y se autovalora más de la cuenta, es a costa del espacio anímico de los demás.

Su planteamiento sigo llevándolo al terreno físico. Es cierto que a nivel de la musculatura corporal, cuando un músculo se extiende, otro lo compensa contrayéndose. En un autobús, por ejemplo, en el que están los asientos delimitados para cada persona y distribuidos de dos en dos, si alguien tiene un cuerpo demasiado voluminoso, la persona que le toca al lado va a estar verdaderamente incómoda. ¿Entonces, usted cree que eso también ocurre en el plano psicológico?

¡Y tanto que ocurre! A no ser que la persona ceda generosamente parte de su espacio anímico, como ocurre en la sustancia/espacio/madre.

¿Y, por qué habría de hacer eso?

A ver si lo pongo en pie. Nuestro sustancia/espacio/madre está lleno. Luego, si una partícula se despliega y se expande es gracias a las de alrededor que ceden parte de su espacio contrayéndose momentáneamente. De esta forma las que están en la oscuridad contraídas, sirven de sostenimiento para que las desplegadas puedan expresar su contenido. En otro momento ocurrirá el caso contrario. Lo que es interesante saber es que en dicho nivel cosmológico, al estar todo dentro de la conciencia global del ser infinito, no hay problemas. Todo se produce dentro de un juego amoroso.
Pero, ¿qué ocurre a nivel humano? En este nivel hemos perdido esta conciencia global y vivimos en la separación que produce la fracción.

Pero en nuestra realidad cotidiana hay espacios vacíos y ocupados, porque ¡hay veces que luchamos por coger los mejores puestos en cualquier espectáculo!

No, no se trata del espacio físico, sino del anímico. A nivel de alma somos una unidad, al igual que la sustancia madre lo es. Luego, si alguien presume y se autovalora más de la cuenta, es a costa del espacio anímico de los demás.

Su planteamiento sigo llevándolo al terreno físico. Es cierto que a nivel de la musculatura corporal, cuando un músculo se extiende, otro lo compensa contrayéndose. En un autobús, por ejemplo, en el que están los asientos delimitados para cada persona y distribuidos de dos en dos, si alguien tiene un cuerpo demasiado voluminoso, la persona que le toca al lado va a estar verdaderamente incómoda. ¿Entonces, usted cree que eso también ocurre en el plano psicológico?

¡Y tanto que ocurre! A no ser que la persona ceda generosamente parte de su espacio anímico, como ocurre en la sustancia/espacio/madre.

¿Y, por qué habría de hacer eso?

Simplemente por identificación, admiración, entrega, o sumisión a la persona que ocupa más espacio del que le corresponde. Usted, ¿por qué cree que todos los líderes, políticos, religiosos, o personajes de fama suelen ser tan potentes y poseen tanta energía en su personalidad?

Claro que los que entregan parte de su espacio anímico a su líder, están viviendo con su identificación la vida estimulante que el líder les proporciona. En verdad, les puede resultar compensatorio.
Lo cierto es que para bien o para mal, no podemos sustraernos a la evidencia de ser uno mismo nuestro principal punto de referencia, y no puede ser de otra manera. Por ejemplo; cuando hablamos de altruismo y de amor desinteresado esto es cierto en cuanto no pedimos nada a cambio a la otra persona; damos un vaso de agua gustosamente cuando alguien nos pide de beber. En caso extremo podemos arriesgarnos a salvar a una persona desconocida que está en peligro. Es el impulso natural que traemos -y como usted muy bien ha señalado-, existe una realidad inherente en el acto de amar que nos beneficia de inmediato, queramos o no queramos. Si el acto de amar no llevara inherente ese beneficio anímico, difícilmente podríamos ser amorosos. La biología nos da unas enseñanzas muy claras al respecto. Toda acción hecha con amor es alimento para el bienestar del cuerpo y la mente. Su contrario: el desamor, la ira, el odio, son venenos para el buen funcionamiento biológico y psíquico.

Quizá, ahora encuentre la explicación de por qué cuando cumplimos con alguien o con algo por imposición, por un guardar la imagen ante los demás y ante nosotros mismos –esa actitud que no es natural-, acaba dejándonos anímicamente mal. Si es un comportamiento mantenido, acaba agotándonos por el esfuerzo que estamos haciendo. Es por ese mismo comportamiento forzado por lo que necesitamos ser compensados de alguna u otra forma por los demás; esperamos agradecimiento y nos sentimos frustrados e incluso heridos cuando no nos corresponden. Todo el conflicto se crea porque desde nuestro interior no hemos conectando con la frecuencia del amor; una frecuencia que es esencialmente energetizante, saludable y beneficiosa. La química que se produce en nuestro organismo es inmediata y se genera en el mismo acto de amar. Es, por consiguiente, un acto completo en sí mismo y no necesita ser compensado ni reconocido por nada ni por nadie. Jesús conocía perfectamente la naturaleza egocéntrica –no egoísta- del ser humano, cuando pronunció la conocida frase de “Ama a tu prójimo”, pero a continuación puntualizó cómo deberíamos amarlo “Como a ti mismo”. Es decir, el punto de referencia, la base, la situó en el interior de cada uno de nosotros.
En la última charla que mantuvimos, recuerdo que se quedó un problema por resolver, algo que aparentaba ser contradictorio, ¿se acuerda, profesor? Era en relación al papel que ocupaba el amor en un modelo universal que se expande, pero a la vez, a nivel local toda estructura se crea y se enriquece, atrayendo todo hacia su propio centro. A lo mejor, esta comprensión de la naturaleza íntimamente egocéntrica del universo y del ser humano, pueda aportarnos algo de luz en ese sentido.

Veamos: al amor lo podemos definir fundamentalmente como una energía unificadora y abarcante. En un modelo de estructura amorosa cada elemento tiene su función y su propia identidad, moviéndose y viviendo gracias al intercambio y relación con los demás elementos que conforman dicha estructura. Nada queda excluído, al contrario, todo queda integrado armoniosamente dentro de la totalidad del sistema.

Creo que acaba de darme la pista al interrogante que se había planteado en nuestra última conversación. El dilema era cómo encajar la fuerza del amor en el modelo universal, en donde las estructuras se desarrollan y se expanden atrayendo hacia sí elementos externos. ¿Se acuerda de que podría parecer contradictorio con la idea que tenemos de que el amor es dar?

Es cierto, pero visto desde esta perspectiva no es ninguna contradicción. El planteamiento que se puede hacer es como sigue: Cada ser humano parte de su propio centro, que está formado por una estructura sensible y mental, incluida también la autoconciencia, el sentido del “yo soy”.
Si el individuo consigue expandir y enriquecer su propio centro, es porque está abriéndose, está sensibilizándose a otras estructuras, las cuales son integradas dentro de sí mismo. Esto conlleva que posibilidades que antes quedaban fuera de su campo de visión y de percepción, puedan ser comprendidas e incluso, las estructuras antes rechazadas, pueden ser aceptadas y asimiladas.

Por ejemplo, profesor, el individuo iniciaría su aprendizaje amoroso a partir de un punto central. El sí mismo. Es el punto de referencia del cual partimos, el egocentrismo del que hemos hablado. En el comienzo, él se percibe como una unidad, lo único importante, pero percatándose que fuera de sí mismo y en un plano separado hay otras existencias. Establece unas fronteras más allá de las cuales, están todas las demás personas, todas las cosas, los acontecimientos y el universo entero. Todo está ahí fuera, en lo desconocido, en lo que no es el sí mismo. Esta manera de percibir y de interpretar la realidad produce, inevitablemente, un estado de soledad, de inseguridad y de indefensión ante lo cual se nos activa el miedo. Dadas esas circunstancias, se crea la necesidad de proteger la propia existencia defendiéndose y luchando contra las incidencias del exterior y de los demás, puesto que se supone que atentan a nuestra propia identidad y a nuestras estructuras físicas, sensibles y mentales.
Ese amor al sí mismo que acaba en donde termina la propia piel, es un rasgo común de lo que solemos denominar una persona ególatra.

Y también diría que es el perfil que caracteriza a una persona que vive sustentada en el miedo. El tálamo o cerebro reptiliano, el más arcaico que tenemos, tenía su función práctica en la prehistoria cuando el ser humano vivía en contacto directo con los múltiples peligros que le podían acechar en la naturaleza. Las circunstancias han cambiado para la inmensa mayoría, pero el miedo psicológico sigue instalado ahí, acechando en cada momento de nuestra vida.

Yo diría que es nuestro enemigo más inseparable. Miedo a contraer alguna enfermedad, miedo a envejecer, miedo al daño físico, miedo a morir, miedo a la soledad, miedo a que le pase algo a un hijo tuyo, miedo de perder a tu pareja, miedo a perder tu trabajo, miedo a no estar a la altura de las demandas de tu entorno y a que el entorno te rechace. Miedo a no tener asegurado tu sustento diario. A todo esto le añadimos el miedo a lo trascendente, al más allá, porque nos resulta un terreno desconocido, más el sentimiento de culpa que nos han inculcado desde la religión judeo-cristiana, aderezado por un posible castigo divino que cuelga como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Por si fuera poco, la clase política además, echa mano del terrorismo y de las pandemias. Estamos atrapados en un bucle de lo terrible y no somos conscientes. En resumen: tenemos miedo a la vida.

Entonces, Dameb, diríamos que a medida que la persona va liberando su psique de la cueva del dragón que lo tiene atrapado y amedrentado, siente la necesidad de expandirse y enriquecerse, puesto que está sujeta a las mismas leyes del universo. Lo hace experimentando con su entorno: la comunicación es la puesta en común de la energía amorosa, siendo de esta manera cómo va ampliando sus fronteras o, mejor dicho, cómo va abriéndose y siendo receptivo a lo externo. Su estructura sensible y mental se amplía con nuevos agregados, los cuales van siendo integrados en el sí mismo, los va haciendo suyos. En principio puede ser su propia familia, su tierra, sus amigos, su país, nuevas formas de enfocar la vida, nuevas ideas…

En efecto, partimos de este individuo que comienza su andadura a partir de un punto central –el sí mismo-, y conforme su sensibilidad se amplía, también lo va haciendo su capacidad para comprender e integrar todo lo que quedaba fuera de sus barreras sensibles y mentales. Aquí interviene la fuerza de la gravedad que va creando nuevos lazos con su entorno. Llegado un momento, las fronteras se abren de par en par, ya no existen. Puede sentir que su hogar es el planeta entero y su familia toda la humanidad. La estructura sensible/mental de un individuo así, puede llegar a ser tan inmensa, que todas las demás estructuras encuentren un sitio dentro de ella. Es omniabarcante: una cualidad divina.

Diríamos, Dameb, que el yo egoíco y puntual del inicio de la andadura, ha evolucionado y puede llegar a transformarse en un Yo Universal. Él es el universo y, no obstante, puede seguir sintiéndose el centro, pero un centro que está en todos sitios, puesto que el punto inicial se ha extendido de forma infinita. Nada queda ya fuera del sí mismo. Ciertamente, parece que estuviésemos hablando de los atributos de un dios.

Así es, y a medida de que el individuo va realizando su propio proceso de integración de la totalidad universal, las viejas estructuras compuestas de conceptos mentales por los que solemos calificar las cosas como buenas o malas van perdiendo su fuerza y otro sentido más profundo e integrador va apareciendo. Cuando se llega a comprender la esencia del bien y del mal como el juego de los complementos para conseguir un resultado en la cadena de la evolución, ya nada ajeno y desconocido queda fuera del sí mismo. La confianza y la entrega a la vida son totales en dicho individuo. Ha podido salir de la caverna.
Claro que ese estado de apertura amorosa, de comunicación con la totalidad de la vida, traducido a nuestra escala de tiempo, puede significar miles de años de evolución del sí mismo individual para realizar la realidad del Sí mismo universal. Viene a ser todo un proceso de concienciación en el espacio y en el tiempo el que efectúa el sí mismo que cada uno somos; desde sentirse un punto aislado y perdido en el espacio, hacia la toma de consciencia de que la totalidad del universo siempre fue un Sí mismo y nunca dejó de serlo. Creo que hemos venido a experimentar cómo desde la limitación e inconsciencia de un yo puntual, podemos conquistar nuevamente la conciencia de totalidad.
Por consiguiente, si echamos una ojeada retrospectiva y sopesamos los resultados conseguidos como humanidad en nuestra línea evolutiva, y si en particular calculamos por término medio el aprendizaje que cada persona consigue en su vida, ¿no piensa que en relación a nuestro espacio/tiempo, en la mayoría de los casos, es un proceso muy largo el que tiene que llevar a cabo el sí mismo, desde sentirse un punto solitario a ser un centro sin límites, en comparación a la brevedad de una sola vida? ¿Comprende lo que le quiero indicar, profesor?

Sí, sé perfectamente lo que me quiere decir y, en principio, veo muy coherente su planteamiento metafísico, pero este es un tema, Dameb, que me resulta aún bastante extraño; posiblemente lo siento ajeno y no me lo haya planteado seriamente por diferentes razones.

Sin duda, nuestros propios condicionamientos nos impiden abrirnos a nuevas ideas pero, no obstante, no deja de ser una actitud sincera y lúcida por su parte el hecho de reconocerlo. Yo le comprendo porque también tuve que vencer, tiempo atrás, una serie de resistencias mentales para aceptar esta nueva visión.
Pero, profesor, me gustaría que me explicase cómo se da la relación amorosa en el mundo de la materia.

Pues mire, al amor dentro del mundo material lo podemos reconocer en la fuerza de cohesión que mantiene unidos entre sí a los nucleones dentro del núcleo atómico; a los electrones, a su núcleo, para formar elementos químicos; a los numerosos átomos para formar compuestos moleculares, a las moléculas para formar células, y éstas para formar tejidos, etc... También lo podemos ver en la sinergia existente entre los diferentes sistemas del cuerpo para mantener a éste con vida. Todo en función de las leyes universales porque, como verá amiga mía, el sentido de la creación universal es precisamente la creatividad. Y en la creatividad, el factor imprescindible es el amor, entendiendo éste como el juego de los complementarios para crear formas inéditas, estructuras enriquecidas con nuevas posibilidades.

De donde podemos deducir que las fuerzas de la naturaleza, tanto la gravedad como la fuerza electromagnética y las nucleares son, todas ellas, fuerzas actuando en función de la creatividad. Y ahora me pregunto; ¿incluso los aspectos destructivos de esas mismas fuerzas?

También, porque estando dentro de la misma línea creativa, hay estructuras que se disuelven liberando sus energías y sus componentes a favor de nuevas estructuras. Es lo que hace una estrella al morir, dando paso a nuevas generaciones de estrellas, y es el comportamiento de la semilla de una planta al deshacerse, pero es, a su vez, de donde brota el joven tallo y las raicillas que formarán la nueva planta.

Me recuerda al mito de Eros y Tanatos. Pero bien, profesor, el mundo está lleno de grupos políticos, religiosos, empresariales, comerciales, deportivos y demás. En todas estas entidades grupales acontece exactamente igual que ocurre a nivel personal: se sienten los únicos, el centro. Me pregunto: desde un punto de vista puramente ideológico, ¿existiría algún partido político cuyos componentes sintieran un día que ellos no están en posesión de la verdad, y le otorgasen su confianza a otro grupo ajeno?

Es casi imposible, querida mía, es como perder su propia identidad y si así ocurriese, disolverían su partido y se afiliarían al que ellos considerasen superior.

Luego; queda muy evidente que cada partido político se considera la mejor alternativa para su pueblo; el que va a redimir a su país de sus penalidades, ofreciéndole promesas de bienestar y felicidad. Es el mismo “síndrome mesiánico” que poseen las grandes y pequeñas comunidades religiosas, los grupos sectarios, y también ciertos individuos al creerse los salvadores de la humanidad y de cada persona en particular. Esa sensación de sentirse “elegido” es bastante gratificante, hay que reconocerlo; te hace sentir singular y por encima del resto de los humanos. Es un fenómeno que he ido observando en todos los grupos a lo largo de mi singladura por la vida. ¿Le confieso algo?

Dígame Dameb.

Pues esa ilusión de creerse “elegida”, esa sensación de sentirse importante por el mero hecho de pertenecer a un grupo determinado que posee “las claves de la salvación”, la experimenté hace ya bastantes años. La verdad, le digo que era muy placentera la seguridad anímica y la fuerza que me proporcionaba; era como estar bajo los efectos de una hipnosis colectiva, es por lo que hoy puedo comprender a cualquier individuo que se halle bajo las influencias ideológicas y religiosas de un colectivo determinado. Y usted, querido profesor, ¿no ha vivido algo parecido?

¡Claro! De pequeño, ¡quién no ha sentido la seguridad y protección que proporciona el saber que perteneces a la religión auténtica! Pero creo que me duraron poco los efectos de la protección, a partir de que me hice ciertos planteamientos. Actualmente, el sentido de la importancia lo vivo más en relación a mi carrera profesional, como esa necesidad de sentirse reconocido por el resto de la comunidad científica cuando llevas a cabo un trabajo de investigación.
Pero, en resumidas cuentas, seguimos hablando de lo mismo: del egocentrismo al cual estamos condicionados por ley universal.

Esto nos lleva a un aspecto de la vida crudo pero real. Hemos comentado que toda estructura mental, ya sea individual o colectiva, parte de un punto central, egocéntrico. Pero, mientras que cada estructura no se vuelva consciente de la totalidad, esto es, integre a todas las demás convirtiéndose en una estructura omniabarcante y universal, luchará inevitablemente contra otras estructuras que le puedan hacer sombra y pongan en peligro su sello de “autenticidad”. Hablo solamente del aspecto ideológico de cualquier colectivo, porque si introducimos los intereses económicos que suelen acompañar a cualquier movimiento en torno a una ideología, y la lucha que se establece por el propio poder, el problema se complica y se multiplica aún mucho más.

La corroboración la tenemos en que la historia está plagada de guerras santas, inquisiciones, luchas racistas y étnicas. Y, curiosamente, el holocausto judío se produjo contra un “pueblo elegido”, llevado a cabo por un grupo de personas que a su vez, se sentía a sí mismo la “raza elegida”.

A veces, profesor, me pregunto: ¿habrá alguien o más de un “alguien” fuera de nuestro planeta, que nos estuviera observando con pena y al mismo tiempo con diversión por tanta estupidez humana?

No hace falta irse tan lejos; nosotros mismos podemos ser ese “alguien”.

De acuerdo, me parece justa su observación, pero no vayamos a sentirnos ahora, y por ese motivo, unos “elegidos”. Caeríamos en el mismo juego que estamos criticando, ¿no le parece?

No, amiga mía, espero que haya en este planeta –y por el bien de todos-, muchas, muchísimas personas más que piensen y sientan como nosotros.

Estaba pensando, profesor, que como hemos visto, toda estructura mental necesita alimentarse y engrosar su identidad, atrayendo para ello elementos del exterior. Creo que de ahí surge la necesidad del proselitismo, puesto que el hecho del reconocimiento de los demás hacia nuestras propias creencias, nos transmite energía y nos reafirma en ellas. Por eso nuestro empeño en querer convencer a las personas con todo tipo de argumentos para que se afilien al grupo al cual pertenecemos. O simplemente, que corroboren nuestras ideas en el caso de que no pertenezcamos a ninguna identidad política, social o religiosa.

Sí, a veces la lucha para conseguir el alimento energético para el mantenimiento y desarrollo de nuestras propias estructuras mentales, supone todo un despliegue de estrategias, a veces, bañada en sangre. Somos capaces de quitar la vida ajena y de dar la propia por una determinada creencia.
No obstante, ¿no cree usted que habría que diferenciar el aspecto proselitista de la capacidad para integrar otras estructuras? Al fin y al cabo ambos aspectos trabajan con la fuerza de expansión.

Es cierto y muy importante lo que acaba de decir. La diferencia puede estar en que una persona proselitista intenta captar a otra para afianzar su sistema de creencias y así engrosarlo. Mientras que si una persona integra otros sistemas de la índole que sea, no es para engrosar el suyo propio, sino para expansionar su comprensión, aceptación y respeto a otras formas de interpretar la vida. E incluso puede producirse un intercambio con otros sistemas sin tener por qué perder la propia identidad del suyo propio.

Es eso precisamente lo que hacen los sistemas de la naturaleza, desde un planeta, un árbol hasta un ser humano. Sus límites físicos llegan a un punto en el que no pueden desarrollarse más, pero pueden expandirse a otro nivel creando redes de interconexión y formando otro sistema mayor que adquiere otras propiedades. Es lo que ocurre con el conjunto del sistema solar en el caso de nuestro planeta, con un bosque con respecto al árbol y con una familia o comunidad en el caso del ser humano. Con los sistemas de creencias pasa igual, deben tener sus propios límites de identidad y a partir de ahí interaccionar con otros sistemas de creencias, espacios comunes que forman un cuerpo mayor que los trasciende.

Lo entiendo. El intento de una determinada ideología, o religión por acaparar el pensamiento de toda una humanidad e uniformarla bajo un mismo credo y unas mismas costumbres, puede ser algo antinatural producto de una visión egóica e incluso puede entrar en el terreno de la patología.
¿Sabe, profesor, que podemos contemplar el juego energético entre estructuras de la mente, reconociéndolo en las leyes de la física? Es un hecho que tengo observado.

No entiendo muy bien lo que me quiere indicar.

Veamos: cuando alguien expone a otros sus ideas sobre una determinada cuestión, en ese momento se produce una fuerza que va del emisor al receptor. ¿No es así?

En efecto, se produce una acción, aunque ésta sea de naturaleza mental, y toda acción provoca una reacción.

Bueno, pues esa fuerza incidente la podemos calificar de Yang o masculina en relación a la respuesta del sujeto que recibe la información, la cual sería una actitud Yin o femenina.

Bien, hasta ahora, correcto.

Sin embargo, hay que distinguir que la reacción femenina que se produce como efecto de la incidencia masculina, se manifiesta básicamente de dos maneras: como receptividad, o bien como resistencia.

Ya comprendo y, por consiguiente, estas dos formas de reacción se pueden considerar inversamente proporcionales, es decir, a más de una, menos de la otra.

Exactamente, vemos entonces,, que la naturaleza femenina es doble: en un lado nos encontramos la máxima receptividad; si hacemos un recorrido hacia el lado contrario la receptividad va disminuyendo a favor de la resistencia, hasta llegar a la máxima resistencia en el otro lado de la naturaleza femenina. Pues bien, profesor, basándonos en estos tres patrones de fuerza, una masculina y la doble reacción femenina, se pueden encuadrar todo tipo de relaciones humanas.
Esa es la base, pero la cuestión se complica aún más. O sea, quiero decir que puede haber más variedad de contenido en el comportamiento, porque tanto la resistencia como la receptividad se subdivide cada una en dos formas de reacción: Una activa y otra pasiva. Veámoslo con modelos extraídos del campo de las relaciones políticas.

Por ejemplo; si un país A invade a otro país B, reconocemos fácilmente la fuerza de incidencia masculina del país invasor sobre el pueblo invadido. La reacción normal a la que estamos acostumbrados es que el pueblo B se defienda y, a su vez, ataque a las fuerzas invasoras del país A.

 

 

 

 

 

 

A ver, esa forma de actuación del pueblo invadido correspondería exactamente al modelo femenino de resistencia activa.

Evidentemente. Este modelo de comportamiento también lo podemos calificar como el aspecto masculino de lo femenino; se produce una resistencia, la cual ataca a su vez a su atacante. De hecho, a los soldados y guerrilleros que llevan a cabo dicha misión en un país invadido, se les llama justamente “la resistencia”. Creo que esta modalidad ha quedado bastante clara. Ahora veamos la siguiente: consiste en que el pueblo B, reacciona con un tipo de resistencia pasiva. ¿Se acuerda de algún caso?

Naturalmente, la estrategia que Gandhi utilizó en la India para liberarla del dominio del Imperio Británico, es una muestra evidente de resistencia pasiva. Sentó una opción política mucho más inteligente y hasta más operativa que la reacción típica de resistencia activa.

Estoy de acuerdo; la resistencia activa es una reacción de defensa impulsiva, visceral, con el inconveniente de que los dos países implicados en esta situación –el invasor y el invadido-, se estimulan mutuamente con la agresividad del contrario. Sin embargo, una resistencia pasiva es producto de una actuación reflexiva y templada. Se pueden conseguir resultados muy efectivos ahorrándose, con dicha actitud cantidad de energía, de vidas y de sufrimiento humano.
No obstante, creo que hay que distinguir que si la India pudo llevar a cabo esa genial proeza fue gracias a la gran fuerza espiritual y carismática de Gandhi. Pero el pueblo no llegó a concienciarse realmente del espíritu que animaba a su líder, el cual tuvo que estar manteniendo a raya el impulso de los suyos hacia el enfrentamiento armado. Se valió, para tal fin, de lo que yo califico como un “chantaje emocional”, esa presión que solemos utilizar con los seres queridos para conseguir nuestro objetivo y que, indudablemente, funciona. En el caso de Gandhi, la presión consistió en ayunar hasta morir si no cesaba la lucha contra los ingleses. Gandhi sabía que su pueblo lo adoraba y confiaba en que pudiera reaccionar favorablemente. Incluso se arriesgó a sacrificar su vida con tal de que su pueblo cambiara de comportamiento. Naturalmente, cuando a Gandhi lo mataron, la violencia que el pueblo tuvo reprimida no tardó en estallar, originándose una guerra civil. Antes de morir, Gandhi, pudo ver el resultado de su obra. Su país había conseguido finalmente independizarse del Imperio Británico pero, en lo tocante a transformar la mentalidad de su pueblo, reconoció haber fracasado.

Personalmente, no considero que se pueda cambiar la estructura mental de grandes muchedumbres y, sobre todo, en tan corto periodo de tiempo. Mis expectativas están puestas en lo que es la evolución individual.

Estoy con usted. La historia ha demostrado que la evolución de los pueblos suele ser bastante lenta. Es cierto que se pueden producir comportamientos revolucionarios en ciertos momentos históricos y bajo la fuerte presión ideológica de un gran líder carismático; son como avanzadillas en la línea de la evolución, pero cuando se deja de notar la influencia del líder político o religioso que mantiene con su propia fuerza la posición en la línea marcada, las aguas de la colectividad vuelven, de nuevo, a su viejo cauce, a la inercia de los comportamientos automáticos que son los que no requieren esfuerzos y, por tanto, no hay que emplear energía de transformación; surgen por sí mismas.

Ya que le gusta tanto relacionar cosas o, mejor dicho, niveles de realidades, podemos describir ese comportamiento social a través de los principios de la Física. Por ejemplo; las leyes newtonianas nos dicen que todo sistema tiende a permanecer en el nivel del mínimo esfuerzo, en la línea de menor resistencia. Le llamamos “inercia” a la tendencia de las cosas a seguir como están. Para cambiar dicha inercia, se necesita un incremento de la energía del propio sistema. En los cambios de transformación social, el incremento de la energía viene dada por la misma fuerza del líder que impulsa al pueblo a un nuevo comportamiento. También pueden ser ideas/semillas que se van sembrando durante una época determinada.

Bien, pero si la fuerza del líder falla, ya sea por su muerte o por algún otro motivo y si el pueblo aún no tiene madurada esa nueva pauta de comportamiento, se produce una regresión a los viejos patrones de conducta.

Indudablemente. Esta tendencia hacia la regresión está científicamente mejor expresada bajo el Segundo Principio de la Termodinámica, el cual apunta hacia un desorden natural de los sistemas. Es decir: en todo sistema parte de su energía se disipa en forma de calor; de este modo el sistema como se va degradando, a menos que se le vaya incorporando la cantidad de energía proporcional a la que va perdiendo; siendo de esta manera, cómo el sistema puede seguir funcionando correctamente.

¿Qué es lo que hace perder energía a un sistema?

Por regla general, la pérdida de energía se produce por fricciones y resistencias que encuentra el sistema en su medio, lo cual crea un desgaste del mismo; o sea, se produce paulatinamente un paso del orden hacia el desorden o estado caótico.

Así es. Cuando murió Gandhi que era el elemento impulsor y, a al mismo tiempo, el punto de cohesión que mantenía al pueblo unido por una misma fuerza de resistencia pasiva, todo empezó a desmoronarse bajo las múltiples fricciones entre las diferentes ideologías religiosas del país. Las fricciones generan calor, se exaltan los ánimos, y la energía que estaba disponible para la transformación de un pueblo, se disipó en forma compulsiva de luchas y guerras.

En efecto: del orden que creó Gandhi se pasó al caos de una guerra civil.

Creo, profesor, que me encantaría escribir un libro sobre el comportamiento humano basado en los principios de la Física. Espero contar con su ayuda.

Por mi parte, estaré encantado de colaborar con usted, Dameb.

Bueno, hemos considerado los dos tipos de reacción de la fuerza de resistencia. Ahora vamos a ver las otras dos modalidades de la cualidad femenina receptiva. ¿Qué ejemplo histórico encontramos cuando el país A, de alguna forma incide sobre el país B, y éste reacciona con una receptividad activa?

Déjeme que lo piense. Tenemos que descartar la posibilidad de que el país invasor entre directamente atacando con las armas al país invadido. Debe de darse una situación más amigable e incluso novedosa. Quizá la conquista de América por Cristóbal Colón pudiera encajar en este modelo energético.

Así es; cuando Cristóbal Colón desembarcó por primera vez, los indios, que esperaban la vuelta de su dios Quetzalcoalt, ingenuamente creyeron que era el enviado divino cuando lo vieron aparecer por el mar. Y como tal lo recibieron, lo atendieron y se entregaron incondicionalmente. Luego, conforme la cruda realidad de los conquistadores fue imponiéndose, la receptividad activa del pueblo indio fue cambiando hacia una resistencia cada vez más activa.

Hasta ahora, todo va encajando, pero ya sé que ahora me va a pedir que le ponga un ejemplo de receptividad pasiva, ¿me equivoco?

Verá, el modelo que encuentro es cuando dos países pactan algún tipo de acuerdo político. Es decir; el país A le pide al país B que le conceda temporal o indefinidamente parte de su territorio a cambio de otras ventajas. Las bases militares de un país en otro país extranjero pueden servir de ejemplo. La cesión de Gibraltar por el Tratado de Utrecht, también puede entrar en este apartado de receptividad pasiva. En resumen; lo veo como acuerdos por intereses políticos.

Evidentemente, puesto que en una relación de receptividad pasiva el país receptor no pone obstáculos a la ocupación de parte de su terreno por el país extranjero, y aunque no vaya acompañado de una entrega ideológica o de una ayuda incondicional, cada país se compromete a respetar los derechos y acuerdos con el otro.

Por esto podemos constatar que las actitudes pasivas y en sus dos formas de reacción –sea de resistencia o receptividad-, no van provistas de la carga emotiva de odio o de amor que se da en las reacciones activas. Las pasivas, como su mismo nombre lo indica, son más serenas, más mentales.

Sí, pero todo depende del contexto en el que nos las encontremos, porque pudieran resultar, por otro lado, frías. Por ejemplo: si llevamos estos cuatro patrones de comportamiento al terreno de las relaciones sentimentales, nos podemos encontrar con el caso de que la persona A le declare a la persona B sus sentimiento Si la persona B responde con receptividad activa es el culmen de la plenitud amorosa: los dos participan plenamente en el intercambio amoroso. Pero si la persona B reacciona con receptividad pasiva, simplemente se dejará querer por la persona A, pero no se implicará realmente en el juego amoroso. No se produciría ese mutuo equilibrio dinámico entre el dar y el recibir.

Pues mucho peor sería el caso de que la persona B reaccionara con resistencia a los requerimientos amorosos de la persona A, ¿no, amiga mía?

Por descontado; en este caso, no se daría ninguna posibilidad de relación de tipo amoroso. En el mejor de los casos, la persona B mostraría indiferencia a las insinuaciones de la A, hasta que finalmente, ésta última se rindiera y diese el intento por perdido. O bien, todo lo contrario: que la fuerza de empuje de A venciera finalmente la resistencia de B, y en este caso, la que se rinde y se entrega es la persona B.

Me imagino que estará hablando, sin duda, de un caso de resistencia pasiva, porque si se tratase de una muestra de resistencia activa, la situación puede ser incluso peligrosa. Se te puede ocurrir besar a una mujer y, ¡te puedes encontrar con un buen bofetón!

Sí, es preferible cerciorarse antes, por si acaso. De todos modos, se dan casos de personas A que inciden con tanta insistencia sobre las B, que pueden terminar despertando en estas últimas un rechazo absoluto e incluso teñido de una cierta carga de violencia. Podemos llevar igualmente estos cuatro tipos de reacciones básicas al mundo de las ideas. Es decir, cuando alguien te quiere transmitir o convencer de algo.

Lo cual serían, en la modalidad de la resistencia activa, las ideas que no nos gustan y a las cuales combatimos. Ahí empleamos energía la mayoría de las veces, puro derroche, puesto que nadie convence a nadie en una guerra dialéctica. La variante de resistencia pasiva serían las ideas que no nos van y a las cuales hacemos oídos sordos. No nos molestamos en combatirlas, pero tampoco las tenemos en cuenta. Por lo menos, con esta actitud se economiza energía. Dejo para usted las dos últimas opciones que quedan por ver.

Pues mire: el caso de la receptividad activa nos lo encontramos cuando alguien apoya nuestras ideas con estímulos y ayuda de todo tipo. El caso de los líderes políticos y religiosos está muy claro. Recaban una gran cantidad de energía de sus incondicionales para sus proyectos. Sin embargo, en la modalidad de receptividad pasiva, existen ideas a las cuales no nos cerramos; las aceptamos, y sin embargo no nos estimulan lo suficiente como para trabajar en esa dirección. Las dejamos estar, sin más.

Bien, mi querida Dameb, ¿qué más nos queda por examinar?

Creo, profesor, que por hoy hemos hecho un buen ejercicio mental y merecemos un descanso.

Pues sí, la verdad es que son productivas y gratificantes nuestras veladas pero, ¿le apetece quedar para cenar dentro de un rato?

Hoy no puedo, tengo una cena de compromiso.

Está bien, pero dígame: ¿en qué parámetro de los que hemos visto, puedo encajar su rechazo a mi invitación?

Suena un poco fuerte lo de rechazo, pero es evidente que es una no aceptación a su invitación a la cena. Tendremos que ubicarlo, entonces, en la resistencia pasiva involuntaria, si bien, con una pequeña salvedad.

¿Cuál?

Que esta situación puede ser transformada, en la próxima invitación, en una receptividad activa. ¿Le parece bien para el próximo martes?

Encantado, amiga mía.

 

 

 

 

 

 

 

UNA  LEY  LLAMADA  “ORDEN”

Dameb: Hace tiempo, profesor, que ando preguntándome sobre la relación existente entre inteligencia y materia. He de reconocer que tengo un poco de confusión en relación a este tema; me bullen muchas ideas, pero la visión no es realmente clara. Tendría que ordenarme en ese sentido.

Profesor: Y ¿quién tiene claro esa cuestión, amiga mía? ¿Es que acaso pretende descifrar una de las grandes incógnitas de la vida?

Reconozco que el tema es complejo, pero, ¿por qué no intentar algo en ese sentido? Debemos verlo con la máxima objetividad que nos sea posible. Espero que por lo menos, sacaremos una visión un poco más ordenada de todo esto.

No me puedo negar a su sugerencia, pero no tengo muy claro en qué le puede servir mi información científica para este tema.

No es tanto el dato escuetamente científico lo que me puede, en un momento dado, interesar de usted sino, más bien, su capacidad para analizar y ordenar las ideas, y también de relacionarlas. ¿No siente –a través de nuestras charlas, por el tipo de actividad mental que ejercemos, por la imaginación que desarrollamos-, como una cierta ampliación de su cualidad femenina de analogía e intuición?

Posiblemente sí. He notado que me distiendo, e incluso a solas le puedo dar mayor rienda suelta a mi imaginación creativa.

Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. ¿Conoce ese dicho?

Sí, naturalmente que lo conozco.

Normalmente, esta frase se suele interpretar como que el gran hombre tiene tras de sí una mujer solícita y amante que le estimula a trabajar y, además, le tiene siempre a punto una taza de té. Pero este dicho tiene un significado mucho más profundo. Nos habla de especializaciones de nuestros dos hemisferios, de utilizar nuestra parte femenina que permanece oculta y callada -pero llena de imaginación e intuición-, junto a la zona racional, científica y explicativa del hemisferio izquierdo. Del juego complementario y creativo entre la dualidad surge la genialidad. Un ejemplo claro de esta elaboración cerebral lo tenemos en Einstein; unía a su gran conocimiento científico, una gran intuición.

Seguiré fielmente su consejo, Dameb. Intentaré tener algo más en cuenta mis cualidades femeninas en los trabajos de investigación.

Me alegraría por usted, profesor. Pero bien, entrando ya de lleno en el tema que vamos a tratar sobre la relación materia e inteligencia, creo recordar que tiempo atrás le resumí mi opinión sobre el asunto. Más o menos recuerdo que le dije que si en el universo se han desarrollado seres inteligentes, era porque la inteligencia existía previamente en un estado potencial.

Sí, lo recuerdo, y me parece en principio una idea razonable, pero antes debería ponerle al día de la opinión imperante dentro de la comunidad científica. Naturalmente hay excepciones y eso sin contar con las creencias privadas y religiosas que pueda tener un científico, puesto que eso entraría dentro del terreno de las creencias y no de la ciencia.
Con lo dicho, es innegable que existe entre los científicos una estructura metodológica racional para enfrentarse ante cualquier planteamiento que nos hagamos de la vida. Con eso no quiero indicar que neguemos la existencia de otras realidades, todo depende de nuestra especialidad. Por ejemplo, en el caso de la inteligencia, es obvia su existencia, y gracias a ella, los científicos nos podemos hacer todo tipo de planteamientos. Pero, lo que se ha comprobado es que la inteligencia emerge como resultado de toda una complejidad de interrelaciones, de impulsos eléctricos y químicos del cerebro. Por lo que se deduce es que sin la existencia material del cerebro y sus procesos, la inteligencia no se puede manifestar. Por tanto, con la muerte del cerebro, la inteligencia y con ella los procesos de la conciencia, dejan de existir.

Entiendo, se contempla como resultado de toda una evolución del cerebro y este fenómeno en sí es innegable, pero esta misma visión entraña al mismo tiempo un error conceptual derivado de una falta de perspectiva en los órdenes de la realidad: confundir el resultado inteligente que produce el cerebro, con la inteligencia en sí, porque para mí el concepto de inteligencia va mucho más allá que definirla como meros impulsos cerebrales. Creo que es la gran miopía en la que ha caído el pensamiento reduccionista que impera dentro del mundo científico. Mi planteamiento es que la inteligencia ni empieza ni acaba en el cerebro. Un ejemplo de esto lo tenemos en el mundo de las computadoras y de la inteligencia artificial. ¿No distinguimos acaso el aparato con toda su complicada red de artificios, de lo que es la información en sí que se  transmite gracias a dicha avanzada tecnología? Lo que en un lenguaje técnico se le llama Hardware y Software respectivamente.

Ya veo; quiere hacer una distinción entre lo que será la parte meramente material del cerebro y la información que se le introduce desde algún otro lugar.

¡Por supuesto! A través de la elaborada red de la computadora se produce un resultado, emerge información inteligente, pero no cometeríamos la gran torpeza de querer definir dicha información inteligente reduciéndola a meros impulsos de bits. La información, evidentemente, proviene de otro plano muy ajeno a la computadora, de una realidad humana que sí es inteligente y que utiliza la computadora como medio de trabajo, de comunicación y aprendizaje, e incluso de diversión. Pero, ¿podríamos acaso afirmar que, una vez estropeado el aparato, la información dejaría por ello de existir?

Por lo menos en dicho aparato no podríamos utilizar esa información.

Indudablemente, pero lo que le quiero transmitir es que el aparato es un mero vehículo que sirve para la expresión de algo que trasciende al aparato desde un campo inteligente. Imagínese a un pueblo primitivo, al cual le hubiesen enseñado una computadora, una televisión o un aparato de radio. Pues llegarían a la misma conclusión a la que llegan hoy nuestros científicos en relación al cerebro humano: que todos esos aparatos son inteligentes. Dígame objetivamente; ¿acaso no sería la misma concepción ingenua de la realidad –la de esos hombres primitivos- que la que hoy poseen una gran parte de nuestros hombres de ciencia? Volviendo al cerebro diría que éste no es en sí mismo una fuente de inteligencia, sino que es un medio o vehículo en donde la inteligencia universal se manifiesta.

Bueno, bueno, en resumen, su mensaje es que el cerebro solamente es un medio de reproducir inteligencia, pero que la propia inteligencia tiene su existencia en un campo previo al cerebro y se manifiesta por medio de él.

Así es, querido profesor, por lo que vuelvo a retomar lo que ya dije anteriormente: si el universo ha podido crear seres inteligentes, es porque la inteligencia existe, por sí misma, en un estado anterior al mismo ser humano.

Esta conversación me está haciendo que recuerde una anécdota que me ocurrió una vez durante a una mesa redonda sobre la relación entre el cerebro y la inteligencia artificial. El experto en informática se mostraba con una gran seguridad, e incluso, llegó un momento en el que con cierta prepotencia, se jactó de que sus exposiciones sobre el tema eran firmes y contundentes, mientras consideraba imprecisas y poco serias las conjeturas que hacían los otros asistentes sobre el cerebro humano. A lo cual un neuropsicólogo un tanto saturado de tanta arrogancia, le contestó que era muy evidente el conocimiento que se tenía sobre el funcionamiento de una computadora, puesto que había sido construida por el propio hombre, mientras que el cerebro no era de “fabricación casera”.

¡Qué aguda contestación!

Pero sí, querida. Si consideramos que la inteligencia es previa al cerebro, e incluso al mismo universo, ésta no se manifiesta de repente, sino que lo va haciendo progresivamente en diferentes grados de expresión. Podemos decir que a medida que la materia se organiza en estructuras más complejas la inteligencia se va manifestando acorde al orden de dicha complejidad. El sentido que lleva este orden comenzó con estructuras materiales muy simples; fueron las primeras combinaciones de partículas subatómicas, pero la estructura más compleja que el universo ha creado y que hasta ahora conocemos después de, aproximadamente, unos trece mil quinientos millones de años de elaboración de la materia, es el ser humano. En él encontramos la culminación creadora del universo, y en él se hallan integrados todos los demás niveles evolutivos que le precedieron: físico, químico, biológico y neurobiológico. Nuestros átomos de hidrógeno son de la misma naturaleza y de la misma antigüedad que los que compusieron las primeras estrellas. Pero, hemos traspasado el nivel subatómico, el atómico, molecular y el celular; y ahora estamos desarrollando otros campos más sutiles. Entonces, podemos afirmar que la inteligencia se ha ido manifestando a partir de que la materia ha ido alcanzando más altas cotas de especialización y complejidad.

Me parece muy interesante esa definición del desarrollo de la inteligencia humana, pues como usted bien ha dicho, ésta no surge de repente, sino que se ha ido elaborando gradualmente de menor a mayor en todas las diferentes etapas evolutivas que nos precedieron. Por ejemplo, ¿usted no piensa que es inteligencia la capacidad que tiene una planta para buscar el sol, para absorber la humedad y trepar por una pared?

Mire, el comportamiento instintivo de una planta en busca de su subsistencia, proviene naturalmente de la información que posee en su código genético. Es, por tanto, un comportamiento condicionado que hay que distinguir de la riqueza de recursos ante la vida que posee la inteligencia creativa humana.

Bien, pero ahí no termina el asunto; es precisamente en este mismo punto en donde yo veo la convergencia con otro nivel de la realidad, que no es material. Diría, más bien, que es a través de la codificación que posee una planta y del funcionamiento en su medio, cómo ésta manifiesta un determinado nivel de información de la inteligencia universal. ¿Nota la diferencia?

¿Quiere indicar con esto, que el punto concurrente entre una dimensión inteligente e inmaterial y la materia está en el ADN?

Es lo que estoy intentando ordenar en mi mente. Verá, a ver si lo entendemos de la siguiente manera, le explico:
Hablemos de la información: ésta, parece que es inmaterial, ¿no es así? Pues no lo es, ya que la información siempre se produce por medio de la forma, o sea, por una estructura material, aunque ésta se presente bajo un aspecto energético. Pero tenemos tan inculcado en nuestra cultura que estos dos elementos van por separado que la palabra “informe” que significa “mensaje” se utiliza, también, para indicar algo que no tiene forma. Y ahora yo le pregunto: ¿conoce algún tipo de informe que esté libre de una forma determinada?

Creo que recojo perfectamente su idea. Es tan simple como increíblemente significativa. Informe –información- y forma son una unidad inseparable. Podríamos decir que el uno no puede existir sin la otra. La información es lo que subyace a la forma; y la forma comprendería las infinitas variedades que adopta la inteligencia humana para transmitir información, pero también sucedería lo mismo con la inteligencia de la naturaleza o con la inteligencia universal.

Ha recogido perfectamente la idea. Una vez, viendo un programa sobre Arqueología, me llamó la atención cómo pueden los expertos descifrar la identidad de una persona que vivió hace miles de años, y reconocer los rasgos más sobresalientes de su vida. Dedujeron, por ejemplo, que era una mujer de edad muy joven, que era esclava y que había estado al cuidado de un niño; y solamente estudiaron uno de sus huesos. Parecía increíble que la sola conformación ósea pudiera ser tan reveladora.
Cualquier disposición material lleva en sí gran cantidad de información; pues bien, también hay estructuras que parece que en sí mismas no son materiales, como es el lenguaje, por ejemplo. Sin embargo, las formas de cómo se organizan las letras para formar palabras, permite la gran riqueza de información con la cual nos solemos comunicar los seres humanos. Tanto si es por medio de la palabra escrita como hablada. Alguien nos emite unas palabras de una forma determinada:”te amo” y nos puede transportar al mismo cielo y, sin embargo, otras palabras con letras ordenadas de distinta forma: “te odio”, nos pueden hundir en el mismísimo infierno.
Aunque eso no es todo. Vayamos al mundo de las sensaciones. Un sentimiento, una emoción, un estado anímico se traduce “formalmente” en el recorrido de unos neurotransmisores a través de las neuronas. Pero, ¿podríamos decir que un neurotransmisor es una unidad de sentimiento? ¿O más bien, que el neurotransmisor es el que reviste y transporta dicha unidad sensible, siendo su parte formal?
Al igual que la Inteligencia universal, el Alma del universo o “Alma Mater” se manifiesta en el alma del individuo a través de reacciones bioquímicas que son responsables de nuestras sensaciones, emociones y sentimientos. Hay que comprender este tipo de relación entre lo que consideramos lo inmaterial y lo material, entre la realidad sutil y la densa como un todo que actúa paralelamente en el entretejido de los diferentes niveles espaciales. No es un funcionamiento lineal causa-efecto porque ninguna de dichas dos dimensiones humanas, la mental y la física, es anterior o posterior una a la otra, sino que ambas funcionan como realidades paralelas entre sí. Diría que su mutua relación es por resonancia.
¿A esta forma de funcionamiento la podríamos calificar como fenómeno de sincronicidad según el lenguaje de la psicología de Jung? Posiblemente, la sincronicidad es una forma de relación entre diferentes realidades espaciales que se enlazan de manera acausal en el sentido de que no se efectúa mediante una ligazón lineal o causal. pero es un funcionamiento diferente a la tradicional lógica causa-efecto que se da en el mundo de la materia. El fenómeno de la resonancia permite el pensamiento analógico, porque es un pensamiento de relación entre niveles de la realidad. Este tipo de pensamiento es una facultad del Hemisferio Derecho del cerebro o Hemisferio femenino.

Le diré: el conocimiento de la existencia de fenómenos que nosotros llamamos “acausales” o “paralelos” está dentro de la física moderna en contraposición a la observación tradicional de causa-efecto. Es la parte complementaria que a la ciencia clásica le faltaba, y que explica otros tipos de fenómenos que con la visión clásica lineal y secuencial no son posibles comprenderlos.

Sería para la ciencia –hasta ahora tan racionalmente masculina- como conquistar el aspecto femenino del universo, la cualidad global y unificadora del mismo, que se ha mantenido velada durante tanto tiempo, y no porque realmente lo esté, sino porque no hemos estado predispuestos a quererla ver. Es cierto que el imperativo de la mente del Hemisferio Izquierdo ha sido –y sigue siendo- bastante influyente en Occidente.
Y ahora, hablemos del ADN, profesor.

Bien, pero antes quisiera corroborarle en relación al hecho indivisible del informe/forma que, efectivamente, las diferentes estructuras atómicas conforman la increíble variedad del mundo de la materia. Para ello coja la Tabla de Elementos Químicos y, echando una ojeada, podrá ver que la diferencia entre un metal como es el oro, comparándolo con un gas –como por ejemplo, el oxígeno-, estriba en su estructura atómica. O sea, el átomo de oxígeno contiene 8 protones y electrones, mientras que el número de protones y electrones del oro es de 79. En el caso de la química podemos afirmar que las distintas cantidades de un mismo componente forman estructuras diferentes y cambia la cualidad o resultado del producto.

Por consiguiente; esa diferencia en su estructura hace que el oxígeno nos sirva para respirar, mientras que el oro, en cambio… ¿Cómo que no? ¡pues mire, también nos sirve para “respirar” económicamente hablando, por supuesto!

En cuanto a la estructura del ADN, diríamos que es el lenguaje que en definitiva utiliza la vida para crear la amplia variedad de seres vivos; algo parecido al lenguaje que utilizamos para comunicarnos. Sabrá que el código del ADN se basa en la ordenación de cuatro tipos de moléculas denominadas aminoácidos. Estos aminoácidos se combinan de diferentes maneras, formando unas secuencias muy específicas. El resultado final de este complicado engranaje es que cada ser vivo es único como especie y único dentro de su especie. Ante lo cual, cierto ordenamiento genético muy simple, produce, por ejemplo, un tipo de algas azules, y otra estructura genética más compleja, crea a una gran escritora y encantadora mujer llamada Dameb.

Gracias por su amabilidad, pero la verdad es que me siento profundamente conmovida por la existencia de esa gran inteligencia universal que se expresa, no con ideas y conceptos sino creando un lenguaje de formas y de seres vivos. Somos información viva del universo.
Entonces, profesor, ¿tenemos claro que informe y forma son dos elementos inseparables de la realidad, las dos caras de una misma moneda?

Sí, parece un hecho palpable y evidente.

De este modo, podemos hacer igual lectura con la unión entre inteligencia y materia. La inteligencia, en su condición de inteligible, es lo equivalente a la información; y la materia, a la forma. También son las dos caras de una misma moneda.

Bien, hemos estado hablando de la materia orgánica en cuanto a forma, y de la información del ADN que está también dentro de una forma –las diferentes disposiciones de los 4 minoácidos- Pero en lo tocante a la materia inorgánica como puede ser un mineral, posee su propio código químico que le hace diferenciarse de otro mineral. Por tanto, podemos afirmar que el reino de la materia inorgánica posee una información individualizada en su estructura química aunque, naturalmente, más rudimentaria que la del material biológico. Pues como ya sabemos, la evolución universal va desarrollándose de lo simple a lo complejo.
En ese caso, mi querida amiga, creo que sí, que estaríamos hablando de lo mismo, es decir: de información y de forma cuando nos referimos a la dualidad inteligencia/materia. Son expresiones complementarias de una única realidad.

Creo que estamos avanzando en nuestra concepción de la realidad inteligencia/materia. Pero, vamos a perfilar un poco más esta visión. Se dijo, al principio, que la inteligencia era creada por el cerebro; pero siguiendo el símil de una computadora, dicha inteligencia no se creaba realmente en el cerebro, sino que éste era el instrumento más complejo que conocemos hasta ahora en el universo, mediante el cual, la inteligencia universal –a partir de un estado potencial-, ha ido actualizándose y desplegándose desde unos niveles rudimentarios y posiblemente más inconscientes en los primeros niveles de la naturaleza, hasta alcanzar en el plano humano unas cotas de inteligencia individualizada o autoconciencia. Gracias a esta actualización de la inteligencia universal en el modelo humano, es por lo que podemos plantearnos nuestros orígenes y nuestra razón de ser en el escenario de la vida.

Verdaderamente esa es la dramática pregunta que más tarde o más temprano, todo ser autoconsciente acaba haciéndose: ¿quién soy?

Pues sí, profesor, somos inteligencia universal aparentemente individualizada bajo la forma humana, y tenemos una función: el de proseguir con el juego de la creación. Pero fíjese bien; coparticipando de una manera voluntaria y consciente, a diferencia de los otros reinos de la naturaleza: mineral, vegetal y animal, que presumiblemente lo hacen inconscientemente. Incluso entre dichos reinos se ve claramente la diferencia entre las capacidades de movimiento y autosuficiencia que tiene en su medio un mineral de la de un vegetal y éste con la del reino animal.
En nuestros textos sagrados se recoge esta idea cuando en el Génesis se hace un pequeño resumen de los días de la creación. Se puede interpretar como las diferentes etapas del desarrollo de la inteligencia a través de los complejos procesos de la materia, luego estamos hablando de una evolución universal. Pero, una vez creado el ser humano, se cuenta que el Creador descansó. Y así es, ya que con las posibilidades que nos ofrece el cerebro humano es cómo podemos recoger la antorcha del Gran Juego del Olimpo, el juego de la dinámica universal, y proseguir en nuestra dimensión terrenal el proceso de la creación.

Es una idea preciosa, querida mía, pero justamente cuando el hombre se hace dueño del planeta manipulando la materia y la energía, es cuando estamos al borde de un colapso de todas nuestras fuentes de alimentación.

Es cierto, pero quizá tengamos que aprender de nuestros errores. Creo que estamos pagando como humanidad, la novatada de estrenar un cerebro como el del que hoy disponemos. Como toda persona que maneja un instrumento nuevo, tiene que aprender a utilizarlo, y nos encontramos en esa fase de aprendizaje. Tenga en cuenta – y eso lo sabe usted muy bien- que si medimos el tiempo de la historia universal, sólo hace unos segundos que hemos emergido como tal inteligencia, y ponerse de pie y andar correctamente se va haciendo poco a poco. El niño que somos tropieza y se cae, pero esto le hace aprender. Sin embargo, mantengo la esperanza de que desde algún otro lugar, otras inteligencias con más rodaje que nuestra humanidad, nos estén vigilando como lo hace una madre con su hijo cuando aprende a andar; para que nuestros batacazos no acaben totalmente con el niño que somos y con la casa que habitamos.

Una pregunta se me viene a la mente, Dameb. Hemos visto la aparente distinción que existe entre información y forma, y al mismo tiempo, cómo una no puede existir sin la otra. Ante lo cual, mi planteamiento es el siguiente: si damos por hecho que existe una cualidad inteligente previa a la manifestación del universo, esa cualidad, siguiendo con nuestro discurso, posiblemente debiera adoptar una forma determinada. ¿Sabe Dameb? Es que me da la sensación de que al final vamos a terminar hablando de la típica imagen de un señor con barba blanca sentado en un trono celestial.

¡Ja, ja, ja..! Hacía mucho tiempo que no me reía de esta manera, profesor, y la verdad es que voy a tener que empezar a preguntarme si todas esas representaciones populares de los dioses que existen en las religiones, no nos estarán queriendo decir realmente algo, porque he comprobado en otras ocasiones que la sabiduría popular está llena de un profundo sentido de la vida.
Pero, pienso que debemos recurrir de nuevo a las analogías que parecen que son las que nos salvan de las situaciones un tanto oscuras. Hicimos la comparación entre la información artificial de una computadora y la inteligencia natural del cerebro humano. La computadora es sólo un instrumento, un medio por el cual la inteligencia del hombre introduce y programa información con el fin de manipularla para su propio provecho. Ahora bien, ante este hecho, podemos afirmar que existe un campo inteligente y humano que está fuera del mundo de las computadoras. Un nivel de existencia que la misma computadora, por más procesos complicados y operaciones matemáticas dificilísimas que realice, nunca puede llegar a captar. No tiene un órgano sensible y adecuado para percibir el potencial de la realidad humana ni para crear por sí misma la información. ¿Voy bien?

Sí, ahí está la gran barrera evolutiva entre esas dos dimensiones de la materia, la inorgánica y la orgánica. En una programación informática la capacidad funcional que tienen las estructuras neuronales del cerebro de la persona para pasar información al hardware de un ordenador es inmensa, puesto que en el orden evolutivo del universo una neurona tiene integrada los componentees básicos de un chip como son átomos, partículas y moléculas mientras que un chip no posee la compleja estructura orgánica de una neurona.

Creo que ya hemos recabado suficiente pistas para proyectarlas ahora a otra realidad más allá de la humana: el campo de la inteligencia universal. Es decir, debe existir un estado material muy sutil y con cualidades inimaginables, pero quizá no tengamos aún desarrollado suficientemente el cerebro para percibir esa otra realidad y comprenderla parcial o totalmente. Aunque, por otro lado, la historia está llena de testimonios místicos que avalan esa otra realidad última. No obstante, creo que algo de ella debemos intuir por el sólo hecho de poder plantearnos, consecuentemente, su existencia. La computadora ni siquiera tiene la facultad de cuestionarse nada.
Por lo que hay que reconocer que, aunque tengamos la tendencia a relacionar la existencia de una realidad inimaginable de inteligencia con un mundo de energías más que con un mundo material, tenemos que comprender que ese campo inteligente debe poseer en su propia realidad, la contraparte material y formal; a pesar de que la supuesta materia que la compone no la podamos considerar como tal en relación a la nuestra…
¡Ya lo tengo! La naturaleza formal y al mismo tiempo sin forma de la inteligencia universal, podría muy bien corresponder a la sustancia/espacio: la sustancia madre y sagrada cantada en las tradiciones, susceptible de ser moldeada y a generar todo tipo de formas gracias a la directriz de su contraparte masculina. Posiblemente, pudiera ser el detonante universal que andábamos buscando: la fuerza de una inteligencia sin límites que, incidiendo sobre su propia sustancia, conformara los universos. Y me acojo de nuevo al significado que usted mismo hizo al principio de la sustancia, como sustentadora de cualidades esenciales. ¿O es que acaso, la inteligencia no es una cualidad esencial? ¿Qué le parece, profesor?

Ni afirmo ni niego nada, Dameb. Pero sí le puedo puntualizar por si le sirve de apoyo a sus suposiciones; que el universo es un inmenso campo vibracional. Las ondas materiales se producen por perturbaciones de la materia como del sonido. Sin embargo, en el caso del espectro electromagnético y según la Teoría de la Relatividad, las ondas se propagan a velocidad constante en el vacío sin ninguna base sustancial.
Aunque nosotros, si queremos ser coherentes con nuestro modelo cosmológico, tenemos que considerar que la luz, y con ello todo el espectro electromagnético, se desplazaría por la sustancia/espacio/madre.
Luego, esto nos lleva directamente a una nueva terminología la de “ondas madres. Verá por consiguiente, que contamos con el aspecto energético y su base sustancial para que nuestro modelo sea coherente.
¿Sabe, Dameb, que esta concepción de la luz desplazándose p
or la sustancia/espacio, me recuerda a la creencia que hasta el siglo XIX se tenía acerca de la existencia del éter? Éste era una sustancia misteriosa, la quintaesencia de los filósofos griegos, que llenaba el espacio y por medio de la cual, la luz viajaba.

¿Y qué ocurrió con la teoría del éter?

Pues que no se pudo llegar a comprobar la existencia del éter, y después vino Einstein con su revolucionaria Teoría de la Relatividad y lo descartó.

¿Se ha fijado que la palabra eternidad deriva de éter? ¿Usted piensa que la sustancia/espacio/madre, increada y por tanto eterna, sería la equivalente al éter?

Vamos a ver, el éter, aunque se suponía que llenaba el espacio, no era propiamente el espacio. Uno puede afirmar que la botella está llena de agua, pero el agua y la botella no son lo mismo. Esto ocurre también con el reciente descubrimiento de la energía oscura, haciendo una distinción entre espacio y dicha energía que lo llena. Con nuestro modelo de Univero Matriz nosotros no hacemos diferencias entre continente y contenido, sino afirmamos que el espacio es sustancial; se resuelve en una unidad que llamamos sustancia/espacio/madre que tiene, además, la propiedad de generar materia. Ni el éter, por aquél entonces tenía una función generadora, ni tampoco a la recién estrenada energía oscura le atribuyen, de momento, dicha cualidad, como nosotros le adjudicamos a nuestra sustancia primordial.
¿Conoce la célebre fórmula de Einstein que dice que la materia es energía condensada? ¿Acaso concuerda esto con el informe/forma? ¿Estaríamos hablando de lo mismo? º

¿Por qué no? La idea base es que lo que aparenta ser una dualidad para nuestros sentidos físicos, formada en sus extremos opuestos como materia y energía, desde otra perspectiva más profunda comparten una sola entidad que se proyecta en grados de sí misma y creando diferentes niveles de realidad. Está claro que la materia está relacionada con la forma y la energía con el informe como ya apuntamos anteriormente. Por lo que una vez más me afianzo en la certeza de que la materia es inteligencia condensada, o dicho de otra manera: la materia es inteligencia registrada en el color, olor, textura, sabor, sonido; en fin, en todas las infinitas posibilidades que el mundo de las formas nos ofrece en la vida para poder experimentarla. La inteligencia como cualidad inherente a la sustancia madre surgiría de la misma, y las perturbaciones producidas en su seno crearían todas las estructuras materiales.

Está, además, el concepto científico “onda/partícula” que corrobora la visión unificadora y que ha traído y trae a más de un científico de cabeza, según la cual, la luz funciona a veces como onda, y otras veces como partícula. ¿Cómo podríamos explicar este fenómeno con nuestra visión del Universo Matriz?

Pues yo me lo explico de esta manera. Imagínese que hay un fuego y el agua para apagarla está algo retirada. Hay un grupo de personas y se dispone de varios cubos. Puede haber dos soluciones: o cada persona coge un cubo de agua y lo transporta hasta el fuego, o entre todos ellos forman una cadena y se van pasando unos a otros los cubos de agua. En el primer caso, cada persona sería como una partícula, y ésta se relaciona con el aspecto material, puesto que es vista como algo puntual que ocupa un espacio concreto. La “partícula/persona” se desplazaría, entonces, con su carga energética o cubo de agua, hacia el fuego. A este aspecto tan preciso y confinado de la luz se le llamaría fotón, pudiéndosele detectar como un cuanto o paquete de energía luminosa que viaja por el espacio.
A la segunda modalidad para apagar el fuego, se la reconoce como onda. En este caso, las partículas/personas no se desplazan, sino que van transmitiéndose de unas a otras, su carga
energética o cubo de agua. Es decir, se produce un movimiento ondulatorio de la energía sostenida por una base sustancial o física.

Bien Dameb, pero vamos a ordenar esta información porque observo que hay que distinguir dos niveles dimensionales en lo que ha descrito sobre el movimiento ondulatorio. La de nuestro espacio-tiempo y el de la sustancia/espacio/madre. La segunda modalidad la veo coherente con nuestra visión cosmológica. Es decir, en el espacio/madre solamente existiría el fenómeno ondulatorio al que hace un momento le hemos bautizado como “ondas madres” para distinguirlas de las ondas materiales de la física.

¿Y qué es, según usted, lo que trae de cabeza a los científicos?

Pues, eso mismo. Cómo es que la luz se comporta al mismo tiempo como una onda que es algo que se expande a todas partes, y como una partícula, que es algo confinado a un sitio puntual. Parece totalmente contradictorio.

Acojámonos analógicamente al ejemplo del informe/forma, a ver si nos dice algo al respecto. Si el informe lo asociamos a la onda y la forma a la partícula lo podríamos contemplar de la siguiente manera…

¡Fíjese bien! Creo que está algo despistada. La onda es tanto información como forma y la partícula es también más de lo mismo. Luego no podemos diferenciarlas y decir que una es información y la otra forma ¿De acuerdo?

Lleva toda la razón y rectifico. A cada unidad que se abre como un punto luminoso de la sustancia/espacio le llamamos partícula/madre la cual conlleva su propia información. Pero esta partícula se va desplazando por la sustancia/madre como una onda/madre que es en sí misma otra forma de manifestación. Entonces tenemos que contemplarlas tanto a una como a otra en diferentes modalidades de expresión. Por consiguiente; una de las formas más elementales que adquiere la información universal son las partículas de luz o fotones. Pero por esta regla de tres, todo cuerpo espacial o estructura material tendría también que poseer su paquete de ondas o de frecuencias asociadas. Por ejemplo; nuestros propios cuerpos. ¿Le parece correcto así?

Y efectivamente es así. Según apuntan las últimas teorías de la filosofía de la ciencia, el universo estaría compuesto de campos de ondas interactuando entre ellos. Es nuestro cerebro el que interpreta los complejos y vibratorios campos ondulatorios fijándolos y confinándolos en imágenes. Se le llama el colapso de onda. Y como muy bien ha dicho, una de las focalizaciones más simple que hace el cerebro en la fijación de una imagen, es la de un fotón o destello de luz del espectro electromagnético, aunque para distinguir dicho cuanto energético, o mejor dicho para seguir el rastro de su huella, nos tengamos que servir a veces de sofisticados aparatos de medición.

Entonces, profesor, ¿hay algún problema en comprender la dualidad de la luz como onda y partícula en la física actual?

Si le aplicamos el modelo existente de relación entre el informe/forma, verdaderamente no hay ningún problema para comprender la dualidad onda/partícula. Son inseparables e inherentes a toda estructura. Por un lado contamos con la realidad ondulatoria que compone la totalidad del campo de la creación universal, y por otra parte, la focalización o plasmación puntual que hace el cerebro de un determinado paquete vibratorio transformándolo en un objeto visual.
Llevado a su ejemplo de los cubos de agua lo veríamos como un sin fin de cubos/fotones desplazándose por una urdimbre formada de partículas/espacio o personas que sostienen e impulsan a los fotones, en su recorrido. Nuestro cerebro, al igual que hace una cámara fotográfica cuando mira por el objetivo y dispara, lo que hace es recoger y fijar una instantánea del movimiento ondulatorio obteniendo una imagen de un fotón en su pose particular.
Creo que por ahí va la cosa.
Estamos hablando de que la realidad básica y sustentadora del universo se revela cuánticamente y que en nuestro modelo cosmológico va surgiendo a cada instante, pulso a pulso de un campo madre y sustancial de donde emana y vuelve a desaparecer.

¡Claro! El punto, aparece entonces, dónde y cuándo tu miras.

Desde esta perspectiva se puede comprender el comportamiento dual onda/partícula porque son dos expresiones que coexisten de una misma realidad.
Ahora bien, existe otra operación de descodificación que hace la mente, pero de una forma inteligente, ante la vista de un objeto dado.

Perdone, profesor. ¿Es que acaso no considera que es inteligencia, inteligencia universal -y de un nivel inimaginable- lo que hace el cerebro cuando descodifica el campo ondulatorio?

Rectifico, entonces. Es inteligencia universal actuando a través del cerebro, pero como nuestro lado consciente y personal no actúa en ese caso, podemos considerarlo como una operación automática. Pero se diferencia del desglose analítico que hace el cerebro cuando actuamos conscientemente. Ejemplo: de esta mesa que vemos delante nos llega su forma cuadrada, el color que tiene, por su estilo sabemos que es una mesa de trabajo y que está hecha de madera; aunque en otro nivel de la realidad todo esto se traduzca en determinados paquetes de ondas. La información inteligente que lleva la mesa está en todo el proceso que ha seguido la madera, desde pertenecer a un árbol, a ser manufacturada en un taller para conseguir la forma de mesa adecuada para trabajar. Podemos fijarnos en cómo están ensambladas todas sus partes, cómo las patas están dispuestas para que la mesa tenga un soporte estable. Los cajones están diseñados de manera que tengan buena capacidad y facilidad de apertura, estando colocados de forma que no entorpezca la comodidad del que la va a utilizar. Como usted muy bien dice, todo ello es inteligencia registrada por el humano para el uso y disfrute del propio ser humano.

Y para rizar el rizo, la inteligencia no tiene su origen en el cerebro sino que éste es un medio físico creado y utilizado por un campo inteligente que lo trasciende y lo penetra para poder experimentarse en esta realidad espacio-tiempo. Todo esto es un sistema que se retroalimenta.

Algo así como una trama infinita que se autogenera y se autointerpreta indefinidamente.

Siguiendo con la dualidad universal energía/materia, me la imagino como una línea horizontal; en el término de la izquierda pongamos el aspecto material, y en el opuesto de la derecha, la energía. Los restantes puntos de esa línea que unen la polaridad –si hacemos un seguimiento de izquierda a derecha-, serían las progresivas desestructuraciones que va mostrando la materia hasta convertirse en pura energía. Y si lo miramos de derecha a izquierda sería el recorrido gradual de estructuración que hace la energía hasta convertirse en la materia más sólida que conocemos.

Está usted expresando, pero de otra manera, lo mismo que dijo Einstein, ya que los componentes de la dualidad energía/materia son de la misma naturaleza.

Aunque, -y esto es importante-, pienso que incluso en el extremo de la energía más sutil, ésta debe contener una mínima base material. Lo que le quiero decir es que no puede darse una ruptura total entre la naturaleza energía/materia porque, si así fuese, ninguna de las dos podría convertirse en la otra, ¿entiende? Esto es lo que nos quiere indicar el pequeño círculo negro sobre el fondo blanco y el circulito blanco sobre el fondo negro, en el sabio anagrama taoísta del Yin-Yang

Entiendo, el símbolo nos indica que no existe nada puro en el universo al cien por cien, sino que la pureza habría que contemplarla en un sentido relativo.

Todavía no he terminado con el estudio de mi línea, profesor. Yo misma me asombro por toda la sabiduría que se puede extraer de una simple línea. Pues bien, ahora la línea que nos habíamos imaginado es la base de un triángulo. Los dos vértices de abajo, quedamos que estaban representando la dualidad energía/materia. Estos dos vértices se proyectan y convergen en el tercer vértice de arriba. Hemos entrado en una nueva dimensión. ¿Qué nos está indicando este tercer vértice del triángulo?

Pues que este planteamiento me suena de otra vez anterior en donde usted expuso el ejemplo del triángulo para un caso muy parecido.

Sí, fue para el ejemplo de materia y espíritu

Pues le voy a contestar con la misma sabiduría que usted suele emplear en estos casos. Como muy bien ha dicho, la línea representa una sola dimensión, pero fíjese: es una medida que contiene una diferenciación compuesta de energía/materia. No obstante, cuando esos dos extremos de la línea se unen en un solo punto, forman una nueva dimensión de su unión Esto nos lleva a la conclusión de que en el vértice superior es en donde energía/materia se integran en un orden que trasciende todos nuestros cálculos y especulaciones. Dígame usted, amiga mía, ya que tiene más imaginación que yo: ¿Cómo nombraría el estado en donde energía y materia quedan integrados en una sola y única realidad?

 

¿Que cómo lo nombraría? No nos faltan palabras para su definición, porque en nuestro modelo cosmológico nos hemos acercado al misterio y le hemos llamado vacío, pre-espacio, matriz universal, sustancia/espacio y sustancia madre para entendernos de alguna manera pero, igualmente se nos escapa y me está recordando las palabras de Lao Tsé que intentó también definirlo desde la negación.

El Tao que puede ser expresado, no es el Tao Eterno.
El nombre que puede ser definido, no es nombre Inmutable
La no-existencia es llamada el antecedente del cielo y la tierra;
La existencia es la madre de todas las cosas.
Desde la eterna no-existencia contemplamos serenamente el misterioso principio del universo;
Desde la eterna existencia vemos con claridad las distinciones aparentes.
No-existencia y existencia son idénticas en su origen; sólo se diferencian al hacerse manifiestas.
Esta identidad se llama profundidad. La infinita profundidad es la fuente de origen de todas las cosas del universo.”

Se ha quedado muy callado, profesor.

Sí, es que es muy bello, realmente hermoso y bello, querida Dameb.

Es bello en su exposición y es bello en la inmensa sabiduría que contiene. Resulta significativo que la primera vez que leí esos párrafos taoístas me sedujeron enormemente, pero su contenido quedó velado para mí. Ahora, me doy cuenta de que el velo de Isis se descorre y me extasio con su profundo contenido.
Por cierto, llevo tiempo trabajando y perfeccionando un sencillo modelo geométrico compuesto de tres círculos entrelazados en donde se puede ordenar y entender de manera fácil, no sólo el contenido del poema taoísta, sino otros detalles complementarios basados en el Principio Creador a través de los opuestos; de la dualidad masculina y femenina. Por ejemplo; la figura del triángulo que hemos estado viendo, está extraída de dicho modelo. Un día, con tiempo y si le interesa, podríamos estudiarlo.

Por supuesto, Dameb, ya sabe que estoy abierto a todas sus sugerencias y también a las concepciones intuitivas que suele hacer acerca de la naturaleza de las cosas y del mundo en que vivimos. Desde su profesión, es usted una gran indagadora e investigadora de la verdad: le encanta escudriñar los misterios de la vida.

Bueno, mi profesión ha sido consecuencia de mi naturaleza inquieta y no al revés. Escribo como disciplina para ordenar mi caudal mental, y al ordenarlo, nuevas piezas van encajando.
¿Sabe lo que me impele a plantearme tantas cosas sobre los llamados misterios de la vida?

Acaba de decirme que es una inquietud que trae por naturaleza, ¿no es así?

Sí por descontado, pero en mí, esa inquietud se traduce en cierta manera y, como le acabo de decir; en una necesidad de ordenar. Hoy día poseemos gran cantidad de información dentro del campo del conocimiento científico y no científico; lo siento como si fueran todas ellas piezas de un mismo puzzle. Lo que diferencia a un puzzle acabado de otro por hacer, es el orden. La información está en ambos, pero mientras que en las piezas sueltas la información está implícita, en el puzzle ordenado la información se vuelve explícita. Creo, por consiguiente, que los misterios de la vida no son como nos imaginamos: cosas incomprensibles a la inteligencia humana, sino más bien cosas sin ordenar y por ello no las comprendemos. Y para ordenar hay que tener un sentido de relación entre las diferentes piezas y, desde luego, dentro de una visión de conjunto.

Y ¿cómo empezó a ordenar todo ese batiburrillo de datos?

Empezando desde lo más sencillo y siguiendo, como es natural, el curso que ha seguido el mismo universo en su creación de estructuras simples a complejas. Se trata de tener dos o tres claves básicas y una buena dosis de observación y, a partir de ahí, se puede empezar a elaborar el entretejido del conocimiento.

Y ¿Cómo establecer los primeros puntos de apoyo para mover su mundo de conocimiento? ¿Cómo supo usted distinguir cuáles eran las claves por donde tenía que empezar a trabajar?

Empecé con el conocimiento del Hermetismo y sus siete sabias leyes en donde se exponían algunos principios sobre el funcionamiento universal, y luego me puse a observar… ¿Cómo explicarle? Por ejemplo, cuando uno de estos principios herméticos afirma que el universo que percibimos es de naturaleza dudal y que la creatividad surge de la interacción de dicha dualidad, empecé a constatarlo en cantidad de ocasiones y de muy diversas maneras. Se puede decir que me puse las gafas para ver el funcionamiento de los complementarios. Y le puedo confirmar que, efectivamente, el universo muestra una parte femenina y otra masculina en su dinámica, y que esta dualidad creativa se manifiesta en todos los órdenes de la realidad que conocemos; si no fuese así, no tendría la cualidad de universalidad.
También le puedo asegurar que, gracias a esos principios comunes que se manifiestan en toda la existencia, le sugiero, que cuando en sus trabajos de investigación no obtenga respuesta para alguna cosa, mire a su alrededor; porque desde el funcionamiento de cualquier otro campo de la vida, le puede venir la información que necesite.

Dameb, hasta ahora únicamente me ha hablado de un principio de orden, pero en el universo también existe el caos, y es tan relevante como el primero. La Teoría del Caos es una de las visiones más avanzadas que la ciencia hoy día investiga.

Estoy totalmente de acuerdo con usted. Orden y desorden, cosmos y caos, también hay que contemplarlo como las dos caras de la moneda. No puede existir el uno sin el otro, pero los dos quedan integrados en una realidad de otra dimensión, en el vértice superior del triángulo. ¿Lo ve usted así?

Sé lo que quiere decir, pero tendríamos que verlo más detenidamente; mejor en otro momento. ¿Le parece?

Es preferible, ¿pero le importaría darme su opinión acerca de la última obra teatral a la que asistió hace unos días?


 

 


                                                                                                            

 

 

 

EL   MODELO  CREATIVO O "COMODÍN"

Dameb: Hoy vengo dispuesta a enseñarle mi fórmula mágica, profesor.

Profesor: ¡Ah, una fórmula mágica! Y ¿de qué se trata, Dameb? Me resulta usted tan sorprendente, que no me extrañaría nada que, efectivamente, hubiese dado con el elixir de los dioses. ¿Es que por casualidad, me quiere volver inmortal?

No, lo siento, no se trata de ningún bebedizo prodigioso, amigo mío, pero es una formulita tal que si nos metemos a estudiarla a fondo, le puedo asegurar que se nos pasará el tiempo sin darnos cuenta. ¿No es eso, acaso, una forma de volverse inmortal?

Bueno, momentáneamente inmortal.

Pues, entonces, vea usted este círculo. No sé si recordará que una vez le dije que llevaba cierto tiempo trabajando mis investigaciones sirviéndome de un modelo geométrico compuesto de tres círculos entrelazados. Este que le muestro es el primero de ellos. Me sirven para ordenar las diferentes fases de la vida como son el nacimiento de un sistema, el desarrollo del mismo y su muerte o transformación. Pues aquí le presento al primero de ellos que le llamo el “El Círculo de la Creatividad”, porque a través de su simplicidad geométrica he ordenado –para así poder entender mejor-, los puntos principales que existen en toda función creadora. Es como un “modelo comodín” porque me ha facilitado la comprensión de muchas cosas, y me gustaría que lo aplicáramos a lo que es la creación universal. Seguro que tiene que encajar, pero me encantaría contar con su valiosa colaboración. (Diagrama 1)

Vamos a ver: si no he entendido mal, usted me quiere indicar que este círculo con su respectiva numeración y el concepto que va asociado a cada número, representa la estructura conceptual de cualquier función creadora, y quiere que lo apliquemos a nuestro modelo cosmológico, ¿no es eso?

Sí, es algo parecido al símbolo del Yin y el Yang que usted ya conoce, pero quizá más completo, algo más explicativo en cuanto aporta el enriquecimiento de los números. Aunque antes quisiera aclararle que los números que aparecen en el diagrama, no sólo están representando un orden dentro del esquema, sino una cualidad específica propia de cada número.

¿Quiere decir que su esquema contiene una visión pitagórica de los números en cuanto éstos, además de representar una cantidad y un orden, son poseedores de un contenido cualitativo y explicativo de la realidad?

¿Quiere decir que su esquema contiene una visión pitagórica de los números en cuanto éstos, además de representar una cantidad y un orden, son poseedores de un contenido cualitativo y explicativo de la realidad?

Aunque conozco muy someramente la filosofía pitagórica, puede que sí, que exista cierta similitud con respecto a la concepción de los números pitagóricos, los cuales simbolizan funciones o fuerzas operando en el universo.
¿Sabe que estoy entusiasmada, profesor? Pienso que podemos crear nuevos patrones cosmológicos por lo menos a un nivel metafísico, con las posibilidades que ya hemos barajado y que seguramente se pueden ampliar cuando las adecuemos al Modelo Creativo.

Bien pero, ¿Le importaría explicarme su modelo creativo antes de aplicarlo a nivel cosmológico?

No son planteamientos nuevos, ya lo hemos hablado en anteriores encuentros. Únicamente que aquí lo tengo organizado en un esquema. Se lo explico brevemente.
Empiezo por el 0 como representante del vacío, pero considerando al vacío, como hemos acordado, no solamente como mera ausencia de cualquier cosa sino como un estado de pura potencialidad previo a cualquier actividad creadora.

Así es. Por ejemplo; en matemáticas se tiene presente la concepción teórica del vacío, representado por un cero cruzado por una raya diagonal, pero sin aparentes propiedades cualitativas asociadas.

El siguiente número es el 1. Mirémoslo como el primer atisbo de manifestación que proviene del vacío; como la semilla aún sin abrir que desde la no-existencia surge a la existencia. Geométricamente, es un punto en medio del vacío, todavía sin dimensión determinada; es una unidad indiferenciada, pero en donde están contenidas todas las posibilidades para la creación de un universo, al igual que en una semilla está potencialmente un árbol. ¿Cómo explicaría usted el 1?

Pues a decir verdad, Dameb, es el número que representa la unidad, y también el principio de cualquier acontecer previo a la posterior complejidad. Como número natural es indivisible, sin embargo, como número racional puede ser fraccionado en una mitad, en un cuarto etc...

Está bien, y encaja con la visión simbólica del número 1. En cuanto a su fracción, yo la comparo, por ejemplo, con la capacidad que tiene una célula de dividirse en dos partes; o la misma cadena del ADN al desdoblarse en dos mitades,  y esto nos lleva al concepto del 2 o la dualidad representada a ambos lados del Modelo Creativo.
El número 2 y su posición nos dice que en el universo todo se manifiesta de manera dual. En el diagrama vemos que del punto 1 surgen dos líneas curvas, y en cada uno de los dos puntos en donde se alcanza la media circunferencia, he colocado un 2.

Vamos a ver, Dameb, quiero que me aclare si esos números 2, representan cada uno de ellos dos opciones, porque, entonces, en vez de una dualidad habríamos dado un salto a la cuadruplicidad.

Se lo aclaro ahora mismo. En realidad se refiere a un solo 2; pero verá, profesor, como no lo voy a cortar por la mitad y poner un trocito a cada lado -porque de ese modo estaríamos inventando números nuevos-, lo que hago es repetirlo en cada lateral de la circunferencia. Ahora sí, cada uno de ellos y dependiendo en qué lado esté, viene a representar en relación al otro una cualidad opuesta y, a la vez, complementaria de la unidad. El número 1, que es  completo en sí mismo, se despliega en dos y aparece la dualidad masculino/femenina representada por el número 2. En el caso del proceso creativo de la semilla, ésta se abre y se despliega en dos vertientes: una que va hacia adentro, son las raicillas que como aspecto femenino es lo que permanece oculto y en la oscuridad, pero es lo que va a sustentar a la planta. Y por otro lado, el pequeño tallo que sale hacia la superficie, hacia la luz, es la cara masculina.  ¿Queda aclarada su duda?

De momento, sí.

Continúo. En toda acción creadora se da la interacción de lo masculino que hace de fuerza expansiva o de empuje incidiendo sobre un elemento femenino que responde de dos maneras: con resistencia o con receptividad. Ya lo vimos en su día, por lo que no hay que volver sobre el mismo tema. Pero ahora lo podemos ver situado a los dos lados del círculo. Esta interacción corresponde al punto 3, generándose un movimiento o proceso que produce un resultado o fruto, representado por el punto 4.

Vayamos por partes. ¿No acaba de definir que en el punto doble del 2, es dónde una fuerza masculina interactúa con una femenina?  ¿Qué diferencia hay, entonces, entre el punto 2 y el punto 3?

Lleva razón, por querer resumir me olvido de dar explicaciones básicas para la comprensión del diagrama.
Se lo explico de la siguiente manera: el 3 no lo podemos definir ni como masculino ni como femenino. en tal caso como neutro, porque es en donde ambos elementos interactúan para generar un resultado. El 3 hay que verlo como un  punto puramente dinámico. El punto 1 es donde el potencial dual está aún replegado en una unidad. Aún no se ha hecho manifiesto. Así que ¿cómo distinguir las cualidades genéricas que están implícitas en el 1 y que se actualizan o interactúan en el punto 3? La doble posición del 2 nos la explica. Es algo así como si abriésemos a la semilla que es el 1, y viésemos cuáles son sus características potenciales.

Ya entiendo. Son únicamente modelos conceptuales que nos sirven para saber diferenciar a los opuestos. Por eso los ha ubicado en el diagrama, uno frente al otro. ¿Correcto?

Ya veo que mis palabras no caen en un “agujero negro”. Pero bien, sigamos viendo el número 3 que es, a mi parecer, un punto muy interesante porque nos puede sugerir gran cantidad de cosas. Veamos: Si el punto 1 lo hemos definido como un estado aún  potencial, el punto 3 es en donde la potencia se vuelve acción, esto es, se actualiza a través de la interacción de sus opuestos. El punto 3 es en donde se lleva a cabo el proceso de gestación para dar a luz el fruto en el número 4. Dicho de otra manera: las fuerzas que intervienen en la gestión van cobrando forma acabada en el 4, que es el punto que representa en sí toda estructura. En simbología numérica el 4 está relacionado con la materia.

Veamos, el nacimiento de un niño, se ordenaría según su Modelo Creativo de la forma siguiente: el 1 vendría a ser el potencial de "una pareja"para la creación de un bebé. Al hablar de pareja hablamos naturalmente de una unidad. En el 2 distinguimos que una pareja está compuesta de hombre y mujer, cada uno con sus diferentes características físicas que les posibilitan la creación de un ser humano. En el punto 3 se produce la interacción de ambos, o sea, el acto sexual. El hombre incide sexualmente sobre la mujer para emitir la información genética necesaria para tal fin. Pero el 3, aparte de ser el punto de encuentro de la dualidad, también señala la dinámica que se pone en marcha: la gestación del bebé. En el punto 4 el bebé nace como fruto o resultado de la gestión anterior. 

Bueno, bueno… Es una maravilla trabajar con usted, me encanta poder hacerlo.

Gracias, amiga mía, pero una vez entendido el Modelo Creativo, las aplicaciones son fáciles de hacer.

¿Nos metemos a interpretar y ordenar nuestro Universo Matriz a la luz del Modelo Creativo?

Le doy la palabra.

El cero simbolizaría la infinitud del vacío, lo que nosotros hemos quedado en llamar sustancia/espacio. Soy algo exigente y no quiero utilizar, de momento, el término de sustancia madre, porque el vacío se supone que no tiene identificación genérica, pero lo profundizaremos más adelante. Es la no-existencia según Lao-Tsé, ante la ausencia de toda creación, pero en donde están latentes todas las inagotables posibilidades de la existencia. Los cabalistas llaman a ese estado “la cara oculta de Dios”. Pero no se alarme, pues sé lo que está pensando. Estamos de acuerdo  en la forma de entender que la vacuidad es un concepto relativo y nunca una realidad absoluta. Un vaso está vacío en relación a otro lleno de agua; su vacío es real en cuanto a la ausencia de agua, pero no en su realidad última, puesto que contiene aire. De la misma manera, la sustancia/espacio es un vacío en relación a las estructuras materiales, a los universos que nacerán de sus entrañas pero, en sí misma, acordamos que no era tal vacío sino la plenitud absoluta.

Usted misma lo ha explicado muy bien. Por consiguiente, en el punto 0 del Modelo Creativo vamos a situar a la vacuidad de la sustancia/espacio en su estado de reposo y de atemporalidad, pero con un potencial infinito para producir todo tipo de fenómenos que emanan  de sus entrañas.

El 1 aplicado a nuestro modelo cosmológico debería ser el detonante que mencionamos y que induciría a la sustancia/espacio a salir de su letargo y a comenzar la gestación de un universo.

Sí, pero hay que matizarlo más. El 1 es un punto muy delicado, porque aunque marca todavía una fase potencial como semilla o como unidad indiferenciada que es, hay que saber distinguirlo del vacío. Y si por otro lado, le adjudicamos algún tipo de actividad, nos salimos del 1 y estamos en el punto 3. ¿Entiende?  Yo contemplo al 1 como una pre-acción de la sustancia/espacio, previa a la apertura de incontables partículas/espacio en el punto 3. ¿Mejor así?

Mejor. Al 1 lo podríamos comprender como el punto medio en donde se tocan dos círculos. La imagen del ocho nos puede servir de ejemplo. Uno de los círculos podría representar a la infinitud del vacío, de lo inmanifestado; y el otro, la infinitud del mundo de la manifestación, es decir, a nuestro universo o a los incalculables universos que puedan surgir del vacío. El 1 sería, entonces, el punto de enlace entre el mundo de lo invisible y lo visible. Comprendo que al ocho en posición horizontal le hayan adjudicado el símbolo del infinito.

Voy a retomar el modelo del triángulo que me ha puesto de ejemplo en otras ocasiones. El número 1 estaría situado en el vértice superior del triángulo; por lo que la dualidad que viene en el siguiente paso del Modelo Creativo formaría los dos vértices inferiores del triángulo, complementándose.

Efectivamente; en el 1 las dualidades informe/forma, energía/materia y onda/partícula foman una sola entidad sin distinciones aparentes.  Algo difícil de definir con nuestro lenguaje, por ser algo que se nos escapa a nuestra mente. Es, por eso mismo, por lo que a la realidad de esa adimensionalidad se le llama “lo innombrable”.

También lo inmutable.

n ese punto tocamos el misterio, en él las paradojas existentes en las ciencias se resolverían y  los irreconciliables se reconciliarían. Si conociéramos la naturaleza íntima de ese estado de la realidad, lo podríamos “denominar”, pero no la “dominamos”.

Comprendo su juego de palabras, y me gustaría comentarle –porque creo que estamos de acuerdo-, que en el juego de la vida, la suma de uno más uno no hacen siempre dos, sino nuevamente uno. Le pongo un ejemplo: si introducimos en un canasta una manzana y luego otra, evidentemente, el resultado de esa suma en el canasto nos dará dos manzanas, pues aunque estén muy juntas no interactúan entre ella. Pero si cogemos un electrón y un protón, el resultado de su interacción no es la suma de dos elementos, sino que se crea un elemento nuevo: un átomo de hidrógeno ligero, puesto que los dos componentes han reaccionado mutuamente y han originado un cuerpo que posee identidad propia y con cualidades diferentes. En resumen; una nueva realidad de la materia, inimaginable e imprevisible a la condición del electrón y el protón por separados. Eso es, amiga mía, el gran misterio de la creación, de la vida. Hay que distinguir, por tanto, entre lo que es una suma y una interacción. En la suma, los elementos componentes no reaccionan entre ellos. Si reaccionan, cabe la posibilidad de que se integren en una nueva unidad, un cuerpo cualitativamente diferente en las estructuras de la Vida

Pero si reaccionan, profesor, por descontado que es debido al juego de las diferenciaciones de género existentes entre ellos. Si le parece, podemos pasar a estudiar dicha dualidad en el plano cosmológico.

Muy bien, ahora en el siguiente paso del 2, y siguiendo con la coherencia del Círculo Creativo, podemos pasar a identificar, distinguir, diferenciar y nombrar lo que hasta ahora pertenecía a una  realidad Innombrable.

Efectivamente. Ahora podemos nombrar con pleno derecho  a las diferencias universales posicionadas en los dos lados del Círculo de la Creatividad. En el lado izquierdo del diagrama podemos ubicar todo lo relacionado con el modelo femenino: es el lado sustancial y formal de la vida,  pero también es el alma y la sensibilidad, las cualidades del Hemisferio Derecho del cerebro, lo elementos Agua y Tierra, la noche, la materia, y un sin fin de cosas más. Y en el lado masculino tenemos a la energía, al espíritu, al día, los elementos Aire y Fuego, lo inteligible y las cualidades del Hemisferio Izquierdo. En fin, justamente lo complementario de lo femenino.

Ha dicho, Dameb, que la dualidad universal como entidades separadas sería sólo aparente en nuestra dimensión física. Estoy de acuerdo con ello. Sabemos que los últimos paradigmas de la ciencia han apuntado hacia la unificación de ciertos fenómenos fundamentales que anteriormente se veían como separados, como pueden ser la energía/materia, onda/partícula y el espacio/tiempo.

Si pensáramos con profundidad, nos daríamos cuenta de que realmente no son entidades separadas. Pero, la verdad, es que como humanidad nos ha ocurrido un fenómeno un tanto extraño; y es que la mente humana funciona con una estructura mental fraccionada.  Ese es un error que venimos arrastrando por generaciones. Vemos como separado algo que no lo está. Sinceramente, siento que ésa fue la gran caída que cuentan que ocurrió en los albores de la humanidad y que ha sido recogida en los mitos de muchas tradiciones. Pienso que de alguna manera se ha trastocado nuestra información genética. Volver al paraíso perdido -es decir, al espacio interno de la unidad que por naturaleza nos pertenece-, nos está costando mucho sufrimiento y sudores. Son muy pocos los que han conseguido vislumbrar esa realidad de unidad.

¿Tiene acaso alguna relación simbólica todo esto que está diciendo, con el mítico Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal? Haber comido el fruto del árbol prohibido, ¿tiene algún significado para usted?

Indudablemente que para mí tiene su significado. Otros le podrán dar interpretaciones diferentes, y no por ello menos interesantes. Le doy la mía:
En principio, el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, simboliza el conocimiento de la existencia de la Dualidad Universal. Pero ¿qué ocurre? Pues parece ser, según cuenta la leyenda, que en una etapa temprana de la humanidad hemos asimilado mal la sabiduría que contiene dicho arquetipo universal, y la interpretación que le hemos dado ha sido incorrecta. Esto ha supuesto que mentalmente hayamos escindido el árbol en dos, y la dualidad que deberíamos verla como una unidad de opuestos que se complementan para producir frutos, la hemos visto y seguimos haciéndolo como entidades de naturaleza contraria y en eterna lucha, irreconciliables y excluyentes.

Ya me estoy dando cuenta de que las consecuencias de esta forma de interpretar erróneamente la realidad, nos ha conducido a una larga cadena de conflictos, de luchas ideológicas de todo tipo. Podemos afirmar que, generalmente, nuestros planteamientos científicos, políticos y religiosos han estado impregnados de “blanco ” o de “negro”.  Cuando nos hemos identificado con el lado blanco, hemos luchado contra los que se identificaban con el lado negro y, puesto que cada bando se considera a sí mismo como el portador de la verdad, necesariamente lo contrario a nosotros tiene que ser forzosamente falso, contra lo que inevitablemente hay que luchar porque atenta a nuestra identidad y seguridad personal.

Pues sí, profesor, así llevamos viviendo miles de años. Pero fíjese qué cosa más curiosa: nuestra naturaleza profunda y última es de unidad; llevamos la totalidad en nuestro interior, pero no somos conscientes de esa realidad por el vicio de nuestra mente de utilizar estructuras fraccionadas y excluyentes. Pero ocurre un hecho muy curioso: como tenemos la tendencia natural hacia la unidad y no podemos sustraernos a esa realidad innata, ¿se imagina qué hacemos entonces? ¡Totalizamos la fracción! O sea, que nuestra pequeña parcela de visión  y de creencias la elevamos al rango de absoluto y negamos el resto. Con esta manera de autoengañarnos, sentimos que no vivimos en la división. Es terriblemente patético, ¿no le parece?

Es fuerte lo que está diciendo, pero hay que reconocer que cuando empleamos términos absolutos para expresar nuestras ideas y creencias, estamos limitando la realidad. Se da la circunstancia de que mientras más pobre es nuestro campo de visión, posiblemente seamos más contundentes en nuestras afirmaciones y negaciones. Tendríamos que ser más precavidos en la cuestión del lenguaje y utilizar, en lo posible, términos relativos en nuestras interpretaciones, puesto que ninguna verdad es un hecho aislado de la totalidad; nada tiene existencia propia si no es en su relación e intercambio con el resto.
Pero, no sé, Dameb, pienso que la semilla de la unidad que tenemos plantada en lo más profundo de nuestra naturaleza humana está germinando. Yo soy optimista al respecto y, en relación al futuro, presiento que iremos recogiendo sus frutos.

Me uno a sus expectativas. Vera usted, yo hago una relación entre la historia de la humanidad con la historia del individuo. En nuestros albores –y al igual que un niño con su madre- estaríamos unidos por un cordón umbilical a la naturaleza. No se viviría en esa división interna, no nos sentiríamos separados de nada; gozaríamos en el paraíso de la unidad ignorando la experiencia de un estado de separación.. Es, en el proceso del devenir del alma grupal a individual, cuando hemos perdido las ventajas de ser arropados y protegidos como niños. Hemos ganado libertad y autonomía, pero el inconveniente es que no somos maduros y cometemos muchísimos errores. Creo que ahora nos encontramos en el paso crítico de la adolescencia, en donde nos hemos rebelado ante nuestros propios hacedores; necesitamos crear nuestra propia identidad y por ello desobedecemos e incluso repudiamos la sabiduría de los principios naturales. Pero, bueno, todo es cuestión de tiempo, y como hizo el “hijo pródigo” -que gracias a la experiencia de haber tocado fondo en su naturaleza caída, pudo ir creando una nueva consciencia y regresar al hogar de origen-, nosotros como humanidad llegaremos también a crear una mente consciente de la unidad puesto que ya habremos aprendido lo que es la aridez y el sabor amargo de vivir en el individualismo y la fracción.
No obstante, algunas veces me viene como una especie de tufillo de que alguien saca provecho de nuestra miopía mental, y quizá interese que como humanidad no evolucionemos y sigamos sumergidos en esta especie de locura hipnótica colectiva.
En fin, continuemos con nuestro círculo de la creatividad. Con la posición 3 se cierra el círculo representando la interacción de los complementarios. Es el punto de la creatividad, que no es ni femenino ni masculino, sino de naturaleza neutra y dinámica.

Estoy viendo que en su Modelo Creativo me recuerda en cierta manera y de forma muy esquemática a los tres elementos de la Mecánica, que son: empuje, resistencia y movimiento. Siguiendo con nuestro modelo la fuerza de empuje la pondríamos en la parte de la derecha. Es equivalente al impulso que usted ha puesto y que denomina el factor masculino, porque está relacionado con el aspecto energético de la dualidad energía/materia. Por lo contrario, la resistencia está relacionada con la masa de un objeto y, por consiguiente, corresponde al lado sustancial de lo que usted dice que es la naturaleza de lo femenino, y que observo que ya lo tiene puesto e incluso ampliado a la opción de la receptividad. Tengo que aclarar que aunque hablemos en términos de resistencia y de receptividad, como reacciones opuestas a una fuerza incidente, siempre encontraremos un mínimo de resistencia por lo menos en lo que concierne al plano físico. Por ejemplo, si lanzamos una piedra al agua aunque se hunda y llegue al fondo habrá tenido que vencer el choque de la resistencia del agua. Por último, coincidimos en ubicar en el punto 3 el movimiento inherente a todo proceso de gestación.

Veo, profesor, que esta coincidencia no es pura casualidad, sino que el Modelo Creativo como ya le he comentado, es un esquema común y básico que refleja ciertos principios universales; y como consecuencia de ello, se puede encajar en él cualquier función creativa. Por eso le llamo algunas veces Modelo Comodín.

Pues bien, sigamos viendo el número 3 como movimiento inherente a un proceso porque nos puede sugerir gran cantidad de cosas. Veamos: si el punto 1 lo hemos definido como un estado potencial, el punto 3 es donde lo potencial se vuelve  acción, o sea se actualiza a través de la interacción de sus opuestos. Es donde se lleva a cabo el proceso de gestación para posteriormente tomar forma o dar a luz en el número 4, que es el que representa en sí toda estructura. En simbología numérica, el 4 es el cubo, un cuadrado en tres dimensiones.

Espere Dameb, se me está ocurriendo una idea. Si el punto 3 representa el movimiento, habría dos formas de verlo: como continuo –que es fluido y sin interrupción- y como discreto –que está hecho de micromovimientos o minisecuencias. Pero ahora que lo enfoco mejor, todo movimiento, aunque lo veamos como continuo, en su realidad básica está formado de pequeñas unidades de movimiento. Al igual que los paquetes o cuantos de energía del espectro electromagnético.
Para que lo entienda bien, imagínese los dibujos de las películas animadas: cualquier movimiento de Mickey Mouse está hecho de múltiples pasos, pero al imprimirle la acción de proyección sobre la pantalla, el resultado parece ser la de un movimiento continuo y el ratoncito nos da la impresión de que tiene vida propia. El 3 sería las interacciones de la Dualidad Universal en continuas unidades de micromovimientos que, a su vez, van generando formas y estructuras que en nuestra realidad espacio/temporal se nos muestran como en movimiento fluido y continuo.

Pues ahora que lo dice, recuerdo que una vez tuve una experiencia muy peculiar y llegué a la misma conclusión a la que usted acaba de llegar. Fue una noche que quise vivirla en un estado de total receptividad corporal; así que permanecí tendida e inmóvil observando lo que ocurría en mi cuerpo. Al amanecer, me encontraba en un estado de extrema sensibilidad y de alerta total. Tenía los miembros entumecidos y, cuando quise mover lentamente un brazo para salir de la inmovilidad, sentí, de una forma casi imperceptible, cómo éste iniciaba una serie de micromovimientos que fueron lentamente acelerándose hasta alcanzar la continuidad normal de movimiento a la que estamos acostumbrados. Aquello me hizo reflexionar bastante. Sí…, estoy totalmente de acuerdo con usted.

Ciertamente, Dameb, creo que estamos ante algo muy curioso que puede ser totalmente nuevo. Le explico: si todos los movimientos que observamos en nuestra realidad normal, en su nivel básico son micromovimientos o movimientos discretos, esto lo tenemos que trasladar a nuestro modelo de universo.

Uy! Creo que sí, que estamos ante algo muy interesante, profesor. ¿Está usted queriendo decir con esto que la materia no se mueve, sino que es una ilusión óptica?

Bueno, no sé exactamente por qué dice usted eso, Dameb. En nuestro espacio /tiempo, indudablemente, la materia se mueve.

Creo que se me está ocurriendo algo increíble y usted mismo me ha dado la clave. Me quiero remontar hasta el principio para no perderme, y vayamos a nuestro Modelo de Universo Matriz. En una de nuestras conversaciones llegamos a ver la posibilidad de que la sustancia/espacio/madre fuese un compuesto de partículas/espacio, ¿no era así?

Efectivamente, eso dijimos, porque una cosa es que el espacio esté lleno de partículas, y otra que el mismo espacio esté particulado.
Pero, ahora que retomo el asunto, y basado en el modelo de Universo Matriz, éste nos lleva inevitablemente a la conclusión de que no solamente sustancia y espacio son una misma cosa sino que por equivalencia la materia y el espacio también lo son. Como definición, diríamos que toda materia que conocemos es sustancia espacial que se ha ido estructurando en diferentes campos de información, estos campos están integrados unos dentro de otros. Por tanto, no hay separación real entre sustancia/espacio/madre y materia, sino una gradual estructuración de la primera. La sustancia/espacio en reposo es el aspecto de vacuidad de un pre-universo; y lo que surge a partir de dicho vacío es la “materia/espacio” con sus diferentes niveles de estructuras materiales que conocemos.
Opino, querida amiga, que con esta visión, creo que hemos llegado a la máxima simplificación posible en nuestro nuevo patrón cosmológico. Y si a esto le añadimos que la materia es una condensación de energía, estamos unificando tres cosas: espacio, materia y energía, ¿no le parece? Pero, dígame, ¿qué me quería decir?

Sí, es en relación al movimiento, a las partículas/espacio y al ratón Mickey Mouse. Yo veo una cosa muy obvia en todo esto: la sustancia/espacio, tal y como la estamos contemplando, es infinita y es toda ella un compuesto homogéneo de partículas/espacio. Así que no hay ningún hueco posible a dónde pueda ir cuando alguna se abre: es decir, que cada partícula tiene asignado su propio espacio y de ahí no puede salir, puesto que todo a su alrededor está también ocupado por otras. ¿Es lógico, no? Entonces, el único movimiento que pueden hacer las partículas/espacio –y creo que ya lo hemos dicho en otra ocasión- es abrirse y cerrarse; mientras unas se despliegan, otras se contraen. Me lo imagino como un tejido vivo y elástico, como pulsiones de vida que se transmiten unas a otras.

¡Aaaah! Ya sé adónde quiere llegar amiga mía. Vamos a ver; usted me quiere decir que al igual que el ratón Mickey Mouse, las partículas/espacio no viajan, y si fuese así lo que captamos como materia en movimiento desde nuestro nivel físico de realidad tendría que responder al desplazamiento de las incontables imágenes que las mismas partículas/espacio forman -de los lazos energéticos entre ellas- como resultado del contraste entre las que están abiertas y las que permanecen cerradas. Estos juegos de contrastes que en principio estarían hechos por imágenes simples de varias partículas/espacio abiertas -teniendo como telón de fondo a la oscura sustancia/madre irían complicándose y enriqueciéndose en la medida en que se irían formándose nuevos enlaces de estructuras a su vez, más complejas. Todo ello, gracias al juego de polaridades que opera en el mundo cuántico, pues llegado a este nivel de la creación, ya estamos hablando de todas las partículas que conforman la materia y las fuerzas del universo.
Escuche, Dameb, ¡En nuestra primera realidad somos como imágenes holográficas moviéndose a través de la sustancia/espacio/madre! ¡Ja,ja,ja!, en mi vida he escuchado una cosa tan increíblemente tonta y divertida, pero, ¡lo mejor de todo es que tiene posibilidades de ser cierta! Claro que para ver dichas imágenes tendría que existir un obervador que colapsara las ondas/madres, y en esa fase cosmológica no existe todavía un observador que desde fuera pueda obervar dicho fenómeno.

Sí, es altamente desconcertante. Siento la misma sensación como si alguien nos estuviera gastando una broma. Pero mire, acabo de ver una similitud con los rótulos luminosos que hemos visto en las calles y que pueden explicar perfectamente el fenómeno de la ilusión óptica del movimiento. Las partículas/espacio serían como las bombillas que se van encendiendo y apagando correlativamente con diferentes luces de color, dándonos la impresión de que la imagen representada por la disposición que forman se mueve; cuando lo único que en realidad existe son bombillas redonditas encendiéndose y apagándose, creando la apariencia de movimiento del objeto que anuncian. Pues el mismo fenómeno podría ocurrir con las partículas/espacio: se abrirían y se cerrarían una tras otra, creando un micromovimiento de desplazamiento de la imagen de las partículas elementales que forman la materia.

Más aún, según esta concepción, Dameb, incluso la luz tampoco viajaría, de la misma manera que tampoco lo hacen las luces de las bombillas de los anuncios. Cada partícula al abrirse emitiría un destello para luego cerrarse. Esta operación de apertura y cierre hecha a una gran velocidad por impulsos sucesivos de infinitud de partículas/espacio se podría captar, desde nuestra perspectiva, como un movimiento continuo de un fotón a través de un espacio vacío.
Perfecto, Dameb, la información de la estructura se va transmitiendo a través de la sustancia/espacio. Y ¿sabe lo que eso implica? Pues que usted y yo, cuando nos movemos, en realidad lo que hacemos es desplazar nuestra información estructural, de la misma manera que una onda viaja. Sí, podría ser nuestra auténtica identidad; un complejo campo de ondas viajando, como ya le he dicho, por la sustancia/espacio/madre.

Pero, ¡eso es fantástico, profesor! ¡Eso significaría que no tenemos materia propia y que lo que poseemos como singularidad es la información de nuestra estructura corporal! El informe/forma es lo que se desplazaría; ya sabemos que es inseparable, pero la verdadera realidad que nos sustentaría sería la sustancia/espacio/madre con sus partículas/madre abriéndose y cerrándose, dando como resultado continuas pulsiones de vida. Lo podemos imaginar como un campo en continua ebullición surgiendo desde el vacío.

Algo así como burbujas que aparecen, emiten su aporte energético y vuelven a desaparecer en la densidad infinita y sustancial. Dameb, cada vez que usted se mueve, cantidades ingentes de millones de partículas/espacio se despliegan del vacío a su paso y se repliegan volviendo al vacío cuando usted ha pasado.

¿Sabe qué sensación me da imaginármelo? Pues, es como si fuésemos dejando atrás en el espacio, una estela de nuestra propia imagen; lo mismo que cuando una cámara fotográfica captura un objeto o persona en movimiento con una exposición lenta.

Bueno, y ¿por qué no pensar que la sensibilidad de la cámara, lo que hace precisamente es recoger dicho fenómeno? O sea, que no es una foto movida en el sentido que nosotros normalmente le damos, sino que está fotografiando lo que realmente somos: una imagen en movimientos secuenciales. O dicho de otra manera: nuestra auténtica identidad personal es como una estela vibratoria de información surcando el vacío.

¿Sabe lo que le digo? Que esta idea tan increíblemente fantástica la siento como verdadera; mi intuición me lo dice y, ¿sabe por qué? Pues, porque responde bien a la sabiduría tradicional y al hermetismo cuando nos hablan de la visión ilusoria que tenemos acerca de la realidad de la materia y de los fenómenos que percibimos con nuestros sentidos. Pero, sobre todo, porque encaja perfectamente con mi interpretación sexista del universo.

A ver, a ver, Dameb, me encantaría oír otra de sus nuevas interpretaciones sexuales. Le tengo que confesar que al principio me chocaban enormemente dichos enfoques sobre el universo, pero, la verdad es que son divertidos y llenos de ingenio. Me inspiran.

¡Pues, qué bien, profesor! Entonces si nos fijamos en la tabla de los conceptos masculinos y femeninos que hemos visto antes, verá que la materia y el espacio responden realmente a su naturaleza femenina; que es la de “estar”, no la de moverse.

Perdone que la interrumpa, pero como está afirmando que lo femenino no se mueve, yo le pregunto que de dónde saca esa impresión.

De la pura deducción y coherencia. Mire; en un estado atemporal no existe el tiempo. Hemos contemplado que el espacio sustancial es atemporal porque todo está en reposo y lo hemos llamado intuitivamente sustancia/espacio/madre. Y cuando se despierta la fuerza que hace de detonante, se inicia la perturbación de la sustancia/madre en la apertura de sus partículas. Esa fuerza la hemos reconocido como un principio masculino activador del estado femenino. ¿Cierto?

Entiendo. Usted me quiere indicar que el arquetipo femenino de lo universal corresponde a un “estado” y no a un “principio”, ya que al “principiarse” algo, implica necesariamente la entrada del tiempo; se inicia un proceso y el detonante de ese proceso corresponde a una característica masculina: la fuerza impulsora. ¿No es así?

Efectivamente, según lo veo en nuestra génesis universal no existiría un principio femenino sino un estado atemporal que sí corresponde al modelo femenino y un detonante masculino que se originaría desde el mismo estado atemporal y como cualidad inherente de la propia sustancia/espacio/madre.

Bien, pero para ser más exactos, Dameb, no podemos negar que existe una cierta movilidad femenina porque las partículas madre hemos acordado que se abren y se cierran en continuas pulsaciones de vida. Por consiguiente, es un movimiento cíclico inherente al modelo femenino que reacciona a la fuerza impulsora masculina. No obstante, y como resultado de dicha interacción, se originaría el movimiento masculino de desplazamiento de la información viajando por la sustancia/espacio/madre al que usted alude y que sí es mensurable en tiempo lineal. ¿Estamos de acuerdo?

Vale, profesor, lo que quiero dejar claro es que las partículas de la sustancia madre no se desplazan de donde están. Siempre han existido y existirán permanentemente en su sitio. Yo le llamo a eso atemporalidad.

Ahora entiendo por qué al referirnos al mundo de la mujer decimos a veces: “el eterno femenino”, expresión que no se utiliza para el hombre.

Ya le he dicho que la sabiduría popular apunta intuitivamente a la realidad. Y para que vea que no ando descaminada, le hago una analogía con el sistema de funcionamiento de un ordenador que responde al mismo mecanismo universal. El transistor es el soporte físico y permanente por el cual circula la información; funciona con un sistema binario abriendo un circuito para el paso de la información o no abriéndolo. Sería ello equivalente a la función femenina de las partículas/espacio desplegándose o no desplegándose al impulso del elemento masculino. En un ordenador encontramos el elemento masculino en la energía eléctrica que posibilita todo el funcionamiento del sistema informático. La unidad móvil de información es el bit, que circula gracias al soporte y fundamento físico que lo sostiene y a la energía que lo impulsa a través de los transistores.
Creo que el ser humano no inventa algo de la nada, sino que sus creaciones son intuiciones que responden a modelos existentes en el universo.
Y ahora que lo pienso me viene una duda. La información que pasa por los transistores no parece verse afectada por el propio tránsito a través de ellos. Me pregunto: ¿Acaso ocurre lo mismo con la información que transita por medio de las partículas/espacio?

Vamos a ver: los transistores sí intervienen en la selección de la información que circula a través de ellos. Usted misma lo acaba de decir: se abren o se cierran según sea el dato que reciban.

Ya, profesor, pero me refiero a algo más allá del mero movimiento de abrirse y cerrarse. Por ejemplo: Mi pregunta es que si la información de una partícula subatómica que se desplaza por la sustancia/espacio/madre iría cambiando o transformando su información inicial aunque sea de una manera imperceptible. Me lo planteo porque yo pienso que no existen dos objetos exactamente iguales en el universo, porque cada punto espacial tiene su propia identidad y en ello incluyo a las partículas/espacio. Porque si éstas fuesen exactamente iguales ocuparían el mismo lugar y ésto no es lo que ocurre en los planteamientos que nos hemos hecho de dichas partículas espaciales. ¿No es cierto?

Usted quiere indicar que cada punto espacial de la sustancia madre tendría que tener su propia identidad por el mero hecho de ocupar diferente sitio. Bueno, bueno, esto es una manera de complicar más nuestro modelo cosmológico.

O de enriquecerlo ¿no?

Indudablemente querida mía, y ahora que me acuerdo ¿sabe que este planteamiento podría tener relación con uno de los más recientes descubrimientos científicos? Le cuento: El japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur B. McDonald acaban de ganar el Premio Nobel de Física por sus descubrimientos en las oscilaciones de los neutrinos, los cuales demostraron que estas partículas subatómicas, al contrario de lo que se pensaba, tienen masa. Kajita ha descubierto que neutrinos de la atmósfera pasaban de una identidad a otra en su camino hacia el detector Super-Kamiokande que es el observatorio de neutrinos japonés.

¡Fantástico! Entonces por esa misma ley de tres, esto se podría aplicar a cualquier partícula elemental. Su información se iría sutilmente modificando en la medida que se va desplazando por la sustancia/espacio/madre.

Sí, efectivamente, a la ciencia se le abre en este terreno un inmenso campo de investigación.
Volviendo entonces a dónde estábamos con la analogía que hizo entre los transistores y las partículas/espacio en su condición de elementos fijos en relación a la información que por ambas partes se desplaza; podemos descubrir el mismo comportamiento en el funcionamiento cerebral. Las neuronas, que serían el equivalente a las partículas/espacio, no viajan por el cerebro sino que son el elemento fijo y mediador, ya que gracias a las sinapsis neuronales se producen los intercambios de información entre neuronas provenientes de los impulsos nerviosos que las recorren. Asimismo, las neuronas funcionan de forma binaria dejando entrar por medio de sus dendritas unos neuropéptidos determinados,
mientras permanecen cerradas a tros. Como verá Dameb, nuestros planteamientos son un calco bastante certero de lo que podría ser un modelo fractal cosmológico.

Eso es. Verá profesor, a la sustancia/espacio/madre hay que comprenderla como algo que existe, que “es” y que “está” por su propia e intrínseca naturaleza increada o atemporal. Sus partículas/espacio plegadas representan el estado de reposo, de silencio y de perfecta armonía; algo que necesitamos y añoramos fuertemente los humanos, sobre todo cuando andamos sobrecargados con tanto ajetreo, con tanto “hacer”. Es el estado apacible, la paz interna e inmutable del “ser”, tan cantada en las tradiciones espirituales.

Muy bien, entiendo el estado de perfecto equilibrio de la sustancia/espacio/madre, pero en el equilibrio perfecto no existe la creación. No se habría gestado universos a menos que no hubiese habido un desequilibrio en alguna parte de ella. Y el desequilibrio en la sustancia/espacio es causado por una fuerza que actúa impulsándola a abrirse y a formar diseños –campos ondulatorios-, gracias al juego de polaridades que muestra en su despliegue. Es más, Dameb, pienso que si la sustancia primordial es increada, por lo cual se sitúa fuera del tiempo, también veo lógico que siempre haya existido un desequilibrio, un movimiento perpetuo y creativo en alguna parte de esa totalidad. Se ajusta más a nuestra visión la idea de no contemplar un principio absoluto de creación en la sustancia/espacio/madre. Nunca hubo una primera vez

Es “el Espíritu de Dios moviéndose sobre las Aguas”. En esta frase podemos distinguir el principio masculino del espíritu en su cualidad móvil y llevando una dirección inteligente en el caos primordial causado por una enorme perturbación en la sustancia madre que daría origen a nuestro universo. Una cantidad inverosímil de partículas/espacio se desplegarían en un momento, originando una gran confusión y teniendo como telón de fondo a las tinieblas que cubrían la faz del abismo, o sea, la oscura sustancia/madre. Los primeros párrafos del Génesis son altamente esclarecedores, aunque sólo sirven si es para corroborar una historia que se ha vislumbrado por otros medios.
Y ahora que he sacado a colación la palabra “caos” le voy a comentar algo muy significativo que descubrí el otro día. El término caos proviene del griego antiguo y además de ser identificado como el estado primigenio del cosmos, tiene otra acepción poco conocida la cual significa “espacio que se abre” o “hendidura”. Y en una forma derivada significa “bostezar”. Curioso ¿verdad?

Pues la verdad es que es tremendamente significativo, se ajusta como un guante si lo aplicamos a nuestro modelo cosmológico.

Sin embargo, difiero de usted en relación a la hipótesis –como única posibilidad- de un desequilibrio perpetuo de la sustancia espacial y, por tanto, de una creación sin descanso en algún punto de dicha sustancialidad. Aunque también el principio inteligente sea en sí mismo increado, como propiedad de la sustancia/espacio/madre, esto no es óbice para que esta propiedad de la sustancia funcione por ciclos de actividad y reposo, lo mismo que lo hace un ser humano. Cuando el principio inteligente se activara, iría acompañado del despliegue de partículas/espacio, y cuando entrase en reposo o en estado latente, cesaría toda apertura de partículas sin perder por ello su naturaleza increada, aunque de comportamiento cíclico su parte Yang.

Hay que reconocer que el universo, hasta ahora, lleva una dirección inteligente, y hemos deducido que la inteligencia podría haber estado subyaciendo en todos los fenómenos que se han originado desde el comienzo universal. Ahora bien, como le estamos adjudicando una propiedad inteligente a la sustancia/espacio, ¿implica esto que una partícula/espacio es por sí misma inteligente?

Yo le contesto con otra pregunta si aislamos una neurona del cerebro, ¿podríamos decir que es inteligente en sí misma?

Veamos: una neurona por sí misma posee una organización interna inteligente parecida a la de una persona. Ahora bien, para producir un resultado inteligente fuera de sí misma debe interrelacionarse con otras neuronas. Está claro que un sistema cobra significado con la interacción de todos sus componentes.

Pues si eso es así -y es muy evidente que lo es en el caso del cerebro humano-, ¿Por qué no cuestionarnos que de la interrelación entre un sin fin de partículas/espacio emerge sentido e inteligibilidad en el universo? Mire, no podemos decir que una gota de agua sea el mar, pero incalculables gotas hacen el mar. Como tampoco hay inteligibilidad en un solo bit del ordenador o en una sola letra del alfabeto. Para producir información, cada unidad se vuelve coherente dentro del juego relacional entre todos los bits o entre todas las letras.
Creo que una vez planteé que la inteligencia que emerge del universo se expresaba con formas vivas; de una manera más tosca en la materia inorgánica, por medio del lenguaje de la química; y más elaboradamente en la materia orgánica, en el mundo complejo de las células. Ahora siento, profesor, que tengo todo esto mucho más afianzado.

Resumiéndolo Dameb, diríamos que existe inteligencia en el universo como propiedad implícita de la sustancia madre. Esta inteligencia se vuelve explícita por medio del despliegue de sus propias partículas madres, creándose estructuras y sistemas en niveles crecientes de complejidad inteligible, llegando al ser humano en donde la inteligencia universal se experimenta a si misma con la apariencia de ser individual en cada uno de nosotros.

¿Estaremos comprendiendo lo que una vez quiso decir Tilopa, un sabio oriental, con sus profundas palabras?

La manifestación es mente
y el vacío lo es también.
La iluminación es mente,
y la ceguera lo es también.
También la aparición y la extinción
de las cosas están en la mente de uno.
Séanos dado comprender que todo
es tan sólo inherencias de la mente.”


 

No me extrañaría, mi querida amiga, que como siga abierto a sus influencias, terminará saliendo de mí el místico que todos en algún rincón llevamos dentro.

Yo le veo con muy buenas posibilidades, aunque, de momento, podemos estar satisfechos de nuestro “insight”, ¿o acaso no hemos compartido una visión penetrante y profunda del universo?
Pero, quiero terminar de exponerle el Modelo Creativo. Dije antes que el 4 en la simbología numérica representa el mundo de lo físico, de las formas tangibles, de las estructuras acabadas. El punto 4 en el Modelo Creativo, viene a simbolizar el mundo material que percibimos, en donde estamos usted y yo ahora mismo. El 4 es, por otro lado, la culminación de todo el proceso anterior y es así mismo el punto de partida de otro círculo como veremos más adelante. De momento estamos centrados en éste.

Si el punto 4 representa el mundo físico de las formas tangibles, de lo que conocemos, y si éste proviene como resultado de lo intangible, de lo que no conocemos (puntos 0-1), entonces, para conocer lo desconocido hay que profundizar en lo conocido. En resumen: el nivel 1 está integrado y codificado en el punto 4.
Dameb, creo que me he enterado bien de todos los puntos que ha tocado en el círculo. Y como prueba de ello, le voy a organizar una nueva cosmología basada en su modelo creativo.

Sí, por favor, me encantaría que lo hiciese. Mientras, si no le importa, voy a ir tomando apuntes de las definiciones de la nueva cosmología que estamos creando, que también tiene carácter cosmogónico. En mi vicio profesional no me puedo resistir a la tentación de hacerlo. ¿Me podría dar algunos folios donde escribir, por favor?

Sí, por supuesto, no faltaría más.


 

    

 

 

UNA  NUEVA  COSMOLOGÍA

Dameb: Profesor, vosotros los científicos, que habéis sido capaces de hacer tan grandes demostraciones de vuestro conocimiento, enviando naves tripuladas al espacio, que sabeis medir la distancia que hay entre estrellas, sus composiciones y tamaño, que conoceis la temperatura que reinaba en los inicios del universo, que habeis creado telescopios espaciales tan impresionantemente sofisticados como es el Hubble, enredándose en complicadas fórmulas y operaciones matemáticas; ¿no encuentra usted incongruente que al final saqueis un conejo de la chistera para explicar el origen del universo?

Profesor: La verdad, hay que reconocer que somos bastante eficaces para movernos en la complejidad y en la técnica sofisticada; pero lo complicado proviene de lo simple, y en lo simple fallamos. Sinceramente, pienso que no es serio ni coherente decir que todo el universo surgió de la nada, cual una ilusión de magia infantil o como un acto de la más pura fe religiosa. También es muy imprecisa la teoría del Big Bang como punto de densidad infinita que explosiona, pues deja muchas lagunas. La verdad es que no tenemos aún una base teórica seria donde agarrarnos, un modelo conceptual que nos dé una cierta confianza y credibilidad para trabajar sobre suelo firme con el rigor que nos caracteriza.

Adentrarse en la complejidad sin tener unos pilares claros y firmes es como penetrar en un laberinto sin el hilo de Ariadna que les guíe. Y por eso, vosotros, los científicos andáis perdidos dentro del intrincado laberinto de la diversidad; vais de rama en rama, de hoja en hoja, analizándolo todo, pero no habéis encontrado aún el tronco común de la unidad ni las ocultas raíces de la sabiduría. La visión unitaria y global es un don femenino que quizá, ahora, estéis empezando a vislumbrar.

Hubo un tiempo en el que había visión de unidad pero faltaban los medios técnicos y, como consecuencia, el conocimiento científico estaba muy limitado, prácticamente era inexistente. Hoy pasa justamente lo contrario. Creo que estamos viviendo unos momentos históricos interesantísimos porque son idóneos para retomar la forma del pensamiento de nuestros antepasados y llenarla de todo un contenido de conocimiento científico.

Cierto, ha llegado el tiempo de trabajar integralmente con los dos hemisferios, y las cotas que se pueden llegar a alcanzar pienso que son inimaginables.
Bien, profesor, nosotros pondremos nuestro granito de arena y de momento vamos a ponernos a trabajar para organizar la nueva visión cosmológica dentro del Círculo de la Creatividad; esta criatura que nos ha nacido de nuestra simbiosis física y metafísica. Yo ya estoy pendiente de usted para tomar apuntes.

Vamos adelante, querida, aunque primero habría que definir y reajustar las principales nociones de la física sobre la base de la nueva perspectiva cosmológica, porque me temo que más de un concepto puede cambiar notablemente.
Contaremos como base con las partículas/espacio y de ahí vamos a intentar teorizar sobre una serie de fenómenos que se originan, consecuentemente, en el universo físico.
En principio: las partículas/espacio pueden adoptar fundamentalmente tres posturas:

Plegadas: son aquellas que forman el tejido de la sustancia/espacio/madre y se hallan en un perfecto equilibrio. Se las contempla como un vacío universal. En realidad, Dameb, no es muy correcto definirlas como partículas/espacio plegadas, puesto que la particularidad la produce el propio despliegue. Y si no están particularizadas, conforman una sustancia amorfa sin ninguna identidad particular.

Contraídas: las que como por efecto de la apertura de otras partículas/espacio tienen que contraerse. Son las causantes de la “presión” universal y, gracias a esto, sostienen a la información dentro de unos confines definidos e impidiendo así su disgregación.

Desplegadas: éstas, en sus despliegues, muestran una diferenciación en sus contenidos, -principio de dualidad- creando lazos firmes y duraderos en sus enlaces con otras partículas, siendo las responsables de la formación de todas las partículas materiales y de todos los fenómenos universales.

¿Sabe, profesor, que jamás se podría detectar una partícula espacio/plegada? porque al mínimo intento de incidencia sobre ella, se desplegaría y, además, la imagen del punto desplegado se iría desplazando de una en otra partícula, dando la impresión de que la partícula que ha recibido la incidencia es la que se está moviendo.

¿Quiere creer, que esto me recuerda al Principio de Incertidumbre de Heisenberg?

A ver, explíqueme eso.

Este principio dice que a nivel cuántico el observador altera lo observado. Es decir que si queremos obtener información sobre una partícula, la única forma de conseguirlo es “molestándola”, o sea, incidiendo sobre ella, con lo cual modificamos su estado. Podemos medir su posición y su velocidad pero mmientras más precisos seamos en una medida (posición), mayor será la incertidumbre de la otra medida (velodidad). De alguna u otra manera, siempre perdemos parte de la información.
En el caso de que se pudiese incidir sobre un solo punto de la sustancia/espacio/madre y se desplegara una de ellas, en efecto, no sería dicha partícula la que iría dejando su huella en el recorrido –puesto que solamente se despliega y se cierra-, sino como muy bien ha observado, el cuanto energético del punto desplegado iría recorriendo una trayectoria, ante lo cual un observador pensaría indudablemente que es una sola partícula la que se desplaza por el espacio, cuando en realidad son múltiples pulsiones en cadena de partículas/espacio.

¿Y no podría darse el caso de que solamente se desplegara una sola partícula/espacio, sin tener que abrirse alguna otra más que colindara con ésta?

Depende, si el impulso que se despierta en la propia partícula no es lo suficientemente fuerte como para estimular a su vecina a abrirse, posiblemente el resultado sería un punto luminoso que surge del vacío y se vuelve a perder en el mismo punto en donde se originó.
Por otro lado, sería imposible aislar una partícula/espacio del resto de las demás. ¿En dónde se la podría aislar?

Sí, es como querer aislar una gota de agua dentro del mismo mar.

Querida, es usted una gran especialista en ejemplos acuáticos.

Es que creo que el agua es el referente en nuestra dimensión física de lo que suponemos que es la sustancia madre. De hecho, en algunas tradiciones antiguas se la nombraba como las Aguas Primordiales. ¿No se ha fijado que utilizamos la palabra “fuente” para designar el origen de algo? ¿Y no es cierto acaso, que la vida proviene del agua?

Debo de reconocer que las analogías son realmente una gran fuente de inspiración y de conocimiento.
Bien, continúo explicándole que la presión universal que se origina en la sustancia/espacio o sustancia/madre a causa de la apertura de sus partículas actuaría, como es lógico, tanto en los espacios microcósmicos, o sea, entre las partículas elementales que conforman la materia como
entre los grandes objetos espaciales como son una galaxia o un planeta, siendo la intensidad de la presión variable y dependiendo del volumen y densidad del objeto espacial pero también de su distancia. Reitero que podríamos estar hablando de la fuerza de la gravedad, porque hasta lo que hemos visto sigue todas sus pautas.

¿Y qué ocurre con las otras fuerzas como son la electromagnética y las de interacciones fuerte y débil?

Bien, vamos a distinguir las interacciones fuertes y débiles que funcionan a nivel subatómico y el electromagnetismo que tiene más alcance. Sobre las primeras entramos plenamente en el mundo cuántico y existe una complejidad de modelos y teorías, aunque todavía en fase de investigación. Sin embargo la fuerza electromagnética sí está más estudiada y se comporta de manera dual.
En un principio parecía que eran dos fuerzas independientes: la electricidad y el magnetismo. Pero Maxwell se dio cuenta de que eran fenómenos de una misma naturaleza y las unificó en una sola fuerza llamada electromagnetismo.

Pues, no sé, no entiendo mucho de esto, pero puede que encontremos las fuente de toda fuerza cohesiva en el juego de la diferenciación fundamental que hemos acordado que se daría entre las partículas/espacio cuando se abren e interactúan unas con otras.

Pudiera ser, pero vamos a puntualizarlo mejor. En nuestro modelo de Universo Matriz, tenemos que distinguir claramente dos fenómenos que van al mismo tiempo íntimamente unidos. En primer lugar, contamos con la fuerza de la presión universal (gravedad), que actuaría en todos los niveles de las estructuras materiales, tanto con una partícula subatómica como con una galaxia, puesto que todos ellos son, en sus primeras consecuencias, productos del despliegue de partículas/espacio. En segundo lugar, y paralelamente, se produciría el juego interactivo de diferenciaciones que se daría entre dichas partículas desplegadas. Posiblemente ese sea el patrón que se irá repitiendo en las escalas siguientes de la compleja red de la materia.
Por otra parte, la presión universal o fuerza de gravedad visto desde nuestro modelo cosmológico sería un funcionamiento básico o madre en relación a las fuerzas que ya conocemos en el mundo de los fenómenos materiales. Si fuese así, esto
solucionaría por supuesto, nuestra actual búsqueda sobre la unificación de las cuatro fuerzas fundamentales, ya que con la presión universal tendríamos un modelo integrador de todas las demás. Podría ser muy interesante seguir investigando sobre esta nueva perspectiva que nos ofrece el modelo de Universo Matriz, ya que el comportamiento de las fuerzas y sus manifestaciones duales que se observan en la naturaleza podrían tener su origen en el modelo de la sustancia madre y sus partículas/espacio.

Profesor, ya me estoy imaginando una historia romántica con las partículas/espacio. Cuando permanecen en su estado relajado, plegadas, mantienen unido su potencial, no existe la dualidad, están “a su amor”. Esta expresión se utilizaba hace tiempo para indicar cuando alguien se encuentra a gusto, sin tensiones; es estar ubicado en el propio espacio, en el propio centro y, por tanto, es fuente de “bien-estar”.
Pero resulta que, de pronto, una partícula recibe un empujón de su entorno y ya se le acabó la tranquilidad. La presión externa la obliga a contraerse cada vez más, hasta que ¡zas!, los nervios la desbordan y estalla desdoblándose y manifestando su intimidad. Al igual que en el ejemplo que puse de la línea, sus extremos se han diferenciado y muestran una dualidad masculina/femenina. Y aquí comienza su dramática odisea. En su exilio, puesto que se ha visto obligada a dejar ese estado de bienestar -se siente dividida en dos- cada extremo de la dualidad que antes del desdoble eran una unidad, siente la sensación de soledad por la división de sus dos parte. En su añoranza y vacío de su “media naranja”, cada extremo de nuestra partícula se engancha desesperadamente a la extremidad de la partícula vecina, que le muestra la parte de la dualidad que nuestra partícula siente que ha perdido, y como ambas se encuentran en la misma situación de pérdida y soledad, pues ocurre lo que tiene que ocurrir: se enganchan una a la otra para sentirse completas. Sí, es la parte femenina de la partícula, anhelando la llegada del “Príncipe azul”; sí, es la parte masculina buscando a la “Princesa de sus sueños”. Cuando ambas partes se encuentran, se aferran una a la otra con vehemencia y se juran amor eterno.
¡Oh, profesor, no me extraña que el poder que mantiene unida a las partículas sea tan fuerte! Es producto de la pura supervivencia. Porque los lazos que pueden formar entre ellas dos o más unidades de partículas/espacio, creando así una partícula elemental, parece que dura toda la vida.

Correcto. Hay mucha estabilidad en ciertas uniones como, por ejemplo, los núcleos de hidrógeno que fueron los primeros que se formaron después de la explosión primigenia, siguen siendo los mismos de hoy día. Bueno, Dameb, pero mientras tanto, un fenómeno increíble resulta de todas esas infidelidades, porque miles de millones de partículas/espacio hacen la misma operación y, gracias a ello, se va creando un entretejido en la sustancia/espacio/madre.

No estoy de acuerdo en llamar infidelidad al comportamiento de las partículas/espacio cuando se han visto obligadas por exigencia del guión a abandonar su patria y a su otra parte. Como tampoco le llamo infidelidad a la relación que mantuvo Ulises con Calipso. La ninfa lo retuvo en contra de su voluntad y en cuanto Ulises recuperó su fuerza, rechazó a la ninfa para volver a toda costa a los brazos de Penélope. Su patria y su familia eran su auténtico mundo y no otro. Recuperó el estado de “bien-estar” que había perdido.

Veo que lo que empezó como una simple diversión se está convirtiendo en un drama, Dameb. Se está tomando muy en serio las relaciones entre partículas y pienso que no es para tanto, puesto que cada partícula/espacio, una vez cumplida su misión -que es servir de eslabón para una determinada vibración dentro de un contexto más amplio de frecuencias ondulatorias-, rápidamente le pasa su información a la siguiente, y vuelve otra vez a reposar en su propio espacio, retorna al hogar.

La verdad es que estaba empezando a meterme en zonas internas muy sensibles y algo se me estaba removiendo. Pero ¿sabe, usted lo que a cambio me he traído de mi chapuzón por las aguas del subconsciente? Pues que nos aferramos y deseamos poseer para siempre lo que es temporal, ya que en el fondo añoramos el estado de eternidad que hemos olvidado. Y en nuestro vacío, que no es el vacío del estado de bienestar de la sustancia madre, recurrimos a las relaciones temporales, queriéndolas eternizar.Sí, es todo un drama lo que escenificamos los seres humanos, porque no hemos encontrado nuestra unidad interna.

Sin embargo, si estuviésemos en contacto con nuestro ser atemporal, lo que realmente es nuestra auténtica naturaleza, esto nos produciría una auténtica plenitud y seguridad. En ese estado de integración de nuestro ser, no se podría dar el anhelo de tener que poseer y retener a alguien, puesto que ni siquiera nos haríamos tales planteamientos y, por lo tanto, tampoco se daría la sensación de miedo a perder lo que uno es: la totalidad.
Y por cierto, las fuerzas de la naturaleza que se conocen van perdiendo su poder a medida que avanza la complejidad de la materia ¿no es así?

Le diré: en la fuerza electromagnética sí se da el caso, puesto que tiene menos poder que la fuerza que mantiene cohesionados a los nucleones en el interior del núcleo, y esta interacción fuerte, a su vez, es menos poderosa que la que mantiene unidos a los quarks. ¿Por qué?

Porque es así como debería ser.

Pues no entiendo por qué debe ser así.

Sí, es todo un drama lo que escenifican entre nosotros, los seres humanos, porque no han encontrado su unidad interna.
Sin embargo, si estuviésemos en contacto con nuestro ser atemporal, lo que realmente es nuestra auténtica naturaleza, esto nos produciría una auténtica plenitud y seguridad. En ese estado de integración, - estado 0-1 en el Círculo Creativo-, no se podría dar el deseo de tener que poseer y retener algo puesto que ni siquiera habría tales planteamientos y, por lo tanto, tampoco se daría la sensación de miedo a perder lo que se tiene o, mejor dicho, lo que uno es: la totalidad.
Y por cierto, las fuerzas de la naturaleza que se conocen van perdiendo su poder a medida que avanza la complejidad de la materia ¿no es así?

Le diré: la fuerza electromagnética sí, puesto que tiene menos poder que la fuerza que mantiene cohesionados a los nucleones en el interior del núcleo, y esta interacción fuerte, a su vez, se supone que debe ser menos poderosa que la que mantiene unidos a los quarks. ¿Por qué?

Porque es lo que me pega.

Pues no entiendo qué es lo que tiene que pegar.

Vuelvo a las partículas/espacio cuando se ven desdobladas y, como consecuencia, se aferran unas a otras ante su dramático exilio. Esa impronta es la que se irá repitiendo en las siguientes escalas de la complejidad material. En el juego de las cargas positivas y negativas entre las partículas y en las conexiones en general, encontramos lo masculino buscando a su naturaleza femenina y a lo femenino siendo receptora de lo masculino. Eso sí, aunque el modelo de comportamiento va a seguir siendo básicamente el mismo; sin embargo, las fuerzas tenderán a perder intensidad en la medida que los procesos de la materia se hagan más complejos. El drama ha quedado atrás, en los orígenes; ya no se vive de primera mano, por lo cual, las partículas de los niveles más elaborados de la materia, se unen un poco más livianamente; podríamos decir que son ligues pasajeros.

Totalmente, ahí le doy la razón. Las relaciones de las partículas en el nivel electromagnético entran ya de lleno en la total promiscuidad; los electrones de las últimas capas atómicas son altamente superficiales y veletas, pero se lo deben de pasar estupendamente.
Bien, prosigamos con nuestras interrumpidas definiciones salpicadas con los sentimientos humanos.
Bajo nuestro modelo Universo Matriz, me parece que hemos dejado bastante clara la idea de que tanto la sustancia oscura del vacío como la
materia son ambas espaciales. La materia sería una perturbación de la sustancia/espacio o sustancia madre y a partir de la particularización de dicha sustancia se podría explicar la formación de todo tipo de partículas elementales desde un quark hasta la increíble sofisticación del cuerpo humano. En resumen: en nuestro modelo cosmológico se unifica la materia y el espacio.

Escuche bien lo que le voy a plantear, profesor. Si cualquier cuerpo que existe puede explicarse en razón a la inmensa cantidad de estructuras que se pueden componer en los diferentes niveles de la materia a partir de las partículas/espacio, y si cada disposición estructural es un campo de información diferente que posee también sus propias cualidades; tendríamos entonces que explicar las estructuras sutiles del ser humano -alma y espíritu-, como configuraciones de información que poseen unas propiedades específicas –como ocurre en el nivel de la química y del ADN-. La estructura del Alma, por ejemplo, sería un cuerpo compuesto de unidades de partículas en un nivel de materia sutil, por lo cual, interpenetraría al cuerpo físico y le conferiría vida. Eso mismo ocurriría con la estructura del espíritu con respecto a la del alma.

Bueno, eso es complicar aún más la cuestión. Pero, le voy a puntualizar que no es lo mismo una estructura que sea el ladrillo de otra estructura más compleja, a que un cuerpo interpenetre a otro. El ejemplo primero sería la de los ladrillos que forman paredes, techos y suelos, y estos a su vez, forman habitaciones. Siendo el conjunto de habitaciones una casa. Y ahora, según sus razonamientos, la casa, además está interpenetrada por otra estructura que le da vida.

¡Naturalmente!, y ya que usted ha puesto el ejemplo de la casa, ¿es que no es acaso la persona –que es otra estructura de naturaleza más compleja- la que construye la casa y, luego, la interpenetra habitándola?

Entonces, y según su punto de vista, existen estructuras de materia más sutiles y paralelas al cuerpo físico, con propiedades vitales que lo interpenetran vitalizándolo, siendo en su última realidad naturalmente, complejas perturbaciones ondulatorias de la sustancia madre.

Por ejemplo, una casa es una estructura de ladrillos trazada por paredes, techos y suelos, que a su vez forman habitaciones, y todo el conjunto es la casa. Y ahora, según sus razonamientos, la casa, además está interpenetrada por otra estructura que le da vida.

¡Naturalmente!, y ya que ha puesto el ejemplo de la casa, ¿es que acaso el hombre –que es otra estructura de naturaleza más compleja- no es el que construye la casa y, luego, la interpenetra habitándola?

Entonces, y según su punto de vista, existen estructuras de materia más sutiles y paralelas al mundo físico, con propiedades vitales que dinamizan e interpenetran el cuerpo físico, pero que en su última realidad también son perturbaciones ondulatorias de la sustancia madre.

Sí, fundamentalmente podría ser así. Es lo que se llama el cuerpo sensible y el cuerpo inteligente. No en vano se dice en el lenguaje espiritual que el cuerpo es el habitáculo físico o vehículo del Alma, y el Alma a su vez lo es del Espíritu. Y el ser humano como compendio de los tres anteriores construye su propia casa en donde poder habitar. Verá usted, yo también estoy haciendo mis propias conjeturas porque se me escapa lo intrincado del asunto, pero estoy abierta a estudiarlo. No obstante, es muy evidente que en la gran espiral de la evolución de la vida, cada nivel de realidad posee su propia estructura organizativa que emerge con cualidades propias e inimaginables para los niveles que le precedieron.

¿Conoce algo de la Teoría de Cuerdas?

No mucho. ¿Por qué?

Porque como es usted tan aficionada a buscar paralelismos entre diferentes niveles de la realidad o sobre distintas teorías, a lo mejor puede encontrar alguna similitud entre las dimensiones que plantea la Teoría de las Supercuerdas con las dimensiones de las que usted habla.
Se lo resumo. Si se aceptan las complicadas formulaciones matemáticas de la Teoría de Cuerdas, hay también que aceptar como requisito inevitable que el universo está compuesto de varias dimensiones más: 6 dimensiones diminutas y enrolladas unas en otras, aparte de las tres espaciales que conocemos, el tiempo como otra dimensión, más una membrana que las englobaría a todas. En total, once dimensiones. Hay teorías variantes que hablan de once dimensiones o quizás más.

¿Qué es eso de estar enrolladas?

Simplificándolo, pues que son invisibles para nuestra dimensión espacial. Desde nuestra perspectiva, nuestra dimensión espacio/tiempo es la única que está desplegada, las otras seis se mantienen compactadas e invisibles a nuestra realidad espacial. No obstante, todas influyen en la nuestra y producen el resultado que vemos en nuestro universo.

Eso es sumamente interesante y coincidente bastante con la visión metafísica de los siete cuerpos que posee el ser humano. Dependiendo de la escuela de conocimiento estos cuerpos reciben diferentes nombres. Para hacerlo entendible serían: el cuerpo físico, vital, astral, mental, causal, alma y espíritu. Si le sumamos las tres dimensiones del cuerpo físico más el tiempo, hacen un total de once dimensiones coincidente con la Teoría de Cuerdas. También existen versiones divisorias de más cuerpos al desglosarlos en más partes. Pero la más común son las siete que le he nombrado.

No me equivocaba al intuir que rápidamente le iba a encontrar un paralelismo con el mundo de la metafísica.

Pero es mejor dejar este asunto en el punto en el que está porque esto requeriría mucha más atención y es preferible continuar con nuestras definiciones.
Hablemos mejor del tiempo, como los que no tienen nada de qué hablar, y le pregunto: ¿cómo definiría usted el tiempo en nuestro nuevo modelo cosmológico?

Desde mi punto de vista,“Tiempo” es la palabra que utilizamos para medir la duración del movimiento. Se dan dos vertientes fundamentales de movimiento: uno sería el desplazamiento de un objeto de un lugar a otro, lo cual también es aplicable al mundo de la comunicación. El otro movimiento está relacionado con la propia transformación estructural de un objeto. Decimos del tiempo que es la cuarta medida si tenemos en cuenta a las otras tres dimesniones que corresponden al espacio: altura, anchura y
profundidad, que pueden ser ransformadas por el movimiento/tiempo,

¿Entonces, la segunda modalidad del tiempo es aplicable a la transformación física del propio ser humano; desde su nacimiento, desarrollo y muerte?.

Por descontado, desde el momento de nacer hasta el momento de morir viene produciéndose un cambio en la estructura corporal y orgánica de la persona, que indudablemente va acompañado de cambios psicológicos y mentales. Este proceso personal lo medimos en años de tiempo. Por otro lado, se considera al tiempo como la cuarta medida o dimensión porque es el complementario a las otras tres medidas espaciales: altura, anchura y profundidad, ya que calcula midiendo la velocidad de desplazamiento que lleva un objeto para situarlo puntualmente en el espacio.

Comprendo, pero si algo no sufre desplazamientos, ni cambios, ni transformaciones, no habrá ningún tiempo que medir en ello. ¿Cierto?

Bueno, en tal caso el tiempo es cero, está parado. No obstante, se puede medir el tiempo en que alguna cosa está sin cambios ni transformaciones. Pero, en nuestro universo nada está absolutamente quieto, todo cambia de una manera más o menos rápida; luego la medida del tiempo es relativa en cada nivel de estructura.

Lo preguntaba en relación a la sustancia/espacio/madre.

Dicha sustancia existe en un tiempo cero o atemporalidad. Pero por el hecho de que se particularice, el tiempo empieza a contar, puesto que es una transformación lo que hace cada partícula/espacio al desdoblarse.

Déjeme que me lo imagine. Tendríamos así dos movimientos diferentes que ocurrirían casi en el mismo instante: uno, el que hace una partícula/espacio al abrirse y cerrarse; y otro, el impulso que, a su vez, se va transmitiendo de partícula a partícula.

Así es, amiga mía. Pero fíjese bien en este detalle. La partícula se abre porque ha recibido un impulso, pero, el hecho de abrirse origina un empuje a una partícula vecina. Pues bien, esto da lugar a dos tipos de tiempo. Uno sería el tiempo cíclico, esto es, lo que tarda una partícula en abrirse y en volverse a cerrar; y el otro tiempo sería direccional, en la secuencia del impulso de partícula a partícula, que podría adoptar múltiples y variadas direcciones, o sea: unilateral, bilateral, trilateral, etc, e incluso radial.
Por consiguiente, definiríamos el tiempo cíclico en nuestro modelo cosmológico como la unidad de duración en el despliegue-cierre de una partícula/espacio, y el tiempo lineal será igual a la duración de un impulso entre partículas. Ambos movimientos de apertura y dirección son unidades discreta

 

¿Me podría resumir, profesor, lo que sería la materia según nuestro modelo cosmológico?

Si nos basamos en la magistral fórmula de Einstein, según la cual la materia es energía condensada, ésta continuaría siendo válida, pero ahora la tenemos que aplicar más allá, es decir, al nivel de las partículas/espacio. La materia sería una interpretación que hace el cerebro a partir de un campo de ondas generadas por perturbaciones del vacío. O dicho de otra manera: la materia sería las fluctuaciones que se originan por la apertura de partículas/espacio, provenientes de la sustancia/espacio/madre.

Me pregunto que ante este planteamiento cómo podría reaccionar un materialista que está convencido de que la realidad palpable y segura es la que ve con sus ojos y toca con sus manos. De todas maneras, el materialista está tan hipnotizado y atrapado por este mundo de magia -como todos nosotros lo estamos- que el hecho de que la materia que toca, huele, oye y ve, pudiese ser una información ondulatoria que emerge a partir de un vacío, no pienso que le afectase mucho; sobre todo, si tiene que levantarse todos los días a la misma hora para ir al trabajo y poder pagar la hipoteca y el mantenimiento de los hijos. Una vez que nos hemos metido en la película de nuestro espacio/tiempo físico, cuesta trabajo salirnos. Pero siga, por favor.

Habría que definir también el concepto de fuerza. Si la fuerza es el impulso que emerge del vacío en la particularización de éste, por consiguiente una unidad de fuerza sería lo equivalente a la intensidad del despliegue de una partícula/espacio.

¿Y el concepto de la energía?

El concepto de energía no cambia, ya que guarda estrecha relación con la materia y los procesos de transformación de la misma. Y esto entra en el terreno de la física conocida hasta ahora. Tenga en cuenta que estamos expresando conceptos a nivel cosmológico. El proceso que deviene de todo ello ya está bien definido, como le he dicho, por la física que conocemos.

Pues, desde mi visión sexista, también quiero puntualizar ciertas cosas. Por ejemplo, el tiempo es masculino en relación a la materia/espacio que es femenina. Pero como usted ha distinguido entre dos formas de tiempo, y como vengo observando que cada vez que algo se dualiza adquiere connotaciones de género, me siento en la obligación de complicar las cosas aún más y añadir que las dos caras que muestra el tiempo responden a un aspecto femenino y masculino del mismo.Ejemplo del primero es el tiempo cíclico con sus inicios y finales de fases, pero siempre girando y girando en un tiempo redondo; la noche sucede al día y el día a la noche, y así sucesivamente. Responde a la naturaleza conservadora y cíclica de lo femenino. La cara masculina del tiempo es cuando al círculo se le proyecta hacia adelante imprimiéndole una dirección, convirtiéndose, entonces, lo cíclico en una voluta. Como su mismo nombre indica, es un paso “evolutivo” y es afín a la naturaleza masculina que es la de conquistar nuevos espacios. No así, las noches seguirán sucediendo a los días, la luna nueva a la luna llena, nuestro planeta tardará un año en completar su ciclo alrededor del Sol, etc… Sin embargo, nuestra Tierra contiene una historia, y la historia evoluciona y es siempre nueva, siempre distinta en la espiral del tiempo direccional.
Bien, profesor. ¿Le parece que empecemos a organizar el Universo matriz para ubicarlo en el Modelo Creativo?, mientras voy dibujando el diagrama.

Perfecto. ¡Vamos a la tarea! En principio contamos con un vacío, algo indefinible pero que es un potencial infinito que hace posible la creación.

Correcto, estamos en la posición 0.

El 1 es como la antesala de la creación, un punto energético emergiendo del vacío, pero todavía sin dimensión definida, en donde los principales protagonistas de la historia universal están aún indiferenciados. Lo veo como la tensión que se produce previa a la acción.

Yo al 1 lo siento como un ser andrógino conteniendo en sí mismo todo el potencial y todas las posibilidades para efectuar el acto generador.
En el punto 2 el ser andrógino se desdobla a sí mismo en dos cualidades o diferencias complementarias. Pero prefiero escucharlo a usted.

Pues, mire, creo que me lo deja muy fácil puesto que si escindimos el contenido del 1 en dos partes, a la zona derecha del diagrama situaríamos los elementos que se han determinado de carácter masculino como es la fuerza de impulso y el tiempo; y a la izquierda lo que consideramos de naturaleza femenina como es la sustancia/espacio.
Por tanto, la fuerza de empuje incide sobre la sustancia primordial y ésta a su vez, reacciona mediante una apertura o con una contracción de sus partículas/espacio. Tenemos los dos funcionamientos básicos de modelo femenino ante la incidencia masculina: receptividad y resistencia. ¿Correcto?

Es correcto el planteamiento, pero se ha adelantado un poco, puesto que en la posición 2 no hay ningún movimiento. Me explico: en el nivel 2 hacemos una distinción de los opuestos, pero no hay interacción entre ellos. Metafóricamente es como si abriésemos cualquier organismo o un aparato para conocer el funcionamiento de sus componentes, pero una vez abierto o bien muere o no puede funcionar. Sus componentes tienen que interactuar y esto solamente se produce en el punto 3. .

Entonces, Dameb, los contenidos del 2 no se pueden reconocer hasta que éstos empiecen a funcionar en el nivel 3. Es en su funcionamiento cómo podremos definir los papeles que adoptan los elementos de la creación. Antes es imposible puesto que en el 1 no están aún definidos, y si el 1 se desdobla para conocer su contenido, ya nos hemos ido al 3. ¿Comprende la sutileza del juego?

Lleva usted razón. Pero como en nuestra descripción del sistema universal estamos situados en el lado de “acá”, es decir, de la manifestación, ya sabemos los papeles que adoptan los protagonistas de la historia cuando se desdoblan del 1 y, por consiguiente, podemos distinguirlos y nombrarlos por separado en la posición 2, aún sabiendo que los duales son inseparables en su continua interacción. Por sí mismo no tienen existencia propia si no es con referencia a su contrario.

Sí, eso está mejor, guarda más coherencia.

Por consiguiente en el punto 3 ya hemos salido de la oscuridad de la noche eterna y entramos en los dominios de la luz y de lo conocido. Ya podemos hablar de interacciones, de fenómenos etc… Es su terreno, profesor.

Entonces, sería en esta acción del 3 en donde acontecería lo que la comunidad científica apunta como el Big-Bang, en el que nuestro universo nace, y hoy día trabajamos a fondo para conocerlo, ya que existen fenómenos a los cuales intentamos seguirle el rastro hasta sus orígenes, gracias a nuestra especializada tecnología.
Pues bien, a partir del 3 empieza el tiempo a contar –en el 1 tendríamos un tiempo parado o tiempo 0-. La realidad universal del punto 3 va acompañada de fenómenos conocidos como son la luz, el calor, la materia, el espacio y el tiempo, todo ello activado por unidades de movimiento. Pero, en su base, esta realidad se está gestando por partículas/espacio activadas por unidades discretas o cuánticas de impulsos y de tiempos. 
Dicho con otras palabras, en el seno de la matriz universal, infinitos puntos microcósmicos están bullendo y abríendose en pulsiones de Vida. Vórtices luminosos de energía que transmiten su información en una trayectoria ondulatoria por la inconmensurable oscuridad 

Me ha venido una analogía entre las ondas del mar producidas por una alteración de las moléculas del agua, comparadas nuevamente con la imagen del Espíritu de Dios moviéndose sobre las Aguas Primordiales de la creación. Esta vez cobra un sentido más real comprender al factor masculino de la energía –espíritu-, en versión de ondas de luz, incluido el movimiento ondulatorio de la totalidad del espectro electromagnético alterando con su desplazamiento al océano infinito de la sustancia madre.

Excelente analogía, amiga mía. Se va superando en sus ejemplos acuáticos.
Prosiguiendo con el diagrama, si los orígenes de nuestro universo parece ser que fueron explosivos, esto pudo desplegar cantidades inimaginables de partículas/espacio. Toda explosión resulta caótica hasta que poco a poco las cosas se asientan y se organizan.

Ya, pero el asentamiento y las etapas organizadas corresponden en el Modelo Comodín, al punto 4.

Lo entiendo, lo entiendo, es lo que le iba a añadir, pero déjeme que le diga que ante el Modelo Creativo, se muestra usted tan implacablemente rigurosa que la envidiaría más de un científico. Ya sé que el 4 representa el mundo de las estructuras, de las formas acabadas de nuestra dimensión espacio tiempo, de lo que en resumidas cuentas ya conocemos, pero que seguimos explorando.

Más que rigor, es impaciencia; y le pido disculpas. El Modelo Creativo es como un hijo al que me ha costado mucho trabajo parir, y reconozco que me pongo algo nerviosa a la hora de exponerlo. Pero, créame, profesor, francamente estoy muy contenta porque veo cómo el Modelo Creativo se adapta perfectamente a nuestra visión cosmológica, y usted ha aportado mucho.

Francamente, pienso que de una u otra manera ya lo teníamos bastante trabajado.

Lo sé, pero aun así sus datos han sido muy interesantes y lo ha enriquecido sobre todo en el punto 3. A lo que yo intuía como pulsiones de vida, como un universo latiendo, usted le ha dado una explicación científicamente mucho más clara: unidades discretas.
Mire, el diagrama ya lo tengo terminado.

 

                                             

 

    

 

GOOD-BYE,  MR.  UNIVERSO

Dameb: El otro día estaba contemplando la imagen de un famoso cuadro de Goya que representa a Saturno devorando a uno de sus hijos. Recuerdo que siendo pequeña me impresionó la crueldad reflejada. Estéticamente me sigue sin gustar, pero ahora, al menos, comprendo su simbolismo: los romanos representaron al tiempo bajo la forma de anciano que devora a los hijos que va engendrando. Y así ocurre: todo lo que nace en el tiempo debe morir, igualmente, en el tiempo.

 Profesor: Naturalmente, el tiempo lo devora todo. La totalidad de nuestro universo está supeditada a su influencia. El tiempo de vida de una estrella nos puede parecer infinito en relación a una vida humana, y ésta lo mismo si la comparamos con la de un insecto. Pero, en resumidas cuentas, toda la creación universal es un acontecer en el espacio y en el tiempo. Todos somos hijos de Saturno.

¿Se ha imaginado, profesor, cómo podría ser el final del universo?

Hemos ideado un modelo de universo, ¿no es así, Dameb?. Un  Universo Matriz. Pues bien, si nos atenemos a las características que le hemos adjudicado, prever su final puede resultar algo no demasiado difícil.

Déjeme que lo piense. Hemos supuesto que nuestro universo, cual ave fénix, surgió de las cenizas de la explosión de un universo anterior. La materia prima -es decir, todo el componente que saldría disparado hacia el espacio en su viaje cósmico-, ha ido entretejiendo todas las estructuras de galaxias, con sus estrellas, planetas y seres vivos. Pero, llegará un día en el que el universo no tendrá fuerzas para seguir dilatándose, porque hemos supuesto que no se expande infinitamente en el vacío, sino que se va desplazando a través de un medio que es la sustancia madre. Ésta le va poniendo una sutil resistencia, con lo cual, dentro de muchos de miles de millones de años, la continua fricción habrá ido desgastando la fuerza de empuje originaria del universo y ocurriría lo que por ley natural tendría que ocurrir: los papeles se invertirán. La presión universal ejercida por la sustancia madre debido a su contracción, irá poco a poco ganando terreno. Lentamente al principio, para ir acelerándose hacia el final. El resultado último guardaría cierto parecido con la explicación que usted hizo cuando se refirió a la muerte de una estrella; sólo que en esta ocasión, sería el colapso de todo el universo, o sea, un Big-Crunch.

Este planteamiento me parece en principio correcto, porque es coherente con nuestra visión cosmológica. Y ahora, paso a resumirle las dos corrientes más generalizadas dentro de la comunidad científica con respecto a este tema que, creo recordar, ya se lo comenté en una ocasión anterior.
Una de ellas opina que el universo se expandirá indefinidamente en el espacio cada vez más vacío y frío
que sería su muerte térmica, en el supuesto de que el espacio fuera un vacío absoluto,  o que posiblemente vuelva a contraerse en el punto en el cual se inició.
El que pueda darse un final u otro, depende de la cantidad de materia existente en el universo. Es decir, se ha calculado la cantidad crítica de materia que debiera existir para que la fuerza de gravedad le ganase la batalla a la fuerza de expansión. Por otra parte, también se ha podido calcular la cantidad de materia que más o menos hay en todo el universo, y sólo se ha contabilizado menos del diez por ciento del total que debería de tener según la teoría aceptada.

Entonces, según dichos cálculos, faltaría todavía más de un noventa por ciento de materia que debería haber para que el universo alcance el punto crítico de densidad y pueda llegar a contraerse. ¿No es demasiada cantidad de materia la que falta, profesor?

Efectivamente, es por eso mismo por lo que los astrofísicos partidarios de la teoría del Big-Crunch, andan rastreando el espacio en busca de señales de esa esperada gran masa de materia negra que, se supone, puede existir alrededor de las galaxias, la cual, al sumarla a la materia conocida, pondría solución a la carencia de densidad que, hoy por hoy, muestra tener el universo.
Pero la que se ha contabilizado hasta ahora, parece ser que aún no es suficiente para llegar a la masa crítica necesaria. Está por último, la hipótesis de la energía oscura que sí parece ser que ocuparía la mayor parte del universo, pero las características que le dan es la de acelerar y alejar -no la de contraer- la materia existente.

Pero, tal como nosotros hemos intuido la estructura del espacio y la atribución que le hemos dado a la sustancialidad del mismo, es irrelevante las cantidades de materia conocida incluida la materia oscura que puedan existir en el universo; para el caso es igual, ya que el posible Big Crunch no se produciría  por la fuerza de la gravedad que origina y afecta a la materia, sino por el efecto de presión y de repulsión  que ejerce la sustancia/espacio sobre la materia, cuando ésta última dejara de expandirse por falta de empuje. ¿No lo ve usted, así?

Según el modelo conceptual analógico que hemos imaginado, así debiera ser. Los objetos del universo irían perdiendo muy lentamente su fuerza de empuje debido -aunque sea mínima-, a la resistencia de la sustancia/espacio. Efectivamente, resulta inoperante que exista en el espacio cósmico mayor o menor cantidad de materia; no sería  la causa del desencadenante del colapso final, ya que la función de presionar desde “fuera”  todo tipo de materia estaría dentro del dominio de la misma sustancia/espacio.

Muy bien, pero, ¿qué pasa, entonces, con la recién descubierta energía oscura y su relación con la expansión del universo?, ¿cómo encajaría en nuestro modelo cosmológico?

Déjeme que me lo plantee con mayor tranquilidad y seguro que tendremos una explicación que sea coherente para nuestro modelo de Matriz Universal.

Confío en usted. Según el Big Crunch y desde nuestra visión, me imagino que con los residuos de la explosión de nuestro universo se crearían nuevos universos paralelos, igual que ocurre con el ciclo de las estrellas. Estos universos bebés iniciarían una nueva andadura, llevando incorporada la información del nuestro, consiguiendo así unas cotas evolutivas mejores; serían mundos más evolucionados.

¿Por qué no?, pudiera suceder así; no obstante, no estaríamos nosotros para comprobarlo.

Toda esta cosmovisión guarda una gran analogía con los ciclos evolutivos del alma, según mantienen ciertas tradiciones espirituales. En pocas palabras: se podría decir que toda entidad natural se mueve mediante un ciclo, el cual incluye el nacimiento o creación de un sistema;  sigue a continuación una línea de desarrollo y expansión hasta alcanzar un nivel de maduración de dicho sistema para, finalmente, desestructurarse y nacer posteriormente como una nueva estructura, en un ciclo más avanzado. Una vez más, podría ser que  el axioma hermético “Como es arriba, es abajo” se cumpliese lógicamente en estos ciclos universales como, al parecer, se cumplen con el alma humana.
Además, me apoyo en esta concepción en los arquetipos de la mitología oriental tan rica en percepciones sobre la naturaleza intrínseca de lo que es el Ser. Por ejemplo: en la Trimurti hindú, las tres fases de la existencia están claramente definidas por Brama, el creador del universo, Vishnú es el encargado de conservarlo, y Shiva es el destructor, destruyendo lo que no sirve para su consiguiente regeneración o renacimiento.

Entiendo perfectamente lo que me quiere indicar con el proceso de un ciclo, pero explíqueme en qué se fundamenta para afirmar que cada ciclo que se repite es más avanzado evolutivamente que el anterior, y no una mera repetición.

Me baso en fuentes de información que me llegan de diferentes sitios y naturalmente, en mi propia percepción e intuición. Por ejemplo y sin ir más lejos, me introduzco en su terreno, en el de las ciencias. Una vez mencionó de pasada la Teoría de las Estructuras Disipativas. ¿Qué me dice sobre ellas?

Es una teoría en la que está colaborando un equipo de científicos bajo la dirección de Ilya Prigogine. En la parte que nos pueda interesar, esta teoría viene a complementar la teoría de la Evolución de las Especies de Darwin. Para Darwin, las especies  evolucionan porque de forma natural se seleccionan los cambios, ocurridos al azar, que mejor se adaptan a las condiciones medioambientales. El instinto de conservación por medio de la adaptabilidad es el que se destaca primordialmente en esta modalidad evolutiva.
Por otra parte, la nueva visión que aporta la Teoría de las Estructuras Disipativas sin negar a Darwin va más allá, apuntando hacia formas de evolución en la que se destaca el aspecto destructivo más que el conservador. Hasta ahora se contemplaba que todo sistema vivo para sobrevivir tenía que ir equilibrando las incidencias provenientes del exterior para mejor adaptarse a su medio –visión darwiniana-. Con las nuevas investigaciones se ha comprobado que puede llegar un momento en que las influencias del medio sean tan fuertes, que el sistema no pueda asumirlas e integrarlas, de modo que se produce un desequilibrio y el sistema entra en caos. Se ha constatado que hay sistemas vivos que cuando sufren una desestructuración vuelven a reestructurarse en un orden más amplio y complejo, un orden que es más evolucionado que el anterior, consiguiéndose nuevamente otra etapa de relativa estabilidad.

Diríamos, entonces, que en este nuevo planteamiento sobre la evolución de los sistemas vivos, no se contempla tanto la necesidad del instinto de conservación para sobrevivir y mantenerse en su medio como la de su opuesto y complementario, o sea,  la capacidad del sistema para crear algo nuevo más allá de donde estaba, pasando antes por el caos. Yo lo llamaría “instinto de autotrascendencia” como complemento al instinto de conservación. Aunque para conseguir el renacimiento en otro orden, el sistema tiene que pagar el precio de su propia estabilidad estructural. Fíjese que hemos llegado a un punto muy interesante: al orden y al desorden, al cosmos y al caos. Ambos van sucediéndose rítmicamente. Podríamos decir que para entrar en un nuevo orden hay que pasar antes por la puerta del desorden. Ya apuntamos en una de nuestras conversaciones, que este doble aspecto de la realidad eran las dos caras de una misma moneda. ¿Se acuerda?

Indudablemente, cada aspecto cumple su misión en el momento adecuado, y los dos son, por tanto, igualmente necesarios e importantes.

Y como los principios fundamentales de la vida, veo que se cumplen en todos los niveles de la creación, es por lo que me permito plantear que lo que el equipo de científicos –bajo la dirección de Ilya Prigogine- ha observado en el comportamiento de los organismos que han analizado, es lo mismo que han afirmado los grandes sabios y místicos cuando se refieren a la evolución del alma individual y a su paso por el flujo de la vida en diferentes estructuras corporales en ciclos de nacimiento, desarrollo y muerte. Y es lo que personalmente apunto a que en el nivel cósmico, nuestro universo también funciona en base a estos ciclos. La mística oriental lo refleja cuando menciona “los días y las noches de Brama”. Los días corresponden a un ciclo de creación universal, y las noches a cuando la manifestación se repliega en sí misma para un descanso antes de la aparición de un nuevo día. Es el gran ritmo de la “Vida del Ser” el cual, está más allá de las secuencias de nacimiento y muerte. Caemos en el error de identificar el concepto de “vida” únicamente con la cara del nacimiento. Pero, ¿qué pasa con la cara de la noche? ¿No es, acaso, otra forma de Vida?

Verá usted, Dameb. Yo no me permito opinar más allá de los límites en donde la estructura física se descompone por completo, en donde acaece la muerte total de un sistema, ya se trate éste de nuestro cuerpo o del universo. Entiéndame: lo que el grupo de científicos ha observado es cómo un sistema vivo entra en un desequilibrio y vuelve a equilibrarse en un orden más complejo, pero en ningún caso ésta teoría se refiere a la muerte total del sistema.

Sí, comprendo lo que me dice, y es buena su puntualización, pero le contesto con lo que ya hablamos en otra ocasión. Creo que usted está confundiendo el ordenador –como instrumento material- con la información introducida en él, que es otra realidad muy diferente. Quiero que también tenga en cuenta cómo al ritmo que va avanzando la inteligencia humana se van fabricando ordenadores cada vez más modernos y sofisticados. Así mismo, cuando a una persona se le queda su vehículo viejo, va y se compra otro mejor. Pero, no deberíamos identificar al instrumento con la persona que maneja y utiliza el instrumento. Es cuestión de distinguir niveles de realidades y no confundirlos.
Por ejemplo; hay sistemas vivos, como es el de la especie humana, en el que un individuo puede haber realizado al cabo de su vida un buen aprendizaje en la ampliación de su conciencia, desestructurándose  y  reorganizándose en otro nivel más amplio como apunta la Teoría de las Estructuras Disipativas. Pero, llegado un momento, su estructura física, el instrumento del cual se ha valido para su aprendizaje y que está sujeto a un ciclo menor de espacio/tiempo, le impone un límite por puro desgaste y muere; pero el aprendizaje puede continuar en una estructura nueva. En resumen, lo que quiero decir, es que existen ciclos de naturaleza mental o de conciencia que incluyen otros ciclos menores de naturaleza material en el marco del espacio/tiempo. ¿Lo ve usted así también?

Verdaderamente, prefiero mantenerme discreto ante sus planteamientos, y no porque los vea absurdos o incongruentes, sino porque me sobrepasan.
No obstante, y por sus comentarios analógicos, habría que entender que esa realidad inteligente y universal no es absolutamente perfecta, sino que en su misma evolución va creando vehículos, o mejor dicho, universos que alcanzan, cada vez, cotas mejores. ¿No es éste, acaso, un planteamiento un tanto chocante para la concepción clásica de un Dios perfecto?

Sí, no lo niego, pero fíjese que solemos utilizar el concepto de “perfecto” para calificar cosas de nuestra vida cotidiana que distan muchísimo de serlo, Pues, si es así, ¿cómo no vamos a introducir la noción de “perfecto” en algo que increíblemente nos supera, como es una realidad inteligente, una conciencia más allá de toda estructura universal o, mejor dicho, implícita e inherente a ella?
Verá usted, supongo que si nos consideramos mentalmente adultos, como mínimo tendríamos que replantearnos todos los conceptos heredados de nuestros mayores, sobre todo en el terreno de lo espiritual y de la trascendencia; esas verdades tácitas que nadie se atreve a poner en duda, porque realmente es muy cómoda la postura de la inercia: ese gran principio natural que nos mantiene en el mismo sitio de siempre, permaneciendo en una misma línea de pensamiento. Pensar en el sentido profundo de las cosas, cambiaría la línea de nuestro pensamiento inercial; pero para conseguir ese cambio, se requiere de un aporte de energía adicional que normalmente no solemos emplear en esa dirección: simplemente porque no nos interesa y porque además nos estimulan más otra serie de cosas más inmediatas. Crear ideas propias cuesta mucha energía. Además, le añado que hay que pagar un precio por ello; un precio que la inmensa mayoría de las personas no estaría dispuesta a pagar.

Ya sé el precio que habría que pagar: para entrar a un nuevo orden, hay que pasar antes por la puerta del desorden-. ¿No fue así como lo enunció? Sí, hay que pagar el precio de la estabilidad de nuestras propias estructuras mentales que son inseparables de las emocionales.

Le confieso, profesor, que puedo dar pleno testimonio de ello. Y no sólo de mí, sino que lo he observado en otras personas. Es un principio que se cumple inevitablemente en todo individuo que evoluciona y se autotrasciende.
Hay veces en las que se suele afirmar que el saber no ocupa lugar, pero esto es una verdad a medias. Yo distingo dos tipos de conocimiento: el que pone en peligro nuestra estabilidad mental,y el que no lo pone.
Me explico; cualquier persona puede desarrollar a lo largo de su vida diferentes aprendizajes como dibujo, música, mecánica o matemáticas, o incluso escoger varias opciones, puesto que no son excluyentes entre ellas. Podrán resultar más o menos difíciles o fáciles, según el talento de cada persona, pero ninguna de esas materias pondrá a prueba las estructuras fundamentales en las que se apoya el individuo. Podemos afirmar que ese es el tipo de saber que no ocupa lugar.
Ahora bien, existe un conocimiento que está cargado de valoraciones como “bueno y malo, verdadero y falso”. Por tanto,  intentar  entrar en el terreno de las creencias de alguien es muy delicado, porque son estructuras mentales que aportan al individuo una base de seguridad psíquica, sin la cual le resulta muy difícil vivir.  Este tipo de estructura en donde intervienen valores e ideologías, como ocurre en el ámbito de la política y en el religioso,
e incluso en las teorías científicas, perteneciendo todas ellas a una categoría de saber que sí ocupa un lugar.

Diríamos así que en tales circunstancias, el individuo que siente en peligro sus estructuras mentales, actuaría según lo que en otra charla sostuvimos y se le definió como resistencia activa. Se defendería atacando a su vez, ya que si no el desmantelamiento de sus creencias le llevaría a un estado caótico. Comparándolas con las dos visiones evolutivas que hemos mencionado anteriormente, esta persona estaría actuando según la línea darwiniana;  dándole preferencia a su instinto mental de conservación.

Así es. Pero como ya debe suponer, hay circunstancias en la vida del individuo -como puede ser por saturación de sus propias creencias, ya que éstas se le hayan quedado pequeñas, o incluso por algún hecho traumático vivido-, ante las cuales la persona inicia una apertura mental hacia otras fuentes de conocimiento. Consciente o inconscientemente, va buscando algo todavía sin definir claramente. Pero a partir de ahí es cuando está en un momento psicológicamente idóneo para empezar a desmantelar sus viejas estructuras y crear otras nuevas.
En todo este proceso regenerador volvemos a reconocer el factor femenino representado por una mente receptiva; y al elemento masculino, por las nuevas ideas que van penetrando en la mente; es una fuerza de empuje, ante la cual los viejos moldes se van resquebrajando y la mente se reestructura en un orden más amplio que el anterior.
Fisiológicamente, parece que se detecta un cambio cerebral durante el aprendizaje, ¿sabe algo sobre ello?

Parece que hay un aumento de transmisión en las redes nerviosas del cerebro. En todo caso,  las sinapsis neuronales son mucho más complejas en el intercambio de neurotransmisores.
Pues sí, amiga mía. Este comportamiento que acaba de comentar hay que distinguirlo como un instinto de autotrascendencia que está más en relación con la creatividad y en estrecha concordancia con la nueva visión evolutiva que ofrece la Teoría de las Estructuras Disipativas.

Me resulta muy gratificante que los medios científicos hayan corroborado con sus experimentos lo que otra persona experimenta internamente. Le quiero comentar algo sobre este tema, puesto que ha sido una realidad en mi vida; se trata de que la persona que se encuentra en una fase de cambio de estructuras lo vive, como ya le digo,  de una manera caótica. Hay veces en las que no tiene dónde agarrarse, porque los viejos modelos ya no le sustentan y, sin embargo, los nuevos patrones todavía no están definidos y, mucho menos, consolidados. En este desorden, el individuo se siente perdido, pero poco a poco irá emergiendo a un nuevo orden más rico y expansivo que el anterior.
No obstante, profesor, caemos algunas veces en el error, en una especie de miopía mental, de no valorar a una persona cuando se encuentra en ese estado de confusión, siendo justamente el desequilibrio el paso necesario para el surgimiento de un movimiento creativo en nuestra mente y, como consecuencia, en nuestra vida.

Es cierto lo que dice, y por el contrario, hacemos elogios de una persona que nunca está en crisis, que toda su vida ha estado haciendo lo mismo, pensando y actuando de una determinada forma; y la catalogamos de equilibrada. Es cierto, pero esa estabilidad, muchas veces, puede ocultar rigideces, inseguridades y miedos profundos. Por consiguiente; no la deberíamos considerar como superior o mejor –evolutivamente hablando- que la persona que vive en un estado de desequilibrio. En este sentido, las valoraciones pierden aquí su significado; son incongruentes.

Me alegro que lo diga, porque algo parecido creo que pasa con la noción de inteligencia. Se mezcla inteligencia con evolución, y aunque la primera es un factor importante, no siempre van unidas. Vamos a ver: definimos por inteligencia a la facultad de nuestra mente para razonar, entender y asociar conceptos, situaciones y un montón de cosas más. También, para predecir a partir de los datos obtenidos.
Sin embargo, en muchas ocasiones y dentro del terreno de la evolución, un individuo rechaza y se niega al cambio y al aprendizaje ante una nueva concepción de las cosas; y no porque el nuevo concepto sea en sí difícil de entender, sino porque su mente no se encuentra receptiva, ya que contiene toda una carga de valoraciones de las cosas que no encajan con los nuevos conceptos. Para dicha persona supondría  perder su centro de seguridad, y esto tiene que ver más con los sentimientos y emociones que con la inteligencia propiamente dicha.

Y con el trabajo que supone todo cambio en nuestra visión y entendimiento de las cosas. Y no todo el mundo está dispuesto a realizar un esfuerzo en ese sentido. Y es que una actitud verdaderamente inteligente debería ser realmente aséptica para poder ejercer una función objetiva. Es un trabajo muy difícil poder mantenerse sin ningún tipo de condicionamientos y valoraciones personales cuando se tocan conceptos que nos atañen. En toda la carga emotiva que ponemos en defender o atacar tal o cual teoría subyacen, en realidad, nuestras preferencias en cuanto a creencias, valores y a toda clase de subjetividades. Incluso intereses y preferencias personales que nada tienen que ver con el pensamiento científico, también esto, puede llegar a tener peso en nuestra aceptación o rechazo ante cualquier nuevo planteamiento. Pero dígame, Dameb, ¿existe algún colectivo que esté libre de esos condicionantes, o es verdaderamente algo intrínseco a la propia naturaleza humana?

Parece que a nivel individual podemos encontrar algunos casos de mente objetiva. Pero, como colectivo, pienso que no estamos capacitados para poder ir más allá de nuestros condicionamientos; porque de la madurez del propio sentimiento y emotividad se trata. Es la parte femenina y sensible de nuestra mente la que se decanta por la apertura y recepción, o bien, hacia la resistencia, en contra de todo lo nuevo que puede llegar a nuestra vida.
Dicho de otra manera, lo que nos falla evolutivamente es nuestra capacidad amorosa, entendiéndola como la parte de nuestra mente que consigue tener una disponibilidad para escuchar, porque está libre de todo lastre y puede, por tanto, enfocar las cosas tal cuales son; sin juicios previos, ni resistencias personales. La inteligencia, por sí misma, de poco sirve para nuestro desarrollo mental, si no posee esa predisposición sensible y abierta de la otra parte femenina de nosotros mismos, o sea del Alma.

Sí, lo entiendo como que la inteligencia es la facultad para comprender las cosas; y la sensibilidad es una actitud limpia y abierta para querer comprenderlas. Muchas veces, es más la resistencia mental lo que solemos encontrarnos a nuestro alrededor, que la propia incapacidad intelectual para comprender ciertos conceptos. Esto supone un esfuerzo y energía adicional que no siempre se posee. En este caso la inercia vence a la evolución.

Así es como yo lo siento también. Y ahora cambio de tema, profesor. Como usted ya sabe que tengo esa maravillosa manía de relacionarlo todo, se me ha ocurrido que el descubrimiento de la sustancia madre –como nosotros la concebimos- por nuestros científicos, puede ir en paralelo al reconocimiento de los valores femeninos tan ultrajados por buena parte de nuestra civilización patriarcal, que sigue siendo aún predominante en estos momentos de la historia. No estoy muy segura, pero creo que las culturas antiguas matriarcales no estaban tan ajenas al conocimiento de su existencia; la prueba es que los mitos hacen referencia a ella.
Supongo, entonces, que en la medida en la que estemos entrando en este nuevo milenio, los valores femeninos, como son el pacifismo, el ecologismo, la sostenibilidad, la cooperación, los derechos humanos y, por supuesto, la propia igualdad en los derechos de la mujer con respecto al hombre irán cogiendo fuerza y asentándose. Cuando las tierras y las aguas -el cuerpo de Gaia- dejen de ser explotadas y contaminadas y la mujer vuelva a recuperar la dignidad que perdió hace milenios, ocupando el sitio de respeto que por naturaleza le corresponde, la comprobación científica de la sustancia madre irá volviéndose una realidad palpable y evidente.

Estamos en ello, Dameb.

Desde que se instauró el patriarcado en la historia de la humanidad, la sumisión y explotación de la mujer han sido una constante histórica, agravada en estos últimos tiempos por la explotación de los recursos naturales de la Tierra. Es, por este agravio a la naturaleza femenina, por lo que la actual civilización carece de alma; esa es la fuente de tanto sufrimiento y de tantos conflictos en el mundo. Las naciones están desgraciadamente bien armadas porque están “desalmadas”. El Alma del mundo se ha mantenido replegada y oculta en su sometimiento. Pero por los ciclos rítmicos y naturales en el tiempo universal, le está llegando la hora de su renacer, haciéndose evidente desde los niveles cósmicos -los científicos ya están intuyendo algo- hasta en lo más íntimo de la naturaleza humana, como es la sensación de bienestar que se produce cuando sientes que estás en tu centro, en tu auténtico ser. Esa será la “nueva tierra” anunciada por los profetas y que ya muchos están avistando en el horizonte, e incluso algunos, experimentando en lo más profundo de su naturaleza: la tierra prometida.

Suena a poesía lo que está hablando, querida amiga, pero, ¡quién sabe! Mire, el tiempo es lineal, y con eso quiero indicar que avanza, y en su evolución va creando nuevos espacios; nunca es igual, y es por ese motivo por el que nuestro universo tiene una historia, y por la misma razón, contamos con la historia de la humanidad. Pero también el tiempo es cíclico. Cuando llega su momento, en la primavera, la naturaleza se despliega y el invierno inicia su retiro. Los días suceden a la noche, y la noche al día. Pero en esos continuos ciclos temporales, el tiempo va avanzando evolutivamente, paso a paso; la historia siempre es nueva, única y diferente. Ya lo hablamos en otra ocasión, y vimos que el tiempo entre su avance y repetición se correspondía, geométricamente, a una espiral.
Ciertamente, existió una cultura matriarcal o de la Madre Tierra en la historia de la humanidad; entonces, posiblemente retorne, pero como usted misma diría: será en otro ciclo de la espiral más complejo y rico que el anterior que le precedió. Personalmente no tengo ningún problema; amo lo femenino, es más, creo que cada vez estoy integrando más valores femeninos dentro de mí.

Le felicito, profesor. Está haciendo un buen trabajo de androginia. Es la labor del nuevo milenio: la integración de los complementos dentro de cada uno de nosotros. El resultado, entre otros, será un modelo de hombre más sensible e intuitivo que sabrá expresar sus sentimientos; y una mujer más intelectual y socialmente activa. La mujer ya está moviéndose en ese sentido; sin embargo, al hombre lo veo un poco con los papeles perdidos ante el avance de la mujer. ¿Lo ve usted también así?

Supongo que los tiempos que van entrando no son los más propicios para que el hombre siga sintiéndose el rey de la creación. Pienso que el prototipo del macho dominante y de la hembra sumisa, es caduco para el nuevo milenio; terminarán siendo modelos inoperantes. La interrelación y su consecuencia creativa entre los sexos únicamente se ha contemplado bajo el aspecto de la supervivencia física de la especie humana.

Usted acaba de dar en la clave: la creatividad. No podemos ser individualmente creadores en los niveles del alma y del espíritu, si no tenemos desarrolladas e integradas esas dos funciones complementarias –femenina y masculina- dentro de nosotros mismos. Ser personas totales, el andrógino interno.
Aún así, querría aclararle que el término “matriarcado” puede crear confusión para expresar los cambios de mentalidad en los tiempos que están llegando. Dicho concepto se puede interpretar fácilmente con las mismas características que han imperado en el patriarcado. O sea, la supremacía de la mujer sobre el hombre como compensación o venganza al dominio que ha ejercido éste sobre ella. Si fuese así, nos encontraríamos con más de lo mismo: sería la misma estructura patriarcal pero con los dominantes y dominados cambiados de sexo.
Este tipo de lectura indica una falta de comprensión de lo que son los valores femeninos. Por las investigaciones que se están llevando a cabo en lugares en donde hubo asentamientos matriarcales, los comportamientos que regían eran preferentemente solidarios y cooperativistas, de naturaleza pacifista y con una tendencia hacia la sensualidad de la vida. Un factor importante que facilitaba este comportamiento basado en lo colectivo, era que no se había aún desarrollado el sentido de individualidad que nos trajo el patriarcado. No imperaba la ley del fuerte sobre el débil para beneficio propio, ni el dominio de un sexo sobre el otro, ni la fuerza de las armas y la violencia como única solución para mantener el poder. Necesitamos perentoriamente recuperar la capacidad amorosa de vivir, y que lo femenino no sea visto como una cotización de segunda categoría o en manos de unos cuantos idealistas como ha venido ocurriendo hasta ahora. Estos valores tendrán que elevarse a primera línea junto con lo valioso de lo masculino. Entonces podrán caminar juntos, llevándose a cabo una integración de ambos.
Hasta tanto, no podremos hablar de una evolución real de la humanidad en la línea direccional del tiempo porque el ser humano seguirá conquistando nuevos espacios y creando nuevas tecnologías, guiado por el principio expansivo del universo. Pero las consecuencias del avance no nos llevarían hacia la ruina y hacia la autodestrucción, como ahora nos está ocurriendo por una falta de tacto, por la carencia de sensibilidad hacia el entorno, por no actuar con un sentido profundo y sabio en nuestra relación con las cosas. En nuestras conquistas hemos sido guiados por el ansia de poder y ambición, convirtiéndose éste en una explotación sin medidas. Por consiguiente, el sentido del avance estaría enfocado en el aprendizaje y en el bienestar de todos, no en el poder de unos pocos, cuidando y respetando lo conseguido, ya que toda acción estaría impregnada del elemento sensible, solidario y sabio del Alma humana.

Cuando habla del reencuentro con el Alma de la humanidad, querida Dameb, siento una sensación parecida al retorno al hogar.  Es como la imagen del guerrero que se ha llevado tiempo luchando en tierras áridas y extrañas y está necesitado del calor de su casa, de ese sentimiento de bienestar, de amor y de paz, encarnado en la paciente  y amante esposa que siempre ha permanecido esperándolo. Sí, el hombre necesita volver urgentemente a los brazos amorosos del Alma, fundirse con ella y descansar.

Sí, como humanidad llevamos mucho tiempo fuera de casa, y el Alma del Mundo nos llama. Nos hemos desarraigado demasiado de ella y ahora nos encontramos desorientados. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy?, son las típicas preguntas del que anda perdido, perdido de sí mismo, de su propio centro, de su propio ser. Nos sentimos satisfechos de muchas cosas que la vida nos proporciona pero, a veces, hay un vacío interno,  una avidez de “algo” que nunca se llena.

Por lo tanto yo diría, Dameb, que el resquebrajamiento que está sufriendo nuestra civilización es el precio necesario para crear un nuevo orden de valores universales. Efectivamente, es de lo que estamos siendo testigos en estos tiempos y como humanidad tenemos que dar un nuevo paso. El modelo imperante de sociedad está caduco y deteriorado; el desequilibrio y la confusión que a todos los niveles estamos viviendo dan muestra de ello.
Las nuevas influencias llevan ya un tiempo aporreando las puertas de nuestro viejo mundo. Se llaman pacifismo, solidaridad, relaciones horizontales, ecologismo e igualdad de género y de derechos humanos. Al principio no se les prestó mucha atención; se veían como utopías de unos cuantos idealistas. Por otra parte, el sector de poder de la sociedad está respondiendo con resistencia activa a las nuevas influencias, puesto que ponen en peligro las propias estructuras del poder político y económico que están basadas en sus propios intereses. Pero los nuevos modelos de la futura sociedad son influencias que están en el ambiente y acabarán penetrando, poco a poco, en la mentalidad de todo tipo de personas.

Estoy totalmente de acuerdo con usted. Hace tiempo que vengo observándolo y he estado percibiendo cómo su influencia va aumentando conforme pasan los años. Es una estructura aún frágil y tierna como la de un niño que acaba de ser alumbrado, pero entre todos tenemos que seguir alimentándola para que un día se haga realidad en cada persona y en la sociedad en general.

¿Sabe, Dameb, que me estoy imaginando el Alma del Mundo como a la bella durmiente, esperando que venga el príncipe azul y la despierte con un beso?

¿Se refiere, acaso, al “principio celestial”?

No sé, me ha salido intuitivamente.

Pues ha tenido usted una excelente percepción intuitiva. Los cuentos, al igual que los mitos, poseen todo un contenido de simbolismos sobre un conocimiento que es atemporal y en cierta forma olvidado. Pero, esos relatos hacen que dicha sabiduría siga manteniéndose viva en el inconsciente de la humanidad. Este conocimiento está relacionado con los procesos internos del ser humano. Tanto el príncipe como la doncella de los cuentos son arquetipos de las energías masculinas y femeninas, nuestros potenciales inteligentes y sensibles en una etapa temprana o inicial, como bien indica el propio calificativo de los personajes en comparación a las figuras del Rey y la Reina que representan esas mismas propiedades, pero en un estado desarrollado, de consistencia, como una fuerza establecida que “rige” nuestras vidas.
El color azul del cielo que se le adjudica al príncipe, hace alusión a un estado de desarrollo interno en donde el aspecto masculino de cada persona, su parte inteligente y racional comienza a no estar ofuscada ni ciega antes las fuerzas emocionales sin control que le arrastran a situaciones conflictivas. La persona puede mirar hacia dentro y empezar a comprender su propio proceso evolutivo. A partir de ese estado, puede encontrarse preparado para reconocer y rescatar a su contraparte femenina, el alma que, mientras tanto, ha estado cautiva de algún dragón.
En algunos relatos, al alma se la muestra dormida, significando que la persona está sumergida en las aguas del inconsciente y no ve su realidad. Otras representaciones la exponen presa de un monstruo, señalando con ello los estados pasionales que mantienen al alma encadenada a un tipo de emociones y pasiones autodestructivas como pueden ser relaciones enfermizas y de malos tratos, o están absorbidas por ideologías que le privan de su libertad y le anulan su propia dignidad humana, o viven  sumisas y encadenadas a ciertas jerarquías y poderes por miedos e inseguridades, miedo a ser uno mismo y a  tener criterio propio, adicción a drogas, etc… El Príncipe Azul, la luz celestial del principio masculino, al tocarla la despierta a una nueva consciencia y, juntos, el Espíritu y el Alma rescatada comienzan una nueva andadura. De la “boda alquímica” entre la amada y el amado, entre el cielo y la tierra, nacerá la nueva estructura del nuevo ser interno tan anunciado en todas las tradiciones espirituales.

Dameb, en su disertación he tenido la sensación de que le da preferencia al modelo masculino, o sea, al espíritu sobre el Alma.  

Entiendo que pueda sacar esa conclusión, pero se lo voy a explicar de una manera que lo pueda entender correctamente. Imagínese a una persona ciega y a otra que no tiene piernas. Las dos tienen que emprender un camino para llegar al mismo lugar. Una no ve el camino y la otra no puede andar. Solución: la persona inválida se monta encima de la ciega. La primera va guiando el camino y la segunda lo va andando. Ninguna por separado podrían recorrerlo. Ninguna de las dos personas es más importante y esencial que la otra. Lo mismo es la relación entre el Alma-Espíritu. Y toda persona sea hombre y mujer poseen los dos componentes independientemente de su género, por supuesto. Si una persona es demasiado emotiva y pasional se puede dar más de un tropezón en la vida y si es demasiado mental es fría y se pierde el sentir y vivir la vida. Podría enfrascarme en este tema, pero mejor en otra ocasión.
De todas maneras le comento que en nuestra cultura patriarcal es evidente que se han valorado más las cualidades del Espíritu que las del Alma, o sea, al pensamiento se le ha dado más importancia que al sentimiento. Las religiones han sido creadas por hombres y para el hombre. Las mujeres en esta sociedad de poder siempre repudiadas, tratadas como objetos, y como mucho ocupando un segundo lugar.

Ya, Descartes el padre del racionalismo sentenció en su famosa frase: “Pienso, luego existo”.

Pero le faltó completarlo con otra sentencia “Siento, luego soy”

Ciertamente Dameb. Pero ahora y retomando al personaje del Príncipe Azul, me pregunto que algo tendrá que ver con todo esto el color azul de la sangre que se le atribuye simbólicamente y en estas narraciones, a los personajes de la realeza, y que popularmente, aún hoy día, suele comentarse con un cierto sabor entre romántico e irónico; pero en definitiva, se nos escapa el sentido real de ese calificativo.

Es una buena observación; pues sí, el color azul creo que debe de tener  una frecuencia distinta a la del color rojo. ¿Me equivoco?

Lo que le puedo decir es que en la banda del espectro electromagnético cada color tiene, efectivamente, su propia identidad que consiste en la frecuencia de su onda. Es cierto que el color azul –más bien el azul violeta- entre todos los colores que distinguimos, es el que tiene la frecuencia más alta, y el rojo la más baja. Por debajo del rojo están los rayos infrarrojos, y por encima del violeta, los rayos ultravioletas que no pueden ser captados por el ojo humano.

Así es, no podría ser de otra manera. Pues como iba a decirle, a la sangre se la considera el aposento físico del alma; en donde se refleja todo el espectro de los sentimientos, emociones y deseos, desde los más burdos hasta los más nobles. Sería muy interesante, en otro momento, pararnos en este tema, ya que la sabiduría popular tiene recogido entre sus dichos muy claras alusiones a la relación alma-sangre. Y si la tradición lo expresa así, es porque lo lleva “escrito en la sangre”.
Las estructuras sociales parece ser que han guardado, o guardan todavía, una cierta relación como proyecciones de las estructuras internas del individuo. Cuando no lo realizamos internamente lo proyectamos externamente. Aunque hoy día las cosas están cambiando; no obstante, la realeza ha sido siempre la máxima autoridad jerárquica de un país, gracias a que sus miembros eran considerados como personas nobles y con cualidades superiores al resto y en algunos casos con connotaciones divinas. Aunque un personaje real se alejara bastante de lo que era un comportamiento noble y digno, el pueblo necesitaba creer en la superioridad de lo que dicho personaje representaba.
¿Se ha fijado, profesor, que las palabras: realeza, realidad y realización, provienen de una misma raíz? Esto se presta a ser traducido de la siguiente manera: la máxima realización interna del hombre le viene por la nobleza de su sangre -realeza- la cual marca la pauta por la que debe regirse en su vida. Es un estado de realidad interna muy por encima de lo normal, puesto que los sentimientos del alma que Reina en la persona ya no son ciegos e inoperantes, sino que tienen incorporados la luz del entendimiento y de la inteligencia del Rey, que hace la labor de dirigirlos. Inteligencia y sensibilidad trabajan unidas.
Normalmente nos movemos por vaivenes de emociones, de deseos e impulsos del inconsciente. Incluso llegamos a decir del amor que es ciego porque fluye y refluye a su capricho, sin ninguna directriz. Cuando le ponemos el timón del conocimiento a nuestra alma, ésta actúa no caprichosamente sino por comprensión; de este modo, el amor deja de ser ciego y se transforma en amor inteligente, un sentimiento estable y sólido, gracias a la luz del entendimiento.

Bueno, es toda una historia de amor, querida mía, aunque las mujeres que sueñan con el Príncipe Azul no sepan, en realidad, lo que en el fondo de sus almas andan buscando.

De la misma manera que todo hombre ha sentido alguna vez en su vida el deseo de sentirse héroe y salvar a la dama de sus sueños, sin sospechar que es la llamada de su propia alma a la cual tiene secuestrada y no deja expresarse.
Son arquetipos universales que llevamos incorporados, y cuando no los realizamos internamente, nuestro inconsciente suele proyectarlos hacia el exterior, soñando románticamente con esa persona ideal que un día llegará a nuestra vida.
Pero, ya que hemos llegado al final feliz del cuento –el cuento íntimo de cada persona- doy un salto a otro nivel de realidad y me traslado en el tiempo al futuro, al final de otra historia: la de nuestro universo, cuando éste se encuentre en la etapa de retroceso, regresando a casa para descansar después de una larga y laboriosa jornada universal. Irá sintiendo cómo el abrazo protector de la sustancia madre, que siempre ha estado esperando su retorno, se hace cada vez más estrecho y, finalmente, nuestro universo implosionará para fundirse nuevamente con ella. Puede ser algo parecido a un orgasmo cósmico.

Pero del abrazo cósmico, como usted lo llama, y de la larga noche de descanso, nuevos hijos nacerán, nuevos universos verán la luz.
Sí, Dameb, nuestros cuerpos están hechos de materia mortal, y vivimos en un espacio/tiempo que también es finito, pero en lo más profundo de nuestro ser somos inmortales; nuestra naturaleza más pura es sustancialidad, un espacio eterno y sin formas y, sin embargo, en continua transformación. Vamos y venimos, nacemos y morimos, pero nuestra última realidad es que siempre existimos en el vacío atemporal.

Siento que nos estamos poniendo melancólicos. ¿Será acaso, añoranza de lo eterno?, pero sus palabras me han hecho recordar una canción que las madres Lakotas le cantan a sus pequeñines. Escúchela, profesor.

                                                                                                  “Del lugar de donde vienes, lo sabes ya todo.
                                                                                                    Tú traes la Sabiduría de los antepasados;
                                                                                                    de todos los antepasados desde el comienzo.
                                                                                                   Tu padre y yo te hemos hecho un cuerpo,
                                                                                     pero tú vivías ya antes de que tu padre y yo nos conociéramos                        
                                                                                                  Vivías en la semilla perdurable, y por eso, sabes.
                                                                                                          Lo sabes todo. Desde el principio”